Un Poco de Color y Vida (Cap 29)

Shaka ya ha admitido los sentimientos que siente por Saga, pero aún así Dohko le ha hecho ver cual es la verdadera represa que debe derribar. ¿Cuál será la actitud de Shaka al respecto? Mientras tanto, ¿Saga tendrá que sólo esperar?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que es citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Shaka ya ha admitido los sentimientos que siente por Saga, pero aún así Dohko le ha hecho ver cual es la verdadera represa que debe derribar. ¿Cuál será la actitud de Shaka al respecto? Mientras tanto, ¿Saga tendrá que sólo esperar?

Capitulo 29: Señales

Después de ver a Saga marcharse de su apartamento, Mu decidió bajar, encontrando a su pareja sentado en el mueble de la sala con la vista fija al techo y expresión taciturna. Sabía a que había ido su hermano, como también de la respuesta que Kanon le había dado, una de la que no estaba de acuerdo pero que tampoco le obligaría a cambiar. En cierta forma comprendía la difícil situación en la que se encontraba, la encrucijada no significaba algo como simple como el orgullo: era la vergüenza, era el miedo, eran muchas cosas…

Se acercó a su pareja con cuidado, sin buscar llamar su atención aún hasta que sus dedos despejaron la tensa frente del arquitecto. Este le miró de reojo, con la expresión irritada, como si todo lo que estuviera pasando le molestara en demasía. Sabía que podía confiar en él, sabía que Mu comprendería si dijera esas palabras que tenía golpeando contra su pecho forzosamente, no dejándole otra escapatoria más que pensar en que debía hacer.

—Durante años me esforcé para tener mi título, mi carrera, hacerme alguien sin ayuda de él—confesó, mirando a su pareja con esos ojos afilados: no la mirada de un amante, era la de un hombre a otro hombre que al parecer no podrían comprenderse totalmente, algo de reproche quizás por ver que para Mu el asunto tenía una salida tan sencilla que para Kanon significaba toda una travesía—, pero eso le valió mierda al final—el menor volvió a acariciar el cuero cabelludo, con ternura—. Y yo, por lo tanto, también hice que me valía mierda su opinión—y allí el tono turbio…—; no sería un hipócrita si me presentara ahora como si nada hubiese ocurrido, como un buen hijo, justo en estos momentos…

—Serás un hipócrita si lo haces frente a una tumba—e interrumpido por una verdad tan simple y llana como esa—. Si me permites opinar, serás un imbécil si frente a la tumba de tu padre te recriminas no haber sido el hipócrita que intentó fingir que nada había pasado para poder estar un tiempo con él antes de que se vaya.

El mayor bajó la mirada, pasó sus dos manos entre su cabello alborotado al tiempo que lanzaba el aire que tenía atrapado en sus pulmones. Suspiró.

—Odio que tengas razón…—Mu sonrió, pasando su mano a uno de los hombros y presionándolo con fuerza.

—No estás solo, Kanon…

Esa noche del viernes no era solo Kanon quien se encontraba en una encrucijada ante el cómo actuar para con su familia; desde Londres y encerrado de nuevo en su habitación Shaka meditaba en silencio sus opciones. Había asumido lo que sentía por Saga, y eso estaba bien, mas no era suficiente con solo asumirlo y saberlo, aún la pulsada que le sabía a advertencia seguía gangrenando toda posibilidad, aún era demasiado fuerte. Las palabras de Dohko eran más bien lo que lo tenía pensando, en aquella pregunta que parecía ser el centro de todo su malestar desde que ocurrió lo de aquella época, desde que fue abandonado por Simmons y dejó la casa de su padre.

¿Realmente fue tan malo?

