Capitulando (Cap 02)

Todo comenzó con un intercambio, con la casualidad. ¿Hasta que punto se entregaron?

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Temas: Yaoi, romance, drama, Universo Alterno
Personajes: Saga, Shaka, Marin, Aioros, Aioria, Shura, Milo, Camus
Resumen: Año Viejo, cosas que olvidar, deudas que cubrir, pasado que enterrar, la hora de tomar lo residual.
Año Nuevo, tiempo de comenzar, de reempezar, hacer las cosas mejor, pagar deudas, intentar no cometer los mismo errores…
Entre la nostalgia de lo viejo y el miedo a lo nuevo, ¿que puede hacer un hombre enamorado?

Todo comenzó con un intercambio, con la casualidad. ¿Hasta que punto se entregaron?

Capitulo “Lo que fue”

Salió de su auto con un regalo envuelto en sus manos y dio una vuelta por el estacionamiento, caminando en varias oportunidades hacía la puerta y arrepintiéndose en el momento siguiente, quedándose entonces al lado de la reja y saludando con cierta incomodidad a los nuevos que llegaban al lugar para visitar a sus propias familias. Vio su reloj las diez de la noche, atendió la llamada de Marin preguntándole en donde estaba, que lo esperaban en su casa con su esposo para la cena, avisó que quizás iría más tarde…

Volvió a nevar…

Y con los copos de nieves cayéndole en el cabello volvió a recordar, viajando con su mente mientras entraba al auto para cubrirse de la pequeña nevada de aquella cita en el cine. Una película que había sido esperada durante años por ser la precuela de uno de los mejores filmes cinematográficos de ciencia ficción, ambos con sus palomitas de maíz y refrescos observaban y daban sus primeras impresiones de la escenografía, de la música y los efectos especiales, vestimentas y actuaciones a su vez. En algún momento el mayor pasó su brazo sobre los hombros del hindú, concentrado en la pieza cinematográfica y en otro fue Shaka quien se recargó un poco mientras buscaba de las palomitas de maíz que tenía en su bandeja. En algún momento los brazos se entrelazaron en el pasamanos en medio de ellos y se encontraban tan cerca que sus pieles se rozaban por sus manos.

Tan cerca…

No supo en qué momento el aliento caliente en su cuello le sobresaltó, en que instante ese aire caldeado de excitación penetró por los poros de su cabello. Agitado volteó buscando respuesta, y asfixiado observó los dos poderosos celestes que lo miraban brillando de emociones y parpadeando, en aquella oscuridad que solo era vejada por la luz del cine, en el silenció que solo era adulterado por la banda sonora bélica y los efectos especiales de explosiones y disparos. Se observaron mutuamente, se entretuvieron leyendo sus intenciones y sintiendo aquel fuego que empezó a agitarse como un cáliz bajo su piel, el hormigueó en la punta de sus dedos pensando en acariciar esa otra piel, ese otro cabello, la inesperada sequedad de su garganta que empezó a resentir la falta de humedad, sus pupilas dilatándose, su respiración acelerándose… vientos de lava moviéndose por sus extremidades, viajando desde el pecho, alojándose en su vientre buscando el punto exacto para ser el epicentro de la combustión… quemándose.

Se acercó para cubrir lo inevitable, conquistando terreno vacio, llenándolo con el candor de su aliento deseoso, luego con el roce de sus labios carnosos… segundos después con su saliva ardiente. El beso cubrió los espacios entre sus rostro entregándose a la lentitud de un romanticismo absurdo que prometía convertirse en la pasión animal desatada en cuanto se agitaran aún más sus hormonas. Se sintió desfallecer en el momento que una mano de Shaka se posó sobre su pectoral izquierdo y clavó sus suaves yemas sobre la camisa negra. Mordisqueó el inferior de sus labios mirándolo con arrobo al mismo tiempo que la mano que descansaba en esos hombros bajó por la espalda, acariciando apenas en leves líneas rectas. Los ojos azules lo observaban embotados y los propios se incendiaban en verdes llamas que amenazaban con consumirlo todo. Cerraron entonces sus parpados y se entregaron al momento, a aquellas inocentes caricias sobre espalda y pecho, al movimiento de esos labios enjugándose dulcemente, rozándose la nariz con deliberada demora cuando cambiaban de ángulo y sonriéndose ante el mordisqueó o succión juguetona del contrario.

