Enamorándote (Cap 03)

Un duelo gastronómico ha comenzado entre el cocinero y el periodista, mientras tanto Mu siente que hay cosas que han empezado a afectar a su relación ¿Podrá conseguir cuál es el sazón faltante?

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Temas: Yaoi, Romance, drama, Universo Alterno.
Personajes: Mu, Kanon, Shaka, Saga, Milo, Camus
Resumen: Shaka y Mu son dos jovenes residentes en Grecia por un intercambio internacional y quienes ahora comparten juntos más que el apartamento. Sin embargo la llegada de Kanon hará tambalear muchas cosas.

Un duelo gastronómico ha comenzado entre el cocinero y el periodista, mientras tanto Mu siente que hay cosas que han empezado a afectar a su relación ¿Podrá conseguir cuál es el sazón faltante?

Capitulo 03: Le enfrenté: Te deseé

Aunque el cliente ya se había ido Mu aún estaba en las nubes. Sentía el escalofrío que estalló en su piel ante esa declaración, pero al mismo tiempo un montón de ideas en la cabeza que peleaban por ser analizadas. La primer era porque se había sentido así, y la segunda, porque se sintió tan desilusionado cuando supo que el “Me gustas” y el “Te quiero” venía solo por su talento culinario.

A pesar de todo, para aquel hombre Mu sólo era igual a una buena sazón, al igual que para Mu ese hombre era igual a un buen feedback.

De cualquier modo el asunto no dejaba de incomodarle, viendo repetidamente la tarjeta de presentación y preguntándose una vez más qué fue lo que estuvo mal en él para reaccionar de esa forma, para sentir todas esas sensaciones que no había sentido antes.

—¿Creo que debes aceptar?—le dijo Aioros en su espalda, sacándolo de sus cavilaciones. De nuevo estaba viendo aquella tarjetica con la mirada totalmente perdida.

—No estoy seguro, estoy bien aquí y…

—Admito que no podré pagarte lo que te está ofreciendo—comentó el mayor con una sonrisa comprensiva—. Además, tienes un gran talento Mu, colarte con otros cocineros te ayudara a desarrollarlo más, creo que es una excelente oportunidad.

—¿No le molesta que me vaya?—preguntó un tanto apenado. La oferta era tentadora pero tenía miedo, miedo de lo que había significado su reacción ante esas palabras y lo que podría seguirse provocando. El mayor renegó con el rostro con una sonrisa.

—No hay problema, además, yo creo que ya no estaré tanto tiempo aquí. Dejaré a mi hermano a cargo con un gran amigo y puede que regrese a hacer lo que hacía antes—guiñó su ojo izquierdo con picardía.

Mu no comentó más al respecto, pensando en que si era como Aioros decía significaba que Shaka tendría un cambio de jefe pronto, de nuevo. Quizás y fuera para bien.

Entre tanto la motocicleta aparcó dentro del estacionamiento de la biblioteca y entró el hombre con naturalidad, viendo todos los estantes y sólo al jovencillo atendiendo. Se extrañó de no ver a un rubio como su hermano siempre hablaba durante la cena, el muchacho con el que se divertía haciéndole la vida imposible; pero no hizo comentario alguno, y siguio el camino hasta la oficina. De inmediato al entrar vio el ceño fruncido de su hermano y un vendaval de papeles por todo el suelo que de seguro había arrojado en un ataque de ira. Kanon miró con cierta reserva el desorden y luego le subió la mirada, sonriéndose con descaro ante la cara de asesino que tenía su hermano en ese momento, fumando nervioso lo que parecía ser el quinto cigarro del día.

—Veo que tuviste una pésima noche.

—Pésima noche, pésimo despertar, pésimo día…—enumeró el mayor hastiado y sin ánimos de querer entablar otra discusión.

—Todo suena tan mal…—jugueteó con al suela de su zapato una de las carpetas tiradas, manteniendo sus manos en los bolsillos.

—¿A qué viniste?

—¿Te acuerdas del proyecto que te dije de montar un restaurant? Pues ya sé que haré.

Saga lo miró son severidad. Su hermano era de comenzar hablar de mil proyectos y no concretar ninguno y en cuanto uno le iba bien lo abandonaba porque se aburría. Simplemente no creía que su hermano fuera bueno para estar frente a un negocio y no solo hacerlo levantar, sino mantenerlo. Ninguno de los dos fue tocado por la paciencia.

Enarcando una ceja apagó el cigarro en el cenicero y lo miró demandante. Aquellos ojos verdes del mayor parecían indagar bien en las intenciones de su hermano gemelo quien muy tranquilo seguía haciéndome espacio rodando con sus pies todo el desorden del piso.

