Un poco de Color y Vida (Cap 24)

Shaka ha decidido regresar a casa, encontrándose ya con uno de los rostros que abandonó hace seis años ¿Será hora del enfrentamiento? ¿Y que ocurrirá con los sentimientos de Saga?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que he citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Shaka ha decidido regresar a casa, encontrándose ya con uno de los rostros que abandonó hace seis años ¿Será hora del enfrentamiento? ¿Y que ocurrirá con los sentimientos de Saga?

Capitulo 24: Reencuentros

Sentía los besos de la mujer sobre sus dedos, su frágil voz teñida de lágrimas, esos ojos grises mirándolo con añoranza. Los veía, los palpaba, y una sonrisa de la más sincera devoción dibujó sus labios delgados, y le dio una respuesta. Estaba allí, estaba en su casa, pero aún no podía entrar. Con delicadeza soltó una de sus manos, con la cual acarició un mechón rebelde de color plata que se había separado del peinado de la anciana por la carrera. Rodeó sus mejillas luego, secándole las lágrimas, queriendo abrazarla pero resintiendo el frio de la cerca en sus brazos.

—Shaka, mi Shaka. ¡Entra!—y su corazón dio un sobresalto en su pecho, se revolcó entre sus entrañas—. La señora seguro se alegrará y…—calló al leerlo en sus ojos—, mi niño, ha venido para regresar ¿verdad?

—Nana Eli, aún no puedo regresar, no hasta hablar con él.

—Entonces, espéralos, ellos solo fueron a la…—el rubio renegó con el rostro. La mujer calló, mirándolo con profundo dolor—. Mi niño…

—No es la forma, no es la forma en la que quiero regresar aquí—le tomó las manos, las besó, mirándola con la adoración que se le tiene a una madre—. No diga nada aún y rece mucho—sintió la cruz que la anciana le dibujó en la frente, escuchó su oración—. Si así está escrito, regresaré.

—Cuídate, cuídate mucho…—la mujer entrecerró sus ojos enrojecidos—. La señora no hay semana en donde no haya dormido al menos una vez en tu cuarto…—la calló con un beso en la frente, una caricia en su mejilla.

Se alejó, escuchando las bendiciones de lejos, con un leve mover de su mano denotando una despedida que esperaba fuera corta.

Las palabras de la anciana resonaban en su mente, la idea de que su madre lo estuviera esperando carcomía sus entrañas; pero conocía a su padre y usar el amor de madre latente para obligarlo a aceptarlo era un acto bajo para él. No, Shaka se convenció que lo mejor era dejar a su madre fuera del asunto. Él debía hablar directamente con su padre, era lo menos que se merecía.

En el apartamento de Mu y Kanon, el mayor estaba tomando una sopa que le había preparado su pareja, en su cama, con una bandeja de madera. La resaca lo tenía mal, pero no emitía opinión alguna, ni Mu preguntaba nada al respecto, respetando el silencio. Bajaba para servirle otro vaso con jugo de naranja cuando llegó Saga del viaje, visiblemente cansado por las horas conduciendo y tal vez el mal dormir. Se saludaron, preguntó por su hermano y le dijo que estaba arriba comiendo. Prefirió solo saludarlo asomándose en las escaleras y se entretuvo llamando a Marin, para avisarle que ya había ido a ver a su madre y agradecerle su apoyo a ella frente a las circunstancias. La invitó a comer, porque vio necesario hablar con ella luego de que su madre ya supiera sobre la verdadera razón del divorcio, y ella accedió, admitiendo que también había algo más que quería comentarle.

—¿Te encuentras mejor?—preguntó Mu a su pareja, luego de dejar a Saga tratando de llamar de nuevo al decorador. Lo veía algo molesto, al parecer la llamada no caía.

—Sí, creo que sí—el tibetano le sonrió, sentándose en el filo de la cama.