Se detuvo a pensar y a recordar aquel período, intentando buscar todo aquello que en ese tiempo le había hecho sentir feliz, recordar el cómo se sentía apoyado, escuchado por un hombre que era mayor a él y estaba dispuesto a enseñarle lo que quisiera. Evocó la emoción que se tejía en su pecho ante cada relato de sus viajes y conferencia, el sentirse participe de cada creación de los libros, todo aquello que enervó alguna vez su corazón y le hizo sentir especial… todo aquello no valía nada cuando recordaba el final de todo…

¿De qué valía esas sonrisas en las tarde encerrado en aquel apartamento y cubierto en esos brazos cuando recordaba el rostro de pavor de su madre?

¿Qué importaba los encuentros de placer y entrega que se dedicaron por largos meses si evocaba la mirada de reproche y asco de su padre?

¿Cómo darle valor a las palabras y promesas cuando, al correr de su casa creyendo en él se encontró solo? ¿Que todo lo que vivió fue un espejismo? ¿Que solo había un pantano?

Porque al desvanecerse la laguna de Simmons, Shaka quedó metido en el más asqueroso pantano de la decepción.

Y podría pensar en aceptar a Saga al regresar a Grecia, buscarlo a él, sentir sus besos y de nuevo experimentar ese ardor carburando dentro de sí mismo, en el vientre y bajando hasta sus extremidades, tal como pasó en esa noche. Podría dejarse llevar por sus caricias, por sus labios, podría intentar de nuevo abrirse a él. Después de todo, ya no había nada que hacer con su familia, a su padre le seguiría dando asco su relación, quizás no volvería a ver a su madre, quizás…

El hecho es que él había aprendido a vivir con esas dos imágenes de sus padres y solo aquella sensación de buscar enorgullecerlos con su vida y sus logros, convencido que lo más seguro es que de ellos no recibiría unas palabras, ya no… Y aún sabiendo eso, sabiendo que ya no había nada más que perder de lo que ya había perdido, enamorarse había dejado de ser una opción… por lo que había vivido con Simmons.

¿Realmente fue tan malo?

Shaka no podía responderlo, no en ese momento que tenía a carne viva las últimas palabras de su padre, ese golpe que pese ya no se viera inflamado le ardía en el alma. ¿Cómo pensar en algo distinto cuando aún dolía la orfandad? Quizás eso era algo que debía pensar después; al menos ya estaba seguro que en Londres no había nada más que recorrer y que en Italia ya no quería empezar; no quería volver a crear otro camino. En Grecia estaba su cauce, todo lo que logró; en Grecia estaba Saga y todo lo que podría significar darse una nueva oportunidad incluso en ese tema tan complicado para él. Ya al menos sabía hacía donde debía ir, pero antes de regresar debía hacer algo: si su represa era Shaka Espica, debía derrumbarla… y el primer pasó era recuperar su apellido.

Cuando estuviera en Grecia ya vería como responder aquella pregunta, ahora su prioridad era mostrarle a su padre en quien se convirtió Shaka Wimbert antes de partir.

De nuevo, y como hace años atrás, en aquella habitación se vio el brillo de un color distinto al negro: azul.

Aquel fin de semana, Saga estuvo repensando en sus opciones mientras apoyaba a su madre y acompañó a su padre de nuevo a esa iglesia que visitaban de niño, usando gel para aplacar su rebelde  cabello y consiguiendo en su padre una sonrisa de aprecio por ello. “Así lo usabas cuando niño”, palabras tan simple como esas eran capaces de hacer que todo valiera la pena, sin embargo veía a su padre siempre mirar hacia el lado de su madre, donde se solía sentar Kanon cuando los acompañaba años atrás. Su padre perdía los recuerdos… y aún así vivía de ellos. ¿Que quedaría de él cuando las memorias se desvanecieran como toda actividad motriz en su cuerpo? Pensarlo le creó un nudo en el estomago difícil de asimilar y que significó un verdadero malestar a la hora de comer el estofado que su madre había preparado de regreso.

Varias veces ella le mencionó a Marin y las llamadas que le hacía para verificar la situación, cosa que agradecía. Su madre decía que para ella Marin había sido aquella hija que no pudo tener, ¿cómo quitarle eso a su madre? Saga estaba seguro que entre mujeres se entendería mucho mejor en la situación que experimentaban aunque sentía que muchas veces la mención de Marin era como un soga que intentaban echarle al cuello.

