Enamorándote (Cap 05)

El acercamiento ha sido demasiado y ha dejado secuelas, ¿será que ambos podrán controlarlo? ¿o al final su relación está condenada a fracasar?

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Temas: Yaoi, Romance, drama, Universo Alterno.
Personajes: Mu, Kanon, Shaka, Saga, Milo, Camus
Resumen: Shaka y Mu son dos jovenes residentes en Grecia por un intercambio internacional y quienes ahora comparten juntos más que el apartamento. Sin embargo la llegada de Kanon hará tambalear muchas cosas.

El acercamiento ha sido demasiado y ha dejado secuelas, ¿será que ambos podrán controlarlo? ¿o al final su relación está condenada a fracasar?

Capitulo 05: Lo herí: Te Busqué

Los labios se encontraban con fuerza y voracidad, sus manos afianzadas una en el rostro blanco y las otras en los hombros anchos, se apegaban, se estrujaban entre ellos. Había frío, tal vez, peor el fuego que se había encendido entre ellos parecía ser capaz de mitigarlo. Al menos, para Kanon así parecía que era. Sin embargo, aquella maldita pulsada de algo llamado conciencia empezó a molestarle y a ir apagando, poco a poco, su pasión. No podía, ese muchacho era mucho menor que él y además se había prometido no tocarlo porque sabía que era diferente y que perdería a un buen cocinero si metía las sabanas en la cocina. Aún así, no podía despegarse de esos labios que ávidos le invocaban exhalando aire caliente y obligándolo a responder. Una pasión que no había sentido en mucho tiempo parecía manar de él, un fuego que se elevaba y danzaba por cada mínimo roce que pronunciaba sobre las carnes y se abatían en sus labios…

Si, Mu era como fuego, y él como aire parecía avivarlo con solo un ligero roce y sabía, que de querer, solo necesitaría ser más violento para que esa llamarada se convirtiera en un verdadero incendio.

Se separó ahogado al mismo tiempo que quitó sus manos del rostro del menor sonrojado, afianzándola en la pared. Lo miró fijamente antes de fruncir su ceño y mirarlo con severidad. Había caído, si… peor debía corregirlo. Mu sólo era un cocinero, debía quedarse así si no quería que su proyecto que apenas empieza se fuera al garete… como tantas otras cosas en su vida. Por esa razón le sonrío socarronamente, confundiendo al tibetano que lo miraba entre impresionado y agitado.

—A ver si así dejas de llorar…—se separó observándolo con desdén—. ¡Siempre funciona!—exclamó haciéndolo ver casual—. ¡Apúrate! ¡Hay trabajo que hacer!

No lo vio moverse peor no se quedó a esperarlo. Temía que se siguieran traspasando sus límites internos de quedarse en el lugar. Por el contrario, Mu se dejo caer contra la pared totalmente abrumado, mordiendo sus labios… soltando un susurro.

—Shaka…

La noche transcurrió sin mayores cambios. Para Afrodita y DM, Kanon volvió con peor humor, suponiendo que entonces una pelea verbal (claro, no literalmente) se había fraguado contra el nuevo y al poco rato fue Mu quien entró enrojecido y sin decir nada. Al final lograron cubrir los pedidos y pese a los inconvenientes el resultado de esa noche para el nuevo restaurant fue muy bueno.

Sin embargo, el viaje de regreso a casa para Mu había sido un sincero infierno. Su mente no dejó de carburar y pronunciarse en su contra por lo que había acaecido, por ese beso que no sólo consintió sino que buscó y ahogó y deseó. ¿Cómo ver a su pareja después de eso? Y de seguro Shaka estaría esperándolo, si vio las llamadas perdidas estaría esperándolo… claro, lo más seguro es que Shaka lo esperara en casa para preguntarle como le había ido ese primer día, que tal la había pasado y así compartir. Es lo que solían hacer antes, sentarse en la mesa, conversar, contarse sus triunfos y fracasos…

Más fue mayor decepción cuando llegó al apartamento y todo estaba a oscuras. Encendió la lamparilla de la sala y vio los libros apilados a un lado del mueble y la laptops en modo de suspensión. Caminó hacía el cuerpo y Shaka estaba literalmente tirado en la cama con el jeans puesto, dormido. El tibetano lo miró con tristeza y aflicción, buscó el teléfono y notó que lo tenía aún apagado. Mordió sus labios, y fijo la vista en el perfil del rubio quien dormía sin darse cuenta de su llegada.

