Inocencia (Cap 01)

Shaka acaba de llegar a Grecia luego de la muerte de sus padres pero se encuentra con la hija del prestigioso abogado Saga Andreatos, encuentro que terminara cambiando la vida de todos.

Anuncios

Temas: Yaoi, drama, Angst, romance, comedia (?)  Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Sasha, Saori, Milo, Camus, Aioria, Marin, Mu, Kanon, Yuzuriha, Shion
Resumen: Shaka acaba de llegar a Grecia luego de la muerte de sus padres pero se encuentra con la hija del prestigioso abogado Saga Andreatos, encuentro que terminara cambiando la vida de todos.

Este fic es viejo y está en proceso, está entre los posibnles que voy a retomar.

Capitulo 01: El Encuentro

Athenas, Grecia.

Shaka veía con cierto asombro esas nuevas tierras que se convertirían en su hogar. Sus padres habían muerto tres meses atrás, con una pequeña fortuna dejó la India, para buscar algún tipo de mejora en su estilo de vida.

Shaka Shahani era el hijo de dos acaudalados del negocio de telas hindúes, en especial las sedas, donde los mayores clientes residían en Europa. Tras sus muertes y la paga de una deuda millonaria, a Shaka no le quedó de otra que salir del país con su pequeña fortuna y desde niño le había llamado residir en Grecia. Sus padres durante mucho tiempo lo habían llevado a viajar a ese país, entre otros, como Francia, Inglaterra, Italia, incluso pisaron España. Pero para el rubio de ojos azules era el país donde se erigía la mitología de Zeus y Athena el que más le llamaba la atención.

Se sentía un tanto perdido. A pesar que hablaba inglés le era difícil acostumbrarse al lugar, la cultura y sobre todo, a las direcciones. Daba vuelta por una tercera vez al mapa que compró en el aeropuerto y trataba de conseguirle un significado a esos símbolos extraños. Bufó contrariado, rascando un tanto su cabeza al sentirse sinceramente fuera de órbita. Necesitaría alguna forma de ubicarse, había pedido una habitación de hotel alquilada antes de llegar, mientras se acostumbraba al nuevo lugar y hacía las diligencias pertinentes para conseguir un sitio donde vivir. Pero no sabía cómo llegar.

Decidido paró uno de los automóviles con copito en el techo, preguntando en ingles como llegar al Hotel Eliseo y notando en su interlocutor una cara de perdido en el espacio. Volvió a mencionar el nombre del hotel, señalarse a sí mismo y señalar el tilak en su frente, intentando decirle un: soy extranjero, necesito llegar a ese hotel. Afortunadamente algo entendió el chofer, ya que le hizo señales con la mano para que entrara al auto, y así ingresó con sus dos maletas de rueda que llevaba arrastrando desde que salió del aeropuerto. Aquel chofer le preguntaba una cantidad de cosas que no sabía entender y mucho menos responder. Sólo asentía de vez en vez intentando hacerle entender que le prestaba atención aunque no entendía media letra de lo que le decía. Vio que el hombre se sonreía con cierta malicia y Shaka empezaba a sentirse inseguro.

Sin embargo, todo se disipó cuando el auto se detuvo en frente a un edificio gigantesco. Confiado de que había llegado al lugar, dejó su propina y bajó del vehículo, asombrado viendo todo su alrededor. Tan perdido en sus pensamientos estaba que no notó cuando el conductor bajó del auto, lo tomó desde la espalda y sacó un arma discretamente. El rubio se paralizó, comprendiendo el asunto y el porqué esa sonrisa malvada que le había visto dibujar. A empujada y sin poder oponer resistencia, Shaka fue llevado por aquel hombre más alto y corpulento que él a un callejón al lado del hotel, oscuro y solitario. Fue arrojado contra la pared, de frente, y vio el arma frente a él la cual pegó debajo de su barbilla, cortando su espacio de escape al usar uno de los brazos contra la pared.

