Lienzo de Guerra (Cap 25)

Shaka de Auva por fin se encuentra frente al proncipe Aioria de Rukbat, luego de penetrar el castillo. ¿Qué es lo que les espera en el choque entre los lideres de dos reinos que estaban destinado a unirse?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Shaka de Auva por fin se encuentra frente al proncipe Aioria de Rukbat, luego de penetrar el castillo. ¿Qué es lo que les espera en el choque entre los lideres de dos reinos que estaban destinado a unirse?

Capitulo 25: Noches de Cambios

El día después de la fiesta de hombrías, ambos príncipes amanecieron en sus respectivas habitaciones. Kanon de Alhenas sacó a los cuatro esclavos que pidió para su apertura como varón del reino, y por las esclavas que fueron a limpiar la alcoba, la cual una fue tomada en contra de su voluntad, se certificó, que el joven príncipe ya era todo un hombre. En cuanto al príncipe y heredero Saga de Alhenas, amaneció en la alcoba real, no saliendo hasta avanzada la mañana. Las esclavas que fueron a limpiar, aún sin que el príncipe saliera, evidenciaron que tal como se esperaba, el heredero de la corona de Alhenas durmió con el esclavo real, en la misma cama y abrazado.

La noticia de ambas llegaron al rey, y según los arreglos, la fiesta oficial para el heredero sería tres días después. Durante ese tiempo, el rey no volvió a su alcoba real ni se unió a su esclavo.

Ante la vista de todos, era la tristeza del rey.

______________Acto uno: La mañana

///Hace 17 años///

Abro mis ojos, con pesadez, sintiéndome muy cansado, muy agotado. Lo primero que veo es el destello dorado de tu cabello golpeando con mi retina. ¡Tan brillante! Me sonrío acariciando tus hebras de oro, viéndote dormir a mi lado. Mis ojos inflamados de llorar es la única evidencia de lo que realmente ocurrió esta noche. No te tuve, no fuiste mío, en cambio sólo te di mi hombro para que lloraras larga y amargamente por el trato que mi padre, el rey, te ha entregado. Si tan sólo supieras, imaginaras, comprendieras el cómo te amo… el cómo te amo aún más después de ayer.

Viendo tu rostro, tu cabello dorado cayendo sin forma sobre tu rostro, sólo me hace adorarte más. ¿Por qué tienes que llorar? ¿Por qué debes sufrir?

¡Lloraste tanto ayer!

Y luego pasamos el resto de la noche, hablando de tu vida en Auva, de tus padres, tu hermano Shaka. Pensar que de haber seguido con vida, quizás, hubiese sido asignado para ser mi esclavo. Me dijiste que eran muy parecidos, ¿qué tanto? Me da miedo pensar que lo suficiente como para haberme enamorado de él también, aunque, sería tan sólo un niño aún. Yo lo cuidaría, en tu nombre, yo lo cuidaría y no le haría pasar la vida de un esclavo real. Eso hubiera hecho yo.

Abres tus parpados vacios, te estiras perezosamente. Ibas a dormir en el diván pero te pedí que no lo hicieras, que yo dormiría en él. Esperé que durmieras para entonces meterme en la cama y abrazarte, dormir con tu cuerpo cerca. Fui un tramposo, lo sé.

—¿Príncipe Saga?—frunces tu ceño—. ¿Qué hace aquí? Ya debería haberse…

—Quería verte al despertar—bajas tu rostro—. Ya me voy, ya me voy…—acaricio tu mejilla, te miro con adoración—. Si mi padre no te convierte en consorte antes de mis dieciocho años, te pediré para que seas mi consorte—intentas replicar y calló tus labios, con un sólo roce de mis dedos—. No importa si… si no nos unimos. Lo único que quiero es que dejes de ser un esclavo y más adelante, serías el consorte real.

—Mejor no lo prometas…—ladeas tu cuerpo, recostándote de nuevo—, el rey dijo eso hace dos años—trago grueso, comprendiendo.

—Entonces… esperaré que llegué el momento. Ya sabrás que sucederá—vuelves tu rostro hacía mi—. Yo no incumplo… yo no incumplo mis promesas y, te lo demostraré.

Me acerco a ti, te beso la frente antes de bajarme de la cama, abandonar la habitación dejándote en ella, condenado a seguir en ella y a los deseos de mi padre. Pero te prometo, Asmita, que pelearé para liberarte  y te enamoraré.

Es una promesa…

::::::::::………….::::::::::

No dormí, no dormí. Y ahora que lo han confirmado, dudo que pueda hacerlo. Dormiste con él… estuviste con él. Había tenido la esperanza de que lo rechazaras, te defenderías, lo negarías.

¿Lo amas verdad? ¿Fue tu oportunidad? ¿De tenerlo según las leyes de Alhenas? ¡Maldita sea! ¿Y cómo negárselo? Como negarte que lo ames si él… mi hijo, es lo que yo nunca podré ser.

Sostengo mi cabeza entre mis manos, sintiéndome frustrado, recibiendo la noticia de los príncipes que han llegado para festejar a mis hijos, a Saga, por ser el heredero de la corona y su mayoría de edad. ¿El heredero… ¿suena tan cínico? Él está completo, sólo le falta esta maldita corona para tenerlo todo. Él, que tiene en parte mi orgullo pero, al mismo tiempo, tiene esa voluntad, la voluntad inquebrantable a través del tiempo de Defteros, mi hermano. No puedo pelear contra ella…

Por más que le niegue algo, lo obtiene.

Por más que le prohíba algo, ¡lo toma!

