Enamorándote (Cap 02)

Luego de su viaje a Jamir, Mu consiguió un empleo de medio tiempo pero en el primer día se ha conseguido con un reto. ¿Podrá superar las expectativas?

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Temas: Yaoi, Romance, drama, Universo Alterno.
Personajes: Mu, Kanon, Shaka, Saga, Milo, Camus
Resumen: Shaka y Mu son dos jovenes residentes en Grecia por un intercambio internacional y quienes ahora comparten juntos más que el apartamento. Sin embargo la llegada de Kanon hará tambalear muchas cosas.

Luego de su viaje a Jamir, Mu consiguió un empleo de medio tiempo pero en el primer día se ha conseguido con un reto. ¿Podrá superar las expectativas?

Capitulo 02: Lo ignoré: Te reté

La taza de café estaba servida frente a él y pese a todo lo que intentaron hacer para alivianar la tensión el ambiente fácilmente podía ser cortado con un cuchillo. Mu observaba al cliente con calma y seriedad mientras Kanon inspeccionaba primero la presentación y pulcritud de la taza, luego el aroma y por último el color que se embebía dentro del liquido marrón. Subió de nuevo la mirada hacía el tibetano enarcando una ceja y luego la desvió hacía el ceño fruncido del hermano más joven de aquel hombre. Claro que lo recordaba, Aioria era la maldita copia de Aioros y no porque fueran hermanos gemelos, pero lo que había ocurrido años atrás aún le molestaba.

No sólo odiaba de Aioros el aire de todo me sale bien y todos me aman. Para él, aquel griego parecía lloverle las buenas ofertas y deseos mientras que su hermano trabajaba el doble o el triple para obtener lo mismo. Eso había sido, siempre, el centro de discusión cuando ellos eran parejas y Kanon había tenido que soportar el mal genio de su hermano cada vez que llegaba de discutir con Aioros por lo mismo. Quizás el haber estudiado la misma carrera junto a estar en el mismo salón, siempre comparados por los profesores y ser los mejores del grupo. Sin embargo, Saga jamás le perdonó a Aioros que no aceptara ser el que dijera el discurso y dejarle el puesto a su pareja como un acto de caridad. Eso para Saga fue un golpe bajo en el orgullo y había sido el desencadenante para la ruptura. Para Kanon, insistía, Aioros no podía tener tan buena suerte, pero lo cierto es que él valoraba más el esfuerzo que veía en su hermano por superarse que el aura de yo soy perfecto que desprendía Aioros a su paso.

Lo de la biblioteca había sido levantar la herida de nuevo y si algo detestaba Kanon era que Aioros regresara a sus vidas con el papel del buen samaritano.

Por eso había ido allí, con los ánimos de destruir locuazmente el buen nombre de su nuevo negocio que si, como todo lo que tocaba Aioros, crecía y se hacía notar a pasos vertiginosos; y terminó discutiendo con un mesonero que, para hacerle más irrisorio el asunto, era nuevo y no tenía la menor idea del trasfondo de ese duelo.

Subió de nuevo la taza y la miró con desdén. Después olfateó un poco más y dejó que un poco del caliente líquido penetrara por sus labios. El sabor se deshizo en sus papilas gustativas, el olor de lejos a canela y nueces le pareció una combinación deliciosa y luego el aroma de fondo de la naranja fue como si le hubiera encendido todos los sentidos. La textura del café era deliciosa, el sabor descomunal, parecía deshacerse en su lengua llevándolo a un lugar muy lejos de allí.

La expresión fue seguida por el menor, notando el cómo las cejas se enarcaron y el rostro se relajo, con los parpados cerrados mientras la nariz aleteaba al exhalar aire. Finalmente los labios fueron saboreados por su propia lengua en un gesto de increíble sensualidad que lo dejó perplejo. Mu nunca había visto a alguien disfrutar del sabor tanto como él.

—Delicioso…—murmuró Kanon luego de abrir los ojos y mostrar esas pupilas verdes brillantes como si acabara de tener un orgasmo—. Dioses, esta delicioso, la canela se deshace con el sabor de la nuez moscada y el aroma… el aroma de fondo de la naranja es como una sorpresa que sólo es degustada al final.

Mu se quedó en silencio, asombrado de la forma en que el otro logró detectar los ingredientes y el cómo le había detallado toda la sensación. Nadie le había hecho sentir que su platillo era así de exquisito.

—Bien, por hoy me retiraré, pero ahora Aioros está en graves problemas—siseó con una sonrisa decidida mirando primero al tibetano antes de posar la vista en el hermano del dueño—. Tendrá que superar ese café cada vez que venga a este lugar.

