Enamorándote (Cap 01)

Shaka y Mu son dos jovenes residentes en Grecia por un intercambio internacional y quienes ahora comparten juntos más que el apartamento. Sin embargo la llegada de Kanon hará tambalear muchas cosas.

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Temas: Yaoi, Romance, drama, Universo Alterno.
Personajes: Mu, Kanon, Shaka, Saga, Milo, Camus
Resumen: Shaka y Mu son dos jovenes residentes en Grecia por un intercambio internacional y quienes ahora comparten juntos más que el apartamento. Sin embargo la llegada de Kanon hará tambalear muchas cosas.

Capitulo 01: Lo esperé: Te miré.

Su tilak estaba fruncido. Obstinado de nuevo estrujaba aquel punto místico mientras volvía a llevar la pila de libro a sus respectivos estantes luego de haber recibido un severo regaño de su nuevo superior. Lo odiaba, era lo único que pensaba Shaka al respecto. Odiaba el cambio y extrañaba al amable griego castaño que tenía de jefe; pero no, este decidió abrir un negocio personal, una cafetería frente a una universidad por lo tanto había abandonado el puesto y recomendado al peor dictador de la historia: Saga Andreatos.

—¿Terminaste?—gritó su nuevo jefe mientras señalaba otra pila de libros que debía acomodar, recién etiquetados por su compañero. El rubio bufo cansado, y volvió al lugar para tomar la nueva pila—. Llévalos al estante tres.

El rubio obedeció en silencio, no sin antes enviarle una mirada amenazante que marcara los límites que pensaba asumir. Era un auxiliar de la biblioteca principal, un empleo de medio tiempo que le permitía distraerse mientras se preparaba para el próximo ciclo de clase y esperaba por su pareja. Tenía ya seis meses laborando, pero desde la semana que entró el nuevo supervisor sentía que estaba trabajando más que en esos seis meses juntos.

Cuando terminaba de acomodar los libros en su lugar el repique de su teléfono, reconocido, le permitió esbozar una dulce sonrisa en sus labios. Shaka sacó el móvil de su bolsillo derecho del jean y abrió la pantalla para ver la lectura del mensaje. Era una buena noticia, una noticia tal que le hizo suspirar tranquilo y pensar que si valía la pena, que acomodaría todo esos libros rápido y regresaría temprano a casa.

Ni siquiera el tercer grito de Saga fue capaz de borrarle la dichosa sonrisa, haciendo que el mayor enarcara una ceja con incomodidad. Las siguientes ordenes fueron acatadas sin mirada de orgullo y sin malas caras, al punto que simplemente el jefe decidió dejarle las últimas decisiones y meterse a la oficina principal.

—Viste Shaka—refunfuñaba su amigo griego agotado—. Apenas te dejas de tonterías con tu orgullo el jefe se cansa y nos deja tranquilos.

—Terminemos rápido, Milo.

—¿Y a ti qué? Ahora nadie te borra esa sonrisa picaron—su compañero Milo, estudiante también de la misma universidad que sólo por acompañarlo y hacer algo nuevo aceptó entrar a trabajar como él. Shaka sonrió un poco más, aunque seguía siendo una sonrisa bastante discreta pero luminosa para quien lo viera.

Shaka era conocido en donde fuere por ser un hombre con una expresión bastante neutral, así que verle el ceño fruncido o una sonrisa era realmente una odisea.

—Ya Mu esta aquí—lo dijo como si fuera la mejor noticia de su vida.

—¿Mu?—el rubio asintió llevándose otra pila de libros—. ¡Wao! Eso lo aclara todo, ¡ya tendrás quien te cocine!—allí fue una alegre carcajada lo que brotó de la garganta del hindú, meneando la cabeza de forma negativa—. Vaya que se tardó en el Tíbet.

—Por fortuna su abuelo ya se recuperó así que pudo venir pronto. Ya lo extrañaba, fueron cuatro meses.

—Lo primero que va a decir es que has bajado de peso—comentaba divertido el griego mientras dramatizaba con dos dedos en la frente para simular los punticos de Mu—. “Vamos Shaka, se ve que no has comido nada decente desde que me fui”

—¡Cállate tonto!

—¡Shaka!—y allí iba el jefe de nuevo. El rubio resopló con fastidio y le hizo señales a Milo que lo primero que le provocaba hacer era arrancarle el cabello a su nuevo superior. Milo simplemente rió antes de tomar la pila de libros que debía acomodar.

Ahora le había dado unas cartas para que redactara y Milo veía divertido de nuevo el ceño fruncido de un hindú obstinado. Se le acercó por detrás, leyendo la increíble redacción que tenía el hindú, algo que no podía sorprenderle cuando era estudiante de lenguas.