—¿Le comentaras a Saga lo de la llamada a tu madre?—el griego renegó tomando la mano de su pareja—. Comprendo. Vamos, estar demasiado en cama tampoco es bueno, ¿quieres que caminemos? Parece que Saga saldrá.

—Prefiero ver películas contigo aquí—con la respuesta el menor se sonrío, comprendiendo,. Sí, mejor distraerse.

—Entonces vayamos a un cine, porque aquí dudo que terminemos de ver la película.

Kanon terminó aceptando, entendiendo que lo que buscaba Mu era simplemente sacarlos de las cuatro paredes y hacerle ver nuevos rostros, conseguir de nuevo esa sonrisa. La montaña le estaba pidiendo que llueva sobre ella, como siempre, porque ella recibiría gustosa cada gota, sin importar si era una leve llovizna o una verdadera tormenta.

Entre tanto en Londres, Shaka regresó para horas de la tarde a la casa de su segunda familia, donde de inmediato se encerró con el anciano en el taller de carpintería para ayudarlo a sacar unos pedidos que faltaban por completar. Entre los utensilios y la madera, entre las sierras y el polvorín del madero al ceder ante el filo en movimiento; Shaka le comentaba al anciano lo que había vivido en Grecia. Tuvo la necesidad de explicarle la existencia de aquel cliente que había llegado para ponerle toda su tranquilidad de cabeza, su encuentro con aquel hombre a quien pensó no vería más y la razón por la que había regresado pese a tener planes de irse a Italia. Quiso ser lo más sincero posible, sabiendo que el hombre lo escucharía aunque no avalara su estilo de vida y preferencia sexual.

Mientras le contaba, un extraño sentimiento azotó dentro de su pecho. Conforme sus palabras respecto a Saga salían de su boca algo parecía enturbiarle el alma, la vista incluso, viéndose en momentos con la necesidad de respirar y reordenar las ideas para seguir. Los pensamientos sobre qué pasaría cuando Saga se diera cuenta que ya no estaba en Grecia lo aturdían y hasta lo asustaban. ¿Qué haría? ¿Cómo reaccionaría? En tal caso, si las cosas salían bien, para el día siguiente Shaka y su padre por fin estaría frente a frente. Si eso sucedía y lograba arreglarlo, entonces…

—¿Qué harás, Shaka?—la pregunta, de él y del anciano que lo escuchaba.

El rubio resopló un tanto, dejando la madera de una cabecera para la cama sobre el suelo y sacudiendo sus guantes para alejar el polvillo adherido. El anciano lo escrutaba con esas esmeraldas profundas, ojos de padre, de abuelo, de guía y tutor. El decorador sólo se recostó en la pared, quitándose el guante derecho para secar con un pañuelo en su bolsillo trasero, su frente.

—Cuando lo llamé le dije que primero debía resolver algo antes de… estar con él—subió su mirada al techo de zinc que cubría el galpón—. Fue una respuesta inconsciente de mi parte, siquiera la pensé.

—Primero deberías responder que es lo que sientes—el rubio le dirigió la mirada, con seriedad—. Shaka, si tu temor es golpearlo con tus frustraciones como dijo aquel hombre, y has venido aquí a resolverlo, ¿no es lo suficiente claro?—y ese latir, acelerándose—. Pero los dos sabemos, que no es lo de tu padre lo que te detiene a…

—Tengo miedo, Dohko.

—Estás en tu derecho, pero el Shaka que conozco no se ocultaría por miedo.

—No es cierto…

—Shaka…

—Oculté durante años mi condición sexual a mi padre precisamente por miedo…—bajó su mirada, con pesadez—. De no haber sucedido lo que ocurrió con Simmons, quizás, a estas alturas aún sería su amante, un psicólogo y aún… escondiéndome por miedo a defraudar a mi padre.

—Sabes que no es así, no lo habrías tolerado.

—Lo cierto es que lo que siento por ese hombre me produce miedo, y me preocupa precisamente eso.

—Porque eso significa…

—Que es más que un gustar.

