Lienzo de Guerra (Cap 26)

Luego de la llegada de Shaka frente a los Leones de Rukbat,la rebelión comienza. Sin embargo, ¿de que forma afectara la revuelta el encuentre frontal entre Shaka y Aioria? ¿Y que consecuencias le esperan a Asmita por su decisión en el pasado?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Información Especial:

La primera parte de Lienzo se llamará La Venganza de Asmita, comprendiendo desde el capitulo 01 al 25 con los tres gaiden publicados. Luego viene la segunda parte que inicia hoy: La Justicia de Asmita, a partir del capitulo 26. Aspiro llegar a una tercera parte: El sueño de Asmita, con el cual Lienzo de Guerra correrá a su final. Espero me sigan ^^

Luego de la llegada de Shaka frente a los Leones de Rukbat,la rebelión comienza. Sin embargo, ¿de que forma afectara la revuelta el encuentre frontal entre Shaka y Aioria? ¿Y que consecuencias le esperan a Asmita por su decisión en el pasado?

Capitulo 26: Madrugada de rebelión

A las afueras del bosque de los gemelos, ya estaba apostado el ejército de 350 hombres, armados con espadas, lanzas y flechas creadas por los herreros, con las armaduras diseñadas en base al ejército de Alhenas. Escondidos tras las sombras de la oscuridad, esperaban que la noche se internara más para comenzar el objetivo: la toma de Geminga. Tras las faldas de la cordillera de Geminidas, siento solo su acompañante una noche oscura, con nubes de lluvia sobre ellos, los soldados esperaban el momento donde Milo de Scorpius, el general de la brigada, daría la orden de atacar. Lámparas de aceites eran paseadas de un lado a otro, como pequeñas luciérnagas en la oscuridad, mientras verificaban que todo estuviera en orden.

Lobos de cazas en espera de una sola orden.

El objetivo: la victoria.

Dohko de Librais, apaga el tabaco en el suelo, con su bota de cuero y hierro forrado. La máscara abierta, dejaba al descubierto su rostro moreno y envejecido pero con la misma mirada férrea. Veía a Milo con su mirada fija en el pueblo, descansando sin saber lo que estaba por empezar. La mirada turquesa del joven estaba llena de determinación. Un roce en su hombro, sus ojos que se cruzaron, el antiguo maestro miraba a su alumno y le infundía fuerzas.

—Debemos evitar la mayor muerte de civiles—comentó Milo, con su máscara también abierta y soltando una niebla de su aliento en la noche. Otoño y el frío empezaba a surtir efecto.

—Recuerda que no podemos salvarlos a todos—la mirada del maestro se agudizó—. Si se planea tomar una ciudad a la fuerza, pensando en tener los menores números de víctima, estamos arriesgándonos a fallar.

—Es lo que diría mi primo, con otras palabras—Dohko rió, divertido, para luego enseriarse al sellar su máscara.

—No quiero crear de esta toma de poder en algo de lo que viví con el príncipe Defteros hace dos décadas. Pero, estoy consciente de que hay un sacrificio que se debe tomar—la mirada de Milo se contrajo—. Antes de pensar en la vida de los demás, la nuestra Milo. Ante la confusión, un aldeano puede ser tan peligroso como un esclavo.

—Si maestro…

—En cierta forma, entiendo porque Shaka es quien debía tomar las riendas, dudo que mi príncipe este preparado para hacer semejante sacrificios.

—Me preocupa su estado…

—Está con Kardia, y por mucho que quiera negarlo, ese bicho le tiene un cariño especial al antiguo príncipe—uno de los soldados se acercó y señaló el cielo al oeste. En las formaciones de nubes oscuras congregadas al noroeste, luces de color rojo se esparcían como truenos en las lejanías. Un espectáculo nunca visto—. Parece que es nuestra señal.

—¿Qué mierda está pasando en Polux?—el rostro pálido de Milo lo miró, buscando respuesta.

—El inicio de la revolución—tomó su espada y su escudo afirmándolo en su izquierda, buscando su caballo—. Es hora de empezar. ¡LEVANTENSE!—gritó, llamando la atención de todos—. ¡ES HORA DE EMPEZAR, SOLDADOS DE ALHENAS! DURANTE QUINCE AÑOS, MUCHOS DE SUS PADRES, HERMANOS, CONOCIDOS, PELEARON AL LADO DEL PRÍNCIPE DEFTEROS PARA TRAER LA GLORIA DE NUESTRA FUERZA BÉLICA A LOS REYES QUE INTENTABAN HUMILLARNOS. ¡AHORA SAQUEMOSLAS DE NUEVO!—Milo se aseguró la máscara, ocultando su rostro, con una cola de caballo sujetando sus encrespados cabellos añil. Subió a su caballo, tomando su espada—. DEMOSTREMOSLE A LOS DE RUKBAT, ¡QUE ALHENAS HA DEJADO DE DORMIR! ¡MIRAD LA SEÑAL!—señaló el cielo al noroeste, las luces rojas que se expandía debido al fuego—. SHAKA DE AUVA, EL HEREDERO DE NUESTRO CONSORTE, HA EMPEZADO, SE HA IDO A ENFRENTAR SOLO AL PRÍNCIPAL DE LOS LEONES DE RUKBAT. ¡LO HA IDO A HUMILLAR!—el casco de los caballos empezó a resonar, una música de guerra que se expandió por todo el bosque, cuando los guerreros tomaron todos sus caballos, sus armas. Se encendieron las antorchas, iluminando la oscuridad de la madrugada—. NUESTRO LIDER ESTA EN POLUX MARCANDO CON SU VOZ LA SENTENCIA DE RUKBAT, ¡EVIDENCIANDO QUE LES QUEDA MUY POCO TIEMPO EN NUESTRAS TIERRAS! AHORA, ¡NOSOTROS HAREMOS ESAS PALABRAS UNA AMENAZA REAL!—agitó su caballo, todos le siguieron—. LEVANTÉNSE ESPIRITU DE ALHENAS, POR EL ORGULLO DE NUESTRO LIDER SHAKA, POR EL HONOR DE NUESTRO REY SAGA DE ALHENAS, ¡¡¡TOMEMOS LO QUE POR JUSTICIA NOS PERTENECE!!!—levantó su espada—. ¡¡¡POR ALHENAS!!!

—¡¡¡POR ALHENAS!!!

—¡¡¡AL ATAQUE!!!

______________Acto uno: El escape

No me fue difícil identificarla, cuando corría con el manto que llevaba Shaka sobre su cabeza y el cabello dorado serpenteando por todos lados. Prácticamente la tomé de la cintura en su carrera, enfrentándola y recibiendo de agradecimiento puños y mordeduras por mi espalda y hombro. ¡Maldita sea!

—¡Cálmate rubia!—le grito apretándola más a mi cuerpo, exigiéndole que se calmara con mi mirada férrea—. Maldita sea, ¡por tu culpa Shaka está metido en semejante nido de víboras!—farfullo desviando la mirada de esos ojos azules tan parecidos a los de Shaka, con la contrastante diferencia de que estos brillan de miedo.