Con ese pensamiento para la tarde del domingo decidió caminar un poco más antes de emprender su viaje de regreso a Athenas, observando las nubes en el cielo y las olas de la playa que estaba a poca distancia de su hogar. Con sus manos en el bolsillo puso la mirada a la espuma de las aguas tibias que refrescaban las calientes lonas de arena blanca y por allá a lo lejos se veían los turistas con sus sombrillas, pelotas de playa y demás disfrutando de la tarde dominical.

Evocó, la llamada que le hizo a Simmons, sus palabras y todo lo que le había mantenido en ese viaje conectado a Athenas: Shaka.

“Radamanthys es un hombre demasiado correcto, de un solo discurso. Su forma de ser es estoica e impulsiva. Actúa según sus principios y cuando es necesario acude a la fuerza de su autoridad y de su temple. Ético, algo moralista podría decir, Radamanthys fue criado en un ambiente donde tuvo que proteger con uñas y dientes el legado de sus padres antes los familiares que intentaron desheredarlo. Por ello triunfó, por ello a su vez no se dejó amedrentar. Aprendió a ser fuerte y a formarse su camino aunque fuese solo…”

Semejante descripción… ese era el hombre al que Shaka buscaba enorgullecer, ese fue quien lo crio. Con eso no le quedaba duda de donde había formado Shaka todo ese temple casi imposible de tumbar, su padre había formado en el hijo la misma fortaleza, el mismo orgullo…

“Él ya sabía de mis gustos desde mucho antes, éramos muy jóvenes. Jamás me recriminó por eso, y sé que él pese a lo que haya podido decirle a Shaka o pensar ahora, no es de esas personas de mente cerrada. Ahora viéndolo en perspectiva, realmente les hice un severo daño. Radamanthys no hubiese dejado a Shaka en manos de un hombre con mi historial, pero lo hizo conmigo porque confiaba en mi. Y Shaka… Shaka en ese tiempo derrochaba inocencia.”

Claro, era fácil aceptarlo cuando no te afecta directamente, ¿pero qué cuando durante años han forjado sueños y planes y tu hijo resulta tener otras ideas al respecto? ¿Qué cuando ves que prefiere seguir a otro que permanecer a tu lado, cuando lo has criado y apoyado desde pequeño? Podía comprender que Radamanthys aceptara sin reclamo alguno a Simmons y sus gustos y que al mismo tiempo que renegara el de su propio hijo, único varón, al que crio con tanto empeño. Era evidente que Shaka y él pasaron el suficiente tiempo juntos como para que se formaran con tantas semejanzas. En la personalidad de Shaka la mano y huella de Radamanthys era visible en el tiempo.

Mas sin embargo, lo que más le cruzaba en la mente era esa última frase, la inocencia de Shaka.

“El Shaka que encontré en ese hotel no fue el Shaka que dejé. Al Shaka que conocí años atrás pese a su orgullo más era su inocencia y su fascinación por lo que estaba fuera del mundo. De algún modo, creo que al estar tan protegido por Radamanthys se deslumbraba fácilmente ante mis relatos de los viajes y los cursos que daba en varios países. No negaré que fue su inocencia lo que más me llamó la atención, pero… el Shaka que encontré no tenía rastro de ella…”

Usted lo destrozó”—le dijo en aquella conversación, con el tono turbio.

