Derrítete (Camus x Milo)

Camus ha regresado al santuario, pero el reencuentro fue contrario a todo lo que esperaba Milo.

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Temas: Yaoi, romance, Lemon, angst
Personajes: Camus, Milo
Resumen: Camus ha regresado al santuario, pero el reencuentro fue contrario a todo lo que esperaba Milo.
Dedicatoria:A Neomina, Stardust, Athena_Ariana, Akito-Virgus, Hator,  lightless_cynth, Lola y todas las miembros del club .:: Fiebre ::. *Escorpio uke & Acuario seme* y Las amantes de la pareja
Comentarios adicionales: Esta basado en el universo Canon (lo mayor que pude hacerlo). Espero les agrade, intenté expresar las emociones de Milo en él.

Derrítete

Te conozco muy bien, como para saber que no estás bien, que tu venida al santuario no es normal y que de alguna forma algo te molesta. Pero no quieres decirme. Llegaste a la noche y pasaste por mi templo rápidamente, subiste hasta la cámara patriarcal y duraste allí un tiempo prudencial. No ha pasado mucho desde esa vez que fui, por ordenes del sumo sacerdote, a verificar como estabas. No, no ha pasado aún demasiados meses. No los suficientes al menos para borrar lo que vivimos esa noche en las heladas colinas de Siberia; para que sean borrados tus caricias, tus besos, tu cuerpo por entero entregado a mí.

Entonces… ¿por qué ahora me evades?

Me has cerrado para mí tu templo. De alguna forma, te las has arreglado para que este verdaderamente frio, pese al calor del verano que azota sobre nosotros. ¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Tienes idea de cómo me preocupa? ¿De la forma en que me tienes aquí, impotente, totalmente desarmado sin saber cómo actuar? Cuando pasaste a mi lado ayer, siquiera te dignaste a mirarme. Me evadiste como se evade a una piedra o a una columna frente a ti que interrumpe tu camino. ¿No notaste la felicidad que sentí al verte? ¿No notaste mis latidos acelerados? ¿Las ansías por abrazarte, tocarte de nuevo, revivir lo que vivimos en Siberia?

Pero te siento frio, tan frio como el hielo, tan encerrado en ti mismo y no, no logro comprender. Explícame, Camus, que es lo que te tiene así… Dame un espacio, permíteme acercarme. No coloques esta barrera de hielo alrededor de la puerta de tu habitación, evitando que yo pueda transgredirla.

No me lastimes con tu silencio… que yo pensé, que en este cálido verano, disfrutaría del calor de tu cuerpo. Pero pareces que has traído el frio de Siberia contigo…

No, ya no insistiré. Me siento como un idiota subiendo mañana, tarde y noche a ver la maldita puerta de mármol y esperar a que me des un espacio. ¿Es esto lo que significó lo que vivimos? ¿Es esto lo que se convirtió nuestra amistad? ¿Fue mi culpa? ¿Te arrepientes? ¿De lo que vivimos? ¿De lo que hicimos?

¿De cómo nos amamos?

¿Y si has venido a abandonar tu armadura por esto? Ese pensamiento sigue clavándose en mi mente y quitándome toda calma y toda posibilidad de conciliar el sueño. Doy vueltas en mi cama, con el calor de la noche, más el frio en mi pecho, de mi corazón, ese en donde has sumergido tu más gélida indiferencia. Una parte de mí me dice: ve de nuevo, quizás esta vez si te abra, quizás esta vez si te permita entrar… pero no, ¿tengo orgullo sabes? ¿Crees que merezco este trato? ¿Qué debo justificarte?

¿Pero entonces para qué regresaste?

De nuevo oculto mi cabeza debajo de la almohada. Me maldigo, por ser tan cobarde y tan orgulloso, por estas así de enamorado, por no comprenderte, por no poder leer tu mente… ¡Por no saber qué hacer y tener estas malditas ganas de llorar! Llorar Camus, porque tenía años, años esperando por este maldito día que regresaras y tú, tú solo me has pagado con la más absurda y dolorosa indiferencia. ¡Y maldita sea! Las lágrimas me salen solas, me salen solas ahora que tienes tres días aquí en el santuario, y te siento aún más lejos de cuando estabas en Siberia. Llorar porque siento que dañamos lo que era nuestro, ese vínculo que nos habíamos creado. Ese lazo… lazo… ¡y no puedo dejar de llorar!

