La despedida de mi Novio

Saga se ha enterado de la despedida de soltero que los amigos de Shaka le han preparado a su amado prometido la noche antes de la boda pero no piensa quedarse de brazos cruzados.

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Temas: Yaoi, lemon, comedia, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Asmita, Kardia
Resumen: Saga se ha enterado de la despedida de soltero que los amigos de Shaka le han preparado a su amado prometido la noche antes de la boda pero no piensa quedarse de brazos cruzados.
Dedicatoria:En especial a Akito Virgus, quien fue la que me dio la idea de este loco fic y bueno, me lo pidió por el empate del juego de futbol entre Mexico y Venezuela donde hicimos una pequeña apuesta ^^ Te lo prometí, es tuyo preciosa, no quiero que girasol este triste asi que hay humor y lemon =P

Obviamente a todos los miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo

Comentarios adicionales: La idea vino de Akito xDDDD

La despedida de mi novio

No… no le convencía en lo más mínimo los planes de Mu, Afrodita y Kardia cuando se enteró gracias a una sustancial dosis de chocolate que le dio al pequeño primo del tibetano. Pues vamos, no era suficiente saber que no gozaría de su despedida de solteros como la normas mandan, sino que además su queridísimo prometido si la tendría, en un bar de Striper y auspiciados por todos los que dicen ser sus amigos…

Para amigos como esos…

Ya Saga simplemente no pensaba quedarse de brazos cruzados, claro que no. Las cosas no se la pondrían tan fácil. Imaginar a Shaka en medio de esos portentos que no escatimarían movimiento alguno para hacerle saber lo que pueden hacer en la cama no le agradaba en lo más mínimo. ¿Y si en la noche de boda en vez de verlo a él ve a uno de aquellos? Era su hombría la que estaba en juego. Y lamentaba admitirlo, pero por muy serio y reservado que creyeran que era Saga Géminis, eso no significaba bajo ninguna circunstancia que le verían la cara de idiota.

¡Ja! ¡Si él mismo con métodos pocos ortodoxos le había tumbado la gerencia a Shion Aries! Antes de que creyeran pudieran engañarlos ya él había creado el plan B, C y hasta la Z para voltearles aquellos planes.

Y por esa razón estaba en el lugar donde planeaban hacer el delito, luego de organizar todo en su oficina para salir temprano y cubrirse estratégicamente con una gabardina negra que le llegaba hasta los tobillos, atando su oscuro cabello hacía atrás para no llamar tanto la atención. No fue difícil comprar el permiso a los vigilantes del patio trasero para que le dejaran entrar, ni mucho menos encontrar el camino hacía los camerinos donde estaban todos los modelos esperando por su momento de salida. Conocía el lugar, cuando estaba más joven —¡ja!— solía ir con su hermano Kanon y gozar un poco de la vista, después de haber declarado públicamente que pateaban para ese lado. Claro, jamás imaginaron en esos años mozos que el matrimonio Gay sería una realidad y que en ese día, diez años después de aquellas escapadas nocturnas, estaría a un día de casarse con el ser más maravilloso del planeta.

¡A quien habían llevado a un lugar así para montarle los cuernos!

No, no, no. Definitivamente no lo iba a permitir. Meneando su rostro con el ceño severamente fruncido, el gerente de ventas de una importante importadora veía a su pareja sentada con los brazos cruzados y visiblemente enojado ante los demás hijos de su grandísima madre que querían incitarlo a pecar. Veía la expresión desinteresada de Shaka mientras terminaba de acariciar sus sienes, de seguro cansado por el trabajo, mientras que Afrodita señalaba sin miramientos a los primeros modelos que entraban al escenario y empezaban a menearse entre los tubos de acero. La poca iluminación sólo empleada para enfocar ciertas partes del cuerpo, más el humo del tabaco y la música estridente provocaba un escenario más que adecuado para evitar que los rostros de aquellos se vieran identificados.

