¡Despierta!

A veces deseas despertar de una realidad, a veces quieres seguir durmiendo y vivir tu sueño… Despertar o no. Saga tendra que despertarlo o dejarlo dormir.

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Temas: Yaoi, drama, Universo Alterno.
Personajes: Saga, Shaka
Resumen: A veces deseas despertar de una realidad, a veces quieres seguir durmiendo y vivir tu sueño… Despertar o no. Saga tendra que despertarlo o dejarlo dormir.
Dedicatoria: A todos los pecadores que nos han seguido fielmente durante este casi año.
Obviamente a todo el club: Santísimo Pecado
Comentarios adicionales: Sinceramente… No estoy muy segura de haber conseguido el efecto adecuado. Es decir, conté lo que quería contar, pero definitivamente mi fuerte no es hacer ver las cosas oscuras ni mucho menos violentas. Ya entiendo porque el rape no se me da xDDD sin embargo, la idea la tenía en la cabeza desde hace dos semanas y no hallaba como escribirla ya que la forma que tenía en mente ya la había leido en otro lugar asi que le seguí dando vueltas al asunto. Desde siempre la enfermedad de Saga me ha llamado mucho la atención, ¡amo a Saga loco! xD En fin, espero que sea de su agrado aúnque la idea daba para algo mas dark pero… no puedo con mi dosis de azucar TwT

¡Despierta!

Despiértate…

Sé que anoche tuvimos una de esas discusiones que duelen. Admito que también dije cosas terribles, que te insulte… Nos insultamos. Tampoco te quedaste atrás, más bien anoche no tuviste reparo de escupir sobre mi rostro cada uno de mis defectos y debilidades, hacerme sentir que realmente no merecía estar a tu lado y que estabas aquí solo por…

Pero no… Eso no es así ¿verdad Shaka? No son esas las razones por las que te has quedado aquí, conmigo, en este apartamento alquilado, de doble piso… Je, recuerdo cuando te traje aquí para que lo viéramos, el cómo te opusiste por considerarlo una inversión demasiado alta para algo en extremo grande para nosotros. ¿Pero tú me conoces, no Shaka? Soy un hombre que le gusta las buenas cosas, ambicioso… ¿Crees que me hubiera fijado en ti si no hubieras sido lo mejor? ¿Crees que hubiera invertido tanto tiempo para conquistarte si solo fueras alguien más?

Por eso, despierta…

Vamos, sé que de seguro después de tantas discusiones y peleas de mi parte, de mis celos enfermizos, de mis ideas, quieras descansar un poco más. Y si; como dijiste, me armaba aquellas novelas o películas entre tú y cualquier compañero de oficina, el taxista o el panadero del otro lado de la calle. Pero es que soy posesivo Shaka y además celoso ¿Cómo podía quedarme quieto cuando aquella mujer de la floristería no tenía reparo de bajarse más el escote para saludarte o el panadero siempre te guardaba su mejor pan esperando tu llegada? Claro, porque además eres un reloj ambulante, y religiosamente siempre asistía a esos lugares en una hora determinada para tomar las flores de la tumba de tu padre y el pan de todas las mañanas.

Ah sí… las mañanas. Me es imposible no pensar en ellas cuando contigo han sido las más deliciosas. Había sido complicado al principio, ¿lo recuerdas?, cuando empezamos a vivir juntos y nos dimos cuenta de nuestro horario totalmente dislocado. Tu, tan de levantarte temprano, tomar un café a las seis y meditar antes de ir a tu trabajo. Yo, tan de preferir quedarme a dormir hasta el mediodía y ver deporte hasta la madrugada coronando con un buen sexo antes de dormir. Fue terrible verte durmiendo cuando yo lo que quería era besarte, y que tú me despertaras cuando lo único que me pedía mi cuerpo era dormir; las discusiones en la noche por no querer tener sexo o en la mañana por no despertarme se hicieron agoniosas y estúpidas. ¿Quién pensaría que hallarías solución?

Sexo matutino…

Tan sencillo como tener la oportunidad de disfrutarte las mañanas, de estrujar tu piel caliente por el sueño y ver tu rostro adormilado, tus manos aún perezosas buscándome y ganando velocidad conforme te besaba, apretaba tus glúteos, te presionaba contra mí. Tan simple como saber que en las mañanas que estabas en tu mejor momento te entregabas casi sin pudor y no tenías reparo de mencionar mi nombre o gritarlo sin importar que los vecinos pudieran escucharlo mientras preparaban a sus hijos para la jornada estudiantil.

