Te Leo (700 palabras)

Aunque estaban en los alrededores del volcán, fuera de una de las catatumbas que daba al mar de la isla; el calor que habían generado entre ellos una hora atrás fue mucho mayor que el del magma que borbotea en el corazón de la tierra.

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Aunque estaban en los alrededores del volcán, fuera de una de las catatumbas que daba al mar de la isla; el calor que habían generado entre ellos una hora atrás fue mucho mayor que el del magma que borbotea en el corazón de la tierra. O al menos así lo intuyó el más cercano a los dioses, al despertar recostado en el amplio pecho y rodeado por los fuertes brazos del tan llamado demonio de la isla Kanon, aquel ser siniestro que ya había creado fabulas a los alrededores y que, además, sólo se convertía en un hombre en sus manos.

Sonrió incrédulo.

El pacto entre el dios y el demonio era un poco de humanidad, vertida en un desenfrenado contacto sexual.

Intentó levantarse para tomar sus cosas y volver al santuario, más el fuerte agarre no se lo permitió. Frunció su ceño, tomándole la mano izquierda de aquelhombre y notando de nuevo la aspereza de su tacto. Fascinado decidió recorrerla, dejando de nuevo a Athena, patriarca y santuario de lado —como ya acostumbraba— para poder obtener aún más conocimiento de lo que si le interesaba: el secreto de Defteros, de su sufrimiento, de su esperanza.

Primero rodeó la enorme palma con sus delgados dedos de marfil, rozando con delicadeza y buscando la forma de su mano. Era como un cono, amplia en los dedos, se afinaba al nivel de la muñeca. Enarcó de nuevo sus cejas deslizando ascendentemente su comisura izquierda. Empezó a rodear sus dedos y tentar las yemas de ellos con las propias. Un ejercicio extraño, pero interesante para él, quien empezó a buscar de nuevo que más señales tomar. Bajó sus dedos hasta la palma y lo deslizó desde el medio del pulgar e índice  hasta el centro de su palma, antes de llegar a la muñeca. Con ello dibujó la línea de la vida, notando estar doblemente marcada, una con profundidad, la otra casi imperceptible excepto para él y sus sentidos. En respuesta a esa caricia sintió la nariz de su compañero buscando su cuerpo y exhalando algo parecido a un ronquido gutural, plagado de sexo, de hormonas y de placeres en fuego encendido.

—Me haces cosquilla—y virgo dibujó una beatifica sonrisa que llamaba a la lujuria—. ¿Qué haces?

—Te leo—respondió con una calma envidiable, divertido volviendo a marcar esa línea y sintiendo como el corazón de su demonio se había agitado.

Tomó con su índice la línea de la cabeza, dibujando la curvatura que se desvanecía a mitad de palma. Fuerza, mucha fuerza interior era lo que le decía la profundidad de su marca, y mucho deseo, además la respiración sobre su cabello exhalando sulfuro. Complacido, tomó esa mano izquierda con las dos suyas, y lamió, gustosamente, la línea del corazón, hasta llegar a la base entre índice y medio, para pasar su lengua rugosa juguetonamente por la separación. Escuchó el rugido de la tierra, el gemido de la bestia, el pulso acelerado y se deleitó con ello, bajando traviesamente y mordisqueando con lascivia cada monte de esa enorme mano, uno a uno, primero comprobando su masa, para luego lamer con la punta de su lengua la extensión, comprobando su textura. Pasó por Saturno hasta Mercurio, asaltó a Martes por ambos frentes, luego mordisqueó juguetonamente el monte de la luna al dorso y con ello, sintió que una columna de fuego hecha carne ya le rozaba la espalda.

El demonio sin tregua mordió entonces el cuello blanco, deslizó su colmillo por toda la superficie erizándolo y luego dejó que su lengua envolviera su oído, antes de soltar su caliente aliento.

—¿Qué encontraste?—la mano libre bajó por su abdomen, exploró el vello íntimo de su acompañante.

Las pieles vibraban, los cuerpos bullían, los corazones ansiaban.

—Tu futuro—respondió echando su cabeza hacia atrás, encontrando sus labios, mordiéndolos—. Dice que eres fuerte, pero con temores, inseguro, y…—lamió su comisura—, quieres sexo.

Una ronca carcajada ahogada en el pecho del mayor.

—Eres un maldito—abrazó, presionó, asaltó—. Querrás decir que tú tenías ganas de más.

—Todo es relativo…—consintió el dorado soltándole la mano, enroscando sus brazos detrás del cuello—. Brindemos por el mejor conocimiento del mundo.

2 thoughts on “Te Leo (700 palabras)

  1. Asmita vive despertando la lujuria de Defteros xD Se ingenia de todas las maneras posibles! ♥ asi me gusta. jeje…
    Me gusto mucho ^^ El hecho de “leer” a Defteros, eso me gusto mucho, como describiste todos sus movimientos y todas las formas del demonio… Me fueron hermosas para leer.
    Hasta luego!

    1. Jajaja Asmita es un picaron, no lo puedo ver quedándose quieto mucho menos si tiene a su demonio desnudo en la espalda xDD También me gustó usar esta forma, me leí un poco del arte de leer la ano para poderlo usar y hacerlo de un modo mucho más sensual. Gracias por tus palabras ^^

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