Su mente, como siempre, fue más rápida que el rayo. Apenas vio a algunos con antifaces y máscaras no dudo ni un segundo en meterse en la fiesta. Claro, antes de eso tenía que medir bien el terreno, así que sigilosamente se ocultó en la barra y tenía la vista fuertemente dirigida hacía donde su pareja, viendo que hacía, vigilando cada paso. Observó con los nervios crispados cuando un italiano vestido de policía empezó a quitarse el chaleco negro antibalas, pasándole por el frente los pectorales abrillantados a punta de aceite y sudor, mientras que Afrodita silbaba divertido y le pasaba una copa con liquido de dudosa procedencia. Y cuando vio a Asmita creyó que podía respirar tranquilo, ya que el tío de su amado era conocido por ser alguien muy sabio y de buenos modales, pero casi la mandíbula se clava al piso cuando se acercó un inglés de cabello rubio vestido de bombero, quien sin reparo le permitió que los dedos blancos acariciaran toda la musculatura. ¡Oh por los dioses! ¡Pero es que le habían visto la cara de imbécil! Y hasta Shaka boquiabierta veía el escenario de cómo el rubio malicioso sonreía con esa mueca de “tengo todo el control” mientras subía sus manos por el grueso cuello del modelo. Estaba a punto de parpadear cuando la escandalosa risa de Kardia irrumpió el escenario, al ver que Defteros entraba en escena y escuchó diciendo un exagerado: “¡Es que Asmita no veía si eras tú quien se había acercado!” ¡Oh por los dioses! No se podía ser tan tarado, pero al menos el inglés supo irse antes que Defteros recordara la gloria espartana y le diera por destrozar al infame que se había atrevido a tocar a su rubio. Además que las manos diestras de Asmita lo habían calmado casi instantáneamente cuando tomó su torso sobre la camisa negra y le envió una sonrisa llena de lujuria.

¡Maldito controlador! Pero él no se dejaría de Shaka, ¡claro que no!

Seguía observando todo con calculada premonición, pendiente de cada detalle que le diera indicios de cómo actuar. Para evitar salir en las primeras a raptar a Shaka de ese lugar se tomaba dos vasos de Whiskies y pedía que le sirvieran otro más. ¿Cómo hacer si ahora eran dos griegos castaños quienes tenían a su pareja prácticamente pegada al espaldar mientras movían sin decoro algunos los grandísimos traseros? Allí iba otro trago de licor amarillento que quemaba su garganta y enrojecía sus ojos de la misma ira acumulada y deseos sí, porque lo estaba viendo desde allí, el rostro de Shaka controlando una excitación.

Claro, lo conocía muy bien, tan bien que ya hasta podía oler el aroma varonil de su cuerpo encendiéndose en lentas llamas. Veía aún en la oscuridad claramente el desliz de su nariz lanzando gruesas exhalaciones y tomando aire con dificultad, el aleteo de sus fosas nasales, y el estrujar ligero de su tilak en medio de su frente. Detectar con capacidad casi endemoniada el brillo de esas pupilas celestes que buscaban estar en otro punto, mientras ahora el menor de los leones se embestía en el aire casi rozando la tela de su diminuto tarzan en la mejilla. Lo estudiaba, y sentía que la cordura se le fue al trasto cuando notó la forma en que cerraba sus piernas con tensión. Oh sí, ya podía incluso imaginarlo, figurarse su miembro blanquecino, su pene semi erecto clamando por atención, por algo que terminara de encender sus ánimos y llevarlo a la locura animal que sólo él era capaz de hacerle llegar.

La lujuria pareció haber ganado partida y el alcohol ser un buen aliciente.

Para cuando se dio cuenta ya estaba tras los camerinos quitándose la costosa chaqueta y la corbata. Los modelos lo vieron intrigados, más no mostraron resistencia alguna suponiendo que sería otro nuevo bailarín que venía a empezar a trabajar, dado los últimos agregados en la planilla. Entró a uno de los camerinos y casi se desnudó frente a aquellos que sin reparo alguno se habían saboreado el espectáculo. Vio frente a él el traje que le pareció adecuado, conociendo en Shaka su gran gusto por la historia griega y sobretodo el código espartano, razón por la cual la película 300 terminó con un poderoso orgasmo por parte del rubio pidiéndole: “Que le atravesara con todo”. Con esa idea en mente empezaría a buscar también su despedida de soltero.