No puedo negarle nada, se hace obedecer, y todos, todos tiemblan cuando levanta la voz y su mentón.

Como el ejército de Alhenas obedece a Defteros… de esa misma forma. Ese algo que yo jamás poseí.

Aún así, hay algo que jamás le podré dar a Saga, algo que él no puede heredar: a ti Asmita.

¡Yo jamás te entregaré a él!

______________Acto dos: El muerto

Las cosas no salieron como esperé. Se supone que debía quedarme lejos de la familia real, evitar acercarme demasiado pero, al ver los cabellos dorados de la esclava, al reconocer el idioma… ¡Enloquecí! Jamás había sentido tanta ira conjunta, tantos deseos de machacar huesos con mis dientes, tantos de aplastar su carne con mis uñas. ¡MALDITO! ¡MALDITO AIORIA!

Pero ahora, tu rostro es mi mayor recompensa. Verlo así de cerca, contorsionado por el pavor más primitivo, ¡alimenta todas mis fuerzas! Ya vi a tu general caer al verme, veo a otros que simplemente se han paralizado ante mi imagen y mi voz. ¿Lo reconocen? ¿A Asmita de Auva, consorte de Alhenas, a quien asesinaron? ¿Pueden verlo en mí? Me sonrió con malicia y miro de reojo hacía mi alrededor. El general se ha puesto de pie, pero parece calcular muy bien su siguiente movimiento. Una mujer pelirroja está detrás del príncipe, como centinela, al pendiente de él. Está otro hombre a quien reconozco, príncipe mayor Regulus de Rukbat, me mira aterrado aunque en sus ojos no avisto maldad. Y entonces, veo a otro hombre, los trajes me dan indicios de que se trata el consorte pero… su parecido con Afrodita es abrumador. Desvío mi mirada intentando no prestar demasiada atención.

El fuego sigue expandiéndose, mientras que la lluvia ha cesado sólo un poco. Vigilo todo lo que sucede a mi alrededor pensando en correr si es necesario, pero a esta mujer, a esta mujer debo llevármela conmigo. No puedo dejarla aquí.

—Escúchame—le hablo en susurros y en el idioma de Auva—, corre en cuanto deje esta mesa, corre y sal del castillo, grita mi nombre, Shaka. Mi gente te protegerá.

—Mi señor…

—¡Obedece!—levanto la voz sin mirarla. Devuelvo mi rostro al príncipe Aioria y bajo de la mesa, con mi arma en defensa.

—¡Atáquenlo!—ordena el general a quien derrumbé.

—¡DETENGANSE!—grita Aioria levantándose de tierra, con una mano en señal de alto. Me sonrío internamente, por ahora, sólo me queda actuar un poco para que ella pueda salir del perímetro de este lugar. Los ojos verdes del príncipe me miran, entre aterrado y… admirado—. Nadie se mueva, nadie lo toque—¿aún sientes algo por mi? ¿A pesar que lo que sucedió fue estando niños? ¿A pesar que yo ni siquiera termine de recordarte? Bajo mi mirada y entonces observo, la flor de lotos hecha de oro y zafiro a tu derecha.

Las memorias regresan…

Los campos verdes, las lagunas azules. Mi hermano con los trajes de Auva, los dos príncipes de tierras lejanas, yo… ese broche. Mi corazón se acelera al memorarlo… evocar las memorias de lo que fueron los últimos días de paz de Auva. Subo mi mirada y vuelvo a verlo, de la misma forma, con las mismas pupilas ilusionadas del niño a quien le entregué ese preciado obsequio.

Es como si en este momento, sólo estuviéramos los dos inmerso en un espiral de recuerdos…

—¿No estoy soñando?—pregunta con una sonrisa, con un respirar acelerado, su pecho agitándose frente a mi—. Eres… ¿eres Shaka?—le sonrío, sintiendo de nuevo la lluvia caer sobre nosotros, las nubes se dispersan y vuelven a juntarse entre nosotros. De reojo verifico constatando que la mujer ha desaparecido del lugar sin problemas—. Mi Shaka… ¡Mi Shaka!—intenta acercarse, coloco en distancia mi espada curva. Todos dan un paso en espera de cualquier movimiento en falso de mi parte para intervenir.

—Príncipe Aioria de Rukbat—susurro con voz baja, moviendo mi espada hasta rozar su mentón, viendo como me observa totalmente perdido en mí—, en efecto, soy Shaka de Auva—viro la mirada a mi izquierda al sentir el sonido de una espada ser desenvainada. El príncipe mayor la ha sacado.

—¡Dije que nadie lo lastimara!—reafirma mi prometido—. Shaka, yo… yo he deseado… ¡he deseado esto! ¿Has venido a buscarme?—detecto emoción en su voz—. ¿Cómo sobreviviste? Asmita… Asmita me dijo que…

—¿Me mató?—completó abriendo bien mis ojos, para que vea el brillo de estas pupilas—. Así fue, ciertamente, yo morí hace veinte años, Aioria—la sonrisa se esfuma, su rostro palidece—. Me ahorcó…—subo mi mano izquierda, sosteniendo débilmente el puñal de mi segunda espada, para señalarle mi cuello, levantando mi barbilla—. Lloré, grité, le pregunté porque lo hizo…

—Shaka…

—Hasta… que morí—sonrío, una mueca distorsionada con sólo mi comisura izquierda.

