Lienzo de Guerra (Cap 28)

El conflicto entre la corona y los nobles por el encierro del esclavo se agrava, mientras que en el presente la toma de Alhenas es un hecho. ¿Cómo Asmita logró superar la dura etapa en el calabozo? ¿De qué manera la toma de Alhenas va acorde a sus planes antes de morir?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

El conflicto entre la corona y los nobles por el encierro del esclavo se agrava, mientras que en el presente la toma de Alhenas es un hecho. ¿Cómo Asmita logró superar la dura etapa en el calabozo? ¿De qué manera la toma de Alhenas va acorde a sus planes antes de morir?

Capitulo 28: La actitud del Rey

Alhenas pasaba tiempos difíciles tras el intento de asesinato del rey por quien era un esclavo real y eso lo sentían. Los constantes enfrentamientos entre los nobles y la corona habían creado un estado de inestabilidad que todos los ciudadanos sufrían en los precios del mercado. Como los nobles eran soberanos de las tierras, ellos mismo impusieron altos precios a los productos para empezar a molestar a la comunidad en general, como una medida de dar mayor presión. Cuando alguien se quejaba, la respuesta era simple y precisa: el palacio alimentaba con su impuesto a una traidor de la corona.

La reacción del pueblo no se hizo esperar. Una movilización de madres y padres con sus hijos más jóvenes se reunieron en la plaza principal deteniendo todos los trabajos. No hubo un solo esclavo o libre dentro de Polux que no dejara de mover sus manos con la consigna de dejar de alimentar a un traidor. El reino prefería alimentar aun esclavo que obedecer sus propias reglas, y hasta empezaban a circular lo rumores de que el rey aún tenía otros planes para con el antiguo príncipe de Auva y estaba en espera que los nobles y el pueblo olvidaban. Pero no lo harían… y en una reunión de multitudes ellos alzaron la voz y pidieron, o más bien exigieron la presencia del rey.

Para aquella tarde luego del tercer día de revuelta, el Rey Aspros con sus sequitos y su hijo heredero se presentaron en la reunión. Aspros empezó a pedir paciencia para decidir el destino de un hombre que para él había incurrido en alta traición y merecía más que la muerte. Los nobles exigían ya su cabeza… el pueblo completo yacía alrededor observando lo que ocurría en la plaza principal de Alhenas donde años después, irónicamente, sería quemado el cuerpo de Asmita, el consorte. El heredero solo observaba con sus puños cerrados totalmente indignado ante la actitud del pueblo.

Sin embargo, por muy suaves que hubiesen sido las palabras de Aspros, el reino entero no quería sucumbir. Pedían la ejecución del esclavo justo en esa plaza, exigían que así fuese demostrado que no había nada que atara el corazón del rey. Por mucho que su soberano insistiera en tiempo no era tiempo lo que precisamente tenía los plebeyos ante la presión económica que los nobles estaban imponiendo con los bajos salarios y el aumento de precio. Para evidenciar aún más el descontento de los nobles de la corona uno de ellos se levantó y dio un discurso sobre el poder de Alhenas y su falta de misericordia para los esclavos de guerra, sobre también los grandes avances políticos y militares del príncipe Defteros en comparación a los realizados administrativamente por el rey. El pueblo pareció refulgir con furia ante sus palabras como si la llamarada de fuego hubiera recibido la chispa que podría encender el incendio. Aspros calló sintiéndose avergonzado ante la comparación con su hermano.

El hijo no lo soportó.

La cabeza del noble rodó como una manzana cortada en dos por la tarima de madera que había sido implantada de forma esporádica para el encuentro de la corona y el pueblo. Los gritos de la población no se hicieron esperar cuando la sangre llenó el trono y vieron la figura del heredero con su espada desenvainada y el porte de todo un soberano, la furia de los mismos dioses tatuada en su semblante.

—¡Callaos ahora! ¿Como podéis permitid que los nobles se enfrenten contra la corona y nos obliguen a decidir sobre asuntos que no os conciernen? ¿Cómo podéis creer que serán ellos los que obliguen a mi padre el soberano a decidir sobre un esclavo de guerra? ¿Quiénes pretendéis que sois vosotros? No más que asalariados de la corona sois, y vuestras tierras no han sido vuestras sin nuestro consentimiento. ¡Debednos respeto pueblo de Pólux! ¡Obedecednos, nobles de Alhenas!

Hubo primero silencio ante las palabras… luego hubo la manifestación de miedo e indignación nunca antes vista.  El pueblo arremetió con piedras y el rey, reaccionando incluso antes que los mismos guardias de honor, puso su cuerpo para proteger al hijo y heredero de la corona mientras que los soldados buscaron contener la turba.

Los gritos y el humo de la tierra levantada quitaron la visión. Ese día, el pueblo gritó: muerte al espíritu de Arles…

Desde ese día, la ascensión de Saga de Alhenas a la corona trajo conflicto al reino, debido a la memoria del yugo que el pueblo vivió bajó su abuelo, el antiguo soberano que se proclamo dios: Arles de Alhenas.

______________Acto uno: El Interrogatorio

///Hace 17 años///

Me habían llamado de emergencia para atender las heridas del rey luego de aquel altercado ocurrido en la plaza principal de Polux. Debo admitir que mis nervios se dispararon justo en el momento en que supe que él pueblo, furioso e indignado por la actuación del heredero, haya decidido atacar a su propio monarca corriendo en ese momento peligro la familia real. ¿Qué podía esperar a Alhenas si un conflicto como este fuera más letal? ¿Quién tomaría el mando de la corona? Las perspectivas no fueron nunca alentadoras, teniendo a toda la corte de nobles dispuestos a tomar en el mínimo momento ventaja de cualquier paso en falso por parte de la monarquía.

Después de todo, se han aprovechado de lo mismo: Todo lo que ha ocurrido con Asmita lo han volteado a su favor y lo han usado como una forma para presionar a la corona.

Afortunadamente, los daños que recibieron el heredero y el rey fueron mínimos. El príncipe Saga se libró con apenas unos arañazos y raspones, mientras que él rey si recibió una pedrada en el brazo derecho que se lo ha inmovilizado. Tuve que aplicar mis conocimientos para evitar que la herida pudiera ser de mayor alcance y permitir al rey recuperar la movilidad del mismo lo antes posible.

Justo ahora, ha pasado una semana de aquello. Asmita desde el calabozo se enteró de la noticia y ha estado preguntando constantemente sobre las repercusiones que dicho acto ha tenido tanto en la corte como en la salud de los dos monarcas. Me es sorprendente ver que pese a la situación en la que se encuentra pueda mantener la actitud de un príncipe heredero, aquel que fue desheredado y ultrajado, arrancado de su tierra. Asmita es como una flor de loto nadando en fango, hermosamente aún con sus pétalos manchados, se abre y muestra el origen de su ascendencia.

Asmita ni siquiera en una celda puede ser visto como un esclavo real.

—¿Ya está?—la voz del monarca me saca de mis cavilaciones, obligándome a levantar la mirada por un momento a esos ojos índigo que parecen estar muertos, quien sabe desde cuándo.

