Tunel Ciego (Cap 10)

Lo que tanto intentaron ocultar no pudo permanecer oculto por más tiempo. Ahora que Kanon ha descubierto la traicción, ¿de qué forma afectara esto la relación de Shaka y Saga? ¿Cómo los llevó a la separación?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, angst, Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Asmita, Kanon, Mu, Degel, Kardia, Shura, Dohko, Radamanthys
Resumen: Saga como pediatra, Shaka como oftamologo y Mu como ginecologo se verán envuelto en una serie de situaciones prohibidas que los hará sentir sentimientos que no podrán controlar y tomar decisiones que no querrán repetir cuando se vean inmerso entre traicciones y amistad. ¿Qué es lo que siente Shaka por Saga luego de seis años? ¿Qué es lo que le quedó a Saga? ¿De que forma los sentimientos pueden destrozar las vidas?

Lo que tanto intentaron ocultar no pudo permanecer oculto por más tiempo. Ahora que Kanon ha descubierto la traicción, ¿de qué forma afectara esto la relación de Shaka y Saga? ¿Cómo los llevó a la separación?

Capitulo 10: Infarto

Lo que ocurrió en la noche no me permitió dormir mucho. Tuve que tomarme unas pastillas para tranquilizarme, mi hermano me tiene controlada la dosis. Sólo me deja las justas que necesito para tomar, luego que una noche me consiguió antes de tomarme medio frasco de ella cuando estuve desesperado deseando morir. Dohko me ha ayudado a controlar mis depresiones, me dice que debo intentar conseguirle un camino a esto. Quisiera encontrar algo que pudiera hacer con esta dependencia…

Escucho la puerta de mi habitación abrirse mientras estoy sentado en el sofá, cambiando los canales una y otra vez sin nada más interesante que hacer. Hasta he subido un poco de peso por sentirme tan sedentario. Kanon, a quien reconozco por su aroma y los pasos, se sienta al filo de la cama y se recuesta hasta acostarse por entero. Es extraño que haya entrado tan silencioso.

—¿No hay nada bueno que ver?…—silencio por unos largos minutos—. Digo… ¿oír?—corrige tragando grueso. Lanzo un suspiro hondo y frustrado al aire.

—Nada, nada interesante que oír…

Nos mantenemos en silencio cómplice por largos minutos. Sé, por su respiración, que intenta decirme algo pero le estoy dando el tiempo de que se decida y me hable de ello. En un momento escucho su hondo suspiro y la forma en la que cruje el colchón cuando se incorpora.

—No estoy seguro si Mu regrese—me informa, y no sé porque ya estaba esperando algo así luego de lo de anoche.

—Entiendo…—suspiro de alivio, sinceramente aunque, sé que para Kanon significa que perdió su oportunidad—. Los escuché ayer—se mantuvo en silencio por unos minutos.

—Lo forcé—me confía, con una ligera risilla amarga. No me impresiona, aunque…— Según él claro, pero con esos gemidos me permito dudarlo-escuchar eso me hace soltar una carcajada realmente divertida. ¡Justo en eso estaba pensando!

—Mu es demasiado orgulloso como para admitir que le gustó lo que estabas haciendo—le reconforto, para que se sienta mejor—. No te preocupes, puedes hablar con él cuando bajen un poco las cosas.

Sé que esto no es lo que vino a decirme, así que de nuevo le permito el silencio necesario para ordenar sus ideas. Lo escucho soltar un suspiro ahogado, antes de rascar su cabeza, señales de nerviosismo.

—Acabo de llamar a Shaka—el pálpito certero. Esto… esto si no lo esperaba. Intento mantener la calma aunque, como siempre, escuchar tu nombre pone a mi corazón trabajar de más—. Logré conseguir su móvil personal, así que lo llamé ahora antes de regresar, son las ocho de la noche, pensé que era buena hora para llamarlo ya estando fuera de la oficina—mi corazón sigue latiendo ahogadamente. ¿Qué intenta decirme?—. Me respondió otro hombre…

Y es aquí donde siento a mi corazón ser aplastado por unas garras de hierro filosas.