Entretanto ya Shaka estaba verdaderamente sofocado. No sabía qué diablos le ocurría a su cuerpo pero ya hasta deseos caníbales asaltaban su mente normalmente calibrada, pensando en lo delicioso que sería clavar sus colmillos en ese muslo bronceado que aquel griego le mostraba sin recato. Relamió sus labios, ya a punto de tener un orgasmo con sólo ver y pasando alterado sus manos por la cabeza buscando una forma de refrescar el ambiente. Intentó mirar a su tío y conseguir algún consuelo, pero no, eso no había sido posible. El muy maldito estaba en su propio show y no era precisamente que Defteros le estuviera bailando —cosa que sabía sería casi imposible en público— sino porque el desalmado estaba en cuclillas frente a él, acariciando sin pudor las gruesas piernas para luego ascender por el trabajado abdomen tras la camisa. Afrodita y Kardia vitoreaban el asunto, y Shaka sintió que si no hacía un trabajo rápido con su entrepierna iba a colapsar. ¡Oh dioses! Y es que justamente eso que hacía su tío era lo que le provocaba hacer, pasar sus manos por gruesos muslos y saborear con su boca la gruesa virilidad, lamerla, comerla hasta saciarse y hartarse. Sus manos insistente se encontraban inquietas, porque si bien no quería fallarle a su prometido tocando aquellas piernas que se le ofrecía, si se le antojaba estar en un lugar cerrado, acariciarse a sí mismo hasta descargarse en un maravilloso trabajo individual.

Pero eso tampoco era posible.

Las cosas pasaron sus límites permitidos al menos para el rubio cuando vio la forma en que su tío Asmita se abalanzó colgándose del cuello y el moreno apretó con verdadera hambre los glúteos de su acompañante. Afrodita y Kardia lanzaron silbidos y palmearon emocionados al ver aquel ósculo maldito donde sus lenguas no encontraban principio y fin y ya las manos tomaban vida propia. Claro, como su tío no veía, de seguro creían que los demás eran ciegos a semejante espectáculo.

Shaka empezó a removerse incomodo en el asiento, en el justo momento que reclamando la atención de su cliente el menor de los leones se acercó felinamente a su cuello y mordió descaradamente. El joven sintió que en un instante las luces parpadearon en todo el lugar y aquella lucecita de emergencia pareció dejarle de importar cuando la sangre demandaba. Cerró sus ojos, aún queriendo buscar alguna puerta de escape, pero ya sus manos sin misericordia y más ansiosas tantearon tímidamente y temblando el muslo derecho que le habían entregado. La excitación lo desbordaba, y del roce ligero pasó a un fuerte apretón que provocó un ronroneo sensual en los labios del griego con ojos de esmeraldas.

El griego creyó ya haber capturado la  presa cuando los sonidos y aplausos de los otros dos acompañantes desviaron de nuevo su atención. Al voltear vio a uno vestido con traje de espartano y un extraña mascara de tela que cubría desde su nariz todo el rostro, incluso su cabello, hasta amarrarlo tras su espalda, dos iris verdes con tonalidades rojizas lo miraron y los labios gruesos se deslizaron hacía la comisura izquierda, en una maligna sonrisa que denotaba su supremacía

Claro, reconocía que el sólo traje había dado resultado. Shaka boquiabierta lo miraba con los ojos tatuado con un: “quiero comerte” que era evidente a kilómetros y aderezado por la respiración que se le había acelerado compulsivamente. Kardia y Dita notaron de inmediato que ese era lo que haría olvidar a Shaka su promesa de fidelidad —junto al buen afrodisiaco que le dieron en el Martini— por lo que sin mediar alejaron a los castaños y prácticamente empujaron al nuevo frente al cliente.

—Es su despedida de soltero—le comentó el sueco con una sonrisa perversa—y cómo ves, ya está más que preparado para disfrutarla.

¡Oh, como le provocaba arrancarle el pescuezo de una sola mordida!

—¡Has lo tuyo, guerrero!—exclamó Kardia haciendo sentar de nuevo a un Shaka que ya superado por el éxtasis iba a salir literalmente corriendo por su vida—. Y tú, ¡sólo disfrútalo!

