Túnel Ciego (Cap 07)

La relación de Shaka y Saga ha comenzado aunque sea a escondidas ¿Por cuámto podrán mantenerse asi? ¿De qué manera podrán evitar que Mu se entere antes de tiempo?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, angst, Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Asmita, Kanon, Mu, Degel, Kardia, Shura, Dohko, Radamanthys
Resumen: Saga como pediatra, Shaka como oftamologo y Mu como ginecologo se verán envuelto en una serie de situaciones prohibidas que los hará sentir sentimientos que no podrán controlar y tomar decisiones que no querrán repetir cuando se vean inmerso entre traicciones y amistad. ¿Qué es lo que siente Shaka por Saga luego de seis años? ¿Qué es lo que le quedó a Saga? ¿De que forma los sentimientos pueden destrozar las vidas?

La relación de Shaka y Saga ha comenzado aunque sea a escondidas ¿Por cuámto podrán mantenerse asi? ¿De qué manera podrán evitar que Mu se entere antes de tiempo?

Capitulo 07: Delirios

—Entonces, ¿hay posibilidades?—escucho la voz de mi hermano mientras habla con el doctor.

Por su tono de voz es alguien joven, de seguro de unos veintiocho años. Han abierto mi historial médico y parece haber revisado las placas que me hicieron cuando estuve en cuidados intensivos luego del accidente. Dice que son necesarias otras placas y estudios para determinar la gravedad de mi problema.

Resoplo fastidiado, bajando mi rostro y entreteniéndome como un idiota en sentir las propias líneas de mi mano. Recuerdo cuando Asmita hizo lo mismo el día que lo conocí, la forma en que me leyó y me dijo ese detente camuflado en su semblante.

Debí hacerle caso…

Lo más irrisorio del asunto es que pese a saber que cometí un error tras otro, que los lastimé a todos, que por mi egoísmo, todos terminamos seriamente marcados; no me arrepiento de haberme dejado llevar por lo que sentía y obligarte a ti, Shaka, a hacer lo mismo. No me arrepiento de haberte amado con todo lo que podía entregarte en ese momento y haber recibido todo lo que pudiste darme.

—Le agradezco su atención—termina Mu, levantándose del asiento. Siento que Kanon también hace lo mismo y me extiende la mano para levantarme. Lo hago por mi propia cuenta, harto de sentirme un minusválido—. Por cierto, esa fotografía que tiene allí, ¿es el Dr. Shaka Sardillat?

Oírlo me causó escalofrío. Oírlo me hizo tambalear sobre el bastón, sintiendo mi corazón latiendo pesadamente… con pálpitos enfermos… nauseabundo.

—Ah, sí. Fue mi tutor del tema de postgrado que hice en Inglaterra. Jamás imaginé que luego terminaría trabajando en su mismo consultorio cuando trabajó en esta clínica. Lo considero un honor.

—Grandes coincidencias—consiente Mu con ese tono de voz que ya le conozco. Lo hizo a propósito…

La puerta se abre. Mi hermano sigue tomándome del antebrazo mientras caminamos por el pasillo. Este pasillo que tantas veces cruce buscándote… ese consultorio donde tantas veces te bese.

Y contento las ansías de llorar mi infortunio, sólo para no darle el gusto a Mu de verme lastimado como quiere…

04 de Julio del 2000

“Todo este fin de semana ha sido llamándonos, enviándonos mensaje. Terminé comprando un móvil nuevo para tenerlo sólo para sus llamadas en las noches. Lo guardó en el pequeño maletín cifrado junto a mi bitácora, como algo celoso, totalmente mío.

Me siento vivo… cierro los ojos y sólo recuerdo su sonrisa tímida, la forma en que se acomoda los lentes luego de los besos, el cómo brillan sus pupilas azules al tenerme frente. Recuerdo y sonrío enamoradamente, olvidándome de todo.

Ahora claro, casi Shaka no se ha acercado a Mu y por mi parte evito que Mu lo busqué. De alguna forma he logrado que lo dejara de frecuentar basándome en el hecho de que ya no es tan desconocido en el edificio y que queda al otro Ala de donde atendemos. Es mejor mantenerlos separados, al menos hasta conseguir la forma de terminar con Mu.

