Inocencia (Cap 03)

Luego del desconecratnte encuentro, Shaka ha tenido que recibir cuidados médicos. ¿Pero acaso será la última vez que vería a la niña? ¿O el destino tiene algo prepado?

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Temas: Yaoi, drama, Angst, romance, comedia (?)  Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Sasha, Saori, Milo, Camus, Aioria, Marin, Mu, Kanon, Yuzuriha, Shion
Resumen: Shaka acaba de llegar a Grecia luego de la muerte de sus padres pero se encuentra con la hija del prestigioso abogado Saga Andreatos, encuentro que terminara cambiando la vida de todos.

Luego del desconecratnte encuentro, Shaka ha tenido que recibir cuidados médicos. ¿Pero acaso será la última vez que vería a la niña? ¿O el destino tiene algo prepado?

Capitulo 03: El Tutor

La niña lo abrazaba con fuerza, sujetando su abrigo y temblando mientras lloraba y repetía pidiendo no matar a ese extranjero que tenía debajo de él. Los ojos azules, a su vez, lo miraban asustados, enrojecidos, con el rostro inflamado y un hilo de sangre brotando de sus labios heridos. El cabello dorado desperdigado entre las colchas, las mejillas enrojecidas, el muchacho que se veía mucho menor que él y con una mirada sumamente transparente que en algún momento logró captar la atención del abogado. Y fue en ese minuto que se dio cuenta del espectáculo que les estaba dando a la mafia italiana en Grecia.

Con una mirada llena de odio y cargando a la niña en sus brazos, el hombre se levantó de la cama y reviso con cuidado el estado de la menor. Limpió sus lágrimas con sus dedos gruesos y sujetó la barbilla de la pequeña para verla en detalle. La niña se enganchó de su cuello calmándose un tanto, diciéndole que ella se lo había encontrado cuando intentaban robarlo, que era inocente y que ella era quien no se quería ir de allí. El abogado volvió su mirada hacía el rubio, viendo como intentaba levantarse de la cama pero se sujetó las costillas con una mueca de dolor. La sangre seguía brotando de sus labios.

Sasha al ver el estado en el que estaba su nuevo amigo hizo esfuerzos para que su padre la soltara de su agarre y al estar en el suelo salió corriendo hacia el extranjero. El hindú no devolvió la mirada al padre, estaba muy avergonzado y preguntándose una gran cantidad de veces como rayos había terminado en ese lio.

—¡Lo heriste mucho papá!—se quejó la pequeña con su ceño fruncido. El mayor sólo viró la mirada a un lado. ¡No pensaba disculparse!—. Pobrecito, ¿te duele mucho?—de nuevo el padre miró de reojo la escena. El rubio renegaba con el rostro, con la vista baja.

—Tienes que regresar con tu papá—le dijo en ingles, acariciando los cabellos violetas.

—¡Pero estás herido!—le dijo en el mismo idioma, luego volteó a ver a su padre—. ¡Hay que llevarlo para que lo curen!—habló en griego.

—Sasha, es un desconocido…—la menor lo miró con dolor, agarrándose del cuello del hindú pese al quejido de dolor que aquel lanzó. Lo estaba lastimando pero su inocente mente no le permitía entenderlo.

—Sasha, ve con tu papá.

—Lo llevaremos a un hospital, ¡y le pondrán una inyección!—la ceja del mayor medio se encorvó en su férreo semblante. El italiano lanzó una risa divertida.

—Vamos jefe, el hindú puede denunciarlo si no lo atienden.

—¿Denunciarme?—volteó el abogado molesto. Los ojos azules del albino lo miraron fijamente.

—Recuerde que, legalmente, señor de la ley, no hay secuestro. No han pasado 72 horas y la niña dice haber estado aquí bajo su voluntad—las esmeraldas enfurecidas le ordenaron en silencio que se callara.

—Es cierto, si papá no lo lleva a la clínica, ¡Shaka puede denunciarlo!—dijo la menor en ingles con alegría. El hindú la miró sin comprender y Saga estaba a punto de maldecir a los dioses. ¿Era su hija la que pedía que lo denunciara?—. Así entonces papá pasara más tiempo en casa, en ese arresto dominicano.