—¿Y a quién encontraste para el proyecto?—de inmediato preguntó. Lo conocía muy bien, no habían estado juntos por nueves meses en un espacio 1×1 por mero gusto. Kanon primero lo vio sorprendido y luego se sonrió lascivamente, denotando que su hermano como siempre lo leía como si aun fueran parte de la misma carne.

—Un chiquillo que cocina como los dioses—aludió con una sonrisa alegre—. Me ganó pero no pienso desaprovechar esto, así que armaré un restaurant. Ya tenía un lugar visto desde hace tiempo, sólo tendré que condicionarlo, tengo los ahorros de mi parte de la herencia aún…

—Bien por ti…

—¿No te parece que ya estoy sentando cabeza y no hago algo tan aburrido como criticar comida como dices?—acotó el menor mirándolo con aire juguetón. Saga lo menos que tenía de humor era para jugar, así que siguió enviándole la mirada de “no me interesa nada de lo que digas”.

—Me dirás eso cuando el negocio ya lleve más de cinco años y sigas fiel allí.

—Me exiges mucho…

—Lo sé, ahora lárgate, tengo que buscar un nuevo auxiliar y asistente de paso.

Kanon salió, prometiendo quería al otro lado a animarle el día, para variar. El comentario fue recibido con un bufido de malestar.

En la noche Mu le contaba a Shaka todo lo que había ocurrido, saltándose por obviedad su reacción y las palabras exactas que ese griego le dijo para pedirle que trabajara con él. Shaka parecía distraído, incluso, al llegar Mu lo encontró frente al teléfono con cierta pesadez, pero solo saludo y no dijo nada. A pesar que Mu preguntó cómo le fue el día, Shaka no respondió. Y el tibetano lo conocía tan bien que sabía, era de esos casos que era mejor darle tiempo. Lo dejó ir a la cama sin demasiado preámbulo y le deseo buenas noches, acostándose del otro lado y apresurándose para descansar.

Shaka no podía hacerlo. Una llamada de la India le había volteado todo.

Al día siguiente, Shaka apareció puntual en su puesto de trabajo, callado y con la visible aura de neutralidad que siempre se forraba cuando no quería que nadie preguntara nada. Saga lo miró al entrar, junto a Milo que de una vez lo saludó e invitó a empezar la faena laboral sin preguntar de más. Supuso que Mu se había encargado de hacer ceder a Shaka en su idea de dejar el trabajo y viendo que su jefe entró, los miró y se metió en la oficina sin decir nada concluyó que estaba de acuerdo con su regreso. Aprovechó entonces Milo para contarle de cómo también en el día anterior habían despedido a la asistente por incompetente, a las pocas horas de él haber renunciado, y como fue un caos hasta el final de la jornada. Shaka sólo escuchaba y asentía en silencio, limitándose a hacer sus actividades y adelantar todo en cuanto pudiere.

Mientras tanto para Mu estar en la cafetería era una tarea titánica. Se encontraba cada diez minutos viendo hacía la puerta esperando la entrada de alguien en especial, pero nada sucedía, y se convenció a si mismo que aquel cliente no iría ese día para poder concentrarse en su trabajo.

Así pasaron varios días.

Para cuando llegaba la noche Mu no tenía mucho que contar desanimado porque no había regresado ese hombre al menos a hablarle más de ese proyecto y Shaka tampoco tenía ánimos de hablar. Las noches se la pasaban comiendo y comentando algunas cosas triviales antes de Shaka dedicarse a sus actividades y Mu de nuevo en la cocina practicando. Para el tibetano quitarse la imagen de ese hombre y esas palabras le costaba un esfuerzo enorme, no podía concentrarse como quisiere y quería entender que fue lo que ocurrió esa vez para sentirse así.

Además también le preocupaba que Shaka simplemente estuviera encerrado en sus estudios y ocupados con otras cosas, a duras penas agradecía la comida y hasta parecía comerla con desganó. No entendía que le pasaba, porque todo empezaba a sentirse tan cansino, porque el pensamiento de que algo no estuviera bien entre ellos se golpeaba en su mente y acompañado, precisamente, de ese “Me gusta” que le dijo aquel hombre.

Si el cliente regresaba con más detalles del proyecto, ¿lo seguiría?

—Voy a adelantar mi trabajo de grado—de repente interrumpió el rubio, mientras se encargaba de lavar los platos que habían ensuciado en la cena. Mu lo miró confundido con la noticia.

—¿Adelantar? ¿Y eso? Siempre me habías dicho que prefería dejarlo de último para concentrarte mejor y hacer un buen trabajo…

—Sí, pero ya perdimos un semestre, entonces…

—¿Me estás echando en cara el semestre perdido?—el rubio levantó el rostro pasmado, dejando que el jabón se escurriera por sus manos. Ambos se miraron, el uno totalmente descolocado y el otro con las esmeraldas que chispeaban fuego.

