Un poco de Color y Vida (Cap 49)

Kanon ha logrado dar un paso para la reconciliación con su familia, un paso que puede ser decisivo. ¿Radamanthys estará dispuesto dar un paso también?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que es citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Kanon ha logrado dar un paso para la reconciliación con su familia, un paso que puede ser decisivo. ¿Radamanthys estará dispuesto  dar un paso también?

Capitulo 49: Desheredado

Tres de la tarde, la agenda ya estaba programada. El Mall al este de Londres era uno de sus más llamativos trabajos para el consorcio de los Wimbert.  Había sido construido hacia 20 años, y la arquitectura aún representaba un hito en el diseño de espacios de entretenimiento y comercio, incluso inspirador para trabajos en otros países. Precisamente en ese lugar se llevaría a cabo una actividad especial de la asociación de niños y madres con cáncer que lideraban en la ciudad y a la cual, la mujer de los Wimbert había decidido apoyar con la donación de uno de los locales del prestigioso Mall como centro de sus operaciones. Como era de esperarse, había un acto protocolario de por medio y las más alta figuras del consorcio se dirigían al lugar.

Valentine sabía que todo lo que estaba ocurriendo ese día era parte de sus obligaciones, y que no era extraño que él como mano derecha y principal de confianza de Radamanthys lo siguiera en dicho evento y estuviera a su lado para el momento de la entrega del poder y de los agradecimientos por parte del grupo. Además, ese tipo de proyectos por parte de la empresa eran algo común, ya que por el gusto de la señora Fler a la caridad siempre se destinaba fondos para apoyar económicamente campañas de ese tipo, algo que al final generaba una mejor posición para con los clientes y la sociedad. El presidente de la empresa veía en eso más que un movimiento publicitario o de mercadotecnia, era su cumplimiento a los deseos de su mujer, los únicos por los que velaba.

Eso él lo entendía y lo sabía de un principio, para Radamanthys su mujer seguía siendo la niña de sus ojos. Ese hombre no podría ver más allá.

Suspiró… ya no quedaba más que tres días dentro de la empresa y ese quizás sería al último evento social al que acompañaría a Radamanthys. Estaba convencido que era lo mejor y que aquello no tenía forma de cambiar de curso, por mucho que las cosas se hubieran vuelto turbias en la empresa o en el hogar del superior. El asunto que lo tenía incomodo ante ese evento no era precisamente pensar que era él último, sino las dos miradas que tenía sobre él y que no dejaban de hacerle sentir inquieto.

Por un lado, Radamanthys parecía mirarlo como si quisiera encontrar algo para poder detenerlo de su decisión, una mirada tan profunda y ardiente que lo tenía verdaderamente nervioso. Una mirada férrea y decidida, como si al mismo tiempo pensara en que piezas mover o de qué manera acorralarlo para que él no pudiera moverse de su sitio, para que siguiera a su lado. Minos le había dicho la noche anterior que lo había llamado para abogar por el contrato de inamovilidad para obligarlo a permanecer más tiempo y así dar un plazo mayor para poderlo convencer. El juez se rió de aquello cuando lo contaba, incluso tuvo la mofa de decirle si no era ese al final el sueño que había tenido, el que Radamanthys viera la manera de quedárselo y dejarlo a su lado.

Realmente, no estaba del todo equivocado. Una parte de él se sentía honrado y agradecido por el gesto que tenía el mayor de apreciarlo al punto de quererlo retener aún en contra de su propia voluntad. Pero eso no era comparado a la desesperación que le entraba al saber que simplemente no podía quedarse allí y que si Radamanthys seguía presionándolo sacaría la verdadera y más oscura de sus motivaciones, acabando con todo de manera catastrófica. Por ello permaneció en silencio ante la sorna del hombre de la ley, de aquel hombre de ojos tan dorados como los de Radamanthys que lo veían como si evaluaran su conducta, como si lo juzgaran.

“No importa cuánto me ruegue Radamanthys. Yo no voy a dejar que te quedes a su lado”

Fueron esas las palabras de Minos aquella noche. Esa mirada de fuego y posesión, ¿cómo podía descifrarla? ¿Por qué sintió un escalofrío correrle por todos los nervios? ¿Por qué ese brillo dorado de sus ojos, los que creyó podría sustituir a Radamanthys en esas noches que se entregaba agobiado por el desamor, adquirían un brillo distintivo, incomparable?

