Malentendido

Shaka invitó a Saga a cenar pero para el griego eso no garantiza nada bueno.

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Temas: Yaoi, romance, Universo Alterno..
Personajes: Saga, Shaka
Resumen: Shaka invitó a Saga a cenar pero para el griego eso no garantiza nada bueno.
Dedicatoria: Apoyar el evento: [AEGV] ~Seamos Familia~ SP&PB
Comentarios adicionales: Este era originalmente un drabble para el evento interno “Casate Conmigo” del club, pero cuando me di cuenta se había alargado tanto que preferí convertirlo en Oneshot. Espero les guste.

Malentendido

Lo había invitado a cenar afuera y después del trabajo, él, el señor “ahorrista”, él que no gastaba de más. El asunto no dejaba de sonar incomodo, al menos para Saga quien luego de un: “Tenemos que hablar”, había imaginado una cantidad de posibles términos a esa cena. Y no se le podía objetar; que Shaka lo haya llamado a cenar afuera en un restaurant cuando prefería comer dentro de algunos de sus departamentos por cuestiones de salubridad y económicas —que nunca había terminado de comprender pero que aceptaba ya resignado—, no podía tomarse a la ligera.

Mucho menos si llevaba semanas en ese extraño silencio, como si intentara decirle algo que al final de cuenta no hallaba como pronunciar. Saga llevaba ya días viendo que su pareja se notaba un poco más esquiva y distante que antes, y aunque pensó que se debería a asuntos del trabajo, no imaginó que llegara hasta la terrible situación de llamarlo a una cena “especial”. Por ello el griego no podía simplemente pensar que la cena tenía fines románticos, la alarma era demasiado evidente al menos para él, que con el nerviosismo y la incertidumbre había decidido acudir al llamado de su pareja esperando quizás lo peor.

Por lo tanto, el ambiente había sido algo pesado en aquella mesa. Primero comentando cosas comunes, lo normal en cualquiera de sus citas para luego quedarse largos ratos en silencio mientras degustaba sus platillos y las miradas se esquivaban. Ya Saga lo daba por hecho; Shaka pensaba terminar su relación y no encontraba la forma de empezar a hablar del tema. Un puñal de desesperación penetró en su pecho e intentó disimular la frustración con varios sorbos rápidos del vino tinto servido en la cena.

Sí, su mente le trabajaba de más buscando millones de razones y miles de formas en las que Shaka le dijera que no quería estar con él. El dolor le gangrenaba lentamente su temple, se sentía ya solo sin siquiera el rubio haber mencionado nada de la separación. Eran tres años juntos, pero para él tres buenos años. Desde que lo había conocido no había sentido ninguna intención de buscar algo que le faltare por fuera. Shaka lo tenía todo, y más, más de lo que él pudiera siquiera haber pensado.

Había planes, además. No eran planes demasiados formales aún pero si habían conversado alguna vez de mudarse junto a un apartamento menor o tomar un préstamo bancario para un auto del año. Incluso habían discutido de algunas vacaciones fuera de Grecia y conocer Budapest, la capital de Hungría que ambos admiraban. No era posible que todo acabara, y desde que había recibido en esa mañana el llamado era la única idea que le pasaba por la mente, la posibilidad de una separación.

Por ello no pudo concentrarse en su trabajo, sólo recordando momentos, armándose situaciones, buscando respuesta… pensando…

—Sé qué te parece extraño que estemos aquí cuando tengo mis ideas sobre la comida fuera de casa.

¿Extraño? ¡Shaka lo estaba matando en vida con la desesperación! Saga lo miró casi con suplica, no sabía si para decirle que se detuviera de decirlo, o de que lo dijera bruscamente para que la muerte, al menos, fuera instantánea.

—Estuve pensando mucho en nosotros…—“El preludio para el desenlace” pensó el griego, recordando cuantas veces comenzó con esas malditas cinco palabras para terminar una relación a la que no le veía futuro. El asunto es que para él su relación con Shaka si tenía futuro, al menos lo veía aún para dentro de cinco años más y en ese momento tampoco le molestaba sumarle más tiempo a aquel conteo.

Y claro, ya sabiendo el final no iba a quedarse a escucharlo ¿o sí? Definitivamente no, el griego supo que debía hacer algo, ¡debía decir algo!

—Espera, Shaka—le interrumpió antes de que prosiguiera con la posible despedida—. Sea lo que sea que esté pasando, creo que podemos superarlo si lo hablamos—y el rubio lo miró con aquellos celestes extrañados.

