Lienzo de Guerra (Cap 24)

Shaka ya está en Polux, dispuesto a encontrarse con el asesino de su hermano, mientras Aioria se prepara para sus fiestas. ¿Cómo será el encuentro entre Auva y Rukbat? ¿Y que sucedió en el pasado con el pedido de Saga?

Anuncios

Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Shaka ya está en Polux, dispuesto a encontrarse con el asesino de su hermano, mientras Aioria se prepara para sus fiestas. ¿Cómo será el encuentro entre Auva y Rukbat? ¿Y que sucedió en el pasado con el pedido de Saga?

Capitulo 24: Reencuentro de amantes

La noche rugía entre ellos, con un viento que destinaba a todos los presentes el aire fúnebre que ameritaba para lo que estaba por acontecer. Una brisa gélida atravesó las calles principales de Polux, elevando una nube de arena que golpeteó con las puertas de madera y acero de las distintas edificaciones, nobles y plebeyos por igual. En el centro de la plaza principal se erigía la enorme cruz de madera con un muñeco crucificado lleno de fuegos artificiales, paja y vestido con una réplica de las vestiduras del consorte, el traje negro con el cual murió. Los de Alhenas cerraban sus puertas no queriendo ser partícipe de la celebración que les recordaba su cautiverio. Los nobles salían de sus mansiones para ser parte de los invitados especiales de los de Rukbat. El castillo brillaba como nunca sólo esa vez al año.

Dentro del castillo, las festividades ya habían empezado. Las esclavas del castillo danzaban con sus ropas de seda y satines, sobre las mesas de los nobles, castañeando sus brazaletes de oro y moviéndose para despertar los instintos más tórridos de los presentes. La mesa en donde estaría sentado el príncipe Aioria, junto a sus dos manos derechas, Youma de Mefis y el príncipe mayor, Regulus; estaba dispuesta al final del salón, con adornados tronos y cojines de diversos colores para acomodarlos sobre la multitud. Aquella fiesta en el patio del castillo, en lo que era antes el vivero del consorte, ya se ejecutaba con frenesís hasta que la música calló.

Las trompetas sonaron al unísono. Aioria de Rukbat se vio entrar en la entrada principal del espacio y todos los presentes se levantaron de sus asientos, esclavos, nobles por igual, soldados y visitas de Rukbat como un mismo cuerpo, inclinándose frente a él, conforme daba un paso para tomar su asiento en la celebración. Una gruesa capa vinotinto se arrastraba en el suelo, junto con la corona que cubría su cabeza, entre sus desordenados rulos del color castaño, el oro y las piedras refulgían con fuerza. La mandíbula gruesa y formada, su torso solo cubierto por enormes y gruesas cadenas de oro y piedras preciosas, labrado con acero, bronceado y tostado por el sol. Un pantalón negro con un grueso cinturón de oro y la funda de su espada, los colmillos de león. A su lado, su mano derecha y quien llamaban su dama de compañía, Marin, la mujer vestida como si fue a una guerra, el ajustado traje que dejaba al desnudo piernas y brazos, cuero negro, era acompañado por la armadura plata de su estatus junto a la máscara plateada que ocultaba como antifaz.

Luego, las trompetas sonaron para la entrada del príncipe mayor de Rukbat, junto a los dos gobernantes de Alhenas por parte de Rukbat, el general Cid de Sagita y su consorte, Albafica de Sagita. Las vestiduras de Albafica, pese a las indicaciones de Aioria, eran las mismas que usó Asmita en su reinado. La túnica de color celeste aguamarina, cubierto de joyas, caía y se deslizaba entre las piedras del piso, con sandalias de plata,  y cubriendo en totalidad su cuerpo, con la delicada corona de oro blanco sobre su cabeza y el cabello recogido, celeste brillante, entre las fibras de oro de la corona. El general vestía su traje de milicia en Rukbat, la camisa que cubría hasta la mitad de sus muslo y dejaba caer una cola hasta su tobillo, bordada en oro, color negro y dorado, con la insignia de Rukbat en su pecho derecho y abotonada al frente, el pantalón de cuero negro ceñido a sus gruesas piernas y las botas que llegaban a su rodilla. En su derecha descansaba una espada, replica de su honorable Escalibur que ya heredó a su hijo. Regulus, como antiguo consorte, llevaba las túnicas que usaba su antiguo rey, de color esmeralda y con una espada lisa en su correa, la corona de oro de piedras adornando entre los bucles castaños y, en diferencia al príncipe Aioria, su mirada mostraba una bondad incalculable.

Mientras caminó, cada rostro de los esclavos del castillo que servían y danzaban se levantaron y le miraron con una súplica silenciosa. Cada par de iris fue observado por el antiguo consorte, al tiempo que iba caminando para tomar el lugar.

Y se conmovió… al notar, en medio de la celebración, luego de haber tomado sus posiciones; que cada baile y sonrisa que emitían no era más que una máscara para ocultar su aflicción, de celebrar, cuando ellos desearían estar en sus casa, encerrados para llorar un año más de cautiverio.

______________Acto uno: El enamorado

///Hace 17 años///

Mi corazón late de prisa. Late, como si quisiera salir de mi pecho, huir, lejos… tan lejos…

Mis parpados están abiertos, pero ni aún así, ni siquiera con todo el esfuerzo que he hecho para poder sobrevivir a esta vida, a este destino, con la única esperanza de que mi hermano sea feliz; es suficiente para mitigar la idea de que… no hay luz… nunca habrá luz. Y no, no quiero la luz de la vista…

Sólo pedía amor… sólo di amor… ¡te di amor, Aspros! Lágrimas, dos lágrimas han rodado por mis mejillas mientras el príncipe se apoderan de mis labios… labios que durante estos dos años sólo te habían besados. Caigo de lleno en la cama totalmente sin fuerzas, sintiendo esa boca, ¡tan inexperta! ¡tan joven! ¡Tan niña! No… no quiero… no quiero esto, no quiero sus besos… no quiero su cuerpo… ¡no quiero quitarle su inocencia!

—No…—suplico—. No, príncipe…—me calla—. Por favor, no…—volteo mi rostro, me alejo… me acorrala… me persigue… me besa…

¿Tanto me desea?

¿Tanto me detestas, Aspros, que me has entregado para ser comida para tu hijo mayor?

¿Qué crees que soy?