El hombre le hablaba y reclamaba algo. Shaka no entendía. Nervioso el sudor corría por su frente e intentaba dilucidar lo que el maleante le estaba pidiendo. Sacó su cadena de oro y se la arrancó de tajos, haciendo otras señas y diciendo otras palabras sin poderlas comprender del todo. Sacó su billetera, y el hombre tomó el efectivo, tirando el resto a un lado, para luego meter su mano izquierda directo a los bolsillos del menor, cosa que Shaka no pensó permitir. El arma entonces golpeó su frente y aturdido cayó a un lado del callejón. El hombre lo tomó por su camisa celeste plegándolo contra el muro de concreto y gritándole de nuevo. Pedía algo, buscaba algo y él no sabía a qué se refería. Intentaba decirle un “I don’t have” para darle a entender que no tenía eso que pedía, pero no parecía comprenderlo. Sacaba los billetes que había conseguido en su billetera y se lo tiraba en la cara. Era la moneda de su tierra y así tenían valor, pero al parecer al hombre no le servían. Shaka seguía confundido, sin saber cómo actuar y defenderse sería una tontería que sólo provocaría salir herido por oponerse. Asustado, realmente aterrado, cerró los ojos rogando a Buda por alguna forma de escapar y que ese hombre se fuera sin hacerle daño.

—¡¡POLICIA!! ¡¡POLICIA!!—escuchó la voz de una niña vestida de colegiala, cabellos lilas que caían por debajo de su oreja y con un temple envidiable, en la entrada del callejón. Shaka abrió los ojos desorbitados cuando vio que el hombre asustado apuntó sobre la menor.

Sin pensarlo se le abalanzó a aquel hombre y peleó por el control del arma, mientras le gritaba en su idioma que corriera de allí. Pero no, la niña no lo entendía, se quedó de pie y con sus esmeraldinas desorbitadas al verlo atacar de esa forma aquel hombre y buscar defenderla.

—¡¡¡POLICIA!!! ¡¡QUE ALGUIEN LLAMÉ A LA POLICIA!!—gritaba la menor con unos pulmones envidiables.

Y el hombre ofrecía resistencia, así que al poder lograr quitarle el arma de las manos y hacerla caer bien lejos de él; empezó a golpear desesperado el rostro del maleante, hasta dejarlo desmayado, con sus manos llenas de sangre. De inmediato se asustó, ahora llamando al hombre mientras lo tomaba del cuello. ¿Y si lo había matado? Vaya manera de ingresar a un nuevo país.

La niña al verlo tan desesperado llamando a aquel hombre y gritando Buda, se le acercó y buscando tranquilizarlo se puso a tomar los puntos vitales, como si se tratara de cualquier adulto. Shaka no paraba decir “I don’t want” a su favor, queriendo que alguien al menos le entendiera lo que quería decir. Para su sorpresa, la menor le tomó la cartera, el dinero, lo metió dentro del cuero y tomándole la mano le dijo: “I Know. Now, you run with me”.

Shaka abrió los ojos aún perdido al escucharle decir que corriera con ella, y no tuvo tiempo de pensarlo cuando la chiquilla salió corriendo con su billetera en mano. ¿Acaso de un ladrón terminó siendo asaltado por una niña? Sin meditarlo salió a su persecución, viendo como la menor se escurría, divertida entre los transeúntes que la observaban sin entender. El rubio logró alcanzarla, tomarla del brazo y así detener la carrera furtiva, mirándola sorprendido sin entender cuando habían llegado a un parque cercano con arbustos y vegetación notable. La chiquilla le sonrío divertida y apenas el hindú podía recuperar la respiración.

—¿De dónde eres?—le pregunto en ingles, entregándole de nuevo la billetera. Shaka se tiró a la grama con los brazos hacia atrás, buscando aire. Su resistencia física no era del todo loable.

—India…—musitó cuando logró medianamente recuperar el aliento. La niña se sentó entre sus piernas abiertas, con su falda tapando sus rodillas y mirándolo curiosa.

—Ese punto…

—Es un tilak…—los ojos azules de nuevo inspeccionaron a la niña—. Pudiste salir herida. ¡No vuelvas a hacer eso!

—¡Te estaban robando!—reclamó con un gracioso puchero que inflaba sus mejillas sonrojadas.

—Pero te pusiste en peligro…

—Sasha—completó la niña con una sonrisa, ladeando su rostro a la derecha, con un mechón violeta que enmarcó el contorno ovalado de su rostro—. Mi nombre es Sasha. ¿Y el tuyo?

—Shaka…—intentó ponerse de pie—. Y no deberías tampoco hablar con desconocidos.

