Entrega Imprevista

Saga visita a su pareja en casa de sus padres sin esperar que tantas llamadas y mensajes tentadores hubiera desatado en Shaka cosas impensables.

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Temas: Yaoi, lemon, Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga
Resumen: Saga visita a su pareja en casa de sus padres sin esperar que tantas llamadas y mensajes tentadores hubiera desatado en Shaka cosas impensables.
Dedicatoria:Obviamente a todos los miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo
Comentarios adicionales: Nahhhh ganas de hacer Lemon… ¿algo mejor que eso? Bueno, después de pensarlo y que estuviera con ganas de lemon y ninguno de mis multi cerca para satisfacerlo me aventé este fic, donde también intento mostrar que jamás debería confiarse de la pureza mental de un virgo xDDD

Entrega Imprevista

Los meses de separación por un viaje había hecho su efecto, pensó Saga cuando los labios delgados se abrieron para recibirlo. Ciertamente en parte lo había provocado, había deseado una reacción así, pero pensó ser capaz de soportarla hasta que estuvieran en un lugar con mejores condiciones y no en la puerta de la cocina de la casa del menor. Habían salido al patio precisamente a drenar ansías, porque ese día se habían vuelto a ver luego de dos meses sólo hablando por teléfono, y en donde las últimas comunicaciones de mensajes y voz habían sido más que intimas.

Todavía la voz de Shaka jadeando tras el teléfono lo tenía atolondrado en la cabeza. Incluso, la había grabado y usado como aliciente a sus perversas acciones en la soledad, escuchándolo e imaginando que no era su mano la que lo tocaba sino la de él, masturbándose hasta hacerle llegar a un explosivo orgasmo. ¿Y cómo no hacerlo? Si Shaka, el muchacho de dieciocho años que conoció, era tan puro, tan inocente. Nunca había besado y fue él quien lo enseñó a besar luego de tres meses intentando y rogando por sus labios.

Aún así, sus besos eran muy tímidos, el nerviosismo le ganaba y duraron meses, largos meses para que Shaka pudiera tan siquiera pensar en tomar la iniciativa. Recordó como fue luego de largos nueve meses que le dio su primer beso con lengua, cuando tímidamente Shaka usara la suya a modo de invitación. Había sido detonante aquella vez. Los besos se intensificaron, se fueron incrementando, hasta acorralarlo meses después a la pared y dejarlo jadeando luego de besos que fueron a sus labios y se desviaron por vez primera por su cuello.

Aún así, Saga no sabía lo que había desatado.

No, él no sabía el alcance de los pensamientos de Shaka, ni de sus fantasías, de aquellos sueños que por pudor no le contaba. No sabía hasta que le tocó irse y por un juego por mensajes se encontraron enviándose palabras que los llevaron a una condición sexual. No, no sabía que Shaka escribía esas conversaciones y las releía en el trabajo de medio tiempo, reviviendo sensaciones. No lo sabía, hasta que en una de esas oportunidades entre mensajes de dudosa inocencia; Saga lo llamó, ya él desnudo porque si lo imaginaba todo, pero jamás esperando que al escuchar la voz de su rubio lo que brotara de aquella garganta fuera un jadeo ansioso con su nombre.

Le dijo que ni siquiera se había tocado, nunca lo había hecho y desconocía como hacerlo, le daba miedo lastimarse; pero aún así, comunicados sólo por voz, los jadeos fueron tan sensuales, las suplicas tan potentes, que supo: Shaka guardaba tras esa capa de vergüenza e inocencia un verdadero torrencial pasional.

Y él lo había desencadenado.

Los labios del menor lo buscaban con vehemencia. Aquello que terminó la caminata y los hizo sentar al filo de la puerta de la cocina en dirección al patio, hablando de cualquier cosa y evitando contacto: en algún punto se convirtió en caricias, muto a besos, se transformó en los dedos de Saga entrando debajo del pantalón de su compañero y descubriendo con su lengua las líneas del cuello blanco. Y detonó en cuando las temblorosas manos de Shaka habían apretado la protuberancia debajo del jean del mayor.