Y se besaron… entregados…

Hasta que las palomitas cayendo sobre ellos los sacaron de su ensimismamiento y luego vieron una lata de refresco caer muy cercano a su lugar. Shaka bajó su rostro abochornado y Saga si volteó la mirada molestó buscando al malhechor, quería amenazarlo, quizás insultarlo y mostrarle el dedo medio sin ningún tipo de pudor pero se detuvo cuando sintió la presión de los dedos del rubio sobre su antebrazo llamándole la atención.

—Sigamos viendo la película…—susurró, con una pequeña sonrisa y aún un dejo de rubor por el reciente momento.

Accedió y se acomodó con el pecho sobresaltado y las burbujas explotándole en el estomago. Para evitar otro malestar del público le quitó la mano de sus hombros, pero dejó descansando todo el brazo en el portavaso del asiento y luego recibió la mano de Shaka posándose sobre la propia suavemente. Entreabrió sus dedos y dejó espacio para el acomodo de los largos y delgados dedos de Shaka, los apretó en cuando el rubio los deslizó en el espacio entre ellos… lo vio de reojo sonreír…

Un quinto cigarrillo y se le acababa la caja de ellos. Se sentía nervioso e invadido de recuerdos, tantos que golpeaban inclemente sobre su pecho al mismo tiempo que los copos de nieves sobre el parabrisas. Frotó sus manos por el frio del ambiente, estas cubiertas por guantes de cuero negro para remitirle calor y de alguna manera rememorando aquella sensación cálida que sintió cuando dejaba cubrir sus manos por las de él, enredar sus dedos entre los suyos. Se sonrió lleno de nostalgia, recordando y reviviendo, pensando…

—Bien, aquí estoy—le dijo aquella noche que llegó a su apartamento, justo en aquella zona residencial.

Después de aquel beso en el cine, se habían ido a comer y riéndose por el bochorno del cine terminaron bebiendo de más por lo que no pasaron a la siguiente estación. Ambos sabiendo lo que estaba por venir, entonces decidieron hacer una salida más íntima, en una de sus casas; Saga convidó una noche viendo la trilogía del padrino, una de las favoritas de Shaka y este se ofreció en brindarle una cena con comidas de su tierra. Por ello había llegado vestido de forma informal, teniendo dentro de su bolsillo los implementos básicos para una noche de intimidad y dentro de su auto, por si acaso, una muda de ropa. Shaka le abrió vistiendo apenas un cómodo pantalón deportivo gris y una franelilla blanca sin manga, con el cabello visiblemente húmedo y estando descalzo. No pudo evitar ver sus pies y sentir un leve cosquilleó en la punta de los labios al imaginar lo que sería empezar a besarlo por allí, viéndolos tan grandes y blancos, las uñas limpias y bien cortada.

—Por hoy no me hubiera molestado que me hicieras esperar unos minutos de más—se jugó un poco mientras afanoso terminaba de preparara la salsa del platillo—. Solo dame unos diez minutos, se extendió una reunión en el departamento y se me complicó el horario.

—No te afanes—concedió el griego observando la decoración hindú del departamento.

Había algunos cuadros del río Ganges junto a otras artesanías del lugar, entre ellas una lámpara con tejidos hinduistas y cojines de satenes en colores vistosos vino, mostaza y cobre sobre el mueble de color tierra, creando una acogedora atmosfera oriental y mística en el pequeño departamento. A su vez estaba de lejos el olor a incienso de posiblemente canela y pude ver el tubillo consumiéndose en la esquina del mostrador de madera en un accesorio con un dios de varios brazos, supo que se trataba de Vishnú al acercarse a observarlo. El olor de la salsa también llegó a sus narices y se sintió preso de un trance afrodisiaco, aquel espeso condimento ancestral había despertado algo en él que le generaba adrenalina. Había una combinación en los olores entre lo picante y lo fuertemente sazonado, obligándolo a acercarse a la pequeña cocina donde ya el joven apagaba la llama de la estufa.