—Creo que se llamó Wimbert, o algo así—mi hermano ha bajado la mirada, puedo sentirlo—. Que estaba dormido así que no podría atenderme…—trago grueso, cierro mis parpados sólo para contener las lágrimas—. Quería pedirle que viera los estudios, diera su veredicto pero… luego de esto… no sé qué opines, Saga.

—Déjalo en paz—le pido, con mi voz sonando muy turbia. ¿En este momento entonces duermes en sus brazos? ¿Justo en este momento el tiene la extensión de tu cuerpo en su cama? Y lo envidió, lo envidió por tenerte…—. Al menos, uno de los cuatro pudo recuperarse y seguir con su vida—comento con una sonrisa triste.

—¡No debió amarte mucho si está tan tranquilo con una vida llena de triunfos!—espeta mi hermano intentando animarme. Pero no, sé que no fue así. Que me amaste con la misma intensidad con la que te amé, que aún te amo… Yo lo destruí todo, yo que no te di el lugar a tiempo…

—No puedo juzgarlo, Kanon…—intento pararme del sillón, caminar un poco, necesito hacerlo—. Me alegro por él…

Camino hacia la salida, escucho otro suspiro ahogado.

—Superarlo… ¿y porque Mu no lo ha hecho?

—Mu lo que tiene es un orgullo arraigado hasta la medula, Kanon. Y tampoco lo juzgo por ello.

Lo dejo solo en mi cuarto, caminando lentamente mientras percibo todo el proceso que realiza mis pies al dar una pisada más en ese frio piso de madera. Recuerdo las palabras del oftalmólogo; entonces Shaka, ¿acaso aún con ese hombre te sientes solo?

Quizás y al igual que te llevaste una parte de mí condenándome a sentirme incompleto, yo me quedé con una tuya Shaka. Aunque sé que no vendrás a buscarla, sea por orgullo, sea por las palabras que me dijiste la última vez que nos vimos.

Sea porque simplemente te has resignado a vivir sin ella y por ende… sin mí.

29 de Agosto del 2000

Una patada había lanzado el otro cuerpo contra la pared adyacente en la cocina. La sangre corría, ambos hermanos se miraban agotados y dispuestos a defenderse aunque con ello tuviera que herir al contrario. Una fuerte cortada en la frente del pediatra, el golpe certero en su mandíbula ya se estaba inflamando y dejándole una marca morada en su contorno. Le dolía el pecho y el abdomen por la patada, tragaba solo sangre. Kanon, por el contrario, había recibido un gancho en su ojo derecho y otro en la boca del estomago que en ese momento, junto a la patada que logró separarlo del cuerpo de Saga, lo tenían con falta de aire. Intentó levantarse al ver que Saga hacía lo mismo, estando el mayor de ellos sin salida más que seguirse resistiendo a los golpes de su hermano menor, ya que entre el mesón y la pared no tenía lugar para correr.

—Maldito infeliz…—gruñó el ingeniero, limpiándose la sangre que brotaba de sus labios rotos—. Yo dándote espacio, tragándome lo que siento por Mu! Para que tú, maldito, ¡le montaras los cuernos!

—Al menos lo déjaré libre para que puedas conquistarlo—ofreció a su favor y Kanon cerró los puños con ira contenida, crispándose cada vello de su piel. Ese maldito cinismo con lo que decía algo tan ruin de esa forma tan tranquila le retorcía los intestinos.

—¿QUÉ HIZO ESE MALDITO RUBIO PARA ENLOQUECERTE?—gritó con más rabia, con más odio—. ¿SE TE METIÓ EN LAS PIERNAS? ¡Tan tranquilo que se veía y resulto ser pero que una ramera!

—¡NO TE PERMITO QUE HABLES ASI DE ÉL!—levantó la voz por primera vez en el duelo, cerrando sus puños con visible furia—. No fue su culpa…—siseó—. ¡Yo fui quien lo busqué!

—¿AHORA VAS A DEFENDER A ESE MALDITO?