—Yo… ¡yo te vengue!—maldito… ¡maldito!—. Yo lo maté, por lo que te hizo… ¡por cómo te mató!—Mi sonrisa se borra, mi rostro se contorsiona… el más profundo y hondo odio es lo único que ahora permanece tatuado en mi semblante—. Shaka…

—Lo sé, Aioria—delineo su mandíbula con la punta de mi espada, subiendo por su mejilla, viéndolo temblar pero no de miedo… le detecto el olor a éxtasis, excitación—. Lo mataste…

—¡Lo maté!—exclama emocionado, ¡como si fuera lo mejor que ha hecho!—. ¡LO MATÉ! LO HICE SUFRIR, ¡LO HICE SUFRIR POR TI!

—¡LO HICISTE!—alabo con una sonrisa marcada en mi rostro y su rostro se emociona más, su respirar se agita aún más, al ritmo de mi cuerpo, de mi corazón que late ansioso, ansioso…

De su sangre… ¡¡quiero su maldita sangre!!

¡Y mis ojos escupen fuego!

—Por ello, Aioria…—mi espada baja hasta rozar sus labios, y él, tan dispuesto, lame la punta del filo. Sonrío, ¡con sadismo!—, he venido aquí. Por ello he regresado—y me posiciono en la postura de ataque de Auva. Saboreo su confusión, lo miro, declarándolo mío. ¡Mi presa!—, he venido, desde los infiernos… ¡PARA MATARTE!

Antes de que pudiera reaccionar, ataco.

Antes de que pudiera moverse, apunto mi espada.

Escucho los gritos, la orden, el movimiento de mis huesos, de mis dientes crujir entre ellos, de la lluvia, del fuego, de mi corazón palpitando como todo un ejército.

¡ESCUCHO MI GRITO DE GUERRA!

—¡MUERE AIORIA!

______________Acto tres: La traición

///Hace 17 años///

La fiesta ha comenzado. Bebida, mujeres y hombres de esclavos, príncipes y sus sequitos, comidas, joyas, regalos, bienes…

Vacuidad…

Eso es todo lo que siento, la más profunda vacuidad en mi estomago producto de esta desazón, de la idea que Asmita no me ha llamado, no ha pedido por mí a pesar que han pasado tres noches desde que durmió con Saga. ¿Ya no me necesita? ¿Ya no le soy importante?

¿No me ama?

Ahogo mis preguntas, mis temores, mis vergüenzas bebiendo anchas y hondas copas de vino, viendo a mi hijo Kanon haciendo lo mismo, empinándose una botella, hartando vulgarmente la comida de la mesa, las uvas y manzanas, todo sin decoro alguno. Palmea una esclava por aquí, toma el brazo de un esclavo para hacerlo sentar a su lado. Besa a uno, al otro, justo lo que yo hacía… antes de conocerlo. Antes de Asmita.

Dejé de tener esclavos, siendo él sólo el único. Dejé las orgías, incluso de beber desordenadamente… por él. Lo dejé todo, me convertí en un mejor hombre, por él. Me enfrente a los nobles… ¡por él! ¡Soy un imbécil! Bebo otra copa con velocidad, cerrando mis parpados con fuerza, no queriendo que vuelvan a salir, las malditas lágrimas que han salido desde esa noche, ¡maldita noche! ¿Lo besaste? ¿Cómo lo tocaste? ¿Cómo te dejaste tomar? ¿Te gustó? ¿Preferiste sus inexpertas caricias? ¿Te era más delicioso saberte el primero de él?

Mi Asmita… ¿lo besaste como me besabas a mí? ¿Lo dejaste entrar en ti, como sólo lo había hecho yo? ¿Le gemiste igual? ¿Lo llamaste? ¿Lo deseaste? ¿Apretaste su espalda, los rasguñaste? ¿Dejaste marcada en su espalda las huellas de tus dedos?

A él, que es más completo que yo… a él, que es más correcto, más fuerte, más rey.

Si, Saga ha sido rey desde joven. Saga tiene la postura de un rey desde nacimiento, la nobleza y la elegancia de su madre. Siempre ha sido así… y Kanon, mi vil copia, sólo es una muestra para ver que tan lejanos estamos de su perfección.

Allí está, saludando a todos los príncipes invitados con un porte real. Tratando a los esclavos como igual, mientras estos le saludan y la veneran, ya, como rey. Una maldita sonrisa, ¡tan real! ¿Cómo podrían negarle algo?

Bebo otra copa, ahogo de nuevo mi dolor. Bebo y bebo, golpeando con la copa de oro la mesa de madera, dejando de escuchar, música, voces… dejando de ver luces… sólo… sólo viéndote a ti Asmita, sólo viéndote a ti, en mi cama, con tu belleza, tu seductora belleza, abriéndome los brazos, pidiéndome más… llamándome, ¡a mí! ¿Eres mío verdad? Me sonríes, te mueves como una serpiente de cascabel enroscándose en mi cuerpo. Me excitas, danzando con tus cabellos, abriendo tus labios… implorándome… ¡a mí!

¿Quieres ser solamente mío?

¿Quieres que se lo demuestre? ¿Qué sólo me deseas a mí? ¿Qué sólo soy yo tu rey?

Hace calor… empiezo a tener calor.

::::::::::………….::::::::::

Me he cambiado para dormir, de nuevo, sin tu presencia, Aspros. Degel me comentó que no has comido ni dormido bien, según los rumores del castillo. Que todo es por lo que ocurrió esa noche, pero, ¿porque no has venido a encararme? ¿Por qué no has venido a preguntarme, directamente, que ocurrió? ¿Creíste de verdad que podría entregarme a él? ¿Creíste que podría entregarme a otro cuando te amo?