Hubo un silencio entre ambos, momento que Shaka aprovechó para volver a colocarse el guante y tomar la otra pieza de madera para colocarla en la mesa de trabajo. Delineó con su dedo la huella de grafito dejada para marcar la forma que iban a darle a la madera y luego, la apoyó verificando que todo estuviera en orden para pasarla por la sierra. Dohko lo observaba en mutismo, simplemente lo analizaba, prestando atención el brillo opaco de esas pupilas y la dificultad que tenía para tragar. Le dio minutos, minutos suficientes para que el mismo se diera cuenta que…

—Diablos Dohko…—murmuró al final, dejando la madera y con sus palmas abiertas sobre ella, la vista fija en la superficie—, esto, esta sensación en el pecho… ¡la odio!—el anciano se le acercó, palmeó su hombro izquierdo, dibujó con sus ojos el perfil enrojecido de aquel muchacho que de nuevo, se negaba a mostrar más debilidad.

—Esa sensación tiene nombre, Shaka.

—No quiero llamarla.

—Mientras no la identifiques como es, ella no te dejará en paz—apretó su hombro, insistió en que lo mirara—, no intentes contener tus mismas aguas, Shaka. No pelees contra ti mismo, ¿cometerás el mismo error?

—No quiero volver a confiar en las promesas. No quiero volver a creer en ellas, ni en los sentimientos, ni en esas emociones. No quiero, no quiero…

—¿No quieres qué?

—Enamorarme…

El anciano se sonrío, mirándolo al tiempo que puso su mano en la cabeza. Una sonrisa que lo golpeó de lleno a la realidad.

—Ya es demasiado tarde, Shaka—los azules le vieron como si clamara una salida, una salida distinta—. Lo noté, desde que empezaste a hablar de él. Ahora, le pregunta es, Shaka, ¿Qué harás con ello?

¿Qué hacer con ello? Eso mismo se preguntaba Saga luego que Marin abandonara la mesa en donde habían cenado. La noche caía sobre Grecia, Athenas brillaba como siembre y en el pequeño restaurant al aire libre, Saga veía fijamente era el reflejo del vaso de vidrio que antes contuvo limonada. Una gota fría resbaló seductoramente entre el vidrio, y fue seguida, con la misma lentitud, por parte del abogado. La capturó con la yema de sus dedos antes de que cayera al mantel rojo y luego la despejó, pasando pronto su mano por el cabello desordenado y lanzando un profundo suspiro ahogado.

“Quería comentarte de algo, pero estaba esperando que pasara un poco más de tiempo de nuestro divorcio”

Las palabras de ella, golpeaban una y otra vez en su cerebro, intentando analizarlas. No lo esperó, ni eso, ni lo que sentía al respecto… mucho menos que lo primero que le haya venido a la mente ante esa propuesta haya sido la imagen de Shaka.

“No estás obligado, ni quiero que te sientas como tal. Sólo… sólo quería tomarte en cuenta porque, te conozco, de mucho tiempo… De la misma manera que te estoy haciendo la propuesta a ti, puedo pedírsela a otros compañeros cercanos a quienes les tenga confianza”

Pagó la cuenta, se levantó del asiento luego que su tarjeta de crédito cargara el monto estipulado. Metió sus manos a los bolsillos de sus jeans, caminando hasta el estacionamiento. De nueva cuenta sacó su celular, intentó realizar la llamada. El teléfono seguía fuera de servicio y ya algo empezaba a alarmarle, algo empezaba a decirle por dentro que una cosa estaba fuera de su lugar.

Sentía que de repente muchas cosas estaban fuera de su lugar.

“Sabes de mi deseo de ser madre, Saga”

Demasiadas cosas, en tan poco tiempo. Demasiado en que pensar y él sólo, sólo en ese momento quería tenerlo frente a él. Quería sentir no las aguas rápidas, si no la calma de un riachuelo suave que corría con lentitud. Quería la paz que vio en Shaka en los primeros días de su trato, quería la sonrisa coqueta, la mirada confiada, el joven de colores que aparecía cada mañana para seguir con los arreglos, el que le preguntaba de sus gustos para analizarlo. Y ese joven aún no le respondía las llamadas.

