Lienzo de Guerra (Cap 29)

La invasión a Geminga es todo un hecho y el ejercito que planea darle la corona a Saga está dispuesto a todo hasta dominarla. Mientras tanto, en el pasado, la situación de Asmita se ve cada vez más dificil de solucionar. ¿Será está la primera victoria de Alhenas? ¿Cómo Asmita logró escapar del complot de los nobles?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

La invasión a Geminga es todo un hecho y el ejercito que planea darle la corona a Saga está dispuesto a todo hasta dominarla. Mientras tanto, en el pasado, la situación de Asmita se ve cada vez más dificil de solucionar. ¿Será está la primera victoria de Alhenas? ¿Cómo Asmita logró escapar del complot de los nobles?

Capitulo 29: Espíritu de Conquista

Inicio de Otoño. La era fuego fue declarada el mes que a su inicio trajo la sangre y la mortandad a Alhenas en aquel año. La madrugada después de la noche de aniversario de la muerte del consorte, el espíritu de la muerte y la guerra llegó y tocó las faldas de Alhenas en dos puntos, prácticamente al mismo tiempo. Mientras la noche acogía las sombras de un pueblo subyugado, la muerte tomando la forma del antiguo consorte visitó su antiguo castillo y desafió al mismo príncipe Aioria, marcando a su paso fuego, un fuego que se extendió por toda la capital dejando sin casa y sin sembradíos a la mitad de la población, mientras los nobles asustados no querían salir de su casa y los soldados del castillo aún corrían despavoridos ante la visión que habían presenciado. La desesperación no tuvo misericordia en tomar como rehén a cada uno de ellos, sean de Alhenas o de Rukbat, para hacerles sentir en carne propia el pavor de una venganza que no, no se trataba solo de la caída del antiguo príncipe de Auva, sino que cobraría incluso aquella conquista de hacía veinte años.

Una venganza que teñiría de fuego a Pólux.

Y al mismo tiempo, asediada por el canto de guerras de los cascos de los caballos, en el manto de los límites de la tierra de arena y fuego estaba preparado el jinete de la guerra, listo para dar por comenzado la revolución. A la madrugada el regimiento irrumpió en las puertas de la ciudad de Geminga y para la mañana, a la hora que todos salían a recoger sus leches y siembras con el fin de pagar sus tributos, lo que consiguieron era una estela de muerte y destrucción con la violencia, sin saber si eran enemigos o no.

Aldeanos que corrían, mujeres y niños que buscaban salir de la ciudad que era llenada de fuego y persecución mientras los caballos y guerreros de los rebeldes se encontraban con la milicia de Rukbat que resguardaba la fortaleza, haciéndola ceder ante su fuerza, dominándola en un despliegue táctico primero encabezado por quien, reconocieron, había sido uno de las manos derechas del rey, uno de los conquistadores de reinos. Si ya el rostro de Dohko tras la máscara de guerra de Alhenas había sido suficiente para que la población huyera despavorida ante la idea de un ataque de semejante magnitud, cuando ellos corrieron hasta las afueras y vieron los tres jinetes que quedaban, simplemente fueron atacados por el pavor.

De lejos reconocieron la lanza de Scorpius mostrando el brillo de su filo en el sol del alba.

Mujeres gritaron y protegieron a sus hijos, los hombres que iban corriendo con ellas sacaron sus humildes palas y herramientas de siembras para protegerse, sabiéndose ya muertos, sabiendo que si el ejercito asesino de Alhenas había regresado para ajusticiar a los que se habían doblegado estaban perdidos.

Pero con el brillo del Alba, vinieron cabellos dorados…

En medio de los jinetes, con la máscara de Alhenas, un hombre de larga cabellera dorada y con un pantalón que daba evidencia que era de la corte, cabalgada con dos espadas curvas hacía ellos.

La señal de Auva.

El pueblo observó como el hombre con la señal de Auva entró a la ciudad, penetró con su fuerza al lado del antiguo escorpión de Alhenas y empezó a matar a solamente los soldados de Rukbat que buscaban hacerle frente.

Ni uno solo de Alhenas le tocó.

Para el mediodía, el hombre que se hizo llamar en medio del galope el enviado de Asmita estaba en el centro de la plaza y todo el pueblo que lo había visto combatir y estaba primero corriendo por sus vidas se acercaban a él, algunos curiosos, otros buscando creer lo que estaban viendo, algunos pocos esperanzados. Aquel jinete con el cabello dorado les miró con sus ojos azules y tan brillantes como el cielo que los cubría, con su cuerpo lleno de sudor, arena y sangre seca de las heridas de sus enemigos, sangre de Rukbat manchando su piel. Levantó una mano, señaló hacía el norte donde se alzaba la mansión del comarca y en un solo grito, los rebeldes que rodeaban al hombre afirmaron el nuevo objetivo.