No me conoces… no me has conocido, Aspros.

Le crees a otros, a rumores, a los nobles, y no, no vienes a mí a encararme. Te llenas las cabezas de dudas y no vienes a pedir la verdad, a enfrentarme. ¿Cuánto más duraremos así? Y te extraño… te extraño, Aspros, mi rey. Las sábanas nuevas no tienen tu aroma y quiero que lo tenga, quiero que te acuestes aquí conmigo, que me hagas el amor como esas noches, donde no veíamos amanecer, donde caíamos desfallecido luego de varios orgasmos, usando los afrodisiacos que Degel nos dejaba para saciar nuestros apetitos más primarios. Amándonos como poseídos, en los límites de la locura y la razón, como te gusta, como lo deseas… dejándome devorar por el torbellino helado que quiebra mis huesos y penetra sin tregua.

¡Cuánto te deseo! Pero hoy, siendo la fiesta de tus hijos, sé que no vendrás. Así que me resigno a pasar otra noche sin tus brazos, recostándome en nuestra cama, en mi lado, el izquierdo. Ya quiero que termines la ley de hielo conmigo, Aspros…

Siento que abren la puerta y me siento en la cama, aturdido ante la interrupción. Por el sonido de los pasos, sé que no eres tú, tampoco el príncipe Saga y Degel jamás entra sin tocar y anunciarse. Son varias pisadas y mi corazón empieza a acelerar asustado, ante lo que vendrá, temiendo lo peor.

—¿Qué sucede?

—Son ordenes del rey—se acercan—. ¡Atadlo!—abro mis parpados espantados. ¿Atarme? ¿Atarme para qué?—. ¡El rey pidió que lo llevaran a fiesta!

—No, no, no, no, no, no, ¡NO!—gritó, me niego, ¡me retuerzo cuando caen sobre mí!—. ¡Quítenme sus manos de encima!—son demasiados, ¡no sé cuantos!—. ¡SUELTENME!—colocan los brazaletes en mi muñeca, en mis tobillos—. ¡SUELTENME!

—Llevarlo al salón.

Me empujan, como si fuera un animal y entre varias manos sujetan mi cabeza en alto, para encajar la cadena en la gargantilla de mi cuello. ¡Estoy temblando! ¡Dime que no lo harás!

¡DIME QUE NO LO HARAS, ASPROS!

Me empujan, me arrastran hasta donde la música cada vez se oye más… esa música… ¡LA MISMA MÚSICA! ¡¡ES LA MISMA QUE USARON EN AQUELLA VEZ!!

NO, NO, NO, ¡NO!

Mi sangre se enfría, se hiela en mi cabeza. Mis piernas tiemblan, como si no tuviera hueso alguno que pudiera sostenerla. Escucho las voces, cientos de voces, de idiomas, música, el humo, el olor a vino y comida. No, no puede ser… ¡no puedo vivirlo de nuevo!

—¡NOOOOO!—grito cuando me tiran a la madera fría y siento que atan mis cadenas.

Forcejeo, trato de escapar pero me presionan tanto que no puedo levantar bien la cabeza. Escucho tantas voces… ¡tantas! Me parece escuchar los gritos de Saga pidiendo explicación, los de Kanon alentando el espectáculo. E idiomas muchos idiomas, tantos que me confunden. Miro a todos lados con mis ojos vacios, no puedo ver sus rostros, ¿qué harás Aspros? ¿Me entregaras a todos los príncipes?  Mi pecho sube y baja del terror, sudo, grandes gotas de líquido salado llenan mi frente y corren entre mi cuello, mis brazos, mis piernas. De repente todo se ha callado y sólo escuchó a los soldados, la voz de Saga siendo tapada y mi corazón, latiendo embravecido, asustado. Mis labios se han resecado y no puedo mantener mis parpados cerrados. ¡Estoy a punto de sucumbir al pavor!

—Todos saben—esa voz… ¡Aspros!—, que todo reino que mi hermano Defteros tome como objetivo, termina en cenizas, con la corona en mis manos y la cabeza del rey en tierra—¿Qué haces? ¿Por el amor a los dioses, qué haces?—. Pero, también me ha traído obsequios, muy valiosos. Obsequio, que no podré heredarle a mi hijo—abro mis labios del puro estupor.

—¡¡DEJALO YA, PADRE!!—Saga… príncipe Saga—. ¡EL NO…!—lo callan de nuevo.

—¡Sujétenlo fuerte!, quiero que lo obliguen a ver—voy a llorar… ¡voy a llorar! Siento su mano agarrando con violencia mi cabello, haciéndome levantar mi rostro ante aquellos—. ¿Lo reconocen? Era muy conocido en su tierra… ¿cómo era?—muerdo mis labios, cierro con fuerza mis parpados. No quiero oírte… ¡no quiero oírte!—. Ah sí… ¡la espada de Oro de Auva!

Rompes a carcajada, una carcajada tan cruel como el puñal que ahora ensartas en mi pecho, una carcajada que tus guardias y esclavos siguen e imitan. Me destrozas… me destrozas…

—¡Él es mi esclavo!—tomas mi mentón bruscamente, acercas tu rostro a mi oído y percibo, el hedor del alcohol—. ¡SOLO MIO!

—Por favor…—le suplico—. Por favor, mi rey, no lo haga…—me humillo ya sin orgullo, sin fuerzas, sin voluntad de seguir respirando.

¿Tanto han logrado que me odies?

¿Tanto me detestas?