Quizás por eso debería dejarte dormir, o al menos, sonaría lo más lógico. Pero ahora, justo en este segundo, necesito que despiertes.

Sí, quiero verte abrir tus ojos celestes, tan claros como el reflejo del cielo en las aguas. Como aquellas aguas del Caribe, ¿las recuerdas? a donde fuimos a pasar nuestro primer viaje juntos. Así, tus ojos me recuerdan a aquellas playas tranquilas donde se traslucían por debajo los corales, a esa paz que podía tener con sólo ver la costa lejana y la punta de tu nariz mientras abrazaba tu espalda. Ah claro, y el cosquilleo de tu cabello dorado cuando azotaba a mi piel y que en varias oportunidades vituperabas porque siempre te escondía las ligas con lo que lo sujetabas. ¿Puedes recriminarlo? Adoro tu rostro de enfado cuando soy yo quien los provoco, y cuando sé que son enfados pequeños que puedo matizar con una caricia. Pero durante este mes, ese rostro, esa mueca, había dejado de ser un afrodisiaco.

Porque estaba más tiempo activa o porque mis mecanismos para aplacarla no me provocaba usarlos; como fuese, me sentía abrumado cada vez que, tal vez con razón, te molestabas conmigo y dibujabas ese rostro de pensar porque diablos te uniste a mí.

¿Pero podrías abrir los ojos y mirarme? ¿Decirme que no te arrepientes? ¿Qué podemos solucionarlo? Yo, al menos, estoy dispuesto a hacerlo, a buscar un punto de equilibrio, a dejar mis celos, a confiar más en ti…

¡Pero despierta!

¿O debería ir yo a despertarte?

Siento cada letra de tu nombre formándose en mi garganta seca, montículos de salivas que se atascan en mi faringe y me dejan ese sabor, ácido, en la punta de mi lengua. El frió del aire acondicionado penetra por la punta de mis dedos, siento solo ese sonido casi inaudible en mi tímpano, zumbando como un insecto fastidioso. Preferiría dejar de escuchar este silencio; el del latir de mi corazón apagado, el del aire, el de la soledad… me gustaría que abrieras tus ojos y mencionaras mi nombre… aunque fuera en una súplica…

Tu cabello dorado cubre tu rostro, cae como ríos de oro por las colinas blancas de tus mejillas, se desliza hasta caer de tu nariz, cubriendo tus labios. A esta hora solías ya estar acostado, justo así, preparándote para la nueva jornada de trabajo al día siguiente, luego de haber leído un libro de filosofía. ¿Qué dirías si supieras que muchas noches, luego de pelear, luego de que te acostaras molesto en nuestra cama te veía así, dormido, dibujaba con mis dedos el contorno de tu hombro que sobresalía a las sábanas y jugueteaba con tu cabello entre mis dedos? Quizás y si, también estoy obsesionado contigo, inseguro además de ser lo suficiente para mantenerte a mi lado, que pudieras no tolerar mis múltiples defectos y decidieras irte. Todas estas noches que has llegado más tarde, que no me respondes las llamadas, que te niegas a darme explicaciones no he parado de pensar, en aterrarme ante la idea de tu abandono.

Pero puedo perdonarte, si despertaras…

Quizás si lo haces mañana, ya no estaré aquí Shaka. Es posible que termine siendo yo el que se harte de la situación y aproveche para hacer mis maletas e irme. Por eso, despierta ahora, abre tus ojos, detenme en este momento, o amárrame, ¡como siempre! detrás de tu cárcel de agua celeste donde me ahogas y terminas por cortarme todo el aire, ¡asfíxiame Shaka! ¡Oblígame!