Frotó su frente con pesar al sentir de nuevo los pensamientos golpeando contra sus sienes y provocándole un ligero dolor de cabeza. Sabía que ese malestar no provenía directamente de la mirada de Radamanthys, o de los pensamientos hacía Minos y la extraña sensación que estaba experimentando por estar con él. No, se trataba de la otra mirada, de la misma que tenía frente a él en la limosina que lo llevaban con su superior a aquel evento. Se trataba de unos ojos profundos y enigmáticos, claros, casi con un ligero tono violeta, con espesas pestañas negras, en una piel palidísima. Una mirada de señorío, de profundo estudio y vigilancia, una mirada de repudio y odio a la vez. Una mirada que lo juzgaba.

Pandora.

Desvió la mirada de nuevo a la agenda electrónica queriendo distraerse viendo el programa que debían seguir en el evento. Aquello lo tenía perturbado; aún en sus oídos podían resonar los gritos de Minos cuando se había alterado, con la visita de esa mujer al departamento justo cuando ellos intimaban. Jamás lo había oído así, él que siempre parecía tener todo bajo control y manipular todo a su antojo, parecía que con ella simplemente sus hilos dejaban de tener efecto. Como si los hilos de ellas fueran más fuertes y letales.

¿Qué clase de mujer era Pandora? Sabía el efecto que ella provocaba en Radamanthys, sabía que era la única que se le podía enfrentar como un igual y salir airosa sin que ese hombre le levantara demasiado la voz. Pero que tuviera casi el mismo efecto en Minos, que pudiera contrariarlo al punto de no querer continuar con su actividad lúbrica después de su ida definitivamente era de cuidar. Y ella, en ese momento, lo miraba como si fuera algo que debía sacar de su camino. ¿Por qué?

El sonido de su móvil le distrajo y al mismo tiempo atrajo la mirada de los otros dos señores de la empresa hacía él, de nuevo, cada uno con un sentimiento distinto. Valentine sacó de su abrigo el móvil titilante y buscó entre el menú el buzón de entrada de la mensajería, para ver el nombre de Minos como el remitente. Su corazón se paralizó… Minos no solía escribirle a su teléfono móvil.

“¿Dónde estás? Te quiero ver hoy”

Se apresuró a responder comentándole que iba al Este de Londres a una actividad social con la presidencia, evitando mencionar a Radamanthys directamente. Las miradas seguían fijas a él y a cualquier de sus movimientos, se sentía como una presa entrando en terrenos peligrosos, donde una enorme telaraña preparada por la tarántula estaba esperando un falso movimiento de él mientras qué, una ave de caza con sus ojos dorados observaban fijamente su recorrido calculando en qué momento podía atraparlo para mantenerlo a su lado. Nervioso envió el mensaje y de inmediato abrió la página de noticias para enfocar sus ideas en otro lugar menos en esas miradas, pero llegó una respuesta de Minos y aquello lo había dejado más inseguro.

“¿Estás con Radamanthys? ¿Con quién más estás?”

Frunció su ceño. ¿Cómo debía interpretar esas preguntas? ¿Qué era lo que Minos estaba buscando de él? ¿Y por qué se sentía tan asfixiado en ese auto? ¿Por qué le estaba costando respirar? Respondió diciendo que no estaba solo con él, que Pandora también estaba a su lado y no supo identificar para sí mismo si era algún modo de justificación o si quería hacerle entender que no estaba solo con Radamanthys como si el simple hecho de estarlo fuera malo. Abandonó el móvil dentro de su saco y buscó con su mirada a las afueras, cuando cruzaban el Tower Bringeth de Londres.

—¿Todo está bien?—la voz que resonó fue la del líder del consorcio, Radamanthys, y Valentine sintió otro escalofrío, aún más inseguro cuando, al paso de esa voz, su teléfono volvió a sonar.

—Sí, Señor.

—Estás pálido…—agregó el mayor y Valentine mantuvo su fija a la ventanilla, tragando grueso.

—Estoy bien, Radamanthys—volvió a asegurar y cuando creyó, conociéndolo, que Radamanthys volvería a preguntar, fue Pandora la que habló.