—¡DEJE DE AMAR A MU!—exclamó sosteniéndose con dificultad en el mesón. Los ojos de Kanon enrojecidos lo miraban con deseos asesinos—. No… ¡me atrevo a decir que realmente nunca lo ame!

—¡¡¡MALDITA SEA!!!—se abalanzó contra su hermano dándole otro golpe en abdomen, tomándolo del cuello y tirándolo contra la pared de la sala con una fuerza sobrehumana. La furia lo había transformado—. ¡ENTONCES DE QUE VALIÓ TODOS ESTOS AÑOS AGUANTÁNDOME, MALDITO!—y lágrimas, lágrimas de frustración—. ¡DE QUE SIRVIÓ DEJARTE EL CAMINO ABIERTO! ¡TRAGARME LO QUE SENTÍA!

Con terror, Kanon observó el rostro desfigurado de su hermano marcado por una sonrisa siniestra, demente. Esos ojos verdes estaban inyectados de sangre y podía verlo, esa misma expresión enferma que ponía cuando niño, cada vez que Kanon tomaba a su juguete favorito. Ese dejo de locura…

—¡No es mi culpa que no tengas los suficientes pantalones para quitármelo si así lo querías!—las palabras que empezaba a quitarle todo rastro de amor fraternal—. Que prefieras como siempre dejármelo en mis manos, ¡cumplir mi capricho!—Kanon empezaba a olvidarse de todo lazo sanguíneo, de todo lo que lo marcaba como su hermano. Pero yo no seré un cobarde como tú, Kanon. ¡Yo no dejaré que me quite lo que más amo! ¡¡¡Amo a Shaka!!!—aseguró el mayor decidido a pelear con puños lo que para él ya era suyo—. Y no me importó dejar a Mu de lado con tal de estar con él, ¡AMARLO!

—Entonces amas a Shaka…—la voz ronca de Kanon le heló los sentidos—. Ya veo, entonces… sería divertido esta vez ponerme los pantalones y quitarte lo único que amas—los ojos verdes del mayor se abrieron desmesuradamente mientras Kanon sonreía con malicia, la más cruda malicia—. Ya que durante dos años me quitaste lo que amo, ¡TE HARÉ SENTIR LO MISMO!—pálpitos que se iban acelerando, acelerando… acelerando—. ¡¡LO FORZARE EN MIS BRAZOS!! ¡¡HARÉ QUE GIMA COMO PERRA POR MI!! ¡¡TE LO QUITARÉ SÓLO PARA ECHARTE EN CARA QUE YA NO ES TUYO COMO HICISTE CONMIGO DURANTE ESTOS DOS A…!!

No pudo terminar la frase cuando como un endemoniado Saga se abalanzó encima y lo tiro contra el mesón de la cocina. Tomo su cuello y volvió a golpearlo contra el duro mármol tres veces más hasta lograr que su hermano, aturdido, no pudiera defenderse. De improvisto entonces cerró sus garras alrededor del cuello, mientras que su hermano menor totalmente desarmado intentaba recuperar el equilibrio pataleando débilmente sus piernas. El aire se le acababa y lo único que podía enfocar era el rostro contrario de Saga totalmente tomado por la locura…

Lo reconocía, reconocía esa macabra expresión siniestra que su hermano en ese momento le mostraba. Era la misma que usaba cada vez que le quitaba algún juguete nuevo o su camisa favorita. La forma en que desesperado caía sobre él golpeándolo varias veces diciendo solo una palabra: ¡Es mío! ¡Es mío! Como su madre desesperada los separaba y le rogaba a Kanon que le devolviera lo que Saga pedía… Así, así había empezado todo, acostumbrado a no meterse en el camino de su hermano y las cosas que más añoraba porque sabía, perdería los estribos.