Por favor… por favor…

Debería yo despertarte… pero sería más romántico si abre los ojos respondiendo a uno de mis pensamientos, ¿no? Hasta podríamos pensar que es una señal de Buda, o de Zeus, o de la Santa Chiquinquira que conocimos en uno de nuestros viajes; podríamos hasta adjudicar esa coincidencia a alguna señal divina de que debemos seguir juntos. Por eso es probable que me quedo aquí, de pie, mirándote con los parpados cerrados y pensando que quiero que los abras, y me observes y si es posible… ¿porque no?, que me dibujes una sonrisa. ¿Es mucho soñar? Creo que la sonrisa no me la merezco, pero la necesito…

Puede que sea un cobarde. Lo soy, he de admitirlo ahora. Soy un maldito cobarde que no soportó la idea de un posible abandono o separación. Me decías que no tenía nada que temer, pero el asunto es que temo desde antes, desde niño o desde que mi cabeza se fracturó en múltiples partes y escucho voces dentro de ellas armándome posibles argumentos de traición. Ahora veo que el problema siempre lo fui yo: yo y mis celos, yo y mis miedos, yo y mi incapacidad de ver todo perfecto, yo y mi necedad de ver fantasmas donde no los había. Y que tu, perfecto tú, no dejabas de tomar la parte conciliadora y obligarme a hacer hasta pacto de alianza con mis propias sombras. Por eso te amo, con locura, desesperación; porque en mi maldita vida tú significas el tratado de paz que he ansiado desde siempre. ¿Qué hago si tú también te rompes, Shaka? ¿Qué será de mí?

Ah sí, te estoy escuchando también, a ti. Ríes a carcajadas, te mofas; pero créeme, él va a despertar y me va a mirar, ¡Y me va a decir que todo está bien!  Se acercará a mí y luego haremos el amor como dos animales desenfrenados como nuestra reconciliación y seremos felices. Sí, lo seremos como en todas las películas de amor, esas que él y yo detestamos: a él por absurdas, a mí por… por ser yo el pesimismo encarnado. Esa será nuestra imagen: de amor, de paz, de convivencia feliz comiendo cereal en las mañanas, dejándome un beso antes de partir…

Ah… si, como esta mañana.

Me dejaste un beso en los labios como una disculpa silenciosa por la discusión pasada. Me dijiste también que querías que todo se arreglara y si, como muestra, te habías puesto esa camisa celeste que te regalé en nuestro aniversario. Realmente pensé que todo podría ir bien, ¿en qué momento me volví a dejar cegar por los celos?

Estoy ciego Shaka, ciego de miedo, ciego de ira, ahora de lágrimas…

Pero abre los ojos, mírame, despierta y…

Y…

Mis ojos tiemblan al verte…

Es ilógico que viéndote me pregunté qué pasó con la camisa. Ya lo recuerdo, te la habías quitado al llegar y la pusiste como siempre en el espaldar de la silla del comedor. Decías que tenías calor, que había sido un día estresado; recogiste tu cabello en una cola alta y te pusiste el delantal para hacer la cena mientras bajabas por estas escaleras. Cómo aún te sentías asfixiado te enroscaste tu cabello con un bolígrafo, diciendo que eran una de las cosas que habías aprendido de tus compañeras de clase en la universidad. Siempre me pareció divertido ver las múltiples formas que podías hacer con tu cabello y un simple bolígrafo azul…

El bolígrafo que ahora está a tu lado, ¿no debería tener tinta azul?

Me acerco a ti, tragando grueso cada letra formada en saliva mientras recuerdo, recuerdo que te llamaron, que te alejaste de mí para responder esa llamada. ¿Por qué? Tú me dabas razones Shaka, para celarte, para desconfiar. Yo quería saber todo cuanto pasaba en tu vida, quería conocer a todos tus amigos, ir contigo a donde fueras. No, yo no podía aceptar que tuvieras vida social fuera de mi, que trataras a personas que yo no conociera, que caminaras en esos pasillos atestados de hombres que pudieran desearte, cortejarte… no.

Yo no podía aceptarlo, ¡Aún no puedo! Pero, pero ahora que te despierte, hablaremos de eso. También curaré el golpe que te di en el rostro cuando me dijiste que no tenías que comentar nada de esa llamada, solo está un poco inflamado, no mucho. Al menos mi golpe no fue suficiente para detenerte, porque como jamás pensé que lo harías me diste un puño en el abdomen sacándome el aire.

Si, ese es el sabor ácido que tengo en mi garganta, el de la arcada que me provocaste con tu puño.