¿Realmente Asmita ama el rey? Pienso muchas veces en las noches donde el sueño abandona mi habitación, en que ha podido ocurrir entre ellos. Asmita no habla demasiado, y es imposible poder adivinar las acciones o deseos de este hombre que nos ha regido en la corona por más de quince años. No actúa para salvarle, está como un testigo mudo mientras la corte se pelea y su hijo levanta su voz tratando de hacer valer ya su titulo, y aún así… varias veces se ha oído que se acercar a los guardias de la mazmorra para preguntar por él, si ha comido, si ha dormido… He de suponer que la responsabilidad es demasiada para él, y tener que pelear contra la ley de Alhenas para mantener con vida a alguien que amenazó a la propia corona en traición ya es demasiado. El peso de la corte, ahora el del pueblo que muerto de hambre ataca a lo primero que ve ha fallado y su propio hijo actuando según las arras de su juventud.

Bajo la mirada sin la esperanza de poder entender más a nuestro soberano y me avoco a cumplir con mis labores con el menor de los inconvenientes.

—Así es su majestad, solo necesitará preservar el vendaje por siete noche más, y podrá recuperarse.

—Mi hijo…

—Cómo ya le había informado esa misma noche, no tuvo daños graves, todas sus heridas superficiales han cicatrizado con normalidad.

—Entiendo.

—¿Algo más que quiera saber, su majestad?

—Es suficiente.

—¿Puedo retirarme?

—Tienes el permiso.

Si… así ha sido estos días en que lo he atendido, el protocolo con él cual se atiende a cualquier subordinado, de la misma forma me despido de él no esperando ningún tipo de cambio en la rutina real. La herida que tenía en el brazo ha comenzado a cicatrizar como se esperaba, las infusiones han servido para aliviar el dolor y reconstruir la piel. Solo será cuestión de un poco de reposo, para que nuestro rey recupere el total control de su extremidad derecha y no haya absolutamente nada que lo haga ver incompleto.

Con la misma calma me inclino y doy unos pasos de esta manera hacía atrás, antes de levantarme y con tres pasos más dar la media vuelta y marcharme. El protocolo se mantiene, igual que su silencio, y la idea de que quizás mañana Asmita me preguntaría, al ir a supervisar su alimentación tal cual me han ordenado, el estado del rey como lo ha hecho todos estos días. De reojo me atrevo a mirar a aún la espalda desnuda de nuestro gobernante, quién se ha mantenido inerte sentado en el filo de la cama real, rodeado de vino y de oro, con los mantos de la cacería adornando la estancia y su mirada al parecer perdida en el ventanal que da hacía el noreste .

Su mirada triste, su expresión vacía, su fría soledad…

—Espera.

El llamado me ha sorprendido por completo, sintiéndome tomado desprevenido. Si tal siquiera dejarme reaccionar, el rey se levanta dejando caer el manto que aún no cubre su espalda detrás de sus piernas, manteniendo su torso desnudo, con las vendas cruzando su hombro contrario y sosteniendo su antebrazo inmóvil frente a su pecho. Bajó por inercia mi mirada al sentir que he violado el protocolo al mirar al rey cuando ya estaba la orden de marcharme y temiendo la reprimenda por semejante blasfemia.

—Asmita de Auva—menciona y mi cuerpo percibe un escalofrío—, he oído que solo habla contigo. ¿Es cierto eso?

Irremediablemente recuerdo cuando fui sacado de la corte y el castillo por mi cercanía con el esclavo real, el antiguo príncipe de Auva. Es bien cierto que el rey lo tuvo muy cerca de él, encerrado en la habitación como su mayor propiedad, celándolo incluso de las miradas que osaban admirar la belleza que aún Alhenas con su cautiverio no había podido arrancar del príncipe sometido. Temo… por reflejo, volteando con una reverencia mientras mi cabello largo cae sobre mis hombros cubiertos por la manta blanca y fijo mi vista a la sandalia de mis pies.

—Así es, su majestad. He conversado con el venido de Auva.

—¿Qué dice?—aquello me ha tomado totalmente por sorpresa y titubeo un poco para responder.

—Mi señor… ¿qué desea saber?

—¿Qué hablan? ¿Qué te dice? ¿Cómo lo ves?

¿Cómo debería responder ello? Mi corazón acelera su pulso de forma inmediata y siento el frío de su mirada sobre mi cabeza, esperando o más bien exigiendo una respuesta. Es ahora que me doy cuenta de ello, de la profunda mirada del rey, de toda esa energía que acumula a su alrededor doblegando con solo su mirar, profundo y acuoso, eterno… es esa la sensación, que mira y su mirar no deja de mirarte ni de escudriñarte, como si al mirar mirara mucho más allá.

Reconozco que es la primera vez que siento esa mirada de él, esa mirada con fuerza y la capacidad de hacerme hincar ante él. ¿Desde cuándo…? Creo… creo que solo un rey bendecido por los dioses podría tener una mirada así.

¿Pero cuándo la había sentido antes?

Claro… justo frente a Asmita… aquel día que intentaron atacarlo y él mató a la guardia que osó en levantar su mano a él. La recuerdo, los ojos de Asmita aunque sin luz siguen emanando esa energía que somete sin titubear.

Sin oponerme, inclino mi rodilla pegándola al suelo y ofreciéndole mi total colaboración ante él, que aún sin tener la corona sobre su cabeza parece gobernar.

Si Asmita vio esto, podría comprenderlo. Este hombre… este hombre tiene un enorme potencial encerrado. Nuestro Rey, es un Rey aún sin la corona puesta y sin un ejército que le obedezca.

—Habla… habla de sus días en Auva, de sus ideas para Alhenas, de las siembras… a veces comento los problemas que ocurren en la corte y él me comenta sus soluciones posibles—mis ojos están cerrados y mi rostro inclinado ante él, sintiendo ahora la helada de su mirada en la nuca—. Pregunta cada vez que nos vemos sobre las noticias más importantes de la corona, que ha ocurrido, como se ha visto afectada la economía de Polux debido a su arresto…

—¿Pregunta por el heredero?—su voz resuena de nuevo.

—Lo hace, su majestad… entre todo lo que pregunta sobre el reino, siempre pregunta sobre el heredero—siento en este momento como si la poderosa presencia del rey se esfumara con estas palabras, una sensación de desosiego que envuelve a mi pecho y me obliga a levantar la voz, una vez más—. También pregunta por usted.

Se extiende el silencio. El rey solo me mira como si buscara confirmar la verdad y yo me limito a mantener mi posición pese a que lo único que logró oír es a mi sangre borbotear en el cuello, con el pulso de mi corazón. Trago grueso esperando su veredicto, y confiando que quizás esa hayan sido las palabras que él esperaba escuchar de mi cuando inició estas preguntas.

—¿Qué habla el esclavo del rey?

—¿Me permite levantar la mirada, excelencia?—me atrevo a pedir.

—Adelante—la levanto, la enfocó en él, observando lo turbia que se encuentra, como si estuviera viendo las profundidad del mar y su poderío contenido en dos gotas.

—Que confía en el rey—y lo veo temblar por un momento, con su mirada fija en mía—, qué confía en su sabiduría y en su poder para poder calmar a su pueblo. Que sabrá, sea cual sea la decisión, que el rey lo hizo pensando en lo que es justo para el pueblo de Alhenas.