—¡¡Por los dioses!!—volteó el hombre de ley contrariado. De paso que no había dormido bien toda la noche buscándola, todo lo ocurrido le provocaba una terrible jaqueca. El italiano se reía—. ¡Mete al rubio en el auto!

—Y chiquilla, es domiciliario—resaltó la mujer al lado del italiano con una sonrisa mordaz. La menor infló los cachetes roja de pena.

Así hicieron. La mujer llamada Shayna ayudó al extranjero a bajar hasta la entrada e ingresar a la limosina donde ya el abogado se tomaba un buen trago de whisky para pasar la molestia. La niña ya dentro del auto y conforme Milo manejaba para el Centro Clínico de Athenas, no paraba de preguntarle al hindú sobre donde le dolía, acariciándole la mejilla y limpiando el rastro de sangre que corría en su barbilla y cuello. El joven no subía la mirada y el abogado no le quitaba la vista, sintiendo como si le retorcieran el estomago cada vez que la niña de sus ojos tan siquiera tocara a ese desconocido. Notó entonces la muñeca que llevaba en manos, una con traje de la India, la había visto alguna vez en una propaganda televisiva. Supuso que eso fue lo que cenaron.

Al llegar al Centro de Salud literalmente lo dejaron tirado y se fueron en cuanto pudieron. Shaka miró el auto alejarse del lugar con cierta desazón. Con sólo oír las palabras del abogado los enfermos se movilizaron para atenderlo pero sin embargo, Shaka sabía que quizás esa sería la última vez que vería a la pequeña niña. Suspiró, dejándose llevar por los doctores y enfermeras para recibir atención a los golpes que recibió del enfurecido padre.

Entretanto, en la mansión Andreatos a apenas se supo que la limosina había regresado, todos los sirvientes esperaban realmente asustados las noticias en la sala principal. Uno de ellos había ido a buscar a su señora, quien bajó apresurada con una bata de satén violeta y su cabello atado en una trenza. Lucía pálida, las ojeras eran evidencia de la falta de sueño y sus ojos inflamados atestiguaban que había estado llorando desde que supo que su pequeña no aparecía. Cuando las puertas se abrieron y la madre vio a su pequeña hija lo primero que hizo fue corriera hacía ella y abrazarla. Sasha la recibió complacida y no pudo evitar llorar al sentir que realmente sus padres si habían estado preocupados por ella.

—¿Qué sucedió? ¿Dónde estabas? ¿Y estas ropas? ¿Dónde está tu uniforme?

—Lo dejé en el cuarto de Shaka—la mujer la miraba sin comprender—. Mamá, conocí a un rubio lindo que es nuevo, y comí hamburguesa, y me regaló esta muñeca.

—Bien bien…—la mujer observó como su marido sin decir más se retiró hasta su alcoba—. Marin—llamó a una de las encargadas—, lleva a Sasha a dormir, mañana no irá a la escuela y—miró a su hija—, mañana me cuentas que sucedió.

La menor asintió callada, ya acostumbrada a ser interrumpida cuando quería hablar. Extrañó en ese momento como el rubio la escuchó sin detenerla al menos que fuera para hacerle más preguntas. No pensó que alguien pudiera prestarle atención a sus palabras. Resignada se dejó llevar por Marin y poco a poco los demás sirvientes regresaron a sus habitaciones, unos para descansar un tanto más y otros para alistarse y empezar la faena matutina.

Saori entonces subió hasta la habitación raudamente, entrando y viendo que ya su esposo se estaba desvistiendo mientras dejaba un mensaje de voz a su secretaria anunciando que llegaría al trabajo a horas del mediodía y moviera su agenda. Con sus brazos cruzados la mujer lo observó, molesta en espera que su marido se dignara a verla. Desde la última discusión la pared de hielo impuesta por el griego era inquebrantable.

—¿Dónde estaba?

—Hotel Eliseos, con un hindú—la mujer dibujó en su rostro el espanto—. Ya me encargué de todo.