Sonrío, delineando entre mis yemas ásperas la madera del pasamano. ¿Te acuerdas cuando en la ferretería discutíamos entre usar hierro, aluminio o madera para la decoración? Al final terminé ganando y complacido decidí que me ofrendaras tu rendición en la cama por ello. Ahora que siento la madera entre mis dedos y bajo por los escalones de mármol, me preguntó, porque no dejé que ganaras cuando pediste el piso del alfombra. Quizás… quizás si fuese de alfombra…

Ay, Saga…

Te debe dar frio, siempre te quejaste que el mármol era muy frio para caminar.

Acabo, Saga…

Y ya no tienes la camisa, la dejaste sobre la silla y lo único que cubre a tu torso es tu cabello dorado suelto porque, el bolígrafo que no es de tinta azul esta a tu lado. Así que, lo lógico y racional, es que te despertaras. ¿Es cierto? ¿Acaso mi lógica es incorrecta?

Lo mataste Saga.

¡No! No es cierto, ha estado durmiendo. Estaba muy cansado, ¿no lo oíste? Muchos exámenes, muchas pruebas y muchas tesis…

Eres patético, Saga.

No, ¡TÚ eres patético! Tú que empezaste a meterme ideas en la cabeza y los celos y pensando que él me iba a dejar…

Sólo secundaba lo que pensabas…

¡Pero no era la verdad!

Cómo sea, de que vale culparme ahora, Saga. ¿No lo ves? ¡Hay sangre!

No…

Eso no es tinta, estúpido…

Hay bolígrafos azules que tienen tinta roja maldita sea. Además, además el usaba bolígrafo de tinta roja para reprobar a sus estudiantes.

¡Eres un imbécil Saga!

“¡Eres un imbécil, Saga!”—me gritaste… ¡tú también me lo gritaste, Shaka!—“. ¿Qué pretendes? ¿Qué toda mi maldita vida gire a tu alrededor? Es sólo un tesista que me llamó, ¡por el amor de Dios! ¿Podrías dejar de armarte estúpidas hipótesis en tu cabeza?

En tal caso, se lo merecía ¿no? Vamos, nadie se creería el cuento que recibió la llamada de un estudiante. ¿Por qué se alejó de ti para responder, ah? ¿Por qué se le iluminaron los ojos al hacerlo eh?

Eso mismo le dije…

“¿Ahora tengo que responder las llamadas contigo pegado en la oreja? Es estúpido, ¡IRACCIONAL! Jamás pensé que podrías llegar a ser tan posesivo. ¡¡Ahora devuélveme el teléfono!!”

El teléfono… ¿dónde quedó el teléfono?

A ver… creo que lo tiraste. Si, allí está, cerca de la mesa hecho pedazos.

“¡¡IMBECIL PERO QUE TE PASA!!”

Si… se molestó cuando lo hice.

¡Vaya que lo hizo!

“¡Se acabó Saga, me cansé! Me cansé de tus celos, ¡de tus estúpidas escusas para tratar de encerrarme en este maldito lugar con eso de que te puedo ser infiel!”

Lo era, Saga…

¿Lo era?

“¡AUNQUE TE DIJERA LO CONTRARIO NUNCA ME CREERÁS! SIEMPRE ME ACUSARÁS, DIRÁS QUE ME TIRO A CUALQUIERA, ¡MALDITA SEA!”

¿No era así?

Bueno, quizás no tanto…

“¡SUELTAME SAGA!”

Y allí lo golpeé… Aún duele mis nudillos.

Lo golpeaste, lo dejaste medio tambaleando sobre la cama. ¿Recuerdas que te dije que era buen momento para cogerlo?

Debí hacerlo… debí hacerlo pero…

“¡NO VUELVAS A GOLPEARME, DESGRACIADO!”

Me golpeó…

Si, te sacó el aire y te dejó con la cabeza en medio de las piernas. ¡Fue tan gracioso…!

Quiso irse…

Y no lo dejaste…

Se iba a ir… ¡a ir de mí!

Y no lo íbamos a permitir, no…

Pero no quería esto… ¡¡¡esto no!!!

Acabó Saga…

No, ¡Shaka despierta!

Lo mataste Saga, le tomaste del tobillo cuando intentó bajar las escaleras. Rodó, con el bolígrafo en la cabeza… ¿No lo ves? ¡Está lleno de Sangre!

No, Shaka ¡No!

¡¡Despierta!!

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