Insoportable, el ambiente estaba insoportable, el calor manaba en cada abrazo, en cuanto se pusieron de pie para más besos; seguros que querían detenerse más no podían, asustados porque habían caído en un terreno donde separarse sería doloroso, emocional y físicamente. Shaka estaba entregado, ciego de amor y deseos, tanto que había olvidado estaba en casa de sus padres, en plena cocina, que todos estaban en esa casa, que alguno de sus hermanos podrían entrar y verlo, que Radamanthys, su padre, podría buscarlo. Pero Saga que si estaba pendiente de todo eso sentía una puñaleada en el vientre entre la enorme excitación que lo asfixiaba y el miedo.

Radamanthys era el juez del estado, no le costaría nada desplazarlo de su puesto como oficial. Además de seguro de castigarlo con no ver más a su muchacho si los conseguía de esa forma.

¿Pero cómo pensar? ¿Cómo pensar cuando eran las mismas manos de Shaka quienes bajaron la cremallera ansioso de sentirlo. ¿Cómo tan siquiera conjugar un verbo cuando al abrir sus labios lo que salían eran bocanada de aire caliente y el fervor de su cuerpo ardiendo en fiebre por aquellas manos, aquella boca, aquella voz que le suplicaba y le llamaba.

—Saga…—gimió el muchacho temblando en sus brazos, apenas acariciando tímidamente la tela que aún separaba su sexo de esos dedos.

Saga tembló, colapsando y enviando al barranco todo el miedo y toda lógica. No, Shaka lo estaba deseando, lo estaba pidiendo ¡No podía hacerlo esperar! El mismo ayudó a sacar lo que el menor estaba buscando, aquella carne caliente de su erección bullendo mientras sudaba. Shaka ni la vio, sólo la tentó con los dedos y gimió como si se estuviera tocando a sí mismo.

Lo sabían, no podrían controlarlo… ya no…

—Shaka… debajo de la mesa—se encontró diciendo ya desesperado.

Y ciertamente no pensaba mucho; debajo de la mesa cualquiera vería si entraba en la cocina, no tenía un mantel lo suficientemente amplio como para cubrir a ambos cuerpos bajo las telas. Shaka lanzó una corta carcajada al entender que ya Saga simplemente no pensaba y cualquier lugar para él era bueno mientras desataran sus instintos. Y dioses, verlo así, tan así, para Saga había sido simplemente la explosión.

¿Desde cuándo el muchacho virgen lo miraba como si lo tuviera comiendo de su mano?

—Nos verán allí…—susurró mientras lo besaba, lo desarmaba—. Vamos a mi cuarto, Saga.

El griego simplemente vio caer apiladas una y otra vez esas palabras en la cabeza. ¿En su cuarto? Aunque sabía que era el más cercano de donde estaba y a su vez él más alejado de los cuartos principales, el miedo aún así le corroía. No, no era en esa situación en que se veía tomando el cuerpo de su pareja por ya año y medio, ni mucho menos la condición que le había prometido a Radamanthys, quien simplemente prefirió decir que la relación no duraría mucho y se mantenía al margen con una mirada vigilante. De repente a Saga le pareció sentir el hacha en el cuello más no podía dilucidar, si era una amenaza por parte del padre de su acompañante, o del mismo Shaka si no obedecía en esos momentos sus designios.

Y sin dejarlo tan siquiera pensar ya Shaka lo iba empujando lentamente al lugar de la tortura en vida.

¿En qué momento se transformo? Mientras él estaba hecho un manojo de nervios y ansiedad, Shaka había entrado y cerrado la llave del cuarto con parsimonia. Luego apagó la luz, pero abrió la puerta del armario para que aquel bombillo alumbrara un poco la habitación con su luz blanca. A pesar de que el aire estaba encendido había calor, al menos para el mayor, quien no quitaba de vista el lugar apenas amueblado con una cama individual, una mesa con la laptop y un librero.

El rubio volteó con una sonrisa y esos azules con fuego celestial tras sus cuencas. Empezó a desabotonar los botones de su camisa, reclinado a la mesa de madera, mientras lo llamaba con sus labios entreabiertos en un pedido mudo. Saga se acercó, ya temblando ante lo que sabía que pasaría y aún dudando de si debían proseguir o detenerse, esperar una salida afuera para entregarse en un hotel y no en un lugar tan arriesgado. Además, para él que lo había imaginado tantas veces y tenía tanta experiencia, simplemente se sentía descolocado al ver que más bien era él que estaba siendo guiado a complacencia del menor.