Justo como en ese momento…

El rostro de Kanon se enrojeció por la falta de aire. Lo estaba matando…

30 de Agosto del 2000

“Apenas he podido despertar luego del tranquilizante. Dohko me acaba de contar lo ocurrido. Reaccioné… reaccioné a tiempo y me encerré en el acuarto. Kanon lo llamó y de allí…

Bueno, aquí estoy, en mi cuarto, con compresas frías en las heridas y aún una leve sensación de pesadez por el tranquilizante. Según Dohko, yo lo llamé desesperado. Se aviso a la clínica que por esta semana no podría ir y le dije a Mu que no viniera… que… me habían prohibido las visitas. Le acabo de escribir a Shaka que no se preocupe, que estoy bien. Se notaba preocupado por mi ausencia en la clínica…”

—Saga, entonces, ¿estás seguro que amas al oftalmólogo?—volvió a preguntar el terapeuta tomando notas de todo en su libreta. El pediatra asintió, levemente, por el dolor aún en su cuerpo luego de aquella golpiza—. Me temó que entones fui yo quien se equivocó al tomarlo como una obsesión sexual.

—Ya lo tuve, Dohko… y eso no ha cambiado en nada lo que siento—balbuceó por el dolor—. Incluso le conté de mi problema, la bitácora…—el doctor lo veía con asombro—. Lo que jamás hice con Mu lo hice por él…

—De todas maneras, hiciste las cosas al revés muchacho—sentenció el psiquiatra con rostro sereno—. Lo primero que debiste hacer es solventar tu situación con Mu—Saga apartó la mirada avergonzado—. Que ese muchacho haya aceptado la relación en estas circunstancias no habla muy bien de él…

—Él me ha estado pidiendo que lo haga desde el inicio… soy yo quien, lo he alargado…

—No obstante, terminó aceptando—cerró los ojos frustrados… por su culpa la imagen de Shaka se veía manchada—. Por Kanon no te preocupes, sus heridas son más superficiales que las tuyas. Ya estaba de pie y mejor cuando llegué. Lo he convencido para que no le comentara nada a Mu, no es lo correcto. Tú eres quien debe hacérselo saber—asintió el paciente—. Bien, por ahora debo irme.

“Ahora, debo ver de qué forma acabar con lo de Mu…”

04 de Septiembre del 2000

“¡¡¡MALDITA SEA!!! ESTOY FURIOSO, FURIOSO, ¡¡FURIOSO!! Kanon se atrevió a meter sus narices… ¡¡SE ATREVIÓ A TOCARLO!!”

Shaka estaba en la pastelería en ese momento cuando Kardia le hizo saber que alguien lo buscaba. Asmita, guiado por un presentimiento, decidió salir con él. Los ojos azules de Shaka se abrieron de improvisto cuando vio frente a él a Kanon, cuando se esperó fue el ver a Saga tal vez para decirle que fue lo que paso para que lo suspendieran unos días de la clínica. Los ojos de Kanon lo veía con un intenso odio y fue imposible para el oftalmólogo no dar un paso atrás luego de salir del espacio de las vitrinas. Asmita estaba tras la puerta que llevaba a la cocina, pendiente.

—Oye Asmita, no es propio de ti estar husmeando las conversaciones ajenas—jugó un tanto Degel, sin comprender—. Asmita…

—Silencio—exigió el rubio con el ceño fruncido—. Algo no está bien…

Y así fue.

El pastelero se sobresaltó cuando sintió aquel golpe y el cuerpo chocar contra la vitrina. Kardia, Degel y Asmita salieron para tratar de quitar el cuerpo del griego sobre el oftalmólogo. Asmita había quedado paralizado en medio de ellos, mientras Los dos compañeros peleaban por mantener ese cuerpo lejos de su segundo dueño.

—¡¡MALDITO SEAS!! ¡ERES UNA PERRA EN CELO QUE TE LE METISTE A LOS OJOS DE MI HERMANO!—los gritos eran atroces, palabras vulgares, obscenas, lo trataba como un cualquiera—. Y Mu confiando en ti, llamándote un amigo. ¡¡COMO PUEDES DORMIR TRANQUILO!!

—¡¡SILENCIO!!—Exigió Asmita enrojecido de la ira, con las mejillas teñidas de un carmín que delataba todo el furor contenido—. No sé que está hablando pero ¡es mejor que se marche de aquí!

