Rayos de Aurora (Cap 03)

Antes de lo que Saga pensara, Shaka se adelantó y se acercó. Sin embargo, queda mucho para aclarar sobre la naturaleza de su relación.

Anuncios

Temas: Yaoi, romance, drama, Universo Alterno.
Personajes: Saga, Shaka, Hilda, Fler, Marin
Resumen: Saga comienza a sentir que le falta algo a su vida desde que conoció a Shaka, compañero de oficina y padre de dos hermosas niñas. ¿Qué es eso que le falta? ¿Podrá tan siquiera ser participe, al menos un testigo mudo de ello?

Antes de lo que Saga pensara, Shaka se adelantó y se acercó. Sin embargo, queda mucho para aclarar sobre la naturaleza de su relación.

Capitulo 03: Sus sonrisas

Después de las galletas y el vaso de leche, Saga se sentía mucho mejor para retomar el sueño. El dulce sabor en su paladar había sido suficiente junto con sus recuerdos, para hacerle más llevadera la oscuridad del departamento. Sonriéndose lavó lo que había ensuciado, dejándolo en el lavado para que se secara, y con apagar la luz de la sala se encaminó a la habitación, dejando las luces el árbol navideño encendido, sólo para mantener un poco más el ambiente.

Llegado a su cama se cambió de ropa, dándose primero una rápida ducha y recostándose con un short y una camiseta de algodón de colores azules y blanco. Se tiró sobre las colchas cubriéndose con ellas del frio de la noche en ese invierno, mientras observaba el espacio vacío y pensaba en la repentina lluvia que había caído sobre la ciudad y la que había bajado considerablemente los grados de temperatura. Se acurrucó de nuevo buscando calor, echando uno de sus brazos hacía aquel lugar solitario de su cama y mirándolo con añoranza.

Fue inevitable no recordar… de nuevo.

Aquella mañana al abrir sus ojos por primera vez vio algo más que el frío vacío de las sábanas a su lado y la mesita de noche en el otro extremo de la cama. La cabeza rubia ahora le acompañaba, dándole la espalda y siendo eso lo primero que golpeara contra su retina. Se sonrió, su sonrisa no había forma de ser borrada luego de eso, dándose cuenta que había despertado tan igual como se habían acostado aquella noche, que no se había movido en nada, aún su brazo rodeada el cuerpo del rubio sobre protectoramente. El sonido del respirar descansado y profundo de Shaka fue sus buenos días, el olor de su cabello medio húmedo, de su cuerpo, la textura de su piel contra las sábanas… ¿cuánto había anhelado un despertar así? Aferró más su cuerpo contra él y lo sintió moverse inconstantemente acomodándose de nuevo en la almohada. Sonrió al escuchar que Shaka mencionó uno de los nombres de sus hijas e imaginó que quizás los fines de semanas ellas se meterían en su cama a despertarlo tal como él pretendía hacerlo.

Recordó como había ocurrido todo. Ese día, 18 de Septiembre, les habían hecho quedar hasta tarde en la oficina trabajando en diversos registros. Ellos desde aquella vez que estuvieron juntos llevaban dos meses saliendo, manteniéndose de bajo perfil cuando estaban en la oficina, pero saliendo juntos a almorzar de vez en vez. No había amanecido con Shaka, ya que el joven prefería evitar en lo posible dejar a sus hijas solas por demasiado tiempo, por lo que, en lo general, iban a un motel del pasó para intimar, y luego lo dejaba en algún lugar donde pudiera tomar un taxi hasta su casa, tampoco le había permitido llevarlo hasta allá directamente, quería evitar en lo posible los rumores.

Sin embargo, ese día que los hicieron quedar hasta tarde los datos se iban a retrasar, les avisaron que no llegarían sino hasta mediados de la mañana siguiente. Shaka algo molesto por el cambio de planes pensaba ya irse hasta su casa. El día siguiente era su cumpleaños y ya ese cambio en el itinerario le había molestado como para quedarse en la oficina esperando, pero Saga le propuso algo mejor; tomando en cuenta que ya había avisado en casa que no llegaría, era mejor que se fuera con él a su propio departamento de soltero y así regresarían los dos temprano por los datos. Además, quería estar más tiempo con él. No muy convencido, el rubio aceptó.

De allí la llegada al apartamento fue sencilla. Shaka notó con asombro que era incluso más espacioso que el propio, bien decorado, un enorme ventanal daba vista al resto de la ciudad desde la sala de estar. Era en un edificio de buena ubicación y visiblemente ostentoso, en una zona que era además bastante costosa. Saga era un hombre de darse muy buenos gustos, y que solía invertir de más con tal de tener comodidad y elegancia de por medio. Ya le había escuchado que compraba a veces una propiedad y la revalorizaba para revenderla, un negociante además fuera de su área de trabajo.

