Culpable

Kanon es victima de un juicio y debe declarar sobre cada uno de los actos.

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Temas: Yaoi, lemon, violencia, Universo Alterno
Personajes: Kanon, Shaka, Radamanthys
Resumen:
Kanon es victima de un juicio y debe declarar sobre cada uno de los actos.
Dedicatoria:A Karin_san, Athena_Arianna, Akito-virgus, Kimee de Capricornio, Itzeldeleo, Lestath, ryuukochan y todos los miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo
Comentarios adicionales: Amanecí con esta idea

Culpable

En el centro del patio principal de la enorme mansión victoriana se veía al esclavo que había incurrido a alta traición. El Sir Wimbert veía desde el balcón principal de la casona al juez del pueblo ejecutando el juicio que daría por fin la sentencia por haber intentado un acto jamás perdonable. Su hijo, Shaka, estaba a su lado con el estoico porte de un noble.

—Se le acusa de hurtar tesoros de la familia Wimbert. ¿Cómo se declara?

—Culpable—mencionó el maniatado de cabello azul, con sólo una tela cubriendo su masculinidad, y una sonrisa perversa enmarcada por los reflejos azueles que caía en su cara—. Y lo volvería a hacer—aseguró.

Recordó aquel fatal día que los matones del Sir Wimbert irrumpieron en la noble casa donde vivía con su familia, fascinado por la belleza de los gemelos. Diez años habían pasado, y aún el olor nauseabundo de los cadáveres de su padre y su madre podía ser detectado. Recordó como su hermano, quien había apostado para ser parte de la milicia, luchó ferozmente con el machete que usaban para podar sus terrenos, peor murió, cuando el filo de una espada cerceno su cabeza del resto del cuello. Él se convirtió en la única posesión capturado. Y antes de llevarlo ante su nuevo dueño, lo violaron los tres.

—Se le acusa de haber matado a cuatro de los guardias de la mansión. ¿Cómo se declara?

—Culpable—y levantó como altanería y odio conjunto su rostro golpeado—. Y lo mataría a usted y a los otros si no me tuvieran atado—amenazó, pasando la rugosa lengua por secos labios.

Aquella noche fría que llegó ante su dueño, el brillo dorado de esas pupilas le hizo entender el futuro que le aguardaba al joven de quince años. Con voz ronca ordenó que fuera atado a la madera del calabozo y con un látigo se encargó primero de magullar la tersa piel, para luego con sal saborear las heridas descarnadas y ardientes que le producía el más inhumano dolor. Lloró… lloró como sería la última vez en hacerlo. Antes de que en su mente sólo surgiera la más cruda pasión por venganza.

—Se le acusa de atentar contra la seguridad del joven Sir Shaka Wimbert. ¿Cómo se declara?

—Culpable—susurró, subiendo su mirada esmeralda hasta el balcón donde el heredero observaba todo con brutal frialdad.

Después de esa noche donde fue violado y lastimado hasta el cansancio, su vida de esclavo comenzó. Desde las cinco de la mañana cargando sacos de harina arroz, café, hasta las siete de la noche; luego a las nueve llegaba su dueño y lo violaba hasta entrada las doce. Su cuerpo adolorido sólo descansaba cinco horas para la nueva faena. Veía entonces al pequeño rubio que corría tras los sembradíos con el perro de caza, riendo, como ya él había dejado de hacerlo. Sólo tenía que esperar, sólo tenía que esperar.

Se convirtió en un pasivo amante del dueño que lo tomaba todas las noches en el calabozo, mientras maquinaba como quitarle lo que más amaba, su hijo.

—Se le acusa de haber irrumpido en la propiedad privada de joven Sir Shaka Wimbert sin su consentimiento. ¿Cómo se declara?

—Culpable—vio de nueva cuenta al juez que leía cada uno de los crímenes escritos en el pergamino. Le sonrío con lujuria, recordando que fue mucha propiedad de la que se hizo dueño.

Diez años pasaron, diez años que con paciencia le fue quitando las cadenas y le daba más libertad para moverse. Diez años estudiando a su víctima, diez años… Supo que el menor estaba preparándose para el obispado de la ciudad. Lo veía de lejos leyendo grandes libros y rezando por largas horas debajo de los frondosos robles de la mansión. Aquellas mañanas en las que salía en su corcel blanco para cabalgar y verificar las siembras; para terminar en la tarde sudado por el trote con el animal. En las noches caminaba escoltado por guardias hasta llegar al rio y meditar.

Decidió en una de ellas escurrirse en los matorrales y esperar, cuando el joven les diera la orden a los escoltas de permitirle privacidad. Observó cómo se quitó las ropas y se internó al rio para engalanarse con las más dulces aguas naturales y mostrar así su endiosada belleza. Deseó… mancillarla…

—Se le acusa de haber forzado a actos inmorales al joven Sir Shaka Wimbert. ¿Cómo se declara?