—Ya no lo eres—resaltó la menor tomándole de la mano con una sonrisa llena de luz. Hermosa, pensó el hindú, reconociendo que tenía la belleza y un tanto la chispa de una diosa griega—. ¿A dónde vas?

—Buscaba el Hotel Elíseos…

—¡Yo puedo llevarte! ¡Sígueme!—y de nuevo, sin darle tiempo de acotar algo, la niña salió corriendo con el maletín más pequeño del mayor, provocando que Shaka no tuviera otra opción que correr tras ella.

Corrieron dos cuadras cuando pudieron llegar al emporio del hotel Elíseos, un edificio gigantesco y de visible categoría frente a la plaza estadal. Sasha corrió con rapidez hasta internarse en la recepción, sin prestar atención a los vigilantes y llegando hasta la asesora del lobby. Shaka llegó ya sin aire, ¿pero qué clase de batería tenía esa niña? El hindú estaba contrariado al no poderle seguir el ritmo a la pequeña.

—La habitación del señor Shaka—dijo la menor con soltura, la mujer le preguntó por el apellido del cliente.

—Shaka, Shaka Shahani—se presentó aún ahogado.

—Bien, bienvenido a Grecia, Sr. Shahani. Tomé las llaves de su habitación, número 76, piso 5.

—Gracias…—y antes de poder evitarlo, la pequeña le arrebató la llave de las manos y salió corriendo hacía el ascensor—. ¡Sasha! ¡Por Buda deja de correr!

Y el hindú no entendía como había terminado enredado con esa niña que sabía perfectamente como desordenar su vida, corriendo por las escaleras en vez de tomar el ascensor, riéndose al paso. ¿Pero que pretendía? Shaka ya para el tercer piso estaba sin aire, con el maletín a cuesta y sosteniéndose con sus rodillas para aspirar aire. Luego de unos minutos tomando oxigeno, hizo acopio de su fortaleza para llegar a su habitación ya abierta y ver la niña tirada en la cama mirándolo con cara divertida.

—Creo… que deberías regresar a casa—la pequeña se sentó con sus piernas flexionadas—. Tus papas deben estar preocupados.

—No quiero ir.

—Esto no es de querer o no. Dime tu apellido.

—No lo recuerdo—se tiró de nuevo a la cama, esta vez metiéndose entre el enredón. Shaka bufó cerrando la puerta. Empezaba a dolerle la cabeza quizás resintiendo el reciente ejercicio y su deplorable estado físico.

—Sasha… no me conoces. No deberías hacer esto con desconocidos.

—¡Si te conozco!—insistió la niña sacando su cabecita del enredón—. Eres Shaka Shahani y eres hindú—el rubio enarcó una ceja.

—¿Y qué edad tengo?—la menor ladeó la mirada con sus mejillas sonrojadas.

—¡Eres grande!—dijo en un hilillo de voz.

Shaka se acercó tratando de mantener su paciencia. No estaba muy cómodo con el asunto, pero la niña tampoco era mala. Quizás si se ganaba su confianza le diría a donde vivía y la llevaba a su casa. Así se acercó a ella, acariciando el cabello lacio y fino de su cabeza y sonriéndole.

—No puedes quedarte conmigo. Si te buscan, podrías meterme en problemas.

—¿Qué haces aquí?—preguntó con sus ojos verdes y brillantes.

—Vine a vivir aquí, pero sólo habló ingles… y tengo que buscar donde vivir.

—¡Yo puedo ayudarte!

—No no, Sasha, tienes que regresar con tus padres.

—¡No quiero!—de nuevo se escondió entre las colchas—. Estoy cansada, tengo sueño.

Resopló hastiado. Al final convino en dejarla dormir, lo cual hizo, a los pocos minutos se había quedado dormida. No traía morral, ni carnet, no tenía forma de saber donde estaban sus padres y cuál era su apellido. Pensó que debería entonces engañarla y llevarla a la jefatura más cercana. Lo menos que quería tener era un problema legal apenas llegando a Grecia. Afortunadamente, la cama era lo suficiente espaciosa como para el recostarse y tomando en cuenta que no durmió nada en el avión por el miedo a las alturas que le dio, más las carreras que tuvo que realizar detrás de la niña, sentía que el cuerpo le pedí descanso.