—¡SUELTENME USTEDES, MALDITOS!—Los ojos que traspasaban el cuerpo del rubio, veía con fulminante deseos de golpear hasta desfigurar el rostro del oftalmólogo que para él habían embaucado a su hermano—. ¡HABLO DE ESE MALNACIDO A QUIENES PROTEGEN! ¡SE METIÓ A LOS OJOS DE MI HERMANO SIENDO AMIGO DE SU PAREJA! ¡MALNACIDO! ¡MISERA…!—calló, al ver dos zafiros vacios abrirse con conmoción.

Ciego… fue la única palabra que atravesó los pensamientos de Kanon e inmovilizó todos sus movimientos. El rostro de Asmita mostraba una impresión tal que había asustado incluso a Degel y Kardia. Sus labios entreabiertos temblaban de la turbación, su rostro completo estaba pálido como papel.

—Di que es mentira, Shaka—rogó el mayor sin voltear su rostro. La mirada del rubio, con el rostro golpeado en su mejilla derecha, estaba en el suelo, con lágrimas contenidas—. Shaka…—el menor mordió sus labios con frustración—. ¡¡Di que es mentira!!—gritó su hermano mayor con un nudo en la garganta, el rubio no contestó…

—No es mentira…—prosiguió Kanon más decidido que nunca—. Incluso, la semana pasada estuvo en el apartamento de mi hermano gimiendo como perra en el mismo lugar donde le hace el amor a Mu—el rostro de Asmita revelaba una profunda decepción.

—Ese hombre…—murmuró con dolor el mayor de los rubios—, ¿es el Dr. Tebas?

—Asmita…—el ciego cerró sus puños llenos de indignación, sus parpados con ira conjunta.

—Sabía que ese hombre… ¡Maldita sea!

—Asmita, ¡por favor…!

—Ven conmigo Shaka…

“Por supuesto, Kanon no ha mostrado su maldita cara aquí porque debe estar seguro ¡que lo mato! ¡Lo mato si llegó a verlo después de lo que hizo! Haberlo golpeado… haber dicho todo eso… ¡todas esas cosas! ¡¡Maldita sea!!”

Apenas Shaka le avisó, en la noche, Saga fue a verlo pidiendo un taxi hasta el lugar donde lo citó, un parque al otro lado de la ciudad. Llegó al lugar y lo vio en un columpio, al atardecer, con el rostro agachado y moviéndose muy levemente. Tragó grueso y se acercó lentamente, con aún algunos golpes visibles peor ya sanando. Shaka subió su rostro enrojecido y Saga se detuvo al ver el horrible golpe que le había inflamado todo el rostro a su derecha. Shaka no le había informado nada por teléfono por lo cual, para Saga, fue una horrible sorpresa.

—¿Qué te pasó?

—Acabó, Saga…

—¿QUIÉN TE HIZO ESO?—gritó enfurecido. Los zafiros se clavaron en él para hacerle entender que eso era lo menos importante del asunto.

—Asmita se enteró…—los labios del pediatra se abrieron desconcertados… ¿Acaso? El golpe… esa última revelación… Kanon…—. En realidad, todos los de la pastelería se enteraron—bajó su rostro lleno de vergüenza—. Acabo de discutir con mi hermano y… lo abofeteé…—la mano del oftalmólogo que tapó su rostro… las lágrimas que no quería demostrar—. ¡¡LASTIME A MI HERMANO, MALDITA SEA!!

—Shaka…

—Terminó… esto terminó…

—por favor, Shaka…

—Mi hermano no se operará si sigo contigo—los ojos verdes que lo observaron con dolor. La mirada azul que se levantó decidida—. Asmita me dijo que no se operaría mientras siguiera contigo.

—Podemos hacerle cree que…—zafiros que se abrieron llenos de indignación, de dolor, de ira. Se levantó del columpio y lo miro enrojecido de rabia

—¡ENTIENDO QUE PUEDAS VIVIR MINTIENDO TODA TU VIDA, SAGA!—las lágrimas de ira que brotaban—. Pero yo no puedo, ¡mucho menos a mi hermano! ¡¡Yo no puedo!!—cerró sus puños, secando agresivamente su rostro con el dorso de su antebrazo para luego volverlo a mirar con sus zafiros quebrados—. Acabó.