“Hace unas semanas una compañera fue a una clínica de maternidad, decidió tener un hijo por inseminación artificial. Decía que nunca se sabía si podría encontrar el hombre ideal, y que prefería aprovechar las ventajas tecnológicas de la actualidad…”

Manejando en el auto, se encontró tomando el camino hacia el departamento del decorador. Se detuvo en una de las esquinas, sopesando de nuevo sus opciones, viendo el número de donde lo había llamado y no comprendiendo de donde procedía. Repitió la lectura de los mensajes que habían intercambiado e esas cortas semanas y sintió, dentro de su pecho, unos deseos de correr hacía él y besarlo, volver a saborear sus labios como lo había hecho dentro de la habitación, volver a destrozar las defensas y acorralarlo.

Decidió, apretando el acelerador hasta llegar al edificio. Saludó al vigilante y este no opuso resistencia para dejarlo pasar. Tomó el ascensor, se dirigió al pasillo, estuvo frente a la puerta, tocó.

“Estuve pensando mientras leía la lista de donantes…”

Tocó de nuevo, una, dos, tres veces. Intentó llamar al teléfono, sin resultado. Bufó al ver que todo estaba apagado.

“Y me pregunté, si no te molestaría ser tú el donante…”

Esa fue una manera sutil de pedirle ser el padre.

“Lo pensaré”

Y esa fue, después de treinta minutos comiendo en silencio, su respuesta.

Saga abandonó el edificio, preguntándose por enésima vez en donde estaba Shaka y controlándose a sí mismo lo deseos de buscarlo por otros medios menos convencionales.

El lunes llegó para seguir con la rutina laboral. Saga recibió en su despacho el aviso de su secretaría avisando que el decorador había ido para comunicarle que estaría a las siete de la noche en su despacho dentro de la casa para afinar los detalles. El abogado simplemente sonrío agradeciendo la noticia luego de haber pasado la noche pensando en muchas cosas a la vez. Llamó a su madre al mediodía y se detuvo a leer más sobre la inseminación artificial en una hora libre que encontró. De nuevo leyó los documentos que Shura le había encontrado sobre el padre de Shaka e intentó llamarlo otra vez entrada la tarde, con él mismo resultado. Prefirió no hacerse más conjeturas y esperar ansioso que se hiciera la hora, decidiendo por pedir comida para llevar y acomodarla en el despacho, o quizás en la cocina si ya estaban los arreglos listos tal como la secretaria se lo mencionó por el mensaje dejado.

Por su parte Shaka se dedicó toda la mañana y parte de la tarde ayudando a adelantar la creación de varios pedidos en la carpintería y herrería, demostrando que no había perdido absolutamente nada de la destreza en ambos oficios y riendo ante los comentarios de Dohko que hacían sonrojar a su nieto Shiryu, tan serio como lo recordaba. En los momentos que descansaban y Sunrey llegaba con algunas bebidas, el bebe empezaba a moverse y agitarse para que lo soltaran, señalando el cabello rubio del nuevo visitante. No tardaron mucho en entender que el bebe se había encariñado con Shaka y el decorador lo cargó en algunas oportunidades, debatiéndose con esas manitas que tomaban fuerte un mechón de su cabello como si se tratara de las riendas de un caballo.

No podía negar que estar con el bebe en brazos le reconfortaba, aunque lo único que tenía en mente y trataba de distraer era lo que sentía por Saga y la inminente hora del encuentro con su padre.

Para cuando se iba acercando el atardecer, Shaka se desocupó de sus labores y fue a alistarse tomándose un largo baño y vistiéndose con atuendo formal. Sujetó en su brazo derecho el paraguas en caso de lluvia y cerró los botones del grueso abrigo de gabardina negra que cubría su cuerpo. Amarró su cabello dorado en una media cola y se miró en el espejo, tomando fuerza. Lo próximo que hizo fue afilar la mirada y colocarse sus lentes, para empezar lo que había ido a hacer.