Mientras tanto, hablamos por horas por el teléfono nuevo, reímos a través de él, disfruto de su voz. Más no es suficiente…”

Tenía el chocolate en la mano y no sabía cómo enviárselo. Ir demasiado a su consultorio podría ser arriesgado, Saga sabía perfectamente hasta que punto podría jugar a las escondidas en un edificio que siempre estaba atestado de pacientes y sobretodos de enfermeras que no dudarían en armar puntos si dejaba un cabo suelto.

Shaka le había comentado que el único chocolate que le robaba el aliento era ese, porque no era tan dulce y la combinación de sabores le encantaba. Recordó entonces cuando Shaka le contó el sábado de cómo Asmita aprendió a cocinar. Se sonrió con ternura imaginando al pequeño Shaka con el libro de receta en las piernas sentado en el mesón y leyendo mientras su hermano buscaba los ingredientes tentando con la mano. Lo imagino ayudándolo a tomar las cosas con las manos y diciéndole de qué color se iba viendo la mezcla. Imaginó todo, y se enamoraba más de eso.

En ese momento recordaba que Mu le hablaba algo de su familia, pero no le puso especial atención. Sabía que tenía primos lejanos, pero Mu era hijo único y sin padres luego de haber muertos cuando estaba muy joven. Por eso toda esa experiencia de conocer familiares de su ahora amante le creaba una sensación especial. Asmita se veía un hermano mayor muy sobre protector, pensó en que tendría que ganárselo, cobrar su confianza para soltar a su pequeño hermano menor, sus ojos… Y su madre, se sonrío al recordar la forma en la que ganó su confianza. Por ella no tendría que preocuparse mucho.

Entonces se le ocurrió la idea para hacerle la entrega del chocolate. Se sonrío como adolescente al verse inventando métodos para salir airosos de los comentarios del pasillo. Salió de su oficina con el chocolate dentro de su bata médica, unas carpetas para disimular y cazando a los niños que esperaban por ser atendidos. Debía ubicar a uno que le sirviera para el propósito y lo halló. Era el pequeño Shun, de seguro esperando que atendieran de nuevo a Ikki. Le sonrío y el pequeño hizo lo mismo.

—¿De nuevo Ikki se metió en problemas?—el pequeño asintió algo apenado—. Bueno, eso siempre lo hacen los hermanos mayores—consintió agachándose al nivel del menor que movía sus pies en el asiento con algo de impaciencia. Nadie le extrañaba, Saga tenía ese aire de buen padre para todos los niños a los que llegaba a atender—. Mira, una mamá me dio este chocolate para que se lo entregue a un doctor, pero tengo muchos niños que atender, me ayudarías.

—¿Una mamá?—preguntó el niño con ingenuidad. Saga mostro sus blanca dentadura sintiéndose como un jovenzuelo pidiéndole al hermano menor de su amor platónico para hacerle favores—. ¿Quiere al doctor?

—Creo que si lo quiere—fingió algo de desinterés—. Mira, es el doctor Shaka Sardillat. Si preguntas en el piso de abajo te dirán donde está. Ya sabes, este chocolate es de una mamá.

El niño aceptó el desafió y fue corriendo a buscar al doctor. Saga por un momento se iba a quedar quieto esperando, peor fue mayor su curiosidad e impaciencia que terminó caminando aún nervioso hasta la terraza del piso que daba hacía la recepción, en la planta alta. Al poco rato, vio que Shaka salía de una oficina con varias carpetas en mano y hablaba con una de las enfermeras de la cual se despidió, para buscar internarse en el pasillo que llevaba a su consultorio. Sonrío al ver como el pequeño Shun llegó corriendo y tomándolo de la bata, para ofrecerle el chocolate. Deseó tener poderes mentales o algo aspi que le permitiera ver en que pensaba el rubio cuando escuchaba la infantil explicación de Shun. Verlo desde arriba con su cabello dorado reluciendo por la luz del sol que se colaba por la recepción le gustaba, en demasía. Finalmente el niño se alejó y dejó a un Shaka atolondrado con el chocolate en la mano.

Entonces le escribió un mensaje para certificar la fuente del repentino regalo.

