Rayos de Aurora (Cap 05) ~Final~

Una discusión y el distanciamiento. Al final las cosas no parecen ser tan sencillas, ¿pero acaso la soledad de Saga se debe a ello?

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Temas: Yaoi, romance, drama, Universo Alterno.
Personajes:
Saga, Shaka, Hilda, Fler, Marin
Resumen:
Saga comienza a sentir que le falta algo a su vida desde que conoció a Shaka, compañero de oficina y padre de dos hermosas niñas. ¿Qué es eso que le falta? ¿Podrá tan siquiera ser participe, al menos un testigo mudo de ello?

Una discusión y el distanciamiento. Al final las cosas no parecen ser tan sencillas, ¿pero acaso la soledad de Saga se debe a ello?

La entrada a su departamento, por lo tanto, fue silenciosa y sombría. Shaka parecía estar envuelto en sus propios pensamientos, y él demasiado deprimido ante la conclusión obvia de la noche, por lo que lo dejó esperando en la sala mientras se llevó el pedido hasta la cocina y lo colocó sobre el mesón. Con pesadez apretó sus parpados tratando de conseguir de nuevo un halito de esperanza, sintiéndose de forma premeditada derrotado, ya fracasado, por otra relación más condenada a acabar. Frustrado de antemano, buscó la vajilla en la lacena y se imaginaba ya el cómo sería el día a día en la oficina, que de nuevo tendría que recurrir a lo de irse a trabajar mucho más tarde para no verlo mientras se acostumbraba a su nueva vida de soltero, de nuevo reprimirse y masturbarse con él y sus recuerdos en la noches, quizás derramando más que semen amargas lágrimas.

La idea de terminar le dolía tanto que era un dolor que le desgarraba el pecho en dos, como si una espada oxidada le fuera clavado en todo el musculo y le fuera abriendo poco a poco conforme cubría profundidad y la sangre, helada, se secara en el frio asqueroso que lo mataba poco a poco. Era como si a su vez sintiera un hilillo de de hielo atravesándole la garganta poco a poco hasta llenar su estomago de toda aquella mezcla y obligara a sus jugos gástricos enfriarse hasta convertirse en una pesada masa de hielo. La cabeza parecía pulsarle, como si cada neurona en cada estallido eléctrico le lanzara al cráneo millones de espinas, una a una siendo leída por sus sensores de dolor, provocándole un jaqueca de la que quería olvidarse. Ahogado… aturdido… su mano se poso en el mesó y la otra secó el duro frio que ya corría de su frente y le hacía sentir inmensamente miserable.

—Shaka…—susurró, apenas con voz. Aquel nombre y aquel llamado para él eran como el mantra con el que daría su alma al descanso eterno.

No quería terminar, no quería perderlo, no quería volver a sufrir un desamor: ya no.

Y mientras pensaba en eso, sirviendo los platos con lentitud tratando de no provocar un accidente con el temblor de sus manos; se dio cuenta en un flash de segundo que Shaka estaba en el umbral de la entrada de la cocina, mirándolo fijamente.

Tuvo un leve estremecimiento en todo su cuerpo al sentirlo, sentir a Shaka y su mirada fija, a esos cielos azules observarlo con profundidad. Durante ese segundo de reconocimiento no supo muy bien que pensar, su cabeza estaba llena de él, su piel, su sudor, el sabor de su saliva estaba lleno de él, de Shaka, de su aroma, de esos ojos azules que lo miraban con la tristeza tiñendo sus irises, con su ceño frunciéndose con dolor, como si él mismo sintiera que algo le estuviera matando. Le devolvió la mirada sin decir palabras, encerrándose ambos en un lapso de tiempo pesado que no supieron cuantificar, pero que tampoco le importaba acabarlo, al menos no aún. Esos ojos unos clavados sobre los otros parecían ser mucho más comunicativos que cualquier palabra que pudieran decir al respecto; en ese momento, ambos leyeron un: “quiero continuar” en el otro; un “no quiero que termine así” enclaustrado en los labios temblorosos.