Salió de casa luego de recibir la bendición de Dohko, buscando de inmediato un taxi que lo llevara a la zona residencial, notando que ya era de noche.

Al mismo tiempo, Saga se despidió de la secretaria y avisó a Mu que no comería en el departamento y que le hiciera el favor de ordenarle la maleta que tenía en el vestier, ya que la iría a buscar para empezar a vivir en su casa arreglada. Hizo un pedido en un restaurant de mariscos para llevar y mientras esperaba el tiempo, aprovechó a buscar la maleta en el departamento de su hermano e ir adelantando las cosas. Kanon no se encontraba allí, atendiendo un posible nuevo contrato de construcción. No comentó nada al respecto, siguiendo su camino.

Luego de recoger el pedido y llegar su casa, abrió la puerta de su nuevo hogar emocionado al ver los cambios. Ciertamente habían trabajado muy duro para completar la decoración en tan poco tiempo, no sé había dado cuenta de cuánto habían avanzado y quizás por estar tan atareado con un juicio la semana anterior no había observado los nuevos horarios. Lo cierto es que la decoración era tal cual como la había esperado, la sobriedad que destilaba la sala principal con el piso de granito, los muebles de tela oscura y adornos de hierro forjado, aluminio y espejos. Líneas rectas con algunas espirales era lo que adornaba el estilo del lugar, con una hermosa lámpara de aluminio tipo campana cayendo en el centro de la sala y la apertura que llevaba al comedor, decorado con una alfombra de vino tinto, el comedor de vidrio y base de hierro, de ocho puesto. Todo en perfecto orden.

Sonrío fascinado, buscando en la cocina y encontrando incluso la vajilla seleccionada y perfectamente acomodada, todo listo para ser usado de inmediato. Dejó la comida allí y fe a dejar sus dos maletas con la ropa en su habitación, suspirando profundamente el aire de ella e imaginándose, ya acostado en esa cama durmiendo…

Quizás, y porque no, con él ya en sus brazos.

Se sentía contento, ilusionado como en mucho tiempo jamás se había sentido. Sentía que todo era posible justo en ese instante, donde aprovechó para usar la vajilla y decorar el comedor con los platillos que había escogido, tomando el vino que había comprado y metiéndolo en la nevera donde notó algunas frutas que quizás le dejaron de regalo. Revisó el reloj, observando que aún tenía tiempo de echarse un baño y cambiarse la ropa, pero desistió pensando que quizás estaría como adolescente escogiendo que ponerse. Lo mejor era mostrarse natural, de otra forma Shaka podría ponerse a la defensiva. Mejor hacerle creer que sólo cerraran el negocio y luego de darle el cheque… optar a tratarlo como merecía, ya no como un empleado.

Lo que Saga no se imaginaba era que el taxi de Shaka se estacionó frente a la manzana más costosa de Londres, dejando a su cliente en la puerta de las enormes edificaciones. Shaka decidió quedarse en la gaceta de vigilancia, hablando un momento con los que supervisaban el lugar y diciéndole que esperaba a alguien. Vio de nuevo la hora y notó que pronto serian las nueve de la noche con lo cual sería el momento exacto del encuentro. El cielo estaba oscurecido, sin una sola estrella, sólo espesas nubes y algunos relámpagos que brillaban a lo lejos. Los vigilantes le pasaron un poco de chocolate caliente para amenizar el frio que corría debido a la brisa nocturna, y el rubio aceptó, agradeciendo con una discreta sonrisa

Saga por su parte revisó en su reloj y vio cinco minutos para las siete, apurándose para terminar de acomodar los platos en el comedor y servir lo que había pedido. Sacó la botella de vino, un tazón con hielo y una de las manzanas del refrigerador para dar algo más de volumen a la improvisada cena. Estaba seguro que las cosas debían cambiar, esa llamada y esas palabras así lo dijeron. Ese “debo terminar algo” era lo que finalizaría apenas le diera el cheque con el monto del trabajo y dejaran de ser cliente y servidor.