Por un momento el silencio se mantiene entre nosotros, mirándonos fijamente, envolviéndome a mí en esas aguas que no me atrevería a golpear. Solo los ojos vacio de Asmita podría… solo ese hombre tiene la sangre para hacerlo…

—Y tú… ¿confías en mí?

______________Acto dos: El aviso

Esta noche, para Afrodita y para mí ha sido la más larga en años. Creo que la última vez que habíamos sentido esta latencia del tiempo fue en el día de la caída del reino, aquella noche que Polux cayó ante la garra de los leones. La incertidumbre y el miedo, todo se juntó para tenernos en vela mientras escuchábamos el sonido de los cascos de los caballos enemigos, de los jinetes que venían a asediarnos, sabiendo que Shaka estaba en el castillo, que podría morir. No pudimos descansar hasta saber que estaba con vida. Fue espeluznante.

Justamente, ahora siento la misma inseguridad que en esa noche turbia, el  mismo terror ahorcando mi garganta e impidiendo el paso del aire. Shaka estaba en las garras de los leones, había ido a desafiarles en la misma cueva, a jugar y enfrentar sus colmillos con las manos desnudas, él y un puñado de hombres que no acumulaban la decena. ¿De qué modo sentirme seguro ante la certeza de que en el castillo han de haber más de cien soldados de Ruback sin contar con la guardia de Alhenas?

Me muevo un poco en la cama que comparto con Afrodita y el dolor de mi tobillo me inmoviliza. Dejo brotar un quejido lastimero, y entiendo que en estas condiciones no podré levantarme. ¿Afrodita estará durmiendo? Espero que sí, espero que al menos haya podido descansar porque luego de la despedida los nervios lo tenían bastante asustado ante el desenlace de esta jornada.

—¿Te duele?—te he despertado… suspiro resignado y me limito a asentir mientras siento el movimiento de la cama que me anuncia te estás acercando para verificar.

Descubres la sábana que compartimos y verificas el vendaje que habías puesto con tus infusiones medicinales para la herida. Siempre tan atento Afrodita, no recuerdo haber estado un solo día de mi vida separado de ti, eres mi hermano y desde que tengo memoria compartimos la cama, tal como lo hacíamos de niño, durmiendo en la única cama que nuestro abuelo Sage nos ofrecía y aunque nos construyó una segunda, nunca me acostumbré a dormir solo y siempre terminaba pasándome a la tuya.

Tiempo después, Shaka ocuparía esa misma al no poder dormir con nosotros por las pesadillas…

—Es mejor que no te muevas, si lo haces te dolerá más.

—Está bien…

—¿Crees que falte mucho para que amanezca?

—No lo sé…

Sé que aunque intentemos entablar una conversación trivial, es imposible. Ambos estamos conscientes de que esperamos el amanecer con dolor y esperanza, con miedo y fe. Es tan contradictoria esta amalgama de emociones que no hallo nombre para nombrarla, pero puedo verla en la palidez de tu rostro y en el temblor de tu mirada, hermano: tenemos miedo al amanecer.

—Iré a buscar agua.

Sé que tan solo es una excusa para decir que vas a ver si hay noticias sin preocuparme. Te conozco bien, te leo tan transparente como leo a Shaka, nuestro abuelo siempre dice que soy, de los tres, él que puede estar más al tanto de sus pensamientos.

Te levantas de la cama y amarras tu cabello ondulado a la altura de tu cabeza. Desde aquí, y con la luz de nuestra lámpara de aceite encendida puedo ver tu lunar izquierdo y el brillo de tus ojos celestes titubeando en la negrura de la noche. Volteas para sonreírme e infundirme fuerzas y a mi solo se me ocurre sonreírte en respuesta. Sé que eres quien aparenta ser el más fuerte, el de carácter más difícil y desconfiado, pero cuando se trata de los tuyos, los lloras con sangre Afrodita. Siempre fue así.

—¡Shhh!—un murmullo. Ambos volteamos hacía la entrada de nuestro campamento y vemos la enorme sombra detrás, esperando de seguro el permiso—. Ey…—y reconozco la voz…

—¿Kanon?

No he mencionado bien su nombre cuando asoma su cabeza y de inmediato mi hermano estruja sus cejas en gesto de advertencia.

—¿Qué hace aquí, príncipe Kanon?

—Vine a avisar que ya llegaron noticias de Polux—ante aquello los dos nos hemos tensado esperando lo siguiente—. Sobrevivió, su hermano salió sano y salvo del castillo de Alhenas, ahora se dirige a encabezar la toma de Geminga.

El príncipe Kanon entra finalmente a la campaña y ninguno de los dos somos capaces de decirle lo contrario ante aquella noticia. Shaka sobrevivió, pero no conforme con eso él ha ido a tomar con sus propias manos a la primera ciudad para el príncipe Saga. Kanon nos observa con seriedad, a pesar de que al principio me creaba aversión, me he ido acostumbrando un poco a su presencia, quizás por el trabajo en conjunto en los hornos de la herrería o por los entrenamientos con el heredero. No sé si fue eso, o la sensación de que en cierto modo estamos compartiendo la misma agonía —la de ver a nuestros hermanos enfrentar a la muerte— lo que me indujo a confesarle lo que le dije en el camino al campamento después de lastimarme.

—Además, trajo a una esclava del castillo, me pidieron venir a avisar para que la atendieran.

—¿Una esclava?—preguntamos los dos al unísono y en ese momento es Shayna, la mujer de mayor rango en esta revuelta, la que entra en nuestra carpa sin el menor cuidado.

—Así es, Shaka trajo a la comida que iba a ser del príncipe Aioria…—¡por los dioses…!—, necesitamos que verifiquen si está todo bien con ella. Ya Camus se fue con el príncipe Saga a la revuelta así que…

—Iré…—se levanta Afrodita con determinación, buscando el abrigo para cubrimos del frío.

Le observo en silencio mientras los pensamientos se me aglomeran en la cabeza, no dejando que pueda siquiera dedicar más de un par de segundos a cada uno de ellos. Afrodita sale de la carpa con la compañía de Shayna, y nos quedamos entonces el príncipe Kanon y yo, cada quien al parecer metido en nuestras propias preocupaciones. Pese a saber que ya Shaka salió a salvo de las garras de los leones, el hecho de que haya ido directo a la toma de Geminga no ha ayudado en mucho mi preocupación.

—¿Cómo sigues?—escucho a mi lado, la voz gruesa y algo aplacada de quién es uno de los príncipes sin corona del reino.

Sin pensarlo dirijo mi mirada a él, denotando hasta ese momento que ya no tenía el pecho desnudo como cuando entrenamos horas atrás, sino una holgada camisa de tela desteñida que se amarraba a la altura de su clavícula, mostrando aún así rastro de piel. A diferencia del heredero, Kanon aún preserva el largo y abundante cabello, mechones que caen entre sus pómulos y hombros dándole una apariencia fiera, masculina e indomable. Es extraño… cuando el príncipe Saga tenía el mismo largo, no fueron precisamente esas palabras las que vinieron a mi mente para describirlo.