No lo entendía, pero ese era el maldito efecto de Shaka que lo tenía alucinando desde que lo conoció. Esa forma que hacerle perder el control y que todo lo que hubiera aprendido o vivido antes no significaba nada frente a lo que le garantizaba vivir si seguía al rubio. Y así había sido, madurando su paciencia ante cada leve acercamiento que Shaka le permitía y viviendo como nunca al disfrutar de la pasión de los besos sin necesidad de lengua, sentir estallar todo dentro de él con sólo un leve roce de labios. Shaka había significado la apertura a una inocencia que él mismo pensó perdida y que en ese momento, estaba deshojando… muy lentamente…

Sus dedos ayudaron en la faena de desprender la camisa del menor y aquellos blanco se encargaba de la propia. Entre besos en labios y cuello se iban alternando su boca y buscaban no tener que decir más que susurros. La luz apagada le daba un ambiente más íntimo, y ambos acelerados solo podían pensar en satisfacerse. Los dedos de Saga dejaron caer la prenda para probar con sus labios los hombros del menor, ver como el cabello dorado caía en la mesa y se mecía a cada mínimo movimiento. Saboreó el sabor a duro de esa piel de nácar, y deliró cuando los dedos blancos se abrieron espacio dentro de su camisa y tocaban su fuerte pecho.

Acelerado se reincorporó, buscó quitársela y de repente se vio apresado por el rubio que sin miramiento lo dejó contra el espejo asaltándolo demandantemente. No pudo siquiera recriminarlo, no supo en qué momento leves mordidas bajaron de su mentón hasta su cuello, lamiendo luego, mordiendo después, succionando mientras él gemía desbocado victima de la fiebre que le excitaba. Sólo podía tocar con fuerza sus hombros, su cabeza, inseguro de estar viendo lo que veía, incluso pensando que era algún sueño.

No, Shaka no podía estar tan activo siendo su primera vez. Eso superaba su lógica.

Más no pudo pensar de más cuando sus labios tomaron el endurecido pezón y succionaron con fuerza. Intentó quitarlo, pero el menor renuente quería probarlo, probar su pectoral, lamer con deseos el mínimo vello que custodiaba su tetilla y hacerlo delirar con los aleteos de lengua que le quitaron la fuerza a sus piernas. No pudo poner objeción cuando tomó la otra y asió esas manos sobre su cadera. Le dio el total dominio del momento y cerró sus ojos para disfrutarlo; disfrutar de esa boca viajando por su tórax, y lamiendo toda su piel, probando su sudor y jadeando luego para mirarlo y ver si lo hacía bien. Lo había detectado las primeras veces, pero ya para ese punto Saga estaba perdido en alguna nebulosa. Sólo volvió cuando el menor mordisqueó a un lado de su cintura y lo que sintió fue unas leves cosquillas. Rio roncamente y Shaka subió la mirada confundido.

—Me da cosquillas…—le explicó, alzándolo por sus hombros para volverlo a parar a su nivel.

—¿Cosquillas?—repitió el rubio aún desubicado. Y él pensando que le daría placer…

Que delicioso es ese primer reconocimiento al cuerpo ajeno.

Al menos así lo pensó Saga cuando sin dejar de alargar el momento lo tomó entre sus brazos y volvió a besarlo, primero dulce, luego fuerte y pasional. Sus manos cobraron vida y decidió ser él ahora quien tomara pauta sobre el asunto, empujando al menor sobre las colchas celestes y viendo el sonrojar de esas mejillas blancas, los labios titiritando de deleite. Mordió el labio inferior y fue regando besos por todo su rostro, mientras sus dedos se encargaban de quitar el pantalón. Su boca bajó al ritmo de sus manos, y se encargó de besar cada espacio conforme las telas abandonaron la piel, dejándolo sólo con las medias y el bóxer celeste un tanto humedecido por la excitación.