—Esto es ridículo, ya me cansé—y de nuevo era sentado en esa sillita que ya no sólo olía a sudor sino a sexo encerrado tras esos pantalones de mezclilla.

—Nada de eso, disfrútalo, mira, aquí tienes tu guerrero de 300—y Shaka cerraba a los ojos, porque si veía un poco más de esos abdominales que se le parecían tanto a los que adoraba le ganaría la concupiscencia.

La actitud del rubio realmente lo había excitado, incluso más que cuando lo imaginaba mientras se cambiaba alejando a los modelos de su cuerpo. Había notado aquella maldita mordida, pero no hizo nada cuando notó que esos ojos buscando clavarse en otro punto lo miraron y desearon en ese segundo. Luego arreglaría eso, pero definitivamente había quedado claro que él y sólo él era capaz de hacerle olvidar a Shaka cualquier norma o regla.

No tuvo problema —y el alcohol ayudaba mucho— en empezar a moverse como recordaba que lo hacía de joven en aquellas fiestas donde terminaba siendo el centro de atracciones. De por si el alcohol lo desinhibía a niveles insospechados y por eso evitaba por todos los medios tomar demasiado. Sin embargo en ese momento lo agradecía, porque en cuando sus caderas empezaron a moverse alzando sus brazos sobre la cabeza y marcando los músculos de su abdomen, con la capa roja bailoteando a su ritmo: literalmente Shaka había quedado hecho piedra y el aroma corporal se incrementó casi de inmediato.

La música resonaba, el cuerpo se movía. Los verdes saboreaba los labios delgados entre abiertos y víctima del estupor y la admiración. Sonrió lascivamente cuando los azules le miraron, degustó con lujuria las intenciones marcadas en ellos y cuando las manos blancas empezaron a recorrer su pecho sintió la gloria misma antes de la caída a los avernos. El fuego empezó a calcinarlos a ambos, al punto que ninguno de los dos estaba pendiente de aquellos que los observaba. Abriendo sus piernas y apoyándose en el respaldar de asiento del menor el griego se meneó sobre el cuerpo de quien era su cliente y pareja. Shaka sólo lanzó un hondo suspiro mientras ya apretaba sin mayor vergüenza los pectorales, abriendo sus irises azules para gravarse el recorrido de aquella gota de sudor que resbalaba por el cuello e iba cayendo tortuosamente lento por los músculos de ese cuerpo. No lo pensó, ni el otro dio tiempo para reaccionar, la lengua del hindú tragó con fascinación aquella gota antes admiraba y el cuerpo del mayor se arqueó en una ola de placer jamás sentido.

Lo disfrutaría, sí, con todo.

Esa sería su despedida de soltero.

Antes de que pudieran tan siquiera meditarlo ya los gruesos se tomaban de los delgados, labio a labio se devoraban mutuamente y sólo el éxtasis era el final de sus objetivos. La lengua del menor irrumpió con presteza en la boca del heleno mientras este asió la cintura delgada en uno de sus brazos para atraerlo con todo sobre su cuerpo. De pie ya el cliente devoraba a quien había escogido. Sus labios no tuvieron menor recato para hacerle saber que era lo que le exigía, ni el escogido había presentado mayor resistencia a ello. Las lenguas combatieron, se rindieron, y resistieron en espacios de tiempos mientras hallaban aire y se comían, una al otro ya totalmente desbordados por la misma locura.

—Saga…—gimió el rubio al echar su cabeza hacia atrás, ya sin soportarlo. La poderosa erección ya se pronunciaba sobre sus telas y se restregaba sobre el muslo de quien lo tenía sumido en un delirio de placeres.

Y Saga al escucharlo, se sintió literalmente en la gloria al pensar que le sería infiel consigo mismo en una morbosa fascinación incluso voyerista.