Cuando escuchó el timbre, sintió el palpitar certero en su pecho. En cuanto vio el reloj notando que eran exactamente las siete de la noche, sonrió, denotando de nuevo su puntualidad. Se acomodó un poco la camisa y agradeció haber dejado la chaqueta junto a la corbata en su habitación para no verse demasiado formal. Caminó hacía el pasillo cuando advirtió que era por la puerta del despacho que le estaban llamando. Abrió la puerta y lo que encontró frente a él no fue la cabellera rubia, sino los bucles graciosos del decorador de exterior.

—¿Aphrodite?

—Lamento no ser quien esperabas—fue la respuesta.

Prácticamente se abrió espacio luego de sacudir su cabello, sin importar lo aturdido del rostro del abogado, quien no había tomado la posibilidad de que Shaka no fuera solo sino con el otro decorador. El mayor sacudió la cabeza antes de asomarse de nuevo, buscando con su vista al hombre a quien realmente estaba esperando. No lo consiguió.

—¿Dónde está Shaka?—preguntó de inmediato, con un presentimiento que empezó a acorralarlo en ese segundo. El sueco volteó con el rostro inerte.

—Shaka no vendrá—el golpe, certero—, me dejó encargado para cerrar el negocio—ya Saga no oía—. Me dejó la factura de los gastos, y el Inventario de todo lo que se usó para la decoración tanto dentro como fuera de la casa.

No, Saga no oía… sólo sentía su latir, crudo, duro, potente golpeando incesantemente su pecho, trastabillando sus pensamientos uno sobre otro ante la sola idea de que Shaka no estaría esa noche con él.

¿Por qué? ¿Qué sucedió? ¿Y esa llamada? ¿Qué significó? No lo encontró en el apartamento, su teléfono ha estado fuera de servicio durante esos días… conforme iba viendo las evidencias una a una se sintió arrojado al vacío, sin paracaídas, cayendo en cámara lenta mientras el estomago se cerraba en un nudo.

Aphodite volteó al notar que no le seguían, vio los ojos observarlo con preguntas y afiló su propia mirada, tratando de mantenerse ecuánime a la faz del abogado: al verlo visiblemente destrozado.

—Señor Leda, Shaka me dejó encargado todo para que cerremos el negocio. Ya tenemos aquí el monto…

—¿Dónde está?—pregunta dicha cerrando la puerta. Esmeraldas brillando entre el dolor, la decepción…

Y ira…

—Dije que no vend…

—Hice el negocio con Shaka Espica. ¡Cerraré el negoció con él!—alzó la voz, gruesa, turbia. Ahogada—. No daré ningún cheque si no viene él.

—Pues estamos en un verdadero problema porque tengo una autorización de su parte para recibir el cheque—asestó el sueco sin ánimos de verse atemorizado. Con la misma frialdad abrió la puerta que llevaba a la sala, dándole la espalda y siguiendo hablando como si todo lo que ocurriese estuviese dentro de lo normal—. Espero que no tenga ningún tipo de queja sobre el trabajo. Terminamos los arreglos el sábado, y si hay alguna cosa que desee arreglar yo me encargaré de ello.

Y Saga se acercaba, en paso lento, agitado, controlando… controlando la ira que amenazaba con golpear con todo.

—Señor Radamanthys, alguien está en la carretera.

Esa había sido la voz del chofer a cargo de la familia Wimbert. Radamanthys subió su mirada, sin soltar el teléfono con el cual sostenía una llamada. La espesa oscuridad sólo era cortada por los dos faros del vehículo que se había detenido y lo llevaba a su hogar, además de permitirle ver las puertas de hierro de la urbanización y la gabardina negra que danzaba por el viento frio de la noche. Afiló su mirada, constatando a uno de los vigilantes que se le acercó a la persona para sacarla del camino, y viendo como el hombre frente a ellos simplemente extendió la mano y se quitó la capucha del traje que ocultaba… cabellos dorados.