—¡He dicho que no!—pateo, forcejeo, me libero en un momento en que el príncipe, al parecer ha quedado perplejo—. No me tocaras, ¡no más!—levanto la voz para hacerme oír, respetar.

—Mi padre me ha dado permiso, ¡es mi noche!—siento como si me partieran en pedazos con esas palabras… Aspros, ¿tan poco significo para ti?

—Entonces se supone que debo entregarme a ti, príncipe Saga, ¿porque el rey así lo ha predispuesto?—levanto mi mentón, me muestro férreo. No, no permitiré una humillación más, ¡no más! Por mucho que mi corazón duela ante tu engaño, Aspros de Alhenas, te haré recordar que antes de esclavo fui príncipe, ¡el heredero de un rey!

—Las… las leyes de Alhenas así lo dicen…—tartamudea y le sonrío de medio lado, cínicamente.

—Las leyes de Alhenas son realmente asquerosas—me levanto de la cama, buscando una bata para cubrirme, detestando todo este aroma afrodisiaco, esta túnica de amante… incluso el aroma del príncipe… el de una febril excitación—. Dime, príncipe Saga, ¿acaso soy sólo un esclavo?—noto, por su respirar, la consternación—. Lo soy cierto—y mi rostro no puede evitar torcerse, con dolor—, sólo un maldito esclavo para saciar tu lujuria, ¿es eso todo lo que he sido en estos años para ti, príncipe Saga?

Y mi voz se quebró en esas últimas silabas, conteniendo mi ira con los puños cerrados, tan fuerte, que de seguro se han enrojecido por la presión. Mis dientes rechinan, mi mandíbula se tensa, y como en un acto de prepotencia subo mi mentón.

—Dame al menos una razón valedera, para entregarme a ti príncipe Saga. Una razón, que sea más que la de una maldita orden. Una razón que me haga sentir…

—¡PORQUE TE AMO!

Y mis ojos se abren, estupefactos. No, no son sus palabras, no, no son sólo sus palabras… es su tono, es ese grito que le desgarró el alma, la garganta… ese llanto. Ya no me mira, ya no siento su mirada, sólo su sollozo, su mudo sollozo.

—Yo si te amo… yo si fuera rey… y te tuviera… ¡JAMÁS TE ENTREGARÍA A NADIE MÁS!—y me destroza—. YO SI TE AMO ASMITA, ¡MI PAPÁ NO TE AMA PERO YO SI!

¿Y cómo negarlo, Aspros? ¿Cómo confiar ahora en tus palabras?

—Asmita…—se acerca, me alejo con un paso—. Asmita, ¿De qué otra forma podía tenerte?

No… no uses tu nobleza contra mi… ¡no me mires como Defteros llegó a mirarme a mí!

—Aléjese, príncipe…

—No, yo, ¡yo te amo! Si no aprovechaba… si no lo hacía ahora… ¿cuándo? ¿Cuándo tendría oportunidad, Asmita?

—Eres un niño…

—¡No!—me toma un de mis manos, la eleva hasta su cuello… me obliga a tocarlo—. No soy un niño, no tengo el cuerpo de un niño—la baja hasta su pecho, al nivel de su corazón. Sus pálpitos, fuertes, acelerados, el olor de su excitación tan evidente… mi misma altura y con cuerpo mayor formado que el mío. No, sé que no tiene el cuerpo de un niño, no le falta mucho para estar a la altura de su padre o Defteros—. Te amo Asmita—desarma la bata, besa mis hombros… nobleza… ¡nobleza!—, te amo como jamás te amará mi padre.

Sus manos de nuevo en mi cintura, sus labios en mis hombros, olfateando mi aroma, marcando mi piel.

Y tú, Aspros, ¿realmente no me amaste?

Y tú, Aspros, ¿qué significó nuestras continuas entrega?

¿Les crees a los nobles más que a mí? ¿Es esto producto de tus celos?

—Ni siquiera mi padre se quejó cuando te pedí, Asmita—y las lágrimas se agolpan en mis ojos vacíos al paso de esas palabras en mi oído, susurraba con su voz, un tanto grave—, ni siquiera se inmuto… te entrego a mí como si fueses una posesión más, Asmita—duele… ¡maldita sea duele!—. Yo jamás lo haría—y su abrazo quema… ¡quema como el de aquel!—. Yo jamás te entregaría… yo, ¡ya te hubiera convertido en mi consorte!

Y tú, ¿Aspros, de verdad quieres que me entregue a él?

______________Acto dos: El Fantasma

El cielo ennegrecido, hasta creo escuchar el llanto de todas las almas que cayeron aquel fatídico día hace cinco años. Y eso, me excita… me excita este sonido, el sopor del aliento nauseabundo que se respira en las calles de Polux. Sé que Shaka lo siente, el cielo que se carga de nubes sobre nosotros mientras recorremos los recovecos de la ciudad, buscando camuflarnos con la oscuridad, él cubierto con un manto negro, tal como el que  llevaba puesto el día que nos encontramos frente al cadáver de Asmita.

Defteros, si lo vieras ahora, ¿te excitarías igual que como lo hacías esos años? Si vieras a este nuevo Asmita, ¿serías capaz de dividir el reino por él?

Yo siento un extraño placer por ello…

Nos detenemos en una de las casa frente al castillo. Debemos estar a unos doscientos pasos de las puertas y vemos las luces encendidas de la celebración. Delio tomó la mano de Shaka con fuerza, viendo conmigo los guardias que vigilan la entrada. Shayna ha callado con facilidad el rechinar de los caballos, para no ponernos en evidencia, aún.

—Esto es una locura…—vuelve a susurrar Delio, con la voz temblorosa. Me sonrío divertido, con lascivia, viendo la mirada inmutable del tornado de oro dispuesto arrasar con todo.

—Esto es perfecto…—murmura el antiguo príncipe, con sus ojos inyectados de sangre—. ¿Son de Alhenas verdad?

—Traidores… eran parte de nuestros esclavos—confirmo al verlos, reconociendo a uno de ellos a lo lejos—. ¿Estás listos, Shaka?

—Déjanos ir contigo—el agarre en su antebrazo, la fuerza de su agarre hizo que el rubio volteara a verlo. Puedo leer el temor en los ojos de Delio, un temor genuino, temor de amante. Odio admitirlo, pero no puedo juzgarlo. Yo sentí ese mismo temor y ellos, esos traidores y los de Rukbat, me quitaron lo único que realmente amé.

