Gato Negro

Saga quiere ir de brujo para la fiesta del disfraces y escoje el traje de gato negro para Shaka, ¿será que logrará convencerlo de usarlo?

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Temas:Yaoi, comedia, Universo Alterno.
Personajes: Saga, Shaka
Resumen:Saga quiere ir de brujo para la fiesta del disfraces y escoje el traje de gato negro para Shaka, ¿será que logrará convencerlo de usarlo?
Dedicatoria: Apoyar el evento: Happy Halloween!

A Akito-Virgus, porque me inspiré en un minirol que jugamos por Msn. xDDd jajaja espero te guste xD También a Karin-San, a ver si recuerda que también ama a esta pareja xD (con tanto KaniMu quizás ni se acuerde de ellos) y a todos los del Club Santisimo Pecado.

Ah, también a quienes nos bajan las estrellas, ¡los amamos! xD

Comentarios adicionales: Los gatos negros y la brujeria a estado enlazada desde los tiempos antiguos, siendo considerado el gato negro como de mala suerte

Gato Negro

Cuando vio el traje que Saga le había comprado ya había decidido que ni siquiera viniendo el mismo buda a decirle mediante meditaciones que lo usara y fuera a la dichosa fiesta, lo iba a hacer. Simplemente no, Shaka no se iba a humillar a llevar ese traje de montón de pelo negro y aquella enorme cabeza de gato sobre su cabeza, cocinándose y quemando las pocas calorías que comía a la semana. Saga estaba absolutamente loco y eso no podía tener otra explicación como para que haya llegado con esa idea.

Vamos, está bien que todavía Saga y Kanon a sus treinta y tanto años se pelee con Kanon y busquen seguir con su carrera de comparaciones y el “yo soy mejor que tu”. Entendía perfectamente que eso ocurría con los hermanos, en especial con los gemelos, en su búsqueda de sobresalir. Pero llegar al punto de hacer una tonta apuesta de quien controla más a su pareja era ridículo, y por mucho que Saga le hubiera mostrado el traje que Kanon le compró a Mu de ovejo (y este se viera sumamente gracioso por el montón de lana encima que no dejaba respirar una sola hebra de cabello); era algo que Shaka no iba a apoyar aunque su relación se viera en riesgo por ello. No debería, ¿no? Pero cuando algo se le ocurría a su pareja y no era obedecido se enfrentaba a una posible conspiración nuclear made in Saga Géminis.

Y preparado para ello, Shaka simplemente había optado por una opción mejor. ¿Saga quería que Shaka fuera de gato? Pues iría de gato negro, pero como a él le gustara ir, con un traje que él escogería a su mero gusto. Fue así que se aventuró solo a varias tiendas especiales, consiguiendo lo que buscaba. ¿El brujo Saga quería gato negro? Lo tendría, y de seguro no lo dejaría salir de casa.

Aquella noche de Halloween vio a su querida pareja salir de la ducha y dejársela abierta para que él fuera. El traje de brujo estaba ya en la cama y de seguro se vería glorioso, ya Saga le había mostrado antes y lo dejó con las ganas de hacer el amor así, simplemente porque no quería que se lo ensuciara. Estaba muy emocionado con lo de la fiesta, de seguro al ver que Shaka no había puesto ningún tipo de resistencia para ir disfrazado de gato negro, el gato negro del brujo, tal como había apostado. Debía estar convencido que le ganaría a su hermano en tan tonta empresa. A veces se preguntaba si era que la crisis de los cuarenta no se había adelantado.

El hecho es que ya Shaka estaba preparado y listo para encarar tan esperado momento. Y luego de un baño se untó una crema brillante color plateado en la piel que había comprado en uno de los establecimiento y saco lo que sería su traje de gato negro (no como el que dejó sobre la cama). Los ojos azules brillaron seguros de que esta vez Saga no podría poner objeción a tener sexo con el disfraz.