—¿Qué hay para hoy?—preguntó intrigado viendo por encima el arroz blanco y un tazón de ensalada natural.

El rubio volteó un momento para luego enfocarse en la comida, sacando la vajilla para servir los platos y buscando los panecillos que tenía ya en una pequeña cesta de mesa.

—Langostino al curri de cardamomo, arroz blanco, ensalada, panecillo…—el griego enarcó la ceja y luego lanzó un leve silbido de sincera impresión, llamando la atención del cocinero.

—Langostino, curri, cardamomo… eso es afrodisiaco—ante la acotación Shaka entrecerró los ojos sensualmente, admitiéndolo—. Mmmm… huele a más…

—Azafrán, canela…—la sonrisa del mayor se ensanchó conforme se acercaba al joven—, parte de la salsa…—las manos gruesas le tomaron de la cintura, los ojos verdes se enfocaron en su mirada—, y vino en la hielera, ¿podrías sacarlo?—sugirió antes de responder al beso que Saga había comenzado, uno lento y travieso, más de roces de dientes y labios. Se separó un tanto, estrujando las caderas, metiendo sus dedos debajo de la franelilla.

—Pensaba dejar que ocurriera como fruto de la casualidad pero veo que pretendías prepararnos muy bien.

—Para mí no existen las casualidades, sólo lo inevitable—le susurró con los poderosos azules observándolo fijamente.

Succionándolo, atrayéndolo, devorándolo…

—El intercambio…

—Era inevitable…

Hubo un corto beso luego que el hindú separó para poder pasar a la cena, pese al rostro de reclamo del griego que ya quería pasar a la siguiente estación. No pudo hacer más y por ello le ayudó a preparar la mesa y servir todo para la cena acogedora que tendrían, y mientras Shaka colocaba los dulces hindúes que había elaborado en la mesa, Saga acomodaba los DVD en el equipo de sonido del muchacho preparando la función. Comieron amenamente, disfrutó de la sazón de Shaka con verdadero deleite, le alabó por la comida y luego por su buen gusto, hablando de varias cosas a la vez y tentándose en la forma en que llevaban cada bocado a la boca, cada langostino degustados de manera intencionadamente provocativa, sonriéndose con descaro y enviándose señales, muchas señales…

Siguieron extendiendo el momento sentándose en el mueble para ver la película mientras dejaban reposar los alimentos. Se habían sentado muy juntos, Shaka subiendo uno de sus blancos pies dejándolo descansar sobre su rodilla y con los brazos cruzados, Saga cruzando una de sus manos por los hombros desnudos del muchacho y acariciando aquella piel descubierta y suave con delicadeza. Se entretuvieron en la mayor parte de la película, concentrados y comentando ciertas cosas de los autores, de la música, de lo que les había gustado de ella y de las actuaciones mientras el tiempo se diluía y las pequeñas caricias empezaban a hacer efecto en ellos.

—¿Qué haces?—de repente escuchó y el griego volteó intrigado mirando al rubio a su lado, con los ojos centellando y un leve rubor en su mejilla.

—¿Qué hago?—preguntó sintiéndose desubicado. Entonces Shaka bajó su mirada hacia abajo y el griego hizo lo mismo, notando que en algún momento había tomado el pie desnudo y lo estaba acariciando lentamente por el dorso y la planta. Más curioso aún volvió a trazar con su dedo la curvatura de su pie y le sintió estremecer, provocando un sincero asombro en el rostro. Saga levantó su mirada y observó esos ojos azules mirarlo y escrutarlo con deseos, al tiempo que reanudó su caricia y le vio morder los labios—. No son cosquillas, ¿verdad?—inquirió subiendo ahora sus dedos por el talón, visualizando el temblor de esos labios.