Quisiera que estas dejaran de brotar, quisiera cerrar mis ojos y congelar cada lágrima con el hielo de tu silencio. Pero no, no puedo, porque este corazón, Camus, este corazón late por ti, cada latido maldito es pronunciando tu nombre, y aún siento, siento el calor de tus brazos cuando me cobijaron en medio de la nevada, siento tus labios descongelando el hielo pegado en mi piel. Lo siento y me es inconcebible pensar que te he perdido ¡Que algo ha pasado! ¡Que quizás me tienes asco! ¿Se trata de eso? ¿Te asquea lo que hicimos? ¿Quieres de esta manera hacer que te olvide? ¿Me clavas tu puñal de helado metal para cercenar mi corazón de un sólo movimiento?

¿No te duele? ¿No lloras? ¿No sientes, Camus? ¿No me extrañas?

Me duele, me duele esto y me molesta ser tan débil. ¡Se supone que soy un Santo dorado! Se supone que no debo dejarme llevar por sentimientos, ¿no es lo que dices? Los sentimientos nublan nuestras capacidades en las batallas, nos hace vulnerables… Pero dime, ¿no somos humanos también? ¿No tenemos un corazón que late? ¿Podemos simplemente olvidar el amor, la amistad, la confianza? ¿Acaso nuestro destino como santos nos hizo incapaces de sentir? No… es precisamente por esto que somos los santos de la esperanza. Porque amamos, confiamos, tenemos algo más allá que con pasión despierta la esencia de nuestro cosmos interior. Lo mío tiene tu nombre Camus, así que, si me lo quitas, si me obligas a dejar de pensar en ti… ¿no estarías matando lo que me hace ser quién soy? ¿El santo del escorpión celeste?

Te siento acercarte, a mi templo, y mi cuerpo se ha erizado por completo. Restriego mi rostro con el dorso de mi brazo tratando de apaciguar las lágrimas. ¿Vendrás por mí? ¿O ya partirás? Siento mi corazón desecho ante las dos posibilidades. ¿Qué si te vas? ¿Eso fue todo nuestro reencuentro? ¿En esto se convirtió nuestra amistad?

Te vas alejando… has pasado por la mitad de mi templo y yo estoy aquí, totalmente inmovilizado, sosteniendo mi pecho porque tengo la extraña impresión de que mi corazón saldrá corriendo de mi cuerpo por el dolor, por las ansias, por la desesperación. Puedo escuchar tus pasos, aunque son fruto de mi imaginación. Puedo escucharlo como si de verdad pudieran resonar hasta este cuarto. Y maldigo, maldigo mi mente que se encarga de hacerme más turbia y abrumadora la sensación de soledad que me embarga ante cada centímetro que recorres de mi templo, a punto de llegar al final.

No has venido por mí…

Y mis lágrimas se precipitan sin tregua alguna rodeando mi rostro, con un pesar tal que no, no puedo tan siquiera describir. Lágrimas de un llanto que ya no tiene sonido, ese que se queda atascado en la garganta, silabas que se convierte en cuchillas en el interior de mi cuello.

Cierro mis ojos… ya has pasado por mi templo y yo me echo a llorar como un infante. Ya estoy seguro, ya te habrás de ir a Siberia, y maldita sea, ¡tengo orgullo! ¡Así que no permitiré que este deseo de salir corriendo, atajarte en libra y golpearte para luego hacerte el amor y hacer que así reflexiones me nuble mi cordura! No, no tengo porque hacerlo. Lo he entendido. Quieres que termine así, quieres que me vaya de tu vida. Que esto acabe, así, como quedó, que él único recuerdo que guarde de nuestro comienzo y final sea el de esas noches en Siberia.