—Estoy mejor—respondo bajando la mirada a los mantos que aún me cubren en la cama—. Gracias por venir a avisar…

—Estabas muy preocupado—mi mirada se levanta mostrando quizás la incomodidad que siento en este preciso instante que estamos los dos de nuevo solos, otra vez, en la misma noche. Los ojos de Kanon parece mirarme como si pudiera leerme y aquello no me produce más que un intenso temor—. Hoy, en los entrenamientos, no eras tú.

—Sobre lo que dije…

—No te preocupes… no estaré comentando nada es más, no es de mi incumbencia tampoco—entrecierro los ojos observándolo con más atención. Aquellas palabras que salieron de mi boca sobre Asmita y comentando más sobre el pasado de Shaka estoy seguro, que si llegaran a oídos de mi hermano se molestaría conmigo—. Oye… quería pedirte algo—no sé porque me imaginé que algo traía en manos. Respirando para pasar un tanto mis pensamientos, dirijo de nuevo mi mirada a él esperando por sus palabras—. Mira, dudo que puedas ponerte de pie mañana, y lo más seguro es que toquen empezar a crear nuevas armas a partir de esta toma, así qué…—carraspeó—: pensaba en si me enseñarías a trabajar más armas.

—¿Enseñarte?—repito como si aquello fuera más de lo que habría esperado.

—Además, si yo aprendo se podrán hacer más, en menos tiempo. Creo que el factor de la velocidad ayudará para los siguientes movimientos—sigue explicando sin mirarme directamente, como si aquello que me estuviera diciendo le afectara de alguna forma—. Con más armas habrá más espacio para soldados, el ejército podría crecer si es necesario. Creo que hasta el rubio le gustaría la idea…

—Está bien—todo aquello visto desde el punto de vista táctico era cierto—, te enseñaré entonces, pero no repetiré más de una vez—le advierto y él, solo me dirige la mirada y sonríe con un dejo de travesura que no sé como tomar.

—Otra cosa… que sea secreto. Si Saga sabe, de seguro no me dejará. Mucho fue que me dejara entrar… ¿Qué?

Ante esa última pregunta parezco reaccionar y es en ese momento que comprendo que había dibujado una sonrisa mientras él me hablaba. Ahora siento mis mejillas arder y carraspeo un tanto inseguro. Si, es verdad que mientras él me decía que no le comentara a su hermano, pensaba como las cosas habían cambiado tanto desde su llegada. Cuando lo conocimos siendo un hombre irresponsable, hasta ahora que busca ser ayuda para el rey.

—Creo que necesito descansar, príncipe.

______________Acto tres: El pedido

///Hace 17 años///

Las noticias siguen siendo desalentadoras y todos en el castillo tememos sobre lo que podría ocurrir en las semanas subsiguientes. Mi príncipe, mientras tanto, permanece dentro de la mazmorra apenas recibiendo la visita del médico real y según escuché, rechazando las del heredero. Es difícil saber hasta qué punto logrará resolverse todo esto, como también que tipo de salida sea necesaria. Las cosas entre la corona y la corte están muy tensas y si a eso le agregamos el descontento del pueblo, por mi experiencia, sé que solo lo empeorará.

Durante ya una semana después de aquella muerte, todos en el castillo nos hemos preguntado qué clase de rey espera a Alhenas con semejante heredero. He escuchado muchas cosas, leyendas y murmullos que se abren paso entre los esclavos que hablan del antiguo rey, padre del soberano, un hombre quien no medía en sus acciones, cruel y nefasto, un dictador que entregó a Alhenas las noches más difíciles durante su vida. Temen que el heredero sea una nueva imagen de él.

Arles, como se hace nombrar entre los esclavos, había mostrado un reinado tiránico al aumentar los tributos, quitarles las tierras a los plebeyos y alimentar a sus favoritos en la corte mientras estos les acompañaba en sus orgias y en su cama. Un hombre que no titubeó en enviar a su hijo menor a conquistar tierras lejanas para aumentar su poder, mientras en el castillo enfermaba la mente del actual gobernante. Los mismo de la corte, según se escucha entre las voces, temen a la idea de revivir esos momentos donde era mejor callar y sonreír mientras se inclinaban, que intentar ponerse en contra. El rey más de una vez voló la cabeza, tal como lo había hecho el príncipe Saga en esa mañana, frente a todos a quien le desobedecía.

Gobernar a través del terror…

—¿Otra vez?—escucho la voz de la jefa de cocina, recriminando con su mirada oscura a la bandeja que traía el soldado.

—No ha querido comer—reconozco a este soldado, de cabello oscuro y largo a sus hombros, tiene una cicatriz en su ojo izquierdo de seguro de alguna guerra anterior. Es uno de los que resguarda la celda de mi señor.

Es cierto, según también he oído, mi príncipe Asmita solo ha estado comiendo un plato al día, en la noche, cuando la luna  la lluvia visita su ventana. Me preocupa su estado de salud, él como se verá, de seguro más delgado. ¿Por qué lo hace? ¿Acaso no le gusta la comida? Dudo que se trate de eso.

—¡Qué se muera de hambre si quiere!—la voz de la cocinera resuena con ira mientras tira la bandeja en el mesón de barro. Yo me limito a escuchar mientras cortó las verduras para el asado de la cena real—. ¿Quién se cree? ¿Qué le haremos un menú especial?

—Solo dice que le den Arayashiki, ¿sabes qué es eso?

Arayashiki…

Inevitablemente mis manos se han detenido y un escalofrío recorre mis hombros navegando hasta mis piernas.

—¿Y qué voy a saber? Quizás una exquisitez de su tierra, ¡pero no hay nada de eso aquí!

—Cómo sea, si el rey recibe el aviso de que el esclavo no come porque no le gusta la comida, no será a mí a quién reclame.

Arayashiki…

—¡Maldito sea, Isaack!

—Más te vales que lo arregles.

Arayashiki…

Los pasos del soldado resuenan abandonando la cocina, y entre las cocineras y esclavos empiezan a bufar y maldecir a mi príncipe por haber rechazado de nuevo la comida. Yo me he quedado en silencio… yo no puedo más que mirar fijamente el filo del cuchillo con el que corto las patatas y puedo percibir como mi vista se va haciendo más borrosa y menos nítida,

Arayashiki…

¿Esa es la voluntad de mi rey? ¿Es una orden para mi, su majestad?

Mis manos tiemblan con el filo en mano, por fin dos lágrimas caen. Quizás… quizás él ve aquello como la única salida a esta situación.

______________Acto cuatro: La batalla

¡Esto es excitante! Desde que entramos a la ciudad y el cabello de Shaka relució entre los rayos de sol de Alhenas, el pavor y la confusión se han apoderado de todos los francos y ¡hemos podido ganar aún más terreno del que esperábamos! La gente corre, ¡los soldados gritan! ¡Vemos a los mismo imbéciles que decidieron postrarse ante Rukbat para guardar sus posesiones correr y ver con pavor la figura del heredero del consorte real rebanando sesos a diestra y siniestra! ¡Glorioso espectáculo! ¡Increíble actuación! ¡Los pantalones negros de la túnica de luto ahora están teñidos de lodo y sangre!