—Ponte cómodo—le insistió el griego al verlo de pie a mitad de la sala, viendo los muebles amplios que rodeaban la mesa de vidrio rectangular, el televisor de pantalla plana con un excelente equipo de sonido y la vista a la cocina apenas dividida por un mesón a media altura y empotrada en madera. El rubio lo miró un tanto apenado y cohibido ante lo que estaba viendo.

—No pensé que vivieras en un lugar así.

—¿Te incomoda?—se acercó Saga luego de quitarse la chaqueta y dejar las llaves en el llavero cerca de la puerta. Shaka renegó, aunque no podía dejar de sentirse fuera de lugar, al menos eso intuyó el mayor.

—No, está bien. Es sólo que me impresioné—sintió las manos del griego buscando espacio en sus caderas, la nariz prominente delineando su mejilla—. Saga, de verdad, no estoy de humor.

Apenas suspiró, comprendiéndolo. En sí sabía que Shaka seguía molesto por el contratiempo de la oficina.

—¿Quieres tomar algo?

—Necesito una pastilla para el dolor de cabeza.

—Ya te la traigo—fue hasta la cocina, buscando las medicinas y un vaso con leche fría para que bebiera—. Lamento que las cosas se hayan dado así, de haber sabido hubiera hecho compras para tener con que hacerte una cena decente—el rubio se acercó hacía el mesón de madera, observando al dueño del departamento moverse en el lugar con soltura—. ¿Tienes hambre?

—Con lo que comimos en la oficina estoy bien, no te preocupes—recibió la pastilla con el vaso de leche y la  bebió sin muchos preámbulos, suspirando luego como si esperara que la capsula se deshiciera en su organismo. El mayor se acercó y le tomó la mano, acariciándola con suavidad.

—Me alegra tenerte aquí, Shaka—le dijo muy sinceramente, se sentía feliz de tenerlo en su departamento, de tan siquiera la idea de poder despertar con él a su lado. Shaka lo miró por un momento antes de dibujar una corta sonrisa, no muy animada, notándose el cansancio que ya llevaba a cuesta—. ¿Necesitas algo más?

—Un buen baño y dormir—respondió con gesto cansado. Saga se acercó quitándole el vaso de vidrio y dejándole un beso en los labios.

—Ven—le extendió la mano tomándolo por el hombro—, te prestaré ropa para dormir.

—Lamento que no haya sido lo que esperabas…

—Para nada, estoy muy contento con ya tenerte aquí.

Lo guió a su habitación en silencio, sacando un paño limpio y una de las camisetas que más le quedaba ajustada para que pudiera usar. Le pidió ser él el primero en ducharse para que Shaka pudiera tomarse su tiempo en el baño además de verificar que todo estuviera en orden dentro de él. Al terminar, salió con su bata de baño y le permitió a Shaka entrar, notando por un momento la impresión del rubio cuando vio la amplia sala de baño con el que gozaba. Le explicó rápidamente como usar las llaves de la ducha de hidromasaje y lo dejó a solas, acomodando la cama y buscando un relajante muscular. Cuando el rubio salió de la ducha con la camiseta puesta hasta un poco debajo de sus glúteos y el gesto somnoliento, Saga apartó ese lado de las colchas para que Shaka se acomodara. Este lo hizo, buscando recostarse boca abajo y abrió los ojos azules mirando a su compañero a modo de reclamo cuando el mayor empezó a acariciar sus hombros.

—Saga, te dije que…

—Shhh… sólo relájate—el rubio lo observó con pesadez, sintiendo los dedos de su compañero ejercitando un poco de presión en los tensos músculos de espalda, hombros y cuellos, de forma atenta y rítmica—. Has estado en la oficina desde la mañana hasta hace poco, necesitas relajarte para que puedas descansar bien. Además, ya es tu cumpleaños—siseó al final con una sonrisa… pero Shaka ya se había quedado dormido.

Hasta ese momento que despertando él luego de acomodarse rodeando su cuerpo con un brazo, se había dado cuenta que a diferencia de él Shaka si se había movido y estaba dándole la espalda recostado de medio lado. Suspiró contra su cuello extasiado, la sensación era gloriosa: tenerlo en sus brazos para él era lo que más podría querer.