—¡Estoy cansado de hacerle las cartas!—masculló el rubio escribiendo con una velocidad envidiable en el teclado.

—¿Quién te mando hacerlas bien cuando te lo dijo la primera vez? Eso te pasa por ser tan perfeccionista, orgulloso, vanidoso, pretencioso…

—Ya, ya, lo sé, lo sé… pero es trabajo de su asistente personal, no de un auxiliar de biblioteca.

—Bueno, pero vele el lado bueno—susurró el griego muy jocoso en la punta de su oreja—, quizás así te suban de cargo y te conviertes en su asistente personal…

—¡Buda me libre!—Milo rió divertido, desordenando la cola alta con la que el rubio sujetaba su cabello y volviéndole a decir la noticia que cambiaria esas cejas arrugadas en su frente por una hermosa sonrisa: Mu.

Para ese tiempo, Shaka y Mu tenían viviendo juntos como compañero cuatro años. Shaka como estudiantes de Lenguas y Mu de Artes visuales, habían cursado sus estudios aunque en diferentes aulas totalmente juntos. En la universidad siempre se encontraban en el patio trasero del edificio de humanidades, debajo de un árbol de cerezos plantado, junto a Milo que se había unido al grupo y otro estudiante de intercambio, Camus, un francés con modales arraigados. Disfrutaban los cuatro de partidas en ajedrez que terminaba en un duelo entre Shaka y Camus, aunque Milo sabía que en muchas ocasiones Mu dejaba ganar a Shaka sólo para alimentarle su orgullo que para nadie era secreto a veces era un poco elevado.

Mu y Shaka además de compartir esos cuatro años juntos la habitación como compañeros de clases y del programa de intercambio, tenían tres como pareja. No sabían muy bien como comenzó, le podía preguntar a cualquiera de los dos y ponía la misma cara de: no tengo idea, pero aquí estamos y nos gusta. Nadie podía decir lo contrario cuando se les veía juntos pudiendo conversar de cualquier cosa y entenderse con las miradas. Su relación respiraba paz, al menos Milo lo veía así, decía envidiarlos porque mientras él se la pasaba chocando constantemente con el carácter frio y serio de Camus, Shaka y Mu parecía estar siempre en sintonía.

¿Es que no pelean? Preguntó Milo una vez, a lo que Mu simplemente sonrió y dijo que las peleas no solían durar más de lo que tardaban sus ojos en verse y comprender al otro. ¡Qué envidia! farfulló el griego con desganó en aquella tarde que le había montado una escena de celos a Camus por su cercanía con un nuevo estudiante de Rusia de quien sería su tutor. Lo cierto es que para los dos orientales su relación era un conato de serenidad.

Ciertamente no había desniveles con ellos. Shaka se ocupaba de ordenar toda la casa con su extremista sistema de organización mientras Mu se ocupaba de la cocina y la lavada de ropas que hacían los sábados. Si era de una discusión por lo general el uno se mantenía callado mientras el otro se descargaba y luego de eso proseguía un leve debate de opiniones hasta que todo estaba resuelto. Y lo que era en la cama, pese a ser Mu el que siempre estaba más dispuesto, nunca presionaba de más a su pareja reconociendo que para Shaka el sexo nunca era su necesidad principal. Había comprendido que para el rubio y su personalidad podía estar muchos días sin tocarse y estar totalmente tranquilo, a diferencia de él que por ser un signo de fuego estaba un poco más motivado a largas jornadas. Eso tampoco pareció molestar. Apenas Shaka tenía los ánimos para una noche de sexo Mu sabía que el escrupuloso y comedido hindú se transformaba a un increíble amante curioso y ávido por explorar cosas que le habían atravesado en la mente en sus tiempos de ayuna. ¿Quién pensaría que Shaka se la pasaba fantaseando? Signos, signos, y si, cosas de signos.

Al menos Mu pensaba en eso cuando luego de esperar al hindú por su llegada al apartamento con otras deliciosas samosas recién hechas, simplemente Shaka se le tiro encima en un duelo de besos que lo dejó sofocado contra la nevera. Poco faltó para que se le quemara la masa que estaba friendo, pero al final Mu tuvo que olvidarse de cocinar para satisfacer una necesidad que en ese momento si le parecía a Shaka de urgencia.