Que no hay lugar para nosotros…

Pero tengo que escucharlo de tus labios… tengo que oírlo… ¡Necesito explicaciones! ¡No puedes dejarme así! No puedes, no puedes hacerlo, no…

—Milo…—tu voz, en mi mente… por un momento me siento presa de un torbellino que me hace caer a un vacío tal, que caigo en el colchón totalmente desarmado. La sangre se ha congelado en mi cerebro, todo sonido ha dejado de ser perceptible excepto el de mi corazón que de latidos acelerados ahora son lentos y fúnebres—. ¿Estás despierto?

Cierro mis ojos, realmente aturdido. Sostengo mi pecho y verifico con mi cosmos que estás de pie en la salida de mi templo, inmóvil.

—¿Vuelves a Siberia?—pregunto en mi mente, dando gracias a quien quiera que sea que la voz de mis pensamientos no suena turbia como la de mi garganta llena de aún más lagrimas.

—Debo regresar…—tu puñal… ¡tan helado!

—¿Entonces qué esperas?—y mi orgullo, ¡tan frio!—. ¡De seguro Isaac y Hyoga deben estarte esperando!

Y el silencio… tan vacío…

—Isaac murió.

La verdad… tan gélida…

El sonido de miles de cristales cayendo es incluso más fuerte que el de mi propio corazón. No, en realidad, se ha detenido, de improvisto y entre los cristales de todo lo que me había creado para justificar tu actitud, sólo puedo pensar en que soy un idiota.

No sé ni cómo me levanté de la cama, conseguí la capa para cubrirme. No sé ni cómo mis piernas en este momento, mientras corro luego de abrir la puerta de mi habitación, pueden sostenerme. Desesperado corro hasta la entrada del templo. Me ahogo, me falta el aire en mis pulmones y mis lagrimas se han detenido, por el momento, de su transitar sobre mi rostro. Corro, sin saber con qué he de encontrarme… con que Camus…

Y te encuentro, cubierto con los abrigos que usas en Siberia, el cabello rojo que se deja envolver por la cálida brisa del verano. Volteas a verme y yo estoy aquí con lágrimas aún marcadas en mis mejillas, totalmente quieto.

Isaac ha muerto… tu primer alumno, uno de los que más admirabas, quien también mostró gran admiración por ti.

—Camus…

—¿Por qué lloras, Milo?—¡y tu pregunta me parece tan absurda!

Indignado, puedo leer tu silencio, tu semblante serio, tu expresión inconmovible. Puedo leer tu hielo, puedo leer lo que ocultas tras esa mascara de frialdad. Puede leerte.

Seco mis lágrimas y camino hacia ti, decidido. Sé porque has venido, porque te has detenido justo ahora, porque me llamaste con tus pensamientos. Porque me lo dices. Sé lo que buscas…

Me acerco, te miro fijamente. Mantengo mi mirada para que entiendas, para que veas que todo ese frio con el que quieres escudarte de mi es innecesario. Que no vale la pena intentar esconderte de lo que siente, no ante mí, Camus; y conforme la mantengo puedo observar como tu inflexible mirada va perdiendo fuerza, como tus iris avellanas se conmueven y entonces…

El hielo cede…

Envuelves con tus manos mi cabellera rubia y me arrinconas al primer espacio oscuro de mi templo, contra la columna. Tus labios desesperados se clavan a los míos y no, no puedo oponer resistencia a tu beso tan lleno de todo, tan ausente y tan cercano. Me dejo hacer, dejo que tus manos viajen de mi cuello a mi espalda para luego sostener con fuerza mis glúteos. Dejo que tu cuerpo me aplaste contra el mármol mientras yo, encendido también, te abro mis piernas y la engancho alrededor de tu cintura.

Me dejo hacer, porque lo necesitas. Necesitas recordar que eres hombres, no solo santo, no solo maestro. Necesitas reencontrarte con tu humanidad, y sé, que son mis besos la puerta, mi cuerpo el camino, mis entrañas el lugar donde puedes tomar calor, el calor de hogar, el calor de un igual.