De repente, para Mu hasta aquel beso estuvo justificado…

Todo pesar por una posible infidelidad se volvió en dolor por la indiferencia.

Y sin embargo ese dolor no se le pareció al que tendría días después.

Luego de aquel beso, Kanon se comportó aún más frio y alejado para él. Los otros días de trabajo transcurrieron con los mismos gritos, pero el griego no dirigía mirada al muchacho y a veces, ignoraba su presencia. Mu observaba con impotencia omo era dejado de lado y como era DM quien le daba algún encargo que hacer adecuado según su especialidad. Para cuando llegaba de noche a su apartamento, la escena era la misma, sólo que Shaka bien podía quedarse dormido frente al comedor, en el mueble o sobre la cama, con los libros y las hojas de papeles regados… con el teléfono apagado.

La única pregunta en la mañana sobre cómo le había ido… Mu contestaba con un bien… fingido.

—Dario, ¡trae el platillo de la mesa 7 ahora mismo!—escuchaba en las noches la voz de Kanon con velocidad.

—Esa la está haciendo Mu—respondían como siempre los chef.

—No importa, ¡dije que me la trajeras!

¿Hasta qué punto era capaz de hacerlo sentir pintado en la pared? La frustración empezaba a gangrenar su mente, a debilitar su calma que con dificultad mantenía para no propiciar otro escenario como el de la primera noche. Sabía que lo que había ocurrido había sido peligroso, y que por supuesto, no era correcto repetirlo aunque en algunas ocasiones se encontrara pensando en ello, pero ya al cabo de la segunda semana recibiendo el mismo trato Mu empezó a sentir que era necesario solucionarlo. Tendría que hablar con Él.

Aquella noche luego del trabajo y antes de despedirse, Mu tomó aire suficiente para conseguir el valor de acercarse a ese hombre. Lo miró con severidad y Kanon pareció querer ignorarlo dando algunas instrucciones sobre lo que sería la labor del día siguiente.

—Kanon—le tomó del antebrazo y por alguna razón todo su cuerpo reaccionó al contacto. Se alejó de inmediato con estupor y bajó la mirada, razón por la cual no se dio cuenta de la expresión de Kanon al recibir ese contacto inesperado—, tenemos que hablar.

El griego lo miró con el temor tatuado en la mirada. Ciertamente, temía lo que pudiera decir Mu al respecto.

Se alejaron un poco de los demás hacía una de las mesas de la esquina más oscura del salón, con paso lento y sus miradas esquivándose entre ellos.

—Sé que el primer día me comporté como un idiota—comenzó el menor levantando su mirada con fuerza y nervios—, y que debió contenerme con un método… nada ortodoxo…—prosiguió con cierta vacilación. Kanon lo miró de reojo—. Yo comprendo que eso no debió suceder pero no creo que sea razón para estarme ignorando…

—¡Por dios, chico!—masculló Kanon con la mirada llena de un tono malicioso—. No creas que lo que pasó esa noche fue tan importante.

Y aquello le había dolido, hondamente.

—Pero me está ignorando…

—¿No que te asusta la presión?—y eso un golpe bajo. El tibetano lo miró asombrado y con la ira que parecía estarse encendiendo en sus templados ojos verdes—. Sólo te estaba quitando una carga de encima…

—¡No me crea un idiota!—masticó el oriental con la ira impresa—. Sé que me comporté como un niño esa vez, pero si no tiene confianza en mí no tiene caso que yo siga aquí—y Kanon iba agregar algo pero…—, y sobre lo del beso, ¡claro que no fue nada especial!—espetó el tibetano con seguridad—. Tengo mi pareja, así que aquello fue un error.

¿Su pareja? De inmediato la mente le hizo esa pregunta. Calló, bajando la mirada al no hallarle respuesta… Shaka seguía siendo su pareja ¿no? En realidad… ¿desde cuándo lo eran?

—Entonces…—regresó de sus pensamientos ante la voz ronca y molesta del mayor quien lo observaba fijamente. Mu estrujó sus puntos, resoplando fastidiado… ahora no sólo pensaba en el origen de su relación con Shaka, sino que por una extraña razón le dolió haber dicho que aquello ocurrido no fue especial.