Y se retiró, con esa ligera advertencia.

Cuando Mu le comentó todo lo ocurrido a Shaka primero tenía un leve rostro de molestia al haber tomado la decisión de tomar un trabajo sin haberle consultado, pero de inmediato mutó a una carcajada en cuanto le contó el incidente. Mu le decía que ahora Aioros estaba visiblemente preocupado porque no sabía con que humor vendría de nuevo ese hombre y temía que por venganza —de algo que aún Mu desconocía— fuera a afectar la fama de su negocio. Sin embargo Mu le había prometido que se encargaría de usar sus mejores dotes gastronómicas para mantener al dichoso periodista al margen.

—Entonces tendrás un duelo gastronómico, eso suena interesante—dijo un Shaka divertido comiendo el Pilaff con frutos secos que Mu acaba de preparara para la cena y dejar algo al almuerzo del otro día. El tibetano se quedo esperando algo más por parte de Shaka, algún comentario pero el hindú se limitó a comer el platillo y seguir hablando del día.

Se reclamó a sí mismo por esperar más. Shaka siempre respondía a sus platillos con unas gracias.

—¿Esta bueno?—preguntó para luego recriminarse por dentro. El rubio simplemente asintió concentrado en llevar el cubierto a la boca—. Ah… bien…

Shaka terminó de contar todo lo que había hecho en el día mientras que Mu ya no sentía ánimos de hablar más. Quizás la molestia se le pasaría después. No lo entendía, pero sólo eso había sido capaz de bajarle el ánimo.

El semestre dentro de la universidad dio comienzo dos semanas después. Durante esas dos semanas el periodista sólo fue una vez más y le dieron de probar unas pakoras, otro platillo originario de la India preparado por Mu. Quien había ido a servirle fue el mismo Aiorios, consciente de cuál era la razón por la que Kanon había empezado el duelo, y quedó impresionado cuando, luego de una inspección meticulosa en cuanto al olor, la forma y la textura, le diera el primer mordisco y el rostro del griego se contorsionara de placer. Mu lo veía desde la puerta que llevaba a la cocina, con Aioria al pendiente en el mostrador que al ver el resultado lo miró y sonrío con gesto de victoria.

No sabía porque razón, pero el simple gesto que hacía aquel hombre que había venido a destruir el prestigio del lugar le llenaba de una especie de felicidad extraña. Quizás, sentía por fin que su talento en la cocina era realmente valorado.

—Shaka nunca me dice algo más de lo que cocino—comentó Mu mientras esperaba en la biblioteca dentro de la universidad por la salida de Shaka. Camus estaba a su lado, distraído leyendo un libro pasando las hojas con cierto desinterés—. Es decir, me esfuerzo por aprender nuevos platillos, pero simplemente me dice gracias y allí murió.

—No puedes pedirle demasiado—reparó el francés sin mirarle fijamente—. Simplemente no es del tipo de persona que tiene un paladar tan fino como el tuyo. Además, es como cuando Milo se queja de que no le digo suficiente te amo, no significa que no lo ame, sólo que no veo necesario resaltarlo a cada rato—el tibetano se quedó en silencio por un largo rato.

—Shaka tampoco me dice muchas veces que me ama…

—¡Ah dioses!—farfullo el galo con cierta incomodidad, cerrando con fuerza el libro y mirándolo con fuerza—. Te diré algo, Shaka perdió un semestre esperándote Mu para cumplir la promesa de graduarse juntos—el tibetano lo observo sereno, prestando atención a  todo—, si eso no te dice más que unos tantos te amo o un análisis detallado de tu sazón, créeme, que no sé que lo hará.

—Tienes razón…

—Qué bueno que no te duró lo Milo por mucho tiempo…

—Soy un necio…, tienes razón.

En ese momento vio entrar a Shaka y más atrás Milo venía corriendo pidiéndole que lo ayudara en uno de los trabajos que ya les habían enviado a hacer. Se miraron y se saludaron en silencio, preparándose para proseguir.

El duelo se extendió durante largas semanas. Kanon Andreatos iba una mañana de sorpresa, se sentaba en la mesita en la esquina más alejada del local, cerca de la puerta y pendiente del trafico, mientras que Mu de inmediato empezaba con una nueva receta. Durante varias noches Shaka encontraba a Mu muy concentrado probando nuevas fórmulas, aprovechando el libro de postres francés que le había pedido a Camus. Este incluso le enseñó algunas y se sorprendió que cuando las hacía Mu el resultado incluso quedaba mejor.