La tomo sobre mis hombros para correr huyendo del lujar, mientras ella sigue forcejeando. Veo de lejos que Kardia se ha internado con el caballo al fuego y detrás de él viene mi semental, el cual atajo por las riendas. Afortunadamente la confusión es tal que casi no hay guardias vigilando el perímetro. Hubiésemos podido aprovechar una estrategia así para tomar la cabeza de Aioria y terminar con la toma pronto, pero, no es algo que hubiese podido saciar los deseos de venganza de Shaka. Fue una buena decisión de su parte dejar a Milo y Dohko en Geminga, cualquiera de ellos hubiera aprovechado esta confusión para acabar todo esto con el mínimo derramamiento de sangre.

—Sube a mi lomo—ordeno, extendiéndole la mano. La mujer me mira confundida así que no me queda de otra que hacerle entender que puede confiar en mí—. ¡Obedece mujer!—le grito en el idioma de Auva, idioma que ella entiende a la perfección. Funcionó, porque ahora ha tomado mi mano y la empujo para que se haga lugar frente a mí, de esta forma puedo protegerla mejor. Se sujeta a mi pecho, rodeándome con sus manos.

—El rey… el rey se quedó…—debe referirse a Shaka.

—Por él no te preocupes—lo digo más para mi, cabalgando para salir del castillo y dar la señal de que empiecen con la otra parte del plan. Intento pensar, pensar que Kardia y Shaka saldrán sin problemas del castillos—. Tu rey es un desgraciado que se la pasa engañándole a la muerte. Lo volverá a hacer por tercera vez si es necesario.

Y creo en eso, mientras cruzo las puertas del castillo para internarme a los recovecos y me dirijo hasta los callejones oscuros para huir de los de Rukbat, esperando que nadie siga nuestro rastro. El fuego se sigue expandiendo por el castillo y la lluvia, suave, no es capaz aún de apagarlo. Entre el humo y la niebla, Polux está sumida a la oscuridad. Suelto aire atrapado en mis pulmones por la excitación, mientras me adentro a los callejones, cabalgando ya sin mirar hacia atrás. En medio de las sombras me encuentro con Shayna sobre otro caballo y tres antorchas encendidas.

—Ya avisé a Ikki, en cualquier momento empieza la otra fase. ¿Dónde está Shaka y Kardia?

—Aún en el castillo—la mujer mira a la invitada, con desdén.

—¿Y esta?

—Una de Auva que al parecer habían atrapado los de Rukbat—Shayna silba con incredulidad, brillándole sus ojos detrás del antifaz.

—Shaka debe estar hecho un demonio.

—Eso espero, espero que esté convertido en una verdadera bestia.

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Vaya, vaya, vaya… esto sí que no esperé oírlo. Me he quedado dentro del fuego esperando, aunque el calor es aplastante. No podre durar mucho aquí al menos que pretenda cocinarme vivo.

Reviso el perímetro, soldados de Rukbat aquí y allá. Al menos que haya un milagro, lo cual lo dudo, no habrá manera de salir sin una flecha clavada en el culo. Chasqueo la lengua buscando ideas y agitando el caballo que ya empieza a reclamar por el calor. Ni modo, tendré que planear algo estando en pleno movimiento.

Agito las riendas del caballo y golpeando los laterales le insto a cabalgar con fuerza y suficiente velocidad para saltar en el fuego y salir a la visión. Justo cuando toco tierra fuera del fuego, empiezo a cabalgar rodeando el perímetro del lugar donde se realiza la fiesta. Veo que Shaka me está siguiendo con la mirada, dando pasos hacia atrás y en ese momento, la explosión a lo lejos llama la atención de todos. Al este de la ciudad, la plaza principal ha empezado a encender, antes de tiempo, la cruz que habíamos manipulado a nuestro antojo, para hacer que esta se elevara como estrella de fuego a las alturas.

¡Oh pero que gloriosa visión! El fuego chispea y toda esa madera, paja, y cartones con telas salen disparados en varias direcciones mientras la pólvora sube a la altura del cielo y explota dejando caer otras bolas de fuego que al estrellarse a las casas cercanas y prolongan el incencio. La confusión es tal que Shaka aprovecha para tomar sus espadas y corre hacia la salida del lugar del festejo. Buscando hacer más tiempo, tomo dos piedras del suelo y cabalgo acercándome al vidrio del antiguo vivero, lanzándolas con fuerzas para crear un verdadero estruendo. Remonto aprovechando el humo y la niebla, mientras veo a los soldados viendo a un lado y otro, entre el fuego que está en el castillo, el fuego que sigue escupiendo la cruz a los cielos, marcando el cielo de nubes negras con rayos de luz rojo carmesí, como la sangre que pensamos verter.

—¡ATRAPENLO!—logro escuchar el grito del príncipe Aioria—. LO QUIERO AMARRADO EN MI CAMA, ¡LO QUIERO AHORA! ¡¡TRAIGAMELO!!

Y logro verlo abriéndose espacio hacía la cocina, mientras que los arqueros no saben hacia donde apuntar por el humo y la niebla junto a los gritos desesperados del príncipe, a quien de reojo logro ver que lo tiene sostenido entre los dos generales, También detecto a Regulus que corre hacía nosotros. ¡ES IMPERIOSO SALIR DE AQUÍ! ¡ESE MAL NACIDO LEÓN VIEJO SI ES PELIGROSO!

Apresuro la cabalgata y extiendo mi derecha mientras con mi izquierda y la lanza empujo a los soldados que intentan acercarse. Shaka me extiende su brazo derecho y lo tomo empujando hacía mi para subirlo conmigo al caballo, atravesando al mismo tiempo la cabeza de uno que intentó atacarlo de espalda. Escuchamos los gritos, las ordenes, las voces pidiendo que ataquen y los rostros de los de Alhenas petrificados el verme y ver a Shaka detrás de mí.

—Espero que ya estés satisfecho con el juego—le comento divertido agitando mi lanza y abriéndome espacio dentro del castillo, donde los soldados se agitan aún más, otros retroceden al sólo vernos—. General y consorte de Alhenas, ¡bonita imagen!

¡Y ríe a carcajadas!

—Salgamos de aquí bicho, ya tuve lo que quería, ¡ahora esta rojo de la ira!

—¿Molestando el león?—pasamos por la puerta, atropellando a uno soldado que trataba de huir luego de escuchar de seguro el rumor.

Al salir, la vista de la ciudad consumiéndose y los gritos se convierten en nuestra música de victoria. El cabello dorado ahora atraviesa toda la calle principal de Alhenas, y oímos los caballos de los pocos soldados de Rukbat que han venido tras de nosotros, mientras el fuego se sigue expandiendo, Polux se viste de rojo y naranja para la entrada del consorte y el rey de Alhenas.

______________Acto dos: El delito

///Hace 17 años///

El alboroto del castillo fue tal, que desperté asustado. Me alisté cubriéndome con las batas de médicos cuando me llamaron para atender al rey de un ataque armado, justo hoy, en la fiesta de los príncipes. Pensé en lo peor, pensé que algunos de los comités enviados de otros reinos aprovecharon la fiesta para atacar al corazón de Alhenas. Ante esa posibilidad, mi corazón se aceleró; corrí, corrí por los pasillos mientras los soldados se movilizaban y protegían las habitaciones también del príncipe, viendo asustado el alboroto e imaginándome las consecuencias diplomáticas que esta noticia causaría en la tranquilidad del reino.