—Eres mío…—susurras a mi oído…

—Lo he sido… desde siempre—busco con mi nariz su mejilla—, en su habitación, en la intimidad, mi rey.

—No es suficiente—te alejas, jalando mi flequillo con tus manos, provocándome dolor—. ¡AHORA VERÁN!—dos lágrimas brotan, por fin, vencido—. ¡VERAN LO QUE HACE ALHENAS A LOS PUEBLOS QUE TOMA! ¡VERAN COMO SE GOBIERNA! ¡OBSERVA, SAGA, COMO SER UN VERDADERO REY!

Aprieto mis puños, siento la dolorosa penetración con el quejido que trago por orgullo. Escucho voces, voces alentando, voces pidiendo piedad, voces gritando, y la de Saga llorando. Levanta mi rostro con sus manos, obligando así que vean… que vean como me destrozan, ¡como me viola salvajemente! Como su hombría penetra en mi, que me tenso, no puedo siquiera sentir placer… sino… dolor… ¡el más brutal y abominable dolor jamás sentido!

¡DUELE MÁS QUE CUANDO ME VI OBLIGADO A MATAR A MI HERMANO! ¡DUELE DENTRO!

¿Por qué…? ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué? ¿Por qué?

—Saga…—gimo en voz baja…—. Saga…—y grito ante el salvajismo de sus golpes—. ¡¡CIERRA LOS OJOS SAGA!!

No seas… no seas como él… ¡NO TE CONVIERTAS EN ALGUIEN COMO ÉL!

—¡¡CIERRALOS!! ¡¡ARGH!! ¡¡CIERRALOS!!

¡¡NO SEAS COMO ÉL!!

Y mientras más lo grito, más fuerte me golpea. Con puños golpea mis hombros y mi cabeza. Con fuerza penetra hasta hacerme sangrar, aplastando entre sus manos mis testículos, ¡HUMILLANDOME! ¡UNA VEZ MÁS!

Y hubo silencio… hubo silencio…

Y en el silencio sólo se escucharon los golpes persistentes de sus testículos contra mis glúteos, el de las cadenas resonando y el de mis sollozos pidiendo sólo una cosa…

Que Saga cerrara sus ojos a esta brutalidad…

______________Acto cuatro: La defensa

Menos mal que lo seguimos, tal como Shaka le dio permiso a Delio. Todo iba bien, veíamos a todos corriendo como ratas despavoridas del incendio y de la imagen de Shaka, con lo que habíamos logrado internarnos con éxito al castillo. Usando uno de los pasillos secretos que recuerdo, logramos penetrar a uno de los escondites reales donde llegamos a la oficina principal, el despacho real que da la vista hacía el vivero. ¡Qué viejos recuerdos me trae este lugar! Aunque con todo el alboroto no me dejan ni cinco segundos de nostalgia.

Y todo iba bien, ¡hasta que apareció la rubia! Shaka salió de lo que teníamos planeado, y se le ocurrió hacerse de héroe en estos momentos. ¡MALDITA SEA LA HORA QUE APARECIÓ ESA MUJER!

—¡Maldita sea!—exclama Delio viendo como se le ocurrió arremeter en contra de Aioria y le ha caído los dos generales y la mujer que estaba detrás de él—. ¡Debemos sacarlo de allí!

—Cálmate, muchacho. Si hacemos las cosas mal terminaremos de meternos en el lodo y de lleno—observó el escenario, la forma que Shaka peleando golpea a la mujer y la lanza a varios metros de allí. Si, tal cual como le enseñé, ¡cero misericordia! Los dos generales siguen arremetiendo en contra de él pero algo los hace dudar—. Busquemos los caballos, yo iré a por él, tú ataja a la rubia antes de que la usen de carnada. El tarado del principito no se puso a pensar en eso, ¡por fortuna los Rukbat son tan descerebrados como él!

O están meándose aún, del miedo.

Con eso cuadrado, salimos del despacho con nuestras armas dispuestos a peinarnos el castillo en medio del proceso. El incendio tiene a muchos entretenidos, más otros todavía corren tratando de huir de la imagen de Asmita. Me separó de Delio corriendo hasta la salida y chiflando varias veces para que Shayna suelte a los caballos. No hay muchos, no hay muchos, están escondidos.  Tomó mi caballo que viene hacía mi, tal cual como lo adiestré y lo cabalgo, tomando las riendas y golpeando los laterales para ordenarle que corra, con todas sus fuerzas. Me interno a donde está el fuego, para salir por uno de los lados adyacentes del castillo y a través del fuego, de forma que no me vean. Está creado y trabajado de tal forma, que nos dejan un camino lo suficientemente espacioso para cabalgar de uno en uno y no quemarnos en el intento.

Ikki es el ave del fuego, ¡sin duda alguna!

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Estoy paralizado, ¡paralizado! En un momento este hombre, que debería estar muerto, atacó a Aioria y lo hirió en el hombro, por fortuna, gracias a la intervención de Marin. Aioria está en el suelo, tapándose la herida y gritando aún que no lo lastimemos, pero ya ni Cid ni Shura hacen caso de su voz. Y este hombre pelea igual, ¡exactamente igual a él!

¿Qué hace vivo? ¿Qué hace aquí? ¿Ha venido a matar a Aioria? ¿Es sólo venganza?

Cid cae ahora ante la fuerza de su espada. Doble técnica, ahora logro entenderlo, usa doble técnica, y es increíblemente veloz. Observo cada movimiento, los leo, los memorizo, mientras lo veo peleando con libertad contra Shura y este intenta hacerlo retroceder. Grita ante cada golpe, se mueve con soltura con ambas espadas, dejando que el traje negro se ondee con él, junto a la lluvia, el humo y cenizas que siguen esparciéndose en el lugar producto del fuego que hay dentro del castillo. Es una trampa. ¡Todo esto es una trampa!