Nos hemos separado en medio de la plaza donde todos huyen y chillan como animales asustados, Veo que Delio no le pierde pisada a nuestro líder y sabiendo que estar mejor protegido a su lado, me dedicó a buscar al ejercito que ya debería haber avanzado hacía la zona del noreste, donde se encuentra el palacio del poder de la ciudad. Con el trote hacía el frente me abro paso ante la multitud que corre y los soldados que aún confundidos buscan atacarme y mueren a mi paso. La sensación de la guerra me dispara la emoción al máximo, puedo sentir en el palpitar de mi yugular mi corazón vibrando de éxtasis antes la cacería y el instinto de sobrevivencia. Tantos años, malditos años, parado sin hacer nada ahora han acabado. He vuelto a donde es mi verdadera tierra, mi hogar, ¡las guerras!

—¡Prueben mi filo, malditos traidores!—grito de puro placer mientras degolló a otro guardia que se atraviesa a mi paso y la sangre viaja en el viento junto a la arena amarilla. Su grito queda atascado en su garganta y solo es su sangre la que se atrever a clamar por su vida antes de sucumbir.

La euforia que siento es monumental y podría quedarme en el mero centro de la plaza despedazando cuerpo hasta que se me fuera el alma en ello. Después de todo, lo que tengo dentro son unas infinitas ganas de venganza, porque hubiera preferido ser yo el quien muriera o desapareciera después de nuestra caída, y no él, él único hombre en el mundo que le dio razón a mi vida sin una espada en mano.

—¡Kardia!—escucho entre el bullicio de toda la toma una voz conocida llamándome, y luego de quitarme a otro malnacido de encima, volteó para ver el caballo de Dohko corriendo hacia mí, pero no con él sobre él, sino parece ser otro cuerpo… Lo reconozco de inmediato y por primera vez en toda esta algarabía siento mi sangre congelarse en mis venas.

—¡Milo!…—me apresuro a alcanzar el caballo y tomar las riendas para ver el estado de mi primo herido por una espada justo en la costilla. Tengo, ahora sí, la furia contenida y deseos asesinos, ¡quiero matar a todo el maldito ejército que protege esta maldita ciudad!

—¡Camus!—escucho otro grito y veo como desde algunos metros de lejanía Dohko desmiembra a otro guardia con sus brazos desnudo y espada en mano. Ese maldito hombre sigue teniendo la fuerza de su juventud, no en vano era la mano diestra de mi príncipe Defteros—. ¡Está en las afueras de… el bosque!—comprendí el mensaje y sin pensarlo tomo el cuerpo de mi primo y lo subo a mi callo, dando una palmeada al otro animal para que este vaya por su jinete.

Un silbido y cinco de los que pertenecen a nuestro ejército responden y me siguen sin titubear. Lo que planeo hacer es muy sencillo: tomando en cuenta el movimiento de la toma es factible que los malditos roedores se vayan a escapar por la parte del norte de la ciudad, así que no me queda más que evitarlo y cortarle su única salida. Pero antes debo llevar a mi primo herido hasta donde está el médico real y cerciorarme que el muy maldito no se muera antes de tiempo. ¡Joder no! ¡Milo no puede morir!

Cabalgo a toda velocidad mientras la tierra golpea contra mi rostro y el sol de Alhenas me hace sudar largas gotas de agua salada pegándose contra mis mandíbulas y mi barba naciente. Siento como una mano se aferra al hueso de mi cadera y puedo identificar perfectamente que se trata de Milo, de seguro removiéndose por el dolor.

—¡Eres un descuidado! Herido en primer combate, ¡es una vergüenza para un Scorpius!

—No moriré…—murmura él con su voz apagada pero una media sonrisa.

Bueno, debo admitir que con eso me ha convencido.

______________Acto quinto: La Corona

///Hace 17 años///

Encerrado en mi habitación no he podido hacer mucho desde lo ocurrido en aquella revuelta. Mi padre me reclamó con severidad y aunque me enfrenté a sus palabras y no creo haber hecho mal, siento las miradas de reproches de todos los que me sirven y el miedo fijarse en mis vestimentas. Al parecer cometí una enorme equivocación, ¿pero cómo puede ser eso? Estaban atentando contra el poderío y la potestad de la corona, todos los traidores deberían ser condenados a muerte, sin titubear. Al menos eso pienso.

Aún así, mi hermano Kanon se ha mantenido en silencio hacia los motivos, aunque me aplaudió el hecho de ya haber matado a un hombre. Es sabido en Alhenas que el tomar la vida de otro es un gesto que aumenta la dinastía y demuestra la hombría. Más que un acto de terror es tomado como una evidencia de la autoridad que poseemos. Todas esas vidas le deben su derecho al reino, solo tomé una que nos pertenecía, al menos eso pienso y espero que comprendan. No es que mataré a todos los que osen oponerse a mí, pero tampoco titubearé en castigar a los que creen conflicto en mi reinado solo por no estar de acuerdo en decisiones que no les atañe.

La vida de Asmita no les atañe ni al reino, ni a la corte. Es un problema de mi padre, y si, mío.

Aún así, hasta este momento no he podido hablar contigo Asmita; me has negado, has renegado de mi presencia y no… no he podido saber nada de ti y solo verte de lejos desde que compartí la habitación esa noche. ¿Tienes idea de lo mal que me tienes? Lo dudo… según lo que dicen parece que tu temple en vez de desvanecerse se fortalece y hasta te oyen discutir sobre los temas del reino en compañía de Degel; que comparten la única comida que comes al día con él mientras hablan como si estuvieran en el jardín del castillo y no desde la mazmorra, que has perdido peso, que a pesar de todo tu rostro muestra poco a poco los rastros de la necesidad y del encierro, que tu piel antes con brillo dorados ahora es pálida. Asmita… ¿por qué no me dejas verte? ¿Es acaso vergüenza por lo que intentaste hacerle a mi padre?

Yo no te juzgo Asmita, no puedo cuando yo mismo incluso hubiera deseado hacerlo con mis manos esa noche en que te ultrajó y te humilló frente a todos.

La puerta de mi habitación recibe el llamado y ya estaba preparándome la servidumbre para acostarme, quitándome los mantos. Acababa de salir de mi ducha, las doncellas cubren mi cuerpo cada vez mayor, pero con leve cicatrices de lo que recibía en aquella revuelta, menores, en comparación a mi padre que recibió una enorme piedra en su hombro inmovilizándolo. Jamás esperé ese acto de él… jamás esperé que él me cubriera con su cuerpo.

—Príncipe Saga de Alhenas, soy el médico Real, Degel d’Acua, permitid que pueda veros antes de su descanso.

Aquello no me lo esperaba. Volteó y veo la puerta fijamente al escuchar la voz y reconocerlo aún si no se hubiera presentado. ¿Por qué razón vendría a verme? Cuando ya mis heridas están sanas y no tuve daño de gravedad, él hecho de que viniera a verme solo me hace pensar en que quizás se trata de algo de mi padre o de Asmita.

—Abridle.

Las mujeres sin siquiera  oponerse se inclinan a mí como dice el protocolo y dando unos pasos hacia atrás siguen su camino para abrir la puerta, mientras me coloco la bata real que cubre mi rostro. Degel aparece ante mí y se inclina solemnemente, dejando caer su lacio cabello frente a sus hombros.