Él mismo tembló, de deseos, de ansías…

—No, no lo son…—confirmó el hindú acercándose peligrosamente—. No las tengo…—agregó antes de besarlo…

Y colisionar con sus deseos.

A los pocos segundos sus cuerpos estaban sobre el mueble besándose y acariciándose, las manos de Saga subieron hasta las pantorrillas blancas acariciando el poco vello y sus labios se entretenían besándole el rostro, el cuello, bajando hasta el pecho y besando lo disponible de su piel. Los dedos blancos entretanto se clavaron en la espalda griega, presionando de arriba abajo, luego tomando los gruesos brazos, apretándolos con ahínco… pronto tuvieron que separarse para quitarse la camisa y la franelilla, luego besarse, probarse cada rincón de piel con una necesidad insana. Sentían calor, un calor que los carcomía en el centro de sus cuerpos y se extendía como oleaje de magma por sus músculos, sus pieles; sintiendo de más, todo multiplicado por el placer afrodisiaco. El sudor entonces hizo acto de presencia y el olor de ambos cuerpos excitado tomó posesión de la estancia, junto a los gemidos acallados por la película que aún era transmitida, los besos derramados a lo largo y ancho de sus cuerpos.

Se entregaron, en el candor de sus labios y las llamas de sus yemas, en el éxtasis del placer que los drenó de toda energía y fuerza. Saga primero había recibido el placer oral de esa boca oriental mientras sus dedos se encargaban de prepararlo y sus labios de gratificarlo de igual manera, en la posición excelsa de dos compartiendo y entregando al mismo tiempo. Luego recostado en el mueble y con los cojines ayudándolo a levantar las caderas de leche le penetró y la energía le revolvió los sentidos en una marejada de sensaciones que pensó jamás había vivido. Gimió, jadeó con fuerzas… cayó sobre Shaka mientras estocaba furiosamente y mordisqueaba los labios rojos de hinchazón, sintiendo que sus piernas perdían firmezas, que sus brazos temblaban como si los huesos fueran desintegrados y solo quedara piel sobre músculos, como si todo su cuerpo se fuera evaporando en la calurosa presencia de aquel hombre. Y le escuchó, le escuchó decir palabras en otro idioma que le parecieron la mejor de las voces jamás escuchada, aquella voz varonil entrecortada de excitación y clamando algún mantra legendario, en la punta de su oído, sintiendo las contracciones de su cuerpo para finalmente llegar al orgasmo.

Balbuceó su nombre varias veces luego que eyaculó dentro de él, con aún los espasmos de su cuerpo y el hormigueó de placer corriéndole en las venas. Así, entre dormido y cansado, le besaba el cuello y la mejilla, susurraba lo maravilloso que había sido, lo buen amante que era el rubio… acariciaba. Se vio envuelto en un momento de sublime romanticismos que no encontraba muy seguido dentro de él, acariciando con la punta de sus dedos la frente sudada, buscando con su mirada verdes a las irises azules, encontrándolas… y viéndose atraído para besar una, dos… tres veces, extender las caricias una vez más, como si no hubiese sido suficiente y aunque ambos sabían que no iban a poder retomar, al menos no de inmediato.

Murmurándose palabras entrecortadas y besos siguieron abrazados, acariciándose, contentándose. Al cabo de una hora las caricias se hicieron más rítmicas y ansiosas, los cuerpos retomaron calor, las voces los gemidos, el sudor a la piel…

De nuevo se entregaron, de nuevo se tomaron… el cabello dorado cayendo hasta el suelo, la garganta hindú deshojándose en jadeos… de espalda, más fuerte, más ardiente, clavando sus dedos griegos en las caderas. Devorándolo con su cuerpo hasta caer en el clímax tras su espalda, buscar en el momento cumbre su cuello, mordisquearlo y besarlo con hambre… susurrarle con todo en la punta de su oído…

Su nombre saliendo desde el fondo de su alma.