—Entonces, si no puede confiar en mi capacidad de antemano le pido me despida. Buenas noches.

El griego dejó que el muchacho se fuera sin decirle nada. Chasqueó la lengua y pasó su mano en su cabello sintiéndose de repente muy pesado y con ánimo, sí, de un cigarrillo. Terminó cediendo a sus instintos.

Aquella noche Shaka salió muy tarde de la biblioteca luego de trabajar fuera del horario terminando unos informes que debían ser enviados a la gerencia principal. Se había quedado respaldando a Saga, aunque tuvo que acostumbrarse al olor de cigarro por el estrés que cargaba el mayor debido a los cambios en protocolos de diversas editoriales que le complicaron la información. El rubio suspiró cansado, agradeciendo el aire puro que podía respirar ya avanzada la noche. Aunque Saga le había dicho de llevarlo a su departamento el rubio se había negado, considerándolo inadecuado por lo que caminaba así hasta una parada a esperar el colectivo. Estuvo esperando por unos minutos cuando un auto se detuvo frente a él y la ventanilla del piloto se deslizó para permitirle ver el conductor, el griego que había sido su jefe: Aioros.

—¡Shaka! ¿Qué haces por aquí a estas horas?—preguntó el griego con asombro.

—Trabajaba—fue sólo su respuesta.

Aioros casi lo iba a cargar para que Shaka entrara al auto y aceptara su oferta de llevarlo a casa. Ya resignado el rubio subió al auto y respondió cada pregunta que le hacía el griego en medio del camino, distraído, teniendo otras cosas más importante en mente que esas conversaciones.

—Entonces te estás ocupando de hacer las llamadas y pedidos a los proveedores, ¿además de los balances semanales?—el rubio asintió con desgano—. Pero Shaka, esas no son tus responsabilidades.

—Da igual, puedo ocuparme de ellas.

—Sé que Saga tiene un carácter fuerte pero no es necesario que te dejes esclavizar de esa forma. Te está sobreexplotando.

—Estoy bien…—Aioros veía el rostro de quien había sido en su tiempo el más vivaz y capaz de sus empleados, dinámico, obediente pero decidido y práctico, orgulloso a su vez. Comparándolo con lo que tenía a su lado este Shaka estaba apagado y resignado.

Y conocía muy bien a Saga como para pensar que de alguna forma se estuviera aprovechando de las habilidades del rubio para su beneficio. Lo dejó en la puerta del edificio donde compartía departamento con otro estudiante de intercambio, y se fue, con la idea de que tal vez si era necesario retomar su lugar.

Mientras tanto los dos hermanos se habían encontrados nerviosos en las mismas circunstancias. A la llegada de Kanon en su motocicleta al estacionamiento del edificio, vio a su hermano, fuera del auto y reclinado vagamente mientras miraba las figuras de humo que creaba en el aire. Tenía ya varios días en esa actitud taciturna, pensando demasiado, meditando no con el ceño fruncido que denotaba estar planificando algún proyecto, sino con el rostro relajado que advertía que se trataba de problemas sentimentales.

El asunto es que él mismo se encontraba en uno de esos enredos que le gustaría destajar de raíz.

¿En qué momento las cosas habían llegado a ese punto? Kanon había pensado en ello desde que cerrara el local y se dirigiera a su departamento luego de aquella conversación con Mu. Estaba asustado, cierto, había esperado alguna declaración amorosa que él iba a rechazar simplemente porque las sabanas y los negocios nunca se llevaban bien; pero al darse cuenta que no fue así había terminado decepcionado… No, peor, al saber que Mu tenía pareja fue como si le hubieran dado una patada en el hígado.

Furioso consigo mismo se acercó a su hermano y encendió un cigarro para acompañarlo en la tan penosa velada. Ahora resulta que los dos andaban de mal de amores y le molestaba, porque al menos si Saga estuviera bien podría molestarlo.

—¿Mal día?—inquirió el mayor al ver a su hermano en silencio soplando aquel humo gris al aire.

