Piezas de Ajedrez (Degel x Kardia)

Degel le pide a Kardia que jueguen unas partidas de Ajedrez antes de jugar de nuevo contra el patriarca, pero en uno de los juegos se produce una revelación.

Temas: Yaoi, drama.
Personajes: Degel, Kardia
Resumen: Degel le pide a Kardia que jueguen unas partidas de Ajedrez antes de jugar de nuevo contra el patriarca, pero en uno de los juegos se produce una revelación.
Dedicatoria: Intercambio de Club Fiebre. A Elvish que pidio un Degel x Kardia. Lamento si quedó algo angst, pero bueno, para mi su realación siempre tiene una pizca de angst debido a la enfermedad del escorpion. Espero te guste, traté de respetar en lo máximo sus personalidades.
Comentarios adicionales: Basado en el Universo Canon de Lost Canvas, suponiendo que Athena ya estaba en el santuario y las armaduras de Leo, Aries y Libra no han sido tomadas.

Piezas de Ajedrez

Kardia se encontraba fastidiado frente a la mesa de madera donde Degel acomodaba de nuevo las piezas del juego de ajedrez que había comprado días atrás en Rodorio. El francés acomodaba las piezas para una tercera partida, luego de haber ganado ya dos ante un desganado Kardia que no tenía nada mejor que hacer que complicarle las jugadas a su compañero y verlo pensativo, con ese gesto helado que dibujaba al fruncir el ceño y apoyar su barbilla contra los dedos de su puño.

—Jugamos de nuevo, ¿no?

En respuesta el griego sólo encogió sus hombros, ahora sentándose un poco más relajado contra la mesa y pasando la mirada por los largos pilares de libros uno sobre otro junto a papeles y mapas marcados que Degel tenía regados en su escritorio, en un orden que solo él comprendía y nadie se atrevía a molestar. Recordó con una sonrisa irónica aquel día que el joven Virgo había ido a pasar una tarde con ellos y Degel terminó molesto porque el virguiano le había organizado los pilares en base al grosor y tamaño de los libros. Cuando le escuchó él: “me desordeno todo”, no pudo evitar reírse a carcajadas ante ello. Así era Degel, extraño, tan contrastante… un hielo que no cansaba de quemarle.

—El patriarca es increíblemente bueno en este juego. No he podido ganarla una partida, aunque practicar contigo no ayuda mucho.

Kardia resopló ante esa acotación, riéndose a lo bajo después. Con la uña de su dedo índice se rascó un tanto la cabeza en señal de relajo, mirando de reojo el cómo Degel ocupaba cada pieza de su lugar, siempre el tomando las blancas y dejándole las negras a él. Como siempre a Degel le gustaba tener el control desde el principio.

Sus ojos claros entonces vagaron por cada una de las figuras de su juego de mesa, delineando las curvaturas que se formaban en cada una de ellas que se levantaban en sus respectivas posiciones en el tablero. Deslizó la punta de su uña contra la cruz que se erigía en la pieza del rey negro, para luego irla pasando por la cabeza de cada pieza hasta encontrar a la torre. Recordaba sus movimientos, sus formas de actuar, cada uno de las jugadas que se podían hacer con ellas y él como Degel las aplicaba… Allí, piezas creada para eso, para moverse, para actuar, ganar un juego donde ellas no pidieron estar allí, donde solo deben cumplir su objetivo.

“No es tan diferente a nosotros”, se dijo en ese momento de cavilaciones a las que tenía sometida a sus neuronas. Degel hizo un ruido con su garganta llamando la atención del griego, y luego enfocó su mirada al tablero realizando el primer movimiento, llevando a uno de los peones a dos espacios al frente. El juego había comenzado.