—¡NO LO LASTIMEN!—vuelve a gritar Aioria, tratando de soltarse del agarre de Marin quien trata de alejarlo del lugar. Varios nobles se han quedado, parados y estupefactos observando lo que ocurre, un enfrentamiento sin precedente.

¡Todo esto es una locura!

—¡CAE MALDITO!—el grito del rubio antes de hacer caer a Shura con una profunda herida en su pecho.

Agita su espada quitando la sangre y se relame sus labios. No, este, este definitivamente no es el Asmita que yo conocí. ¡JAMÁS! Asmita siempre tuvo mucha presencia incluso en los campos de guerra, este hombre… ¡este hombre es un salvaje!

—Entonces, Aioria—lo mira, le sonríe—, te seguirás escondiendo detrás de las faldas de una mujer, ante mí, ¿tu prometido?—dice con evidente tono de burla—. ¿O debo matarla a ella primero antes de destrozarte?

—¿POR QUÉ?—grita Aioria, levantándose, con los ojos llenos de lágrimas—. ¿POR QUÉ HAS REGRESADO A ATACARME? ¡SOY TU PROMETIDO! HE PENSANDO EN TI, ¡TODO ESTOS MALDITOS AÑOS!

Y esa carcajada perversa me hiela la sangre, una clara burla a los sentimientos de Aioria, a su desesperación, confusión y… tan llena de odio… odio fúnebre, ¡fétido!

—Lamento que el sentimiento no sea correspondido, príncipe Aioria. Lo único que siento por ti es odio, ¡el estado más puro del odio! Lo único que quiero traspasar en tus carnes, ¡ES EL FILO DE MI ESPADA!

Ataca de nuevo, Marin otra vez se interpone, con una espada corta, defendiéndolo y buscando atacarlo. La fuerza del movimiento de la espada izquierda de Auva es suficiente para detenerla y empujarla contra la mesa de los aperitivos, derramando vino y frutas por todo el lugar. De inmediato emprende la carrera, antes de que yo pudiese pestañar, ataca a Aioria, este intenta defenderse, aún superado por la conmoción, con su espada, pero es desarmado y empujado hasta el suelo. Cuando se sienta en tierra, el pie derecho de quien se hace llamar Shaka se posiciona en su hombro izquierdo y su espada derecha levanta su mentón.

—He soñado, durante años, por este día—le dice, sonríe—, por él día donde estuvieras a mis pies, viéndome así, aterrado ante mí presencia—acerca su rostro, tomando la barbilla de Aioria con su mano, quedando muy cerca ambos—. ¿Me tienes miedo, Aioria?—y lame su nariz, catando el sudor, ¡el sudor lleno de miedo!

::::::::::………….::::::::::

¿Miedo? ¿Miedo? ¡Estoy confundido! ¿Por qué lo haces? ¿Por qué me atacas? ¡Yo te amo! ¡Hice todo esto por ti!

Pero en tus ojos sólo veo odio, odio, odio, ¡más odio! ¿Por qué?

—¿Cómo sobreviviste?—pregunto, tartamudeando, sin dejar de verte, de sentirme excitado ante tu presencia, ante la virilidad que me golpea a los ojos. No, como te había imaginado eras muy diferente. Te había imaginado dócil, sometido, apacible, con una sonrisa de ángel pero aquí… al frente… tengo un verdadero demonio con una belleza incomparable. Y sonríes de medio lado, con lascivia. Ladeas tu rostro hacía la izquierda, dejando que tu cabello descubra tu cuello largo, blanco y… una enorme cicatriz.

—Allí está la huella de cómo logré salir del castillo—enderezas de nuevo tu cabeza, me miras con prepotencia—. Vi cómo mataste a mi hermano, como lo humillaste, lo condenaste, alzándolo como carne a la leña—¡escupes las palabras con tanto odio!

—Lo hice… ¡lo hice por ti!—frunces tu ceño—. Lo hice por ti, porque te amo, ¡te amo Shaka! No soporté, no soporté pensar en tu…

Se mueve tan rápido que no me dio tiempo de parpadear cuando ya estaba de espalda a mí y deteniendo una espada. Cuando me doy cuenta, es Regulus quien ha ido a atacarlo. Mi sangre se hiela en mi garganta, mi corazón se paraliza de sólo pensarlo.

¡REGULUS ES EL MEJOR ESPADACHIN DE RUKBAT!

—¡NO LO HIERAS, REGULUS!—grito casi sin aire, viendo como las espadas siguen chocando. ¡Son tan rápidos!

Shaka no tiene problema para evadir las primeras, pero las siguientes estocadas se hacen más violentas y precisas, con dificultad le puede seguir el ritmo y los ojos de Regulus, brillantes como sólo están en guerra, me dan indicio de que va a seguir hasta el final. ¡Lo va a matar!

—¡DETENTE! ¡DETENTE!—vuelvo a ordenar, a suplicar, ¡a pedir! Me levanto con dificultad por el dolor del hombro derecho y trato de acercarme. Cid y Shura me cortan el espacio, mientras sólo puedo ser testigo de esa lucha enardecida de espada donde Shaka pierde cada vez más terreno—. DEJALO, REGULUS, ¡DEJALO!

¡Y Regulus logra quitarle una espada!

