Inocencia (Cap 02)

Shaka se ha encontrado con una pequeña niña que no quiere regresar a casa, pero de seguro sus padres la estarán buscando. ¿No le acarreará eso problemaspara su reciente llegada a Grecia?

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Temas: Yaoi, drama, Angst, romance, comedia (?)  Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Sasha, Saori, Milo, Camus, Aioria, Marin, Mu, Kanon, Yuzuriha, Shion
Resumen: Shaka acaba de llegar a Grecia luego de la muerte de sus padres pero se encuentra con la hija del prestigioso abogado Saga Andreatos, encuentro que terminara cambiando la vida de todos.

Shaka se ha encontrado con una pequeña niña que no quiere regresar a casa, pero de seguro sus padres la estarán buscando. ¿No le acarreará eso problemas para su reciente llegada a Grecia?

Capitulo 02: El Rescate

Lloraba, lloraba con verdadero desazón. Sus lágrimas trémulas llenaron de inmediato el jean del mayor, quien sin habla, sin entenderlo y sin saber cómo actuar, no tuvo otra opción más que agacharse a su altura y permitir que la niña se enganchara a su cuello y llorara con libertad. Sus dedos largos y delgados acariciaron la cabecita de la niña, buscando consolarla. Su otro brazo rodeaba el pequeño cuerpo abrazándolo hacía él.

Y ella seguía llorando…

Ya no hablaba en ingles, pero sus palabras denotaban verdadero dolor, uno tan palpable que Shaka inevitablemente se sintió tocado por él. Muchas cosas pasaban por su cabeza sin entender la negativa, lo único real y seguro es que la niña huía de sus padres. Decía que si ella regresaba sus padres no serían felices, eso significaba que sus padres discutían por ella. Era realmente triste que los problemas matrimoniales de una pareja afectaran de esa forma a los niños. Así que no tuvo otra opción que abrazarla y consolarla, decirle en ingles que todo estaría bien y ya que no se calmaba, sólo atinó a cantarle una vieja canción de cuna que solía cantarle su madre cuando niño.

No es que tuviera una buena voz, ni excelente dicción vocal, pero la letra de la canción junto al susurro tan intimo en el oído, alivió en mucho el llanto de la menor, quien se aferró al cuerpo del idioma, permitiendo cerrar los ojitos y pensar que quizás estaría en otro lugar, en otro reino, donde ella fuera princesa y el su príncipe azul. Así volvió a descansar, hasta que la canción acabo y ella limpió sus lágrimas con la franela blanca de algodón que llevaba puesta el extranjero.

—Gracias…—le susurró la niña, sonriéndole sinceramente. De agradecimiento le dejó un beso en la mejilla y el rubio le sonrío con ternura.

—A veces los adultos somos unos tontos—le explicó el rubio peinando con sus dedos el cabello lila de la menor—. Decimos y hacemos cosas que hieren a las personas que mas amamos, y muchas veces no nos damos cuenta de ellos o por orgullo, al hacerlo, no nos permitimos arreglarlo.

—¡Tú no ere así! Tú no me herirías, ¡tienes buen corazón!—la tristeza se dibujó en el rostro del hindú.

—No puedes asegurarlo, Sasha…

—Marin dice que yo puedo ver la bondad de los corazones y no me equivoco—remarcó con un leve puchero en sus labios.

—Pero las personas somos complejas, Sasha. No prometo no herirte, pero si remediarlo para no lastimarte más.

Se levantó así del suelo luego de limpiar con sus dedos las lágrimas de la pequeña. Se agachó de nuevo para dejarle un beso en la frente, casto, tierno, que provocó en la menor un leve sonrojo. El mayor le sonrío, señalándole la cama para que ella se sentara.

—Mira Sasha, por hoy te dejaré quedarte conmigo, pero…

—¡Quiero quedarme contigo!

—Sasha…—la mirada de la niña de nuevo se enturbió. El rubio se sentía desarmado ante ello. ¿Cómo hacer para que la menor regresara con sus padres? Si de algo estaba seguro es que, inevitablemente, él no podía quedarse con ella—. Bien, primero busquemos que cenar. Quédate en la habitación, saldré a los alrededores a ver si consigo comida rápida.