—Culpable—y una tétrica sonrisa mostraba dientes amarillentos por la pobreza. Una macabra expresión del más febril de los deseos—. ¡Y lo haría mil veces más!—exclamó, ganándose el latigazo de uno de los capataces que con odio acumulado lo observaba. Subió la mirada al rubio joven y este no mostró sentimiento alguno.

Verlo las noches de los viernes tomando esos baños se convirtió en su perdición. Vigiló durante semanas la rutina para encontrar el punto de ataque, y lo halló. Aquella noche de luna nueva, cuando no había brillo de estrellas; atacó entre los matorrales tomándolo de los cabellos y lanzándolo contra la tierra. Sostuvo su cuello con su mano, tapando su boca y con aliento volcánico le amenazó con castrarlo sino cooperaba. El temblor gobernó el cuerpo del virgen parroquiano, y por más que quiso no pudo oponer resistencia.

Dedos de trabajo y sangre se tomaron de sus tetillas y jalaron causando dolor. Manos raposas y con deseo de muerte estrujaron su sexo hasta hacerlo explotar. Mejillas rojas del fuego, lagrimas salinas de lujuria, el cuerpo del sexo del esclavo irrumpió en el templo sagrado y se hizo dueño de él, sin reservas. Lo penetró salvajemente y el joven sólo pudo morder tierra, soportarlo…

Incluso pareció en algún momento desearlo…

Y cuando por fin lo marco como suyo, Shaka abrió sus ojos, brillantes como nunca había pensado verlo. Para cuando se dio cuenta era el joven quien lo había puesto en tierra.

—Se le acusa de haber secuestrado al joven Sir Shaka Wimbert. ¿Cómo se declara?

—Culpable— y recordó entonces esas palabras.

“¿Crees que seré un obispo por el deseo de dar paz al mundo?”—los ojos azules se burlaron de su incauto parecer—“. El poder está del lado del fuerte, y la iglesia es uno de los poderes irrevocable en este mundo. Una sotana, una biblia en mano, y tienes un montón de cerdos siguiéndote”—tembló, al ver la macabra sonrisa dibujada en sus labios de nácar, destrozados por sus dientes—“. No hay bien y mal perfecto y la justicia también se puede aplicar desde la maldad… igual la maldad desde la justicia”

Y supo que ese joven, era incluso peor que su padre.

—Se le acusa de blasfemar contra la santa iglesia. ¿Cómo se declara?

—Culpable—bajó de nuevo la cabeza, la sangre la saboreaba en la garganta.

Aquella noche fue maniatado a la columna de madera de aquel establo. Maldijo a sus dioses antiguos por haberlo colocado de nuevo en la misma situación de hace diez años. El joven Shaka observaba inmutable el pase del látigo por la espalda, mientras aquel maldecía, maldecía.

El rubio mencionaba uno a uno los textos que le condenaban de las santas escrituras, el castigo que los judíos ejecutaban a aquellos que se atrevían a blasfemar con el cuerpo virgen. Más sin embargo, el esclavo no perdió su orgullo. Ante cada latigazo narraba la forma en la que había mancillado su cuerpo. Con cada golpe se mofaba de cómo su cuerpo se tensó ante cada salvaje caricia. Le gritó que al final le recibió como perra en celo y aún el semen le corría por una de sus piernas. Su semen…

Al cabo de cincuenta latigazos el joven señor ordenó que lo dejaran solo, tomando el látigo, agitándolo al aire para hacerle saber que ahora él aplicaría el castigo.

—Se le acusa de haber intentado asesinar al joven Sir Shaka Wimbert. ¿Cómo se declara?

—Culpable—jadeó perdiendo las fuerzas, por el dolor, la sed, el calor.

Cerró los ojos cuando sintió el sonido del látigo golpear la madera. Imaginó el dolor de aquellas astillas clavarse en su piel en cuando de nuevo el cuerpo hiciera contacto con él. Más no pasó así. Para sus sorpresa el látigo fue dejado de lado y sólo escuchaba el sonido del traje de noble cayendo entre la paja. Para cuando se dio cuenta las manos rodearon a su cuerpo y empezaron a acariciar las tetillas que de inmediato se erigieron complacidas, aunque su cerebro seguía consternado.

—Te he deseado, desde hace mucho tiempo…—siseó el joven contra su oído, le provoco un sordo gemido—. Eres lo único de mi padre de lo cual no puedo ser dueño. Prohibido… si tanto me deseabas, sólo era cuestión de decírmelo.