Sólo fue necesario un movimiento, sólo uno; Shaka se apartó de la entrada de la cocina y se internó a ella buscándolo, luciendo desesperado y decidido, pareciendo que no quería nada más que el cuerpo de él sobre el suyo. Saga soltó el filo del mesón lleno de emociones chocando contra su tórax y achicando a sus pulmones, notándose de inmediato la acelerada respiración conforme los pasos se acababan y el sudor de sus manos ansiosas por asirse a esas caderas y estrujarlo con la punta de sus dedos incrementaba el tempo. Sin mucho protocolo al sentirse cerca el uno del otro se fundieron en un beso que empezó lento y sereno y fue mutando a una verdadera tormenta pasional. Se abrazaron con fuerza presionando el cuerpo del contrario mientras con el mismo frenesí con el que estuvieron la primera vez en la oficina se tiraron sobre el mueble de la sala y se marcaron con besos y caricias; agobiados, anhelantes.

Se entregaron como si no hubiese mañana…

Recordó aquella vez, mientras se movía de nuevo en la cama tratando de recuperar algo de sueño, aunque quizás adjudicaba la falta de él a la ausencia de un acompañante en ese instante. El hombre volvió a ver el reloj de su móvil y la fotografía para abrir luego la bandeja de mensajería y leer de nuevo el texto que le había llegado horas atrás. Todo aquello y esos recuerdos volvieron a asomarse en su cabeza, haciéndole pensar en el enorme camino trazado, en todo lo que había ocurrido, memorando que aquello había sido a inicio de ese año y ya para ese momento estaba condenado a acabar en unos días más. Quizás y se trataba de eso, esa nostalgia navideña que le hacía pensar en todo lo que había vivido, perdido y ganado en esos 365 días.

Por lo menos, evocando aquella noche en su departamento, una sonrisa dibujó su rostro medio cansado. Luego de haberse unido sus cuerpos ambos se habían quedado recostados en el mueble de la sala, él sosteniendo el cuerpo de Shaka contra el propio de forma posesiva, no muy seguro de que había pasado. No hubieron palabras, de nuevo, no hubo siquiera un te amo en labios de ambos, solo la necesidad de sentirse y entregarse en el sexo, en la excitación, por el momento, cayendo ambos victima de su propia concupiscencia y dejando lo importante para después. Aún así, no quería dejar de acariciar la espalda blanca y despejar los dorados cabellos de ellas mientras resbalaba corto besos por sus hombros sudados, aquella piel que empezaba enfriarse y cuyos poros dilatados la hacía ver erizada. No quería pensar en que esa podía ser la última vez de poder disfrutar el cuerpo de Shaka entre sus brazos y su desnudez contra su piel.

—Cuando decidí empezar a estar contigo, Saga, no esperé que las cosas fueran así—comenzó el rubio, incorporándose hasta quedar sentado y con la vista fija en el ventanal que daba a la ciudad de noche. Ese abreboca había sido suficiente para él tener una idea de que vendría a continuación; antes de hablar sobre que le pudo haber molestado en aquella tarde, iban a hablar sobre que esperaron ellos al principio de esa relación. Era lo justo y era, en cierto modo, lo más importante a resolver—. Te dije que no busco un padre o una madre para mis hijas, pensé que podíamos mantener una relación sin que esto afectara, pero me equivoqué—lo oyó suspirar y en respuesta deslizó uno de sus dedos por la afilada cintura blanca, acariciándolo en silencio, dándole espacio para que terminara su idea—. Quise pensar que por una vez podía tomar una decisión sin que esto las involucrara, creer por una vez que yo podía tener compañía sin que esto significara que ellas tuvieran que estar con esa persona y se encariñaran… que si lo nuestro no funcionara, ellas no se vieran envueltas por ningún tipo de sentimiento de culpa.

Y comprendió…

—Que ellas no lo sintieran como una separación.