Vio la sonrisa de la pequeña quien se cubrió con las colchas moviendo sus pies debajo de ella para mostrarle que esperaría obediente por él. Con una sonrisa tomó un poco de dinero de su maletín para salir a buscar que comer. Salió de la habitación contrariado. Podría regresar con un oficial que se la llevara, pero sería traicionar la confianza de la menor y la forma menos sana de hacerla regresar. Lo mejor que podía hacer era tratar de convencerla para que el día siguiente le dijera quienes eran sus padres y donde vivía, llevarla y quizás hablar con ellos para plantearles que las discusiones entre ellos le afectaban.

De seguro Buda lo cruzó con ella para convertirse en un amigo y aliado en la guerra que significaba estar en su casa.

Bajó al Lobin y saludó cordialmente a la recepcionista, preguntando dónde podía buscar comida por fuera. Ella le mencionó varios restaurant, pizzería y centro de comidas en la redoma y el hindú lo agradeció, saliendo en busca de algo bueno para comer. No tardó mucho en ubicar una venta de hamburguesas, donde pidió dos servicios para llevar y un helado para que compartieran entre los dos. Por ser día especial le entregaron una muñeca de origen alemán, con la vestimenta típica, al parecer celebraban la diversidad de culturas. Shaka vio entonces una hindú, morena de cabello negro y un sari rosa. Tardó casi diez minutos intentando convencer al encargado para que se la cambiaran por aquella y afortunadamente, quizás al darse cuenta que era extranjero, le hizo el cambio.

Contento, Shaka volvió a subir a su habitación donde la menor ya pasaba los canales de la televisión con verdadero interés. Le comentaba que no sabía que habían tantos canales, realmente asombrada. Que en casa le permitían ver tres canales, y era solo una hora de televisión. El rubio le sonrío invitándola a sentarse al suelo con él, para compartir la comida. Sasha bajó de la cama y se sentó tapando sus piernas con la franela puesta, no algo difícil tomando en cuenta que le arrastraba. Comió su parte, mientras el hindú comía la suya y le limpiaba el rastro de salsa que caía por su comisura con la servilleta. La niña le sonreía graciosa, el hindú la miraba enternecido.

Sabía que estaba mal, pero se estaba encariñando con la menor.

—Mira, venía con el pack de hamburguesa para niños—le extendió Shaka la muñeca hindú y a niña la veía asombrada, no era de la calidad de las muñecas que tenía en su habitación, todas costosas y con vestidos extravagantes. No era rubia además, sino morena, con un gracioso punto en la frente y un vestido extraño—. ¿Te gusta?

—¡Es linda!—exclamo la menor emocionada—. ¿Ese punto?

—Es un tilak, o tercer ojo. Significa el conocimiento más allá de los ojos terrenales—le explicó el rubio tomando la muñeca en mano—. Y este traje, es un traje típico de la India, se llama Sari. Es una tela que se amarra sobre el vestido de la mujer, da varias vueltas y dependiendo de si la mujer es casada, viuda o una doncella virgen, depende los colores a usar.

—¡Waooo!—susurró la menor, arrancándole la muñeca de las manos—. ¿Cómo puedo llamarla? A mis muñecas le coloco nombre—el rubio lo meditó por unos momentos.

—¿Te gusta Saira?

—¿Y quién es Saira?

—Era el nombre de mi madre, pero ella murió hace unos meses con mi padre—los zafiros se enturbiaron por un momento. Como respuesta y sin esperarlo, la menor se guindó de nuevo a su cuello, abrazándolo. Shaka se sonrió impresionado con el gesto, respondiéndole, consciente que quizás por ser tan cercana la pérdida aún mostrara tristeza.

—Lo siento…—susurró la pequeña, peinando el cabello dorado con sus suaves dedos.