—Déjame hablar Saga…

—No, no es necesario. Ya sé que ibas a decir.

Para ese momento fue el rubio quien se quedó mirándolo impresionado. ¿Ya sabía? enarcó una ceja dorada mirándolo con severidad y algo de bochorno. La expresión para Saga había sido fulminante. Sí, allí lo veía, la disculpa y quizás algo de lastima por tener que acabar algo que era, al menos para él, tan importante. Mordió sus labios al mismo tiempo que cerró sus puños de impotencia.

—¿Ya sabes…?

—Ya sé, varias veces lo dije así que ya sé—y la mirada del griego, férrea como él, era indicio de lo serio que hablaba. Shaka lo miró más impresionado aún, para terminar frunciendo el ceño y cruzándose de brazos ante el nuevo descubrimiento.

—¿Ya lo habías hecho antes?—repitió con evidente enfado. Saga no se inmutó—. Pensé que lo demás que habías tenido no había sido tan importante…

—Da igual…—y Shaka abrió la boca de puro espanto ante la frialdad de su pareja—. Lo cierto es que no quiero esto, y creo que podemos buscar otra salida.

Frustrado el rubio lo miró con reclamo, con rabia contenida y aquel vibrar en sus ojos celestes que evidenció para Saga que venía un verdadero terremoto. Pero el griego no iba a mover un ápice de su terreno, sea lo que sea que haya hecho pensar a Shaka que debían terminar debía poderse resolver de otro modo; ¡tenía que!

—Así que hablemos…—continuó el mayor—, sea lo que sea que esté pasando no debe ser tan importante como para que te haya hecho tomar esa decisión.

—¿Eso crees?—masticó el menor con indignación.

—Eso creo… así que…

—¿Entonces la idea de casarnos te parece un error?

—Quítate la idea de termi… ¿qué?

Los dos se miraron fijamente, dándose cuenta que lo que estaba pasando era una evidente confusión.

—¿Terminar…?

—¿Casarnos…?

Hubo un turbio e incomodo silencio, mientras Shaka desviaba su mirada entre molesta y avergonzada, con un ligero carmín cubriendo su mejilla y Saga, por su parte, no le podía quitar los ojos de encima por la inesperada declaración. Todo lo que estaba sucediendo, ese llamado, la cena, ¿todo ese silencio era porque Shaka quería pedirle que se casaran? ¿Era una declaración matrimonial? ¿Shaka quería casarse? Carraspeó un tanto inseguro mientras se dejaba caer al espaldar y tomaba aire. Miró hacía el mantel rascándose ligeramente la frente y dibujando una tonta sonrisa de mucho, pero mucho alivio y sí, la impresión y la emoción de entender que Shaka, tal como él, veía que su relación tenía más futuro. Quería buscar las palabras adecuadas para retomar la conversación, ahora ya planteado el verdadero motivo de dicha cena, pero apenas al subir su mirada verde hacía aquel rostro contrariado de su pareja sintió, que simplemente, todo era perfecto justo así.

Al menos aseguraba que jamás lo olvidaría.

—¿No debería ser yo quien lo pidiera?—dijo, en tono de broma, enarcando una ceja y mirándolo con aquella cara que solía hacer cuando había una travesura de niños con Kanon y su madre lo regañaba. Sólo que había tenido el efecto contrario, en vez de la tierna expresión de “no has hecho nada malo”, fue la indignación de “no me estás tomando en serio”. El rubio lo observó con una tensión visible en su cuello y la desesperación clamando por salir en lágrimas de rabia.

—Olvídalo…—farfulló un Shaka molesto y superado por la desesperación de que toda su controlada y formada agenda de cómo hacerle la invitación a su pareja se hubiera ido al traste.

Con velocidad se levantó de su asiento dejando de mala gana la servilleta de tela que tenía en sus piernas y golpeando con ella la madera de la mesa. Las miradas discretamente los observaron, vieron al rubio caminar en largos pasos y al griego tomarle de la muñeca antes de que se alejara demasiado de la mesa. El hindú volteó, con la ira manándole por los azules irises y sí, lágrimas quizás contenidas por lo que él creía un desprecio. No entendía, quizás por como se había desarrollado todo; que lo ocurrido fue sólo una muestra de que para Saga primero había sido inesperado y segundo le había quitado no uno, sino todo el peso del mundo de encima.