—¡No lo voy a aceptar!—esta vez fue Saga quien levantó la voz decidido—. Así tenga que convencer a tu hermano, ¡rogarle si es necesario!—los zafiros lo veían contrariados—, estoy dispuesto a arrastrarme ante tu hermano y tu madre por haberte manchado, Shaka ¡pero no a perderte!—aseguró, se acercó, buscó abrazarlo.

—No cambiaré mi decisión…

—Dame la oportunidad, Shaka—suplicó, lo tomó por sus hombros, lo abrazó—. Por favor…

—Corta con Mu…

—Lo haré…

—Hasta la operación de mi hermano no nos veremos—el pediatra tuvo que aceptar la condición—. Si para ese día aún no has cortado con Mu, yo mismo le diré lo que pasó entre nosotros…

—Shaka…

—Y si es así, de lo nuestro no quedará nada, Saga.

—No tendrás que esperar tanto tiempo…—afianzó el abrazo—. Perdóname por todo esto…—besó su mejilla lastimada—. Perdóname…

“Jamás había llorado frente a alguien como lo hice frente a él. Y es que recordé todas las veces en las que él me decía que terminará con Mu y yo lo había estado retrasando. Ahora todo se ha puesto en nuestra contra y sólo de mi depende arreglarlo… sólo de mi depende que esto tenga un feliz término”

07 de Septiembre del 2000

“Tengo días sin hablar con él, sin verlo. Kanon tampoco lo he visto. Sé que viene a buscar ropa e irse por que todos los días hay menos ropa en su armario, pero no lo he visto. Me siento solo… y desesperado… por más que sea es mi hermano, no me gusta estar así con él…

Quisiera que entendiera, que entendiera que yo no quise que las cosas terminaran así… yo no quise dejar de querer a Mu ni yo busqué enamorarme de Shaka… ni él me buscó a mí. Simplemente se dio, ¿cómo pelear contra algo así?”

08 de Septiembre del 2000

“Shaka por fin me escribió solo para decirme que para el 22 de Septiembre es la operación. Le dije que lo felicitaba y sabía que estaría bien. No pude decirle más. Hoy, intenté hablar con Mu pero pasó toda la noche hablándome de los problemas del embarazo de su prima. No pude encontrar forma de relucir la conversación. Sin embargo, decidí fue ir a ver a Asmita.”

—Espero al menos me deje hablarle—dijo el pediatra al ver salir por la parte trasera de la pastelería al hermano mayor de Shaka. Con su traje blanco de cocina y el ceño fruncido, el de cabellos dorados se mantuvo en prudente distancia—. Sólo, necesito que me escuche.

—Apresúrate, tengo trabajo de hacer—cortó de inmediato el rubio. Saga suspiró hondo.

—No le quitaré mucho tiempo. Yo, lo menos que quería era que Shaka estuviera involucrado en algo como esto. De verdad lo quiero, me duele que mi hermano haya venido a decir todas… esas cosas—veía aquel rostro levemente contorsionado de ira, de indignación, decepción—. Por favor, no lo juzgue por…

—Sabía que usted no era alguien de fiar… detecte sus demonios el día que vino a vernos—Saga abrió la boca intentando decir más pero fue callado—. Mi error fue no haber hecho algo cuando veía a mi hermano tan preocupado, angustiado a decir verdad, incluso robándole el sueño…

—Yo…

—Ahora no tengo nada que conversar con usted, Dr. Tebas. Sé que le di la condición a mi hermano de operarme si se alejaba de usted y sé que no puedo entrometerme en su vida personal—le devolvió el gesto, abrió sus ojos vacíos para mostrarle la más pura decisión—. De lo que es de mi parte, usted jamás será alguien que pueda hacerlo feliz; en lo que a mí respecta, usted solo le hará más daño; así que, si de verdad dice quererlo, aléjese de él.

Una pulsada, dolor… El rubio bajó el rostro un momento antes de tomar aire y volver a enderezarse. Su rostro seguía contraído, lleno de muchas cosas quizás. Lo vio caminar de regreso, visualizó el sudor que corría por su frente fruncida.