Los dedos blancos de Shaka resiguieron por la mandíbula, tomándolo por sus orejas y presionándolo para darle un hondo beso, profundo, y caluroso, un beso que declaraba su victoria, su fuerza, lo que estaba a punto de hacer. Lo soltó, mirándolo con los zafiros más brillantes que nunca, el tornado estaba preparado para tocar tierra.

—Míralos, Delio…—jadea el albino al sentir su voz, al oírlo, al verlo tan decidido. No lo culpo, yo mismo me excito con verlo tan determinado a derramar sangre—. Mira y trae ante mí, como ofrenda, sus rostros de pavor.

—Todos… te los entregare todos… incluso los de aquellos que osen verte con lascivia—sonríe Shaka, con sadismo—. Si me pides, hasta el de Aioria…—y es callado por uno de sus dedos, delineando sus labios. ¡Maldito rubio!

—Shhh…—sisea mirándolo desde abajo, ladeando su rostro para mirarlo con malicia—, Aioria es mi presa y es hora de ir a empezar la cacería—sonrío ante la idea… desde aquí, empieza no una revuelta política, sino una verdadera cacería infernal—. Sígueme de lejos,  no intervengas.

Lo suelta, para luego mirarme una mirada como una orden. Lo entiendo, yo seré el que mantenga a Delio lejos de su camino. Inclino mi cuerpo, como lo haría frente a Asmita, dejando que mi cabello, con algunas hebras blancas, caiga ante él, la más perfecta justicia. Con el manto negro cubriéndolo, sale del escondite, caminando, firmemente, hacía la puerta del castillo. La guardia, conformada por dos hombres en la puerta y dos hombres dentro de las rejas, lo mira con vigilancia, mientras el paso sigue imperturbable. De repente, empieza a caer una suave lluvia, propia del otoño y me sonrío. Ciertamente, los dioses están de nuestro lado. Del suelo una bruma, una niebla gris empieza a inundar toda Polux, y creo que son los mismos dioses quienes están creando el escenario.

::::::::::………….::::::::::

La lluvia cae sobre mí, la niebla me rodea, ¿es esta tu voluntad Asmita, que los mismos elementos me preparan mi entrada? Me muevo como cobra ante su presa, ladeándome para escabullirme a su vista, ondeando mis pasos, no en un camino recto y aprovechando la niebla que van cayendo de las montañas hacía Pólux. Veo sus rostros, cada vez más cerca, y compruebo los rasgos de Alhenas en ellos. Traidores de su misma tierra, ¿qué harán cuando vean mi rostro?

La excitación borbotea en mis venas, me hacen temblar de la más pura expectación. Ya quiero verlos, quiero ver los rostros llenos de horror al verme, quiero ver el rostro de Aioria petrificándose ante mi presencia. ¡Quiero verlo! Me sonrío de tan sólo pensarlo, imaginarlo, mientras el agua cubre mi cuerpo, apega mi flequillo a mi rostro y la saboreo, ácida, entre mis labios.

Me acerco, sigilosamente…

Me observan…

—¡No avance más!—y advierte. Me sonrío, agachándome para poder ocultarme con mayor facilidad de la niebla—. ¡Aléjese de aquí!—saco mi puñal dentro de las largas mangas del traje, lo empuño con mi derecha, acercándome a gatas.

Y percibo el olor al miedo…

—¿Habrá sido un fantasma?—jadeo por la espera, casi como si fuera un afrodisiaco—. ¿Lo ves?

—¡La niebla no me deja ver!—se acerca uno, con una lámpara de aceite—. Déjame ver…

Acércate…

Entreabro mis labios sintiendo sus pasos, oliendo su miedo. Me muevo rápidamente hacía la derecha aprovechando la niebla, viéndolos temblar moviendo sus lámparas de lado y lado.

¡Quisiera soltar una carcajada de puro placer!

Relamo mis labios, los siento reseco por la espera, la expectativa, las ansías animales y primitivas. Lo veo acercarse, poco a poco, hacía mi. Indefenso, como un insecto acercándose a mi telaraña… y yo, la araña mortífera, dispuesta a morder en cuanto toque una de mis fibras. ¿Lo siente? Se acerca… más… acorta distancia… entra en mi territorio y gateó como puma entre la niebla, le rodeo… me enfrento…

—¿Q…?—y me levanto ante él.

Su rostro… ¡oh su rostro! Las pupilas se dilatan, sus cejas se enarcan hacía atrás, sus ojos se abren pasmados, saltando, mientras su boca, reseca y vacía, intenta soltar el grito de dolor que  le provoca mi agarre en su intimidad, con mi izquierda. Siquiera el dolor es suficiente para mitigar su terror. ¿Me reconoce?

—¿Fausto?—lo llaman y el paralizado, ante mi… ¡aterrado! Lo miro con mis ojos, lo traspaso con mi mirada.

—¿Ese es tu nombre, traidor?

—E-el… con…consor… ¡¡¡EL CONSORTE!!!—y mi puñal atraviesa su garganta.

Las flechas salen disparadas hacía mi, y usó el cuerpo del hombre para cubrirme de ellas. Corro entonces a la entrada, lanzando el cuerpo a un lado para ganar terreno. La niebla se dispersa, la alarma comienza.

Me pongo en evidencia, quitando la capucha de mi manto negro, para mostrarle la señal de mi identidad, de su mayor terror. ¡Y todos los rostros se petrifican ante mí! Uno da un alarido más parecido al de una niña, cayendo de espalda y retrocediendo hacía la columna, los otros dos me miran horrorizados.

—Abran la puerta—ordeno, con mis parpados cerrados, oliendo el miedo—. ¡El consorte Asmita de Alhenas ha regresado a su castillo!—me acerco al que está en el suelo, los otros dos han corrido, gritando que hay un fantasma hacía el castillo.

Me arrodillo frente a él, abriendo mis parpados, viéndolo con mis ojos azules a un punto muerto, como quedaron los ojos de mi hermano. Tocó su rostro con una de mis manos, y siento el olor a orín escurriéndose por sus túnicas. Le sonrío. Bajó mis manos hacía su cuello… le miro.

—Traidor…—y antes de que pudiera gritar, lo despescuezo—. Tú serás mi escudo…

La puerta desprotegida, la abro con las llaves que cayeron en la huida. La niebla vuelve a espesarse en el ambiente y yo, camino, como dueño y señor de estas tierras, con el cadáver de ese guardia siendo arrastrado, saboreando el terror que crearé apenas entre al castillo.