—¿Ese es el nombre de tu marido?—preguntó con voz tan ronca y pastosa que fue imposible que el joven al reconociera así se la susurrara en el oído. El rubio asintió, anclando falanges blancos sobre la tela negra que ocultaba su cabellera y apretándolos con verdadero frenesí—. Hmmm… llámame con ese nombre—clavó sus dientes en el terso cuello blanco, lo escuchó gemir con abandono—. Llámame así…—recorrió lentamente su cuello con la lengua, dando trazos ondulados y húmedos hasta que la punta caliente halló espacio en la curvatura de su hélix. Atrapó el cartílago con sus labios y trazó dentro de su boca aquella línea que le envió millares de señales al cerebro. Soltó, sopló—. ¿Cómo me llamo?

—Saga…

Y el fuego se había encendido.

No hubo tiempo de avisarle a nadie cuando ya el modelo se llevaba a su cliente. Nadie tampoco preguntó nada cuando los vieron entrar en una de las pequeñas habitaciones a oscuras. Para cuando se dio cuenta ya Saga estaba tirado en el colchón con un Shaka totalmente rebasado comiéndolo a besos. Lamió toda su boca y delineó cada línea de su mandíbula mientras se restregaba ansioso, llamando ese nombre como si fuese un mantra. Bebidos, borrachos un tanto, en otro encendidos, ambos empezaron a tocarse con caricias profanas y adorarse con blasfemas danzas entre sus lenguas, mientras la manos blanca se internaba en la pequeña tela que cubría la intimidad del espartano y Saga rugió embebido del éxtasis de eso dedos calientes llamándolo.

La camisa quedó replegada a una esquina y los pantalones de mezclillas fueron lanzados lejos de la vista. Ambos cuerpos se entregaron a besos y mordidas con el aliento a alcohol y el sudor en la piel que emanaba junto al olor viril de dos cuerpos friccionándose y cocinándose a punta de sexo. Ambos ya desnudos y sin poderse ver en la oscuridad siguieron tomándose, marcándose, con gemidos ahogados y el clamor persistente de un sólo nombre: Saga. De esa forma las manos crearon un tempo acelerado y sin un paso aparente, rasguñando las esmeraldas y pechos, mientras los dientes marcaban, la lengua tatuaba, las gargantas gemían. Victimas de su propio deseo se convirtieron en protagonista de su propia mentira, mientras el mayor ordenaba con voz ronca y el menor obedecía totalmente ausente por el placer.

Las piernas blancas como un abanico se abrieron presa a atenderle y casi enloquecido fue preparado con apenas cautela. Hubo dolor, pero mayor era el goce y la pérdida de sus propios sentidos que hasta ese pulso del maltrato fue más bien una corriente erógena que terminó por desbocarlo al vacio. Las caderas blancas se mecían con ímpetu penetrándose a sí mismo a esos tres dedos que humectados abrían su espacio, sin mucha tensión, evidenciando que no había pasado mucho de su última relación. Saga relamía sus labios ansiosos y Shaka pronunciaba aquel nombre como una oración; internándose así la gruesa virilidad de la pareja que celosa lo había seguido y terminó convirtiéndose en el objeto de pasión de su compañero.

Tanto fue la excitación que sin mayor preámbulo los embates del griego empezaron a convulsionar el cuerpo hindú. Afanado Shaka se tomó de las barandas de hierro de la escueta cama que gemía al ritmo de sus propios jadeos y la respiración entre cortada. Abría su boca casi como si fuese la única forma de tomar aire para sus pulmones, mientras la excitación se incrementaba en su cuerpo como un cáliz ardiente despertando cada poro, cada neurona, cada célula dentro de su cuerpo y llevándolo a las aguas rápidas del placer desmedido. Esa forma de tomarlo, fuerte, voraz, salvaje; aquella bestial manera en que estrujaban sus caderas y le empujaba para empalarse por completo a esa carne, a esa columna de fuego que palpitaba y hacía eco en su interior; todo él le sabía a un sólo nombre que pronunciaba ya sin aire, en alaridos mudos, en entregas sempiternas mientras las barandas de hierro convulsionaban debido a la fuerza de las estocadas y el movimiento rítmico de ambos cuerpos.

