La razón (KaSha)

No pensó que al final las cosas se revelarían, pero Kanon quería cambiar por él.

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Temas: Yaoi, romance, Universo Alterno
Personajes: Kanon, Shaka
Resumen: No pensó que al final las cosas se revelarían, pero Kanon quería cambiar por él.
Dedicatoria: Aquarius no Kari, Akito-Virgus, Athena Ariana y todos los que amen esta pareja ^^
Obvio que al club Santísimo Pecado Geminis x Virgo .
Comentarios adicionales: Una locura y media xD

La razón (Kanon x Shaka)

El día había llegado, la hora del trabajo duro. Los tres compañeros de él rodeaban la mansión con pericia, veían el lugar hambriento. No había mucho que hacer, todo lo había estudiado. Los planos de la casa, la salida, como burlar la vigilancia y las alarmas, las cámaras. Todo estaba perfectamente calculado. Y él era el líder de la banda.

Sonrió victorioso cuando las cosas surgían como el plan lo tenía predicho. Uno de sus compañeros había entrado a la mansión y desactivado las alarmas. Luego el corte de energía eléctrica le daban espacio de veinte minutos para maniobrar. Los otros dos, con su compañía, penetraron en la mansión por la puerta del frente y corrieron vigilando uno las escaleras, otro hacía la cocina y un último siguiéndole hasta donde estaba la bóveda.

Penetró al lugar. Todos estaban perfectamente cubierto, vestidos de negro, capuchas que cubrían sus rostros. Nada podía salir mal… nada…

Cuando entraron al despacho, entonces, sus ojos verdes se abrieron exaltados.

Pensó encontrar en el lugar una caja fuerte con una gran suma de dinero, pero no a su mayor tesoro terminando la tesis en la laptop de su padre.

No soy una persona perfecta
Hay muchas cosas que desearía no haber hecho
Pero sigo aprendiendo

El compañero apuntó hacía el rubio, quien asustado se levantó del escritorio y accionó la alarma desde él. El arma iba a disparar, se interpuso en el medio. El rubio lo miraba confundido. Su compañero desesperado. La alarma sonaba, debían correr.

—¡QUE RAYOS KANON! ¡TENEMOS QUE MATARLO!

—¿Kanon?—la voz del rubio. El temor del mayor quien sólo miró de reojo. El compañero comprendió, el rubio comprendió… no había salida.

Nunca fue mi intención hacerte eso a ti

Se quitó la capucha, lo enfrentó. El rubio lo miró desconcertado, abrumado, asustado.

La alarma sonaba, el compañero lo jaló para sacarlo del lugar antes que fuera tarde. Partió, dejando al rubio destrozado.

Así que tengo que decirte antes de irme
Que solo quiero que sepas que

Estaba en el lugar acordado, el tiempo acordado. Estaba seguro de que tenía que hacer. Sólo debía tantear el terreno, ver el lugar, los alrededores, quienes lo frecuentaba, quienes entraban, quienes salían, las horas de cambio de guardia, todo eso, todo eso debía calcularlo, observarlo, buscar el agujero donde penetrar.

Vio al rubio tomar el transporte, de lejos. No le importó, ya sabía que el dueño alemán tenía un hijo de extrema belleza, pero que la pasaba más en la universidad que en la mansión. Así que desechó toda posibilidad de que él estuviera en la noche donde se perpetraría el robo.

Luego de la inspección, fue a caminar en un parque, comer un hot dogs, deleitarse con los prospectos que pasaban por el frente mientras ya sacaba cuenta de la cantidad millonaria que tocaría con el nuevo trabajo de Poseidón. Era gracioso ver que las clases de matemáticas si le había servido de algo, aunque estás no fueran exclusivamente para los negocios legales como los de su hermano. Tenía una década sin verlo. Tampoco le importaba. Sus diferencias eran mayores que sus semejanzas.

Entonces lo vio, un rubio de ojos azules que se sentó a su lado azorado, como si viniera de una enorme carrera. No le prestó atención más que a los glúteos que los deliciosos jeans enmarcaban jugosamente, Mordió sus labios, ya pensando en lo que sería penetrarlo.

—¿Tiene la hora?—preguntó el joven. El mayor vio de reojo su reloj y masculló.

—Las cuatro.

—Diablos, ¡no llegaré a tiempo!

Miró al rubio divertido. Mientras se soltaba el largo cabello dorado y se cambiaba con una camiseta sucia, quitándose la elegante. Aquello le sorprendió.

—No diga nada—le pidió el menor guiñando el ojo, como si fuera una aventura.

—¿De quién escapa?

—De mi vida.

He encontrado la razón para
Cambiar lo que siempre he sido
Una razón por la cual empezar de nuevo

—¿Ah sí? ¿Y que tiene su vida como para escapar? Pregunto el otro, interesado y jocoso con la ocurrencia.

—Falacias, mascaras y soledad.

Lo vio partir con esas palabras y la curiosidad lo embargó. Le siguió en silencio, viendo como entraba a un edificio de segunda clase, saludaba a todos. Cuando vio, se trataba de una mediocre academia de teatro. Lo vio participar, lo vio actuar, lo vio y de alguna manera, se interesó.

Y la razón eres tú

No lo había visto desde el altercado. Sus compañeros le reclamaban, era, supuestamente, el último trabajo que haría. Así lo había decidido, desde que lo había conocido.

La pasión con la que interpretó a los diálogos de Romeo le fascinó. Las expresiones, la entrega, la forma en que sus cejas se estrujaban para mostrar el dolor, le sedujo. Se había quedado esperándolo allí y cuando salió el rubio le sonrió.