“Lo sé, el Shaka que vi en aquel restaurant no provocaba protegerlo, provocaba dominarlo…”

Él pudo objetar esa proposición, pero no quiso hacerlo. Caminando con sus manos en el bolsillo dejó que la brisa agitara su cabello húmedo luego de quitarse el gel y se permitió recordar aquellas escenas, todo esos gestos que Simmons no llegó a conocer del nuevo Shaka. No, Shaka sí provocaba protegerlo, provocaba proteger esa sonrisa con la que le saludaba esas mañanas, esas ideas, la creatividad, los colores que lucía sin decoro alguno. Y si bien tenía un orgullo enfermizo y un temple casi imperturbable, al punto de sacar de él aquella parte que quisiera tomarlo a la fuerza, recordar una de su sonrisa o las miradas de desconcierto era suficiente para hacerlo comprender… Shaka seguía guardando en parte esa inocencia, la guardaba escondida, como si fuese un pecado aún poseerla.

Ante Simmons, Shaka mostró una fachada de orgullo, de la misma forma que lo hizo con él en esa noche, de la misma manera que intentó escudarse para que no doliera, para no mostrarse vulnerable. Ante ambos intentó mostrar que tenía el control, cuando por dentro se sentía golpeado y confundido.

Realmente a Shaka no era necesario protegerlo del mundo, porque él estaba plenamente preparado para soportar los embates externos. A Shaka había que protegerlo de sí mismo.

Con ese pensamiento diluyéndose en el espacio de la brisa marina Saga pensó en sí debería hacer un último esfuerzo. Sólo quería una señal… algo que le diera indicios de que Shaka si querría abrirse a él.

Así llegó lunes…

Aquella mañana en Londres, Shaka salió desde temprano de su habitación, totalmente cambiado. Usando su vestimenta común en Grecia, se cubrió con un abrigo gris de gamuza y se despidió con buen ánimo de Shunrey y Shiryu que estaban a punto de salir a hacer algunas compras. La pareja de casados lo vieron partir con un morral de medio lado del mismo tono, mientras por dentro vestía un pantalón de color plomo y una camiseta de colores blanco, lila, gris pálido y verde agua que complementaba el atuendo. Voltearon hacía donde el anciano los despedía, con una noble sonrisa de satisfacción. Por la mirada comprendieron que simplemente ya Shaka había decidido una vez más tomar su propio camino. Ya había pensado lo suficiente, ahora empezaría a actuar y efectivamente, así era.

En el autobús que tomó en la parada se permitió sacar la Palm y ver el itinerario de cosas que él ya se había programado ese día, repasando cada una con cuidado y haciendo su propio mapeo de lo que sería ese día y lo que significaba. Sólo golpearía de lleno a su represa hasta tumbarla para llegar, con todo, al camino que había dejado de recorrer en Grecia, ya no como Shaka Espica; sino como Shaka Wimbert, el hijo de Radamanthys y Fler Wimbert… el hombre que se enamoró de su padrino y perdió su carrera, él que se levantó del barro para ser, en esos momentos, el mejor decorador de Grecia.

Entre tanto en Athenas Saga empezaba su día, preparando todos los documentos del juicio que debía liderar en unas horas. Aún estaba cansado luego del viaje de regreso a casa en la tarde anterior. Conteniendo su propio dolor de cuello y espalda empezó su faena diaria con un pan tostado y un vaso con leche fría antes de partir, observando de nuevo todo ese decorado que era una huella para él, era una marca indeleble del paso de Shaka Espica en su vida. Era inevitable no recordarlo, inevitable a su vez borrar la idea de simplemente arrancar esos días de su historia porque con ello tendría que remover el libro que le había quedado y la razón por la que había terminado de aceptar que esa era su vida y había tomado la mejor decisión.

La remodelación de Shaka para con él fue total, pero tanto a la casa como al dueño decidió abandonar apenas finalizó el contrato.

Con el mal sabor del recuerdo decidió continuar con su vida, con la ínfima esperanza de que quizás viniera una señal, algo, que le diera indicios de que Shaka podría quizás regresar, abrirse, darle la oportunidad de construir juntos un nuevo capítulo. Él quería ser el nuevo escritor, ¿que tanto le costaba a Shaka darle una pluma?