Se dijo que sería sólo cinco minutos, pero terminó quedándose dormido pesadamente, dándole la espalda a la niña cubierta con las colchas, él con toda la ropa encima y sin importarles las horas que pasaban siguieron descansando. Sasha fue la primera en despertar y quedarse admirando al joven a su lado. Se veía como un ángel durmiendo, respirando plácidamente. Lento y profundo, con el flequillo que se deslizaba graciosamente hasta la almohada. La sonrisa antes brillante de la menor se tiñó de tristeza, pensando en su familia, en si la estaban buscando.

Más no quería regresar…

Tenía miedo de regresar…

Y ese chico le daba confianza, le gustaría quedarse con él, era como esos príncipes azules de los cuentos de hadas. Si, sentía que él era el príncipe de corcel blanco que vino de un reino lejano para salvarla de la tristeza de su casa y las discusiones que siempre se propiciaban por ella. Amaba a sus padres, si, los amaba, y sentía que si ella no estaba en casa, ellos podrían ser felices, ya papá no pelearía con mamá por la educación, ni mamá con papá por la falta de tiempo. ¿Sería que podría quedarse con él? Quiso entonces ganarse ese favor.

Bajó de la cama con cuidado, para no despertarlo y detalló las maletas. Las abrió y en silencio sacó todo, buscando acomodarlo en el closet. Estaba segura que haciéndolo lo convencería de quedarse con ella, de así convertirse en su hermano mayor, ¿o su papá? No, era muy joven para ser su papá, era mejor pensar en hermano mayor. Aunque era tan lindo que también le gustaba pensarlo como futuro esposo. El color le subió a las mejillas al encontrarse pensando en casarse vestida de blanco con el rubio esperándola en el altar sonriéndole. Con una risilla picara, se propuso a ordenar todo para que Shaka no la regresara a su casa, para que le permitiera quedarse a su lado y así poder dejar a sus padres rehacer su vida y quererse como todos los papás deberían quererse.

Entre tanto, en una mansión acaudalada el grito del dueño fue lo que coronó la salida de Milo Kana del bufet. El joven griego de cabello azul desortijado salió corriendo cerrando la puertas tras de sí antes de que cayeran una cantidad de cosas estrellándose contra la madera. Respiró hondo, ya olvidando cuantas veces había escuchado lo mismo. Ser despedido era lo más normal en la casa de los Andreatos.

El jefe estaba furioso, jamás lo había visto así y razones de sobra tenía. Su pequeña niña desapareció del colegio en donde estaba, dejó todo, su morral, documentos, nadie sabía dónde estaba desde el mediodía y ya eran las siete de la noche. Caminó un tanto para la sala donde esperaba el profesor particular de idiomas, que se quedó literalmente plantado por la pequeña princesa de los Andreatos, un francés con mirada gélida y una expresión de pocos amigos, seriedad apabullante. Milo le sonrió con una mueca desganada.

—¿Te despidió de nuevo?—el griego sólo se encogió de brazos—. Vaya…

—No tengo la culpa, soy sólo el chofer. No tengo la culpa que la niña se haya fugado.

—Pudieron haberla secuestrado—acotó el francés con tono frío.

—Estoy seguro que se escapo, es así de inquieta.

El francés golpeó con suavidad el hombro del griego, en señal de ánimo, dispuesto a retirarse ya que la clase no se daría. Con un suspiro desanimado vio al profesor partir, pensando que también sería bueno ir hasta su habitación y esperar por noticias.

La familia Andreatos, sólo compuesta por los padres y la pequeña niña, eran una de las más adineradas de Athenas. Saga Andreatos, el padre, era un hombre con carácter fuerte y voluble, un líder nato, presidente de un bufet de abogado judicial más importantes de la ciudad y el país. Abogado penalista, los casos que caían a sus manos estaban condenados a ser ganados, no había una sola derrota en su hoja de vida. Férreo, de veintiocho años, era conocido por la fuerza de su voz de mando para hacerse obedecer y su capacidad para manipular.

Su esposa, Saori Andreatos, era una hermosa joven de clase alta que conoció en su viaje a Japón. También griega, aunque vivía con su abuelo, fue desposada cuando quedó embarazada de la pequeña Sasha, su retoño. Estudió diseño de moda, pero no ejerce su profesión, encargándose mejor de los trabajos y organizaciones de su abuelo, ayuda a los huérfanos y demás actividades de caridad. Hermosa de cabello lila y ojos azules, era siempre el centro de las miradas.