Los besos fueron rápidos y voraces, teñidos de aquella necesidad de sentirse, de tenerse. Habían sido cuatro meses lejos y para ambos no estar más que con el contacto de algunos correos electrónicos era demasiado, demasiado tiempo. Cayeron al mueble de la sala con un Shaka apresurado por quitar las telas de la vestimenta tibetana que traía puesta Mu y este simplemente concentrado en palpar la espalda y el trasero de su compañero. No hubo muchos preámbulos. Cuando Mu logró levantar la mirada lo que vio fue el rostro de Shaka sonrojado, estrujando poderosamente su tilak y mordiendo sus labios producto de la excitación. Él sabía que sólo ese rostro era visible en medio del sexo y se enorgullecía internamente de lograr sacar ese lado carnal del siempre calculado y sereno Shaka. De alguna forma entendía entonces cuando Milo se jactaba de decir que Camus no era un cubo de hielo bajo las sábanas, Shaka tampoco era una estatua, se movía… ¡y vaya que lo hacía!

Las estocadas rítmicas fueron certeras y el orgasmo los arreció rápidamente, logrando desatar sus esencias primero Mu desbordado por las atenciones a su sexo al ritmo de las embestidas y luego Shaka luego de empujar dos veces más por el tembloroso interior de su compañero. Cayó el rubio cansado sobre el cuerpo del tibetano, quien aún temblando intentó pasar sus manos sobre su espalda y acogerlo en un cálido abrazo.

—Shaka…—murmuró aún sintiendo las corrientes de sexo atravesar bajo su dermis—, estás más delgado—acotó con una ligera sonrisa.

—Oh diablos…—masculló el aludido renegando sin levantar el rostro. Mu se rió, una carcajada de tranquilidad y complicidad.

—Te extrañe mucho…

—Yo también.

Duraron unos minutos primero recuperándose del asalto sexual y luego, se sentaron en el comedor para degustar las samosas recién hechas. Shaka con unas humildes gracias las degustó todas como si tuviera siglos sin comer. Aprovecharon para contarse todo lo que no pudieron durante esos cuatro meses, Mu comentándole de la salud de su abuelo y de cómo se hizo cargo del negocio familiar por esos meses, mientras Shaka le comentaba de cómo había progresado su empleo de medio tiempo y…

—¿La universidad Shaka?—preguntó algo preocupado el tibetano al ver que Shaka no había mencionado nada de sus estudios. Él había tenido que abandonar el semestre por la enfermedad de su abuelo pero…

—Te estaba esperando para inscribirnos en el próximo periodo.

—¿Estás loco? ¿Por qué?—el rubio subió la mirada, ese límpido azul capaz de controlar y doblegar todo.

—Porque prometimos graduarnos juntos. Si yo adelantaba te quedarías detrás de mí. Además, no importa, aproveché para hacer un curso de relaciones sociales y mecanografía—le comentaba moviendo su mano para enfocar la fuerza de sus palabras. Mu bajó la mirada apenado y no muy de acuerdo—. Mu…

—Pensé que cuando viniera tenía que esforzarme para alcanzarte y resulta que… eres un idiota—el rubio sonrío tomándole la mano y buscando la mirada.

—No hay prisa—Mu levantó su mirada, lo observó recuperó un poco el ánimo—. Además, lo aproveche y aprendí a cocinar… algo. Pero definitivamente la cocina y yo no somos buenos amigos

Se rieron juntos y prefirieron no comentar más del asunto, disfrutando de estar de nuevo en el mismo lugar y compartir como desde hace tres años más que la deliciosa comida que hacía Mu.

La semana se llevó con comodidad, Mu esperando el inicio de clase para inscribirse junto a Shaka y recomenzar su rutina académica. Sin embargo el tiempo que tenía que esperar sólo en el apartamento mientras Shaka trabajaba la pasaba aburrido y terminó pensando en buscar un empleo de media jornada como él. Shaka le había comentado que Aioria le ofreció un trabajo junto a su hermano en la nueva cafetería, pero que desistió en cuanto a su jefe le retó diciendo que se iba por no ser lo suficiente para aguantar sus órdenes. Y como Shaka era sinónimo de orgullo pues ahora no se iría sólo para demostrarle a su jefe que necesitaría más de eso para hacerlo huir. El hecho es que Mu aprovechó esa oportunidad y para el lunes muy temprano luego de que Shaka saliera, fue hasta la cafetería frente a la universidad y habló con Aioros, que al saber que era compañero de Shaka no opuso resistencia alguna para contratarlo a atender las mesas con un delantal blanco.

La mañana transcurrió normal, atendiendo Mu con su afable personalidad a los jóvenes y algunos maestros que iban a tomar desayuno, recomendándoles algunas combinaciones especiales entre café y comida para ofrecerles a sus clientes variadas opciones. Aioria sonreía complacido y su hermano mayor de inmediato decidió que Mu en el lugar sería un excelente agregado.

Hasta que llegó él.