Mayor fue mi sorpresa cuando encontré al rey, con el cuello enrojecido y con signos de violencia usando cadenas, con la habitación hecha desastre y la sangre brotando en el piso. Allí simplemente no pude dar crédito y me quedé de pie en la puerta totalmente paralizado. Escuché entonces la orden de uno de la guarda real repitiéndome mi encomienda y no tuve otra opción más que obedecer, aunque sinceramente sentía un montón de preguntas aglomerarse en mi entrecejo.

Las heridas del rey eran superficiales en su mayoría. Fuera del hecho de que casi había sido ahorcado por aquellas cadenas, no tenía otra herida que ameritara cuidado. Aún así lo atendí, como debía hacerlo, como me correspondía como médico real; sin embargo, las dudas me carcomían. ¿Qué había ocurrido? ¿Y Asmita?

Escuché de pronto los gritos del príncipe heredero, la rabia con la que vociferaba que le dejaran entrar a la habitación. Escuché también las órdenes de los guardias de encerrarlo en sus aposentos tal como el rey había ordenado.  Temí, realmente tenía miedo de que algo hubiera pasado con Asmita, los gritos del príncipe, el estado de la habitación y la ira tatuada en el rostro del rey me daban inicio de ello.

—Disculpe su majestad—decidí preguntar, ya superado por la incertidumbre. Ya había limpiado todas sus heridas y él se encontraba recostado con sus ojos enrojecidos no estaba seguro si de rabia o de alcohol, el olor que además complementaba la escena—, ¿Me puede decir que ha ocurrido con Asmita de Auva, su esclavo?

La mirada que me envió el rey fue capaz de congelar mis sentidos. Un azul intento y lleno de rencor golpeó contra mis irises, me transmitió por medio de ella la frustración y la ira que le carcomía de seguro en sus entrañas. Me miró fijamente, luego cerró sus parpados resoplando el aire que tenía en los pulmones y desviando su rostro para otro punto.

—Ve al calabozo y atiéndelo. Cuida que nadie más lo toque, sólo yo puedo hacerlo.

Calabozo… oír esa palabras produjo en mi un estremecimiento que fui incapaz de tolerar. El frio penetró dese la punta de mis pies filtrándose hasta mi cabeza y diluyéndose dentro de ella como una amorfa carne helada. El rey debió notar la forma en que me levanté de mi sitió y corrí hasta la salida de la habitación, debió hacerlo porque escuché antes de partir una ronca carcajada ahogada de su parte, de seguro en burla hacía lo que había provocado en mi o lo que había ocurrido. Como fuere, en ese momento no podía pensar en otra cosa más que en el estado de él, dándome cuenta que lo que había ocurrido entre ellos en la habitación no se trataba de una simple discusión.

Fue allí que pude entender y oír los rumores que corrían ya entre los guardias. Los miré con reproche aunque no hicieron caso a mi semblante, ignorándome mientras me dejaban pasar los escalones que llevaban la torre principal del castillo, lugar donde veía el mayor movimiento de los soldados subiendo y bajando con telas llenas de sangre. Palidecí, y corrí aún más preocupado.

Los rumores se esparcían como pólvora o como la arena en el viento que es llevada de norte a sur. Los soldados solo hablaban de cómo el rey había abusado de su esclavo en medio de la fiesta y que de seguro esa había sido la razón. Fuera como fuese, eso no era escusa para el reino ni de ninguna forma justificaría que un  esclavo haya atentado contra la vida del rey. Más bien, la pena es la muerte. Ya me imaginaba el escenario, si el príncipe Defteros ante la ofensa de golpear al Rey había sido desterrado del reunió, ¿que quedaba para un esclavo de guerra como Asmita? De seguro siquiera habría juicio para ello, sin embargo el rey me había pedido que impidiera que alguien lo tocara. Supuse entonces que si era así el mismo rey lo mantendría con vida, aún.

Cuando por fin llegué a la celda, varios esclavos salían rasguñados y golpeados con las cadenas y otro más intentaban forcejar con Asmita. Abrí mis ojos estupefacto, viéndolo golpeado, tan golpeado que apenas se podía poner en pie, pero batiendo las cadenas decidido a seguir haciéndolo con tal de que no lo tocaran… Sí, porque eso estaba sucediendo, los malditos estaban tratando de abusar de él como castigo a la ofensa real que no le perdonarían a un esclavo por mucho que ellos quisieran librarse del rey por ellos mismos.

—¡Deténganse!—ordené mostrando el sello real que me adjudicaba como médico del rey—. Aléjense del esclavo, ¡el rey ha dicho que nadie debe tocarle!

El rostro de Asmita estaba lleno de sangre, tanto que apenas se podía ver su piel blanco en donde no había hematomas y moretones debido a los golpes, sus parpados inflamados, su nariz rota y su boca partida, los brazos visiblemente golpeados y sus piernas apenas pudiéndose sostener mostrando visibles señales del látigo que marcó sus extremidades. Me sentí lleno de indignación y con la misma golpeé en seco a la puerta de madera haciéndoles saber a los soldados que si no salían del lugar iba a convocar las ordenes del rey y hacer que ellos fueran castigados tan severamente por haber tocado al esclavo real. Funcionó, porque apenas lo hice ellos se alejaron enviándole una mirada lasciva hacía el antiguo príncipe de Auva.

—Asmita…—musité al encontrarme a sola y ya por fin, no lleno de la ira repentina si no de una profunda preocupación. El cuerpo delgado cayó sin fuerza a tierra, derramando aún más sangre, y mordiéndose él mismo sus labios lastimados—. ¿Qué sucedió Asmita?

—Lo odio…—mencionó con sus puños ensangrentados—. Dime que lo maté… ¡Dime que logré matarlo!

Me sentí en ese momento desgarrado por dentro, como si hubiera abierto mi pecho y descarnado mi corazón con sus palabras. Era demasiado, verlo allí, desvalido y lleno de odio de nuevo, tan oscura su aura como cuando estaba en esa venganza contra el rey, como cuando creía que Shaka estaba muerto. Igual, tan lleno de locura y sin esperanza que era como un alma en pena atada a un cuerpo mortal. No pude quedarme mucho tiempo de pie y observándolo sin hacer nada más; me acerqué a él con lentitud viendo cada una de sus expresiones, las muñecas adoloridas por los grilletes, el cabello dorado lleno de tierra y sangre su rostro desfigurado, vejada su belleza.

—No lo mataste…—y al escucharlo, apretó con violencia sus parpados y puños, dejo escapar un quejido de dolor—. No pudiste matarlo, está bien en…

Y lágrimas….

—Asmita…

—Pude haberlo matado… no…

—Asmita…—acaricié su mejilla enlodándome con su sangre caliente y la lágrima que había brotado—. ¿Qué sucedió?

—Quise matarlo… quise… pero no pude…

—¿Porque no pudiste?—le pregunté mientras extendía un paño húmedo para limpiar las heridas de su rostro. El rostro de él se contrajo para tratar de dibujar esas sonrisas cínicas que él sabía dibujar, mostró en él señales de dolor pero por sobretodo de impotencia, mucha impotencia.

—Porque… Buda me ha abandonado, Degel—el paño pasó por su frente, delineó sus parpados quitando la sangre acumulada y viendo el tono violeta de sus heridas. Mordió sus labios de nuevo y reprimió otro gemido de dolor—. De nuevo, me vi de nuevo matando lo que más amaba—y detuve el paño, agobiado por la confesión—. Dijo lo mismo… lo mismo que Shaka aquella vez… que no lo matara… que porque lo hacía si lo amaba…

Y su voz se quebró…

—Pero él no me ama, maldita sea… ¡Él no me ama!