—La muerte es parte de la vida, Sasha. No hay nada que lamentar. Ellos reencarnaran más adelante, como una flor, o un animal, quizás como nuevas personas. Y se reencontraran en otras eras—el rubio le sonrió para darle confianza, obteniendo de respuesta otra sonrisa de la pequeña.

—Quiero reencarnar como una flor. Quiero ser un lirio, a mamá le gustan los lirios. Una vez me dijo que papá le llevaba muchos lirios cuando la estaba enamorando…

Y así la pequeña empezó a hablar de su familia, sin mencionar apellido, pero le hablaba de un chofer, un profesor de idiomas, un profesor de natación, uno de esgrima, una niñera, los sirvientes, una cantidad de personas además de sus padres que la debían estar esperando en casa. Todos ellos eran amables con ellas y a todos ellos quería, los sentía más de su familia que el propio padre que vez en vez veía en alguna celebración o la hora de la cena.

Shaka escuchaba todo, meditaba todo, sopesaba todo. Y poco a poco se iba encariñando más con ella.

Entretanto luego de horas buscando por toda la ciudad, la lujosa limosina de nuevo entraba al jardín de la mansión. Milo escuchaba los gritos y mandos de su señor a través del móvil, buscando movilizar a toda la policía con el único deseo de encontrar a su pequeña. Ante la negativa de montar una denuncia hasta cumplirse las reglamentarias 72 horas de desaparición, Saga Andreatos ya sopesaba usar sus propios medios para encontrar a su pequeña. No era extraño que siendo él quien era y con toda la influencia que manejaba, que tuviera en su poder fuerzas más allá de las policiales a sus servicios. Un italiano quien le debía su libertad y le había ofrecido su protección sería él más indicado para el trabajo. Y mientras esperaba por las noticias, le había dicho a Milo que no parara de dar vueltas por todas Athenas hasta encontrarla.

No dejaba de ver el vidrio. El ilustre abogado no dejaba de ver el vidrio y observar con detenimiento cada niño que estaba en la calle, acariciando sus sienes y recordando de nuevo la última discusión que tuvo con su pareja. ¿Es que no entendía que todo el trabajo, todo lo que invertía era para que ellas tuvieran la digna vida que les estaba dando? Sin su trabajo, sin sus esfuerzos para entrar al ámbito político, no podría darle los mejores profesores a su hija, ni los mejores lujos, los más costosos regalos y los más bellos vestidos. Ofrecerle a su esposa la vida de alta sociedad que ya vivía en Japón, con los mejores trajes, las mejores joyas. Ser quienes eran en Athenas, exigía su completa atención. ¿Acaso no podía en base a ello dejar confiado la crianza de su hija en manos de su madre? Más sin embargo una palabra de ella lo había descolocado y enfurecido a tal punto que empezaron cada quien a sacar a relucir los errores y defectos del otro.

“Por tu culpa yo no pude ser modelo. De no haber llegado Sasha, ¡en estos momentos estaría en la alta costura de Paris!”

Podrían jugarse con lo que quisiera, podrían culparlo de lo que fuera… pero no… jamás deberían meterse con la vida de su pequeña. Sasha tal vez en un principio fue un error del cual Saga se arrepintió en su tiempo, pero que al poco paso de los meses lo vio como una bendición. Incluso, hasta su relación con su hermano gemelo, que es mercader marítimo mejoró de forma impresionante. Ambos hombres se volvían en mero juguetes de la pequeña cuando se lo proponían. Kanon, que era un renuente de tener hijos y había decidido una vida de placer, sexo y trabajo en el mar; apenas tuvo a la bebe en brazos se convirtió en un corderito amansado. Cada vez que bajaba al puerto cada seis meses, era trayendo regalos diversos de los distintos países que visita para la niña.

Su Sasha era su lucero, lo más bello que quizás tenía en su vida, y lo único que amaba con locura.