—Pésimo día—dio otro sorbo, mirando a la nada imitando asi a su hermano, sólo que se aburrió y empezó a caminar, patear una lata por allí, hasta que se encontró sin nada que hacer más que rascarse la cabeza y suspirar atolondrado—. Creo que me gusta uno de mis empleados—soltó sin más.

El mayor lo miró de reojo, antes de dejar caer el cigarrillo y apagarlo con la punta de su zapato.

—No me extraña…

—Hablo en serio…

—¿Fue por el que empezaste el proyecto?—el gemelo menor lo miró asombrado antes de balbucear una maldición y asentir molesto—. Lo supuse.

—¡Maldita sea!

Saga siguió su camino hacia el ascensor, mientras su hermano lo seguía en silencio encerrado en sus propios pensamientos. Lo agradecía, y sobre todo daba gracias al cielo que no le hizo una pregunta similar, porque Saga no estaba dispuesto aún a admitir una cosa: que estaba en las mismas circunstancias.

Cuando Shaka llegó ya Mu estaba allí, preocupado por no haberlo encontrado en casa aunque acababa de llamar. El rubio se excusó con lo del trabajo y de inmediato fue a darse un baño. Para ese punto, ya Mu empezaba a sentir que algo estaba fallando entre ellos. Shaka estaba allí, pero al mismo tiempo no lo estaba, además de sentir ese puñal atascado en el cuello cuando escuchó que para Kanon ese beso no había significado nada. Lo peor es que… se acababa de dar cuenta que con Shaka llevaba varios días sin besarse… incluso, tenían al menos tres semanas sin sexo.

Si, ¿cómo había llegado a tener tanto tiempo sin contacto? Lo más preocupante para él fue darse cuenta que eso no era anormal…

Se acostó antes de que Shaka saliera del baño fingiendo dormir. Realmente, debería pensar hacia qué punto eso que tenían era una relación…

Días pasaron… días donde durante las mañana Mu esquivaba a Shaka e iba a la universidad sus estudios, en las tardes reposaba un poco antes de ir a las noches al restaurant y trabajar. Ya Kanon le dirigía la palabra y en medio del trabajo a veces lo veía también dirigirle la mirada, aunque la retiraba rápidamente. Había presión, mucha. Había presión para él cuando sentía esos ojos verdes a veces observarlo y cada vez tardar más tiempo en virar los ojos a otra dirección. Estaba la presión de encontrarse en las mañanas pensando en si habría desayunado, y en las noches… en aquellas madrugadas al lado de Shaka mientras aquel dormía en sueños cada vez más pesado, el calor lo sofocaba.

Quiso convencerse que era por la falta de sexo… pero Shaka no lograba despertar en él deseo sexual, pese a que siempre había creído que era así. Y cuándo se encontró en el baño de su habitación, masturbándose con la imagen de ese beso, supo, que algo lo estaba matando por dentro. Aquella madrugada luego de liberar sus ansias, se bañó lleno de vergüenza.

No podía… no podía ser que realmente aquel hombre le estuviera llamando la atención.

—Mu…—escuchó su nombre antes de salir de la universidad en aquella mañana. Al voltear, se asombró al ver a Camus detrás de él con su siempre expresión seria que esta vez encerraba mucha preocupación—. Necesito hablar contigo.

Caminaron hasta uno de los árboles donde solían reunirse los cuatro juntos y de algún modo Mu sintió nostalgia. Recordó aquellos momentos donde él y Shaka siempre llegaban allí y conversaban de todo, de los profesores, de los alumnos, de su familia en la India… luego cuando Milo se les unió y al poco tiempo Camus, el cómo presenciaron el romance entre ellos y… sí, ese primer beso fque ue entregado por Shaka precisamente debajo de ese árbol. No se sintió, rememoró, como se sintió el que le entregó Kanon: pero había sido para él especial… ¿quizás fue desde allí?

—¿Todo está bien con Shaka en la India?—Mu levantó la mirada confundido, saliendo de sus pensamientos gracias a esa pregunta. Miró aquellos gélidos jades del galo, fijos y sin sombra de duda.