Lo sintió removerse de nuevo en un segundo que había decidido cerrar los ojos para dejarse llevar por la compañía. Luego Shaka fue quien se movió para quedar frente a frente, mirándolo con sus profundos ojos azules por un largo rato. Se quedaron en silencio, apenas entre ellos se escuchó un buenos días lejano y soñoliento y antes de que Saga mismo pensara en recortar el espacio, Shaka lo había hecho, besándolo apasionadamente sin dejarle replica de nada. De un momento al otro se trajo al rubio con él, teniéndolo sobre su cuerpo por completo e inevitablemente sus manos atraparon los glúteos desnudos debajo de la camiseta. Gimió y le escuchó gemir, los besos a su vez se intensificaron más, era el calor de las colchas más la tibieza de su cuerpo recién despierto que empezaba a cocinarse por la excitación, era la pesadez de sus parpados peleando con el brusco despertar de su erección. Eran muchas cosas a la vez, pero para cuando Saga reparó ya Shaka bajaba con besos y manos por su cuerpo, tomando sus tetillas y acariciando sus muslos con verdadero énfasis. No opuso resistencia, le dejó a él marcar el paso de lo que sería un nuevo encuentro.

Abrumado sintió los labios encerrar su glande en cuanto las manos quitaron el short de su lugar, ahogado recibía con complacencia el trabajo bucal del hindú en su entrepierna y le acariciaba el rostro en señal de agradecimiento. Le gemía, la excitación era tal que Saga no tenía fuerzas tan siquiera de querer tomar el control, sólo quería sentir, quería que su semen se desbordara y fuera probado por esa cálida boca que había decidido complacerlo. Llegó a pensar que quizás era la forma de agradecer el masaje nocturno que le había entregado, pero en cuanto sintió uno de esos dedos ejerciendo presión contra su ano su cuerpo se tensó y sus ojos se abrieron como platos. Shaka debió sentirlo, porque levantó la cabeza y lo miró en un silenció que más bien asemejaba a un pedido mudo.

Shaka apenas subió un poco su cuerpo, y entre la luz que penetraba por la ventana le dejó a ver a Saga el estado corporal que tenía. El mayor jadeó, jadeó al ver la potente erección esperando, el rubor de su rostro y apenas el brillo perlado del sudor pese al aire acondicionado. Obedeció aquel deseo que Shaka le envió con la mirada y abrió sus piernas, en espera de recibirlo. El rubio sólo tuvo que girar un poco la mirada para ver que en la mesa de noche del lado de Saga estaba ya el lubricante y un condón esperando, le miró entonces con gesto autosuficiente y el griego no pudo evitar sentirse al descubierto.

—Sólo un masaje ¿no?—jadeó el hindú estirándose para tomar los implementos con sus manos.

—Al menos lo intenté…—susurró el mayor con una sonrisa.

Pronto Saga se vio totalmente fuera de sí. Tomando las sábanas con fuerzas permitió que su compañero empezara a prepararlo, sintiendo el movimiento circular de esos dedos y la presión que ejercía sobre su miembro al mismo tiempo. De vez en cuando Shaka se inclinaba hacía él para dejarle besos, momentos en que aprovechaba para pasar sus manos por la espalda blanca, sentir el cabello dorado que se apegaba a ella y a su propia piel sudada, acariciarlo y presionar sus hombros cuando el movimiento se hacía consistente y exasperante. Ya no quería pensar en si no era la posición o rol que asumía en sus relaciones pasadas, quería simplemente sentirlo, sentir la calidez de Shaka rodeándolo y envolviéndolo, sentirlo a él dentro de sí y no dejarlo ir más de entre sus brazos. No importaba lo demás, la necesidad de tenerlo era incluso mayor que ello, y por ello jadeaba su nombre al ritmo que escuchaba el suyo en aquellos labios, ahogado, extasiado, conforme la cabeza de la erección del rubio empezaba a abrirse espacio en el cuerpo del mayor.

En cuanto las caderas de Shaka se movieron en continuas penetraciones ambos se entregaron a la suma del placer, con las manos de Shaka sobre su pecho y las de Saga en lo bajo de su cadera enfatizando el movimiento. Jadeaban al mismo instante, se besaban, las manos acariciaban y presionaban en la piel ajena mientras las caderas se encontraban en un choque rítmico y perseverante que se iba incrementando y acelerando. En pocos minutos el placer estallaba y corría entre ellos como una fuerza eléctrica imposible de controlar, gritaban ambos poseídos, se entregaban con tanta devoción que lo podían ver: ese vinculo, esa conexión más allá que los tenía en los últimos embates de sexo encontrándose con sus manos para masturbar la virilidad de Saga mientras se miraban diciéndose todo y al mismo tiempo nada, totalmente sumergidos en el instante. Tomaron sus manos libre, usaron la otra para satisfacerse y al estallar, aquel grito de gloria se vio acompañado por la alarma del despertador de la habitación.

Con espasmos de gozo Shaka cayó sobre el amplio pecho del mayor, temblando después que su semen fuera disparado a presión dentro del cuerpo de su pareja. Todavía mantenían una mano entrelazada, mientras la otra se vio humedecida por el líquido caliente. Se quedaron muy quietos, recuperando la respiración, el alma, las fuerzas… luego de ese orgasmo que había arrancado todas las palabras de su vocabulario.