—Un… ¿hindú? ¿Acaso le hizo…?—las esmeraldas del hombre la miraron fieramente—. ¡FUE CAPAZ DE TOCARLA! ¡POR ESO ESTABA ASI…!

—¡Calla mujer! ¡Deja de armar un maldito escándalo!—gritó el abogado acariciando su cabeza. Saori estaba enrojecida de ira, sosteniendo con dificultad su bata—. Si la hubiera tocado juro que lo hubiera matado a puños. Pero no, según Sasha no la tocó y ella fue la que lo persiguió. Lo deje en el Centro Clínico.

—¿Centro Clínico?—la mujer imaginó lo que había ocurrido—. Entiendo… entonces Sasha lo buscó… de seguro busca una imagen paternal que bien le hace falta—los ojos del abogado la observaron con verdadero odio, una de esas miradas que destinaba a sólo sus enemigos y que en ese momento le entregaba a quien sentía era el peor de ellos: su propia mujer. Saori levantó su mirada prepotente, no dispuesta a ceder un solo paso. Para ella, esa pérdida de Sasha no hubiera ocurrido si tan solo su padre se encargara de pasar tiempo con ella.

—Buenas noches—susurró mordiendo las palabras, antes de acostarse, apagar la lámpara y darle la espalda al lado de la cama de su esposa. La mujer al poco tiempo tomó su lugar, dándole la espalda también y apagando la lamparilla de su mesa de noche.

Pronto el silencio fue lo único que gobernó en el tan frio lecho marital.

Para el otro día el hombre de la casa se había retirado a sus deberás y la pequeña estaba tras su madre quien también bajaba de su habitación para cumplir los suyos. Sasha pedía que la llevaran a ver al hindú en la Clínica, diciéndole que su padre lo había herido mucho, tenía la cara inflamada como manzana y le dolía la barriga—cuando en realidad eran las costillas—. La madre entonces decidió acompañarla en horas de la tarde, no sin antes decirle que primero debía realizar las actividades escolares y obedecer a sus profesores particulares.

Sasha esperó ansiosa que la hora prevista señalada por su madre se cumpliera. Prestó atención a la clase de francés por parte de Camus, practicó natación con Aioria, un profesor de Grecia, el mejor de ellos según decían. Con la misma Marin practicaba Esgrima, siendo ella en su juventud una campeona. Estaba animada sólo pensando que en la tarde de nuevo iría a ver al rubio, ya tenía su camiseta limpia por el servicio, doblada y esperando por devolverse. No sabía cómo habían logrado traer su uniforme de la habitación del extranjero, pero ya estaba en su habitación, limpio y cuidado para el día siguiente.

Entretanto, en la Clínica no paraban de atenderlo con cierta pleitesía. Shaka estaba perdido e incomodo, las enfermeras lo detuvieron cuando intentó irse del lugar aludiendo que ya el dolor de las costillas había cesado. Decían que al ser traído en nombre de la familia Andreatos, debían asegurarse que estaría bien y eso exigía al menos dos días de reposo. Dos costillas rotas en su izquierda, la mandíbula dislocada y la inflamación en su mejilla delataban que no estaba del todo bien.

Se dejó atender ya cansado de discutir y agradecido al menos de que los enfermeros y doctores hablaran inglés. Debía buscar una academia para aprender griego pronto, se sentía mal estando tan perdido en su nuevo país y con semejante forma de llegar. Apenas y se cumplían veinticuatro horas y le había pasado de todo, de víctima de un robo a acusado por pederastia y secuestro. ¡Vaya que era demasiado!

Sin embargo, los lujos de la clínica lo aturdían. En la India ese tipo de lujos no eran reales, jamás había estado en una clínica de tanto renombre y con tantas cosas interesantes. Terminó pasando la hora de la tarde averiguando que era lo que hacían los botones de la camilla, como un niño con un juguete nuevo e interesante. La comida también le era extraña, y ver esos frascos de compotas le provocaba una extraña reacción química en su cuerpo que le creaba ansiedad. Se encontró pidiendo más de esas compotas para la merienda y una de las enfermeras, una mujer de gruesa contextura y cabello negro enrizado lo miraba como si fuera un niño. Realmente el hindú era una cosa extraña para ellos.