Su hija Sasha nació con la belleza de su madre, los ojos de su padre y una energía impresionante. Pero para nadie era secreto dentro de la mansión que entre los señores no se llevaban muy bien. Las discusiones de ambos por la pequeña cada vez se hacían más fuerte. Saori reclamaba a Saga la falta de tiempo para atender a su hija, dejándole toda la crianza a ella. Saga por su parte reclamaba a su esposa el mal comportamiento de la menor, las bajas notas y el hecho de no querer obedecer las reglas por culpa de su crianza. Si bien nunca se había conocido al matrimonio por ser el nicho del amor y la comprensión los últimos meses las cosas estaban tomando tintes cada vez más violentos.

Lamentablemente, entre los trabajos judiciales del padre y los eventos caritativos de la madre, Sasha pasaba más tiempo a solas con la servidumbre y los maestros particulares, sin poder jugar con otros niños y con la terrible carga de ver a sus padres discutir en cuanto pasaban cinco minutos respirando el mismo aire. Por eso, Milo estaba seguro que lo que hizo la niña fue escapar al menos un momento de tan terrible realidad… Después de todo, ¿cómo explicarle a una niña de ocho años que esas discusiones que se propiciaban por ella no era su culpa?

Salió de esos pensamientos cuando sintió el toque en la puerta de su habitación. Sin pensarlo, Milo se había tirado a la cama a esperar por cualquier noticia, pensando en todo lo que había ocurrido esa semana y pudieron obligar a la niña a huir. Se levantó de la cama y abrió la puerta, encontrándose con Marin, una jovencilla de cabellos rojos como fuegos quien era la niñera de la pequeña, al pendiente de sus tareas, de su alimentación y horas de recreos.

—El Sr. Andreatos lo llama—dijo la joven sin mediar protocolo. Milo bufó, ya imaginando que habían encontrado a la niña e irían a buscarla.

Para ese momento entonces se vio la imponente figura del abogado penalista y futuro juez del estado, Saga Andreatos, saliendo con un abrigo negro de pieles, portentoso, el cabello amarrado hacía atrás dejando caer algunos mechones sobre su frente fruncida, el rostro más severo jamás visto. Estaba dispuesto a buscar a la niña de sus ojos y arrancarlas de los brazos de quien sea que la haya secuestrado. Porque para él, su pequeño lucero no podría estar huyendo de sus brazos… No, si Sasha no estaba en el colegio fue porque alguien la secuestró.

Entre tanto en el hotel Shaka despertaba perezoso y sin saber donde estaba. Perdido por unos minutos intento dar retroceso a sus memorias y entender cómo había llegado allí, qué estaba haciendo y qué hora era. Con sorpresa vio la puerta del baño abrirse y a la pequeña niña con una toalla en la cabeza y una de sus franelas puestas. El rubor le subió en la cara del hindú, levantándose sobresaltado. ¡Qué hacía él con una niña! Y lo peor es que dadas las circunstancias y como estaba vestida cualquiera pensaría que era un pederasta. ¡Y apenas llevaba horas en Grecia! El rubio saltó de la cama asustado, buscando su móvil para ver la hora y darse cuenta que ya serían las ocho de la noche. ¡Durmió demasiado!

—Buenas noches, bello durmiente—saludó la menor con una cálida sonrisa. El rubio de inmediato puso su rostro más severo.

—Sasha, ¡es hora de llevarte a donde están tus padres!—sentenció el mayor levantándose de la cama y cruzándose de brazos, la pequeña lo miro compungida.

—¡No! ¡Yo quiero quedarme aquí contigo! Arregle tus maletas y…—el rubio viró los ojos hacía la maletas vacía y toda la ropa arreglada… o aparentando estarlo. Bufó contrariado.

—Sasha, tus padres deben estar preocupados por ti. Dime tu apellido, o donde vives… o al menos…—calló de improvisto cuando la menor corrió hacía sus piernas y se aferró a ellas con todas sus fuerzas. El rubio no sabía que pensar al respecto. Estaba desarmado…

—Por favor… no me regreses a que mis padres…—lloró la niña con verdadero sentimientos—. ¡¡Si regresó no serán felices!! No me lleves… yo quiero que sean felices… yo quiero que sean felices…

Y ante esas palabras el rubio literalmente se quedó atado de manos…

One thought on “Inocencia (Cap 01)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s