La alarma volvió a sonar a los cinco minutos, resonando constantemente para ser escuchada.

—Increíble…—susurró Saga en cuanto recuperó el aliento…—. Eres increíble…—quería acariciarle el rostro, pero su mano libre estaba llena de semen.

—Gracias…

—¿Gracias?—preguntó un tanto extrañado por la respuesta. El rubio rió un poco, para luego enfocar su mirada en los ojos verdes y observarlo con destellos de entrega.

—Tenía años sin saber lo que es dormir acompañado, ¡ni hablar del sexo matutino!

—Considéralo parte de mi regalo de cumpleaños.

—Hecho—susurró dejándole un húmedo beso.

Luego de unos minutos más decidieron levantarse para tomarse un baño, el cual esta vez fue juntos. Saga no quiso separase de él, no dejó de besarlo y acariciarlo en cuanto pudo, aunque sabía que no iban a poder tener una segunda ronda ya que con el reciente orgasmo y el poco tiempo que quedaba para ir a trabajar las posibilidades se vieron menguadas. Sin embargo, aprovechó que Shaka estaba allí para darle, luego de salir de la ducha, el regalo que ya había comprado para que lo estrenara de una vez: una costosa camisa manga larga que Shaka observó pasmado. Vio en el rubio un intento de réplica, reconociendo el mismo rostro que dibujó al ver la sala y el baño, parecía no estar acostumbrado a demasiados lujos. Por ello lo calló con un beso antes de escucharlo protestar.

—Pero Saga…—logró decir el rubio luego de relamer sus labios húmedos.

—Nada, póntela, úsala hoy—el rubio tuvo que aceptar.

Al llegar a la oficina Saga solo veía a todos los compañeros extendiéndoles felicitaciones al rubio y este aceptándolas con algo de pena. Decidió adelantarse para no ser tan evidente, preguntándose a su vez si alguien estaría preguntándose porque llegaron juntos en la mañana. Parecía ser que la gran mayoría estaban más preocupados por su propio trabajo como para eso y se tranquilizó con ello, tomando de una vez la data de la red para empezar a procesarla. Al poco tiempo fue Shaka quien inició el trabajo y al cabo de unas horas ambos estaban muy concentrados en ello que olvidaron lo que había pasado en esa mañana o lo que los unía.

Saga se sentía virtualmente feliz, aquella conexión que sintió con Shaka había sido tan poderosa y potente que no le había quedado duda alguna, podía sentir del rubio la misma entrega y amor que él le profesaba, sentía a su vez la seguridad de que su relación tenía un buen rumbo y llevaba un ritmo ideal para haber comenzado. Habían mantenido el tema de sus hijos en silencio, más bien por respeto a Shaka y para no presionarlo, aunque eso no significaba que el hindú no le comentara de algunas anécdotas de sus pequeñas y él no dejara de sentir la necesidad de también acercarse a ella. Quería esperar, darle el tiempo a Shaka para que él dictaminara ese siguiente paso que no sería fácil, de eso estaba seguro, pero que quería realizar.

Para avanzado el medio día ambos luego se encontraron en la mesa para debatir sobre los datos recolectados y pensar en el informe que debían armar para la empresa cliente. En ese momento algunas voces en el pasillo distrajeron su atención.

—¿Escuchas eso?—preguntó Saga intrigado, concentrándose para escuchar bien.

—No, ¿qué es?

—Se escuchan voces de niños—dedujo el mayor luego de fruncir el ceño en gesto de análisis

—¿Niños? ¿Aquí?

No bien Shaka había terminado de hablar cuando la puerta de la oficina se abrió y corrieron hacía él dos pequeñas niñas, una de seis y la otra de cuatro años, trayendo vestidos y gorritos sobre su cabeza y gritando: “papi”, “papi” en todo el recorrido. La rubia prácticamente se abalanzó a los brazos del padre, abrazándolo por el cuello mientras la mayorcita le abrazó de forma menos efusiva pero si cálida. Saga las reconoció al instante y un golpe en el pecho recibió al ver la escena.

—¿Fler? ¿Hilda?

—Feliz Cumpleaños, ¡Feliz Cumpleaños, papi!—decían al unísono las dos, aunque era la menor la que llenaba de besos la mejilla de su padre aún sorprendido por la visita.

—Pero como…

—¡Tio Unity nos trajo!—explicó la mayor con una sonrisa y los ojos brillantes. Shaka entonces desvió la mirada hacia la puerta donde un hombre de piel clara y cabello del mismo color de Hilda se asomaba con sus manos en los bolsillos.

—Feliz cumpleaños, Shaka.

—Unity, como hiciste para…

—Sabes que conozco a Degel desde hace años, sólo fue cuestión de que me diera una autorización especial. Además, ellas no querían quedarse quietas.