Mi capa y tu abrigo han caído. El calor es palpable. A pesar que es de noche, el calor que aún brota del mármol por el sol veraniego humedece en este momento a nuestras pieles, junto al olor salino proveniente del mar Egeo. Y me besas, besas con hambre, con deseos, con ansías, haciéndome gemir cuando clavas tus dientes en mi cuello y tus dedos en mi espalda. Te comprendo, y quiero que encuentres el camino, que me tomes, Camus. Que no olvides que eres humano, somos humanos…

Es válido llorar…

Camus, es válido llorar por lo que amamos…

Entre el sudor y nuestros cuerpos semidesnudos. Entre tus besos y el corazón que llora en tu pecho, consigues espacio con tus dedos, abres tu lugar en mi carne. Me sostengo con fuerza cuando siento que penetras en mi y el calor, el más profundo calor te va corroyendo.

Te veo… te veo sucumbir entre el placer y el dolor… veo tu ceño fruncido intentando contenerte con fuerzas, peleando contigo mismo. Y destruyo, todo argumento lo destruyo besándote en la piel disponible, pidiendo que me tomes, me destroces, me marques…

Una vez más… una vez más…

En cada estocada, entonces, me acerco más a tu corazón. En cada embestida puedo escuchar a tu pecho contraerse de dolor. Conforme el éxtasis nos inunda y el calor veraniego hace estragos de nuestras fuerzas, tu Camus, te derrites en mis brazos… y en el orgasmo, el más explosivo… puedo sentirte tan de mi, tan nuestro, tan uno solo… que rompí a llorar al mismo tiempo que lo hiciste tu…

No solo fue un derrame de semen, sino de lágrimas.

No solo fue nuestro cuerpo, sino nuestras almas…

Caímos pesadamente en el frio mármol, tu cabeza oculta en el espacio entre mi hombro y mi cuello. Y temblando, Camus, temblando del éxtasis, también te abrazo, interno mis falanges en tus cabellos de fuego y dejo que termines de derretirte en mí…

Ha pasado una hora desde que nos fundimos. Ahora, por la capa de sudor que se creó en nuestro encuentro, tengo un poco de frio, pero es matizado por el calor de tu cuerpo. No has dicho una sola palabra, te has quedado simplemente inmóvil abrazándome, luego de haber llorado. Sentí tan palpable tu propio dolor que fue mi llanto mayor al que acababa de tener pensando que me habías olvidado. Y me sentí tan idiota al pensar solo en mí, sin pensar realmente en que había pasado, en que te tenía así.

Pero eso ya es pasado.

— Merci beaucoup[1>—te escucho decir en tu lengua natal. Me sonrío, sé que lo necesitabas, sé que necesitabas sólo silencio y la posibilidad de convertirte en hombre.

— De rien[2>—subes tu mirada, enrojecida, mirándome asombrado por haberte respondido en tu idioma. Me sonrío con mayor fuerza—. En algo he ocupado el tiempo ¿eh?

Y tu sonrisa es tan brillante como la aurora boreal que me mostraste antes de regresar al santuario.

—Te amo, Milo—junto al calor de tus palabras…

Estando juntos no puede haber invierno…


[1> Gracias

[2> De nada

2 thoughts on “Derrítete (Camus x Milo)

  1. NYaaaa ~ anguyy!!!!!
    dios… que lemon tan tierno y tan cargado de setimiento…!!! no puedo creerlo que luego de cuchumil dias lea un camus x milo T_T aunque era milocamista xDD me encantó la trama… solo que Milo andaba super uke xDD pero de todas formas la metáfora… las palabras en francés de al final y sobre todo ese “te amo Milo” que le diola estocada final… fue singularmente perfecto…
    te queruuu…
    PD: soy Karly, este es el blog qu e tuve que crear por obligacion por que no recuerdo cual era mi otro blog xDD

  2. ;v; este no lo habia leido pero es verdaderamente hermoso como todo lo que escribes =w= hace ratono me daba la vuelta pero en verdad que es un placer leer tus fics.

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