Su cabeza cayó sobre mi regazó, sostuvo mis túnicas blancas manchándolas con la sangre que se había coagulado en sus nudillos. Y me sentí, preso, prisionero por barrotes de lágrimas contenidas en mi garganta.

—¡Y YO AÚN ASÍ NO PUDE MATARLO!

Y yo, pensé en ese momento, sobre quién caería el delito de haber destruido tu alma Asmita.

______________Acto tres: La doncella

Cruzar a Pólux con ese alboroto que habíamos armado no fue realmente difícil. Incluso, adicionado por la mirada perversa de Shaka ante la visión del fuego y por fin su comenzada venganza, la huida para mí fue un verdadero afrodisiaco. Ah es que hasta había olvidado la deliciosa sensación que es tener su cuerpo contra el mío; entiendo perfectamente porque el perro de Delio no baja la guardia con él y porque no permite que el príncipe heredero se le acerque. También puedo comprender porque mi príncipe Defteros y el rey se pelearon por el cuerpo de Asmita; la sensación es indescriptible, la textura de sus cabellos dorados golpeando contra mis hombros y mis brazos rodeando mi cintura mientras lo llevo cabalgando es sumamente erótica, ese roce lascivo que tiene mi pene contra su trasero terso y duro me hace pensar en miles de cosas que querría hacerle. Pero no, sólo pude tenerlo una vez y no en las condiciones de un amorío, además su advertencia o más bien sentencia aún me pesa en el cuello.

Ah, como extraño a Degel, tanto tiempo sin sexo ya me está cayendo mal.

Afortunadamente tanta fue la algarabía que cruzar las fronteras de Pólux e internados al bosque de la cordillera no fue realmente difícil. No hay tiempo que perder ni que mirar atrás, en cualquier momento puede salir comitivas de Rukbat para buscarnos, así que es de imperiosa necesidad que nos alejemos lo más pronto de este lugar. Sé que los demás lo saben y tal como habíamos quedado de acuerdo la idea era huir sin importar a quien dejemos atrás, Shaka está consciente de eso y por ello no ha hecho la menor señal de querer regresar y ver si Delio salió con vida o no del castillo.

Supongo que aquí entra algo que tienen ellos y que sinceramente envidio; esa enfermiza confianza en la habilidad del otro como para saber que regresaran así sea después de cortarle los cuernos al diablo.

Después de algunas horas logramos llegar a la base del volcán de Castor, para internarnos en las catatumbas que luego de varias leguas nos conectaran con las catatumbas de Geminidas. Todo este sistema montañoso está conectado, sabemos que de activarse el volcán lo primero que será tragado de lava serán todos estos pasadizos secretos; pero según mi padre, mi abuelo le había dicho que el volcán tiene siglos sin mostrar una sola señal de vida, que había muerto, al igual que la bondad en los corazones de los reyes. Incluso dijo que de activarse de nuevo la actividad de esta enorme montaña de fuego, significaría que el corazón del rey de Alhena rebosa por pasión. Recuerdo las veces en las que pensé que en una de esas noches en las que el rey se tiraba a Asmita nos quedaríamos sepultados de lava. Todo el ejército reía antes ese mal chiste.

—Debemos estar bastante lejos de Pólux—escuchó la voz del antiguo príncipe y sin poderlo evitar el aroma de su sudor se interna en mi nariz retorciéndome los intestinos. Estamos solos en este lugar, debajo de las faldas de Pólux; no me parece descabellado en este momento dejarme llevar por mis instintos y hacerlo llevar a él también, más sé que no podré lograr nada sin que nos enfrentemos a muerte primero.

—¿Ya cansado?—indago divertido, más el rostro de Shaka se mantiene así, ecuánime y totalmente centrado ante lo que faltaba por hacer.

—Jamás. Aún no hemos llegado a Geminga para ver por fin el poder de nuestras tropas, pero creo que el caballo si necesita al menos agua.

Tiene razón. Me detengo en la parte más oculta de las catatumbas solo para abastecer de líquido a nuestro animal, ya que el calor al que lo enfrenté y la enorme carrera lo han fatigado. Ciertamente merece descansar y el mismo Shaka también se ve agitado con aún el traje algo ensangrentado. Verlo con aquellas vestiduras puestas de forma irremediable me hace pensar en él, en Asmita, nuestro antiguo consorte, el hombre que tenía el poder de unir o dividir a Alhenas con solo abrir sus labios, con solo dar una orden. Ha pasado tanto tiempo desde que él era un esclavo y se convirtió en una figura política real en nuestro reino que me parece impresionante, y ver a Shaka vestido con aquellas túnicas  me obligan a pensar en aquellos años donde Alhenas era un reino de relativa paz.

Más ya ha pasado mucho tiempo, y desde su muerte no ha sido más que humillación y desolación para nuestro pueblo y no es que yo sienta demasiado apego nacionalista o patriota, sino que como antiguo soldado del ejército de Alhenas, la fama que nos habíamos creado de impenetrables me sigue cociendo desde adentro de mis entrañas y haciéndome pensar que algo debo hacer para que la recuperemos. Por el rey, por Degel, incluso por Asmita que a pesar de todo llegué a admirar y obedecer.

En ese momento el sonido de caballos acercándose nos alerta y puedo oír casi al mismo tiempo que sacó mi lanza el filo de las dos espadas de Shaka saliendo de su vaina y colocándose en posición. Lo miro de reojo por un momento y no puedo evitar sonreír; la gota gruesa de sudor que cae de su frente y se desliza moribunda hasta su mejilla me provoca unas intensas ganas de beberla con la punta de mi lengua. Este muchacho, igual que su hermano, es capaz de despertar con su belleza y fuerza viril las más baja pasiones.

—¡Shaka!—el grito se escuchó como un eco golpeando cada pared rocosa. Levanté mi mirada y pude ver por fin el caballo acercarse y la túnica de Delio que cubría el cuerpo de la mujer que había capturado el príncipe Aioria. Bien lo habíamos hecho, no solo le fuimos a morder la cola en su propia cueva sino que le quitamos la carne fresca de sus garras. ¿Puedo sentirme más satisfecho?—. Maldita sea, ¡me tenías preocupado!

—Delio—mencionó el rubio acercándose a él y guardando el filo de sus dos espadas curvas. Apenas el caballo nos alcanzó, el albino dejó caer a la mujer que casi de inmediato se hincó  hasta los pies de Shaka cubriendo su rostro, en señal de visible reverencia. No puedo evitar enarcar una ceja incrédulo al ver un cuadro que pensé no vería jamás desde que ocurrió aquella vez con Shayna—. Mujer, ¿qué haces?

—Mi rey, mi rey Shaka. Gracias… ¡gracias!—tomo las túnicas reales que Shaka vestía, llenas de tierra y humo, pero aún así las besó con respeto y sumisión. Vaya, viéndola bien de aquí ese cuerpo también sería un buen abreboca para mi falta de sexo—. Permíteme servirle, permíteme seguirle, su majestad.