Saga no podía quitarle los ojos de encima. Las dos pequeñas tomaban a su padre como si no quisieran dejarlos ir. Fler, la rubia, tenía un cintillo rosa con adornos violetas y un vestido de los mismos tonos, mientras Hilda llevaba un sombrerito de cuadros celestes con un vestido con el mismo motivo. Notó en ese momento que la rubia lo miró por un momento y sonrosada ocultó su rostro en el hombro de su padre. Dicho gesto le dibujó una corta y graciosa sonrisa.

—Saga—escuchó entonces la voz de Shaka y lo miró, viendo el brillo de esas pupilas azules de seguro contento con la sorpresa—, te presento a mis princesas—Hilda lo miró y le sonrió con elegancia mientras apenas Fler levantaba su cabecita—: Hilda—la aludida tomó su falda e hizo una leve inclinación muy protocolar. El griego observó todo haciendo un asentimiento como si se tratara de un plebeyo, una niña con un aire aristócrata muy marcado— y Fler… ¿Fler?

—Parece que no quiere verme—comento divertido el mayor viendo la orejita roja entre el cabello rubio.

—¿Qué paso, nena?

—Parece que le gusto tu jefe, Shaka—acotó Unity y la niña se aferró aún más en el cuello de su padre. Shaka rio y Saga prefirió no hacerlo, aunque razones no le hacían falta.

—Vamos, Fler, no seas grosera con mi jefe—la empujo hasta que la pequeña no pudo ocultar su rostro sonrojado—. Ve a saludar a mi jefe. Saga, ella es Fler, la menor de mis princesas.

La pequeña se bajó de las piernas de su padre viendo tímidamente al hombre aludido. Saga vio como ella lo miraba fijamente y su rostro se enrojecía aún más. ¡Era una preciosura! Fue lo que pensó en ese momento, una preciosura de niña que si dependiera de él no saldría sola de su casa a los quince años. Divertido le extendió la mano y la pequeña la aceptó con un poco de pena, pero no esperó cuando los labios del mayor besaron castamente el dorso de ella. Los colores le subieron hasta las orejas, y apenas Saga soltó la infantil mano, la niña corrió hasta donde su padre ocultando de nuevo su rostro en contra de su hombro.

—¡Fler!—exclamó entre risa un Shaka visiblemente animado.

—Dos hermosas princesas, Shaka, Dios te las cuide… —aunque lo que él pensaba es que no le molestaría quedarse a cargo de semejante tarea.

—Gracias…

—Mira, pensaba que aprovechando la hora de almuerzo podíamos almorzar juntos, ¿te parece?—interrumpió Unity en ese momento. El rubio asintió bajando de nuevo a Fler para tomarla de la mano—. Saga, también puedes venir con nosotros.

—No quiero causar molestia en una reunión familiar.

—No, Saga, ven con nosotros—insistió esta vez el cumpleañero mirándolo fijamente. Saga suspiró, aceptando sin hacerse rogar más.

Aquella tarde fue la más amena, o al menos la primera más amena en su vida. Disfrutó al ver a Shaka con sus dos pequeñas tomadas de mano, a la elegancia que desprendía la pequeña Hilda, como una princesa educada, en contraparte a la dulzura y espontaneidad de Fler, una pequeña que parecía ser la mera primavera, hermosa, alegre y coqueta, quien además no dejaba de estar al lado de su padre y de mirarlo a él antes de esconder su rostro enrojecido con una sonrisa. El leve coqueteo infantil le había robado a Saga varias sonrisas, enamorado de esa pequeña de ojos verdes que había sabido muy bien llamar su atención con su dulce inocencia.

Luego del almuerzo el tío se llevo a sus sobrinas a compra la torta que partieron celebrando dentro de la misma oficina con otros de los compañeros de trabajo. Las pequeñas entonaron y llevaron el ritmo de la canción de cumpleaños que era cantada a Shaka, las dos muy cercas de él, sin separarse demasiado. Luego disfrutó viendo como Fler untaba de merengue la mejilla de su padre para limpiarla a besos mientras que la pequeña Hilda comía elegantemente con una cucharilla. Dos hermosas creaturas, dos preciosuras que le habían robado el aliento, la imagen de su sonrisa se había quedado clavada en él durante mucho tiempo.

Intentó por varios días convencer a Shaka de que salieran juntos, cada vez le traía algún nuevo parque de diversiones que habían abierto, o ir al parque acuático del parque central, un acuario, un museo, una noche de cine… realmente se le agotaban las ideas y Shaka no daba el brazo a torcer. Quería verlas de nuevo, quería acercarse a ellas y ganarse también su cariño pero Shaka parecía querer dejar las cosas muy separadas, que su relación con él no tuviera nada que ver con sus hijas. Por momentos sintió que quizás le avergonzaría aceptar frente a ellas que le gustaba un hombre o que no veía su relación a largo plazo, por momento se sintió desilusionado y en otros severamente molesto.