Quedó sin aire, admitió, en cuando la desnudez del muchacho se había hecho más evidente y destrozando toda fantasía antes vivida. Por mucho que hubiera figurado como sería tener el cuerpo de Shaka desnudo eso superaba cualquier pronóstico. Sus deseos pronunciaron sentencia y se dejó envolver de los brazos delgados que lo esperaban, luego de haber también quitado su pantalón y quedado en las mismas circunstancias de su pareja, con su bóxer verde militar y las medias negras de vestir. Se dejó caer sobre él y el roce de ambos sexo les hizo exhalar el aire de potente éxtasis.

Siguieron besos y caricias, más fuertes y permisivas, logrando Saga detectar que en el desliz de sus axilas por la línea de pectoral Shaka era extremadamente sensible, al punto que sólo un trazo de su lengua había sido suficiente para acelerarlo; que sin embargo la zona cercana del vientre no lo era a las caricias fuertes, sino al cosquilleo y erizar de sus dedos caminando, pero que cualquier toque en la curva del área lumbar le quitaba el aliento. Sonreía el griego ante cada nuevo descubrimiento, hasta que por fin sus dedos se tomaron del filo de su bóxer y fue bajando la tela lentamente.

La visión del vello púbico había sido deliciosa, un crespo dorado y corto que había acelerado sus apetitos. Sin embargo, en cuanto lo tuvo por completo bajo sus ojos, toda aquella intimidad, toda la forma de su sexo viril palpitando y endurecido, de piel como mástil de guerra: simplemente, le había robado el aliento. Dejó caer el bóxer en algún lugar y se dedicó a observar la hombría erecta, las bolsas rugosas endurecidas por la excitación acumulada y como Shaka permitía para él permanecer de piernas abiertas para que nada quedara fuera de su vista, ni siquiera el anillo de carne que lo esperaba.

No hubo muestra de pudor por parte del rubio. Más bien los ojos azules lo miraban expectante por conocer su opinión y se sonrieron en un brillo descaradamente sensual cuando el griego emitió un ronco jadeo gutural. Ya estaba dudando, muy seriamente, que Shaka realmente fuera virgen; mas tampoco estaba de ánimos para empezar una casería de bruja a otra cuestión que no fuera esa palpitante carne.

Los labios gruesos empezaron entonces a besar, la lengua a lamer, su boca a saborear. El respingo del menor fue tal que tuvo que sujetar las piernas con sus manos, apretar aquella piel dura mientras destinaba toda su boca a complacerlo, lamiendo la extensión de ese sexo, bajando para capturar un testículo y acariciarlo dentro de su boca mientras que Shaka totalmente desbocado cubría su rostro con sus brazos y mordía sus labios conteniendo alaridos. El carmín se incrementó por todo el rostro y cuello y el danzar de ese cuerpo sobre las sábanas era indicio de cuanto lo disfrutaba; Saga lo sabía y se embebía en el olor del sexo, del líquido pre seminal y del sudor que brotaba de su piel y su vello. Lamía, deseaba, besaba, saboreaba: se internaba y mordía a veces el glande juguetonamente sólo para verlo tensar las venas de su cuello en búsqueda de no lanzar aquel grito atragantado.

Y supo que si era virgen cuando Shaka sin poder contenerse simplemente terminó, en disparos de espeso y caliente semen.

Saboreó y degustó la esencia, antes de volver a acostarse al lado de su pareja, con los ánimos encendidos aún. Se glorió de la imagen de Shaka temblando con sus parpados cubriendo la mirada de sus ojos azules embotados de placer, el vibrar de su piel y el sudor que corría y apegaba el flequillo dorado.. Cuando esas pupilas celestes le miraron sintió que era lanzado al abismo y llevado al mejor de los paraísos en un instante. Lo amó, simplemente eso, amó todo de él.

—Saga…—le susurró titiritando, antes de que el mayor lo llevara a su regazo—. Te amo…

Saga le escuchó, más su cabeza no podía detenerse en esas palabras que su corazón si supo aprovechar. En lo único que pensaba era en que quería terminar dentro de él, sentir el calor de su cuerpo ahorcando su erección que ya dolía apresada aún dentro de su ropa intima. Que lo deseaba y sentía que era dueño de todo al tenerlo así, mas no era suficiente.