Shaka había pensado que esa era la única forma de obligar a su padre a hablar, deteniéndolo antes del camino a casa. Dejarlo sin otra salida más que la de escucharle.

Los dorados ojos del mayor se abrieron ante la sorpresa no sólo del cabello dorado, sino de aquellas fijas pupilas zafiros que reconocería en cualquier lugar. Cada línea de su rostro, cada rasgo de esa cara… la imagen de su único hijo.

—Señor… es el joven Shaka.

Confirmó el chofer, lo que ya el padre había reconocido…

—Me interesa muy poco el poder que te haya dado Shaka—las palabras de Saga, a casi cuatro horas de vuelo, a cientos de kilómetros del lugar. Aprhodite volteó luego de haber observado la cena acomodada en el comedor y comprender, el alcance de las cosas—, no cerraré el negocio sino está él.

Y ciertamente, Saga ya empezaba a perder la paciencia, sintiéndose un imbécil, burlado, engañado, decepcionado y con los deseos en la piel de ir a buscar a Shaka a donde fuese que estuviera y darle no uno sino dos golpes en su inmaculado rostro. ¿Qué significaba todo eso? ¿Cómo que sería Aphrodite el encargado? Y además, sin avisarle, sin llamarle… contestando de esa forma ambigua a su llamada, sin enfrentarle… sin…

—Señor Leda, Shaka no está en Grecia.

Los pensamientos de Saga se dispersaron, de un sólo golpe.

—Shaka salió de Grecia el sábado.

Y la ira, acumulándose… junto a la más pura desesperación.

—Decidió seguir su carrera en Italia.

“Si lo haces de nuevo, huiré de Grecia. Si vuelves a hacerlo, esta será la última noche en que me veas, Saga Leda.”

La amenaza de Shaka… la había cumplido.

Una fisura en el lecho marino. El colapso de dos placas tectónicas… sus ilusiones estúpidas con la que había esperado ese momento, lo que se había formado en esas semanas, la esperanza y la certeza de que Shaka le correspondiera… chocando, contra la realidad.

“Te lo he dicho… dame las evidencias o tendré que ir a desenterrarlas ¡así sea en Inglaterra!”

Y su propia amenaza… ¿la cumpliría?

Su sentimiento golpeándose contra el orgullo.

Un terremoto.

4 thoughts on “Un poco de Color y Vida (Cap 24)

  1. Esta esperando al fin el encuentro de shaka con su padre…. me gustaria que fuese un buen encuentro como parece que va ser pero quizar se puedan hechar en cara viejos rencores… o puede que no quien sabe jejejeje.
    La reacción de Saga….. puuuuf a saber que le pasa por esa cabecita, capaz es de buscarlo hasta en Londres XD y eso de ser padre…. puede que le provoque confrontaciones con Shaka…. porque al final a lo mejor quiere ser el padre de ese niño y se acercará mucho a su ex….lo que puede provocar que vuelvan a resurgir antiguos sentimientos (seguramente por parte de ella)
    En serio espero el proximo capi, asi que no te me tardes XD jajajajaja

    1. earendyll, gracias por comentar ^^ Pues si, ya se venía el encuentro y Saga es capaz de lo que sea, es un gemelo bastante caprichoso cuando quiere y si le dan suficientes señales se lanza a la bahia. Ahora lo de la sposibilidad de ser padre será algo que +él deberá decidir, precisamente por esa posible cercanía además del enorme lazo que estará forjando. Espeor que te haya gustado lo que siguió después de este capitulo, gracias por comentar ^^

  2. Terremotoooooooo!! Ains, que la cosa está que arde!! Me muerdo las uñas de la impacienciaaaaaaa!! De verdad, que este fic está cada vez más interesante ^^

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