Haberlo Visto… (Aspros x Asmita)

De haberse dado cuenta antes, de haberlo visto, las cosas hubieran sido distintas… pero no hubo tiempo…

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Temas: Yaoi, drama, romance.
Personajes: Aspros, Asmita, Defteros
Resumen: De haberse dado cuenta antes, de haberlo visto, las cosas hubieran sido distintas… pero no hubo tiempo…
Dedicatoria: A Karin, jajaja aqui va mi quinto trabajo y con esto me quedan cinco. Cuando leí tu poema lo visualicé, visualicé un poco el pensamiento de Aspros en este punto y como veía a Asmita. Espero que te guste el reusltado, a mi me gusto mucho ^^
Obviamente a todo el club: Santísimo Pecado
Comentarios adicionales: Basado en el Universo Canon. Aunque Aspros y Asmita no tengan en LC menciones como las tiene Defteros y Asmita, creo que lo ocurrido entre Aspros y Asmita conectado a Saga y Shaka se puede interpretar de multiples formas. Para mi la locura de Aspros no sólo se debió a que no podría sacar a Defteros de la oscuridad, porque usó a su mismo hermano a quien amaba como herramienta. Creo que pudo haber un algo más en todo eso además de la gota.

Haberlo Visto

De haberlo visto… de haberlo visto…

Cuando lo hizo ya era demasiado tarde.

En el segundo que su visión se nubló, en el segundo que su propio poder atravesó su cerebro, reordenando sus neuronas sobrecargándola de un cosmos maligno… justo en ese instante: fue que lo vio. Vio lo que debió haber visto antes, vio lo que debió observar con detenimiento ,con tiempo de antelación. Lo que de verdad ocurría, lo que de verdad sucedía, lo que no observó por el momento de ira… ira…

Su mano ensangrentada se sostuvo de la tela espesa de las cortinas patriarcales, su cuerpo no podía soportarlo más. El haz de luz que atravesó su cabeza se diluía, rítmicamente, al tacto de sus palpitaciones, de su cosmos… y de él… dorado él… detrás de aquella columna fría, con una mano sobre el mármol: temblando.

Sus manos temblaban…

Aquella información se tragó, al igual que su alma condenada, toda luz de sus pupilas.

Asmita temblaba…

Aquella memoria fría fue encerrada, encapsulada en su cerebro en el último chasquido de información neuronal… veinte segundos de oscuridad antes de que el último halito de vida saliera de su garganta en una exhalación final. Vibró su garganta con el llanto que no tuvo tiempo de salir, su corazón se detuvo y en el espacio en que su sangre no llegó a su cerebro, pensó… en él.

En el temblor de sus manos…

Tan él… mostrándose implacable, inconmovible, como juez, y… ¿cómo no vio? ¿Cómo no vio la difícil mueca de control que Asmita le dibujó al salir de su escondite? Cuando su mano se había levantado contra el patriarca dispuesto a matarlo, ¿cómo no vio la expresión del dorado…?¿la máscara?

“Es una pena ver cómo has caído en la oscuridad…”

¿Cómo no lo notó? Hubiera abierto su boca, hubiera hecho cantar su garganta., las cuerdas vocales hubiesen recibido las silabas necesarias para hacerle saber, hacerle saber la verdad. El dolor, la humillación, sus sueños destruidos…

Pensar que ya nada tenía significado… pensar que todo había acabado… Pensar que falló… en su meta de años falló.

Aquella mañana había bajado seguro, muy seguro. Lo sentía ya en sus manos, la textura de oro del yelmo patriarcal ya la podía saborear con la punta de sus dedos, con las yemas blancas de sus manos que se habían quedado marcadas de estudios, de papeles, de libros… Con sus ojos ya se visualizaba tomando el manto, envistiéndose con las túnicas patriarcales, colocándose los collares sagrados para tomar por fin el lugar. Bajaba ya paladeándolo entre sus falanges, en sus pensamientos… mientras descendía los escalones de las casas y despedía a los compañeros que se quedaban en cada una de ellas.

Descendía… y lo hacía junto a aquel. Manigoldo se había quedado con el patriarca, como siempre, Hasgard y Shion habían adelantado el paso, junto a Dohko. Él… él estaba al lado de Asmita.

Lo había mirado… lo había mirado de reojo, el ceño fruncido, el leve malestar…

De haberlo visto antes…

La intranquilidad, el peso que virgo cargaba en sus hombros evidente en lo turbio de su cosmos. Sus cejas estrujándose entre sí… De haberlo notado…

Asmita también tenía una máscara… no la había visto, no la había percibido y en su ira… su ira…

 “… Amanecerá Virgo muerto”

Cuando entraron en virgo por un momento detuvo su paso observando el caminar del dorado hacía la flor de lotos. Recordó entonces aquella noche, decenas de horas atrás, que lo encontró meditando, que besó sus labios, regresó, lo tuvo en sus brazos, lo besó… una, dos, mil veces lo obtuvo…

Le mostró su sueño, su más anhelado deseó, lo que él quería.