Eso había ocurrido aquella noche que había llevado a Shaka a su apartamento para estar juntos, ya que el día siguiente por sus vacaciones Saga estaría fuera por unos días. Se había cansado de darle opciones a Shaka para un pequeño viaje con las pequeñas, decirle que podía ser un fin de semana, que estaría solo y sin trabajo por ese tiempo, que quería pasar tiempo con él y con las niñas, pero nada había funcionado. Por ello aquella cena que él preparó con esmero se enfrió en la mesa en cuanto el tema volvió a salir y un molesto griego se levantó de su asiento intentando recuperar el aliento e intentando no lanzar gritos de histeria. Shaka se quedó en silencio sentado en la mesa, visiblemente molesto, contrariado a su vez.

—Dímelo de una vez—alcanzó a decir mordisqueando cada palabra—. Dime que te avergüenza decirles a tus hijas que eres gay y ya, terminamos esta tontería—mordió sus labios al observar el silencio con el que Shaka frunció su ceño y no emitió palabra alguna—. ¡Maldita sea! Me dijiste que te era difícil conseguir a alguien que te quiera con tus hijas… yo estoy dispuesto a hacerlo y tu…

—Creo que lo mejor es que me vaya—aquellas palabras habían sido suficientes.

Saga sintió que le echaban un torrencial de agua fría por su espalda, al mismo tiempo que le golpeaban a la velocidad de la luz en el centro de su pecho. Crujieron sus muelas del enfado, cerró sus puños pensando en un momento en lanzarlo, pero al ver la forma en que Shaka se levantó de su asiento y lo miró con dolor: todo aquello se vio imposibilitado de avanzar.

Observó como tomó los platos de la cena y se fue hasta la cocina dispuesto a limpiarlos. Había separado la comida en un solo plato para lavar los demás, hecho todo en silencio. Se acercó a él dolido, el rostro estaba contorsionado por el pesar, por lo mal que parecía terminar la noche… la posibilidad de que todo acabara allí. ¿Estaba presionándolo demasiado?

No pudo evitar sentirse mal y ceder él, antes de permitir irse a esas vacaciones con esa brecha entre ellos. Le abrazó por la espalda mientras lavaba los platos, descansando su cabeza por sobre su hombro; así exhaló aire cerrando sus ojos pesados y solo dejándose arrullar por la textura de su cuerpo pegado al suyo. Pronto Shaka dejó de lavar, moviéndose hasta quedar frente al mayor y contestar el abrazo en silencio. Sus cabezas una al lado de la otra, sus ojos cerrados, sus manos tomando la espalda del compañero y su respirar apaciguado, todo aquello fue en lo que se convirtió lo que pensaban iba a hacer una cena.

—Fler no deja de preguntarme por ti—comenzó a hablar el rubio, entreabriendo sus ojos azules—, que cuando vuelven a la oficina, que si tienes hijos y una esposa bonita como su mamá—suspiró y Saga estrechó aún más su cuerpo—. Me pregunta todas las noches si te di de sus galletas, las más pequeñas y deformes…—rieron cortamente los dos, sin mirarse, aún abrazados—. Desde muy joven nunca le di mayor importancia al cuerpo… solía ilusionarme con chicos y chicas por igual. Cuando conocí a Seraphina, pensé que estaba bien, me sentí feliz y ciertamente ella logró hacerme feliz

. Después de tantos años volver a sentirme así… contigo Saga…—no se dijo más… el mayor entendió lo que Shaka quería decirle.

Luego hubo otro largo minuto de silencio.

—Dejémoslo así—consintió el mayor comprendiendo—. Te extrañaré…—le susurró al oído, sintiéndolo estremecer—. Te extrañare mucho, Shaka.

—Yo también, me harás mucha falta…

El resto se lo dijeron en base de besos, caricias y miradas…

Lo que Shaka no pudo decirle con palabras, para Saga había quedado en evidencia. El rubio dio el paso pensando que lo de ellos sería algo pasajero, Shaka desde un principio había visto en él solo un amante; no se trataba de algo formal, ni pretendía convertirlo en parte de su familia como pareja. La soledad y la necesidad de compañía quizás habían ayudado a que Shaka se diera esa oportunidad, como él mismo le dijo que requería. El problema es que Saga desde mucho antes se veía al lado de Shaka como algo más que amante; estaba cansado de ellos, había tenido muchas relaciones con solo ese vínculo que lo había llenado de nada. Shaka para él era diferente y sabía, que el rubio también sentía lo mismo por mucho que tratara de limitar su relación: por mucho que quisiera evadir la fuerte conexión que se iba incrementando entre ellos.