Las miradas volvieron a encontrarse con intensidad. Aquellos zafiros azules lo observaban con muchos, muchos reclamos, palabras que sabía no diría porque sí, al sentirse rechazado no podía tomarse más que de su orgullo, mientras que los verdes del mayor lo contemplaron con sinceridad, lo miraron con una calma atrayente, con adoración incluso.

Con sólo eso los azules de Shaka dejaron aquel endurecido brillo de rabia para convertirse en uno húmedo de decepción. Saga lo miró con gesto de disculpas, con aquel rostro contraído en la más transparente señal de arrepentimiento, suficiente para desarmar las bases del menor y hacerlo soltar la presión en un murmullo turbio. Acarició así el griego la mano que le había tomado, con devoción, sin bajar su mirada; sin dejar de observarlo.

—Perdóname por interrumpirte—dijo, con el corazón trepidando dentro de su tórax, latiendo vehementemente—. Por favor, dime lo que querías decir.

El menor lo detalló por unos segundos, al menos el tiempo necesario para parpadear una vez más y contener el temblor que gobernó sus piernas y el sudor que ya empezaba a humedecer sus manos. Era todo, sentía de todo, tenía un cúmulo de pensamientos y emociones agolpándose en su pecho e imposibilitándole hablar o accionar coherentemente ante los cambios en todo el itinerario que había pensado durante semanas, desde que en su mente se asentó la posibilidad de querer hacer, aunque para muchos fueran solo un acto simbólico, algo que diera una prueba contundente a la sociedad de su decisión.

Se acercó un poco más respondiendo a las caricias de aquellos dedos en sus manos, con la misma calma. Lo miró, con el mismo sentimiento que brotaba de él y lo contagiaba de aquel ambiente que si le parecía adecuada para tan importante cuestión. Recordó así como había empezado, todo lo que habían recorrido y cuanto había aprendido a su lado.

—Estuve pensando mucho en nosotros…—comenzó con las mismas palabras que ya para ese instante a Saga le sabían totalmente diferente—, y en todo lo que hemos vivido juntos. En todo lo que he aprendido a tu lado y lo que has significado para mí—tuvo una pausa dedicada a tomar aire y apretar ahora sí, aquella mano con fuerzas, con la misma que tomaría sus palabras—. Sé que no necesitamos de ningún documento legal o ritual para entender la profundidad de lo que tenemos, pero… siento una necesidad de decirle al mundo que esto que vivimos es real.

Saga sonrió con aquella felicidad desbordarle por los poros y detectable por el brillo intenso de sus dos esmeraldas al tiempo que Shaka tomó aire y nervioso, pronunció las últimas palabras.

—¿Quieres casarte conmigo, Saga?

El mayor expandió su sonrisa en los límites posibles, jalando un poco la mano tomada para que Shaka se acercara a él, acción que realizó, quedando en cuclillas frente al mayor. Los demás del restaurant intentaron hacer caso omiso de la escena que se estaba gestando entre dos hombres en aquel local a media luz.

—Quizás, en una situación distinta, hubiera pensado que esto es innecesario—se sinceró, pasando un mechón rubio detrás de la oreja de su pareja—, pero desde que me llamaste e hiciste esta invitación, desde que la posibilidad de perderte se aferró a mi cabeza siento que… que no—los ojos azules amenazaron con romperse—,  no quiero perderte… no quiero dejarte ir y sí, también quiero que todo el mundo sepa que esto es real—acercó sus labios en un roce tan límpido con el de sus manos tomadas, ya con sus dedos entrelazados en una sola unidad—. Si quiero, Shaka…

Un beso para sellar lo que parecía ser una nueva etapa para ellos. Un beso lleno de todo, de promesas, de nuevas metas, de buenos augurios. De que todo lo que ellos sentían era lo suficientemente poderoso para salir a la sociedad con anillo en mano y gritar que sí, ellos también podían amar con tanta fuerza, pasión y estabilidad como los demás.

—Aunque…—susurró Saga deshaciendo el beso y relamiendo el hilo de saliva que unía ambos labios. Los ojos azules le miraban, chispeante, llenos de esa felicidad que ya el conocía, aquello que burbujeaba en sus corazones—, esta cena la hubiera preferido en casa…—y el rubio lo miro intrigado provocando en el mayor una sonrisa traviesa—, porque ahora lo que quiero es devorarte muy lentamente, Shaka…

Y la respuesta fue otra sonrisa con las mismas intenciones.

—Paguemos entonces la cuenta.

Se miraron, se desearon.

Y supieron que esa noche sería especial por un nuevo comienzo.

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