Era por ello, era por ello que Shaka se negaba, por sus hijas, por pensar en que si ellas se encariñaban con él y su relación no funcionaba para ellas sería algo equivalente a un divorcio, en menores proporciones, pero con la misma sensación.  Quería protegerlas de volver a perder otra figura a la que llegaran a amar.

—Aquella tarde ya estaba algo fuera de mí. Toda la mañana Fler e Hilda no dejaban de preguntarme porque tú tenías camioneta y yo no, porque tú ganabas más y yo no, admito que sentirme comparado fue… aunque suene idiota, un golpe a mi orgullo. Luego ver que mis hijas soltaron mis manos para tomar las tuyas, el modo en que se compenetraron tan rápidamente; me sentí relegado Saga, por ti, por ellas y cuando empezaste a contradecir mis decisiones, a quitarme mi autoridad de padre frente a ellas ofreciéndole lo que yo le negaba fue, para mí, suficiente—bufó, pasando su mano por el cabello dorado para despejarlo de su cara—. Empecé a caminar sin rumbo tratando de tranquilizarme aunque mi cabeza pensaba de más. Fue irremediable no verme a mí siendo relegado de mi lugar como su padre por ti, él que tu consintieras sus gustos mientras yo discutía por ello. Me vi batallando contigo por la potestad de mis hijas, me vi peleando contigo su atención, me vi perdiendo contra ti frente a ellas, una y otra vez Saga, me vi que terminaría no tolerándolo y nuestra relación se haría añicos y ellas… ellas pensarían que fue por ellas. Por eso pensé que lo mejor era acabar antes.

Se levantó poniéndose su bóxer y caminó hasta las cercanía del ventanal, en silencio, y abrazándose a sí mismo al sentir frio. El mayor sólo se sentó en el mueble rascando un poco su cabeza y organizando sus ideas ante aquella confesión tan sincera y al mismo tiempo importante. Comprendía que su percepción de lo ocurría realmente fue corta, muy corta, jamás pensó que en esa relación Shaka no estaba libre y no por el hecho de tener a sus hijas bajo su cuidado sino por la responsabilidad que él llevaba a cuesta por ello. No imaginó que él haber complacido a las pequeñas aquella tarde había significado tanto y que lo había hecho ya desde la piscina, cuando pese al llamado de atención de Shaka lo obligó a cumplir su propia decisión. Había olvidado, por completo, que esas niñas no eran sus hijas, eran de él. Él era un extraño y le había quitado en los pocos momentos que estuvo junto a Shaka su autoridad como padre, lo había relegado como el hombre de ellas.

—Esa noche—continuó luego de unos minutos de silencio, despejando su cabellera rubia de sus hombros. Ya ambos resentía la falta de calor y de las pieles friccionándose, sentían por el contrario el frio intenso de llevar la realidad hasta sus ojos y ver el daño de su relación—, estaba de tan mal humor que las envié a dormir y no me importó su llanto; Fler no paraba de llorar como si la hubiera regañado a ella pese a que jamás le levanté la voz, eso también me tenía cansado. Verla a ella llorar así… cuando solo había compartido pocas horas, me sentía agobiado. Entonces acostado y tratando de dormir ellas entraron al cuarto y se metieron en la cama abrazándome y llenándome de besos. Cuando Fler me pidió perdón me sentí estúpido, cuando ella e Hilda me dijeron que a pesar de que no tenía auto y no ganaba más me querían me sentí frustrado; fui tan evidente que ellas solas se dieron cuenta que lo que tenía era, entre varias cosas, un ataque de celos.