Si, el colchón deliró en cada resorte que era apresado y liberado según el tempo de sus movimientos lo ameritaba, y gruñeron cuando los brazos de acero tomaron el cuerpo de mármol para cambiar la posición y sentarlo sobre él. Shaka se asió de ese cuerpo con sus piernas y dejó que todo su ano se abriera para recibir la fuerte hombría que clamaba por más carne. Gimieron ambos al unísono mientras la marcha ahora vertical se incrementaba en portentosas caídas libre, una agitación tal que los tenía totalmente trastornados a saltos de un cuerpo sobre el otro, buscando estocarse más, lastimarse más, probar más de aquella poderosa erección que rozaba sin misericordia su próstata y le enviaba desvaríos internos por debajo de la piel. La espalda blanca se arqueó, los dedos griegos apretaron, unos la columna de carne excitada que ya humedecida por los primeros vestigios de semen se dejó masturbar, palpando en ellos cada vena del turgente sexo y el calor de la sangre acumulada. La otra mano subió y bajó tratando de sostener algo de su espalda, en algún momento los omoplatos, en otro la zona lumbar, sus glúteos, la nuca, lo que apenas le permitía su mente mover en medio del furor del coito.

Cuando supieron que llegó el momento ambos se abrazaron con fuerza y pautaron las últimas maniobras. Los acentuados golpes de cadera de Saga sobre los glúteos del hindú y el constante choque de sus testículos contra la suave piel era el indicio de que ya estaban en un punto sin retorno, donde sólo había pasión animal, la más pura. De improvisto la espalda del rubio se arqueó junto a ronroneo sensual exhalando su nombre y disparos caliente de semen golpearon contra el abdomen sudado del griego quien lo poseía. Este ya superado, eyaculó con tanta fuerza y presión que el calor de su esencia creó espasmos de placer en el menor, cayendo así los dos uno sobre el otro agotados y deleitados.

No hubo más, el sueño los alcanzó antes de que tan siquiera pudieran verse la cara.

—¿Pero no nos vas a decir al menos el tamaño?—reclamaba Afrodita ya fastidiado en el mueble.

El día había llegado, Shaka llegó a su apartamento y empezó a alistarse para la ceremonia de la noche, aunque tenía una jaqueca por la resaca del día anterior más el terrible cargo de consciencia de haber estado con otra persona y no con el hombre que amaba. No lo quería ver, a ninguno, ni siquiera en pintura. Kardia simplemente se perdió lavándose las manos y Asmita muy cínicamente le dijo un: “yo no te metí en la cama con aquel”. ¡Oh como lo detestaba! Claro, aquel sí estuvo jugando con su hombre mientras que estaba siéndole infiel a Saga, algo que no terminaba por perdonarse.

Había sido humillante, vergonzoso y totalmente inesperado despertar en aquella mala cama con el olor a sexo impregnado en las sábanas baratas, y solo, con el antifaz negro que debió haberle cubierto el rostro. ¡Dioses! Si no fuera porque juraba que el parecido con Saga era casi un pecado, en ese momento estaría frente a Saga confesándole todos sus pecados. ¡Pero le gimió a Saga! Al menos eso le aliviaba un poco esa espinita de “hiciste algo muy malo”.

—¡Cállate y vete, no quiero verte ni a ti, ni a Kardia, y mucho menos a mi tío!

—¡Ay, qué horror!—dramatizó el sueco con una mueca—. Vamos Shaka, lo disfrutaste ¿sí? No eres ni el primero ni el último que le es infiel a su esposo en la noche antes de la boda.

Y mierda, mierda, ¡mierda!

Para cuando Afrodita cerró la puerta el jarrón más cercano se estalló sin miramiento en la madera y cayó al suelo llenándolo de rosas rojas y el agua con que las mantenía con vida. Shaka tenía era un taladro en la mente, diciéndole una y otra vez que había sido infiel y que por mucho que quiso e intentó serenarse y controlarse no pudo hacerlo.

Cuando sintió el toque de la puerta dio un grito alertando que todo ser vivo que quería mantener su cabeza sobre el cuello no se le acercase. La puerta aún así abrió y los ojos azules voltearon dispuesto a degollar a quien hubiera ignorado su amenaza, pero no espero que fuera su propia pareja quien fuera a verlo, enfundado en un elegante traje de verde musgo, con una hermosa corbata de seda y una camisa de tono beige. El cabello atado tras su espalda y algunos mechones cayendo por su frente terminaba de darle un aspecto elegante pese a la expresión de las cejas totalmente fruncidas y las ligeras arrugas en su frente. Shaka también arrugó su ceño, pero más de pesar, ya que desde que le había dicho que trabajaría hasta tarde no lo había visto y la culpa empezaba a incomodarlo seriamente.