—¿Fler estará en el evento?—de reojo no pudo evitar mirar a la mujer tratando de interpretar a que venía la mención de la mujer de Radamanthys en ese momento.

—Sí, ella ya está en el lugar con Hagen.

—Ya veo.

Se quedaron en silencio de nuevo y Valentine no supo la razón del porque se sentía aún más inquieto por eso. Con discreción sacó de nuevo el móvil de su abrigo y leyó el mensaje, quedando literalmente helado.

“Ten cuidado de Pandora”

Y desde su despacho, el hombre de ley se colocaba la toga con la cual saldría al magistrado para encabezar otro juicio pero con su mente totalmente desconectada de aquel caso. El cabello claro, casi plata, era resaltado ante las túnicas negras de su traje y su mirada dorada parecía fulminar en medio de las sombras que provocaban las cortinas vino tintos con el contacto de la luz.

Había cometido un grave error. Tener a Pandora de enemigo no era una opción, nunca, la mujer siempre conseguía la manera de llevar todo a su favor y si creyó que con decirle que Radamanthys ya había movido sus manos al respecto ella desistiría estaba totalmente equivocado.

Se frotó las sienes con fastidio al asumir que no había podido dormir luego de esa visita. Hasta las ganas de sexo se le esfumaron luego de ver a la mujer con quien durante años contendió el corazón de Simmons. Irónicamente, ambos perdieron esa partida, porque ella ni siquiera con el matrimonio pudo quedarse con él y lo más satírico del asunto es que quien ganó la carrera por el amor de Simmons era su centro de la conversación, el mismo muchacho que desde su llegada a Londres tenía a Radamanthys de cabeza: Shaka Wimbert, su hijo y heredero. Pandora insistía en que lo ayudara a buscar en Grecia, él lanzó la verdad de que el muchacho estaba en Londres y ya su padre lo había no solo visto, sino botado de su vida como si fuese un vil perro enfermo. Aquello había alterado a la mujer de una manera en que no pensó verla por quien fue el amante de su esposo, pero Pandora parecía no verlo de ese modo, sino como el ahijado, el hijo de Fler, el chico.

Siendo él incapaz de creer de Pandora tal acto de altruismo, pensó que solo era una fachada para esconder su verdadero interés, el destino de la herencia de los Wimbert sino estaba el heredero. Conocía perfectamente toda la situación legal que se suscitó cuando el padre de Radamanthys murió y le dejó la heredad por encima de sus hermanos e hijos del matrimonio legítimo. Todos aquellos quedaron como asalariados si querían seguir en el negocio de la familia, del menor y el bastardo de los Wimbert.

Aquel acto había creado un gran conflicto entre todos los familiares, e incluso luego del matrimonio entre él y Fler, se habían encargado de presionar por la llegada de un hijo. Ellos creían que Shaka estaba en el extranjero estudiando, una de las razones de mantener esa fachada era evitar que aquel conflicto por la herencia volviera a resurgir luego de años, pero no se podía mantener por mucho tiempo; la familia ya empezaba a hablar y preguntar dónde estaba Shaka y que era de su vida y ya las mentiras no eran suficiente. Quizás Pandora vino por ello y no de buena samaritana, tomando en cuenta que era la hija menor de uno de los tíos de Radamanthys y que era la única que conocía la verdad tras la desaparición de Shaka de la familia. Creyó que simplemente la mujer quería asegurarse que quien se había metido con su marido no gozara de absolutamente nada, y que si le decía aquello lo dejaría en paz a él, al muchacho, y a su vida.

No fue así… revelarle la verdad tras el heredero de Radamanthys había sido una enorme equivocación. La mujer simplemente palideció y todo se tergiversó. Minos se dio cuenta muy tarde que las motivaciones de Pandora para con Shaka no eran tan crueles como pensaba, que esa mujer realmente estaba dispuesta a todo para su regreso.

Ahora, encontrar a ese muchacho había pasado a ser una prioridad para él y aquello lo detestaba. Solo pensar que ese niño pudo haber estado con Simmons y que éste si estaba dispuesto a dejar todo por él le creaba una terrible jaqueca. El pasado le pesaba y Pandora había llegado para hacerlo aún más difícil de sobrellevar y ahora, con todo eso, estaba en el medio un hombre que no tenía parte ni culpa en todo lo que había ocurrido.