“Es lo más cerca a un ángel que me conseguí para enviarte mi obsequio. Disfrútalo”

Lo vio tomar el teléfono, revisar, leer. Sonreírse… Y finalmente marcharse al pasillo con el chocolate en la mano.

“En la llamada me dijo que jamás le habían jugado un detalle de esa forma y que le gusto. Incluso, me retó a que consiguiera más forma de hacerle llegar mis intenciones y no pienso desaprovechar el reto. Ese desafío sólo me provoca más excitación en todo esto.

Estoy enamorado de él, lo sé, me declaro perdedor en esta partida. Perdí ante su encanto y lo hice rendirse al mío”

07 de Julio del 2000

“Conseguir un lugar donde besarnos ese ha vuelto una verdadera odisea. Peor me ha dejado en claro que las visitas a los consultorios no pueden ser seguidas, así que me toca crear momentos en donde estemos solos y podamos al menos besarnos una sola vez. Tener tantos días sin rozar sus labios me desespera, y eso le hago saber a través de las llamadas. Le digo cuanto ansió poder tenerlo, poder besarlo y abrazarlo con fuerza. Sinceramente pensando en él todo lo demás deja de tener significado.

Ayer se me ocurrió otra manera de hacerle llegar mis deseos a su mano. Le pedí a una enfermera que remitiera una historia médica con toda la seriedad que pude mostrar en mi semblante y debajo de todos los documentos del paciente le deje una nota que escribí minutos antes con un marcador. Es idiota, es infantil, pero sólo imaginar la cara que puso cuando vio la nota me hace sonreír enamorado.

Me siento como un adolescente…”

Había esperado ansioso el mensaje que llegaría luego que Shaka recibiera la historia médica que uso de víctima. Le había escrito un mensaje diciéndole que era muy importante el que revisara la historia médica ya que necesitaba su conocimiento médico en el caso. Una excusa idiota, pero era la forma de asegurarse que no la devolviera y terminará esa nota en manos de otro médico.

Ansioso esperó por espacio de media hora sin obtener respuesta y ya empezaba a preocuparse. ¿Será que no la recibió? ¿O quizás la enfermera no se la ha entregado aún? El destino de la carpeta ya empezaba a agitarlo y empezó a sopesar la idea de estar enviando señales de humo de esa forma tan peligrosa. Pasó más de dos horas en las que ya Saga había perdido la esperanza de recibir un mensaje o al menos ya se había resignado a que quizás, Shaka le comentaría en la noche a través de la llamada. Mu le había escrito diciéndole que quería pasar la noche con él y le había respondido que sí, aunque ya estaba viendo la forma de evitar tener sexo con él.

Debía hacer algo con esa relación.

Escuchó entonces que tocaron la puerta y con la vista en su monitor dio el permiso para que entraran, ya preparado para otro paciente. Escuchó que la puerta se cerró.

—¿No crees que una enfermera pudo revisar la historia médica y conseguir la nota?—escuchó el leve reclamo y se levantó de su asiento mirándolo con emoción. Shaka estaba de pie con una mano aún en la manilla de la oficina con su semblante serio, se notaba realmente asustado con la nueva técnica.

—Afortunadamente no fue así—el menor desvió la mirada con una leve sonrisa. Se acercó tomando la carpeta para dejarla en el escritorio—. ¿Vienes a buscarlo?

—Estás loco…—un fingido gesto de molestia mientras se dejaba guiar por esos brazos hasta el cuerpo del pediatra quien ya afianzaba sus manos en las caderas del oftalmólogo.

—Y no quiero curarme…—dijo antes de besar los labios, una, dos, todas las veces que pudo en diez minutos.

Lo besó, le dedicó minutos enteros en sacarle el aire de sus pulmones a través de besos, con sus labios, su lengua, hasta crearle ese carmín perfecto que tiñen sus mejillas y luego lo abrazó, con fuerza, con ansías, con ganas de todo y de nada… de hacerle el amor y de sólo permanecer así con él. Enamorado…

—Saga…

—Está semana mi hermano está en el departamento, pero la siguiente estaré solo—el menor lo miró con incertidumbre—. Quiero que nos veamos allí. Que podamos hablar, quizás cenar y…

—¿y Mu?—preguntó de inmediato Shaka, con su ceño fruncido—. De seguro él querrá aprovechar también—bajó la mirada un tanto inseguro.