Por idea de Shaka y de Camus elaboraron un menú exclusivo para cuando llegara Kanon que le entregaban con una pequeña libreta y bolígrafo para que dejara su impresión del servicio del local. Aioria se comía todo el orgullo para atenderlo amablemente tal como su hermano se lo había pedido y Mu se entregaba por realizar el platillo que Kanon le pedía. Aioros le agradecía el esfuerzo y hasta se preguntó cuando Kanon se cansaría. Pensó que con una tercera vez siendo vencido por la sazón de Mu se iría, más no fue así.

Para la novena semana de aquellos duelos silenciosos ya Kanon no sólo dejaba un número, sino un comentario, detallando letra a letra el cómo le había parecido el platillo. Diciéndole que sintió con cada ingrediente agregado, con el aroma y la textura en una descripción tal que Mu al leerla sintió el pecho golpearle con fuerza. Se quedó sin aliento, por largos minutos en silencio hasta que decidió que aprendería más. Ya no le importaba el duelo, simplemente quería recibir más de esos comentarios, de esa forma de hacerle ver que todo lo que tocaba sus manos sabía a gloria.

—Mu, ¿hasta cuándo estarás en la cocina?—preguntó en una noche Shaka, sólo con un bóxer negro puesto y plegado en la puerta. No sabía porque razón pero ya empezaba a sentirse incomodo y relegado por la estufa y los ingredientes.

—Ya casi, ya casi termino.

El rubio suspiró cansado. Mu tenía al menos media hora diciendo lo mismo y si bien podía esperarlo al otro día había clases y trabajo. Desilusionado dio media vuelta.

—Bien, entonces ya me acostaré.

Al mismo tiempo Saga despertó malhumorado ya que había olvidado tomarse las pastillas que le recetaba el especialista. Él y su problema de bipolaridad, a veces odiaba tener ese bendito inconveniente que le complicaba más la existencia. Saliendo de su cuarto hasta la cocina para servirse un vaso con agua, encontró a su hermano friendo unas extrañas empanadas. Frunció su ceño cruzándose de brazo y dando un carraspeo para llamar la atención.

—¿Se te olvido de nuevo las pastillas?—fue lo único que comentó Kanon sin voltear.

—Sí.

—Necesitas una agenda humana, definitivamente—dijo con tono gracioso a lo que Saga solamente mordió sus labios con fastidio. El mayor fue hasta la nevera a servirse para luego tragar las tres pastillas que traía en sus manos de un sólo golpe. Kanon lo miró por un momento—. Tienes una cara horrible.

—Cállate—miró el aceite crujir ante la masa que le era sumergida—. ¿Qué haces cocinando a esta hora?

—Intento hacer unas samosas pero no me salen igual, ya probé todas las recetas y nada—el mayor lo miró totalmente desinteresado.

—Ah… ok… trataré de dormir de nuevo.

Saga se fue alejando, oyendo de lejos el sonido del aceite hirviendo y a su hermano en su extraña tarea. No le importó preguntar, en ese momento estaba más preocupado por el ánimo que tendría en la mañana.

Y no para menos, ese día había despertado con un pésimo humor, comiendo lo que su hermano preparó con desganó y asistiendo al trabajo con ánimos de hacer la vida imposible a cierto rubio, el único que lo hacía divertido, porque Milo aceptaba silencioso cualquier orden. El problema es que Shaka también había amanecido de pésimo humor por una noche de deseos insatisfecho. Y mientras una nueva guerra entre ellos se liberaba en medio de los estantes de aquella biblioteca, Mu observó con un pálpito la motocicleta del periodista que sin reparo alguno se estacionó y entró. Sólo se miraron por un momento, en un silencioso saludo que ya se había vuelto rutina; y ante la mirada desafiante de Kanon, Mu esgrimía sus ojos verdes con decisión, dispuesto a demostrarle un nuevo platillo ese día y a recibir más de esas acotaciones que a veces se encontraba releyendo en su tiempo libre, en medio de clase e incluso, en el apartamento.

¿En qué momento recibir esas palabras se había hecho tan imperante para él? No lo sabía, pero se esforzó en hacer aquel dulce con precisión, sonriendo mientras se imaginaba de nuevo ese rostro de placer no fingido creado con un sólo bocado. El chocolate se iba diluyendo entre la mezcla que preparaba con afán, mientras Aioros atendía al hombre y tenían una leve discusión.

—¿Llamadas? ¿Me vio cara de qué? ¡¿De secretario?!­—gritaba un Shaka histérico y cansado de recibir órdenes de más.

—Si no quieres que te despida, maldita sea, ¡has las estúpidas llamadas!

Y Milo veía el cuadro totalmente descolocado.