Él debía protegerlo.

En ese mismo momento, Saga dejaba caer de nuevo la bocina del teléfono mientras pensaba en si era demasiado temprano para saber que había ocurrido en aquel almuerzo. Si los cálculos no le fallaban, debían ser al menos la una de la tarde ya en Grecia, de ser así Kanon ya debió haberse desocupado de aquel encuentro. Estaba nervioso, y necesitaba saber el resultado, sobre que hablaron y si su hermano podría continuar propiciando otro encuentro igual.

Shaka observaba al griego bufar mientras cubría su cabeza con sus manos y veía al teléfono como si esperara a que este contestara sus preguntas. Lo miraba desde afuera del local, con sus manos en los bolsillos mientras la gente corría y paseaba a su alrededor en aquel Mall que le era conocido. Sinceramente, era la primera vez luego de haber abandonado a su casa en que iba.

La construcción en un medio ovalo tenía toda la separación necesaria para tener un auditorio, tiendas por departamento, cine e incluso un pequeño parque de diversiones. Era toda una conglomerada construcción prevista para el entretenimiento y el comercio y el podía recordar hacía donde llevaban los pasillos con solo memorar la maqueta que estaba en la oficina de su padre cuando él tenía siete años. Fue imposible no revivir la sensación cuando su padre lo alzó con un brazo para que pudiera ver mejor la nueva obra que su compañía iba a proponer con sus asociados, una obra que sería de gran importancia para esa zona. Recordaba como su padre le explicaba a él y a su madre donde estarían los cines, donde estarían cada uno de los espacios destinados para los comercios. Era impresionante estar ahora caminando en sus pasillos luego de veinte años de esa escena, pensar que aquella maqueta se había convertido en esa construcción y que esas personas que estaban como figura en la maqueta ahora se movían e invertían en el lugar.

Cuando le dijo que le gustaría ir al Mall y que el itinerario que el griego tenían planeado lo hacían el día siguiente, nunca le explicó a Saga la razón del porque quería ir a ese sitio. Para Saga de seguro era simplemente un Mall común, pero para él traía muchas memorias, de cuando era niño, de antes de su conflicto personal por su identidad. No había querido pisar antes, cuando aún vivía en Londres, temiendo que alguien pudiera identificarlo. Ahora podía pasearlo con tranquilidad sin la vergüenza y sin ese temor, dudosamente alguien de ese lugar podría recordar al hijo de uno de los inversionistas.

Aún así, tal como vestía era también difícil que lo reconocieran. Su sobretodo gris ocultaba un pantalón tallado plomo y la camisa blanca con algunas detalles grises y violetas en el pecho a la altura de la derecha. Una boina color plomo de gamuza acompañaba el atuendo, sus lentes de montura negra los tenía colgado de su cadena, una de cuero con su nombre labrado el aluminio. Si lo compararan con el chico que dejó a los Wimbert, que aún usaba colores modestos y cuidaba de no dejar ver demasiado sus inclinaciones, definitivamente nadie podría confundirlos. Sin embargo, cuando vio al griego salir luego de intentar las llamadas no dejó de pensar que ambos juntos se veían muy diferentes.

Convencer a Saga que usara uno de sus jeans y no los pantalones de vestir que tenía había sido suficiente odisea. Aún así el hombre no quiso dejar sus camisas celestes y se enfundó encima de ella el saco para luego ponerse el abrigo negro porque según él, Londres era demasiado frio. Saga, por donde lo viera, no desprendía por ningún lado su inclinación. Seguía siendo un abogado vestido de forma civil.

—No contestan, creo que tendré que esperar un par de horas más—le dijo al llegar a él. Shaka suspiró y miró a un lado, resintiendo también un poco el frio.

—¿Te parece si vamos caminando, entonces? Por aquí recuerdo que vendían unos batidos deliciosos—se separó de la baranda buscando colocarse los lentes. El griego miró hacia la derecha, donde Shaka había mirado hace un poco y extendió su mano mientras esperaba que el rubio se la entregara.

—Bueno, tengo un poco de sed también.