Por eso, esforzarse para darle cada vez más estatus, que fuera la princesa de su pequeño castillo como las nenas de su edad deseaba, era su mayor objetivo. ¿Pasar tiempo con ello? No creía ser buena influencia él, un hombre metido entre la justicia y la violencia, entre lo correcto y lo oculto. Un hombre que por manipular las cosas a su bienestar podía firmar un pacto con un dios o un demonio. Ella era un lucero muy puro para un lobo de la ley como él. Él no quería mancharlo con su forma retorcida de ver el mundo y la justicia, donde sólo el más fuerte tenía derecho a vivir bajo la luz… Pensó que su madre sería mejor influencia al estar metida de lleno en las obras de caridad… Creyó que con esa era suficiente.

Mientras tanto, en la habitación del hotel, de nuevo la pequeña estaba dormida, con la muñequita hindú en sus manos y una sonrisa enmarcada. Nunca pensó ver a una niña tan emocionada por comer una simple hamburguesa y papitas fritas con salsa de tomate con tanta devoción. Era como si nunca hubiera probado una.

El rubio lucía contrariado ante ese cambio de panorama repentino. Lo que le había contado a la niña ya le daba una visión de que se trataba de una familia acaudalada. Parecía a esos sueños que tanto había escuchado de niño, esas princesitas escondidas en un palacio con sirviente y demás, esperando su príncipe azul. ¿Y que podría saber de lujos el joven Shaka? Si bien su familia era acaudalada en la India, no lo disfrutaban como tal. Su lema era trabajo y ahorro, a duras penas unos viajes familiares en el extranjero. Durante pequeño lo acostumbraron a ayudar en el negocio familiar así que desde muy joven atendía con sus padres varios negocios de la familia. Shaka no conoció que era jugar con otros de su edad, solo trabajó y estudió. Quizás por eso su resistencia física era tan paupérrima, terminó concluyendo.

Como sea, no podía quedarse con ella.

Debía pensar en una forma de sacarle más información en la mañana siguiente sobre donde vivía o al menos el apellido para comunicarse con su familia. Agradecía a Buda haber sido él y no otro quien la encontrara o… ¿se dejara encontrar? Estaba consciente que muchos hubieran aprovechado las circunstancias para lastimar a la menor que inocentemente buscaba otro cobijo porque para ella, estando ella en casa, jamás sus padres serían felices. Terminó decidiendo que el día siguiente la convencería de hablarle más al respecto.

Con presteza se quitó toda la ropa en el baño, bañándose con el agua caliente y disfrutando un poco del momento. Necesitaba concentrarse y sobretodo enfocarse. El día siguiente sería el momento de entregarla, sus padres debían estar preocupados y esperaba que aún no se hubieran cumplido las setenta y dos horas reglamentarias para poder entablar una denuncia, porque si no, podría ser culpado de un secuestro. Lavó entonces su largo cabello dorado sudado, con bastante dedicación. Se arregló con un deportivo de algodón gris, y una franelilla sin manga blanca que logró conseguir en los arreglos que hizo la menor en el closet. Ya listo, se recostó a un lado y se quedo dormido de nuevo.

—Milo, ¡el hotel Eliseos!—ordenó el jefe ya a entradas las cuatro de la mañana. Estaban estacionados en frente del colegio de la menor. Milo ya empezaba a cabecear.

—Sí, señor.

—¡¡Maldita sea!! ¡La tiene un maldito extranjero!—reclamaba el hombre realmente furioso. El italiano había usado sus cartas para encontrar el paradero de la pequeña. Milo ya rogaba por el alma del pobre extranjero.

Y el carro entonces daba marcha hacía ese otro lado de la ciudad, en busca de por fin ubicar a la nena. Pasó al menos media hora manejando con velocidad más allá de la permitida por las avenidas solitarias de Athenas, mientras Saga arreglaba su arma y avisaba a la seguridad de su casa para que lo esperaran en la recepción.

Con velocidad al haberse estacionado en la entrada, la puerta de la limosina abrió mostrando el portentoso hombre de negro, con la mirada brillante, inyectada de deseos asesinos. El italiano apodado DeathMask lo miraba con una sonrisa sonsacadora, informándole que todo indicaba que era un hindú que apenas había ingresado en Grecia. Que al parecer por lo que pudieron averiguar de él en la India había perdido mucho de su fortuna en el pago de deudas a otros acaudalados. Pensar en el secuestro para tener algo con que empezar en Grecia se veía como una buena opción, sólo que escogió a la persona incorrecta.