No detectó…

—Ahora estoy muy agotado y tengo aún pedidos que cubrir. Le pido que se retire. No le diré a Shaka que vino a verme.

“Me quedó claro que no será fácil ganarme su confianza…

Dijo que vio demonios, realmente los tengo… ¿Qué hago con esto? ¿Shaka me aceptara incluso con estos problemas que traigo de niño? ¿No me dejará como mi madre lo hizo apenas pudo? Sé, que no soy fácil de lidiar, sé que puedo hacer daño… ¿Será mucho pedirle que me acepte, con sólo la promesa de que este mal que poco puedo controlar no le hará daño?”

11 de Septiembre del 2000

“Shaka me avisó que ya todos los estudios están listos. La probabilidad de que se recupere la vista es muy alta. Me pidió que le deseara éxitos. Así lo hice, al mismo tiempo que le dije que mañana hablaría definitivamente con Mu, ya había preparado todo para una cena.

Mañana será el día”

12 de Septiembre del 2000

“Mu canceló la cita.

Estoy asustado… porque vi que salió del consultorio de Shaka en la tarde cuando buscaba unas historias médicas en recepción.”

El rubio miraba el rostro de ginecólogo con una sonrisa triste. Cerró la puerta detrás de si antes de sentarse en uno de los asientos sin esperar que Shaka le ofreciera hacerlo. El oftalmólogo se sentó asustado, buscando algún punto en donde desviar la mirada.

—Me alegro por ti—comenzó Mu, después de tensos minutos en silencio—. Que mal amigo eres, ¿no?—el espadazo certero en su pecho, la mirada azul que se quebraba al paso de los segundos. Veía que Mu no lo estaba viendo, sino que tenía la mirada en otro punto—. ¿por qué no me avisaste que operarás a tu hermano? Hasta tienes ya marcada la fecha.

El estupor fue tal que Shaka dejo caer nervioso los bolígrafos que tenía en el paso de cerámica de su escritorio. Mu volteó la mirada intrigado, para luego reírse animadamente ante la cara de espanto que tenía Shaka. El rubio estaba pálido, temblando debajo del escritorio, sintiéndose burlado por el destino

—No te asuste, no es que te esté acosando, aunque tenemos tiempo sin hablar—esa jovialidad en la que Mu le hablaba… sin saber… Shaka bajó su mirada sintiéndose terriblemente mal—. Es que hoy fui a la pastelería y hablé con tu hermano, él me comentó y me dijo que viniera a felicitarte, que de seguro te alegrarías.

Shaka lo comprendía, comprendía lo que Asmita había hecho. Restregarle en cara lo vil que era, la forma en la que se estaba burlando de alguien que sin saber nada y totalmente inocente venía a felicitarle por su triunfo mientras en su espalda se acostaba con el hombre que amaba… Y se sintió ruin, la peor basura, un mal amigo no… una vil persona…

—Shaka, ¿Shaka porque lloras?—se levantó el ginecólogo asustado. El rubio sólo dejo brotar dos lágrimas antes de tapar su rostro y buscar calmarse—Mu se acercó, lo abrazó—. Vamos, sé lo importante que es para ti este paso, la operación de tu hermano…—y por cada palabra que Mu le decía, se sentía aún más ruin—. Vamos, ¡tranquilos! Ya verás que tu hermano podrá volver a ver. Me siento muy feliz por ti, Shaka…

No… jamás se había sentido tan mal…

No… jamás se sintió tan burlado…

No…

“Intenté preguntarle a Mu que fue lo que sucedió para que cancelara la cita pero…”

Una llamada entrante en su teléfono, vio el número de Shaka.

Eran las doce de la noche.

Saga contestó la llamada dejando el bolígrafo con el que anotaba lo sucedido en ese día en la bitácora. Era ya 12 de Septiembre.

Al contestar sólo escuchó la voz de Degel, la noticia… el crujir de todo lo que estaba a su alrededor.