—Las mujeres son muy intuitivas—respondió el mayor, levantándose del asiento con una leve sonrisa dibujada luego de imaginar la escena. Daría lo que fuera por verla, por ver a Shaka y las pequeñas en la cama retozando, debía ser una imagen sumamente hermosa—. Incluso desde pequeñas—se acercó rodeándolo entre sus brazos y dejando un fino beso en su hombro. Lo necesitaba; necesitaba hacerle saber que a pesar de sus errores él quería intentarlo, él deseaba ese lugar —. Debo disculparme por mi actitud. Tienes razón, te ignoré como su padre, hice valer mi opinión por encima de la tuya pero… realmente quería agradarles, pensé que servir todos sus gustos sería una forma de acercarme a ellas. Me equivoqué y tienes razón al pensar en todo eso; nunca he tratado con niños y pensé que jamás lo haría. Años atrás si me hubieran comentado de tener una pareja con hijos lo hubiera negado rotundamente y ahora… Shaka, tus hijas me desarmaron. Si ya tenía deseos de quererlas antes de conocerlas en la oficina, solo porque eran parte de ti, luego de haberlas visto y haber compartido un rato con ellas sentí que las cuidaría, quizás hasta las celaría más que tu. Debí medirme, no pensar que tenía derecho sobre ellas aunque haya sido sin la menor intención…

—No se trata solo de eso.

—Lo sé, pero tengo que decirlo. Si me das la oportunidad estoy dispuesto a corregirlo, a controlarme y a respetar tu autoridad sobre ellas. A tomar el lugar que me corresponde.

—¿Y si no funciona?—volteó el rubio luciendo en extremo preocupado, como si aquella posibilidad al asomarse diera termino a lo que ya tenían, como si no pudiese ser de otra manera—. ¿Qué pasara con ella, con Fler por ejemplo? Se la pasó llorando el día que ocurrió aquello de la feria. ¿Qué si se encariña más contigo y lo nuestro no funciona?

—Es algo que no podemos saber hasta intentarlo, Shaka, ¿pero no crees que intentas sobreprotegerlas demasiado incluso de tus propios fracasos? No tiene porque ser así y si sucediera tus hijas podrán superarlo también, no las subestimes. No te niegues una oportunidad a ti Shaka por temor a fracasar frente a ellas, no eres perfecto, eres humano. Todos los hombres caemos, y ellas caerán, estén o no bajo tu cuidado también se llevaran sus decepciones pero, esa es la vida ¿no?—llevó su mano hacía el desliz del rostro del joven padre, obligándolo a subir su mirada turbia y enviándole con sus ojos la más sincera determinación—. De mi parte, te seré sincero, no me rendiré. Esto para mi es casi una oportunidad única, no puedo rendirme para tenerte a ti, tenerlas a ellas. De mi pondré todo lo que sea necesario para que esto funcione, Shaka.

Los latidos del corazón fueron, luego, los únicos que hablaron por al menos un espacio de cinco minutos. Saga observó con profundidad los ojos azules de su pareja, indagó dentro de ellos, buscando una señal de posible negación o de absoluta aceptación ante su pedido que denotaba una nueva oportunidad de hacer lo correcto, las cosas bien y salvar su relación. El rubio poco después se cruzó de brazo bajando su rostro nácar, suspiró como si hubiera contenido la respiración debajo de las aguas, como si el oxigeno no le hubiese sido suficiente y sus parpados blancos cubrieron el brillo celestes de sus irises por otro lapso de tiempo. Así esperó, en silencio, hasta que de nuevo sus parpados abandonaran el lugar y esa mirada azul claro le observara con el tenue brillo del temor opacado por una convicción.

—Hagámoslo, pero a mi ritmo—dejó caer sus brazos de lado y lado, desviando un poco el ángulo de su rostro para enfocar mejor su mirada—. No me presiones, esto necesita tiempo.

—No lo haré, mientras prometas no dejarme esperando—decidió agregar también su propia condición, aquella que por el movimiento afirmativo del rostro de Shaka fue aceptada. La comisura izquierda de Saga se levantó aún más delineando una sonrisa con sus carnosos labios, cada vez más seguro del paso que estaba dando, de haber hecho lo correcto—. Todo saldrá bien…

Las diferencias que hubo entre ellos se resolvieron en primera instancias tras aquella conversación. Saga por fin comprendió que debía hacer un esfuerzo para entrar dentro del círculo de las pequeñas sin sacar a Shaka de su lugar como padre, muy a pesar de que él fuera el mayor, que tuviera el mayor sueldo, o que fuera el más dominante de su relación. El lugar de Shaka era inamovible y él tuvo que aceptarlo. Por su lado el rubio pareció haber entendido que era un riesgo que debía asumir, tarde o temprano, y que sus hijas podrían apoyarlo para llevar las cosas de la forma más llevadera.