Ahora para Mu todo tenía sentido, ese silencio del que de repente se vio inmerso Shaka y su poco ánimo para compartir era de seguro porque estaba recriminándose haber perdido un semestre, que conociéndolo no debió ser una fácil decisión. Estrujó sus puntos, enojado y hasta desilusionado armándose toda su propia historia del porque…

—¿De dónde sacas eso…?—acotó el rubio sacándolo de sus pensamientos. Luego renegó con el rostro, concentrándose otra vez con los platos.

Mu odiaba… odiaba esa forma de a veces sentir que podía prestarle atención a varias cosas a la vez, o de dejarlo en segundo plano.

¿Pero no eran esos detalles a los que ya se había acostumbrado? ¿Igual que las gracias por los alimento?

¿Será por eso que cuando ese hombre se paró frente a él enfocando toda su atención se sintió… diferente?

¿Quizás especial?

—No suelo culpar a nadie ni restregar mis propias decisiones. Yo decidí perder el semestre, las razones dejan de importar—y a veces Shaka simplemente veía todo demasiado práctico—. Pero no significa que no pueda aprovechar el tiempo y adelantar, igual nos graduaremos el mismo tiempo, cumpliré la promesa y…

—¿Podrías mirarme mientras me hablas?—el rubio volvió a subir la mirada frunciendo el ceño—. Ahora sí, sigue.

—¿Qué te pasa?—reclamó Shaka ya molestó, abriendo la llave para terminar de enjuagar los platos—. ¿Y ahora porque te pones tan quisquilloso?

—¿Cómo te pareció la cena?—el rubio volvió a subir la mirada ahora simplemente descolocado. ¿De cuándo la conversación se había mudado a la cena? ¿Por qué Mu de repente pareciera exigirle algo en específico?

—Bien, Mu, como siempre, ¿por qué?—el cocinero estrujó con fuerza el paño de cocina que tenía en manos. Shaka supo que en algún punto había cometido una equivocación, el asunto es que no veía en cual—. ¿Acaso le agregaste algo nuevo?—preguntó inseguro. En respuesta tuvo la mirada de decepción de su compañero.

—Olvídalo. Me voy a la cama.

Mu abandonó la cocina sin decir más, dejando a Shaka totalmente desorientado e inseguro de que fue lo que había pasado.

Para la mañana siguiente Mu observaba en silencio la espalda de Shaka mientras éste se colocaba el pequeño abrigo para el frio de la biblioteca, preparándose para irse. La noche la había pasado mal, no había podido descansar por andar pensando en muchas cosas a la vez y había terminado concluyendo que lo que había hecho en la noche fue una necedad. Shaka siempre había sido así, de pocas palabras, pero fiel a sus convicciones. Era como Camus en el sentido de que podían verse distraídos leyendo un libro o viendo televisión pero realmente te estaban escuchando, pero claro, a ellos si les gustaba recibir la atención por completo. Era uno de esos tantos pequeños defectos que había aprendido a tolerar de él y que por alguna razón esa noche se le hizo insoportable. Antes de dejarlo marchar se levantó y lo abrazó por la espalda, pegando su frente contra la cabeza del rubio.

—Lamento mucho lo de ayer—Shaka bufó un poco apretando las manos que le rodearon la cintura. Se sentía mal, por muchas cosas y sinceramente había esperado simplemente un gesto así, o que le preguntara en variadas ocasiones, que no le dejaran tanto tiempo en silencio.

A veces se preguntaba si la pasividad de Mu era más bien un poco de desinterés…

—Tranquilo, tampoco he estado en mi mejor momento—le besó pacientemente, en roce relajado, como ambos lo necesitaban—. Nos vemos en la noche.

Ya más tranquilos se despidieron con otro corto beso. Mu se sentía mejor, más relajado, como si simplemente hubieran hecho las paces. Con ese ánimo se alistó para trabajar.

Al llegar a la cafetería se encontró con la sorpresa de ver a Kanon de pie en la puerta, de brazos cruzados y recostado al poste eléctrico, mientras que Aioros y Aioria se encargaban de acomodar las mesas. Lo miró algo nervioso, hallándose en ese momento con la oportunidad de mirar al hombre frente a él con detenimiento, ya de pie y por supuesto, sin la gente que siempre estaba alrededor o los deberes de atender. Detalló el jean que forraba sus piernas de color oscuro, las botas grandes y robustas, algo exageradas con grandes suelas. La camisa de negra tenía algunos detalles plateados bordados en los puños y en el cuello V y una chaqueta de cuero que tenía enganchada en su mano por la espalda. Aún tenía puesto su casco negro con una estrella blanda dibujada y las manos, como siempre, estaban cubiertas por los guantes de cuero.