El ceño fruncido, el andar prepotente, Saga Andreatos junto a DeathMask, Shayna como una de las manos derecha de la mafia italiana en Grecia y otros dos hombres más; subían al piso cinco donde el hotel les había dado potestad de actuar mientras fueron silenciado con una poderosa suma de dinero. Llegaron a la puerta de la habitación y fue el padre de la menor quien tocó la madera, con delicadeza pero seguridad, esperando a ver la reacción del captor.

Shaka entre tanto despertó sobresaltado. Le extrañó que alguien tocara a esa hora en la habitación y con pereza se levantó, buscando sus pantuflas mientras medio acomodaba su cabello. Caminó hacia la puerta y dando un bostezo aún adormilado, abrió, sin esperar lo que venía. No bien había estado frente a quien lo buscaba, cuando un derechazo lo arrojó con fiereza a la peinadora de la habitación trayéndose en el proceso todas las cremas y adornos del hotel y cayendo boca debajo de bruces. La menor al sentir el ruido de lo ocurrido se despertó asustada.

—¡Shaka!—gritó la pequeña saliendo de la colcha con sólo la franela del rubio puesta. Esa imagen fue suficiente para el padre. La sangre le hirvió en las venas.

—¡¡MALDITO ENFERMO!!—Y Shaka apenas y pudo levantar su cabeza aturdido con el golpe en su mejilla y la sangre que brotaba de sus labios, cuando escuchó aquel grito que no entendía que decía pero si de algo estaba seguro, era que sonaba muy furioso.

—¡No papa!—gritaba la menor en su idioma.

Shaka lo único que pudo atinar fue buscar esconderse en la cama, cuando sintió que dos manos le tomaron de los tobillos. DeathMask observaba divertido como el tan acomodado abogado estaba convertido en una fiera y la menor intentaba llamar su atención con los gritos. Pero Saga no pensaba, sus ojos esmeraldas se habían inyectado de sangre al ver a su pequeña en manos de ese extranjero y en esas condiciones, durmiendo con ella en la cama… ¡SACRILEGIO! Y le enfurecía que el hombre en vez de buscar defenderse, se escondiera debajo de las colchas e interpusiera las almohadas para no recibir los golpes de lleno. Con sus manos tanteaba a través del edredón las piernas del hindú, cayéndole encima con su pecho, manoteando con el otro con las colchas en el medio y a duras penas escuchando a lo lejos un “Buda” cada tanto. No entendía que decía aquel, Shaka no entendía que decía el otro y Sasha pero si de algo estaba seguro es que ¡lo iban a matar!

De improvisto el mayor le quitó las colchas de la cabeza y preparaba un gancho derecho para desmayarlo cuando se detuvo. El rubio con las dos manos en alto y los ojos cerrados rezaba en quien sabe qué idioma, sangrando la boca, inflamada su mejilla. Lo que lo paralizó fue su pequeña abrazándolo por detrás y llorando conforme rogaba por la vida del joven. Miró hacía atrás para ver las esmeraldas enrojecidas de su hija sollozando asustada. Devolvió la mirada a su presa encontrándose con dos zafiros asustados y enrojecidos murmurando un “Sorry”.

—Shaka no hizo nada malo, ¡yo fui quien me metí aquí!—le decía la pequeña en su espalda, llorando realmente desbordada—. ¡No lo mates! ¡No lo mates!

Devolvió la vista al joven, quien lo observaba realmente pasmado, respirando agitadamente. No era de Grecia, bien estaba claro. Su… belleza era extranjera.

4 thoughts on “Inocencia (Cap 02)

  1. Realmente promete. Por eso me gusta empezar a leer cuando hay más capítulos… Me deja con las ganas. Espero pronta actualización. Un comienzo muy interesante.

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