Uno a uno los movimientos iban dispersando las piezas en el tablero. Degel ya había comido al primer peón, y Kardia ya había sacado a su reina siguiendo el mismo mecanismo que el galo le había analizado desde que iniciaron las practicas. Entre intervenciones y en silencio el de Acuario le comió uno de los caballos y su adversario colocó en una situación difícil al alfil de las blancas. El entrecejo del galo se desdobló en una mueca de análisis concienzudo mientras veía cual sería su próximo movimiento.

—¿Sabes?—comentó Kardia observando divertido el gesto pensativo de su contrincante—. Tú eres como el caballo.

Para ese momento, Degel abrió los ojos visiblemente impresionado y contrariado con la acotación, luciendo en su totalidad sorprendido. Aquello no lo había esperado, mucho menos en ese gesto extraño en Kardia, mirando las piezas fijamente como si se pudiera a ver a través de ellas, observándolas como si buscara su propio reflejo, dibujando en sus labios una curvatura de ironía que enmarcaba su rostro.

—Tu forma de actuar es como la de un caballo—prosiguió mostrándose muy serio en su apreciación—, eres de pocos movimientos, pero precisos. Te mueves así, en tu espacio de control, fuera de él no tienes oportunidad.

—¿Ah sí?—no supo como tomar ese comentario; siendo sincero, aquello le había tomado desprevenido.

—Sí, y el otro caballo sería Albafica. Es igual, su forma de pelear es dentro de su campo de acción. Mmm… La reina sería Sisyphus.

—¿Sisyphus?

Para ese momento Degel había dejado de lado la partida que tenían, quedándose en silencio para entrever que más tenía que decir su compañero. Kardia le sonrió más efusivo, encantado de haber obtenido su atención, esa que le era difícil de encontrar.

—Pues sí—prosiguió tomando la reina del juego de Degel y ejecutando un movimiento que comió a uno de sus alfiles—, su campo de movimiento en ataque es mucho mayor, a través de largas distancias. Además, es una pieza tan invaluable que hasta tiene designado a alguien que se encargue de protegerlo.

—Cid…

—Así es, Cid, el Alfil—la uña delineó la figura del alfil que había atrapado con sus manos luego de la jugada de la reina—. El Alfil al lado de la reina, sale al campo en cuanto la reina puede ponerse en movimiento. Los dos son capaces de atravesar grandes distancias, pero el rey quien coordina todo también tiene uno, uno a quien ha estado entrenando por mucho tiempo para algo en especial.

—Manigoldo…—aseveró Degel asintiendo al mismo tiempo, dando de esa forma aprobación al pensamiento que Kardia le entregaba.

Sabían que algo estaba planeándose debajo de ellos, algo en lo que no podían intervenir, un plan que el patriarca parecía estar tejiendo desde hacía siglos. Sabía de su existencia, más no de que trataba o de cómo afectaría a la guerra

—Así es, Manigoldo, que también va a Jamir; está listo para entrar al campo de batalla en el momento que el rey pueda moverse.

—Y si Sisyphus, Manigoldo y Cid se mueven entonces…

—Cuando alfiles, reina y caballos estén en el campo de batalla, las torres serán las que ataquen y defiendan al rey: Aspros y Asmita.

Aquello sí que lo había dejado sin palabras. Kardia hablaba con tanta propiedad que el mismo acuariano lo observaba absorto y hasta un tanto atraído por ello. Esa capacidad de ver a cada uno de ellos y posicionarlos en el tablón de juego, por muy irrisorio que sonase, le empezaba a excitar. Lo más interesante es que, ciertamente, es como vería se moverían las piezas, los caballos y alfiles primeros, la reina saldría detrás abriendo el camino, todo mientras el santuario quedaba resguardado por el patriarca, la diosa y por supuesto, Géminis como cabeza y Virgo como escudo… Géminis haciendo el enrosque con el rey: todo aquello tenía un sentido impensable.