Y mientras el acelerador del automóvil en Athenas fue pisado, la tarjeta de crédito de Shaka pasó por uno de los cajeros automáticos para hacer uso de un poco de efectivo. Leyó con cuidado el aviso que el cajero le dibujaba en pantalla, y bufó un poco para recuperar el aliento del ambiente húmedo de Londres. Según los pronósticos, llovería a medio día, así que tenía poco de tiempo para hacer aquellas diligencias importantes en lo que formaban parte de su plan. Vio de nuevo la hora en el reloj de su muñeca y decidió acelerar el paso, caminando aquella acera un tanto despejada de transeúntes mientras los automóviles seguían su camino en la carretera. Había un cierto olor a pan caliente cercano que parecía ser de una panadería, y decidió desayunar allí algo más antes de ir al instituto donde se había graduado. Recordó que solía ir a veces a esa misma panadería, totalmente desinteresado en darse cuenta de los rostros de las personas que lo atendieron, al igual de los compañeros que le siguieron en la carrera.

En ese momento se dio cuenta, de cuanto había perdido experimentar y vivir por una carrera viendo hacía atrás, queriendo demostrar que lo dejado no lo necesitaba, mientras seguía mirándolo con añoranza ignorando su presente.

“Los años pasan sobre ti como si estuvieras disecado…”

Si, a Shaka le habían pasado los años, no recuerdo nada de sus estudios que no fueran sus dibujos y actividades individuales, no se permitía compartir demasiado con los demás, no se abría y debido a su crianza aquellos modales y ese aire de grandeza que desprendía le había creado una fama que lo hizo merecedor de la soledad y la marginación. Él demasiado orgulloso como para hacerles ver que necesitaba atención, y ellos demasiado prejuiciados como para acercarse, sí, esos fueron sus días de universitario sacando la carrera técnica, adelantando materias, esforzándose y sobresaliendo… pensando en todo lo que perdió… y odiando.

Comprendía… las capas de tierra con la que había enterrado su vida anterior había sido con rencor y frustraciones.

De eso se formo la represa: de rabia, de hipótesis, de frustraciones, de lágrimas contenidas que se convirtieron en el cemento que hizo que todos aquellos elementos formaran una espesa e impenetrable muralla para él mismo. Y dolor… mucho dolor.

Precisamente era con dolor que Saga observó, en ese mismo momento, el rostro de Marin al entrar a la audiencia de su juicio, con aquel aire profesional, el traje beige de sobrias líneas que delineaban solemnemente su figura. Ella le sonrío, de esa misma forma que recordaba, con la curva de sus labios maquillados con un color bronce que resaltaba sus pómulos rosas y su piel blanquísima, el delineado de sus expresivos ojos azules y los bucles rojos que caían con dulzura en sus hombros. La blusa verde agua dentro de su traje ejecutivo le daba el toque jovial que la profesionalidad le quitaba y dos discretas argollas de oro adornaban sus orejas.

Era hermosa, lo sabía, siempre lo supo. Si algo le había agradado de ella era la forma tan decorosa en que se vestía, una mujer discreta pero aún así llamativa. Físicamente le parecía una mujer hermosa, sólo que deseo sexual… no, ella no los despertaba de esa forma como lo había hecho Shaka. Con ella no había sentido esas ansías, esa hambre, esa necesidad de besar, comer, lamer, tocar que sintió cuando Shaka lo dejó entrar a su apartamento y tomarlo. Se podría haber recriminado por eso en otra época, quizás si fuera el Saga de semanas atrás. En ese momento solo había una convicción: simplemente era algo que debía aceptar.

Aún así, la presencia de Marin y su notable acercamiento durante esos días empezaba a incomodarle. Su madre no había tenido problema alguno de mencionársela cuando fue a visitarlos, y una de esas frases la sentía como si intentara amarrarle en el cuello y colocar una cadena que lo ataría irremediablemente.

“Ella me mencionó que le gustaría ser madre…”

Ese tipo de señales que le estaba haciendo la vida le aterraba. Temía confundirlas, temía malinterpretarlas. Metió sus manos en los bolsillos buscando calmarse del tumulto de ideas que le abarrotaron la mente, y se levantó cuando el máximo juez y encargado de estar al frente del caso entraba al estrado del lugar. Decidió dejar de pensar, dejar de pensar en todo lo demás y dedicarse a su trabajo.