—Shaka…

—No pienso entregarme por completo mientras la situación este así—sentenció dejando una mirada clara para formar los límites. Saga sonrió, algo curioso con esa respuesta—. No me sentiré bien mientras aún estes con él.

Se separó dejándole un ligero beso, para luego acomodarse y salir del consultorio. Saga tomó el asunto como un desafío.

“Dice que no se entregará por completo pero eso puedo cambiarlo. Sólo pensar que debo convencerlo me hace sonreír con muchas ideas que pienso utilizar.

Seducirlo será un gustoso reto”


21 de Julio del 2000

“¡Este hombre me va a matar! Por mucho que he intentado, lo he seducido, le hago sentir lo mucho que me excita, no me deja, no me deja más que besarlo y acariciarlo sobre la ropa y no muy íntimamente. Y mientras tanto no dejó de soñar con él y de pensar en su cuerpo desnudo cuando estoy con Mu.

De nuevo, por cierto, Mu me desvió la conversación cuando intenté hablar de nuestra situación. Me sonrió y logró provocarme para terminar teniendo sexo con él, para luego sentirme culpable escuchándole sus te amo y yo sólo deseando que el cuerpo que tomaba fuera el de Shaka. Soy un cínico, vuelvo a decírmelo. ¿Pero qué hago? A quien quiero tener debajo de mi es a Shaka…

Y mientras tanto, no conforme con tenerme en esta ley de pan y agua mientras estoy con Mu, si me sigue los juegos por teléfonos, me hace escucharlo gemir e incluso me dice todo lo que quiere llegar a hacerme cuando me tenga desnudo en la cama. “

Y se había vuelto una rutina en esas tres semanas. Saga caminaba por los pasillos como quien no quería nada y se internaba a uno de los baños. Luego le enviaba un mensaje a Shaka y a la media hora el rubio lo buscaba en el mismo lugar. Y luego de certificarse que no había moros en la costa empezaban a besarse con ansías acumuladas. Sobre todo si el día anterior habían fantaseado comunicados por el teléfono. Buscaban no hacerlo todos los días, ni en el mismo lugar, por lo cual siempre terminaban cambiando de baños y de horarios. Era lo único que Shaka le permitía. No había opción a hotel, ni a aprovechar el apartamento vacío cuando Kanon trabajaba. Mientras la relación entre él y Mu continuaran, Shaka no cedería por completo su cuerpo.

Pero en esos momentos donde se encontraban se olvidaban de todo lo demás. Apenas se veían se abrazaban dándose un profundo beso antes de esconderse en unos de los cubículos del baño. Sentándose Shaka sobre él y enredando sus piernas por detrás con incomodidad, se dedicaban a besarse diez minutos. Saga iba comprendiendo al paso de sus encuentro que Shaka realmente no tenía mucha experiencia, pero se entregaba, entregaba todo buscando complacerlo y sólo eso era capaz de dejarlo más que satisfecho.

“¿Cómo pretende así que me quede quieto cuando nos encontramos en el baño a besarnos?”

24 de Julio del 2000

“Hoy Shaka me ha pedido algo que me dejó un tanto contrariado. Estaba muy excitado, creo que ya al borde, un poco más y estaba seguro que terminaba sacando mi erección frente a él sin preocuparme si serían sus manos las que me aliviarían la tensión o las mías propias. Pero ese pedido hizo que toda la excitación bajara de forma brusca”

En esa oportunidad dentro del último cubículo del baño, los labios seguían uno arriba del otro, corrompiendo, poseyendo con pasión. Las lenguas batallaban dentro de una y luego la otra cavidad, inseguras de cual era vencedor y con sólo el objetivo de destinarse el mayor placer.

—Saga…

—¡Dioses! Mira como me tienes…—le susurraba en el oído mientras mordisqueaba el cuello con deseos. El oftalmólogo reprimió un gemido sosteniéndose con fuerza de los anchos hombros del mayor.