—No, levántate—ordenó ayudándola a ponerse de pie sujetándole con fuerza uno de sus antebrazos. La tela que la cubría y venía de Delio cayó en tierra dejando ver sugestivamente parte de su desnudez en aquellas ropas que le habían obligado vestir. Muchas curvas exuberante. Lástima que esa no eran las curvas que a mí personalmente me hacían delirar. Pero en el refugio si hay varios que sí.

Por ahora lo que me impresiona sinceramente es ver que Shaka se quita la parte superficial del manto real negro y la cubre con él, creando un evidente escalofrío en la doncella quien lo mira con aquellos grandes ojos verdes y llenos de luz, como si hubiese conseguido a un príncipe azul. Vamos, Shaka es lo más lejano de eso pero debo reconocer que yo también caería en ese espejismo si no hubiera convivido con él estos malditos cinco años.

—Le serviré—murmura la mujer como si le estuviera entregando su vida. El rostro de Shaka se mantiene serio frente a ella, despejando algunos mechones dorados de su sudada frente, con tanta delicadeza que estoy a punto de vomitarla. Por un momento desvío mi mirada hacía Delio y encuentro la misma mueca de desagrado, y hasta de celos, que sé yo—. Haré lo que pida…

—Por ahora, te llevaremos al refugio—puso sus manos sobre los hombros de la mujer mas la mirada se la dirigió a su amante—. Delio, ¿has sabido algo de los demás?

—Shayna e Ikki venían detrás de mi hasta hace unas horas.

—No deben tardar en venir entonces.

La conversación no se extiende muchos por razones obvias. En la situación en la que estamos no es para pretender que nos echaremos a tierra a contar nuestras anécdotas infantiles; los leones de Rukbat deben haber salido a nuestra cacería, y mientras más lejos estemos será mucho mejor para mantener nuestra cabeza sobre nuestro cuello. Aún siento el fuego de la adrenalina burbujeándome en mi estomago, aquella sensación amorfa dentro de mi piel de querer descuartizar aún más, pero debo sobrellevarlo, al menos por ahora. Sé que en cuanto lleguemos a Geminga podré desatar todo mis instintos asesinos.

Claro, que desde aquí veo que no es solo esos instintos los que queremos dejar brotar; la mirada de Delio fijamente al torso desnudo de Shaka me da fieles señales de que quiere liberar otros instintos y su rostro, con aquella mueca de desagrado me hace ver que no le gusta tanto acercamiento de aquella mujer hacia con Shaka.

Viéndolo de una forma más objetiva, es comprensible. Desde la desaparición total de Auva, encontrara una mujer que pudiera extender su descendencia y justamente por el último de la línea real de ese imperio… ¿no es para pensar de que quizás aquella unión es más que propicia? Pero conozco muy bien a Shaka como para saber que no tiene intenciones de resurgir la vieja Auva.

Afortunadamente, los sonidos de los caballos y al ver por fin la señal de fuego por parte de Ikki me hace pensar que ya estaremos retomando el camino. De seguro era a quienes esperaba Shaka antes de tomar de nuevo rumbo. Me acerco junto con Delio, viendo la forma en que la mujer se cubre detrás de las espaldas del rey, temerosa aún de todos los que la rodean y con vasta razón.

—Shaka…—la voz de Shayna se escucha con autoridad—, veo que la huida ha sido todo un éxito.

—En efecto. Ikki, ¡felicitaciones por tan estupendos fuegos artificiales!—la mueca que dibuja Shaka subiendo una de sus comisuras es cruel, despiadadamente cruel, tanto que me provoca una carcajada poniendo mis manos en jarras y permitiéndome saborear la indiscutible victoria. Ni un muerto y todos los leones orinándose entre ellos: ¡No pudo ser mejor!

—¿Eso significa que ya puedo estar con usted en la batalla? Me aburro de solo espiar

—Ya no será necesario espiar—toma los hombros de la doncella y la mira con seguridad. Se puede respirar en ella el olor febril de la expectativa, ese que podría ser afrodisiaco para otros pero no para nosotros al menos los que estamos en esta taberna. Parece esperar por las palabras de Shaka—. Escúchame Shayna—dirige su mirada hacía al mujer que con una mascarilla de plata oculta la mitad de su rostro—, lleva a esta mujer al campamento, prepárala dentro de mi carpa y vigila que nadie la toque. Di que si alguien se atreve a tocar uno solo de su cabello será el eunuco del futuro rey.

Recibe las órdenes y con un movimiento de su cabeza da la señal de atenderla, mientras deja caer su alborotado cabello lleno de ceniza, humo y sudor. La mujer es apartada de Shaka pese a que ella misma se negaba a separarse de su cuerpo, pero el príncipe menor de Auva parece ya estar dispuesto a ponernos en movimiento. Ya es hora, vale acotar, estamos perdiendo mucho tiempo en este lugar y hay una ciudad por poseer.

—Ikki, ve y cuida que nadie las intercepte. Cuando llegues avisa al Heredero que la toma de Geminga es un hecho y que vaya a entrado el mediodía hasta los límites del bosque de los gemelos. Lo acompañaras, y si ves que la batalla ha acabado lo escoltaras hasta dentro de la ciudad, es necesario que el pueblo vea a quien le daremos la corona.

Dicho eso, el rubio da media vuelta y se acerca hasta uno de los caballos, subiendo a su lomo con un movimiento decidido. La señal ha sido dada y en obediencia Delio y yo tomamos el nuestro dejando solo uno para que Ikki, Shayna y la doncella vayan al refugio. De todas maneras de seguro conseguirán un caballo en el camino, robándolo de algunas de las haciendas o quitándoselo a cualquiera que esté en el momento menos adecuado, por ello no debemos preocuparnos.

—¡Es hora de tomar a Geminga!—grita nuestro líder azotando las riendas del caballo y golpeando son los cascos la arenosa tierra.

Un sólo movimiento y una orden fueron suficientes para que el animal comenzara su trote, y nosotros le siguiéramos, dejando en las manos de Shayna el futuro de la joven mujer de Auva y viendo frente a nosotros la espalda desnuda y el cabello dorado siendo agitado por el viento. Allá va la tormenta de fuego, el juez… el que ha venido a sembrar la justicia de Asmita

______________Acto Cuatro: El hijo

///17 años atrás///

—¡¡SILENCIO!!

Ante la corte de los nobles de Alhenas, las voces que se levantaron seguían entorpeciendo la junta. No tengo mucho en que pensar al respecto y me importa muy poco lo que los nobles o todo el reino de mi padre puedan pensar ante mi repentina interrupción ahora que logré no sólo entrar a la sala principal, sino levantarme a callar a ese maldito noble que ha estado diciendo tonterías sin sentido sobre Asmita y sus intereses.

Ya había sido difícil lograr convencer primero a la guardia de dejarme entrar y luego a mi padre de no sacarme de lugar en cuanto me vio. Estaba preparado además a enfrentarme ante él haciendo uso de mí ya poder, de la herencia que se muestra sobre mi cabeza en forma de corona. Sé que el mismo Kanon me dijo que era una locura lo que pensaba hacer y que mi padre tenía todo el derecho de matarlo sin la mínima consideración. Pero no, mi padre no lo ha hecho y los nobles están aquí, reclamándole justicia por el intento de homicidio.