______________Acto cinco: La Agonía

///Hace 17 años///

No puedo siquiera caminar derechamente. El ruido, la gente, el olor, las luces, todo terminaron por marearme y apenas puedo sostenerme en pie. Caigo sobre una de las paredes del pasillo hacía mi cuarto, oliéndome a mi mismo, hediondo de vino, de comida y de sexo. Me sonrío, porque te tomé, frente a todos. ¡Ahora nadie dudará! ¡Ni Saga! ¡Ni siquiera tú mismo! Nadie… nadie podrá dudar de que me perteneces y sólo yo puedo tomarte…

Aunque gritabas el nombre de mi hijo… diciendo que cerrara los ojos… ¡MALDICIÓN! Pero aún tengo tiempo… te volveré a tomar, debes estar en nuestra habitación, de seguro asustado. Te volveré a tomar, lo haré todas las veces necesarias hasta que sólo me gimas a mí, ¡a Aspros de Alhenas! Tu rey… ¡TU REY!

Entro con dificultad a nuestra habitación y sonrío lleno de expectación. Está a oscuras, no hay una sola vela encendida y en un bulto a la izquierda de la cama me espera, allí, tú, cobijado entre mis sábanas reales. Tienes aún los brazaletes y las cadenas caen al suelo, desde las sábanas. Descubro tu cuerpo semidesnudo, sólo una ligera prenda cubriendo tu intimidad. Te has bañado, puedo percibir tu olor a lotos.

—Asmita…—susurró, oliendo a vino y otros licores. Me rio roncamente, delineando tu mandíbula, tus labios, tu piel blanca, sólo para mí—. Te amo Asmita—me recuesto, te acaricio, voy llenando de besos, cada vez más desesperado, ansioso de volverte a tener en mis brazos, esta vez, como querías, en la intimidad, en nuestro cuarto.

¿No es así como me pedías?

Te hago caer de espalda. Ya has despertado pero me niegas tu rostro. Oh, ¿cuánto teníamos de no hacer este juego? Tú te niegas, yo te insisto hasta que finalmente cedes y me correspondes. Te cubro con mi cuerpo, mis manos deseosas rodeando tu piel, palpan tu pecho, tus tetillas, tu espalda mientras beso, aún sin poder tocar tus labios porque me los niegas, aunque créeme que no durara mucho tiempo, claro que no.

Ya caerás…

—Te amo, Asmita, mi Asmita—repito, besándote, acariciándote, lamiéndote.

—¿No te arrepientes?—te escucho preguntar y me sonrío. Sigo besándote, sigo adorándote, el alcohol podrá quitarme toda facultad de caminar derecho, pero no las ganas que me provocas—. ¿No te arrepientes?

—Asmita…—te susurró al oído, sujetando entre mis manos sus cabellos, resiguiendo con mis dedos su blanca piel. Divino… divino…—, soy un rey—siento tu cuerpo temblar, tensarse—, un rey jamás se arrepiente de sus decisiones…

Y de improvisto, la fuerza. Cuando vuelvo en mí estoy de espalda al colchón, contigo sobre mí y la cadena que atan tus manos rodeando mi cuello sin dejarme respirar. Veo tus ojos, moribundos, vacios y enrojecidos, mirándome… ¡siento como si pudieran mirarme! Mientras la sangre se hiela en mis venas, el sudor baja por mi frente, la garganta se me seca y dejo de pasar aire…

—¿Un rey?—siseas… mis ojos no pueden dejar de verte, sobre mí, con el rostro contorsionado por la locura, usando tus brazos como palanca para apretar aún más mis cadenas… ¡MATÁNDOME!—. ¡Eres un remedo de rey! Los nobles tenían razón… ¡tu hijo Saga es quien merece la corona!

Era verdad…

—¡Y YO SE LA ENTREGARÉ!

Al final… era verdad…

Todo lo que dijo Youma… ¡era verdad!

______________Acto seis: La Amenaza

Caigo de espalda ante la fuerza de su patada en mi abdomen, haciéndome soltar mi espada derecha y trastabillando a unos metros de él.  ¡Es demasiado bueno! Su velocidad y la forma en la que parece adivinar mis movimientos cada vez que avanzamos en el combate… ¿como si pudiera leerme? Había escuchado de él… según Kardia, fue el único que pudo igualar las habilidades en combate de mi hermano. ¡Pero jamás imaginé que fuera tan diestro!

—¡NO LO HAGAS REGULUS!—escucho el grito de Aioria—. ¡DETENTE! ¡NO LO LASTIMES! ¡NO LO LASTIMES!

—Muy bueno…—acepta el príncipe y contrincante, dándome espacio para levantarme y pasar mi espada a la derecha, esta vez en posición de Alhenas—. Mucho mejor que tu hermano, debo acotar—sonríe, como si se tratara de un juego. ¡Esto para mí no es un maldito juego!—. Lástima que tengo mucho más experiencia…

—No te confíes demasiado, perro de Rukbat—amenazo, realmente enfurecido. No pienso perder, no aquí, ¡y no ante él!

—Bien, ¡sigamos jugando entonces!

Esta vez, él comienza el ataque, enviando su espada a la izquierda en una semionda hasta golpear a mi derecha. Lo evado y luego golpeó con mi espada, para iniciar otro enfrentamiento donde el mínimo error me puede costar la vida, o uno de mis miembros. Puedo leerlo, lo que busca es cercenarme algún brazo o pierna tomando en cuenta los puntos donde dirige su espada, así que sólo me queda ser lo suficiente raudo para escurrirme de su objetivo o lo suficientemente fuerte para bloquear el ataque. Las veces en que nuestras espadas colisionan un chispazo de energía y fuego brota de ambos filos, quemando un poco mi retina y encegueciéndome. De nuevo contraataca, lo enfrento, cambiándome de técnica al paso de cada golpe e intentando desequilibrarlo… ¡pero es imposible! Estoy empezando a cansarme y parece que todos los demás están esperando justo eso. Mierda, mierda, ¡mierda!