Decidió darle tiempo al tiempo, aprovechó esas vacaciones para dejarlo pensar, enviándole mensajes diciéndole cuanto lo extrañaba y enviándole fotografías de su recorrido a Europa en un tour por cuatro países que decidió regalarse ese año. Había comprando varias cosas que al verlas le recordó a su pareja y no pudo evitar comprar muñecas de cada procedencia vestidas con los trajes típicos que representaba cada país, para las pequeñas aunque no estaba seguro de si podría regalárselas.

Así llegó Diciembre, con él llegando de las vacaciones y varios trabajos de fin de año que habían tenido la  oficina sumamente ocupada en las primeras dos semanas del mes. Cuando llegó esa mañana y vio a Shaka de espalda no pudo evitar sentir la emoción del encuentro, y cuando el rubio volteó y le vio ese brillo en la mirada percibió de su parte las mismas ansías. Cerró por un momento el seguro de la puerta sólo para acercarse a él quien ya se había levantado para saludarle, azorándolo con un demandante beso hasta pegar su espalda en contra de la impresora laser. Pronto el tiempo separado hizo mella en ellos provocándoles tener un encuentro rápido en aquel lugar, Shaka sosteniéndose de la impresora mientras Saga arremetía en contra de él como si su vida dependiera de ello. Hasta que se descargaron ambos, temblando y emocionados.

—Te amo, Shaka—susurró el mayor pegándose a su oído, para luego besar su mejilla consecutivamente. Shaka respondió con un profundo beso que le robó el resto de las palabras.

—Esto no deberíamos estarlo haciendo aquí…—murmuró contra sus labios, en gesto de falso reproche.

—Una vez de vez en cuando no cae mal.

Dejar que el tiempo diera el tiempo y colocara las pautas… eso fue lo que él decidió. En cuanto le entregó sus presentes a Shaka tuvo que de nuevo convencerlo de quedárselo, ya que siempre andaba pensando en cuanto habían costado y en que era demasiadas molestias tomadas. Se había felicitado a sí mismo de dejar aquellas muñecas en su apartamento y esperar un momento idóneo para entregárselas a las pequeñas.

Unos días después llegaron las fiestas y con ello el acostumbrado día familiar que celebraban la empresa con sus empleados en un club de su pertenencia. Por lo general, Saga nunca asistía a ellos, así se le conocía en la empresa, incluso Shaka había escuchado en el pasillo que muchas veces le llamaba en Grinch de la navidad, cosa a lo que el rubio apenas sonreía curiosamente. Saga prefería no comentar nada al respecto, porque era bien cierto que había dejado de ir por detestar ver a todos con hijos, parejas, familia y él solo sentado en un paragua bebiendo coctel. Pero esa fiesta de ese año garantizaba ser distinta, Saga la había estado esperando, era de seguro una oportunidad única si Shaka decidía ir.

Pese a que nunca hablaron al respecto ninguno de los dos, Saga se presentó esperanzado. El club tenía una gran piscina olímpica, y una más pequeña para los niños, junto a cancha de tenis y Basquetbol con acceso a los implementos para tener partidos. Los jefes mayores se entretenían un rato en Tenis, otros mandaron a sacar la mesa de Ping Pong. Entre música, pasa palos y payasitas, Saga veía al montón de niños de todas las edades corriendo y tirándose en la piscina, teniendo la esperanza de que las niñas y Shaka irían. Esperaba que fuera así pero si no se daba pues se iría hasta su casa a ver alguna película en su Home Theater para pasar su mala suerte.

Afortunadamente no le tocó esperar mucho. Mientras aceptó un partido de Ping Pong con un supervisor de mecánica, Shaka llegó con las dos pequeñas tomadas de mano y un morral con de seguro todo los implementos. Las ayudó a cambiarse mientras las tapaba con una enorme toalla para que nadie las viera, y pronto vio a las dos pequeñas con su cabello recogido y traje de baños rosa y azul celeste de una sola pieza. El asunto era ver como se cambiaba él si no podía meterlas al baño de varones y mucho menos él entrar al baño de mujer.

—Si quieres las vigilo mientras te cambias—sugirió el griego apareciendo con una corta bermuda azul, visiblemente húmedo. El rubio lo miró y un leve rubor cubió su rostro, visiblemente sorprendido.

—Pensé que no venías a estas actividades…—murmuró aún asombrado. Saga sonrío de medio lado.

—No tenía nada mejor que hacer hoy—dirigió la mirada a las dos pequeñas y notó que la menor ya estaba escondida detrás de la mayor—. ¿Cómo están?

—Bien, Sr. Saga—contestó Hilda cortésmente.

—Hola…—susurró Fler asomándose un poco.