Shaka miró la mano extendida contrariado. Algo en él no estaba del todo en su lugar. Dejó escapar el aire mientras tomaba aquella mano tibia que de inmediato le dio cobijo y junto con Saga emprendieron el camino hacía ese sitio acordado.

¿Por qué? ¿Qué estaba sucediendo en él? Saga le hablaba de varios temas: de que el almuerzo de Shunrey estaba muy bueno pero algo condimentado para lo que estaba acostumbrado, que también le gustaba verlo trabajando con Dohko. Que tenían una familia perfecta, que le había agradado conocerlos, Saga hablaba y hablaba y Shaka no dejaba de sentir que una pieza no encajaba del todo dentro de esa escena, una que no lograba dilucidar cuál era. Sentía las miradas sobre él, pero no sabía la razón, y aunque él quisiera pensar que no era por él algo dentro le gritaba que sí, que él era la razón.

¿Por qué era diferente ahora? ¿Por qué cuando, en la misma situación, se la tomaba a Aphrodite no se sentía tan fuera de lugar? ¿Quizás  se debía a que con Aphrodite al lado no se sentía tan diferente pero con Saga, era como ver dos polos totalmente contrapuesto? ¿Se trataba de eso?

Cuando llegaron al local de los batidos y se sentaron en los muebles acolchados que daban al vidrio de la entrada, Shaka no dejaba de sentir esas incomodas miradas tratando de entender de donde venía la sensación. Por ello cuando Saga pasó su brazo alrededor de su hombro para acercarlo más sintió un ligero calosfrió y deseos de literalmente salir corriendo. ¿Qué era lo que le ocurría? ¿Por qué ese pánico?

¿Era el lugar? ¿Era ver lo diferente que lucían ambos viendo el reflejo de vidrio? ¿Era por ser aquel sitio algo de su padre? ¿Era su propia inseguridad?

—Siento que nos miran mucho—no pudo contener el respingo cuando escuchó la voz de Saga—. Es como si caminara con una estrella de cine o algo así.

—¿Cómo?—fingió el rubio levantando el rostro con el ceño fruncido. Saga lejos de lo que pensaba estaba muy distraído viendo el decorado de colores en el techo del local, con algunos vidrios que permitían verlos a ambos desde arriba.

—Sí, te miran mucho. ¿No lo sientes?—Shaka bajó la mirada y sorbió otro poco de su batido tropical.

—Algo… ¿te incomoda?

—Para nada…—Shaka no buscó darle larga al asunto, así que trató de distraerse con la bebida y la forma en la que el abogado acariciaba su oreja derecha, sutilmente, una caricia que era erógena y tierna a su vez.

La música suave del local, el ambiente, la caricia de Saga dispersando toda incomodidad, el dulce y cítrico sabor de las frutas tropicales en su boca; de alguna manera todos esos ingredientes sirvieron para darle al decorador un tanto de alivio y buscar disfrutar de ese momento, un momento que podría clasificar como una pareja.

—Shaka… Hoy mi hermano se iba a ver con mamá—el rubio abrió sus ojos y supo, entonces, la razón de esas llamadas y la visible intranquilidad que tenía el griego, la distracción desde ese mediodía. Sin más dejó el batido a un lado y se plegó un poco más a su acompañante.

—Cuéntame…

Saga al sentir el acercamiento se consideró mucho más tranquilo para proseguir. Necesitaba decirle lo que pasaba también con su familia, lo que ocurría con su padre y lo que estaba pasando con su hermano y su madre. Esperaba que escucharlo le hiciera sentir, de alguna manera, que no era el único que estaba pasando por fuertes momentos de decisión.

Mientras tanto, los señores de la empresa de bienes y raíces habían llegado al lugar, escoltados ahora por cada uno del personal de protocolo que los llevaba hasta el auditorio donde se iba a dar la rueda de prensa. Allí lo esperaba la secretaria personal de Radamanthys, quien le avisó que ya su mujer estaba en el sitio indicado y encargándose de los últimos detalles del evento, hablando con los encargados de la asociación que iba a ser respaldada y con los periodistas que encabezarían y publicarían la noticia.