Lo primero fue ponerse las piezas de las pantorrillas, una media peluda hasta la mitad,  para luego colocarse las patas de gatos de peluche. Hizo lo mismo con los antebrazos, para después y viéndose en el espejo colocarse el cintillo de orejas negras que acomodó en su cabello, la franela peluda sin manga que llegaba hasta su cintura y aquel minúsculo interior negro peludo con la cola de gato. Se miró y se rio de sí mismo intentando no ser demasiado evidente. Se veía ridículo, lo sabía y jamás en su vida había pensado en la posibilidad de salir así a la sociedad, pero estaba seguro que Saga con lo celoso que era tampoco lo dejaría salir así.

Saco la pintura para dibujarse la nariz de gato, y un delineador para pintarse los bigotes en las mejillas. Se observó de nuevo, entrecerró sus ojos y maulló solo para reírse secamente de la cara que pondría Saga cuando lo viera. Seguro de lo que estaba por hacer salió del baño y vio a su pareja echándose el talco en la cabeza para simular las canas en su cabello alborotado, ya con la capa de brujo encima y a punto de ponerse el sombrero de estrellas de su traje.

—¿Ya estás listo, Saga? Se nos hace tarde—habló dándole la espalda y tratando de contener la sonrisa que sola se le dibujaba en el rostro.

Saga, que estaba más ocupado peleando con su disfraz medio volteó para decir un “ya voy” que le quedó en la punta de la lengua. Más talco soltó el envase y él prácticamente se ahogó entre la nube de polvo blanco y la visión de aquella cola peluda que caía entre las piernas del rubio y el pelaje negro que apenas acariciaban los límites expuestos de su muslo.

Se reincorporó tan rápido que no le dio tiempo de evadir la mota de polvo que le cayó en la cara y le hizo toser. Shaka volteó entonces e hizo un esfuerzo sobrehumano para no romper a carcajadas ante la visión de Saga brujo con el manchón blanco en la cara.

—¿¡A donde se supone que vas así!?—exclamó aún tosiendo y con la mano señalándolo. Shaka sólo enarcó una ceja, divertido.

—A la fiesta, gran hechicero Saga Géminis—respondió con el rostro más irreflexivo que pudo dibujar, luciendo muy seguro.

Saga volvió a mirarlo de arriba abajo. ¡Ni loco lo dejaría salir así! Pero tampoco iba a ceder terreno, ¡claro que no! Comprendía que Shaka había jugado muy bien sus cartas y lo que deseaba en ese momento era hacerlo maullar desbordado con un buen trabajo oral. Pero no, Saga Géminis también tenía orgullo y luego de la inspección que activó a su “vara mágica”, lo miró decidido enviándole un mensaje con los ojos: “Él no iba a perder”

Y ante esa mirada Shaka tembló de horror. No era posible que Saga lo dejara salir así… ¿o sí? Tragando grueso afiló sus ojos azules ante la mirada verde del hombre que parecía no querer perder en el duelo de orgullo.

—Lindo gatito…—masticó el mayor soportando la excitación que le había provocado y sofocado por el traje que llevaba puesto.

Shaka sintió que se le crisparon los vellos de la espalda. ¡Maldita sea! ¡Saga si estaba pensando en dejarlo salir así! ¡Y claro que él no mostraría temor! Percibió el tic nervioso que movió imperceptiblemente su ceja izquierda y levantó la comisura derecha con malicia.

—Claro, un gato negro para el brujo. Vamos, ya es hora de ir a la fiesta.

—Claro que iremos…

—Por supuesto…

—Ya casi estoy listo—y Saga se medio limpio la cara del talcos y sin más se puso el gorro en la cabeza. Shaka vibró con impotencia… ¡No podía ser!—. Vayamos, mi fiel gato negro—masticó Saga decidido—, pero te falta algo.