—Me faltaría Aldebaran—continuó el griego recostándose en el espaldar de su asiento, luciendo ya desganado, de nuevo, como si el tema de conversación hubiese dejado de ser interesante—, pero a él lo veo más como entrenador de peones aunque sería un buen caballo…

En ese momento, lo sintió. Degel sintió aquel helado viento que recorrió sus extremidades inferiores y le deslizó un filo helado en la punta de su nuca. Lo veía allí, totalmente relajado frente a él mientras disfrutaba de la vista de las piezas de ajedrez, de su análisis, de cómo los dioses los había dispuesto uno a uno para una misión en especial, todos allí concentrados, allí elegidos para pelear una guerra a la cual ninguno conocía el inicio, y mucho menos el fin. Un juego que se repetía, siglos por siglos, entre la diosa de la guerra y el dios de la muerte.

Y entonces lo visualizó, pudo ver todo en ese momento, cada pieza tomando forma y perfilándose frente a él en un terreno de batalla fortuito. Se vio a sí mismo como caballo en una de las esquinas, a Albafica del otro lado moviéndose con su jardín de rosas. Pudo sentir el movimiento veloz de reina y alfil saliendo y cubriendo distancia en un pestañeo y el de Manigoldo dejando el halito frio de la muerte a su paso. Los podía ver, peleando, sacrificando piezas por cada orden y movimiento del patriarca, mientras Géminis y Virgo esperaban el momento y los peones se movían para abrir espacio y ser… sacrificados.

Sacrificados…

Subió su mirada verde hacia los azules de Kardia, aún distraído en sus propios pensamientos. Abrió sus labios, un tanto vibrante, ante aquel flash de luz que iluminó sus meditaciones y le hizo una pregunta, aquella pregunta que temía pronunciar, que sabía su respuesta, que odiaría escucharla…

—¿Y tú, Kardia?—los gélidos glaciales temblaron dentro de sus cuencas, mirándole profundamente. El aludido le observó primero un tanto desconcertado, y al entender la pregunta simplemente sonrió… con esa mueca, la maldita mueca de decisión que dibujaba cada vez que hablaba de un trofeo. Un brillo semejante al fuego egipcio se pudo vislumbrar detrás de sus irises azules.

—¿Yo, Degel?—el galo tembló casi imperceptiblemente, tensando sus músculos, presionando sus puños contra el faldón dorado—. Yo soy un peón…

El ruido de la madera al ser golpeada, las piezas que ante la colisión de oro y la superficie de la mesa se movieron y cayeron sobre el tablero. Degel se levantó con los puños apretados de indignación, mirándolo con profunda frustración y severidad, intentando aplacarse, aunque apenas podría con ello con dificultad. Ante ese panorama, al verlo así simplemente, Kardia lanzó una carcajada irónica, divertida, creando aún mayor malestar a su acompañante.

—Vaya, señor tranquilidad, ¡volví a sacarlo de sus casillas!—el cuello del francés se vio tenso, enrojecido por la presión acumulada en sus músculos. Los ojos del griego se iluminaron mientras se levantaba de su asiento, se acercaba con pasos curvilíneos en un juego semejante a una caza, observando entretenido el gesto petrificado de Degel con su inomodidad, con aquello que sabía que no podían cambiar—. Asi no podrá congelar nada—siseó maliciosamente.

Degel cerró sus ojos, resopló el aire turbio y luego desvió su rostro a otro punto controlando su alterada respiración.

Kardia decidió permitirle unos minutos para eso, el suficiente para recobrar su ecuanimidad y el cual aprovechó para tomar al peón blanco y comer la reina negra que había quedado en su campo de acción. Degel observó el movimiento, la forma en que esos dedos con la uña roja marcada tomó el peón y ejecutó el cambio en el espacio de cuadro blanco, llevándose la reina negra consigo y sonriéndose con un dejo de deseo enmarcando su rostro. El escalofrío le invadió en ese momento, pensando en la idea de tener que salir a pelear, en que enviaran a Kardia primero… en que tuvieran misiones distintas en el tablero de juego de la guerra santa… pensando que en cuanto pudiera, no lo dejaría solo.

