Quizás… (Kanon x Mu)

Atrapado en manos enemigas siente el filo de su destino drenándole el alma tras su garganta. ¿Habrá acaso quien lo salve? ¿O tendrá que buscar su propia salvación?

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Temas: Yaoi,  angst, drama
Personajes: Kanon, Mu
Resumen: Atrapado en manos enemigas siente el filo de su destino drenándole el alma tras su garganta. ¿Habrá acaso quien lo salve? ¿O tendrá que buscar su propia salvación?
Dedicatoria: A Karin porque se los merece, porque la quiero mucho y porque es mi gemela del alma. Aunque la cosas han estado dificil para comunicarnos estas semanas creeme que eres muy importante para mi. Pensaba en lo que me habías dicho ayer, y mientras me daba latigo parejo de repente vino la musa y tuve que detener todo para escribirlo. Personalmenteme gusto y ¡espero que también te guste a ti gemela!
Comentarios adicionales: Es increible que de la idea que menos me salía de los tres estadios me salió esto tan rápido y fluido. Simplemente me siento feliz, siento que este es uno buen trabajo.

Quizás

Sus manos temblorosas era lo que veía, aquellas manos blancas maniatadas, ya no elementos sagrados, ya no túnicas sagradas, ya no había huella de lo que había sido. Esclavo, ese sería su nuevo nombre; la clasificación asquerosa que le era legislada por un grupo más fuerte que se apoyaba en su violencia y en la noche donde el dios que servía dejó de verle con los ojos.

¿Por qué? ¿Por qué él? ¿Por qué su pueblo? Las preguntas se excomulgaban en su cabeza cuán avispero en panal, lacerándole que el zumbar de cada palabra que no tendría respuesta, ninguna. Su lengua cortada ya no podría profesar de aquel al que creía y su cuerpo ya golpeado tendría que ser regateado o entregado para quien sabe que designio.

Y tuvo miedo del tipo de destino que le esperaba.

Los soldados le llevaron maniatado hacía el salón donde se decidía el destino de cada uno de ellos. Ya había escuchado algunas de las sentencias y su piel se erizaba a cada paso que daba en el frio mármol de aquellas tierras hostiles, de aquellas moradas enemigas que lo habían dejado sin escapatoria. No subía su rostro, no quería ver aún a sus captores; preservaba dentro de su pecho la firme convicción de no odiar para poder renacer como un ave sobrevolando en las tierras de sus padres.

Cuando sintió el roce de aquellas manos adversarias en sus hombros su cuerpo se convirtió en un vestigio de huesos y músculos temblando vertiginosamente victima del terror. Hubo risas, un eco de carcajadas que en medio del consejo resonaban una intentando ser más fuerte que la otra, ahogándole, ahorcándole y cortándole la respiración ante el pavor frenético que le había asaltado. No quería abrir sus ojos, se mantuvo con su cabeza gacha mientras era empujado al centro de lugar y escuchaba en el idioma extranjero a tantos a la vez que no podría contar cuantos estaban allí como testigos de su miseria.

¿Dónde estaba su salvador?

De repente las voces se acallaron y un tenso silencio llegó como soga amarrándole lentamente a su cuello. Podía sentirlo, incluso olerlo: las expectativas de cada uno de ellos, los ojos clavados tras su cuerpo, el frió y caliente de sus alientos soltándose en la nada y conjugándose en una atmosfera vacía y profunda, asquerosa, donde él placer sádico de ellos se entre mezclaba con el aliento de derrota y miedo que él exhalaba de sus fosas nasales. Por un segundo más, pensó, que tanto mutismo le aplastaría hasta dejarlo destrozado en tierra.

Y entonces, lo escuchó.