Y mientras Saga tomaba la palabra en el estrado, viendo con ojos calculadores a quien era el testigo, Shaka hablaba con la asistente del Coordinador de Estudios para tratar con el caso que planteaba. El rubio estrujó sus cejas con evidente malestar debido al tiempo que parecían querer hacerle perder, esperando que la mujer terminara de decirle que debía hacer y a qué hora estaría allí alguien que pudiera realizar su solicitud. Pronto la joven le hizo saber que a  la una de la tarde la persona que necesitaba estaría allí y que estaba interesado en ayudarle a hacer los cambios pertinentes, recordándolo pese al tiempo que había dejado la casa de estudio. Sonrío… su titulo de decorador con su verdadero apellido sería la primera señal para él, y su padre, de lo que había logrado aún fuera de sus manos…

Señales entonces era lo que Saga veía cuando al terminar cada intervención luego de dramáticos interrogatorios y diferentes choques con el abogado defensor, aquella mirada azul fija en él con la misma admiración que notó en ella cuando se conocieron. Señales de alertas sentía tras su espalda, ante la ausencia de la persona que si deseaba tener a su lado, y la posibilidad de volver a intentar encajar en la sociedad.

En Londres, al mediodía, el rubio decidió esperar la llegada de aquella persona y por ello caminó por un centro comercial cercano, viendo en el camino pro las vidrieras una boina gris, del tono de su abrigo y que crearía una interesante combinación. Pensó en resistirse a la idea de comprarlo, peor antes de dar el siguiente paso pensó que no había problema con ello y que definitivamente, un gusto no le caería nada mal.

Si pensaba aparecer frente a su padre, sería como él era, como vestía, como había surgido, lo que se había convertido. Eso pensó cuando se vio en el espejo y pudo, por fin, reconocer la imagen que este le mostraba. La señal fidedigna de que estaba tomando el camino de regreso para recuperar el ritmo de su vida, que ya estaba abandonando su callejón de salida. Sonrío, seguro de la compra y sacando su tarjeta de crédito para pagarla.

Sus vidas seguían corriendo, habían decidido hacerlo, Shaka convencido en primero derribar su propia represa y Saga inseguro de hacía donde se estaba dirigiendo. Mientras para el rubio las señales le decían que iba por buen camino, el abogado sólo veía advertencias a su paso. Entonces, mientras Shaka comía en el pequeño restaurant, Saga tenía el receso del juicio y veía como Marin se acercaba para comentarlo lo que había observado. Al tiempo que Shaka pagaba la cuenta, la joven mujer le hablaba sobre un taller de ayuda familiar para los problemas del Alzheimer, animándolo a probar esa opción.

Las señales, se hacían cada vez más difíciles de distinguir.

Para el mediodía en Grecia, Saga había decidido invitar a Marin a Almorzar y aprovechar a conocer más de esos talleres que ella le había comentado a mitad del juicio. La sección por ese día había acabado, y estaba pautada la próxima para el día siguiente. Por los momentos necesitaba despegarse y quizás, intenta ver más en claro que era lo que debía hacer.

Salió al lado de ella notando la mirada de aquellos que trabajaban en el lugar y conocían lo que fue su anterior relación. Sabía que debía verse extraño que de repente sus acercamientos fuera más visibles y estaba casi seguro que muchos ya estarían formulando hipótesis de aquello. La proposición de su madre, Marin, la presión que pese a todo sentía por la sociedad, los recuerdos, la soledad…

¿Eran acaso señales?

Salió de los tribunales con ella a su lado, bajando las escalinatas del recinto mientras sentía la brisa fresca de Athenas agitando sus cabellos. Subió su mirada por un momento en que el sol del mediodía dibujo en sus ojos luces de colores, y en medio de la confusión visual pudo ver la figura que reconoció. El cabello castaño se agitó por el viento otoñal. Una  camisa de cuadros, un jeans sencillo, uno de los ayudantes de Shaka estaba frente a él con una mirada jovial, era el mayor de ellos… Aioros.