Podrá ser mi padre incauto si les creerá a ellos esa falsa preocupación por su bienestar que solo es movida por sus mórbidos intereses. A mí no, como heredero, y luego de haber escuchado las palabras de Degel con respecto al estado de Asmita y lo que venía ocurriendo; puedo entrever a la perfección sus verdaderas motivaciones y asquearme ante ellas. Por eso me he puesto de pie en medio del recinto y ahora los miro como si no fuesen nada más que una parte de un reino que me pertenecerá a mí y que estoy dispuesto a doblegar aún si la corona real no reposa sobre mi cabeza.

—Ninguno de vosotros tenéis ninguna autoridad de exigirle un juicio a mi padre sobre su esclavo. Como has de conocer, es nuestra pertenencia y es de nuestra incumbencia, y solo nuestra, lo que hacemos con los objetos reales.

Odio tener que referirme a él como un objeto, pero es lo que es para nuestro reino y nuestras leyes. Odio al mismo tiempo pensar que en mi ignorancia había apelado a eso mismo para tener una oportunidad de besar sus labios y compartir su cama. Ahora todo esto, su estado en el calabozo, esta estúpida reunión, su vida pendiendo de un hilo solo es mi culpa.

Aún así, es peligroso también que se sepa que esa noche no ocurrió nada y que mi noche como heredero no fue lo que se esperaba porque él decidió tomar el control desobedeciendo las órdenes del rey. Estaríamos hablando ya de dos cargos, desobediencia e intento de homicidio, demasiados como para ser olvidados, además que el haber desobedecido en una noche de alta significancia en nuestro ritual real hace aún más difícil el asunto.

No, lo mejor es que mi padre siga creyendo que me acosté con Asmita tal como se suponía y aún así… aún así le perdone la vida.

—Padre—me dirijo a él, saliendo de mi asiento y presentándome de frente con la mirada decidida. No pienso salir de aquí sin una orden que libere a Asmita de ese calabozo en la alta torre—, te pido que pases a mí la potestad del esclavo. Fue mi ofrenda de heredad y…

—¡Imposible!—se levanta de golpe junto con su voz, alzándose en un grito de iracundia. Le miró confundido, no comprendiendo porque actúa de esta forma y porque parece importarle tanto si no había tenido reparo de entregármelo en aquella noche.

—¡Ya fue mío, padre!—repito aquella sentencia—. Además, ¡a mí no me atacará porque yo no haré espectáculos con él en medio de un festín como lo hiciste! Yo lo respetaré como lo que fue: ¡un príncipe!

—¡Desacato!—gritó uno de los nobles señalándome con sus ojos grises con sañas—. Que el mismo príncipe os señalé por el uso que haga a sus esclavos, ¡es inaceptable!

—Además, no importa las razones ¡un esclavo jamás debe tocar a su dueño!

—¡Desde que ese hombre llegó a nuestra tierra solo ha ocurrido desgracias en el castillo!

—Trae la mala suerte, es un emisario de injusticia y división.

—Lo ve en su hijo, ¡a su hijo a engatusado!

Todos corean casi al mismo tiempo creando una absurda contraposición de argumentos en su contra, uno a uno, repitiéndose mutuamente y dándose razón. Observo lleno de ira todo este escenario y lo único que puedo hacer es mirar a mi padre y exigirle que alce la voz de la misma forma que la alzó para callarme para mandarlos a callar a todo. Más no lo hace, sólo se queda en silencio escuchando la sartas de barbaridades que estos malditos dicen, hablando de que Asmita quiere separar el reino, cuando ellos lo que quieren evitar es que los impuestos sigan bajando y sus regalías sean compartidas con el pueblo.

—¡¡SILENCIO!!—vuelvo a interrumpirlas ya cansado de tantas tonterías—. ¡¡Padre, te recuerdo en primer lugar que vuestras decisiones sobre el reino y nuestras pertenecías reales no les corresponden a los nobles de Alhenas!! ¡¡Exijo que cada uno de ellos salga de este lugar y nos dejen solo a nosotros a deliberar sobre el estado del esclavo!!

—¿Qué no nos incumbe?—se levanta ahora uno de los que se habían quedado callado en mitad de reunión y a quien veía notando como observaba todos los rostros y parecía imple espectador de sus propio circo. Youma… cada vez que escuchó a ese hombre siento como si se espesaran los pensamientos oscuros de mi cabeza—. Su majestad, creo que vuestro hijo está realmente perdido en cuanto a nuestra importancia en el reino, ¿es esto acaso la labor que ha ejercido y la influencia del esclavo en su vida? Habéis escuchado, mi Señor, y dice que a nosotros como vuestros sirvientes no debería importarnos que vuestra vida haya corrido peligro y la cabeza real haya sido amenazada. ¿Cómo podéis permitir semejante blasfemia?

—Padre…

—Su hijo está imponiendo la seguridad de un esclavo a la del reino por completo—y los nobles le siguen, le apoyan, sostiene sus palabras—. ¡El príncipe está imponiendo sus propios deseos libidinosos por encima de los intereses del reino!—miro a mi padre pidiéndole que los calle, ¡que me dé el lugar que merezco en este consejo! Pero no, él me mira con esos ojos llenos de rencor y frustración.

Y no lo entiendo, no entiendo que me reclama.

—Ese hombre es una mala adquisición del reino. Debió morir, junto a los suyos, ¡en las perdidas tierras de Auva!

—¡Padre!—pido que me mire, que no los escuche, ¡que no ceda a sus manipulaciones!

Pero sus ojos están cerrados a mí.

Se levanta, haciéndolos callar a todos con su rostro prepotente y mirada helada. Sus ojos había adquirido brillo mucho antes, pero desde hace pocos días he notado que están tan oscuros y severos como cuando mi madre estaba con vida, como si de repente todo lo que le había dado luz se hubiera apagado.

—No lo mataré, aún—ante esas palabras los nobles empezaron de nuevo a vociferar en voz baja, murmurar mirándose entre ellos inseguros. Yo no sé muy bien que esperar, porque aunque suena una esperanza su mirada, ahora clavada mí como puñal—. La muerte es un castigo demasiado indulgente para su crimen. Haré que la deseé, pero no la encontrará.

Y con esas palabras, todos nos hemos quedado en silencio.

______________Acto Cinco: La ira

El castillo está en colapso total, todos los sirvientes y parte del regimiento de vigilancia han corrido huyendo del fantasma y del fuego que se expandió en la mitad del jardín real. Aioria tuvo que ser sujetado entre varios cuando iracundo pensaba lanzarse tras la cacería de ese hombre que se había burlado de nosotros en nuestras propias narices y aún Regulus, mirando con ojos desorbitados, le costó tomar la entereza y ordenar que fueran tras ellos.

La búsqueda fue infructuosa, a pesar que no tardamos demasiado en ir tras su sombra y que el fuego de alguna forma iluminaba la noche. Tal parecen que se internaron en los escurridizos golpes de la cordillera y no los pudieron encontrar debido a la espesa niebla que siembre caen en Polux. Me siento terriblemente impotente, porque la vida del príncipe estuvo en peligro y no hemos podido hacer nada para que su seguridad no se viera amenazada, además que el enemigo nos ha burlado y dejado como unos imbéciles incautos. Y yo le había prometido a mi rey proteger a sus hijos con mi vida.

—Cid.