Los pasos resonaron en su espalda y se hicieron eco en todo el lugar, al mismo tiempo que el sonido inconfundible de algunos murmullos. Su piel recibió un tirón violento tras su espalda, uno producto de la incertidumbre y la turbación de encontrarse en ese lugar a merced de cualquiera. Pero ese fue poco, esa sensación de peligro fue poca a lo que sintió cuando tomaron su larga cola de cabello lila y lo jalaron hacía atrás obligándolo a dar pasos para mantenerse en equilibrio y desgarrando a su garganta en un grito. Todos se callaron y él podía sentir sus parpados temblando y buscando no moverse junto a las gotas de sudor resbalando en ríos por toda su piel hasta poder percibir, casi de forma cósmica, cada gota que caía de su cuerpo liberándolo de cierta angustias para multiplicársela al cien.

Se quedó quieto. Su corazón sin embargo no podía de dejar de latir aceleradamente ante el roce y la proximidad. Sentía la advertencia penetrarle por los poros, filo de agujas de resistencia golpeando contra sus músculos e inmovilizándolo mientras un jadeo gutural de mera angustia brotó de sus pulmones. El aire le escaseaba y su olor, su propio aroma a sudor se espesaba entre sus muslos y sus brazos pudiéndolo saborear con la punta de su lengua cuando esta salió de su boca para hidratar sus trémulos labios. Sabía que le miraban; podía sentir la mirada derramarse por sobre su piel como si fuera agua de lluvia, cayéndole y filtrándose por cada hendidura dejando todo al descubierto.

Se sentía desnudo ante esos ojos y eso le asqueó.

Cuando la presión a su cabello cedió pudo sentir su nuez de Adán vibrar en el trago antes de caer al suelo luego de que sus rodillas flaquearan. Se encontraba agitado, su cuerpo ahora temblaba inclemente sin miedo de mostrar cuanto sentía, cuan horrorizado estaba por conocer que su destino podría ser él más cruel y vergonzoso de todos. Pudo inferirlo, de la mirada, de los pequeños sonidos que destilaban aquellos que le miraban, de la sensación de lujuria que le abrazaba con su gélido aliento…

Sintió las telas moverse, las del que lo miraban y de inmediato conforme esos pasos de él se alejaban dos soldados le tomaron de sus brazos y lo obligaron a seguirle. Lo tenían casi arrastrando por sus extremidades superiores, sus pies apenas podían moverse al darse cuenta que conforme avanzaba el camino el aroma se hacía mucho más exquisito. Podía sentir el incienso y las especies, un fuerte aroma a sacrificios también a dioses paganos; por el ruido de algunas joyas supo que se encontraba en algún lugar de alto mando.

Le empujaron al llegar a un amplio salón y chocó contra cobijas y colchas, algunos almohadones y cojines le acariciaron las mejillas sucias en cuanto frotaron con él. Ya lo sabía, el olor le daba indicio que no solo era uno de cargo sino real, y que quizás esa sería la última vez en la que podría preservar su belleza; será marcado, manchado y vejado por aquellos barbaros que habían tomado su tierra.

Los pasos de aquel se hicieron eco entonces dentro de su cabeza, le rodearon y le embargaron en un sonido más bien siniestro, como si estos fueran más bien el retumbo de los tambores cuando se realizaba una ejecución, golpeando incesante contra sus parpados cerrados renuente a abrirse. La mano de aquel apenas le acarició la frente por un momento, pero su cuerpo reaccionó victima a ese roce como si fuera a descoyuntarse y deformarse, como si sus miembros caerían desarmados cuan piezas de algún juego chino. En realidad, el miedo le inmovilizaba, y él no saber que esperar —o más bien, conociéndolo— no le hacía más sencilla la tortura de seguir respirando esperando una especie de gracia salvadora que sabía no iba a llegar.

Y allí volvieron, esos ojos de nuevo cayeron sobre él como agua helada metiéndose en cada recoveco de su cuerpo solo cubierto por una pequeña túnica. Pudo sentir el fuego de su mirar encenderse cuando delinearon sus piernas y de esa misma forma el vapor de su propio aliento contaminándose con la lujuria que él parecía destilar.