—Traigo un mensaje, del esclavo del rey.

Mi corazón se sobresalta ante ello, mis ojos de seguro han de haberse iluminado porque una tonta sonrisa puedo sentir en mi cara. Me has llamado Asmita, quieres verme, quieres asegurarte de que estoy bien después de lo que ha pasado. ¡Estoy tan emocionado! Creo que podría en este mismo momento llorar como un niño de la pura felicidad. ¿Cuánto tiempo ha sido? No han sido días, han sido semanas, largas semanas ya Asmita.

Me siento tan impresionado y emocionado que no se de que manera presentarme. Estuve a punto de sacar mis mejores ropas, pero pensé de inmediato que no podrías verla, así que terminé con perfumarme e irme con algo más refrescante. ¡He estado esperando tanto por este día! Pensé que jamás podría verte de nuevo y de solo pensarlo simplemente enloquezco, he pensado de tantas formas podría librarte di tuviera la corona, soñado con el día en que pueda protegerte con mis manos. ¡Quiero decirte tantas cosas a su vez!

Pero por el momento solo puedo salir de la habitación y seguir el paso de Degel que me escolta hasta el lugar, tratando de verme calmado y ocultar la euforia que tengo por la visita. Subimos los escalones en completo silencio, aprecio el hecho de que no me busque ningún tipo de conversación. El silencio ahora es mi mejor aliado para pensar de que manera dirigirme a ti, qué decirte, como comentarte de lo mucho que te he echado de menos Asmita y decirte que no he podido dormir bien solo pensando en tu bienestar. En que me encantaría que de nuevo las cosas fueran como antes, donde podía encontrarte en la habitación de mi padre y perseguirte en tus paseos por los jardines reales.

Que te extraño…

Antes de darme cuenta he llegado frente a la puerta y es Degel quien con una inclinación me abre la manilla de hierro y los guardias se mantienen en una prudente distancia. Yo no quiero que a nuestro encuentro luego de tanto tiempo los soldados escuchen tan siquiera algo de lo que hablemos, así que frunzo el ceño y con una señal de mi rostro, en un movimiento rápido, les señal las escaleras en clara orden de retirarse. Ellos se observan y bajan los escalones, unos cuantos peor no los suficientes.  El médico real simplemente se inclina más dándome el paso.

—Lo espero aquí, su majestad.

Sin prestar atención a eso, tomo la manilla y finalmente abro la puerta de madera y acero que resguarda la mazmorra, observando como con el chirrido que suena al movimiento de las bizarras, se empieza a contemplar la luz proveniente del fuego del pasillo penetrar en la oscuridad plateada de tu celda, solo iluminada por los rayos de luna. Pero esto para ti no representa, por desgracia, ninguna diferencia, ya que tus ojos sellados no pueden ni divisar el oro, ni la plata…

Sigo entrando, cerrando la puerta tras de mí y observándote con mi pecho retumbando dentro y con las ansias haciendo temblar mis dedos. Allí estás… con un manto que es visiblemente de los sirvientes, quizás se trata de ropa que te han traído para quitar los harapos que tenías como un mero esclavo y tu cabello sujeto en una trenza larga, apoyada en tu hombro derecho. Es cierto que estás más delgado, se puede notar por el holgado del camisón celeste y el pantalón blanco ya sucio que se anuda a tus tobillos. Pero también era verdad cuando decían que ni aún así te arrebataban algo a tu belleza, porque si antes tenías brillo de oro en la piel, ahora Asmita reluce con plata bajo la luz de la luna.

Me acerco con algo de miedo al notar que no has volteado ni te has movido para recibirme. No sé qué manera comenzar, quisiera decir tanto que se me traba la lengua al tan solo intentar hablar, así que respiro profundo meditando en cómo  dar pie a un saludo.

—Asmita… soy—carraspeo al sentir mi voz titubear—. Soy Saga…

—Sé quien es príncipe—inmediatamente me interrumpes y por tu tono de voz…

Siento un calofrío invadir mis venas cuando comprendí el reproche que tiñe tu voz. Trago grueso, no sé qué hacer ante estas circunstancias, tu rostro apenas se mueve para  ponerlo sobre tus hombros con una actitud que me hace pensar en un rey ofendido y yo… yo no puedo hacer otra cosa que bajar la cabeza ahora inseguro de que hacer y de que estoy haciendo aquí.

—Yo… vine porqué.

—Así es, príncipe. Pedí que lo buscaran y me ha dado una audiencia privada.

—Asmita…—no lo entiendo.

—Puedo reconocerlo de lejos su majestad. Veo que se ha perfumado para verme, agradezco su gentileza—tu sonrisa… esa helada sonrisa.

No lo entiendo… ¡no lo entiendo! ¿Qué te pasa Asmita? ¿Por qué me tratas con esa frialdad? ¿Por qué me hablas de esa manera?

—¿Acaso intenta ocultar el olor de la sangre que mancha sus manos, su majestad?—Oh… cielos…

—Asmita…

—No era necesario, el olor de la sangre de su pueblo en sus manos llega hasta mis narices y asquea—me estás juzgando… ¡me estás juzgando!

—¡Asmita, yo! ¡Yo hice eso para proteger el poder de mi padre, de la corona! Ese hombre estaba oponiéndose a los designios de la realeza y…

—¡No hable más, su majestad!

—¡Quiero que me entiendas! ¡Que sepas porque lo hice! ¡Yo te defendería de quien fuera!

—¡Has matado a uno de tu pueblo! ¡Desenvainaste tu espada mientras otro atacaba con su lengua! ¿Has sembrado el terror ante el pueblo de tu padre y pides que entienda tus motivaciones, príncipe?—me he quedado helado, callado, sintiendo… ¡sintiéndome tan ruin!—. ¡No defendiste los intereses de tu padre ni de la corona!

Volteas mostrando tu mentón en alto, tus cejas delgadas creando tu ceño fruncido tu rostro condenándome al peor de los castigos. Y siento a mi corazón ser estrujado y herido por tu expresión fiera, por ese gesto que me dicen lo que yo quisiera no ver. No…. ¡No quiero! ¡No quiero que me mires de esa manera! ¡No quiero ver ese rostro en ti Asmita!

¡NO ME ODIES!

—Asmita…

—Calla príncipe, ¡calla y no hables de tus motivaciones ahora!—muerdo mis labios, bajando mi rostro mientras lo único que quiero es correr… correr…—. ¡Jamás pensé que pudieras actuar de esa manera tan descuidada y déspota! ¿Cómo has podido levantar tu mano contra tu pueblo? ¿Así planeas gobernar? ¿Cercenando las cabezas de quienes estén en contra de tus deseos egoísta, príncipe? ¿Es esa clase de rey que le darás a Alhenas?

—¡Lo hice para defenderte! ¡Para salvar tu vida, Asmita!

—¿Qué soy yo para Alhenas, príncipe? ¡Solo un esclavo! ¡Sólo soy un esclavo!

—¡Pero yo te…!

—¡¡No los menciones, príncipe!!