A su lado Valentine caminaba realmente nervioso con los mensajes que Minos no había dejado de enviarle, preguntando de todo, cuánto tardaría en la reunión, que le decía Pandora, como veía a Radamanthys. ¿Qué se supone estaba pasando? De reojo miraba a la mujer caminar con su elegancia y el grueso y largo abrigo negro que cargaba sobre su ropa, el cabello recogido y sus aretes de brillantes  enmarcando el ovalado de su rostro.

En un momento se tuvieron que separar, tomando Radamanthys y Pandora el lugar al lado de los líderes de la campaña, los inversionistas, algunas otras figuras de interés y Fler, acompañada por el fiel Hagen, quien se acercaba a su esposo presentándole finalmente a la líder de la organización de beneficencia que apoyarían con una fuerte suma cantidad de dinero y el reacondicionamiento de sus instalaciones. Cómo era de esperarse, Fler se acercó a Pandora e intercambiaron algunas palabras, luego cuadraron los lugares donde tomarían asiento y su intervención.

Todo aquello para Valentine era común pero su mente estaba lejana a ello, solo podía ver los mensajes que Minos no dejaba de enviarle. Tan distraído que no se percató que la mujer de negro había rechazado la oferta de estar al frente por considerar que su presencia allí era más de visita que de protagonista y se le acercó a él, rezagado en una de las paredes del auditorio mientras respondía el nuevo mensaje del juez.

—No me lo explico—inició ella logrando que Valentine prácticamente temblara al oír su voz tan cerca. Al girar su rostro hacía la derecha luego de ocultar con su palma la pantalla de su móvil, la mirada de la mujer seguía fija en su primo, con ojos analísticos y helados, helados como la misma muerte—. Dudo que sea el caso, él no se lo hubiera permitido… ¿cómo lograste hacerlo?

—¿Disculpe?

—Acercarte tanto a Radamanthys, ¿cómo lo hiciste?—la forma tan directa de decirlo dejó al hombre un tanto contrariado. Pandora parecía no animada a dar vueltas al asunto, su mirada se clavó a él tan vacía que quemaba, como si fuera a ser tragado por una oscuridad más allá de su entendimiento. Apenas habían unas leves líneas de expresión alrededor de sus ojos claros y perfectamente maquillados, la mayoría ocultadas tras capas de base de maquillaje. Las abundantes pestañas de Pandora eran como ver el bosque de noche, lleno de enramadas que cortaban la visión del cielo y del frente, pero ocultando en medio de ellos dos lagunas heladas y quietas, llenas de niebla, sin saber si al meterte en ellas serías tragados a las profundidades—. ¿Qué son ustedes?

Abrió la boca sin saber cómo responder a ellos pero las palabras no pudieron fluir con facilidad, hacerle esa pregunta de alguna manera alborotaba las aguas que él intentaba tranquilizar de antiguos sentimientos y de herida recién hechas que esperaban cicatrizaran pronto. Pandora no quería dar concesión alguna, tal parecía que a su modo de ver, no había mucho más que explicar a sus palabras y era precisamente esa manera de hacerle sentir algo como si fuese obvio aunque desconociere de qué se trataba lo que le turbaba.

—Debiste aprovechar todo esto para acercarte, ganar su confianza. Sí, eso debió haber pasado—prosiguió ella con su mirada fija y él literalmente pensó en huir, algo que habría hecho de no ser porque sus piernas no obedecían orden alguna.

—No entiendo lo que intenta decirme.

—No tengo intenciones de destruir tu carrera Valentine, por el servicio que le has dado a la familia y los bienes de los Wimbert—ella ignoró sus palabras continuando con lo que parecía un monologo—, pero no pienso permitir que nuestro legado quede en manos fuera de nuestra familia.

—Disculpe, pero…

—Así que es mejor que renuncies.

Si para ese punto no comprendía lo que estaba sucediendo, la mención de su renuncia de ese modo lo había dejado totalmente desencajado. ¿Acaso Radamanthys no le había avisado de su dimisión? ¿Acaso ella no estaba enterada que esos eran sus últimos días como Wimbert?

—De esa manera Radamanthys se verá obligado a cambiar ese documento y evitar que empiece un conflicto por la sucesión y las propiedades…

—¡Espere un momento!—exclamó ya totalmente desconcertado—. ¿Me quiere decir de qué documento me habla?