Se quedó sin aliento. Ese hombre no sólo tenía unos ojos que hasta ese momento había podido describir como traviesos, sino un cuerpo escultural, alto, fornido, grueso y si… mucho mayor, con más experiencia. Además, esa sonrisa con la que los esperaba le hizo imaginar una cantidad de cosas impropias… ¿qué más podía detectar usando su lengua? ¿Habrá otro tipo de olores y sabores de los cuales el podría disfrutar tanto como de su comida?

Asaltado por aquellos pensamientos, Mu bajó la mirada asombrado consigo mismo, y pasando un mechón de su cabello lavanda hacía detrás de su oreja derecha.

—Bien, ¿ya estás listo?

—¿Listo?—subió su rostro confundido. El mayor sólo chasqueó la lengua y encendió un cigarro frente a él para dar un hondo suspiro y lanzar una nube de humo al aire.

—Sí, ya tengo el local visto, y ya vi más o menos el inmobiliario. Van a llevar todo para que se empiece a armar en unas horas y nosotros tenemos que programar el menú-volvió a lanzar otra bocanada de humo— . y tú te vienes conmigo—remató con una sonrisa decidida.

—¿Ah?. Pero yo no he renunciado, ni te había dicho que aceptara, además ni sé quién eres, hasta ahora sólo sé que eres un periodista y…

Mu palideció cuando el hombre empezó a acortar distancia, lanzando una última nube de nicotina antes de lanzar el cigarro al piso y aplastarlo con sus grandes botas. Dio un paso hacia atrás en cuanto vio esa mano acercarse a su rostro y tembló cuando se posó sobre su cabeza y casi su frente chocó con el hombro de esa camisa negra que olía a fragancia de bosques y cigarro. Un estremecimiento le gobernó, totalmente abrumado, entreabriendo los labios como si una necesidad le manara desde muy dentro, cuando aquel aire caliente se escurrió entre sus hebras lilas y escuchó esa ronca voz hablarle al oído.

—Ka-non—remarcó con aire caliente—. No se te olvide mi nombre—y se alejó para mirar al muchacho turbado y nervioso ante su presencia.

Estaba acostumbrado a ese tipo de reacciones, a dejar a los jovencitos temblando a su cercanía, pero ese muchacho tenía algo especial así que no lo iba a incluir en la lista de conquistas.

—Y bien, ¿Mu no?—el muchacho asintió desviando la mirada—. Ya le dije a Aioros que este es poco lugar para tus gloriosas manos y tuvo que aceptarlo—dijo encogiéndose de hombros y el joven levantó la mirada, frunciendo el ceño.

—Eso es cruel, no pienso ir con usted bajo esas condiciones—Kanon lo miró enarcando ambas cejas—. Deme un minuto.

El griego vio cuando el muchacho entró a la cafetería y saludo a ambos castaños. Se tomó su tiempo hablando con ellos, inclinándose repetidamente frente al mayor y recibiendo un abrazo de comprensión del menor. No supo porque le molestó tanta familiaridad, pero algo pareció clavarse a sus riñones cuando Aioria lo abrazó de esa forma tan sobre protectora y el mayor simplemente agitó los cabellos lilas atados en una cola con dulzura. Bufó incomodo, pensando en que eran unos cursis como todo lo que hacía Aioros con el asunto del amor y la paz mundial y prefirió fumarse otro cigarro porque de repente le dio ansiedad. Al final, luego de otros minutos el muchacho salió y le sonrió amablemente.

—Espero que mis manos le sean útiles para ese proyecto y yo pueda mejorar también—le dijo apenas estuvo de pie frente a él y Kanon sonrío, con un gesto de malicia.

—Tus manos estarán ocupadas en lo mejor de Grecia—aseguró el preiodista.

Le extendió el casco azul y le ayudó a acomodárselo en la cabeza. Le asombró detectar la tersura de la piel blanca del rostro del tibetano, mas intentó no prestarle demasiada atención. Luego de asegurarlo le convido a montarse con él en la enorme moto, riéndose al ver que el joven no tenía idea de cómo acomodarse, si apretar las manos hacía atrás, si separar las piernas o sentarse de lado aunque estuviese más apretado.

—¡Sujétate a mi fuerte!—ordenó haciendo ronronear la motocicleta al apretar los aceleradores con las manos, afiló la vista de sus espejos y cuando sintió aquellas manos sujetándole con fuerza en la cintura supo que estuvo listo para arrancar.

Para Mu la primera experiencia fue desbordante. El aire que golpeaba con fuerza a su cuerpo le llevaba aún el aroma a nicotina y el de la fuerte fragancia de Kanon que inundaba sus pulmones. Contrariado se aferró con fuerza en ese enorme cuerpo, encontrándose en ese instante comparándolo con el delgado cuerpo de Shaka y pensando, que en alguna parte de él muy dentro hubiera deseado una espalda así de ancha para aferrarse.

—Kanon…

Susurró el nombre en voz baja, reconociendo que difícilmente podría olvidarlo.

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