Obviamente, no de inmediato reanudaron sus salidas ni mucho menos comenzaron a salir con las pequeñas, pero ellas siempre le enviaba por medio de su padre galleticas horneadas con una nota especial escrita a mano por Hilda y dictada por Fler para el griego. En varias oportunidades notó en Shaka cierta vacilación de celos que Saga supo apaciguar de buena manera, tratando de hacerle ver que todo era broma y que no quería imaginar cuando las pequeñas fueran ya adolescentes y esas carticas y galleticas se convirtieran en ofrenda de amor. Dentro de la oficina hablaban de ellas, cuando salían hablaba de ellos, al final una oportunidad se presentó y ante la invitación Saga sintió que por fin las cosas tomaban su rumbo.

Tuvo que hacer uso de su paciencia, de su constancia, de su perseverancia para la empresa de poder conseguir un lugar dentro de aquella familia; pero había valido la pena. En aquella tarde que los fue a buscar en su camioneta, podía ver dibujar formas de algodón por las nubes opacando un poco los rayos solares del atardecer, mostrando que sería una gran tarde, una buena velada lo esperaba. Habían salido primero al Mall a comprar algunas películas, las llevaron a una heladería y se sentaron en la mesa viendo el menú y observando cómo las pequeñas le preguntaban a su padre que significaba Tiramisu y Ron. Allí estaban las dos, con sus vestiditos veraniegos y sombreritos de vuelos que las hacían ver coquetas, muy diferente a la forma de vestir de las niñas comunes. Shaka se tomaba muy en serio eso de vestir a sus niñas conforme a su edad y no a la moda.

—Papá no me quiso comprar la faldita de jean—se quejaba Fler con un mohín delicioso de labios, mientras  movía sus piecitos en la sillita de la heladería y lo miraba como si fuera un asunto terriblemente serio. Saga levantó una ceja particularmente encantado, algo tenía esa pequeña que le haría decir sí a lo que fuere, aunque con ello tuviera que dejar su tarjeta de crédito en número rojos—. Era bonita, tenía florecitas y mariposas rosadas.

—¿En serio?—siguió la conversación con una sonrisa, desviando su mirada un momento donde el rubio y la mayor de las hijas hacían el pedido de helados. Lo veía allí, enamorado, como si todo lo que hubiera querido para su vida en esa edad se lo hubiera entregado él. Suspiró para devolver la vista a la pequeña, quien bajo su mirada al verse al descubierto contemplándolo fijamente y denotando un rubor delicioso en sus mejillas—. ¿Qué tan larga era la falda?—preguntó curioso.

—Hasta aquí—señaló la pequeña subiendo la falda de su vestidito de vuelo hasta la mitad de su pierna, arriba de la rodilla.

—Mmm… muy corto, eso no es para una niña como tú.

—¡Pero era bonita!

—Te ves más bonitas con tus vestidos—el rubor aumentó en el rostro de la nena, con los ojitos verdes centellando ante aquella afirmación. Él no pudo evitar sonreír, sonreír entre enternecido y feliz justo en el momento que Shaka se acercó a la mesa con los helados que habían pedido e Hilda se sentaba con su cucharilla de plástico.

—¿Qué paso Fler?—indagó su padre al verla apenada y sonriendo. La niña sólo renegó con su rostro en señal negativa, moviéndose con ello su espeso cabello dorado y las cintas que adornaban sus colitas. Cuando Shaka buscó respuesta en su pareja, este solo le sonrió guiñándole el ojo en señal de alguna travesura.