Corrió, corrió hasta el estacionamiento, tomó el auto. Partió…

Aceleró como nunca lo había hecho, no le importó; sólo pudo apretar con fuerza el volante, sólo pudo sentir a su corazón detenerse al paso de los segundos.

Maldijo… maldijo…

Cuando entró a la pastelería y vio la ambulancia, maldijo…

Cuando vio a la madre de Shaka llorando en el suelo en brazos de Kardia, maldijo…

Cuando Degel con los ojos enrojecidos señaló la oficina detrás de la pastelería, maldijo…

Mientras corría, maldijo…

Cuando abrió la puerta, maldijo…

Vio los paramédicos… maldijo una vez más…

El cuerpo… maldijo…

Las descargas, maldijo…

Las lágrimas de Shaka, maldijo…

Los ojos abiertos sin vida… Maldijo…

Infarto de Miocardio, muerte súbita…

El cuerpo de Shaka que dejó de reaccionar…

El acta de deceso que fue marcada.

Asmita murió diez días antes de la operación, por un infarto en medio de una discusión con Shaka, donde el punto central era él…

Maldijo… su destino…

28 de Septiembre del 2006

En el apartamento a oscuras, el cuerpo de un hombre alto y rubio salió del baño, con sólo un ajustado bóxer negro y la musculatura marcada por el ejercicio. Buscó a su pareja en las colchas más no la halló. Decidió buscarla. Dejó la toalla que descansaba en sus hombros y abrió la puerta, recorriendo el frio pasillo hasta llegar a la sala, donde veía por fin a la persona que buscaba. El cabello dorado que caía sobre sus hombros, sólo una bermuda negra y revisaba su móvil con el ceño fruncido, frente a todos los títulos y condecoraciones que había alcanzado a los largo de 6 años en Inglaterra. Y en medio de ellos un cuadro, que recuerda lo mandó a hacer a un adolescente artista rubio de un orfanato, la misma fotografía donde Asmita y él con su madre celebraban el éxito de su carrera como oftalmólogo, en medio de todos los demás premios.

—Hay una llamada de Grecia—escuchó y se volvió para ver al rubio recargado en el bar del apartamento con el móvil en mano y la mirada escrutadora. Los lentes de montura negra enmarcaban esos zafiros que aunque hermoso, habían dejado de brillar seis años atrás. Radamanthys sabía de esa llamada, el nombre lo había escuchado en una de las conversaciones en las que Shaka le llegó a hablar de su pasado. Decidió.

—Sólo eran los organizadores del evento que hubo en Grecia meses atrás, ¿recuerdas?—el rubio volvió la mirada en el número. Frunció su ceño.

—¿De nuevo? Pensé que les había quedado claro que no tenía intenciones de dar una charla en Grecia

Hubo silencio… silencio sumiso donde Radamanthys se acercó al rubio y le quitó lentamente el móvil, dejándolo sobre la madera. Dejó un beso en su frente, bajó a su mejilla, descendió al cuello y se complació al ver que su compañero le permitió el espacio. Siguió besando, empujándolo un poco contra la madera del bar, el sonido de las copas que se sostenían en el trabajado de madera y el de la lluvia que caía fuera de la ciudad… en Londres.

Shaka sentía esos besos…

Shaka estrujó la cabeza dorada de su compañero mientras marcaba su cuello.

Shaka no quitó su mirada de ese cuadro.

—No pienses más en eso, Shaka—le susurró al oído, al percibir la vibración en la garganta del más joven—. ¿Esperabas acaso algo más de Grecia?

—No…—musitó cerrando sus ojos, abrazando a su pareja, su actual pareja…

—Siempre, en Septiembre me buscas con desesperación… ¿No es cruel tratarme de esta forma?

—Siempre aceptaste…

—Porque me gustas…

Palabras que cesaron… caricias que buscaron borrar la tristeza, cuerpos que se buscaron para borrar con sexo el dolor. Y sí… Shaka había perdido… perdido todo desde ese fatal día…

Perdió toda esperanza, perdió su promesa, perdió su juramento…

Perdió todo rumbo, todo destino, toda meta…

Lo perdió todo…

Perdóname Asmita…

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