Hubo desesperación… él intentó escapar y sus cabellos fueron presos de nuevo por aquella mano hasta hacerle caer de bruces contra las sábanas, removiéndose como un pez fuera del agua, maullando con su garganta pese a no poder deletrear sonido alguno porque su lengua le había sido arrancada junto a todo vestigio de su casta. No quiso abrir los ojos, no quiso cuando sintió aquellas manos tomándolo apenas con suavidad por el cuello y el cuerpo queriendo aplastarlo junto a su voz, masculina, intentando hacerle entender algo que no comprendía. Lo iban a manchar, lo iban a destrozar, iba a ser comido como carne de cierva y sacrificado perdiendo así los votos a su dios y a su parentela.

I B A   A   M O R I R

Forcejeando y buscando liberarse sintió el corte en el dedo índice de su derecha al rozar con lo que parecía ser un objeto contundente. Lo afianzó entre su palma sin siquiera pensarlo, y agitó el arma hacía atrás provocando que su captor se alejara con un grito que asemejaba una maldición.

Y no lo pensó… un tajo profundo se penetró a sí mismo en su garganta sintiendo como ahora el elixir de vida brotaba de sus venas derrochando su límpida piel en el pacto del sacrificio.

Era preferible el suicido antes que la deshonra.

Las manos de él le tomaron, las de su captor las sintió caliente tras su piel fría mientras el flujo de su vida se iba deslizando por la herida tal cual como si alma se separaba de su cuerpo. De repente ya no había temor, ni ansías, ni hambre, ni dolor… sólo frío… sólo el frío matizado de su cuerpo y de su alma siendo abrazada por la misericordia de la muerte. Solo eso… solo eso…

Ya no escuchaba los gritos, ni su corazón aún que latía cada vez más lento, ni el sonido de las sábanas friccionando su piel, ni la voz cargada de preocupación…

—¡Mu…!

¿Preocupación?

¿Acaso alguien se preocupaba por él?

Eran esos mismos ojos… esos mismos ojos le miraban con preocupación. Sentía la misma mirada de lluvia arropándolo en una cálida llovizna veraniega.

Al menos a él lo bendeciría por tener compasión aunque fuera al filo de su muerta y se debiera al remordimiento y arrepentimiento de sus actos. Al menos lo vería y le haría entender que sus manos sucias no podrían tocar su cuerpo consagrado a los servicios de su dios. Al menos…

Los abrió…

Y ante el choque de verdes contra verdes su corazón se comprimió en un sobresalto que no pudo comprender. Dibujó con sus manos llena de sangre por un momento las facciones del hombre que aún sobre él parecía estarlo llamando y tratando de parar la hemorragia pero que ya no podía escuchar, como si poco a poco las velas del candelabro de su vida fuera apagándose junto a sus sentidos. Aún así… tuve el tiempo suficiente de mirarlo fijamente y atraparlo, a él, tras las paredes de su cárcel de esmeralda.

Y supo…

Quizás… quizás si hubiera abierto los ojos… Se habría dado cuenta que ese hombre había actuado en misericordia salvándolo de las bestias que gobernaba en el consejo.

Quizás…

Una lágrima recorrió la planicie de su mejilla al darse cuenta que por la cobardía, el miedo ahora se mofaba de su infortunio. Una lágrima que al final vio en silencio el hombre que le secó con su pulgar y la expresión como si perdiera algo que él había tenido el placer de salvar prometiéndole quizás una vida menos deshonrosa.

Quizás el arrepentimiento también vino al darse cuenta que tras esos ojos verdes había una cota de bondad que él podría desenterrar.

Ya no había vuelta atrás…

Quizás en otra vida…

2 thoughts on “Quizás… (Kanon x Mu)

  1. esta hermoso. me encanto como escribes y lamento el comentario tan corto para lo lindo qe esta el fic, pero ando de apuros.

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