Aquella salida, recordaba aquella salida con una sonrisa, las veces que Fler iba a buscarlo cuando Shaka le negaba algo y él, respetando lo que habían acordado, le decía que ya su padre había dicho que no y había que obedecerlo. Sin embargo, en las veces que él veía que Shaka simplemente exageraba al no dar permiso a un juego, o algo por el estilo; se le acercaba y hablaba un momento con él proponiendo su punto de vista e intentando que el rubio mismo cambiara de opinión y modificara su orden si fuera necesario. Hubieron choques más adelantes, sí, pero el principal bache lo habían superado y los siguientes que vinieron en esa fase de compenetración se fueron soldando hasta que las cosas se hicieron muy llevaderas.

—Ahora quiere que le haga más vestidos, le tendré que decir a la modista—le comentó aquel día en la oficina, comiendo las galletas que sus hijas le habían horneado. Seis meses, desde aquella discusión, desde que se arreglaron habían pasado seis meses—. No sé a qué vino su repentino interés en usar vestidos cuando antes me decía que quería vestir como sus amiguitas—Saga sólo sonreía divertido, mojando la galleta con la leche mientras recordaba la vez del helado—. Tuviste algo que ver ¿no?—y allí fue que el griego subió la mirada y se entretuvo viendo la expresión de Shaka demandando una respuesta.

—En realidad sólo le dije que se veían bonita con ellos—levantó un poco sus cejas enarcándola en una aire inocente, como si con ello buscara congraciarse ante los celos posible del padre. El rubio, en cambio, resoplo con una tenue sonrisa, terminando por secundar la acción.

Ya para las pequeñas no le pareció extraño que salieran al parque con Saga acompañándolos, que las llevaran al cine o a un circo. Es más, Fler esperaba emocionada y buscaba los mejores vestidos para salir, logrando que Saga la mirara y le sonriera tal como ella quería. Incluso en una oportunidad fueron hasta su departamento y allí Saga los espero luciéndose como anfitrión; él mismo se encargó de cocinar la cena, ayudado por Shaka y ante los ojos de las dos pequeñas que preguntaban que iban a comer y si había helados en la nevera. Con la asistencia de ellas pusieron la mesa y luego cenaron emulando muy bien cualquier familia, comentándole las niñas a Saga sobre su día y contando cosas que hacía su padre, como sonreírse cuando entraba la llamada de él la que reconocían por una tonada en particular.

Ver su departamento por fin llenos de pasos y de voces le hizo sentir contento, le hizo sentir especial, como si todo por fin tomara el lugar que merecía, como si ya él tuviera a una hermosa familia, rayos de aurora a través de la sonrisa de las pequeñas y los fulminantes celeste de su padre.

Para cuando tocó la hora de dormir, Saga le había dado a Shaka su cuarto principal, y se quedó él en la sala, sobre el sofá cama, sintiéndose cansado en extremo luego de todo lo hecho en la noche pero al mismo tiempo satisfecho con todo lo que había logrado. Meditó por largos minutos en cada una de ellas, en las palabras y en los planes que se iba formulando el mismo para con lo que ahora podía decir era su familia; pensando en llevarlos de viaje, en porque no, comprar un departamento más grande y pedirles que se mudaran con él, incluso reflexionaba sobre la idea de pedirle a Shaka que viajaran al extranjero y al hacerlo entonces recordó las muñecas exóticas que había comprando en su viaje de vacaciones.

Cuando estuvo a punto de quedarse dormido sintió el movimiento y los pasos que se acercaron a él. Abrió sus ojos cansado y vio la cabellera rubia metiéndose entre su brazo y buscando acomodo a su lado, con los piecitos fríos. Se sobresaltó en un momento, medio incorporándose y moviendo la sábana para ver a la pequeña con su piyama rosa acurrucada a su lado.

—Fler…

—¿Puedo dormir contigo?—definitivamente, si Shaka no era quien la iba amarrar de jovencita lo iba a hacer él. ¡No podía ser tan coqueta y preciosa! Resopló conteniendo la carcajada en su pecho e intentando sacar todo su aire severo antes de reírse y apoyar la travesura.