—¿Ya puedo verlo? ¿Ya puedo verlo? ¿Ya puedo verlo?—agitaba la menor la manga de marca del traje ejecutivo de la Señora Andreatos. La mujer le sujetó el brazo y la obligó a quedarse quieta.

—Primero preguntemos como sigue.

Y así hizo. Un chino que era medico de guardia los atendió. Su piel bronceada y cabello oscuro era lo que engalanaba su figura, de baja estatura y lucía muy inteligente con la bata. La niña veía divertida con sus ojos estirados.

—Está bien, sólo fueron golpes externos, lo más grave fueron dos costillas rotas—la mujer suspiró renegando con su rostro. A veces Saga era exageradamente violento—. Pero ha reaccionado bien, aunque ha intentado irse. Dice no tener dinero para pagar los servicios.

—Ni hablar, aunque mi esposo haya dicho que fueran dos días, ténganlo el tiempo que sea necesario hasta que se recupere por completo—el médico sonrió aceptando la orden—. ¿Es joven?

—Dice tener veinte, pero se comporta como un quinceañero, quizás menor edad. Según habló viene de la India, quizás por eso tanto lujos le son curiosos—y llegaron hasta la habitación, donde ya dos enfermeras de nuevo andaban coqueteando con el jovencito, que le decía cosas en hindú a petición de ellas. Las señoritas se sonreían coquetamente, mientras el paciente seguía jugando con dos botones interesantes en su camilla, que reclinaba el asiento superior—. Desde que encontró esos botones, no deja de subir y bajar el respaldo.

La mujer lo observó con una ceja enarcada. Ciertamente verlo en ese momento no era la imagen de alguien que secuestrara y buscara violar a una niña. En ese momento sintió el agarre de su hija en la falda, ya desesperada por ver a su nuevo amiguito. Vestida con un trajecito con corte francés de lila y blanco, un lazo rosa adornaba su cabello, se veía como una princesita y muy entusiasmada por reencontrarse con el extranjero.

Con la orden dada, la puerta de la habitación se abrió, saliendo las dos enfermeras apenadas al ser encontradas coqueteando con el paciente.

—Shaka Shahani, te vinieron…

—¡SHAKA!—la menor sin esperar se soltó del agarre de su madre y salió corriendo hasta el balconcito que había al lado de la camilla y así subir. Apenas pudo, se tiró al vientre del rubio, causándole de nuevo dolor.

—¡¡Por Buda!!—¡el dolor fue demasiado! La pequeña alzó su rostro asombrado viendo la mueca de malestar del rubio, quien aún así intentaba sonreírle—. ¿Cómo estas Sasha?

—¿Aún te duele? ¿Aquí?—y presionó justo en el lugar donde más le dolía, provocando otro quejido del rubio—. ¿Duele mucho?—el rubio asintió con medio ojo abierto—. Lo siento…

—Ven—la convido a un lado de la cama, cerca de él—, no te escapaste ¿verdad?—la niña renegó con el rostro, golpeando sus mechones de cabello con su propia mejilla de lado a lado—. ¿Y cómo viniste?

—¡Mamá me trajo!—y el rubio pasó su mirada al final de la habitación, donde la mujer elegante observaba el escenario. Notó de inmediato el enorme parecido de la menor con su madre, sólo que esta última tenía cierta prepotencia impresa en cada una de sus facciones, y aún así un gesto de madre amorosa—. Mamá, ¡él es Shaka! Es hindú, y sus papas murieron—le comentaba en griego, la mujer lo observaba fijamente, mientras se acercaba con elegancia—. Shaka, ella es mamá. Cuida a muchos niños en tooodo el mundo. Tiene una casa para ellos—“trabajos de caridad” pensó el rubio dentro de sí. Hasta en ese orgullo había cierta bondad.

—Mucho gusto, Sra. Andreatos—saludó el joven, uniendo sus palmas al centro de su pecho y reclinándose un tanto. La niña curiosa con el gesto, se dispuso a imitarlo, todo observado por la mujer.