Su corazón se aceleró al verlo sentarse de nuevo en esa posición que le recordaba lo ocurrido en aquella noche.; se aceleró pensando en que había sido ese lugar donde sintió tanta fricción junta calcinándole en el alma, los labios que con pleitesía se abrieron a él sin poder reprochar nada. Aquella noche que virgo lucía tan cansado, tan turbado, confundido…

De haberlo visto…

Más mayor fue su orgullo que su deseo de volver a acercarse, no quería recibir un desplante de tamaña magnitud de nuevo; prefirió irse, seguir su camino, hablar con su hermano y certificarle que todo estaba a punto de terminar. Que él vería la luz y juntos alcanzarían a tener un lugar en el ejercito de Athenea…

Sin saber que Defteros tenía otra sentencia…

Quiso al menos lanzar una lágrima… pero la orden no llegó… las neuronas dejaron de brillar con su energía… el mensaje se quedó atascado en su alma…

Tal como el grito de dolor y frustración que desgarró sus intestinos al escuchar las palabras de su hermano, los rumores que salían de la misma estancia patriarcal… el beneficiado. Su vista en el piso de su templo se mantuvo inconmovible, opaca, dilucidando en cuantas marcas habían allí de sus pasos. Una gota… vio una gota caer al vacío y hasta pudo escuchar el silbido maligno de aquella al caer… precipitándose… sin remedio… al infinito de las sombras, oscuridad…

Una lágrima… de haberlo sabido…

Aquella se partió en cientos de moléculas acuosas en el piso de mármol… aquella vio fin igual que él, que sus sueños, que todo lo que había estado peleando, buscando, deseando… El sabor amargo de cientos de ellas se agolpó contra su garganta, creyó sentir a su vez una garra fría, de hielo, gangrenándole por dentro los pulmones, rasguñándolo, escarbando dentro de él como si cavara su propia tumba.

Tragó… y la fina garra plateada subió con su helado tacto hasta la punta de sus sienes, se meció en ellas como si se atornillara traspasando su piel, taladrando su cráneo hasta sentir la viscosidad de su masa cerebral y luego, moverla, mezclarla, en un movimiento circular que diluía todo esfuerzo de pensar… sintiendo como su propia mente se convertía en un caldo amorfo de motivaciones, deseos e ilusiones que iban cayendo, uno a uno, al vacío… tal como esa gota.

Hasta partirse…

Y las palabras de su hermano…

“No importa, sé que te esforzaste…”

No valían nada…

“Regresemos…”

Porque ya no era solo por él… ya no era Defteros… ya no sólo era su libertad, ya no se trataba solo de su salida a la luz…

Estaba él… estaba Asmita que se difuminaba como tantas veces de sus manos, escurriéndose esta vez para siempre de entre las yemas de sus dedos… estaba su única oportunidad de tenerlo cerca desvaneciéndose como el cosmos dorado cuando Asmita, vez tras vez… le huía. Ya no había oportunidad… y hasta ese momento se dio cuenta, se dio cuenta cuando se había convertido en más que una obsesión…

De haberlo visto antes… de haberse estudiado…

Que lo amaba… y la idea de ser un perdedor ante él, junto a su promesa incumplida y su propio peso… lo enloquecía…

Enloqueció…

Hasta hacerlo caer y derrumbarse, como aquella gota…

Y no vio, no, no vio la difícil sonrisa que Asmita dibujaba, no notó la dificultad con la que aplacaba su cosmos, no se dio cuenta, no… hasta que al final vio… el temblor de sus manos…

De haberlo hecho antes…

En ese momento su alma fue absorbida, succionada por los espíritus de los infiernos, En ese momento creyó caer en el profundo abismo… le pareció escuchar una voz, a lo lejos. Le pareció escuchar una maldición, la de aquel alumno… Mordió sus labios… siendo ahora la gota, cayendo inexorablemente en el abismo, sintiendo su propio sonido a la deriva precipitándose a toda velocidad hasta su destrucción, y recordando, recordando…

El dorado de su cabello, la forma de sus labios, sus parpados cerrados vibrando por la excitación de ese, su último beso, su olor a jazmines siendo la última información de la vida que se llevaba con él, tratando de mantenerla en su nariz cuando caía sin forma hasta el centro de los infiernos…

De haberlo visto antes, lo que sentía, el cómo se llamaba, se lo hubiera dicho…

Que lo único que buscaba era tenerlo a su lado…

Se sentó a su lado, en las tierras frías del Cocytos. Despejó de aquella frente los mechones que se habían quedado,congelados sobre la piel sin tacto. Estrujó su tilak con cierto dolor, luego de palpar con sus yemas la frente de aquel. Recordó…

De haberlo visto antes, las cosas serían muy distintas. Él se había equivocado…

—He hablado con Defteros… me ha contado muchas cosas de ti—suspiró, dejando que su cabello se moviera al ritmo del viento helado de aquel infierno—. Debí creer en la bondad que me mostraste, creer en  lo que soñabas… ¿De verdad me querías a tu lado?

Hubo silencio… pálpitos inexistentes, uno condenado… el otro apenas en alma, viajando traspasando su propio cuerpo.

Asmita de Virgo se levantó, dejó que su capa se ondeara en el viento.

—Ya no hay tiempo… pero quiero que sepas que sí te hubiera seguido.

Sintió el infierno conmoverse.

Sintió la tierra temblar…

El cosmos dorado agitó todo el lugar, junto al cosmos de un humano que en medio de la ira buscaba la esperanza. Mokurenji cayó… su cosmos dorado se agitó vehemente en los terrenos de hades…

Lo sintió…

—As… mita…

De haberte visto…

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