Juego de Drabbles “Vampiro”

Tres Drabbles que muestra de diversas formas el amor de vampiros con la pareja Saga x Shaka

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Temas: Yaoi, romance, lemon, drama, Universo Alterno
Personajes: Saga, Shaka
Resumen: Tres Drabbles que muestra de diversas formas el amor de vampiros con la pareja Saga x Shaka
Dedicatoria: A todos los pecadores que han hecho posible que el club sea lo que hoy es, un bastión de pasión pura. ¡Los amo! Apoyar el evento: .:Crepúsculo:. *CR*
Comentarios adicionales: Estos drabbles los hice el año pasado pero no lo había pasado al blog. Lo coloco aquí para darle espacio mientras preparo la actualización de Color y Vida ^^

Noche de Cacería

Escucharon el mover de las enramadas, un ave nocturna alzó el vuelo frente la luna llena. Mantos oscuros, camuflaje en las sombras, sus cuerpos seguían por inercia un camino mientras sus sentidos: agudizados, esperaban cualquier alarma. Cualquiera…

Un ruido, luego otro… pisadas. Un aullido, una risa en voz baja, un chasquido. Entonces luz: una fogata. Entonces oscuridad: humo. Entonces silencio… y grito..

—Están cerca—comentó el de cabellos dorados, con parpados cerrados. Un rosario en sus manos se agitaba en el viento.

—Los huelo: su temor, su miedo…—agregó el acompañante.

Cabellos negros, ojos oscuros de tono rojizo refulgía cuando de sus manos chasqueo el fuego. Se deshizo en una danza amorfa convirtiéndose en humo, sólo una ráfaga pequeña de poder maligno en sus manos.

—Ahorra energía.

—Estoy ansioso…—susurró el más alto con la mirada en todos lados.

—Se acercan… déjalos que se acerquen.

El mayor lo miró de reojo… ese rostro lleno de seguridad, de control, de dominio. Ni un ápice de dudas, no, Shaka no conocía el significado de eso.

—A tu derecha—avisó el menor sin abrir sus parpados.

Y la espada dorada atravesó con su filo la sombra negra que se lanzó ante el hombre de cabello negro. Sangre y cuerpo mutilado, la vestida se volvió cenizas al caer al suelo oscuro en aquel bosque embrujado. Agitó el filo, mostró la gema esmeralda que engalanaban el puñal: el mata dioses, aquel que había cercenado la vida de la madre de los vampiros.

Uno más, otro corté, cuellos degollados, corazones atravesados, vísceras derramadas en el pasto húmedo de la noche. Saga realizaba el movimiento, Shaka sólo le avisaba, en total tranquilidad, eran un dúo.

Tres más calcinados, seis que fueron hacía el lado donde el rubio agitaba el rosario… y luego luz, que los convirtió en cenizas ante el contacto de la esfera dorada. Saga no debía preocuparse con él, Shaka era más temible de lo que aparentaba.

La madrugada seguía, se alargaba… la caza continuaba…

—Incautos—murmuró el de cabellos de oro al tiempo que lanzó otra luz llameante de magia. De nuevo tres que fueron calcinados en el aire.

—He contado 32.

—Yo 26—otra ráfaga más, otros cadáveres a la cuenta—, 28…

Saga sonrió de medio lado.

La espada se blandía, la oscuridad imperaba. Gritos y alaridos, murciélagos salieron a su ataque y fueron destruidos por la magia blanca del rubio, culebras buscaron atacarlos y el fuego negro de la magia maldita del mayor los superó.

Sangre, cuerpos, órganos, colmillos que se convertían en polvo negro…

Masacre, cacería… eran los mejores…

Y llegó la hora. Los vampiros huían, ellos los sentenciaban antes de poderlo lograr. Uno intentó en su osadía tocar al rubio por la espalda y fue detenido por la mano blanca que se cerró en su garganta.

Lo sintió temblar, lo sintió gritar… sonrió…

—¿Pides misericordia?—renegó—. Deberías… si me adoras podría salvarte—.una sonrisa beatifica, un semblante de dios… dorados cabellos, secretos en los parpados…

—Un inmortal adorándolos… ¡blasfemia!—siseó en ronco zumbido, con olor a azufre… pestilente.

El rubio contrajo su entrecejo.

—Entonces, te daré la muerte—abriendo parpados—, con el poder del tesoro del cielo que alumbra el medio día—mostrando zafiros…

Y poder: divino, aplastante, cegador.