—Me dijeron que estabas de mal humor—fue la pausada voz de su pareja, rascándose un poco la ceja derecha y luego acariciando su frente—. No es que yo esté del mejor humor pero… tengo dolor de cabeza.

—Yo también…—se apresuró a justificar el rubio sin mirarlo. El traje de color champagne ya envestía su figura y estaba terminando de empuñar los dorados botones en su mueca.

Las esmeraldas lo miraron fijamente, recordando lo que había ocurrido, el cómo al despertar no supo si quedarse para que Shaka viera con quien realmente se había acostado o irse. Terminó decidiendo la segunda opción, simplemente porque le apetecía ver hasta qué punto la idea de haberle sido infiel le afectaría.

—Es incomodo ver que te vas a casar con esa expresión—recriminó, mirándolo seriamente. Shaka sólo desvió la mirada antes de acomodar el cuello de su chaqueta—. Afrodita y Kardia no dejan de hablar de la exitosa noche que pasaste ayer.

Shaka sintió, literalmente, que le había caído un yunque en la cabeza. Tembló un tanto, desvarió con su mirada por largos segundos antes de resoplar intranquilo y soltar su cabellera dorada de la cola que la mantenía atada. Buscó el peine con nerviosismo, tratando al mismo tiempo de hallar palabras.

—Saga…

—Yo también la pasé muy bien—de inmediato agregó, con la mirada al techo—. Los compañeros de la oficina me asombraron con una fiesta dentro del piso, fue algo extraño, pero divertido—el rubio ahora si lo miraba, confundido—. Creo que bebí tanto que hasta me acosté con uno de los estríper, ni siquiera me fije con cual.

Y ahora Shaka lo miraba boquiabierta por la tan tranquila explicación de los hechos. ¿Él se estaba sintiendo un miserable por lo que había pasado y Saga le contaba lo mismo como si estuviera hablándole de los resultados de la lotería?

—Te acostaste con…—tartamudeó aún sorprendido y el gemelo lo miró con picardía.

—Sí, aunque recuerdo que me la pase llamándote a ti mientras lo penetraba—los azules lo veían, incrédulos.

Saga no necesitaba extender más el asunto, tenía lo que quería. Sabía que en otras condiciones jamás Shaka hubiera aceptado estar con otro sino con él.

—Ven—le extendió la mano y el hindú la tomó dejándose llevar a su regazo. Hubo un beso, un dulce beso en los labios que terminó de tranquilizar al menor, de relajarlo. Las manos sin mucha prisa se anclaron en el desliz hacia los glúteos del otro y se saborearon las lenguas con pausa deliberada, reconociéndose, entregándose—. ¿La pasaste bien?—le susurró entre besos.

¡Oh, que beatifica alma era Saga cuando sabía que todo era un montaje de su maravilloso ingenio!

—Mi cabeza estaba tan llena de ti que fue como si hubiera estado contigo—le confesó el rubio, mirándolo enamorado—. Te amo Saga…

—Y yo a ti… soy capaz de todo para que sólo seas mío—abrazó sonrió con malicia al propio reflejo en el espejo—. De… todo…

Al final, quedaría siendo un secreto para él, pues de todas maneras le convenía tener algo con que señalar a la intachable conducta de su hermoso esposo.

—Ahora, esposo infiel, vamos al altar—dijo con un tono jocoso y Shaka arrugó la nariz, gesto que ya conocía era el indicio de una rabieta infantil.

—¡Eres un cínico!

—Jaja, claro, claro amor.

Lo llevo consigo hasta la mesa donde se firmaría las nupcias, sonrío orgulloso ante las caras de Kardia y Afrodita que creían verle cuernos donde no había. Claro, seguiría desarmando planes, cuantos fueran necesarios, con tal de asegurarse que Shaka sería su única y más preciada posesión, hasta que la muerte los separe.

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