El griego en cuestión vestido todo de negro de forma desenfadada, bajó la motocicleta que estacionó en todo el frente de la pequeña cafetería. Aioria de inmediato fue a atenderlo, conociendo perfectamente su carácter y sobretodo el conflicto que existía entre él y su hermano. Pronto le sirvieron café como lo pedía y se distrajeron atendiendo a la demás clientela hasta que Mu escuchó el chasquear de los dedos y volteó para ver al cliente que hablaba por el teléfono y lo miraba de forma intimidante.

El griego frunció su ceño ligeramente, luego lo miró de arriba abajo y al subir los ojos hacia las irises verdes del oriental sonrió, enarcando una ceja como si de repente estuviera complacido. El gesto incomodo al muchacho quien molesto estrujó sus dos puntos. El griego en cuestión solo se rio antes de posar su barbilla entre sus manos cubierta de cuero que mantenía a la vista a sus dedos gruesos para luego hacerle una seña señalando el café. Mu al ver que Aioria estaba ocupado prefirió atenderlo él.

—¿Algún problema señor?

—El café está frio—acotó con gesto desinteresado. El menor vio la taza de café y recordó que Aioria se la había servido media hora antes.

—Señor, pero se la sirvieron hace media hora.

—Sírveme otro, odio el café frio y menos recalentado—el menor lo miró con severidad, antes de tomarla taza y dirigirse hacía la cocina. Sirvió de nuevo el café recién hecho y volvió a la mesa donde el cliente lo esperaba con una tramposa sonrisa.

—Aquí tiene señor.

—Ya se me quitó ganas de café negro, échele leche—Mu respiró hondo y tomándose de su paciencia fue y echo leche al café para volver a la mesa.

—Aquí está su café con leche.

El cliente tomó la taza sin quitarle los ojos de encima. Le sonrío y cuando estaba probando el primer sorbo arrugó la cara y prácticamente golpeó la mesa con el café.

—¡Esto está asqueroso!—exclamó levantándose del asiento y haciendo que el menor lo mirara asombrado y apenado—. ¿A eso le llaman café? ¡Es una mierda de café!

—Señor

—Esto es una pérdida de tiempo, ¡jamás había probado algo tan horrible en mi vida! ¡Todo este lugar es una mierda!—Mu lo observaba indignado, molesto, sintiendo que un algo en él se despertaba y era mejor no hacerlo. De inmediato Aioria se acercó para tratar de calmarlo.

—Señor Kanon, ¡ya basta por favor!—intentaba Aioria de recobrar el control y lo que logró fue una mirada fulminante por parte del mayor.

—Tu hermano como siempre, ¡todo lo que hace es insípido como él!—Mu abrió la boca del puro estupor mientras que Aioria simplemente cerraba los puños de ira—. El ambiente es asqueroso, los que atienden son sosos, y su sabor… es un verdadero asc…

No lo vio venir. Antes que Aioria levantara su puño para callarlo fue Mu quien le echó todo el café encima al cliente que asombrado y luego de un grito por el calor que fue matizado por la gruesa tela lo miró todavía sin creerlo. Los puntos rosa estaban formando una inclinación peligrosa y esos irises verdes estaban encendidos con verdadero fuego. Kanon lo supo, en ese momento, ese muchacho tuvo algo que lo dejó inmóvil en todos sus reclamos.

—¿Quiere un buen café?—de repente ofreció el menor sonriendo con algo de malicia. Aioria lo miraba intentando encontrar en el siempre calmo Mu algo parecido, pero parecía que tanto tiempo con Shaka había tenido su efecto—. Le haré un buen café señor, una receta de mi tierra—y de repente fue como si Mu hubiera pasado del furioso carnero a la dócil oveja que le sonreía con paz. Kanon no sabía en qué momento hubo el cambio, pero simplemente estaba descolocado—. Aioria, tráele una servilleta al señor para que se limpie la camisa mientras le preparo su café.

Mu salió, con su frente en alto y la determinación de salvar el buen nombre del local, dejando a ambos griegos totalmente impresionados. Aioria simplemente extendió el paño que tenía en mano y Kanon se lo arrancó con rabia y confusión, limpiándose primero antes de sentarse con los brazos cruzados.

—Más les vale que sea el mejor café—masculló Kanon con ira—. O saldrán en el siguiente número de la revista como el peor lugar a visitar.

Sí, porque Kanon era un periodista especialista en gastronomía, un crítico del buen gusto, que había ido a buscar un sólo error en el local de quien había sido la pareja de su hermano hace años y que debido a diferentes razones terminaron enemistados. Aioros pensó que con haber tomado en cuenta a Saga para dejarle su puesto en la biblioteca ahora podían volver a ser amigos, pero el humor de su hermano más bien había empeorado. Y claro que lo entendía, con lo orgulloso que era Saga, para él había sido un acto de mera lastima.

Aioria simplemente resopló nervioso. Más vale que Mu supiera lo que estaba por hacer.

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