Y si, un poco de miedo al pensar en cómo rayos saldría de ese cuarto sin que nadie los viera.

La noche seguía avanzando y lo dejó descansar un rato sobre él, reconociendo que Shaka tardaría un poco antes de volverse a excitar. No desaprovechó momento para verlo con los ojos cerrados, respirando tenuemente, conforme el cuerpo nivelaba su temperatura y la respiración recuperaba el ritmo suave. Acarició el cabello dorado con delicadeza, incluso usó un mechón de él para rozar el perfil y ver como los ojos azules se abrieron algo soñoliento.

Obvio que no lo iba a dejar dormir aún.

Cuando por fin había captado su atención volvió a besarlo, soportando el fuego que también había bajado de temperatura dentro de él y disfrutando sólo del momento, de esa entrega perfecta de la que eran víctimas. Le besó, acarició el filo de su rostro y se dejo envolver por él, por su aroma, por la tersura de su piel… hasta que todo de nuevo se reactivo.

Como una fuerza tectónica al choque de sus pieles sus cuerpos se activaron de nuevo. Ansioso las manos del mayor de nuevo se escurrían por su espalda y apretaba con verdadero deseo la dermis que empezaba a humedecerse nuevamente. Shaka capturó los glúteos de su pareja con fuerza, jadeando al mismo tiempo cuando se dieron cuenta de que anhelaban y en un solo movimiento Saga colocándolo de nuevo sobre el colchón, llenándolo de besos y meciéndose mientras la tela era lo único que separaba su propio sexo del rubio. Pronto supo que era necesario ya acabar. La excitación le dolía, el fuego se incrementaba y no había forma de sentir alivio sino penetrando el delgado cuerpo del joven que tenía debajo de él. Por ello se separó un poco, lo miró abrumado, extasiado, sonrojado.

Se sonrió.

—Te amo, Shaka…—le aseguró dejándole un corto beso y se paró a buscar algo con que ayudar. Empezó a mover las gavetas del escritorio, vio el libro y el closet pero no, no había un sólo frasco de alguna crema que pudiera ayudar en el proceso. Salir sería complicado y peligroso, además que entrar así en Shaka, siendo este virgen y tan estrecho como había comprobado…

No, Saga no quería herir a Shaka en el proceso ni que la experiencia fuera dolorosa. No, hasta ese segundo todo iba muy bien como para arruinarlo.

Bufó contrariado, sintiéndose decepcionado por no poder llevar al terminó completo esa noche, por no haber ido preparado o por simplemente ser tomado de sorpresa por el menor. Shaka se sentó en la cama confundido al ver que su pareja simplemente se había quedado de pie en medio de la habitación, pensativo, descolocado quizás…

—¿Qué ocurre?—preguntó con temor a haber hecho algo o dejado de hacer que haya dañado el momento. El mayor lo miró y le sonrió condescendiente. Se acercó y acomodó un mechón dorado tras su oreja derecha.

—No tengo lubricante ni hay nada para sustituirlo—Shaka pestañó varias veces antes de caer en cuenta y sonrojarse. Si, había leído de ello pero no pensó que fuera a necesitarlos tan rápido. Por fin Saga vio en su pareja algo del casto Shaka que le hizo difícil la sola tarea de un beso.

—No importa, puedes…—el mayor renegó colocando un dedo sobre esos labios delgados y rojos por tantos besos ya dados.

—Mi primera vez fue como pasivo y sin lubricante, te puedo asegurar que no quiero ni recordarlo ni hacerte recordar algo así.