______________Acto dos: La hombría

///17 años atrás///

Lo tengo en mis brazos, lo tengo por fin en mis brazos. ¿Tienes idea de cuánto lo he soñado Asmita? ¿De cuántas veces he despertado húmedo pensando en ti, en tu cuerpo, tus labios, tu piel… venerándote, amándote Asmita. En estos labios que se abren como flor de loto para mi, tan mío, tan cerca, tan posible de poseer. Y tu orgullo Asmita, tu orgullo de Rey, ese que pudiste ser, lo amo. ¡Amo que no te entregues fácilmente! Amo que me des la oportunidad de no tenerte como si fuera sólo una orden del mi padre el rey, que me des la oportunidad de hacerte sentir, que no te quiero como esclavo, sino tú, sólo tú.

Estás inmóvil aún… pero lo he soñado ¡tantas veces! En mis sueños era igual, te negabas, me pedías cordura, me decías que era un niño y yo… yo te demostraba que no, que soy un hombre, un hombre que te ama, fascinado, ¡enamorado de ti! Soñaba como desarmaba tus argumentos al paso de mis caricias, como te tomaba con dulzura hasta que me pedías más… ¡Así! Justo así empezabas, renuente, negándote a mis labios, temblando al mismo tiempo entre mis brazos.

—Tócame…—suplico, jadeando y tomando tu mano, pasándola por mi cuello, mi pecho, mi abdomen y erizándome con ello—. Tócame Asmita… por favor…

—Detente…—rozo con mi nariz tus labios, me esquivas, perdiendo fuerzas.

—Yo te amo… ¡te amo como mi padre no podría amarte, Asmita!—te afirmo, tomando entre mis labios uno de tus dedos, de esta mano que me ha tocado, besándote las yemas, bajando hasta tu palma. Te miro con adoración, te miro con deseos, con ansias. Tu olor… ¡tu olor me seduce!—. Eres… eres divino—muerdo un tanto tu muñeca, siento tu temblor, tu miedo… y el fuego… el fuego que empieza a corroerte—. Te amo tanto…—jadeo tomando tu cintura, acercándome a ti. Ladeas tu rostro, intentas ocultarlo… pero no, te persigo, te aprieto, ¡te busco!—. ¡Asmita!—aprieto mi boca contra la tuya, te obligo a ceder, a responderme. Tus manos intentan separarme pero aprieto con las mías tu cintura.

Un gemido… de tus labios… y me siento en la gloria.

Aprovecho el momento y profundizo el beso, arrinconándote contra el mueble de madera que guarda los libros creados especialmente para tu uso. Delineo tu espalda esbelta, cada cicatriz de guerra entre mis dedos, encendiéndome… quemándome contigo.

—No…—susurras aún peleando, desviando tu rostro de mis labios. Deslizó mis besos entonces, posesiono de nuevo tu boca—. ¡Basta!

—No puedo…—aprisiono tu cuerpo, me abro espacio entre tus piernas, haciéndote sentir que ya no soy un niño… lo que está debajo de estas ropas reales, no es digno de un niño… ¡es digno del futuro rey!—. No puedo detenerme Asmita…

Beso tu cuello, me restriego con mis caderas hacía ti. Te veo posicionar tus manos en el filo de la madera, temblando, totalmente superado por el placer. Cada vez los gemidos suenan más, suenan más mientras paso mis labios por tu cuello, por tus hombros, acaricio tu torso, tiento tus tetillas. Busco de nuevo tus labios y para mi sorpresa, esta vez, me tomas con todas tus fuerzas, me besas de una forma que me asfixia, moviéndote, de esta forma… ¡de esta forma! Tu lengua atraviesa mi paladar, regodea entre mis dientes, mi lengua, aún inexperta, intenta seguirte el ritmo ¡pero es imposible!

¡Arde!

—¡Haaaa!—gimo yo antes que me vuelvas a apresar, succionar, devorar—. Asmi… ¡hmmm!—me quiebras, me rodeas con tus brazos de fuego, con tus manos tomándose de mi cabello. Tanta pasión… ¡tanta pasión!

Me empujas lentamente hasta la cama. Gateas sobre mí, como un gato traicionero que ha apresado a su presa, y jadeo con sólo sentir tus manos tocando mi pecho. Muerdo mis labios, para tratar de calmar mis ansias… ¡pero eres tan experto! Y besas, besas de nuevo, me desarmas con el paso de tu lengua, profundo… ¡más profundo! Y luego tu cadera, danzando sobre mí, erizándome, corrompiéndome. Quiero… ¡quiero penetrarte!

—Asmi… deja… ¡hmmm!—tus manos apresan las mías contra el colchón, y te mueves, danzas sobre mí, restriegas tu cuerpo sobre mi—. Haaaa, ya… ¡ya basta!—no puedo… ¡no puedo moverme! ¡Y QUEMA!

—Sígame, príncipe…—me susurras al oído, me contorsionas en las sábanas. Esto… no era así, no era así como lo soñé pero… ¡ES TAN CALIENTE!

Liberas una de mis manos, tomada con una de la tuya, me acaricias a mi mismo con ella y la tuya, la guías por mi cuerpo. Y quema… ¡quema!

—Ha… Asmita… quiero… ¡entrar!—tu mano lleva la mía, y desciende… desciende… ¡desciende!—. ¡Argh!—el fuego me corroe, se esparce a mi cuerpo como ondas de lava, debajo de mi piel, endureciéndome, endureciéndome más. Internas tu mano y la mía a mis ropas, las llevas a mis piernas, me obligas a palpar con tus dedos mi hombría erecta y muerdo mis labios, curveándome en la cama.

—Es realmente… digno de un rey—susurras a mi oído… ¡arde!

—Quiero… quiero entrar… ¡quierooom!—tus dedos se mueven, estrujan, bombea—. ¡Haaa!

—No solo aquí puedes sentir—y aprietas mi punta, con tus dedos, los míos, humedeciéndolos—. También aquí se siente muy bien—bajas hasta mis testículos, acaricias con mis dedos suavemente, enviándome millones de señales a la cabeza.