Tanteó el griego el filo del volante al haber recordado aquella noche y sentirse un imbécil. Sus ojos ya estaban enrojecidos, un tanto de cansancio, otro de dolor, quizás deseos de llorar al pensar todo lo que había tardado… Devolvió la mirada hacia ese sitio residencial y accionó el motor de su automóvil, liberando la palanca y movilizándose para dejar ese lugar. Golpeó de nuevo el cuero, se removió en el asiento mascullando maldiciones. ¿De qué valía? ¿Qué iba a decir? ¿Cómo se iba a justificar? No había nada, no había nada que pudiera hacer para devolver ese tiempo donde creía que lo tenía todo a su lado y que… por su culpa…

Al cruzar la primera intersección se detuvo al ver la señal de una mujer y la familia que estaba por cruzar. Esperó sintiéndose agitado y viéndolos caminar por el asfalto, con villancico de noche buena. Recordó…

Luego de aquella noche se encontró silbando la melodía del Padrino por todo el pasillo de la empresa, extremadamente alegre y animado. Los compañeros le saludaban observándolo intrigado por el buen ánimo, por como sonreía y hasta hacía algunas bromas entre ellos para reírse. Se sentía feliz, se sentía lleno, había amanecido con Shaka luego de una noche que para él había sido inolvidable, terminando de ver la trilogía en la cama con él, luego de esa segunda fogosa sección hasta quedarse dormidos uno al lado del otro. Se sentía dueño de todo y no quería pensar en el porqué, realmente siquiera lo había razonado. Por esa razón… por no haberlo razonado, por no buscarle causas y consecuencias, por no verlo más allá fue que aquel comentario le asustó.

—¡Te ves enamorado, Saga!—exclamó la pelirroja en esos días de febrero cuando le pidió que la acompañara a escoger un buen regalo para Aioria—. Y créeme que tengo buena vista para ello—le guiñó el ojo divertida, viendo entre varias camisas de colores verdes.

—¿Enamorado? ¿Yo?—replicó distraído viendo una camisa de líneas celestes que le recordaba a Shaka. De repente tuvo el deseo de comprarle la camisa, de ponérsela él mismo cubriendo su cuerpo desnudo… de desabotonársela de nuevo para llenarlo de besos—. No juegues…—comentó al aire mientras fue hacía esa camisa, buscando la talla y empezando a buscar una menor hasta hallarla. La sacó del perchero viéndola con una sonrisa, como si hubiera encontrado algo que buscaba desde hace mucho.

—Saga…—susurró la pelirroja con una mirada picara—. Es muy pequeña para ti ¿sabes?—el griego desvió la mirada y la mujer se carcajeó divertida, dejándole luego una caricia en el brazo—. Me alegra que lo estés…

Enamorado… esa palabra le asustó como pensó no podría hacerlo. Tenía ya semanas saliendo con Shaka desde aquella noche, semanas que luego de la salida terminaba en su apartamento o en el propio entregándose a caricias. No habían hablado de alguna relación, tampoco se habían dichos palabras cariñosas, disfrutaban de la compañía y disfrutaban estando juntos pero no… no era algo formal ¿verdad?

—Saga, ¿compraras esa entonces?—insistió la pelirroja y el hombre al ver la camisa aún en sus manos la devolvió al perchero renegando con el rostro—. ¡No seas tonto!—la agarró entonces la mujer, colocándola en la canasta—. Aprovecha y dásela el 14 de Febrero.

No, no estaba enamorado… no.

Aquella noche entonces lo buscó, llegando a su apartamento a pesar de no avisar. Le arrinconó apenas salió por la puerta y lo estrujó entre sus brazos buscando tomarle. Shaka no opuso resistencia alguna, aunque no entendía porque era tan drástico el encuentro y porque no se había cruzado palabras. Aún así le permitió, cayeron juntos contra el mueble de la sala y se fueron embotando en el deseo del encuentro, en las ansias, en aquella atracción que se hacía cada vez más evidente, la que Saga quería ocultar.