Muerdo mis labios conteniendo las lágrimas y la rabia que penetra en mi cuerpo. ¿Por qué? ¿Por qué? Yo solo he defendido su vida, me he enfrentado a mi padre y a la corte, ¡he hecho lo que mi padre no! ¡Me he levantado con autoridad para mostrar que quiero tenerte con vida! ¿POR QUÉ ME JUZGAS? ¿PORQUÉ LO HACES? ¡POR QUÉ NO ENTIENDES QUE TODO ESTO LO HE HECHO POR AMOR A TI, ASMITA!

¡¿POR QUÉ ME DESTROZAS ASÍ?!

Las lágrimas sin poderlo evitar caen en mis mejillas pero intento no sollozar, intento no titubear frente a ti.

—Me condenas por hacer lo que mi padre no se ha atrevido. Me condenas por defender lo que amo a costa de lo sea… ¡Asmita! ¡Me condenas por defenderte!

—¿Bajo qué costó, príncipe? ¿Con el de la sangre derramada de tu pueblo? En este momento pesa más pecado en ti que en tu propio tío, el príncipe Defteros. ¡Atentar contra los tuyos es lo peor que puedes incurrir!

—¡Asmita!

—¡Me decepcionas!—y me has matado con tus palabras—. Incluso tu perfume asquea a mi cuerpo… ¡no puedo siquiera pensar en mantenerte por más tiempo cerca de mi después de lo que has hecho! —me matas Asmita, me destruye dolorosamente…—. Un rey se debe a su pueblo, príncipe. No se es rey si un pueblo que dependa de él. ¡Entiende que no es tu cabeza la que sostiene la corona sino el pueblo que te sigue! ¿De qué manera ganaras su fidelidad? ¿Usando el terror y la violencia? ¿El miedo como arma?

—Por favor… basta…

—¿Es de esa manera que gobernaras? ¡¡Por qué si es así prefiero morir antes de verlo!!

—¡¡¡CALLA!!!

Grito.

Grito con lágrimas, con vergüenza… mis piernas no soportan y caigo de rodillas con la cabeza entre mis piernas y sintiéndome desgraciado. Yo… yo no quería esto… yo solo me enfurecí cuando oí la manera en la que ese hombre quería obligar, con los suyos, a que mi padre te mataran frente a ellos exhibiéndote como si fueras carne de un animal. Yo solo quise mostrarles que la corona estaba dispuesta a defenderte con la fuerza, que yo… yo podía salvarte.

No me condenes Asmita…

No me rechaces Asmita…

Aunque no me ames, aunque jamás sea para ti el primero…

No me odies… por favor… no me odies… no tu… ¡No tu!

—Retírese príncipe…

Has dado media vuelta… me has dado la espalda. Me condenas… y me castigas.

—Por favor… Asmita por favor…

—Retírese príncipe.

—Fue por ti…

—Un rey debe velar por los intereses de su pueblo, no por los propios ni por sus deseos.

—¿Y qué hago con lo que deseo? ¿Con lo que amo?

—Sabrá qué hacer con ello.

—¡Asmita!—¡me desespera! ¡Me desespera que sea tan duro y ruin!

—¿Príncipe, quiere saber porqué hice lo que hice al llegar a este lugar?—levanto mi mirada para ver su espalda, y su cabello trenzado moviéndose apenas en la lúgubre celda—. ¿Por qué mate a mi hermano?—y siento el filo pasar por mi cuello, el filo de sus palabras—. Por qué como soberano debía velar por el bienestar de mi pueblo y él… él era el pueblo que quedaba…—¿cómo puedo competir contra eso? Asmita… es muy duro… muy duro ser rey…—… aunque con ello tenía que matar al ser que más amaba.

Silencio… no soy capaz de siquiera objetar ante ello y solo me atrevo a seguir llorando bajo tus pies, sintiéndome desgarrado, lacerado y herido de muerte por tu indiferencia y la crueldad que me creo merecida.

No sé cuánto tiempo haya pasado, pero me he quedado sin lágrimas y siento frío. Degel parece ser quien entró a la celda y yo sigo aquí de rodilla mientras solo me dejas ver tu espalda. Me siento tan solo, tan lastimado, lo único que realmente quiero es… es dormir y olvidar este día pero sé, sé que jamás lo olvidaría.

—Príncipe, retírese por favor—vuelves a pedirme, con tu voz más calmada.

—Perdóname…—te mantienes en silencio, con tus manos al frente y las cadenas cayendo al piso y aún así, la actitud de un verdadero rey. De un soberano—. Yo… juro que seré un rey digno de ti.

—No príncipe…—¿Cuánto más me herirás, Asmita?—. Sé un rey digno de tu pueblo. Hazlo en mi memoria…

///Presente///

Escucho el ruido de un par de caballos hacía mi y por inercia me oculto entre los matorrales sacando la espada que me han entregado. Estoy en espera de los heridos, en esta carpa que se ha armado para mí y para los primeros auxilios de nuestros guerreros que han caído en batalla. Afortunadamente reconozco de lejos el porte del príncipe Saga y me atrevo con más confianza el salir para darle la bienvenida con una inclinación solemne ante su presencia, como debe de ser al verdadero rey.

Apenas al llegar, aún desde su caballo, su voz resuena con una orden que me siento incapaz de desobedecer.

—¿Cuántos?

—Trece su majestad, tres de gravedad, los otros diez estarán en combate de nuevo en quizás unas horas—levanto mi mirada viendo como los ojos verdes del príncipe heredero observan hacia la ciudad. El humo en el cielo se puede distinguir desde aquí y aunque es necesario acercarse más para poder ver la ciudad en llamas, puedo sentir que el príncipe lo intuye por el rostro de compasión que ha dibujado su rostro.

Vuelvo mi mirada a él, lo observo… el rostro de Saga aunque está serio es claro en sus emociones. Mi rey parece observar a su tierra con determinación, pero al mismo tiempo un inmenso amor y dolor, todo junto, tan mezclado que es imposible separarlo.

—Hazlo en mi memoria…—aquellas palabras saliendo de sus labios me toman desprevenido, no entendiendo a que se refiere con ellas o si me habla a mi directamente. Miro al acompañante, uno que desconozco pero debe ser de los que siguen a Shaka fielmente y este me mira de mala manera. Es evidente que tampoco le hablaba a él…

—Su majestad, no pude escucharle—me disculpo esperando que pueda repetirme lo que me haya dicho a mí.

—No te preocupes Camus, solo recordé algo…

______________Acto seis: El karma

La arena amarilla se levantaba entre al cabalgada de mi caballo mientras me abría paso en la multitud de personas que huían del fuego y del enfrentamiento entre soldados de Rukbat y nuestro ejército. Había gritos, había conmoción, todos aquellos ingredientes que me imaginaba para una toma de gloria y poder estaban en su lugar tomando posición y mostrándome el inicio de lo que es mi misión de vida desde hace cinco años. Sonreía… y con mi cabello suelto como símbolo de mi dinastía me voy acercando aún más a la plazoleta dispuesto a clavar justo en el medio la bandera de Alhenas para declarar la toma como una realidad inamovible.