Sudo, cerrando los ojos, sacudiendo mi cabeza para tratar de aplacar el calor, las ansías, el fuego que devora mi carne. Y llevas mis manos hasta más debajo de mis gemelos, presionan la piel antes de mi ano y abro los ojos, por la corriente lasciva que invadió mis nervios. Me revuelco intentando tomar el control y aplacas mis intentos besándome con pasión, tirándome de nuevo a la cama. Por mis movimientos mi pantalón baja, casi a mitad de muslo, estando totalmente desnudo y expuesto, mientras que con mi mano y la tuya me excitas. El liquido sigue brotando, y yo gimo… gimo… ¡gimo!

Entonces tomas mi punta, la envuelves en tus manos, creando paredes con sus dedos y presionando.

—De esta forma se sentiría estar dentro…—siseas en mi oído y aprietas, un poco más, más hasta que…

Colapso.

Un fuego invade mis poros. Un hilo de energía baja de mi cabeza recorriendo toda mi espalda, tensándome por completo, abriendo las piernas, subiendo mis caderas, gritando por la fuerza de placer que nubla mi mente.

Y caigo… solo sintiendo los fuertes y calientes disparos de semen que golpean contra tu torso. Tus cejas fruncidas, analizándome con tu expresión, yo temblando de delirio.

—Allí tienes tu hombría, príncipe Saga—te levantas y yo… yo no tengo fuerza para seguirte—

Y me siento… me siento usado y burlado…

—Así… así no… no fue como quería…—musito con mis ojos embotados entre dolor y placer.

—Tú, al igual que tu padre, me han tratado como un objeto. Tú, al igual que tu padre, no me amas, no como esperé—y tu sentencia…—. Vete ya, príncipe. Ya obtuvo lo que tenía y yo… yo ya confirmé que nunca seré más que un esclavo en este maldito lugar.

______________Acto cuatro: El obsequio

Las danzas, la música, todo esto no tiene sentido para mí. Lo odio… odio su gente, su sonido, sus mujeres, sus hombres, sus tierras… ¡TODO! Odio este lugar que tomó las tierras de Auva, que tomó a Shaka… que obligo a Asmita a matarlo para luego… el miserable, se entregara como perra en celo a la voluntad de sus reyes. Tomo la manzana, mordiendo con fastidio, sólo esperando cuando desde aquí se vea la cruza de fuego, mostrándome una vez más el como incinere el cuerpo de ese hombre entre las llamas.

Lo hice por ti, Shaka. Solo por ti, quien me visita todas las noches, me permites tomarte una y otra vez en medio de mis fantasías. Y cierro mis ojos, imaginando como habrías sido, como tu hermano, lamentablemente, hubieras sido como él, tu cabello largo, tus ojos azules, tu cuerpo blanco y esbelto, alto y formado, cubierto de túnicas reales, un terracota que alumbrara tu piel pálida, cayera como alas por tus brazos, el cinturón de oro y piedras en tu cintura, el pantalón blanco escondiendo la más sublime belleza. La que mancillo, todas las noches, en mi soledad y locura, cuando el Láudano hace su efecto y me anestesia, del dolor de mi perdida temprana…

—Príncipe Aioria—escucho la voz frente a mí. El hombre, Youma de Mefis, se inclina ante mí con sus ropas extrañas, extravagantes a decir verdad. Sube su mirada oscura, endemoniada y filtrada con un brillo de avaricia que intenta intimidarme. Muerdo de nuevo la manzana, mirándolo con sumo desdén—. Le prometí, que este cumpleaños era sumamente especial. Le he traído un regalo, que jamás podría encontrar en otro lugar. Los dioses han sido benévolos—frunzo el ceño, sin comprender. ¿Qué cree este hombre que puede tener para mí?—. Dicen las antiguas creencias de Auva—abro mis ojos, molesto. Siento también la llamada de atención de parte de Regulus, quien se yergue, pendiente—, dicen que los espíritus de los niños que mueren a corta edad, reencarnaban, por el bien de los dioses.

¿Qué planea este hombre?

Un movimiento de sus palmas y una doncella es traída con un largo manto color ocre, cubriéndola de pies a cabeza, amarrada las manos y piernas con gruesas cadenas.

—Hemos encontrado, una hija de Alhenas, que ha heredado la belleza de Auva—me levanto lentamente, considerando sus palabras.

—¿Qué significa esto?—interroga Regulus, poniéndose de pie con velocidad y violencia—. ¡Desatadla!

—Es la reencarnación del alma del príncipe Shaka—el palpitar en mi pecho… no… es imposible… imposible que…—. Nacida en estas tierras, rescatadas por nosotros, traídas para usted, mi rey…

El manto cae… abro los ojos lo más posible, para verlo, comprenderlo…

Cabellos dorados, piel blanca, dos ojos azules que me miran con miedo. Piedras preciosas y oros cuelgan de su gargantilla de esclavitud hasta su pecho, cubriendo su desnudez. Un pantalón de delgada tela semi transparente color ocre me da una visión de sus piernas. Y no… no me importa que sea mujer… el cabello dorado… los ojos azules… ¡la señal de Auva en su frente!

—Shaka…—jadeo y la mujer reniega su rostro totalmente horrorizada… el miedo… ¡mi afrodisiaco!

—Así es mi señor…

—Ella no es Shaka, Aioria—baja para posicionarse frente a ella y aquella… se toma de sus túnicas, con sus labios sellados por una cinta de plata, suplicando y llorando—. Es una esclava, una esclava que tuvo la desdicha de ser encontrada.

—¡Será mi Shaka!—ordeno. Deseándola… ¡deseándola!

—¡No!

—¡¡Atadla y preparadla para mí!!—y los soldados obedecen, a pesar de las palabras de Regulus.

—¿Estás loco? ¿Has enloquecido? ¡Esa una mujer no  es Shaka! ¡¡No es Shaka, Aioria!!—grita el príncipe, amante de mi padre… ¡Como si fuera obedecerle!

—¡SERÁ MI SHAKA! ¡ES MI SHAKA! ME PERTENECE, ¡MÍA!—el amante me mira horrorizado—. Y QUITATE… ¡¡Quítate antes de aprovechar este momento y ensartar mi espada en tu pecho, Regulus!!—desenvaino mi espada, fino acero grueso con el filo de una cierra en su izquierda, afilada, lista para dividir cualquier hueso que se enfrente.

La lluvia cae, muy leve, hay niebla, niebla proveniente de las montañas nos cubre. Regulus se queda estático ante la amenaza de mi espada. Los soldados cumplen mi orden, tomándola a pesar que ella intenta defenderse. Quiero oírla gritar… ¡quiero oírla gritar!

—¡Liberad su boca!