Sintió la erecta virilidad rozarle en las piernas y esas manos que ahora se internaban por debajo de su pantalón. Reclamó como propio lo ajeno, masturbó, endureció; mientras su lengua lamia las heridas con delicadeza y se llevaba el rastro de sangre ácido con metal y cuero. Sentía dolor, sentía placer, sentía de todo.

—Quiero que me tomes de nuevo—volvió a susurrarle—. Esta vez bajo mis condiciones—lo soltó para adentrarse en el espacio entre el cuerpo del esclavo y la columna, trepándose en aquella masa muscular, estando desnudo, sudado, ansioso. Manos de nácar se apoyaron en la espalda y las piernas se enredaron en su cadera—. Me prepararé…

Sintió el fuego de la lascivia incinerar argumentos cuando el mismo joven lamió uno de sus propios dedos y empezó a auto penetrarse con él. Todo deseo de venganza contra ese cuerpo se disipo al verle las mejillas de placer mientras ingresaba un segundo dedo, y su hombría se restregaba ansiosa contra el ancho abdomen. Desfalleció al sentir que su propio miembro acariciaba uno de los glúteos y se dio por vencido cuando con facilidad aquel cuerpo engulló su carne, la aprisionó, la ahorcó. El frenesí lo desbordó.

Sujetado por la espalda el joven se mecía golpeando la suya propia contra la madera de la columna. Impulsado por las cadenas que lo maniataban sobre la cabeza el esclavo penetró, penetró, penetró. Y para cuando ambos se dieron cuenta se derramaron besando sus labios.

—Se le acusa de haber puesto resistencia a las autoridades para su captura. ¿Cómo se declara?

—Culpable—afiló la mirada asesina, levantó de nuevo su mentón orgulloso.

Y entonces memoró las noches donde en el rio se encontraban y se amaban sin reparo alguna. Noches que se extendieron por tres años. Noches de lujuria mientras el rubio caminaba en el día en los amplios pasillos de la catedral y profesaba a un dios. Placer carnal en la noche que ocultaba bajo la sotana negra de un próximo maestro de la ley. La máscara que sólo el esclavo conocía, los deseos y la avaricia que tejía la mente de quien era el heredero de los Wimbert, mientras le entregaba a él su cuerpo.

Pero el amor se convirtió en algo más importante que sus aspiraciones de poder.

Shaka quiso la libertad y darle la libertad al ser de quien se había enamorado. Así, ambos decidieron escapar y fueron encontrados.

—Ha escuchado, Sir Radamanthys Wimbert, que el esclavo se ha declarado culpable de todos los cargos aquí mencionados—se escucha la voz del juez con voz de mando—. ¿Cuál es su sentencia?

—La muer…

El sonido seco de una espada atravesando el cuello fue el preludio antes de ver caer, desde el balcón, un cuerpo pesado al suelo. Todos los ojos miraron con espanto el cuerpo del señor Radamanthys llenándose de sangre en la arena amarilla, y la figura de su hijo y heredero, Shaka Wimbert con la espada ensangrentada en sus manos. Le sonrío con lascivia al esclavo maniatado, y este respondió con una carcajada animal que heló la sangre de los presentes. DeathMask, la mano derecha de Radamanthys observó primero todo con impresión, para luego dibujar una sonrisa maligna en sus delgados labios.

—¿Al lado de quien está tu fidelidad, DeathMask?—susurró el joven viendo con extremo poder a todos los presentes.

—Al lado del más fuerte—respondió aquel con aliento caliente.

—Bien has dicho… serás el nuevo juez del pueblo.

Antes de que el juez que leía los cargos pudiera darse cuenta, su cabeza fue cercenada por la diestra mano de Afrodita, otros de los que al parecer, habían jurado lealtad a aquel que tenía en sus manos una espada ensangrentada. Luego, todos aquellos que opusieron resistencia fueron asesinados.

Para la hora sólo quedaban los que habían jurado fidelidad al nuevo señor y esté, con estoico porte y como si sólo hubiera aplicado justicia, se acercó a su amante y destrozó las ataduras. Acercó sus tersos labios y lo proclamó como suyo en toda la Mansión.

—Necesitamos un Sir que se quede en la mansión, mientras me encargó de engañar a las ovejas—siseó el de cabello dorado al oído.

—De lo único que no me declaro culpable, es de tu perversión, Shaka.

Una risa divina de inmaculada perfección irrumpió el silencio. Una mirada de fuego azul dispuesto a tomar a los dioses y corromperlos.

Y la pasión desbordante fue la culpable de muchas noches donde ambos se consumían en todos los pecados carnales…

3 thoughts on “Culpable

    1. Jajaja fue una historia loca que se me ocurrio con un pcoo de ese Shaka sádico del Episodio G que amo xD Me alegro que te gustara ^^

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