—¿Le gusto?

—Lo haces muy bien. Aunque es extremadamente cursi para mi gusto—el mayor intentó fingir indiferencia. El rubio sonrío.

—Lo sé, para mí también, pero a las mujeres parece gustarle—su sonrisa mutó—. Pero mis padres no pueden saberlo… no les gustará. Ellos quieren que tome una carrera más… apta.

Comprendía la sensación.

Recordar el cómo comenzó le hizo tomar la decisión. Buscarlo, en el mismo lugar, esperando que aún lo frecuentara, como hace tres meses, como cuando lo esperaba en el edificio, salían y hablaban cualquier cosa. Sin tener idea, ni una sola idea, de que era el hijo del dueño de la mansión que robarían.

Esperó uno, dos, tres días, una semana, dos, tres, un mes… No regresó… no regresó.

Pronto supo que sus padres por el altercado lo vigilaban de más… Tuvo que dejar su sueño.

Siento haberte lastimado
Es algo con lo que tendré que vivir siempre
Y todo el dolor por el que te hice pasar
Desearía poder quitártelo
Y ser el que seca todas tus lágrimas

Lo buscó, en la universidad de Londres. Lo encontró, saliendo con un traje elegante, como los otros. De alta alcurnia, dinero de sobra, y su rostro marcado por la soledad y la indiferencia. Encendió la motocicleta y sin más ingresó en la acera, se puso frente a la limosina y tomó al rubio, secuestrándolo en plena luz del día y sin que los demás pudieran hacer nada.

Shaka al verlo, no supo qué hacer. Aunque gritó, no puso mayor resistencia.

—Necesito que me escuches—le dijo en plena carrera, sintiendo que la limosina los seguía. Pronto las sirenas.

Es por eso que necesito que escuches

—Yo no sabía, no sabía que esa era.

—Eso no cambia nada.

—Escuchame Shaka.

—Eres un maldito ladrón.

—No somos tan diferentes.

—¡No me compares!

—No engañas a tus padres, también pecas ¿no?—el rubio no dijo nada—. Era el último trabajo… te juró que era el último trabajo.

He encontrado la razón para
Cambiar lo que siempre he sido
Una razón por la cual empezar de nuevo
Y la razón eres tú

—Todas las veces que fui a verte al edificio, juró que no sabía que eras tú el hijo de ese hombre. Juró que no sabía nada, no te usé Shaka, todo lo que te dije, todo lo que sentí maldita sea. ¡Aún lo siento, mierda!—exclamaba siguiendo la carrera, la persecución. La policía se sumaba, los seguía también, sabía que no podría llegar muy lejos.

—Me mentiste, Kanon… yo confié, confié en ti, en mi sueño.

—También me mentiste, no me dijiste de tu familia, aunque suponía que eras de una acomodada. Pero no me dijiste, de nada, sólo tu sueño, sólo lo que a tus padres le ocultaba.

—Maldita sea, llegué a esperarte, ¡a ansiar las tardes de teatro para verte!

—Yo también, yo también… aún lo hice, aún te iba a buscar, aún te esperaba Shaka.

—Kanon…

—Por favor, créeme… créeme al menos los te amo que te dije.

No soy una persona perfecta
Nunca fue mi intención hacerte eso a ti
Así que tengo que decirte antes de irme
Que solo quiero que sepas que

Nunca, nunca pensó que ver al rubio tarde a tarde, interpretando distinto papeles, fuera capaz de enamorarlo. Nunca lo pensó. Pero así fue. Así fue.

Aquella tarde nublada lo esperó fuera del edificio y decidió invitarlo a comer helado, a decirle lo que sentía. No sabía mucho de su vida, ni él tampoco de la propia. Ya había hablando con Poseidón, le entregó su parte del motín del último trabajo a cambio de su libertad. Ya veía en donde trabajar, quizás en alguna venta de motocicletas, ya se las arreglaría. Dejaría de robar, buscaría un sueño como él. Buscaría soñar como él.

En el parque se le acercó, en el parque lo abrazo. El beso de vainilla y dulce de leche los embargó a ambos en medio de la banca, con sus manos tomadas. Sintió que todo adquiría sentido, quería creer que sí, que sí.

He encontrado la razón para
Cambiar lo que siempre he sido
Una razón por la cual empezar de nuevo
Y la razón eres tú

Pero ya no había tiempo. Ya no. La policía lo emboscó en las afueras de la ciudad. Tuvo que entregar al rubio, tuvo que entregarse. Cuando lo esposaron las muñecas lo vio, le envió con su mirada su mayor verdad, la verdad que confirmaba todo, la verdad que lo decía todo.

Lo quería, realmente lo quería. Y Shaka lo comprendió.

He encontrado una razón para mostrar
Un lado de mí que no conocías
Una razón para todo lo que hago

Pensó que le tocaría pasar mucho tiempo en la cárcel, que lo denunciarían por robo, por secuestro; más se sorprendió cuando la fianza había sido pagada. El rubio entonces le esperaba en las afueras, con su padre.

—Shaka…

—Eres el hermano de un amigo de la universidad—el mayor lo vio consternado—. Era una broma, de mi amigo, te había dicho que lo hicieras para asustarme por la alta seguridad.

—Shaka…

—Sígueme la corriente—le sonrió, guiñándole el ojo.

Lo supo.

Lo seguiría a donde fuera.

Y la razón eres tú

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