—El que te pone al frente de nuestros bienes como administrador universal—sus ojos se abrieron producto de la conmoción—, como el heredero único con deberes en la protección de su esposa—Radamanthys acaso…—. No pienso que tal documento tenga efecto, no permitiré que le quites lo que por derecho es de su hijo.

Hubo silencio, un silencio que se extendió por varios minutos. El hombre no sabía de qué manera tomar todo aquello, pero con seguridad no pensaba formar parte de semejante treta. Sabía las razones que habían llevado a aquella decisión, los porqués Radamanthys lo había decidido. En cierta manera le entendía más no le avalaba, mucho menos cuando su hijo había ido a buscarlos con quizás deseos de volver a casa. Y no, eso lo amarraba inexorablemente a él y era algo que no podía permitir bajo ningún motivo. Él necesitaba alejarse de ese hombre y de todo lo que aún provocaba en él.

Se quedó en silencio por varios minutos de reflexión, pensando en eso, y en su decisión de no participar.

—No tiene que mover nada, Sra Pandora—empezó a hablar de él, con su mirada hacía el hombre que se acercaba al lado de su esposa, ajeno a la conversación. Pandora lo buscó de nuevo con su mirada, sin voltear demasiado. Apenas lo veía por el rabillo de sus expresivos ojos—. Yo ya decidí renunciar… esta es mi última semana de servicio para los Wimbert.

La curvatura de las cejas de la mujer fue sincronizada con el anuncio del inicio de la transmisión y del evento que ambos estaban apoyando. Valentine no dijo nada más, solo sonrió cortamente como si pidiera unas disculpas adelantada por cada una de las palabras y por el simple hecho de estar allí, antes de dar vuelta y acercarse, en paso lento y discreto, hasta donde Radamanthys se dirigía con su mujer para acompañar su puesto como parte del comité administrativo de la empresa.

¿Arreglaría algo aquello? ¿Cambiaría en algo su decisión? No, Valentine estaba seguro de ello cuando tomó su puesto y vio desde su lugar la mano de Radamanthys tomando la de su esposa y esta respondiéndole con una sonrisa de agrado ante aquella reunión pautada. Admitió, por quizás primera vez en esas últimas semanas, que su decisión era la más acertada y que él, definitivamente, no podría esperar ningún cambio. Lo único que podría hacer por ese hombre al que amó en silencio por años, era quizás empujarlo a una reconciliación con su hijo.

Por su lado, Pandora sostenía su mano derecha en su pecho con un leve temblor ante aquella verdad, algo que terminaba por complicar el panorama que ella veía en la familia. Cuando Minos le había dicho que Shaka estuvo en ese lugar y que Radamanthys había rechazado verlo, ella no había querido creerlo. Había preferido incluso pensar que Valentine tuvo que ver en esa decisión. Pero si el hombre ya había renunciado entonces… ¿Sería eso cierto? Una parte de ella quería dudarlo, ansiaba hacerlo, no podía creer sencillamente que su primo hubiera rechazado a su primogénito luego de que este lo hubiera buscado después de seis años en silencio. Aún así, por dentro, algo le decía que aquello era algo factible dada la personalidad de Radamanthys.

Sus ojos claros entonces fueron hasta donde la pareja de los Wimbert esperaban mientras eran anunciadas las personalidades que estaban dentro de aquel momento emblemático. Veía desde la distancia el rostro de su primo, la forma en la que tomaba la mano de Fler mientras ella, discreta y coqueta aún pese a su edad, le hablaba al oído de algunas cosas que le hacían, de cierta manera, iluminar la mirada del hombre ingles. ¡Su hijo había regresado! Estaba segura que Fler no sabía nada de ello. ¿De verdad Radamanthys se lo había ocultado? ¿A ella, su mujer, sobre el regreso de su hijo?

Siguiendo el itinerario, Fler fue llamada por el anunciante y director del evento para pasar, acompañado aquello por unos fuertes y ruidos aplausos. Pandora aún no podía escapar de su asombro, ahora desviando su mirada hacía donde Valentine atestiguaba todo, en la mesa de los invitados especiales y él como este simplemente mantenía la vista en el folleto que le habían extendido minutos atrás. La voz de la mujer de los Wimbert fluyó de forma armoniosa transmitida por el micrófono, mientras los flashes de los periodistas que tomaban la nota creaban la escena de lo que sería algo esperable para un acto protocolar de esa envergadura. Las personas se veían felices, los principales líderes de la organización beneficiada sonreían y se alegraban a cada palabra que delataba un entero apoyo condicional de parte de la compañía de su esposo para financiar sus labores sociales y crear una restructuración exhaustiva a la casa hogar.