—Conoce mi misericordia… la luz del día antes de la muerte.

La luz que se hizo poder y verdad, deslumbró todas las sombras hasta tragársela en un solo chasquido. Dos esferas celestes que brillaron doradas y el cabello de oro que se esparció entre el viento como rayos del sol: el día.

Trajo el día… antes de la muerte.

Cenizas quedaron en sus manos… el primer rayo de sol golpeó el horizonte.

—Acabó por hoy—se acercó el mayor por la espalda—. Ganaste…

—Así es… yo gané.

Beso… al final de la cacería.

Carta de Sangre

“Querido Shaka,

No encuentro palabras para expresar mi profundo afecto a ti, Shaka, ser que sólo puedo ver en las noches y a quien no he podido dejar de pensar. Segundo a segundo mi vida es vertida en tus imágenes, en las memorias que me atraen a pensar de nuevo en tu rostro, tu voz, el terciopelo de tus labios, y los oros de hilo fino que se convierten en tus cabellos… ¡Cuánto he ansiado beber de ti a la luz del alba! Imaginar lo que sería ver el sol resplandecer en tus hebras doradas y formar caminos de platas en tu inmaculada piel. El sonrojo que se haría evidente en el albor del amanecer, cuando el sol saluda a las aves de la mañana y el rocío engalanan los valles igual al sudor que tiñe tu cuerpo de alabastro. Pero me es prohibido, lo entiendo, ese otro hombre al que tienes que servir y permaneces atado por aquel contrato maldito te aparta de mí.

¡Oh mi Shaka, mi pecado nocturno! Déjame un segundo más a tu lado, ¡vive conmigo un amanecer brillante! Juro que no dejare que mueran tus gemidos ni el placer de tu cuerpo hasta que el sol nos sorprenda en plena madrugada, que te haré mío tantas veces que aquel olerá el perfume de mi cuerpo en tus poros. No te dejaré dormitar, porque te tatuaré con mis manos, lubricaré sobre sus planicies mi firma, y te marcaré con el fuego de mi esencia dentro de cuerpo caliente hasta que te hartes de deleite. Si, a ti, mi Shaka, me ofrendaría cuan cordero a matadero para venerarte, adorarte y poseerte de todas las formas posibles.

Así que por favor… aléjate de él, ¡dame de ti también tus días! No claudicaré hasta hacer este amor posible. Dame una oportunidad Shaka, y me ahogaré en tu poderosa presencia mil y una vez hasta que juntos seamos uno, hasta el fin de mis días.”

Una ronca carcajada…

La carta leída con el tono de burla marcada, silabas que fueron extendidas en una mueca teatral mientras el hombre de larga cabellera negra y ojos llenos de sangre caminaba lentamente en medio de la estancia, observando a sus hijos hartarse del cuerpo de aquel que había escrito a mano aquella misiva.

Viró sus ojos al rubio, vampiro de sangre noble, desnudo y recostado en el diván mientras daba vuelta a la punta de su cabello dorado.

—La trampa fue certera…—concluyó el mayor pasando uno de sus dedos desde el ombligo platinado con su esencia hasta la barbilla. Los ojos azules le miraron, los labios sonrieron…

—Te dije que traería una buena carne para nuestros pequeños—allí estaba, sí, aquel cuerpo que luego de ser violado ahora era bebido por cuatro pequeños vampiros.

—Te creyó todo…

Manos blancas que tomaron el cabello negro, lo empujaron.

Labios rojos de sangre recién bebida que le besaron, se hartaron.

Lamidas a los colmillos de carne, un paladeó a la carne aún incrustada en ellos.

Deseo…

—Vamos a la cama mientras nuestros hijos comen…

Obsesión…

—¿Y hacerte el amor de nuevo?

Gula…

—Hasta que nos cansemos.

El rubio se levantó, caminando dócilmente la estancia hasta subir los escalones con alfombra roja. El otro le siguió, dejando caer la carta en el charco de sangre que sus hijos bebían…

El papel se tiñó de carmesí, borrando las letras.

“Te amo, locamente, estúpidamente y si… sólo concibo mi vida a tu lado.