Volteo observando el rostro compungido del príncipe mayor, Regulus, un hombre que como yo conoció a fondo el amor del rey Sisyphus y su sufrimiento con todo lo que se armó a partir de la caída de Auva. Muchas fueron las veces que el rey, soberano, irrumpió a mi habitación llorando por consuelo y fuerzas. Muchas en las que me vi aplastado en mis deseos de besarle.

Pero era prohibido, y tuve que suprimir mis deseos hacía él por el bienestar del reino, teniendo que soportar que fuera un niño quien los complaciera… a quien ahora protejo.

Al final, ambos sabemos, que nunca fuimos los primeros en el corazón del rey. Siempre fue la reina.

—¿Cómo está Aioria?—pregunta con su rostro entre seriedad y dolor. Comprendo su situación, comprendo su aflicción también, aunque fue gracias a él que esto no terminó en algo aún más lamentable. Era claro, Regulus fue el único que pudo hacerle frente a Asmita en la primera guerra, y este, su hermano, luce aún más peligroso que el antiguo consorte de Alhenas.

Asmita de Auva, cuando vi a su hermano irrumpir la fiesta y pronunciar su nombre fue como sentir de nuevo el filo de su espada amputando mi antebrazo derecho. Aún siento el ardor, el dolor, la sensación de que todo, hueso, musculo, tendones, nervios, venas, es cortado en dos sin poder hacer absolutamente nada. Ambos estábamos peleando con todo, él con el dolor palpable tras lo sucedido, y yo… yo por el bienestar de nuestro rey.

Ambos parecíamos pelear por quien amábamos.

—No lo sé, Shura está con él y Albafica acaba de entrar con un té tranquilizador—le comentó recorriendo con mis dedos izquierdo el filo de la madera que lleva a la habitación real—. Ha estado arrojando todo lo que se encuentra en el camino, está furioso por no haber atrapado al… príncipe menor de Auva.

—Esto ha sido sorpresivo. Se supone que él murió de niño, ahora saber que Asmita estuvo ocultándolo… ¿por qué razón? ¿Para qué propiciar todo esto?

Muchas preguntas… en realidad a mí se me ocurren muchas preguntas pero, si algo es evidente es que…

—Cid, lo único claro de todo esto es que, si el príncipe Shaka estuvo todo este tiempo en Alhenas entonces…

Así es…

—Entonces fue posiblemente por él quien peleó.

—No—, me corrige el príncipe observándome con ojos llenos de compasión—, quizás solo fue una de las razones. Cuándo peleé con él, si algo me quedó claro pese a mi edad es que, amaba al rey.

—¡¡LO QUIERO ATADO A MI CAMA, SHURA!!

El grito nos alarma a ambos, solo pidiendo callar para ver como la puerta se abre de repente y Albafica corre hacia mí sosteniéndose la túnica. Le miro intentando entender que ocurre más baja su mirada en gesto de arrepentimiento, sin embargo es mi hijo quien sale sosteniendo al príncipe quien parece estar aún más endemoniado que nunca. El rostro de Aioria esta forrado de ira, desencajado, se puede ver tras sus ojos verdes la rabia e impotencia que le mana desde los intestinos. No quisiera juzgarlo; había creído por años que su prometido estaba muerto, perdido la cordura prácticamente por ese hecho y ahora, en esta lúgubre noche el fantasma de ese hombre apareció.

—¡¡SUELTAME SHURA!!—grita de nuevo Aioria manoteando sin mayor efecto

—Príncipe, por favor cálmese.

—¡Basta ya Aioria!

—¡¡¡NO ME MANDES A CALLAR MALDITO!!!—grita, callando al Regulus y señalando a mi pareja con ojos demandantes—. ¡Y TU!, MALDITO DE ALHENAS, VE A MI CUARTO Y AMARRATE EN LA CAMA

—Está loco…—murmura Albafica, mirando con ojos renuentes a obedecer y ciertamente a mi no me queda más que secundar su rechazó apretándolo contra mí, usando mi izquierda para asirlo y enviándole al mismo tiempo una mirada al príncipe de que esta orden no la obedeceremos.

—¡¡QUE ME OBEDEZCAN AHOR…!!—un golpe detiene su grito.

Pasmado observó como un golpe por parte de Regulus empuja a Aioria hasta la pared dislocándole la mandíbula. Nos quedamos en silencio, todos, al ver la forma en la que Regulus lo observa asqueándose del panorama, de la visión de uno de los hijos de quien fue el honorable Rey Sisyphus de Rukbat.

—Vuestra madre estaría muriendo en este justo instante si te viera, Aioria—sentencia el príncipe mayor y antiguo amante del rey, con los nudillos emblanquecidos de la presión y su mandíbula forzándose a mantenerse en posición—. Y si vuestro padre, el rey, estuviese vivo ¡serías tú el culpable de su muerte!

—No hables de mi padre con tu maldita boca, amante de cuarta. ¡Tú que solo fuiste una agujero para satisfacer a mi padre de sus bajos deseos!

—Deseos satisfecho de formas correctas y bajo los lineamientos de Rukbat, algo que tu, Aioria, ¡no has sabido hacer! Ahora entiendo la preocupación de vuestra madre, la reina mayor. El rey Aioros ha sido demasiado benévolo, todos lo hemos sido Aioria.

Hay un silencio, un silencio amplio que nadie se atreve a romper. Los ojos de Aioria aún así permanecen clavados en la faz de Regulus, en su mirada, y en todo aquello que representa este hombre para Rukbat. Hay muchas cosas, que sin embargo, se desconocen de él y de lo que ha ocurrido. Sólo el ejército que estuvo con nosotros en aquella primera guerra sabe lo que ocurrió en la batalla que él y el consorte Asmita sostuvieron y en las razones que llevaron al rey Sisyphus a firmar ese tratado. Siento que esta noche también hemos conocido algo que dudo Alhenas tuviera presente: que el príncipe menor de Auva estaba con vida.

Me pregunto ahora, cuántas motivaciones terminaron creando este escenarios, cuantas motivaciones que aún desconocemos.

—Shura, lleva al príncipe a su habitación y no permitáis que salga hasta que se calme—ordena de nuevo Regulus, empujando la gruesa capa tras su espalda—. Iré a Rukbat, la reina mayor debe saber lo que ha ocurrido.

______________Acto Sexto: La condición

///17 años atrás///

Amarte tanto se está convirtiendo en mi perdición Asmita. Me estás enloqueciendo, llevándome bajo, tan bajo que aún permito que mis nobles tomen una decisión que yo soy incapaz de tomar. Sin embargo su pedido no es lo que yo quiero, el castigo de la muerte no es lo que quiera para ti, Asmita, porque pese a ser ese lo que merecería tu crimen, aún no estoy seguro cuál es tu crimen mayor: si haber intentado matarme, o si haberme dejado de amar.

¿Acaso alguna vez me amaste?

De nuevo me encuentro dando vueltas en esta la cama que hemos compartido, desde que llegaste, desde que como un objeto te traté los primeros días de tu llegada a Alhenas. Me resulta aún imposible pensar que pudiste transformar todo ese odio que salía de tus poros cuando te tomaba a la fuerza, en el amor que terminaste profesándome después. ¿En qué momento ocurrió? ¿Cuándo empezaste a amarme? ¿Será que todo era un vil montaje?

Siempre creí que me habías elegido por encima de mi hermano. Ahora no estoy seguro de si me elegiste a mí, por ser yo, o solo la corona.

No puedo dormir, de nuevo.