—Ya deberíamos irnos… ya pasaron diez min…—los labios gruesos lo acallaron, los brazos griegos lo apretaron contra sí con fuerzas, determinado a no dejarlo ir—. Saga…

—Te deseo—tomó su rostro, apegó las frentes húmedas del sudor y la excitación—. Me tienes como adolescente masturbándome las noches por las ganas de tomarte, Shaka.

—Tienes a Mu—dijo en modo de reclamo, recordándole la situación en la que estaba, los límites a los que Shaka pensaba llegar—. Y te dije que así…

—Lo sé, sólo dame tiempo pero… no me dejes así de nuevo…—y dibujó una mueca de suplica. El rubio enarcó una ceja, batallando entre sí ceder o no—. Por favor.

—Bueno… me quedaré diez minutos más pero—y detuvo los labios ansiosos con un dedo, los cuales ya buscaban su boca—, quiero que me escuches. Sólo abrázame y escúchame.

Los ojos verdes se quedaron observando los azules, buscando algún rastro de juego en esa petición, que nunca encontró. Cerró entonces sus ojos y respiró un tanto, tratando de despejarse. Acto seguido lo cubrió entre sus brazos y dejo que apoyara su cabeza en su hombro, esperando a ver que quería Shaka, aunque no entendía porque aprovechar ese momento que eran los único para tener contacto físico en decir algo que podría decirle por teléfono.

—Mi padre cumple este sábado 23 años de muerto—los ojos verdes se abrieron comprendiendo el panorama. Pasó con ternura su mano por la espalda, porque sabía que ese mismo día, de seguro, Asmita cumplía un año más sin vista—. Quería ir al cementerio el sábado por la tarde, después de que mi madre y Asmita hayan ido. Quisiera que me acompañaras. ¿Me podrías regalar unas horas de tu sábado? Aunque sé que de seguro tu y Mu…

—Te acompañaré…—el rostro del rubio se alzó para verlo fijamente, aprovechando así el pediatra en mover el flequillo dorado a un lado para besar el punto tatuado en su frente—. Estaré a tu lado…

El rubio le sonrío y se quedo cinco minutos más sólo abrazado a él, musitando un gracias.

“No le puedo fallar. Debo ir, debo estar con él y apoyarlo en ese momento. Y no lo siento como una obligación como tal… simplemente quiero estar con él.

Shaka me está haciendo participe de algo que es muy importante de su vida, muy intimo y yo todavía no he logrado liberarme de Mu”

29 de Julio del 2000

“¡No sé qué hacer! Hoy, ¡hoy que debí estar con Shaka, Mu me destrozó todos los planes!”

Desde muy temprano Mu apareció en su apartamento con deseos de quedarse todo el fin de semana. Cocinó, lo invitó a comer, luego pidió ver unas peliculas y una cantidad de cosas que Saga no pensaba realizar. Tenía entre ceja el hecho de que a las cinco de la tarde Shaka lo esperaba en el cementerio donde su padre reposaba entre los brazos de la muerte.

No veía forma de salir. Mu simplemente le cortaba toda opción y tampoco quería ser muy grosero ante él así que agitado y con pocas ideas no veía forma de escapar. Para justificar el repentino deseo de pasar un sábado a su lado, Mu le comentó que tenían tiempo sin disfrutar de un buen día junto y que además, tenían al menos una semana sin tener sexo, lo cual era bastante extraño en su relación. Saga siempre había sabido buscar excusa para no estar con él, como las migrañas por el computador o el cansancio. Pero ese día debió utilizar el sexo como única forma de calmar los ánimos de su pareja y permitirse un poco de tiempo.

Descargó así todas sus ansías acumuladas en el cuerpo del ginecólogo, sin detenerse a muchas caricias o besos. Masturbo indolentemente el sexo de su pareja y lo penetro con furia, siendo un tanto salvaje, golpeándolo con toda la excitación que ya llevaba acumulada por cada encuentro lascivo con Shaka en los baños, por esos diez minutos de besos que eran capaces de encenderlo como un incendio forestal. No tuvo piedad de aquel, cambiándolo de posición por tres ocasiones para seguir penetrando con fuerza, con incluso rabia, viendo el reloj y notando para su dolor que ya habían pasado de las cinco. Cuando Mu logró por segunda vez su orgasmo en la tarde, luego de un preliminar de casi una hora, fue que cayó, exhausto y totalmente satisfecho. Saga estaba sentado a su lado con la vista en el techo luego de ver que eran quince para las seis.