::::::::::………….::::::::::

Los gritos han empezado a inundar el castillo. Incluso más rápido que el viento, el rumor fue enviado por los dos que huyeron de mí en la entrada. Asmita ha regresado y aquellos que intentan detenerme saborean el filo de mis dos espadas, con la misma técnica de Auva. Los veo temblar, los veo correr, los oigo rezar y maldecir. ¿Tienen miedo? ¡TEMAN!

Entre tranquilamente por el salón principal, donde moriste hermano, viendo el trono vacío donde tu cuerpo cayó frente a él. Ahora, he venido… ¡he venido a empezar mi venganza!

Y huelo humo… ya debieron empezar con el fuego. Luego preguntaré como hicieron para que encendiera pese a la lluvia. Ya es hora de salir al lugar donde están reunidos y ver, el rostro que quiero ver transformado por el pavor más inhumano posible: El de Aioria de Rukbat

—¡MALDITOOOO MALDITO DE RUKBAT! MALDITO TU, ¡¡MALDITO ALHENAS!!—escuchó los gritos de una mujer. Debe ser la que han escogido este año para el sacrificio del león.

Llegó a la hora de su cena, pero le quitaré todo rastro de hambre.

______________Acto quinto: La velada

///Hace 17 años///

El agua me ha aliviado el pesar, la rabia, la indignación. Me he quitado con rabia todas estas ornamentas, tirándolas al suelo, junto con el faldón que me cubría y las piedras y perlas en mi cabellos. El olor de Saga en mi cuerpo me asquea, el de su simiente en mi mano me provoca vomitar.

Y lloró… ahora que me sumerjo al agua dejo que estás se lleve las lágrimas, mis lágrimas. Quito todo rastro de esos otros labios y manos sobre mí, de quien logré librarme por su juventud, su inexperiencia. ¿Qué más podía hacer si me acorralaba? Sólo tenía que acelerar a su cuerpo y hacer que se descargara para liberarme de él. Eso jamás hubiera funcionado ni con Aspros, ni con Defteros. Conté con la suerte de que él, además de ser virgen, dice amarme.

Amarme…

Esas palabras en labios de Alhenas es tan manchada, sucia… irónica a su vez. Amarme… Aspros dijo amarme y mírame ahora, quitándome las huellas de su hijo luego de ser entregado como juguete de consolación. Amarme… eso dijo Defteros, y en cuanto pudo me… ¡Maldita sea! Oculto mi rostro entre mis piernas, dejando que mi cabello tape mi cuerpo, acurrucándome buscando fuerzas… fuerzas Shaka. Porque si estoy vivo, ahora, ahora veo que sólo es por ti. Que lo único que amo, que lo único puro en estas malditas tierras eres… eres tú Shaka!

¡Y tú no me amas! ¡No me recuerdas!

Odio… odio esta sensación de que todo está perdido… ¡Odio sentirme sin esperanzas! Quisiera creer que la hay… quisiera creer que Aspros si me ama aún, que sólo duda y que eso, eso podemos arreglarlos, juntos. Quisiera creer que si vale la pena seguir viviendo y esforzándome para proteger la poca nobleza que encontré en él…

Y sus besos. Volver a saborear los besos de él, de sus labios carnosos, de su experta forma de amarme, de entre su orgullo y su nobleza encarcelada.

¿Aún me amas Aspros?

Quiero creerlo… quiero creerlo…

Dejo que el agua caliente se lleve mi dolor, mis lágrimas con ella. Paso la esponja tallando mi piel, quitándome todo estos perfumes y el aroma de él. Espero que ya se haya ido, que con esto… con esto haya comprendido… Tocar su intimidad, su cuerpo… a él… ¡un niño para mí! Aunque ya tenga el cuerpo de un joven adulto, para mí, sigue siendo un niño y el hijo del hombre que amo. Lo siento Saga, pero ese amor que dices profesarme, sólo ha dado lugar a una obsesión que debo matar, por tu bien… y el del reino.

Me levanto de las aguas, secándome con lentitud. El frío de la noche aún irrumpe por la ventana de la pequeña alberca en nuestra habitación. Rozo de nuevo mi cuello, donde está la gargantilla de la esclavitud y con ello rememoro mi destino. Quizás, nunca llegue a ser el consorte. Quizás, nunca llegue a gobernar sobre estas tierras… pero al menos, al menos quiero tener la oportunidad de enseñarle más humanidad al rey y al heredero, dejarles un camino para que Alhenas pueda tener mayor brillo. Para que Shaka pueda tener un mejor reino donde vivir.

¿Seré egoísta? ¿Y alguien puede reclamármelo?

Es la esperanza que me mantiene con vida, la que mató mi odio, la que me permitió amar…

Aunque ellos, con mi amor, sólo responden golpeándome baja y duramente hasta no dejarme más que la frustración de que nunca seré correspondido.

Tomo las vestiduras reales que suelo usar para dormir, las que traje antes de internarme. Me cubro con ellas, pensando en todo, en la forma en la que encarare a Aspros, en que le diré. Una parte de mí quiere reclamarle pero… ¿y mi orgullo? ¡Maldita sea! ¡Yo también tengo orgullo! Y lo único, lo único que he hecho es acompañarlo… ¿acaso la palabra de los nobles es mayor que la mía? ¿Acaso ellos le dan más de lo que le he entregado? Mi cuerpo, mi alma, mis besos, mis caricias, mi amor, este que no se merece…

No… no puedo caer tan bajo… no puedo hacerlo. Si él me entrego a Saga, que crea entonces que si fui de él… al menos que me pregunte, al menos que tenga la delicadeza de dudar de que me entregaría a otro… al menos…

Salgo de la alberca para encontrarlo a él, el príncipe Saga, sentado, supongo que en el diván. Camino con mi rostro severo, mostrándole hacía donde está la salida con mis manos, instándole así que abandone la habitación.

—No puedo, debo quedarme aquí hasta… hasta el amanecer.

Su voz, ¡esta tan turbia y dolida! No pude evitar sentir un estremecimiento al oírla, junto a los latidos de su corazón, lentos y fúnebres dentro de su pecho. Ha estado llorando… el príncipe ha estado llorando… y mi corazón, se encoge al comprenderlo.

—Príncipe…

—Perdóname…—ese susurro tan débil—. Yo, yo cometí un error…—su nobleza, de nuevo, más brillante… ¡inocente!—. Yo te amo… sólo sé que te amo pero… eso, no me daba derecho a… hacer esto.