Crear un hogar, entregar un hogar, restaurar un hogar… escuchaba las palabras de Fler y Pandora no dejaba de pensar como con dinero podían hacer eso si el suyo propio había quedado estancado en el tiempo, aferrado a los seis años luego de la partida de su hijo. Porque, era evidente, ese hogar era una capsula del tiempo de los Wimbert, de los tiempos buenos, de los tiempos en que no eran pareja, sino familia.

En ese momento, una de las líderes se levantó de su puesto para llevarle a la dama un pequeño bebe, de quizás seis meses, uno de los que serían beneficiados por esta donación al darles los implementos necesarios para tener una mejor calidad de vida pese a su condición médica. Un niño, varón, blanco como la piel de Fler, con mechones dorados, ojos azules…

Notó la expresión de Fler al tomarlo entre sus brazos… notó el rostro de Radamanthys al ver a su mujer con el niño sobre ella.

Pandora sintió al aire oprimiéndole el pecho.

Y Radamanthys no dejaba de ver a ese niño.

Para aquel hombre, la escena fue un literal escarmiento de la vida o el destino. Ver a su mujer, su mujer ya tratada por el tiempo con aquel niño en brazo le cerró el estomago y provocó un entumecimiento en su garganta.  Para él, simplemente todo dejó de tener sonido alguno, incluso luz, como si todo el escenario se enfocara en la escena de ver a su mujer con su pequeña creatura, jugando, hablándole, sonriéndole mientras este respondía a cada uno de sus mimos.

Como Shaka.

Si pudiera retroceder el tiempo…

Se levantó, dio unos pasos fuera del todo protocolo programado. Su esposa le miró con una sonrisa, recibiéndole mientras las luces seguían apareciendo.

“Si soy tan poco hombre como dices… ¡ENTONCES TU DEBISTES SER EL PROBLEMA!”

Si pudiera ser un mejor padre…

Extendió su mano y acarició la mejilla del pequeño, obtuvo aquella mirada azul. Pandora lo veía a punto de desarmarse.

“¡AQUÍ ESTA TU MALDITO HIJO!”

Si lo hubiera vigilado más…

El hombre volvió su mirada a su esposa, le vio sonreír con el niño en sus manos, como si a ella le hiciera falta, con un brillo que no le había visto en años.

“¡SANGRE DE TU SANGRE! A QUIEN CRIASTES, MALDITA SEA.”

Si no hubiera provocado ese encuentro entre Simmons…

Pandora podía visualizar desde la distancia el nudo en la garganta que se le había formado a Radamanthys mientras acariciaba con apenas los nudillos el rostro del niño. Y supo leerlo: remordimiento, dolor, culpa, nostalgia, vacío. Todo junto, en una sola formula, atorado en su nuez de Adán

“¡SI HE ACABADO COMO UN POCO HOMBRE, DEBIÓ SER TU CULPA TAMB…!”

Si no se hubiera confiado…

Los ojos de Radamanthys se endurecieron, mostraron un brillo que en la cercanía su esposa logró notar con facilidad. Las cámaras estaban allí, el micrófono encendido, ambos en la tarima, la mujer mostrando el cheque del que había sido acreedor, la maqueta esperando ser mostrada con la nueva construcción…

Y los recuerdos, ahorcando.

Y los deseos de arreglar algo, empujándolo.

—Quiero adoptarlo—los ojos de ese hombre buscando el brillo de aprobación en su mujer—. Quiero adoptarlo… quiero que sea un Wimbert.

Valentine se levantó lentamente de su asiento no dando crédito a aquello. Las cámaras y los micrófonos se movieron para ser testigo de semejante decisión.

Pandora quedó petrificada sobre sus pies, con una lágrima que cayó vencida por su pómulo derecho.

Un nuevo Wimbert… para enterrar al heredero.

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