—Papá se puede molestar—le dijo en tono seguro pero la niña le sonrío.

—Pero papá duerme contigo—y para ese punto su rostro palideció. Los ojos verdes se abrieron desmesuradamente e intentó con todo su esfuerzo no dejar caer la mandíbula de la impresión. La niña sonrío, como si fuese algo natural—. Así me dijo Marin, que las personas que se quieren duermen juntos.

Sinceramente Saga no tuvo idea de cómo responder eso, ni que tanto sabían ellas ni que tanto le habría dicho Marin sobre su relación con su padre. Supuso que sería normal que ellas hubieran tenido cierta curiosidad por saber porque el jefe de su papá las trataba tan bien y las llevaba a pasear, más en ese preciso momento no se sentía ni con los ánimos ni con las palabras correctas para ahondar al respecto. Por ello prefirió no darle mayor larga al asunto, rascando un poco su cabeza para lucir de alguna forma despreocupado y no darle señal a la niña de que había tocado un tema escambroso de explicar.

Optó más bien recostarse con ella a su lado, prestando su brazo para que ella lo usara de almohada y se acurrucara como un ovillo blanco vestido de rosa. Se dedicó a ver como los pequeños labios de la niña se deslizaron formando una tierna sonrisa de felicidad y esos ojos claros le miraban atestados de alegría. Estaba bien así y ya después hablaría con Shaka y se aseguraría de ver hasta qué punto sus hijas estaban informada y que tanto deberían hablar ellos con ellas sobre su relación; en ese momento con tener la cálida respiración de la menor en su brazo y el cabello dorado acariciando su piel era más que suficiente para hacerle sentir en sobremanera: tranquilo.

No le costó dormir teniéndola al lado y oyendo de lejos las preguntas infantiles de si la quería a ella y si la quería más que su papá… De lejos incluso creyó escuchar un “Me quiero casar contigo” que le provocó una tierna sonrisa en labios más dormido que despierto. De lejos también se escuchó a si mismo decir algo como ”Estaré muy viejo” al mismo tiempo que reforzó el abrazo tratando de no asfixiarla e instándole a dormir.

Recordando aquel momento sintió como si algo le hubiera caído encima y brincara en su colchón, aturdiéndolo y sobresaltándolo tan asustado como aquella vez que había evocado en su memoria. Todavía desorientado puso su brazo sobre su cara y le pareció ver por la luz que entraba en la puerta abierta de su habitación el brillo de bucles dorados junto a puntitos de colores quizás por la abrupta forma de abrir sus parpados y enfocar su visión.

—¡Saga, Saga, mira lo que me gané en la rifa!—la voz melodiosa y las manitos zarandeándole el pecho ya le había dado indicios de quien era, y de alguna forma una explosión de ternura le abrió el corazón y le dibujo una sonrisa en su rostro al haberla identificado.

¿Cuánto había pasado desde aquella primera vez que despertó con la niña en brazo y lo primero que vio fue la cabellera del padre apoyado contra el mueble y observándolos fijamente con esos celestes? ¿Cuánto desde que oyó de sus labios ese “Te Amo” que no vino por un pedido, ni por el contacto sexual? ¿Cuánto desde que ese mismo día, luego de un beso le dijo: “Creo que serías un gran padre”?

—¡Mira!, es una muñeca y tiene el pelo rojo y usa un vestido verde con lentejuelas y…

—¡Fler! ¡Baja de la cama!

¿Cuánto desde que había empezado a escuchar todas las mañanas ese mismo alboroto, esas vocecitas quejándose porque querían dormir más o tenían que llevar cartulinas de colores o la cola de Hilda eran más bonitas que las de Fler? ¿Cuánto escuchando aquella misma voz demandante de su padre y ver como Fler, justo como en ese momento, se metía debajo de las sábanas para esconderse de él y buscando su protección? Dejó escapar una carcajada incrédula mientras echaba el vistazo al reloj de al lado y veía que faltaba poco para las 12 de la noche, sintiendo al mismo tiempo el cuerpecito removiéndose al lado de su brazo. Se reincorporó un poco en la cama, sentándose con una pierna flexionada y viendo  como del bulto de la colcha salía la cabecita rubia y le sonreía como si fuese una travesura. No falto mucho tiempo para que Shaka entrara por la puerta con el ceño fruncido y diera de nuevo la orden que esta vez la nena obedeció con presteza.