—¿Shaka? ¿La India? Supongo que sí por…—el escrutinio del francés le dio indicio…

—¿Shaka no ha hablado contigo? Hace unos días la Srta. Saori lo llamó en el salón, dijo que sus padres lo han estado llamando. Me consta que así es…—Mu estaba totalmente perdido ante lo que oía—, porque ha apagado el teléfono varias veces y aparecen llamadas perdidas de la India. He intentado hablar con él pero está imposible. Milo mismo me dijo que también lo ha notado retraído, que hace trabajo de más, junto la tesis…

—¿Tesis?—murmuró el tibetano… ciertamente Shaka le había comentado pero no… no sabía que ya la había iniciado… pensó que todo esos libros eran por los trabajos, que había declinado a la idea…

—¿No sabías que Shaka ya empezó su tesis?—en ese punto Camus mostró un evidente asombro en su inexpresivo rostro—. ¿Acaso algo mal anda con ustedes?

Eso había sido detonante. Mu tan rápido como pudo se escudo diciendo que se había enfermado para no ir a trabajar en la noche y atajar a Shaka. Fue al apartamento y azorado no tardo en revisar los papeles del rubio encontrando varias copias de lo que parecían ser borradores de su tesis. ¿Por qué Shaka no le había comentado nada? Solían hablar de sus trabajos, de lo que estaban haciendo, los libros que leían, los profesores que tenían… eso era lo que hacían, eso debería hacer ellos como amig…

Amigos…

—¿Mu?—escuchó la voz de Shaka llamándolo… pero sólo la palabra “amigo” orbitaba en su mente—. ¿No tienes que ir a trabajar hoy?

—Shaka…—el tibetano se puso de pie, dejando las copias de la tesis a un lado y mirándolo con indignación—. ¿Te han llamado de la India?—el rubio abrió sus ojos azules sintiéndose al descubierto. Tragó grueso y desvió su mirada un lado—. Camus me dijo que la Srta. Saori también te buscó y además…. Además la tesis…

—¿Qué pasa con la tesis?

—¡NO ME DESVIÉS EL TEMA!—y para ese punto Shaka contrajo su ceja con seriedad al notar que Mu estaba realmente molestó y que esa ira, al parecer, no era por una nimiedad.

—Mu…

—¿QUÉ PASÓ? ¿QUIÉN ES TU TUTOR? ¿POR QUÉ NO ME HAS HABLADO NADA DE TU TESIS?

—Calma Mu…

—¿Y PARA QUE TE LLAMAN? ¿PARA QUÉ APAGAS EL TELÉFONO? ¿POR QUÉ NO CONTESTAS? ¿QUÉ SUCEDE EN LA INDIA?

—Mu…

—¿POR QUÉ NO ME DIJISTES…?

—¡TU NUNCA PREGUNTASTE, MU!—gritó Shaka sobrepasado ante los gritos de su compañero—. NUNCA LO HICISTE, SÓLO HABLABAS DE TU MALDITO TRABAJO, DE TUS CLASES, JAMÁS ME PREGUNTABAS DE MÁS…

—¡NUNCA CONTESTAS…!

—¡NI TU INSISTES!—Mu se quedó en silencio, profundo silencio que permitió al rubio tomar aire para continuar, enrojecido de ira—. Lo de la India… no es nada—bajó el rostro… apretó puño—. Yo puedo encargarme de eso y lo de la tesis… te dije que la haría ¿recuerdas? ¿Ese día donde peleaste por una tontería?

—Al fin al cabo… sólo hemos sido amigo ¿no?—Shaka subió su rostro tan pronto como pudo con esa acotación—. Si hubiéramos sido pareja me hubieras tenido más al tanto… no me hubieras ocultado cosas…

—¿¡DE QUÉ DIABLOS HABLAS MU!?—exclamó Shaka ya irritado con esa acotación—. ¿AMIGOS? ¿TODO LO QUE HEMOS HECHO ES DE AMIGOS?

—Decides las cosas por ti mismo, ¡nunca me has tomado en cuenta! ¡Decidiste dejar el maldito semestre porque te provocó!—Shaka mostró espanto en el rostro, abrumado, desesperado—. ¡Nunca me dijiste sobre eso! ¡Ni tus planes de los cursos! ¡Ni del trabajo! ¡Tampoco me dijiste o esperaste más bien mi opinión sobre la tesis!

—Creo recordar que decidiste trabajar por tu cuenta sin decirme nada…—asestó el rubio con dolor.