No, enamorarse no era algo que buscara, y aunque tampoco era de acostarse con todo el mundo él siempre creyó que era lo suficiente libre como para disfrutar de una relación sin compromisos e irse en cuando viera necesario y Shaka… Shaka no era hombre de no compromisos… Shaka era hombre de estabilidades, una que él no estaba dispuesto a dar.

Con eso manando por su mente le penetró de espalda,  solo tomándolo de las caderas, sin caricias, sin besos… no quería que se viera como hacer el amor… no, él mismo no quería pensar que lo que habían estado haciendo en ese tiempo era precisamente eso y no sexo casual. Después de todo no habían promesas, ni te quiero, ninguno había hablado de gustarse… todo había quedado vedado en algo evidente… en obviedades que ninguno se encargó de esclarecer…

“Estás enamorado, Saga”

Si… lo estaba… lo supo en cuando escuchó esos gemidos en otro idioma, su nombre en esa voz deliciosa. Se convenció al ver que no podía controlar sus manos, ni sus labios; que por mucho que intentó al principio no entregarse, lo hizo, se tomó de él, lo adoró con la yema de sus dedos y la punta de su lengua. Le hizo el amor… otra vez.

En el mueble entonces se habían quedado recostado, Shaka sobre él, respirando cada vez más calmado y durmiéndose en su pecho, con el sudor de su cuerpo medio desnudo y el calor aún latente. Saga se encontraba en silencio, asustado, aterrado ante todo lo que sentía, esa necesidad de quedarse y eso que le impulsaba a salir corriendo antes de hundirse aún más. El miedo, el terror se esparció en él, cada pensamiento era como un campo minado que al ser tocado explotaba y destajaba todo. Todo era tan rápido y tan extraño, tan casual y tan inevitable que…

—Inevitable…—susurró contra su oído dándose cuenta que el hindú se había quedado dormido—. Dices que inevitable… en realidad, yo creo que la casualidades son solo oportunidades fortuitas sin ningún interés mayor… no creo en eso del destino. Prefiero pensar que las cosas no tienen sus porque, no todas… es aterrador pensar que lo que hago hoy infundirá mañana… mejor es hacer las cosas simple, respirar porque se tiene que hacer, tener sexo porque es necesario… separarte porque si…

Lo cargó hasta llevarlo a la cama de su habitación, acomodarlo entre las colchas y verlo buscar el calor de las sábanas. Mordió los labios al darse cuenta del deseo que le crecía por dentro de quedarse allí y arroparlo con su cuerpo, de amanecer de nuevo a su lado acariciando el cabello dorado, la piel blanca…

Él lo sabía… Shaka también lo sabía y por eso no habían hablado nada. En el silenció se habían dicho perfectamente que se querían, con sus actos habían hecho evidente la exclusividad del uno para el otro…

“Eso es una relación formal por donde lo veas, Saga”—se dijo contorsionando su rostro por la pena—“. ¿Estás dispuesto a tanto, Saga?”—se increpó—“. Ser posesivo, celarlo, sabes lo que pasará. Lo asfixiaras… o él te asfixiara a ti, pelearán… reñirán, se lastimarán…”—agregó…—“. Dolerá Saga, dolerá hasta enloquecerte.”

Partió…

Sus ojos viajaron por la calle vacía en ese treinta y uno de diciembre. La mujer y los niños se habían ido y él estaba allí, parado en el cruce, con su corazón latiendo con fuerza y los mismos pensamientos golpeándole inclemente sobre su cabeza. Cerró sus ojos por un momento tratando de recuperar fuerzas, volvió a apretar el acelerador y seguir el camino, pasando la mano libre por su cabello y recriminándose de nuevo, por enésima vez, su cobardía.

Entregarse, él era un hombre que por entregarse era capaz de cometer locuras. Le habían dicho ya que lo mejor no era aferrarse demasiado a las cosas… obsesionarse para él era sencillo. El espacio entre amar y obsesionarse para Saga era del espesor de una hoja de papel, de un hilo de seda fina. Ya se había obsesionado, ya había hecho correr a uno, ya había llorado y maldecido por aquel amor y lo había comprobado… no era hombre de estar aferrado a otro… él no sabía amar correctamente.