—¿Agotado, antiguo príncipe?—desafía aquel con una media sonrisa. Frunzo mi ceño y en un momento evado su espada agachándome por completo y usando la espada como espátula para sacar lodo y echarle encima, en un breve intento por despistarle. Lo logro y aprovecho el momento para atacar aunque, él, más rápido, se sobrepone y logra golpearme con la espada en la muñeca, obligándome a soltar la mía y quedar desarmado.

¡¡MIERDA!!

—Bien, príncipe de Auva, ¡déjeme regresarlo al infierno con su hermano!

—¡¡NO REGULUS!!

No lo dejare, no me matara, no me matara… ¡NO LO HARÁ!

Escucho el sonido especial de nuestros caballos… me sonrío… Abro mis brazos en forma de cruz, subiendo mi mentón con altanería. Lo desconcierto y eso les dará tiempo.

—Podrás matarme, aquí y ahora, príncipe Regulus. Pero le aseguro, que volveré, mil y una vez regresaré de los infiernos a cumplir con mi pedido. ¡Porque esta ha sido la misión que mi hermano Asmita me ha encomendado!—miro a los pocos nobles de Alhenas que han quedado, saco de mi vestido la cadena con el anillo real de Alhenas, mostrándoselas a todos ellos—. Porque esta ha sido su encomienda… ¡porque yo soy su enviado!—volteo, dando pasos orquestados viendo como los soldados de Rukbat han llegado y están preparados con flechas y espadas, detenidos sólo por la orden de Aioria.

Estoy en la verdadera boca del león y pienso salir ileso de ella.

—Escuchadme, traidores de Alhenas, nobles que han preferido lamer las botas y el excremento de los de Rukbat para mantener su poder. Contad, a partir de hoy, vuestros días. Contad, porque no os quedara mucho tiempo para respirar este mísero aire—rio un tanto, mirándolo a todos ellos, haciéndome oír con fuerza—. Y no, no será la mano del antiguo consorte Asmita de Alhenas quien os vendrá a castigar. No, será mis dientes, los dientes del segundo heredero al trono de Auva, ¡aquella a la que mancillasteis! ¡Y tú, príncipe Aioria!

Le señalo con mi dedo índice, lo condeno con mi mirada, y él, aun manteniendo replegadas todas sus fuerzas para no lastimarme… Pronto se dará cuenta que esta, sería, ¡su única oportunidad de vencerme!

—Tú, por la muerte de mi hermano, serás condenado al peor de los castigos por mis manos. No escatimaré, Aioria, ni vidas, ni sangre ni caballos, ni cabezas, ni los de Rukbat, ni los de Alhenas, hasta tenerte por fin debajo de mí, sangrando y gimiendo por piedad, ¡traspasándote con mi espada hasta que saborees el sabor del acero en tu garganta!

Y veo la desesperación corroyendo el brillo de sus esmeraldas. Pero… quiero herirlo, más, aún más. ¡QUIERO QUE LLORE LÁGRIMAS DE SANGRE!

—Y todo esto, lo hago por un sólo objetivo. Escuchadme Aioria, y todos ustedes, ¡malditos de Alhenas!—levanto mi voz con fuerza—. ¡LIBERARÉ ESTÁS MALDITAS TIERRAS DE LAS GARRAS DE LOS LEONES DE RUKBAT, Y SE LAS ENTREGARÉ, AL VERDADERO REY, SAGA DE ALHENAS!

Y la desesperación, da paso al odio. Me sonrío… me sonrío y suelto una carcajada, ¡divertido! ¡Extremamente divertido al ver esa mueca de dolor, confusión y odio en su faz!

—ASI ES, SAGA DE ALHENAS, EL HEREDERO DE ASPROS, ¡EL VERDADERO REY DE ALHENAS! HE VENIDO A RECUPERAR SU CORONA, ¡ESE FUE EL PEDIDO DE ASMITA, EL CONSORTE!—sonrío de nuevo, llevándome la mano a mi cuello—. Y cuando recupere el reino, cuando estas tierras vuelvan a sus manos…—tomo el anillo, lo beso frente a Aioria quien me mira como si el fuego gangrenara sus poros—, ¡¡ME CONVERTIRÉ EN SU CONSORTE!!

¡La cólera ahora lo inunda y los caballos se acercan!

¡¡SUFRE AIORIA DE RUKBAT!!

2 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 25)

  1. Hi, de verdad absolutamente genial, ya creo haber comentado… Me gustaría saber sí está descontinuado, como no has actualizado en AY… Bueno sería realmente una pena, es un fic muy bueno, nunca había leído uno con este, con tanta trama y complejidad de redacción… Espero que lo continúes, amé con locura está historia. Ja ne!

    1. Hola Chris, no, no está discontinuado, incluso, ya tengo la mitad del capitulo siguiente, solo qjee estoy en una etapa donde no le he dedicado el suficiente tiempo y admeás hay detalles que necesito arreglar. Espero poder actualizar esta semana ^^ Gracias por tus palabras, por haberle dado la oportunidad a este fic y permitir que los personajes te atraparan como a mi. Espero leerte pronto ^^

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