—Fuiste… violento… Saga…—le escucho decir en suspiros largos, aún ahogado, sin aire y el rostro totalmente enrojecido por el placer. Los dedos del mayor apartaron unos mechones violetas y trato de dibujar la sonrisa más sincera que pudo.

—Más de una semana aguantando—se excuso, con una verdad… aunque no era por él sino por Shaka—. Es mejor que descanses.

Resignado por haber perdido la cita, se abocó a limpiar a su pareja con un paño húmedo, notando que incluso había dejado marcadas sus caderas y piernas por la presión de sus labios. Se lamentó por haber perdido el control en ese momento aunque lo que debía hacer ahora era buscarlo. Afortunadamente, del cansancio Mu se quedó dormido.

Se vistió tan rápido como pudo luego de una ducha veloz para tomar la camioneta y salir a dirección de la pastelería. Llamó varias veces peor no contestaba las llamada y viendo ya que eran casi las seis y media de la tarde Saga empezaba a temer el final de las cosas. Azorado por la culpa, la rabia y la impotencia, bajó del vehículo desesperado y se internó en la pastelería preguntando por Shaka. Kardia lo miro sonriéndole de forma cómplice, mientras le decía que Shaka no estaba allí. Sin embargo, para sorpresa de ambos griegos fue el mismo Asmita que con el ceño fruncido salió de la cocina a encararlo. Kardia conocía perfectamente la expresión, mientras que Saga en cambio tragó grueso al notar la evidente molestia que el rubio mayor le mostraba.

—¿Qué desea Dr. Tebas?—inquirió el mayor cruzándose de brazo y con gesto amenazante. El pediatra sentía a su corazón siendo estrujado con fuerza con las uñas.

—Necesito hablar con… el Dr. Sardillat—mordió casi las últimas palabras—. Es sobre un caso de uno de mis antiguos pacientes. Algo que… debe tomar en cuenta para su… tratamiento.

—Mi hermano no está en condiciones de trabajar y es sábado, además—argumentó el rubio con tono severo.

—es urgente, necesito hacerle llegar las historias médicas—insistió Saga confiando en que Asmita se creería el cuento y le permitiría verlo o al menos ubicarlo. El hermano mayor en cambio frunció su ceño con desconfianza, para luego sonreírle sarcásticamente.

—Deme los documentos y se lo haré llegar sin falta, pero no está en disposición para atender a nad…

—Siga derecho…—la voz de un cuarto apareció en escena. Saga observó como detrás del rubio aparecía el otro ayudante, Degel con una mirada determinada—. Siga derecho y en el siguiente cruce, tome la derecha, después de tres casas, una casa de dos pisos color celeste.

—¡Degel!—reclamó Asmita molesto por la intromisión, al tiempo que Saga dejando un gracias salió corriendo hacía la camioneta—. Viste lo decaído que estaba Shaka como para atender asuntos…

—Deja que sea él quien lo decida.

Sin terminar de escuchar la discusión que sostuvieron los pasteleros, Saga se dirigía con velocidad hacía la dirección en espera de conseguirlo y poder hablar con él. Apenas consiguió la casa tocó el timbre con algo de miedo y vio la figura de la mujer, madre del hombre que ama, aparecer en la puerta. Le sonrió y amablemente le dio entrada a su casa. Preguntó por Shaka en cuanto se vio sentado, denotando el nerviosismo por el toque constante de la planta de su zapato en el piso. La mujer le sonrío y luego de servirle café subió a buscar a su hijo.

Fueron varios minutos en silencio que tuvo que esperar antes de que Shaka bajara las escalera y lo mirada con rostro gélido. Espero que su madre los dejara a solas y se sentó en uno de los muebles más alejados a la posición donde estaba sentado el pediatra.