—No me llamen señor—arrugó el ceño copiosamente—, me hacen sentir viejo—volvió sus ojos hacía el padre que lo observaba aún contrariado. Si, sinceramente no lo esperaba en ese lugar—. Yo me encargo de vigilar que nada les pase.

—Bien…—aceptó no muy convencido—, no tardaré.

Y así fue, no habían pasado cinco minutos cuando ya Shaka con un traje de baño rojo y su cabello atado en una cola entraba en la ducha para meterse en la piscina. Saga se le había ocurrido meterse en la más grande las dos cargadas en él reían golpeando el agua y diciéndole que las llevaran de nuevo en la parte más honda para jugar al submarino. Shaka se apresuró en entrar a la piscina para sacar a las pequeñas y meterlas en la de niños donde él pensaba dejarlas mientras comía tequeños y bebía refresco.

—¡Otra vez! ¡Otra vez!—gritaban las pequeñas con una risa armoniosa. Para cuando Shaka quiso acercarse los tres se hundieron en las aguas y desaparecieron de la vista del rubio, emergiendo a un metro de él—. ¡Yo vi cinco!—exclamó Fler mostrando sus cinco deditos de la palma.

—¡Yo vi siete!—comentaba Hilda con una sonrisa y extendiendo sus brazos a su padre que ya se acercaba.

—¿Qué hacen?—tomó a la mayor entre sus brazos sobre protectoramente—. Saga, ellas tienen que estar en la piscina para niños.

—Aquí las cuidamos mejor—alegó el mayor sonriéndose, alegre como en mucho tiempo no había estado.

—Papi, papi, estamos contando cuando lunares tiene Saga en el pecho—los colores de Shaka subieron copiosamente hasta las orejas—. ¡Yo conté cinco!

—¡Yo siete! ¡Papá tiene cuatro!—agregó Hilda naturalmente.

—¡Y en la espalda ocho!—insistió Fler con una sonrisa grande—. ¡Tiene muchos!

—Veo que el juego de contar los lunares es familiar…—comentó Saga con una sonrisa divertida y la mirada parpadeando de picardía. Shaka se veía totalmente rojo de vergüenza.

Claro, ¿cómo no recordar ese juego de cama que habían hecho una vez en el motel? Saga estaba seguro que había dos lunares de Shaka que sus hijas desconocían.

—Bien, bien, vámonos a la otra piscina—decidió el rubio intentando pasar el color de su cara.

—¡Papi esta rojo!

—¿Ya te quemaste?—preguntó la mayor tocándole la cara, Saga no podía con el ataque de ternura que le generaban las pequeñas

—No, no me he quemado…

—Papi, ¡pero yo quiero quedarme con Saga!—acotó Fler apretando el cuello del mayor

—Nada de quedarte  con… ¿Saga? ¿Por qué lo llamas así?—preguntó espantado el padre y Saga se rio divertido.

—Vamos Shaka, no lo tomes a mal.

—¡Saga dijo que señor lo hacía viejo!—explicó Hilda y el rubio suspiró sintiendo que todo estaba en su contra.

—Cómo sea, vamos a la piscina de niños.

—¡No quiero!—se quejó la pequeña abrazando al mayor posesivamente con un puchero.

—¡Yo quiero quedarme aquí!—alegró la mayorcita abrazando a su padre y dándole besos para convencerlo.

—Vamos Shaka—intervino el mayor de todos con una sonrisa—. Puedo ayudarte con ellas.

—Saga, no quiero que te tomes molestias…—el mayor tomó a la pequeña Fler con un brazo y se acercó hacía el hindú, deslizando su mano libre debajo de las aguas para rodear la cintura de Shaka intentando no tocar los pies de Hilda. El rubio calló abriendo los ojos de la sorpresa.

—No es ninguna molestia—susurró abandonando aquella caricia que sabía había dicho todo. Shaka no pudo alegar más.

Al poco tiempo los juegos infantiles en la piscina comenzaron. Las payasitas empezaron a animar el encuentro con distintos juegos usando balones, globos y demás, juegos a los que Saga se involucró con el ánimo de Fler y teniéndola a ella sobre sus hombros y sujeta a la cabeza mientras Shaka cargaba a Hilda sin pensar en soltarla. Participaron en todos ellos, las niñas sonreían, Saga incluso no le prestó atención a la mirada de varios de sus compañeros de trabajos que vieron con extrañeza la escena y se preguntaban qué estaba pasando, que era lo que había sucedido con el hombre ermitaño y solitario que prefería trabajar en un horario distinto y no tenía ánimos de involucrarse con nadie. Nadie en ese momento podría entender que lo había cambiado sus sonrisas, la de Shaka, la de sus pequeñas, aquellas sonrisas que él quisiera ver por el resto de sus días.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s