—CLARO, ¡PORQUE SÓLO SOMOS UNOS MALDITOS AMIGOS QUE TIENEN SEXO!—y aquello lo había golpeado… duramente—. AL FIN AL CABO, TE GRADUARÁS Y TENDRÁS EL TITULO SIN IMPORTAR QUE YO QUIERA O NO. ¡PUEDO DEJAR DE ESTUDIAR EN LA UNIVERSIDAD Y NI TE DARÍAS CUENTA, SHAKA!—el rubio no dijo más, callado, recibiendo todo—. TENDRÁS TRABAJO Y TODO PORQUE PARA TI LO ÚNICO IMPORTANTE ES QUE TU ESTES BIEN, ¡ES QUE PUEDAS CUMPLIR!

Y el silencio… el silencio que lo había sentenciado todo.

Mu esperaba algo… no sabía que… ¿quizás algo que le dijera que estaba cometiendo una equivocación? Más Shaka no dijo nada… y el silencio lo ahogó.

—¡MIERDA!—espetó al tomar sus cosas y salir de la habitación, dejando a Shaka dentro sin decir más.

Tomó la puerta y la golpeó con fuerza, buscando huir de esa sensación amorfa que lo ahogaba. Tenía dolor, sí, pero era una clase de sentimiento que no podía comprender. Se sentía confundido, culpable si… eso era, se sentía culpable y no sabía de qué. De repente los pensamientos parecían agolparle en la cabeza, pensando que quizás lo que realmente buscaba era una escusa, algo que lo hiciera mantenerse al lado de Shaka, una escusa para quedarse a su lado…

¿O más bien para alejarse de él?

Con desesperación salió del edificio caminando rápidamente. Las ideas se agolpaban en su cabeza creándole una verdadera jaqueca; quería llorar también, quería maldecir, pensando en tantas cosas que no le hallaba coherencia. Caminó, caminó hasta que al final decidió tomar un taxi. Sentía que sólo había una forma de encontrar reposo, que sólo había una manera de calmar la confusión que tenía…

¿Le dolía por haber cuasi terminado por Shaka? ¿O por sentirse ruin al ser eso lo que quizás muy dentro esperaba? ¿De verdad buscaba la libertad? ¿Y para qué?

Para cuando se dio cuenta ya había llegado al restaurant y estaba en la puerta trasera, hacía la cocina. Fue uno de los ayudantes quien lo atendió y fue a llamar al jefe ante su pedido. Se sentó en las gaberas del lugar, con el corazón latiendo acelerado preso todavía del dolor y de la culpa de que en ese momento se detuviera a pensar en aquel beso.

—¿No qué estabas enfermo?—escuchó a su lado y eso había sido suficiente.

Se sintió ruin… se sintió ruin al comprenderlo… No era Shaka quien había cambiado… era él.

—¿Mu?—cubrió su rostro con sus manos… empezó a llorar—. Ey, ¿qué te paso?

Para Kanon verlo así, llorando, había sido algo a lo que nunca había estado preparado. Sus lagrimas se sentían diferente, pese a no verlas por aquellas manos, el llanto, la sensación, la atmosfera misma se sentía diferente. Agobiado por algo en su pecho se acercó inseguro. Sentía por dentro una voz que le decía debía huir… una vocecilla que le alertaba que de acercarse más terminaría enredado a él… algo…

—Soy despreciable…—masculló el tibetano contra sí mismo—. Soy despreciable, maldita sea…

Palabras que habían golpeado al griego con fuerza y… que empujado por un impulso, tuvo que responder…

Respondió colocándole una mano en la cabeza, suficiente, para que el muchacho se terminara de quebrar.

En tanto, en la oscuridad de la habitación, los pasos se escucharon. Shaka se sentó por fin en el filo de la cama que tenía años compartiendo con su pareja, recogiendo las copias que Mu había encontrado y leyendo el titulo que había escogido. Las dejó caer lánguidamente de sus manos y dos gotas de agua se precipitaron sobre ellas creando unas esferas de color. Le siguieron dos más… luego otro par…

—No quería que te sintieras culpable…—susurró en el vacío—. No quería que te sintieras culpable de… de no poder graduarme…

Y el teléfono sonó, de nuevo…

—Maldita sea…

A la misma hora…

—¡Maldita sea!

Incesantemente…

—¡NO ME QUIERO IR!

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