—Lo lamento—se disculpó, bajando su rostro para no encontrarse con esos zafiros apagados tras los lentes. Sólo tenía un pantalón de algodón gris y una camiseta de color plomo, el cabello suelto y lacio que caía por los hombros.

—Vayamos afuera—sugirió el rubio luego de unos minutos en silencio.

Afortunadamente por el lugar había una pequeña plazuela algo desocupada, lo suficientemente privada como para poder entablar una conversación. El pediatra internaba sus manos nerviosas en su jean mientras mirada la espalda ancha del rubio, dibujada por aquella camiseta ajustada y acariciada por cada hebra de oro. Observó cuando el oftalmólogo se sentó en unos de los columpios que aún estaban en servicio y se mención con la punta de sus pies, con la mirada en cualquier punto de la nada, solo alumbrados por un farol a lo lejos. Saga terminó recostándose a un lado viéndolo de perfil. Sentía dolor… mucho dolor en su pecho…

—Mi hermano y yo solíamos venir aquí después que salía de clase—comenzó a hablar el rubio, sin destinarle una mirada—. Siempre él me columpiaba, pero no lo hacía muy fuerte y yo me enojaba. Quería ir tan alto como los demás y aún los pies no me daban para columpiarme—resoplo con cierta turbación—. Allí me dijo la mentira de que se había quedado sin vista por caerse de un columpio al darle muy fuerte—el rostro de Saga se compungió de dolor—. Claro, yo le creí y entonces no volví a pelear porque no le diera tan fuerte como a los otros niños. Incluso, les decía a los otros que se iban a quedar ciegos si seguían así—dibujó una sonrisa triste.

—Perdóname…

—Supongo que fue mucho de mi parte dada la situación pedírtelo.

—Lo lamento, Shaka. Yo de verdad, de verdad quería…—el teléfono del pediatra empezó a sonar. Ambos se miraron con dolor marcados en las pupilas.

El viento mecía las enramadas del parque silencioso, se llevaba dóciles cabellos dorados por el rostro del oftalmólogo y los alborotados azules del pediatra que caían con fuerza sobre sus pómulos y mandíbula. La mirada de comprensión de Shaka le dijo un “contesta” mientras la de Saga dibujó un “no quiero”. El teléfono seguía sonando. Finalmente, luego de la tercera llamada sin contestar, cuando sonaba la cuarta, Saga sacó el móvil viendo el nombre de Mu en el reconocedor de llamadas y terminando por apagar el aparato, ante los ojos azules del rubio.

—Debe estarte esperando—se adelantó entonces el oftalmólogo, no dispuesto a seguir con lo que sentía—. Es mejor que regrese.

—No tenía planeado que fuera a casa y…

—No me debes explicaciones. No soy tu pareja—dijo tajantemente, dispuesto a levantarse del columpio cuando ambas manos griegas tomaron las cadenas y le cortaron el espacio de acción. Subió sus zafiros fríos y dolidos hasta las esmeraldas del pediatra, se internaron allí en un debate de emociones donde ninguno quería ceder.

—Cierto…—secundó el mayor, bajando el nivel hasta quedarse en cuclillas frente al otro. Lo miro con todos los sentimientos que podían manarle a través de sus pupilas—. No eres mi pareja…—aseguró y podía ver como esos zafiros se destrozaban manteniéndose fijos, indolentes… orgullosos y dispuestos a no mostrarse vulnerable—. Eres el hombre que amo—los zafiros que se abrieron desorbitados—. No importa si eres mi amante o no Shaka, eso no lo cambiará. Estoy enamorado de ti, el hecho de que me aceptes o no, no lo cambiará, no aún—intentó tomar su mano y llevarla a sus labios, intentó y encontró resistencia—. Te amo…—la mano que forcejeaba y fue doblegada, tomada, besada—, y lo que de verdad deseaba es haber estado contigo compartiendo ese momento.

—No sirve con sólo desearlo—asestó el rubio conteniendo lágrimas, por orgullo, por rabia, por impotencia… quizás por las tres.