—Olvidémoslo—le pido, virando la mirada.

—Asmita… lo de mi padre, fue cierto—aprieto mis parpados, mis puños en el pecho, sujetando mi bata—. Él, no dijo nada y eso, ¡eso me indigno tanto! Pensé que reprocharía, que… que pelearía. Estaba preparado para imponer las reglas para hacerme obedecer pero no… no a que te cediera tan fácilmente—calla príncipe… por el amor a tus dioses… ¡no digas más!—. Por eso… vine aquí decidido a mostrarte que… que mi padre no te merece.

—Eso no cambia lo que siento por él—sube su mirada y la siento en mí, clavada y fija en mí. Ojala pudiera ver el color de sus iris, sé que es distinto al de su padre, lo sé porque, de alguna manera, su esencia así me lo transmite—. Príncipe…

—¿Lo amas? ¿De verdad lo amas?—su voz turbia, casi suplicando que le mienta.

Y me quiebro.

Las lágrimas empiezan a brotar por si solas, siento mi rostro enrojecido, tenso, tratando de calmarme, de recuperar la compostura… de…

—Asmita…—y me abraza, quebrándome por completo—. Asmita…—susurra a mi oído—. Perdónanos Asmita…

Y me desborono…

Es duro… es duro amar así… es duro ser atravesado así, manipulado, burlado, ¡desechado!

¿Dime, Aspros, que significaron para nosotros estos dos años?

Y la voz de tu hijo, llorando, me consuela… la voz de tu hijo, pidiendo perdón por él, por ti y… por Defteros…

Este perdón que me pide Saga, siento que es para los tres. Su mano acaricia mi cabello, su brazo cubre mi cintura, me da su hombro…

Lloro…

///Presente///

La mirada en el cielo, fuera del refugio. Vino a verificar en cuanto regresó del lugar donde las tropas esperaban el amanecer, para empezar a invadir. La señal, según Shaka, la verían en el cielo.

Me acerco detrás de él, intrigado por saber qué es lo que lo tiene perdido en sus pensamientos. Piensa en la locura que está cometiendo Shaka? ¿O en las tropas? O…

—Saga…—lo llamo antes de acercarme por completo, viendo como a duras pena mueve el rostro, para mostrarme que me presta atención—. ¿Qué haces, ya es muy tarde?—me detengo a su lado, comprobando por fin su rostro. El ceño fruncido como siempre, pero su mirada muestra tanto dolor escondido. Creo suponer en que están sus pensamientos—. Deberíamos dormir.

—No puedo, aún no…—me dice, sin mirarme—. Hoy, hoy se cumple cinco años desde que él murió, frente al trono, protegiendo el reino y mi corona, Kanon—lo supuse… sólo alguien podía crearle esa expresión.

Asmita.

Resoplo aire, pateando una piedra cercana sólo para distraerme. Amar de esa manera, me pregunto, ¿es lo mismo que estoy empezando a sentir por Mu?

Me da miedo…

—Nunca lo merecimos—subo mi mirada, lo veo entonces, con el rostro contraído de malestar—. Nunca lo merecimos… él, él siempre fue más, mucho más de lo que cualquiera de nosotros tres pudiéramos merecer.

—Saga…

—Y no… no es sólo él. Es Auva… es esa tierra… todo lo de esa tierra era algo sagrado que no debimos tocar, nunca, con nuestras sucias garras—no lo comprendo. No comprendo en que piensa, porque lo dice, que es lo que significa—. Todo lo que viene de esa tierra, está condenado a amar u odiar con todo su ser, con todo, una entrega infinita…

—Me confundes… no entiendo…—una sonrisa sarcástica, de burla para mí mismo, se dibuja en los labios de mi hermano. Saga, ¿qué es lo que te tiene así? ¿Por qué ahora andas con lamentaciones a ti mismo?

—Besé a Shaka—abro mis ojos, lo más humanamente posible.

—¡Oye!—intento decir algo que lo anime, así que empiezo con un ligero golpe en sus hombros—. ¿Pero eso es bueno no?—ahora es él quien resopla, con dolor.

—Me dijo que ama a Delio.

Y sus palabras adquieren sentido, por fin, para mí…

—Supongo que no puedo pelear contra mi destino—dio media vuelta—. Porque la forma de amar de Auva es algo que nunca, alguien de la simiente de Aspros, podría igualar.

—Pero… Asmita supuestamente…

—Lo hizo, pero dime, Kanon, ¿tenía a alguien más? Estoy seguro que de haber sido libre, la historia hubiera sido otra. Hubiera sido esta, la que vive Shaka. Una en donde Alhenas sólo es centro del odio más justo y severo que pueda generar.

______________Acto seis: El Encuentro

La mujer grita, grita odio a Rukbat, grita odio a Alhenas, grita como si esperara que alguien la salvara… ¿pero quién? Aquí no hay nada más además de Rukbat y Alhenas, entonces, esta mujer, esclava y sobreviviente de Auva, ¿qué es lo que espera?

—MALDITOS SEAN, TODOS, ¡¡TODOS!!—¡tanto odio!—. ¡Vendrá, la justicia vendrá! ¡Asmita regresará y los destruirá a todos! ¡Mi rey regresara!

Las risas comienzan en todo el lugar. La mujer muerde sus labios, viendo con odio, el odio más puro a los soldados que se acercan a tomarla. Cuando estos la envuelven entre sus brazos para hacerla acostar a la mesa en donde será atada, vuelve a lanzar otra cantidad de maldiciones, a decir que Asmita vendrá, que regresará y nos degollara a todos. ¿Tanta es su fe? ¿Tanto creen en esa fabula?

—Asmita no regresara, Asmita murió. ¡¡YO LO MATE!!—exclama Aioria con un rostro contorsionado de perversión y lujuria. Intento intervenir de nuevo y Cid, a mi lado, toma mi brazo para hacerme alejarme. Lo miro impotente y él sólo baja la mirada. ¿Acaso pide que haga caso omiso de lo que está a punto de ocurrir en mis narices?

—¡¡VENDRA!! ¡LOS PROFETAS LO HAN PREDICHO! VENDRA, MALDITO, ¡VENDRA Y TE TRASPASARA CON SU ESPADA!—los ojos de Aioria se encendieron.

—¡Basta ya!—quiero detener esto… ¡esta locura!