Saga buscó en una de las cajas de disfraces hasta encontrar lo que faltaba y lo que terminó por poner a Shaka al rojo vivo, un cascabel colgante que el mismísimo Saga le puso con los ojos brillantes y una sonrisa desbordante. ¡Maldita sea! Las cosas se estaban poniendo peligrosas, de seguir así de verdad ¡iba a salir vestido de esa manera!

—Para que todos sepan a quien le pertenece este gato—y tintineó el cascabel que le acababa de colgar, ruido que provocó en Shaka un castañeo en sus muelas.

—Bien, ya estamos listos—masticó el rubio sintiendo el calor en sus mejillas de la ira contenida.

—Así, es, vamos.

—Adelántate tú.

—No, quiero ver tu cola moverse.

Shaka entrecerró los ojos amenazantes. Los gatos eran conocidos por ser infieles, ¿quería que fuera uno? Le haría y de seguro se arrepentiría. Esbozó una deliciosa sonrisa y dio media vuelta moviendo descaradamente su trasero para que la cola ondulara y se moviera graciosa antes de caminar. Saga sintió el mismo brinquito en la punta de su miembro encerrado y respiró profundo, buscando fuerza para mantener la guerra de orgullo.

Así caminaron hasta su auto en la noche, Saga metiendo la escoba detrás en los asientos traseros, para luego abrirle amablemente y con la mirada fija la puerta a su pareja. Se quedaron mirando un poco más, como si buscara que el otro se arrepintiera de lo que estaba a punto de hacer. Pero no, ni Saga ni Shaka lo hizo, y tomándose del orgullo Shaka subió del auto tomando la cola entre las manos y enviándole una mirada seductora como última arma para destruir la defensa del gemelo. Saga tembló, pero con el orgullo tomado hasta en la medula cerró la puerta en la cara del hindú que simplemente mordisqueó sus labios con ira.

En el camino, Saga sentía que le estaban haciendo una burla del destino. Shaka simplemente subió (como nunca lo había hecho) una pierna sobre el parabrisas, mostrándole todo el muslo a su disposición. Maulló,y ronroneó como jamás pensó haberlo escuchado y sentía que por dentro se estaba cocinando. Convencido mantuvo su mirada al frente, los nudillos casi pegándose a la textura del volante, los hombros tensos y cerrados con su cabeza totalmente entumecida ante el desbordante espectáculo de sensualidad que Shaka le estaba haciendo en el asiento del copiloto.

No era posible, Shaka simplemente no daba crédito que el temple de su pareja fuera tal como para negarse a sus atenciones y olvidar la horrible apuesta que hizo con su hermano menor. ¡¡Se había hasta lamido los brazos para hacerlo delirar!! Pero no, Saga parecía piedra –en todo el sentido literal-, frente al volante y con el ceño fruncido de la concentración.

Terminó convenciéndose de su maldita suerte, Saga no reclinaría y si él quería mantener su palabra en pie tendría que aparecer así frente a ese montón de personas. No importaba, le montaría una buena escena allí a ver si le gustara que otros aprovechen sus encantos.

Hasta que por fin llegaron al lugar. Saga le envió un mensaje a Kanon avisándole que ya había llegado y liego se quedo viendo al retrovisor, ya con el auto estacionado. Había un silencio mutuo, ambos con la vista al frente, brazos cruzados y respirando cortadamente. Saga estaba excitado, le dolía su intimidad por la presión de tratar de mantenerla en baja temperatura cuando Shaka le estaba tentando con las armas jamás usadas; y el rubio, en cambio se estaba preparando psicológicamente para la vergüenza de su vida.

—Bien… ya estamos aquí—susurró Shaka como si mordiera cada silaba—. ¿Vamos a bajar o qué?

—Estoy esperando que bajes—se escudó el mayor ya torciendo cuellos ficticios sobre sus manos, sólo pensando en la cantidad de ojos que verían a su pareja en esas fachas.