—Dame tiempo… te juró que no será mucho, pero dame tiempo…—rogó pegando su frente sobre la mano tomada, restregando su rostro a ella, suplicante, anhelante—. Pero permíteme seguirte queriendo—subió sus ojos verdes, lo miro adorándolo—, al menos seguirte besando…

Y antes de que el rubio pudiera contestar, se dejó llevar por el magnetismo de los labios delgados y entreabiertos que vibraban por tantas cosas contenidas. Se acercó… besó… y toda resistencia primaria la doblegó.

“Cuando llegué al departamento Mu me esperaba molesto, pidiendo miles de explicaciones. Sabía que decir algo en el momento no iba a ser prudente.

Realmente, lo que más me preocupa de la situación no es cortar con Mu… sino lo que pasara con mi hermano cuando se entere que dejé a Mu por otro hombre…”

08 de Agosto del 2006

Después de una siesta he despertado. Resiento un poco de dolor de cabeza, quizás por estar pensando en tantas cosas. Por buscar la manera de recuperar el orden en mi vida.

Necesito conseguirle un porque a toda esta situación, un motivo para conseguirle aliento para seguir viviendo. Debe haber algo que pueda hacer a pesar de mi actual situación. No puedo ahogar mis esperanzas en la dichosa intervención.

Me levanto de la cama y busco mi bastón para guiarme, ahora mi fiel acompañante a donde vaya. Me pongo en pie y encamino hasta la puerta de la habitación, buscando con mis manos la manilla para abrirla. Ya me he acostumbrado a caminar por la casa. Trece pasos de la cama a la puerta hacía el pasillo, seis pasos de la cama al baño. De la puerta a la cocina son veintidós pasos, de allí a la puerta principal son veintinueve más. ¿Me pregunto si así harán los demás?

Camino en silencio, buscando no hacer mucho ruido cuando escucho la voz de Kanon hablando con… Mu. Me detengo un momento, sopesando la opción de regresar a mi habitación y esperar que él se retire. Ya me ha dejado claro que aún me aguarda rencor y… ciertamente no lo culpo.

—Quizás deberíamos mostrarles los resultados a otro especialista—sugirió Mu con tono solemne, de ese tono que reconozco usaba cuando hablaba de algo muy serio. No puedo reprimir mi curiosidad y quedarme escuchando—. Aunque él mismo doctor dijo que en caso de que no estuviera seguro buscaría ayuda.

—¿Crees que llamé a Shaka?—y oir tu nombre hizo que un cúmulo de emociones me ahogaran—. No pensé que le estuviera yendo tan bien. Es decir, eso de que es tutor hasta de nuevos oftalmólogos en Inglaterra.

—Ese maldito está muy bien allá—ese tono tan duro… tan cruel…—. Al final hizo lo mejor. Se largó, dejó todo hecho pedazos—cierro un puño de impotencia por la forma en la que habla de ti… en la que no comprende aún… lo que pasó… lo que te llevo a hacerlo—. Escuché que es el mejor en Europa, si el doctor quiere confirmar sus conclusiones con él dará igual. ¿Crees que dejará todo lo que logró por volver con él?

Y el golpe… para destrozarme…

—¡Mu! ¡No deberías hablar así!

—Sólo digo una verdad…

Un realidad inevitable…

Los dejo discutiendo, volviendo a mi habitación. Camino derrotado, dolido… desesperanzado.

Claro, aún recuerdo las palabras de ese hombre inglés, rubio como tú, hablando de ti, hablando lo que había significado para el grupo tu ingreso… y verlo, justamente a él, a tu lado en aquella fotografía, con una mano posesiva apoyando tu hombro.

Marcándote…

Desde el público pude ver el brillo detrás de cada una de sus palabras… y comprender, el panorama…

Llego a mi habitación. Entre mis gavetas busco el maletín cifrado, logró hallar de nuevo la clave, abrirlo, tomar lo que guardo…

Mi bitácora, el móvil que usaba para llamarte… una camisa, la única que dejaste.

Mi bitácora… que ahora no podré leer más. Todos mis recuerdos contigo escritos aquí también vetados para mí…

Y lloro, en silencio… de nuevo… pasando mis dedos entre las páginas y buscando hallar alguna, algo que me permita leerlo.

No encuentro nada…

Incluso mis memorias escritas son tan oscuras y sombrías como mi mundo ahora.

Y sé, que tu no vendrás. No vendrás…

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