Meses viviendo con ellos, desde que decidieron dar el paso, desde que vendió su apartamento y compró uno más grande para que estuvieran todos. Meses donde al llegar del trabajo significaba recibir el abrazo de Fler en sus piernas, la sonrisa contenta de Hilda, la amable mirada de Marin y si no venía con Shaka desde la oficina, el beso cuando entraba a su habitación y se encontraban como amantes; meses donde había olvidado lo que era llegar y encontrarse solo.

Si, por eso al llegar sintió la casa tan silenciosa, tan vacía. Incluso podría pensar en ese momento que no se acostumbraría a tener esas mañanas silenciosa y esas noches que después del trabajo solo lo acompañaba su propio yo, como cuando estaba solo, como antes de que Shaka como un potente rayo de luz entrara a su vida y lo dejara marcado. Ya no, no podría verse él y solo él en ningún ámbito de su vida, sin el calor de Shaka a su lado, sin la vitalidad de las niñas e incluso la comprensión de Marín, quien sin ningún inconveniente seguía con ellos ayudando a dos hombres a criar a dos pequeñas niñas. Ni las diferencias, ni los prejuicios, siquiera su propia enfermedad, la bipolaridad que confesó en su momento, había sido suficiente para que Shaka decidiera dejarlo de lado. Según las palabras del rubio le había convencido que seguirle era su mayor anhelo de vida.

Se levantó de la cama tomando el móvil entre sus manos y metiéndolo en el bolsillo de su bermuda. Aún escuchaba el alboroto afuera, pero más que obstinarlo como a veces pasaba propio de su propio carácter que matizaba con esfuerzo, en ese momento lo llenaba de una palpable sensación de confianza, tranquilidad y felicidad de la cual no se desprendería ni aunque a veces las niñas causaran verdaderas migrañas. Se quedó de pie al filo de la puerta de su habitación, donde vio a Marin entrando al cuarto de las menores y Shaka caminando hacía la cocina. De reojo vio hacia la puerta abierta de la habitación infantil a Fler saltando sobre las camas para que Marin no la agarrara y la obligara a dormir. Ya no había soledad, en cambio; prometía ser una noche movida y agradecía haber dormido al menos unas horas antes de su llegada.

Fue en medio de su camino hacia la cocina que la imagen de unos de los retratos en el estante de la sala le detuvo, la misma que tenía como salvapantalla en su teléfono celular. Él, las niñas, Shaka, sentados en una banca en aquel otoño, pocos meses atrás que habían salido juntos.

Memoró entonces el mensaje…

“Estoy ya en la fiesta con las niñas. Están muy inquietas. ¿Llegaron los registros? Espero no sea mucho trabajo. Te amo”

Recordó ver la imagen del sobre parpadeando sobre esa fotografía, las sonrisas de las pequeñas, el agarre posesivo de Fler a su mano, el ambiente, la sensación de paz. Lejano a lo que sintió al llegar a su apartamento y verlo solo, al observar la misma imagen en el porta retrato entonces tuvo esa seguridad…

La de tenerlo todo…

La de ser feliz…

Debajo de los potentes rayos de aurora.

2 thoughts on “Rayos de Aurora (Cap 05) ~Final~

  1. Muy linda la historia. Conmovedora, de verdad que es una faceta en ellos que no había leído. Me voy a dormir, gracias por la lectura.

    1. Me alegra que te haya gustado, fue un fic corto y creo que a lo mejor pude haberlo cerrado mejor, peor me gustó trabajar con la idea de ellos con familia, hijos de otros matrimonios o relaciones, y como podían congeniarse. Gracias por la lectura 🙂

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