—Pero claro, no me iré del tablero sin llevarme mi trofeo—concluyó mostrándole la reina negra en sus manos.

La expresión de Degel no cambió y aquello le fastidió en sobremanera. Como siempre, cada vez que llegaban a ese punto de la conversación solo quedaba la mirada recriminatoria y llena de reproches de Degel junto a la suya cada vez más decidida de su destino. Si los dioses habían decidido que su destino era morir… lo mejor era morir como un peón comiéndose una de las más importante piezas.

—Bueno, ya me cansé de jugar, mejor voy a ver a quien molesto en el coliseo.

—Kardia…

—Nos vemos luego—terminó saliendo del lugar con un leve movimiento de manos.

En el silencio del templo Degel observó las piezas de ajedrez, sintiéndose pesado. Tomó el peón que Kardia había usado y lo llevó hasta el terreno de las negras, en un movimiento que sabía podía convocar una de las grandes piezas perdidas.

—¿Y si yo quiero que vivas…?

El pensamiento trastabilló en las paredes solitarias del templo, no consiguiendo ninguna respuesta.

Una simple pregunta retorica…

4 respuestas a “Piezas de Ajedrez (Degel x Kardia)

  1. ¡Muy lindo! Adoré las comparaciones. A Kardia casi siempre lo leo (y mira, no leo mucho sobre Lost Canvas, la verdad) más dinámico y menos pensante; el tuyo me resulto no sólo ameno e interesante, sino genuinamente inteligente. Creo que es un gran prospecto de personaje.

    Muy bien logradas las personalidades, pese a que Dégel aún me representa ciertos problemas (eso es, me temo, una apreciación puramente personal).

    Saludos.

    1. Waoooo Cynth, no sé que decir. En verdad primero no me esperaba verte aqui *O* la emoción que sentía al recibir un review de tu parte en este lugar no te lo sabría explicar xD

      De verdad me alegro que te haya gustado, hace unas semanas alguien fuera del club nos comparó con las fichas del ajedrez, siendo nuestro club el Rey, y evocando aquello mientras buscaba la idea para el fic pues surgió esto. Siempre he visto a Kardia como más impulsivo pero también calculador, una persona con una amplia visión bélica y si inteligente a su modo, no quizás leyendo libro sino por instinto. Además que quizás ayudó el saber que en el manga Kardia es uno de los que mejores hablan (muy cuidadoso el chico, le cayó bien el tiempo que compartió con Degel) a diferencia de Aspros o Manigoldo (en la última aparición de Aspros más vale lavarle la lengua, pero si, se nota que estaba muy molesto xD)

      Ok, desvarié xD pero sí, esta era la impresión que quería dejar de Kardia, alguien inteligente y observador que se aburre con facilidad y no puede quedarse demasiado quieto en un solo sitio, y que además tiene muy en claro la posicón de la guerra.

      En cuanto a Degel, ¿que decir? A sigue sigue costando horrores conseguirle un punto. Pero sigo intentando buscarle la vuelta xD

      Gracias de verdad por leer y comentar. ¡Y bienvenida al blog yay!

  2. Gran comparación!!!…Sí, por supuesto que Kardia es un peón…no creo que tenga complejos con ello…XD!
    Me gustó esta perspectiva…Kardia reflexivo….en general parece que no lo es en gran medida, pero sí tiene toda una filosofía de vida (y muerte)…
    Vale, que igual me deprime un poco el final…pero sigue muy bien la trama del manga…

  3. ;A; También me ha encantado este. Fabulosa la comparación que has logrado con los personajes y las piezas, y aunque Kardia sale muy pensativo, yo creo que es un personaje que tiene esa capacidad y no lo siento fuera de personaje =w= En finn! Seguire leyendo mas cositas tuyas1

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