Señales que cada vez se veían tan confusas…

El hombre se acercó a ellos, saludó a la mujer a su lado reconociéndola cuando trabajo para ellos dos años atrás. Marin también los reconoció.

—Necesito hablar con usted, Sr. Leda. Algo… referente al contrato—el abogado lo miró sin entender y sin saber que esperara. El cheque se lo había dado a Aphrodite, se suponía que entonces no debería tener nada pendiente.

—Terminé el negocio con Aprhodite…

—Lo sé—le interrumpió el castaño  viendo de reojo a la mujer que permanecía cerca—, se trata sobre nuestro jefe—y Saga sintió en aquella mirada un clamor por hacerse escuchar—, es algo importante que debo hablarle.

Y él quería escucharlo… Lo que sea que tuviera que ver con Shaka, quería escucharlo.

Se disculpó con Marin prometiéndole llevarla a comer el día siguiente y ella los dejó ir, observando a los dos hombres bajar las escalinatas para dirigirse al estacionamiento adyacente. Lo hizo, con una leve incomodidad al ver a Saga al lado de otro hombre y recordando la razón de su divorcio, de sus palabras, de lo que ocurrió en aquella noche, tres meses atrás. Decepcionada, tomó el camino contrario tratando de no ilusionarse… recordando aquellas señales que Saga le especificó referente a su condición… de sus gustos.

En ese momento, Shura iba saliendo de la oficina luego de aceptar la invitación de otros dos compañeros de trabajos para almorzar en el comedor del tribunal, dejando su computador atrás, junto con los casos que estaba coordinando. Al cerrarse la puerta, un mensaje en su bandeja de mensajes entrantes apareció. Se veía los números de una identificación personal y el asunto “Últimos movimientos Tarjeta de Crédito [Shaka Espica]”

El mensaje parpadeó intermitentemente en la oficina vacía.

5 thoughts on “Un Poco de Color y Vida (Cap 29)

  1. OMG!! Las cosas se encauzan y la información empieza a llegar con cuenta gotas, pero llegaaaa!!! Las señales de la vida son miy traicioneras. El problema no es la señal, sino cómo la interpretas en un determinado momento y en una determinada circunstancia! Espero que el río y el mar no terminen divergiendo o me muero jajajaja 😀

    1. Hola luribel, gracias por comentar, asi es, ya las cosas toman curso y las señales se empiezan a ver en el panorama, falta que las intepreten bien para llegar al rumbo que quieren y no perderse en el camino xD Si, ¡yo tambien me moriria! Vamos que ustedes pueden xD

  2. Cerca, demasiado cerca, ya a Shaka no le queda casi nada que esconder ja ja, eso es lo se llama ser desarmado. Creo que el padre de el es un soberano imbécil, como pudo simplemente ignorar la condición de su amigo pero dar la espalda a su hijo? Lo que necesita son unos buenos guamazos ja ja, no mentira, la verdad es que estos tres últimos capítulos han estado llenos de sentimientos encontrados…

  3. Llenos de melancolía, me han gustado y no puedo evitar sentir pena por saga quién ya no parece encontrarle el sentido el asunto, sin embargo ya casi, ya casi lo tiene… Je je Bue… Siento lo corto del comen pero no me arriesgo a que no se guardé. Nos leemos!

    1. Gracias por comentar Chris melian. Tienes razón, Radamanthys de verdad que es necio a ver quien le da los guamazos, alentemos a Valentine a ver si se atreve xD Me alegro haber podido expresar las emociones y sentimientos que he sentido al escribirlos y al sentir casi en piel propia lo que sienten los personajes. No te preocupes, agradesco que hayas tomado tu tiempo en comentar, de verdad muchisimas gracias ^^

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