—Y yo a ti…—susurró Shaka en un último esfuerzo.

Saga tembló pero entrecerrando los ojos tomó la manilla de la puerta y salió del auto dejando a Shaka más seguro de que tendría que ir a la maldita fiesta. Saga la cerró en un golpe secó y enfurecido, caminó maldiciendo a los dioses y rodeando el auto, para luego abrir la puerta de Shaka donde el rubio se veía con rabiay cruzado de piernas y brazos.

—Eres un grosero, ególatra, egoísta, orgulloso…—masculló el menor saliendo del auto con la ira manándole por cada poro.

Saga cerró la puerta con la misma ira, respirando ya fuego por las fosas nasales. ¿Cuándo Shaka se rendiría y le diría un simplemente: “¡No puedo entrar así a la fiesta!”? De hacerlo ya Saga había metido el otro traje que le había comprado para que se lo pusiera encima y pudieran ir sonriente a la dichosa fiesta de disfraces. Pero al no ver nada ya se iba a adelantar para mirar como León enfurecido y amenazante en modo de advertencia a todos los que lo miraran, de forma que cuando Shaka entrara con su “traje de gato negro” ya nadie se le atreviera ni a cruzarle palabra.

—¡Ey!, brujo idiota—escuchó el insulto de su amado y volteó como si le hubieran puyado el trasero con un tridente, para ver a su pareja de pie, las piernas abiertas, un brazo en la cintura y otro dándole vuelta “inocentemente” a la cola de gato—. Se te olvida la escoba—le recordó el rubio escrutándole con los ojos.

Saga sintió que quería maldecir. ¡Maldita sea no podía ser tan infinitamente sensual y odiosamente prepotente como para tenerlo de esa forma! Sacó las llaves para quitar el seguro al auto y ya andaba pensando en donde meter el estúpido palo de escoba en un trasero negro y peludo. ¡Y de paso esos malditos pensamientos que sólo lo ponían a sudar la gota gorda!

Ya Shaka, convencido que nadie cambiaría su nefasta suerte, abrió la puerta del asiento trasero y se metió inclinado para alcanzar la escoba. De repente la visión para Saga fue más de lo que pudo tolerar, era ese tesoro y hermoso trasero blanco con el pelaje negro y la cola que caía perezosa a un lado, ese ángulo perfecto que simplemente lo puso a delirar. Ya Shaka estaba a punto de salir con la escoba en mano cuando sintió un fuerte empujón y una mordida directa a su glúteo. Jadeó sin poderlo evitar y antes de quejarse ya había sido empujado y la puerta del auto cerrada.

La varita haría su acto de magia.

Kanon entre tanto veía ya con calor de más el escenario de todos los disfraces mientras él estaba con su ovejita al lado, luego de convencerlo para ponerse el traje de oveja por encima del loco traje que se le ocurrió usar, uno de esos que solo se ven en las películas porno. Pero ya no podía con la imagen que le quedó en la cabeza y ya era la tercera vez que le decía de irse y Mu, con aquella malévola tranquilidad que sólo él tenía, le decía que ahora se quedarían hasta el final de la fiesta.

Vio el teléfono de nuevo esperando a su hermano, hace media hora dijo que “Ya estaba afuera” pero no, ni rastros de él ni de Shaka con el disfraz de gato negro. Azorado y ya buscando al menos hablar con Saga para distraerse o burlarse de Shaka para despistar los pensamientos indecorosos de la cabeza; salió un momento de la casa donde se daba la fiesta para ver al carro de Saga aparcado y moviéndose de arriba abajo.

Primero se le inflaron los cachetes, y luego fue una mueca de lascivia lo que se dibujaron en sus labios, con la maliciosa idea que le cruzó por la cabeza. Estaba seguro, ahora iría a molestar a cierto mago y gato negro que adelantaron el ritual de magia…

Y comprobaría porque un gato negro es de la mala suerte.

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