Hace calor, el sudor perla mi piel, mi torso desnudo mostrando las cicatrices que ya había tenido desde hace varios años y el pantalón negro lleno de lodo, rojo sangre y arena. El luto ya no se guardaba como un acto simbólico, alrededor de la calle se podía ver cuerpo mutilados de aldeanos como de soldados de ambos bandos que habían caigo en la toma. El sacrificio era algo que habíamos tomado en cuenta, era algo que debía ocurrir. Tomar el frente de una guerra sin tomar en cuenta las bajas es un acto absolutamente estúpido.

—¡Delio!—le llamo por su nombre logrando hacer que volteara luego de descuartizar a otro que planeaba de escapar. La mitad del rostro de mi amante está lleno de sangre y aquello no hace más que llenarme de admiración. Tan peligroso, astuto y déspota, el mejor compañero para ir a la muerte llevándole cadáveres de sacrificios—. ¡Adelántate!—su mirada me dice que no piensa mover su maldito trasero sin verme mover a mí, así que bufo con algo de aceptación a ello, no debería extrañarme.

El asunto es que ya quería que la toma se acentuara hacía la casa del monarca, donde uno de los antiguos nobles de Alhenas gobiernan la ciudad. Ya quería que el mismo pueblo que ahora me observa entre aterrado y esperanzados ya se dirigieran hasta tumbar con sus mismas manos las puertas que llevaban a la mansión estadal. Me sonrió observando como ellos me ven con tanto de miedo, tanto de pavor, tanto de confusión; es evidente que ya habían escuchado las palabras de mis hermanos cuando venían a predicar mi regreso, y estoy seguro que más  de la mitad de ellos no creyeron en sus palabras.

Muchos corren…

Muchos escapan…

Doy vuelta en el caballo observando como el fuego se extiende y poco se dignan a quedarse observando sin querer huir después. Pronto la voz se regaría y conforme las bajas del ejército del reino fueran aumentando, de seguro el pueblo tomará una posición al lado de nosotros, los rebeldes.

La venganza… por fin empieza mi venganza…

—¡Corre!—la voz de una mujer me llama la atención al escuchar a su vez el sonidos de unos cajones de maderas caer. Al voltear para ver de dónde proviene aquel ruido puedo ver que no es más que una adolescente en mantos cargando a su hermanito de quizás cinco años en sus brazos, lleno de tierra y de humo asomando su cabeza sobre su hombro con ojos grandes, negro como la noche—. ¡No abras los ojos!

“¡CIERRA LOS OJOS, SHAKA!”

Como si fuera bebido por los recuerdos, todo cambia a mí alrededor. El aire mismo parece temblar y detenerse en el tiempo, como si su paso fuera alentado por el mismo vibrara de mi vista que se mueve de lado y lado constatando en donde me encontraba.

“¡NO!¡NO!¡NO! ¡Asmita!…”

Esas voces… esas voces que parecen gritarme dentro de la cabeza.

“¡CIERRA LOS OJOS, SHAKA!”

“¡Es muy rápido, Señor!”

“¡No los maten!”

El fuego… las casas consumiéndose, la gente corriendo… el humo, la tierra levantándose, el sol ocultándose…

“Shion, ¡toma a Shaka y corre apenas te dé la señal!”

No estoy aquí…

“¡CIERRA LOS OJOS, SHAKA!”

“¡AAASMITAAAAA!”

Estoy allá… en ese momento, justo en el momento en que fuimos condenados a ser esclavos de extranjeros.

“¡ASMITAAA!”

“¡AAAAAAARGGGHHHHHHHHHHH!”

El día que te perdí hermano…

El día que nos separaron, hermano…

Y allí estás, ahora a unos metros de mi con el mismo traje con el que moriste, el mismo que me puse esta noche para comenzar la venganza, tu justicia… Estás frente a mí, con tu cabello ondeando entre el fuego que consume tu pueblo, con tu rostro contristo.

Contristo…

Hermano, ¿no es esto lo que querías? Veo que levantas tu mano hacía tu rostro y te sigo, levantando la mía sin poder quitarte los ojos de encima, sin importarme si estoy enloqueciendo o es la realidad. Hermano, estoy liberando el pueblo, le entregaré la corona a ese hombre… ¿no es esto lo que querías? Tocas tu rostro con tu mano, permaneciendo tu rostro colmado de dolor…

Yo toco una máscara…

La máscara de Alhenas.

Y el frio me penetra el cuerpo como una daga de hielo.

Unos brazos me toman por sorpresa desde atrás, cubriendo mi cuerpo y haciéndome perder el equilibrio sobre el caballo. Mi cabeza cae sobre un pecho desnudo que logró reconocer al instante gracias a su olor. De repente, todos los sonidos que antes me rodeaban vuelven a escucharse nítidos, el paso de caballos y el fuego junto a los gritos es de nuevo el panorama que me rodea.

—No está allí—Delio… tu voz—. Tu hermano no está aquí

Y tú no estás, en esa columna de fuego tú no estás.

Mi corazón late acelerado, el frío aún lo siento en mis entrañas. No sé qué haría, Delio, si no vinieras a salvarme. No sé cómo haces para saber cuándo justamente él se presenta ante mí. No sé cómo, pero… esta vez, creo que él quería darme un mensaje.

Sí hermano, me he convertido en uno de ellos, pero yo soy uno de ellos desde hace quince años.

Jamás podré ser como tu…

Y esta es mi forma de hacer justicia…

3 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 28)

  1. Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaa quiero más!!!!!!!!!

    El mito de Arles sobre Saga, el asesinato de mi tierno Saga adolescente que me roba el corazón, esa descripción de Aspros es todo su esplendor… tan imponente OMG y cediendo aunque sea un poco, morí de amor con el interrogatorio pensando cómo por dentro estaría temblando deseando que Asmita sintiera algo por él ¡¡¡¡¡¡¡¡NECESITO ASPRITA!!!!!

    ” —¡Eres un descuidado! Herido en primer combate, ¡es una vergüenza para un Scorpius!” Milo es un amor jajajaj y su tío lo más

    La escena Sagmita fue muy cruel T___________T y la conección con Saga en el presente me estrujó el pecho, realmente es ver a ese tierno adolescente hecho un hombre Wow que quita el aire ¡¡¡DAME SASHA!!!! lo necesito como el aire que respiro en este fic

    Y por último y súper importante dos regalos para mí:

    KanonxMu *love*

    AfroxMu *love*

    Karin es una persona feliz y con ganas de mucho más LDG!!!!!!!!!!!!!!! DAME MÁSSSSSS

    1. Gemeeeeee, me alegro que te haya gustado este capitulo, ¡en serio! Me apuraré a ver si puedo adelantar algo y publicar entre la semana que viene, porque de verdad que también quiero avanzar un poco más esta trama. Quizás sean las únicas dos a las que me esfuerce mientras espero la musa para las otras, que no, no las he olvidado.

      Sabía que te iba a gustar el momento de Aspros y claro, el de Sagmita que para mi era tan relevante y difícil de tratar. ¡Sé que necesitas Asprita! ¡Mi rubio también necesita amor peor a partir de estos cambio la historia se complica más para el trono de Alhenas mientras que en el presente Saga le va a hacer sentir a Shaka en carne propia lo que es doblegarse al rey! ¡Espero te guste lo que está por venir!

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