Ruedo otra vez hasta quedar sobre el lugar donde solías dormir a mi lado, imaginándome como mi hijo te tomó entre sus brazos, como se hizo dueño también de tu cuerpo. Mi mente es mi enemigo Asmita, mi mente es mi verdugo día y noche desde aquella vez, desde que tuve que entregarte, desde que mi hijo bebió de ti… y allí estaba, peleando por ti, enfrentándose por ti igual que lo hizo mi hermano en mi contra.

¿Pones a todos en mi contra, Asmita?

Es detestable darme cuenta que aún si solo me quedarás tú, te quiero para mí, por completo. ¿En qué momento me volví tan dependiente del perfume masculino de tu cuerpo y de la curva de tu espalda cuando te hago el amor? ¿En qué momento me volví preso de esta maldita locura?

Quiero verte, quiero tomarte… ¡quiero poseerte maldita sea!

Me levanto de la cama con la decisión de verte aún en las avanzadas madrugadas. Estoy dispuesto a perdonarte Asmita, solo por tenerte de nuevo a mi lado, a creer de nuevo en un te amo de tus labios si te arrodillas ante mí y me pides perdón…

Si prometes alejarte de mi hijo.

Sé que al hacerlo, estaré de nuevo enfrentándome a los nobles. Sé que si lo hago, de nuevo mi hijo buscará acercarse a ti, pero dime, ¿no soy yo el rey? Todos deberían callar sus malditas bocas ante una de mis decisiones, obedecerme en silencio y sin titubear.

Decidido parto de mi habitación cubriendo mi cuerpo con el manto real. La guardia no dice nada al verme tomar la antorcha en el pasillo del calabozo, se limitan solo a abrirme el espacio y observar como tomo los escalones hacía la torre principal, lugar donde solo tiene acceso el médico real para alimentarte. Han pasado una semana, Asmita. ¿Habrá sido suficiente? Con la sed, el hambre, ¿habrás entendido que solo en mi tienes salvación? ¿Me darás tu amor a cambio de tu vida? Puedo conformarme con eso…

Soy un hombre que ha tenido tan poco en su riqueza…

Penetrar a la torre y abrir la puerta del calabozo han sido las dos acciones más difíciles que me han tocado realizar en mi vida como rey. Se supone que eres un esclavo, y como esclavo debería matarte, pero ¡mírame! Aquí va el maldito rey a darte una oportunidad de vida solo porque no puede soportar la idea de perder, de nuevo, a alguien a quien ama, aunque le hayan traicionado.

Y allí estás, con tus manos atadas y apenas un manto blanco ya sucio cubriendo tu desnudez. Veo que aún tienes heridas, de seguro fueron los golpes que te dieron la guardia de honor para salvarme. Recostado en la esquina donde hay un poco de paja y cerca a la alta ventana con barrotes que escurre el haz de luz a tu piel, tus muñecas y tobillos están atados en gruesas cadenas y aros de acero, tu cabello cae sin forma por tus hombros… Luces tan tranquilo…

Aún así eres malditamente hermoso.

Deposito la antorcha en el mástil de la pared de piedra, observándote de nuevo y viendo como tu cuerpo siente un escalofrío y te despiertas. Me quedo en silencio en espera de tu reacción. ¿Será que gritaras pidiendo misericordia? ¿Me confundirás con mi hijo? ¿Acaso…?

—Su majestad—me reconoces… y un tibio temblor recorre mis piernas y mis ojos que no dejan de observarte y desearte—. ¿A qué debo su presencia?

—Los nobles piden tu muerte, Asmita.

Te quedas callado, enviando tu rostro irreflexivo hacia mí, con tus cejas ligeramente fruncidas. ¿Qué debería pensar de esta actitud?

—Entonces, que su majestad decida el destino de su servidor—respondes… ¿Eso es todo, Asmita? ¿No pedirás perdón? ¿No pedirás por tu vida?

—Suplícame que te libere. Suplícame Asmita que use mi poder para liberarte, que me enfrente a los nobles, que te lleve de nuevo a mis aposentos y te tome como amante, ¡otra vez!

—¿Suplicarte?—reviras reincorporándote en el suelo frio del calabozo. Envías para mí una expresión forrada de orgullo, de ese orgullo que me hiela la sangre y empieza a corroer mi paciencia, de ese que había dejado de ver hace mucho y solo aparecía cuando discutíamos de Kanon…—. Lamento decirle, su majestad, que no tengo nada que suplicar.

—Atentaste contra mi vida, ¡Intentaste matarme!

—¡Y lo habría hecho! ¡Si no lo amara tanto como lo amo lo habría hecho!

—Entonces si me amas como dices ¡suplícame que te libere, Asmita!

—¡No!—y no lo entiendo… no lo comprendo…—. No lo haré su majestad. Podré resentir la falta de sus besos, incluso su indiferencia, ¡pero jamás pasaré por alto el hecho de que me hayas entregado a vuestro hijo!

—¿Entregado? ¡Le abriste las piernas, te dejaste tomar por él!

—¿No es eso lo que supone debía hacer para obedecerle, su majestad?

Y me siento preso, preso de tantas ganas de besarte y de matarte Asmita, de los deseos que tengo que envolverte de nuevo en mis brazos o alejarme de ti protegiendo lo único que me queda en esta maldita vida, mi corona. Hablas de amarme… ¿pero como creerte que todo ese odio que tanto me profesaste ahora sea amor?

—No lo habrías hecho si me amaras…—te reclamo y detesto sentir mi voz turbia al mencionar esas palabras. Pero tú, tu levantas tu rostro mostrando quizás el mismo dolor y el mismo orgullo que te niegas a soltar.

—Eso mismo pensé esa noche, su majestad.

Quizás, soy yo quien no sabe amar…

¿O será que los dos somos unos ignorantes en ese arte, Asmita?

—Si tanto interés tiene, su majestad, de tenerme a su lado. Si tanto me ama como dice—prosigues, levantando tu rostro y tus parpados abriéndose para mostrarme el manto celeste de su mirada apagada—, sáqueme de este calabozo no como un esclavo real sino como el príncipe que fui de Auva.

Y abro los ojos, espantado ante tu petición. ¿Es eso lo que persigues de mi Asmita? ¿Es eso lo que buscas de mí? ¿La libertad? ¿El poder? ¿La corona que te quitamos hace años?

—Porque, Aspros de Alhenas, ¡yo sigo siendo un príncipe! Y si he de salir de este calabozo, ¡quiero salir como tal! ¡No como esclavo…!

—Imposible…—murmuro, decepcionado, herido…—. No puedes pedirme que te premie con un cargo cuando has intentado matarme.

Tus palabras me hieren, me matan Asmita.

—Entonces, déjame morir. Déjame volver a los brazos de mis padres y de mi tierra.

Suena tan absurdo… tan ilógico.

—Si no me amas lo suficiente como para hacerlo, déjame ir con mi hermano.

Sin responder esa última petición me retiro del calabozo.

Tú pides una prueba de mi amor, y yo una tuya… ¿a que llegaremos, Asmita? Si ninguno de los dos puede creer en el otro, ¿hacía donde iremos?

4 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 26)

    1. Gracias Leojjw, estaré trabajando ya en el próximo, lo he adelantado un poc, quizás esta semana salga a la luz, me alegra mucho saber que sigues esta historia ^^

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