Con esas premisas entonces daba vueltas en el auto, como lo hizo aquella vez que intentaba sacar la conversación en la salida a la que lo había invitado, luego de vinos y de la cena. Shaka sacaba temas y temas de plática, estaba muy abierto, contándole de la familia que tenía en la India, de sus primos que habían logrado comunicarse con él y que le apetecía hacer un curso de francés los fines de semanas en donde Milo lo estaba haciendo. Vueltas y vueltas, eso era lo que veía Saga mientras Shaka hablaba y lo amarraba a su vida, vueltas a sus palabras que no hallaba como colocarlas en frente y decirle a Shaka que él no era un hombre de compromisos, que estaba bien con solo ser pareja casual, disfrutar del sexo y la compañía… pero, ¿cómo sacarlo a colación cuando el mismo Shaka siquiera había puesto a consideración de que eso que tenían era más que casual? ¿Cuando no habían promesas ni palabras de cariño en medio? Ya lo veía observándolo fijamente y diciéndole: “Saga, ¿de qué hablas? Yo no estoy enamorado de ti…”

Y pensarlo le dolía aún más… era ilógico, pero no sabía qué era lo que más le dolía imaginar: si el hecho de que Shaka decidiera terminar todo por no querer llevar la relación de forma seria o descubrir que realmente para Shaka él era, tal como supuestamente quería, sólo un momento de disfrute. Toda esa cena no fue más que un infierno en vida, sonriéndole con dolor, evadiendo las preguntas de Shaka cuando le preguntaba si se encontraba mal… no sabiendo que hacer para colocar la relación en algún termino cómodo para él… ¿Existía eso? ¿Había un término saludable para él en esa relación?

Lo llevó entonces al departamento, lo acompañó hasta el piso y lo veía buscando sus llaves, abriendo el seguro. Volver a entrar a allí, volver a estar a solas, volver a dejar que su cuerpo hablara y tomarlo de nuevo, hacerle el amor, escuchar su nombre en el oído susurrado de aquella forma, disfrutar de la textura de su piel entre sus manos… ¿Podría hacerlo? Sentía que mientras más lo hacía terminaba más lleno de él y más hambriento, satisfecho y más deseoso… era una espiral de ansias y satisfacción que le aterraba, una espiral que le llamaba a la dependencia emocional a ese otro, a que los cambios de humor tuviera su nombre tatuado, a que la rutina se asentara entre ellos… dolido, abrumado… asustado…

—Creo que tienes dolor de cabeza, puedo servirte un té muy bueno para el malestar…—y escuchándolo… atándose a él, clavándose él en el núcleo de su pecho…

¿Qué haría si Shaka fuera quien le dijera que lo amara? ¿O que dejaran de verse? ¿Por qué ambas premisas le asustaban tanto?

Un pasó hacía atrás…

—No…—murmuró tan bajo que él no le escuchó.

Otro paso más… el seguro cedió…

—Ven, te prepararé algo para el dolor.

La puerta abrió, el cuerpo entró… Pánico.

—¿Saga?—escuchó desde adentro…

Dio media vuelta…

—¿Saga?

No volteó, caminó…

Huyó…

3 thoughts on “Capitulando (Cap 02)

    1. Jajaja gracias por tu comentario. Esta idea surgio de la nada, quería tenerla lista para el 01 pero se me alargó, me alegro que te haya gustado este capitulo y sí, me imagino a Milo aprendiendo frances xD

      1. Seh… en realidad me ha encantado la idea. Para mi el amor esta muy conectado con el lenguaje. Me parecio haber leido hace mucho tiempo de un personaje que tenia el mismo problema que Milo y es delirante ver este tipo de situacion. Debo darte mas bien las gracias a ti. Debo decirte que paso muy amenudo por aqui aunque a veces no cuento con suficiente saldo como para comentarte. Haces un magnifico trabajo.

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