—El gusto es mío, Sr. Shahani. Al parecer usted fue quien se encontró a mi hija, por fortuna, cuando estaba paseando por la calle en vez de esperar a Milo.

—Debería decir que ella me encontró—murmuró divertido, mientras la menor no dejaba de tocar la mejilla herida—. Sasha, ¡eso duele!

—¡Papá te golpeó muy feo!

—¡Tú papá golpea muy fuerte!—reclamó jocoso el rubio, provocándole a la nena esa mueca de mejillas hinchadas y rojas.

—Le pido disculpas por el comportamiento de mi esposo. Es un tanto… drástico, cuando se trata de cuidar de Sasha.

—No hay que disculparse, comprendo perfectamente—la niña ahora se enganchó en su cuello, buscando un abrazo. El rubio la dejo hacer, ya resignándose a esos tratos por parte de la pequeña.

—Shaka, ¡hoy el profesor de idiomas me regañó! Y me hizo hacer varias planas de: no debo salir del colegio sin permiso, ¡en tres idiomas!

Empezó a relatar la menor y su madre observaba todo en silencio. Le explicó al rubio que el maestro de idiomas era un señor malo que no sonreía al menos que estuviera el chofer cerca, quien siempre lograba sacarle una sonrisa. Le habló que el profesor de Natación pasó más tiempo contándole de todas las medallas olímpicas que había ganado que enseñándole a flotar, así que se pasó la hora de clase pegada a la orilla de la enorme piscina de su casa con frio y ganas de dormir. Que ya para la clase de Esgrima tenía mucho sueño como para seguir las prácticas. También le comentó que intentó seguir con las clases de matemática pero no las entendía, que odiaba a los números porque ya le bailaban en las hojas en vez de hacer lo que ella quería. Shaka se reía divertido con cada ocurrencia de la menor, quien entretenida sentada en la camilla, movía sus piecitos de un lado a otro. Decía que no entendía nada de las restas con muchos números y de prestar y cobrar. El rubio le sonrió entretenido.

Para asombro de Saori, el hindú le contó una parábola para explicarle como restar con varias cifras. Usó la historia para hacerle entender a la pequeña la ciencia de la resta y para asombro de la mujer, Sasha comprendió a la perfección, dibujando sorpresa y hasta viéndolo divertido. De inmediato recordó que en la cultura Hindú los números eran casi su segunda lengua y el rubio parecía manejarlo a la perfección, además que su hija le había tomado mucho cariño y esa era una de las materias que más le había costado.

—Disculpe, Sr. Shahani—interrumpió la dama—. Ya tiene un empleo en la ciudad y donde vivir.

—Aún no, vine llegando ayer. Pensaba comprar una bicicleta para dedicarme al comercio informal de casa en casa—un inicio muy común de todos los árabes en tierras extranjeras.

—¿Le gustaría ser el tutor de matemática de mi hija?—el rubio se quedó pasmado mientras la menor, al oírlo, se sonrió emocionada.

—Sí, sí, ¡se mi maestro Shaka!

—Sasha tiene problemas con las matemáticas y ningún profesor ha logrado mejorar esa área en ella. Le daremos un buen sueldo y tenemos habitaciones en la casa disponibles para que pueda quedarse hasta que consiga un lugar donde vivir.

—No… no sé, es algo… repentino—la menor lo miró con ojitos suplicantes. Shaka estaba contrariado, la oferta le gustaba pero no estaba seguro de volver a ver al padre de la niña. Ciertamente le había asustado y la imagen que tenía de él tampoco era agradable.

—Por mi marido no se preocupe, sabré mantenerlo controlado. Por favor, acepte—el rubio lo meditó por un momento, mientras la niña lo jalaba por la bata para que aceptara. Al final, cedió.

—Está bien, acepto la oferta…

Y así se convirtió en el nuevo tutor de Sasha y algo más…

3 thoughts on “Inocencia (Cap 03)

  1. me he enganchado a tu historia!!!! me encanta en serio, a ver si los padres de sasha comprenden al fin que a su hija no le hace falta lujos sino cariño…. y a ver como reacciona saga cuando se entere del nuevo profesor de mates….. jejejejej

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