—Amárrenla boca abajo… lo que necesito es solo su ano…

La mujer lo mira con el más profundo asco mientras lucha tratando de sobre ponerse a las fuerzas que la acuestan a la mesa. Sus brazos con dificultad son separados de su cuerpo, de forma violenta, provocándole un profundo quejido de dolor. Grita, sigue gritando y llorando, mientras la lluvia sigue y veo… ¿fuego?

¿Acaso es fuego?

—Cid, ese fuego…

—Imposible, ¡está lloviendo!

—¡FUEGO!— se oye el grito de uno de los sirvientes desde atrás, la gente mira cómo se va acercando, aunque aún está en una distancia prudencial. No tiene lógica, ¡está lloviendo!

La niebla de nuevo nos quita la visibilidad. No hay luna, todos los astros están ocultos detrás de las nubes oscuras. Un escalofrío recorre hasta mi nuca, haciéndome dar un paso, como si estuviera a punto de ver algo espantoso. Hay silencio, silencio sólo quebrado por los gritos de la esclava, que empieza a hablar en otras lenguas. No sé que dice, pero… ¡asusta!

—Eso me gusta, habla en el idioma de Auva, eso lo hará más creíble—la mujer la sujetan con fuerza y con la punta de su espada, Aioria rompe la fina tela de su prenda inferior, rozando su piel y provocándole una herida. Bajo mi mirada… ¡NO QUIERO VER MÁS!

Y de repente… los gritos… los gritos de la cocina. ¡¡GRITOS! ¡¡DECENAS DE ELLOS!!

Una noble duquesa de Alhenas grita de una forma escalofriante. Los presentes se dispersan, Cid y Shura han tomado la postura frente al príncipe Aioria. Albafica se ha levantado de su asiento, pendiente de lo que ocurre, viendo a todos como de improvisto empiezan a correr y gritar, alejándose, mientras que entre la niebla y el humo del fuego que no apaga, es difícil ver.

—¡PROTEJAN AL PRINCIPE AIORIA!—escucho el grito de Cid y veo la sombra acercándose.—. ¡¡FRENTE A LOS PRINCIPES!!

De improvisto… una sombra corre y salta de entre la niebla y el movimiento es detenido por Shura, quien ha salido antes que cualquiera de los demás.

Cabellos de oro…

Mis ojos no pueden abrirse más… Shura se ha quedado perplejo.

El movimiento de la espada fue violento, el cuerpo de Shura cayó al suelo. Escuché el grito de Cid, de Albafica, el de mi corazón latiendo con fuerza… viéndolo… ese traje… ese cabello. Esos ojos… no, ¡no es posible! ¡¡NO ES POSIBLE!!

—¡¡PROTEJAN AL PRINCIPE AIORIA!!—el grito de Marin… ¡Y YO NO PUEDO MOVERME!

Un salto hacía la mesa donde estaba la esclava, un sólo movimiento para romper las ataduras con su espada. Y el cabello dorado ondeaba entre el humo.

Aioria, del pavor, cayó de espalda, sentado con la espada en el suelo. En sus ojos… en sus ojos hay un intenso shock.

—Asmita… ¡Asmita!—grita la mujer recibiendo el manto negro que llevaba puesto sobre él y llorando, efusivamente, sin tocarlo aún.

Esos ojos… Esos ojos azules pueden ver…

—No, no soy Asmita—habla, con su voz ronca, su ceño fruncido y una cólera, una cólera que sería capaz de incendiar los dos reinos juntos—. Pero desde que salía de los infiernos, he escuchado tu clamor y el de todos los que buscan la libertad en esta tierra, y he traído las llamas del infierno conmigo—. Miró fijamente a Aioria, lo mató con su mirada—. ¡LEVÁNTATE, PRINCIPE AIORIA DE RUKBAT! NO SÓLO TE ATREVISTE A LEVANTAR TU MANO EN CONTRA DE MI HERMANO ASMITA, ¡SINO QUE INCLUSO TE HAS ENCARGADO DE MANCHAR A UN SOBREVIVIENTE DE NUESTRAS TIERRAS! LEVÁNTATE Y ENFRENTATE A MI, ¡SHAKA DE AUVA!

2 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 24)

  1. kyaaaaaaaaaaaaaaaaaa~
    he esperado mucho por esta conti… no sé por cuanto tiempo… no lo sé, pero que te puedo decir… waooo!!! esta de gol xDD vaya forma de entrar de shaka, super inteligente… l amé… casi lloro cundo saga recuerda a asmita y el dia de su hombria T_T un capi cargado de sentimientos, odio, amor cargado con la dosis exacta de lujuria y rencor… justo como m gusta ^^
    un buen trabajo… exijo conti ^^
    karly!

  2. T__T estoy que muero por Asmita!! Aspros es un idiota! Que no se da cuenta que Asmita lo ama? Aun a pesar de todo, mi corazoncito aguanto la parte Sagmita, aunque te juro ue hubo un parte en que dije; ALTO, ya no le sigo, pero después dije: ES POR ANGUI, asi q lo lei, pero yo sabia que nada iba a pasar haha, pero vaya que me ha dado el infarto, al ultimo Asmita le ha volado a Saga U.U como ponerlo, admito que no hubo penetracion pero si hubo contacto T__________T eso ya no me gustó! Vaya forma de hacerle de Asmita! Al ultimo, Saga le consoló! Mi Asmi! Tan enamorado de Aspros!! Dios! T-T me ha matado esa escena donde llora con Saga.

    Por otro lado… OMG!!!!!! Shaka si que es tan powaaaaaa! Waaaa quiero mas!! Dame 25, 26, 27, 28, 29, 30!!! Dame lienzosemana xDDDD es que fue tan orgasmeante se encuentro!! Como se escurría Shaka entre la niebla, como espanto a los guardias, esq ue vi la cara de terror con las q los dejo!! Y aioria fue el premio mayor!! Esa cara horrorizada!!! La ame!!!!!!!!!!!! Dios! Fue mucho mejor el encuentro, no me esperaba esto!

    Hay una cosa, Saga menciono algo:

    Porque la forma de amar de Auva es algo que nunca, alguien de la simiente de Aspros, podría igualar.- ¿Cómo? Me estoy imaginando cosas que no son? T.T Asprita!!

    —Pero… Asmita supuestamente…- y que quiso decir Kanon aquí??

    Waaaa
    Dame 25 o sino me apareceré como Shaka xDDD lol

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s