—Está loco, prefiero renunciar. ¡Estoy cansado! Para eso tiene un asistente personal, ¡termine de usarlo!—y el rubio dio media vuelta, quitándose el carnet que lo acreditaba como empleado—. ¡Hasta hoy trabajo aquí, Sr. Andreatos!

—Ni creas que te rogaré para que te quedes, jovenzuelo—y el menor simplemente dejaba todo y se iba con la frente muy en alto—. ¡Si sales de esa puerta estás despedido, Shaka!—y el cabello rubio se perdió de la puerta—. Mierda, mierda, ¡mierda!

Milo sólo escuchó el portazo fuerte en la oficina y resopló con fastidio. Tomó el carnet y fue a buscar a Shaka para hacerlo desistir de esa locura. Sabía que a veces Saga estaba insoportable, pero debía reconocer que algo debió haber pasado para que ese día amaneciera con el ogro activado con el doble de porcentaje. Aún así, no creía que debía llevar las cosas tan lejos.

Kanon por su parte ya había degustado el platillo y se había quedado pensativo en la mesa mirando fijamente la libreta con la valoración y el bolígrafo esperando a ser utilizado. Concentrado intentaba entrever que era lo que tenía ese muchacho para que sus platillos simplemente tuvieran ese sabor especial, no estaba seguro pero el uso de las especias era a un nivel tal que simplemente no podía imitarlo. Había intentando varias veces en su apartamento repetir los platillos usando diferentes recetas, pero ninguna llegaba acercarse al resultado que había probado con el jovencito. Agitó con desganó su chaqueta de cuero y volvió a acomodarse, buscando que hacer al respecto con el nuevo descubrimiento, encontrándose demasiado ansioso al respecto.

Mientras tanto Mu estaba nervioso al ver que a pesar de haber comido su platillo tenía mucho tiempo en silencio viendo la libreta con el puño cerrado en sus labios y el otro brazo sosteniéndole el codo. Los mechones azules rozaban suavemente su frente y se veía pensativo, incluso contrariado. No podía quitar la vista de esos ojos verdes y brillantes, con el perfil tallado, la barbilla que era rozada deliberadamente por el puño grueso y cubierto por esos guantes de motociclista. Simplemente se encontraba deseoso de saber su opinión.

Miles de preguntas le asaltaron en ese momento. ¿Le habrá gustado? ¿Le pareció fatal? ¿No encuentra como decirle que fue el peor platillo? ¿Qué ocurría? ¿Por qué no escribía? De algún modo el nerviosismo que ya sentía el tibetano era también percibido por los dos griegos de la cafetería quienes esperaban algún tipo de reacción.

En un momento inesperado, Kanon subió la mirada y buscó hacía la puerta de la cocina. Aioria amablemente se acercó a preguntar si había algo que deseaba y él sólo se limitó a una cosa: que le trajeran al cocinero. Nervioso, Aioria fue a buscar a Mu.

En cuanto estuvieron frente a frente las esmeraldas del mayor lo escrutaron con decisión, fijamente. Aquellas cejas fruncidas denotaban no solo concentración sino como si miles de ideas le pasaran en la cabeza. El joven se mantuvo quieto, en espera de lo que tendría que decir y ya preparándose para escuchar por primera vez de ese hombre un comentario negativo.

—Me gustas—el menor abrió los ojos tan grande como pudo, mudo de la impresión. ¿Qué significaban esas palabras? ¿Cómo debía tomarlo? De repente las piernas empezaron a temblarle mientras seguía sumergido en esos ojos que parecían querer tragarlo.

—Señor…

—Me gustas mucho—repitió, dejando que la comisura izquierda se elevara en una sonrisa mordaz—, y te quiero.

Mu simplemente no podía reaccionar. Perplejo, sin habla, sólo podía escuchar a su corazón golpeando incesantemente a su pecho y la corriente que percibía debajo de su piel ante esa declaración. La sangre manaba con fuerza por sus venas, no le salía tan siquiera la voz, sólo entreabrió los labios e intentó decir algo antes de que el mayor, levantándose de su asiento se parara frente a él.

Las pupilas quedaron clavadas una sobre la otra, las mayores con decisión y como si hubiera encontrado algo que tenía buscando en mucho tiempo y las otras con verdadero nerviosismo.

El corazón del tibetano latía, latía con fuerza, como nunca había sentido latir por sólo estar parado frente a alguien que lo mirara de esa forma.

—Te quiero dentro del proyecto de restaurant que tengo planeado.

Y si antes estaba sin palabras pues en ese momento literalmente Mu quedó hecho piedra.

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