Atentamente,

Mu Bechalier”

Doce…

Cielo despejado, luna llena, estrellas en el cielo. El firmamento brillaba como diamantes en terciopelo, igual que la camisa que ocupaba el joven noble. El cabello atado a una cola baja, una pieza de orfebrería antiquísima le rodeaba con esmero, encajes, hilos de oros, un zafiro en su frente. La espada de oro refulgía a su derecha, su cuerpo descansaba contra el respaldo del balcón. El viento le acariciaba, mientras sus ojos permanecían guardados, su cabeza hacia atrás… ensimismado.

Uno…

Hombre…

De gran altura apareció en el balcón, un saco amplio cubría su envestidura. Una máscara negra, con plumas y bordados de plata, enmarcaba sus ojos verdes. Caminó en paso lento, deslizó en el aire la copa de cristal con el vino rojo, embebió el aroma de la vid, junto con el del joven frente a él, el del ambiente, el del instante.

Dos…

Campanadas…

Extendió su mano hasta rozar con el pulgar la punta de su mentón y bajar lánguidamente hasta la abertura de la chaqueta real. Delineó con precisión la yugular, la palpó, la sintió latir, la deseó.

Tres…

Pasos…

Tomó con su izquierda el cuerpo, lo asió con decisión inhumana. Reposó a un lado la copa en el balcón de mármol. Tomó entre sus dedos unas hebras doradas despejándolas de su mejilla. Besó… uno, dos, tres…

Cuatro…

Veces…

Fue bajando con lentitud por la piel nácar, fue dejando besos húmedos en su trayecto. Fue apretando más el cuerpo, sintió su aliento calentarse, su pecho agitarse con pálpitos inexistente… no, no tenía corazón que latiera, pero si cerebro que le hiciera creer aquello como muestra de su emoción, contando…

Cinco…

Latidos ficticios…

Y ascendió con la punta de su nariz rozando indolente el alabastro, regresó hasta la barbilla mordisqueándolo. Escuchó el susurró, se ató a ello. Comprobó que el cuerpo de aquel estaba caliente. Sintió hambre…

Seis…

Lamidas…

Con deseos dejó marcas de su lengua a lo largo de su cuello. Sintió el cuerpo temblar. Las manos blancas se acobijaron en su desordenada gemela, aferrándolo contra de él, pidiéndole de seguro más. Y él le daría más, pero con algo a cambio. Jamás daba algo de gratis.

—Quiero besarte…

Seis…

Movimientos…

El rostro del mayor que subió la mirada, el del menor que se reincorporó, una caricia de las manos blancas, labios gruesos remojados… el deseo imperando…

—Hazlo…

Siete…

Vistazos…

A sus ojos, sus labios… sus parpados… sus labios… su nariz aleteando al exhalar… sus parpados… sus labios…

Ocho…

Segundos…

Tardó en anclarse a los labios con frenesí, se sintió correspondido. Se dejó llevar poseído por la locura, lo saboreó con vehemencia. Lo tomó una y otra vez hasta que sus lenguas rozaron y su cuerpo pidió mayor contacto. Se abrazaron mutuamente, se movieron al sol de la danza afrodisiaca de sus bocas, respiraron, suspiraron, mordisquearon, bebieron, tomaron…

—Lo siento…

Nueve…

Succiones…

Dejadas al ritmo que abandonó los labios y buscaban el cuello.

—¿Qué haces?

Diez…

Dedos…

Que se apretaron contra su cabeza en búsqueda de atención, se tomaron de sus cabellos oscuros, exigieron ser atendidos con pleitesía, ser obedecidos ante su llamado.

Once…

Pálpitos inmortales en sus instintos…

No podía contenerlo…

Mordió, clavó… colmillos de marfil se hicieron espacio entre la carne y las venas, abrieron el torrente, sacaron la sangre.

Y aquel gimió, y el mayor tembló. Apretó el cuerpo, penetró aún más… bebió…

Doce…

—¡Feliz año nuevo!

Se oyó el grito de los festejos. Los invitados celebrando. Abrazos, besos, buenos deseos…

—Que impaciente eres…—aquel sacó sus colmillos, se relamió.

—Tú me aceleras…—justificó. El rubio lo miró de reojo, mostró su colmillo de plata.

—Ya es hora…

Se fue la luz.

Pares de ojos brillantes en la oscuridad.

Ventanales cerrados, al ritmo que el de terciopelo oscuro y cabello dorado, acompañado, penetraba en el salón.

Dudas…

Inseguridad…

Silencio…

Grito…

Pánico…

Silencio…

Masacre…

El festín había sido servido.

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