Se sentó al filo de la cama y acarició la mejilla rosada con ternura. Luego lo atrajo para abrazarlo y Shaka en respuesta prácticamente se sentó sobre él. Los besos empezaron de nuevo suave pero no duraron mucho tiempo antes de que volvieran a acelerarse. De inmediato Saga le cruzó una idea para poder liberar ya las ansías acumuladas y llevar el encuentro a buen término, por lo que con esfuerzo dejó deslizar su bóxer y llevó la mano de Shaka hasta su miembro ya palpitante y húmedo. El rubio jadeó y apresó con la misma fuerza que sintió a su pareja apresar el propio y de allí se desbocaron a un movimiento lascivo entre labios, lenguas y manos en búsqueda de complacerse mutuamente. La mano libre se aferró al cuerpo del otro buscando mantener el equilibrio, mientras que Shaka se mecía sobre él y Saga ejecutaba con su mano el ritmo necesario para que Shaka lo siguiera. Juntos entonces buscaron satisfacerse, siendo Shaka el primero en soltar su esencia. Ante el temblor y el éxtasis del rubio, Saga llevo su propia mano a culminar lo que Shaka debido al momento había detenido, siendo seguido débilmente por él, pero alcanzando así, también, la liberación de semen.

Ambos cayeron uno sobre el otro hasta que el cuerpo no dio más y sin más se quedaron dormidos, aunque Saga despertó una hora después resintiendo el frio de la habitación. Vio a su pareja al lado y le pareció impresionante que pudiera estar con él y en esas condiciones luego de todo el camino que le tocó recorrer. Claro, no pensaba que esa fuera la última vez y se dijo a sí mismo no volver a ser tomado desprevenido por su pareja. Rio roncamente al pensar que siempre había ido preparado para todo pero con Shaka había bajado totalmente la guardía. Le destinó un beso en busca de separase y tratar de irse sin que nadie en la casa lo notara, pero Shaka despertó y lo miró con ojos somnolientos. Pudiera ser tentador quedarse con él hasta el amanecer, pero no quería ver su cabeza frente al escritorio de su actual suegro.

—Debo irme…—el rubio asintió comprendiendo, no estaban en una situación propia para arriesgarse más—. Veré como hago para salir…

—Yo me ocupo. Saldré, veré que no haya nadie fuera y te abriré la puerta del patio trasero—miró el reloj de su escritorio y volvió la vista a las esmeraldas de su pareja—. A esta hora papá debe estar dormido, no lo notará.

—No tocaron la puerta para verificar que estuvieras aquí—Shaka sonrió y encogió sus hombros en señal de estar acostumbrado a eso.

Se estiró un poco en la cama antes de levantarse y buscar algo con que cubrirse. Encontró un pantalón de deportes de la universidad y una franelilla blanca que Saga, divertido, no dudo en ayudarle usar dejando besos más por la piel. El menor hizo lo mismo con la ropa que Saga traía puesta, sonriéndose y disfrutando de toda la vista de su desnudez, para luego sellar el momento con otro abrazo que hablaba muy bien de qué era lo que había promovido el momento, de cuanto lo habían ansiado y de cuanto lo habían disfrutado.

Amor, simplemente eso…

—Me sorprendiste…—le susurró en el oído en medio de ese protector y acogedor abrazo…—. No pensé que fueras a ser tan… así—el rubio discretamente sonrió ante la acotación.

—Lo imaginaba Saga… lo he imaginado, desde hace meses…—levantó los límpidos zafiros para mirarlo, con seguridad—. Presentarme ante ti, desnudarme, dejar que me tomaras, tomarte… cuando vi todo eso simplemente sentí que no había nada que temer, eras tú.

—Te imaginé más tímido al menos la primera vez, me alegro que no sea así…—mordió juguetonamente su labio enviándole una mirada fija—. Me excitas más así.

Se dieron un beso largo antes de separarse y dejar que Shaka saliera del cuarto a verificar. Le envió un mensaje de texto en cuanto verificara todo y Saga se encaminó lo más rápido que pudo hasta la cocina, saliendo luego de un fugaz beso de despedida. Se rio de sí mismo cuando se vio saltando la cerca de la casa para salir a la carretera, preguntándose cuanto tiempo tenía desde que no actuaba como un adolescente y que le era inconcebible que a los casi treinta años estuviera en esas andadas.

Pero no importaba; y estaba seguro que era lo más excitante de tener a Shaka a su lado, que le hacía recordar cosas que él vivió hace mucho, recobrar ese un poco de juego que había olvidado por la adultez. Volver a vivir, convirtiéndose él en el maestro y el alumno de su propia inocencia.

Claro, algo le había aprendido: dudar de la virginidad mental de un virgo.

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