El pueblo, aún temblando y atónito, observaron que era el momento.

—Los que quieren recobrar su libertad

Vieron, que era la hora de dejar su yugo.

—Los que recuerdan su tiempo de gloria

Comprendieron, que era justo el instante para hacer sentir el peso de su sangre y ascendencia.

—Los que siguieron y creyeron en el consorte y la corona.

Supieron, que la justicia de Asmita había llegado

—¡Seguidme que yo les abriré el camino, a su libertad!

Creyeron en las palabras del hombre que había emergido del infierno para traerles vida, creando un infierno para los que osaron a tocar su tierra.

—¡Seguidme a mí y al heredero, Saga de Alhenas!

Se aferraron a esa promesa.

—¡DEMUESTRENLE LAS GARRAS DE ALHENAS!

Su rey había llegado. Su rey iba a recobrar la corona. Independientemente de lo que pudieran creer de la sangre de la corona años atrás, era mejor el rey que el yugo de un conquistador.

Era mucho mejor.

El ejército de rebelde solo sirvió para contener a la milicia de Rukbat que intentaba proteger el palacio de la comarca; el resto fue tomado con las manos sucias del propio pueblo de Geminga. Por igual, hombres, mujeres y niños, corrieron con la furia de su esclavitud y el recuerdo de su propia época de conquista, creyendo en el estandarte donde el heredero de la corona y el antiguo consorte había regresado para tomar los que le pertenece.

Ellos mismos arrojaron sus cadenas al suelo en un mediodía lleno de sangre, muerte y esperanzas por igual.

—¿Qué te parece?—escuchó Shaka a su lado, mientras con sus ojos fijos en la multitud observaba desde atrás como con sus manos empujaban las puertas de hierro en lo que sería la mayor demostración de poder y violencia por parte de la comunidad y ante la corona, un verdadero ariete humano, mucho más eficaz que la mayor construcción de hierro y madera que pudieran crear. El rubio miró de reojo a su pareja con su mirada encendida en fuego, un fuego corrupto y traicionero como las intenciones de ambos en sus corazones.

—Salvajes—murmuró con su vista afilada—. Realmente ellos tiene el poder de conseguir su libertad a través de la violencia, solo necesitaban alguien que los guie.

—Ya penetraron…—y era cierto. Las puertas de hierro cedieron y la multitud entró como una embestida contra la casa, haciendo huir a guardias y sirvientes por igual—. Si intentan escapar por el norte, ya debe estar Kardia con un grupo esperándolos.

—Que así sea… Que Alhenas conquisten sus tierras como hicieron con los demás reinos: en base a la violencia y la sangre de los suyos.

Para la caída de la tarde el rango del comarca, un antiguo noble de Polux, había caído.

Geminga fue liberado.

La revolución había comenzado.

______________Acto uno: La Toma

Estoy expectante. Cayendo el sol en el horizonte, los cielos antes azules de Alhenas se cubren de tonos rojizos y naranjas, perfecta combinación para el inicio del otoño y por ende, el inicio de la guerra y la sangre. En el caballo, el heredero de la corona aguarda con la máscara preparada para tomar su lugar en su rostro, con una capa vinotinto apegada a los gruesas hombros de metal de la armadura que imagino como líder de Alhenas poseía.

A mi lado, observo con algo de contrariedad y admiración el cuerpo del rey de Alhenas, con su vista en la ciudad y en el humo que se levanta de las construcciones. Tengo órdenes precisas de esperar hasta que sea dada la señal para llevar al heredero, el plan de Shaka debe cumplirse a cabalidad. Todo ha sido finamente planificado.

Primero, el hecho de tener a una de las manos más poderosas de la milicia Alheniense  como cabecilla de la revuelta crearía en el pueblo la ineludible confirmación que no se trataba de una simple rencilla ni de un levantamiento desorganizado. Se trataba de un verdadero grito de independencia más si venía precedido del antiguo consejero real.

Luego, el que Shaka apareciera junto al segundo más poderoso de Alhenas y conocido por ser quien siempre estaba al lado del príncipe Defteros, sería una manera de reafirmar que no se trata de un movimiento aislado, y que realmente Asmita estaba con ellos. Era conocido que entre los que fueron llamados la trinidad Alheninese en los últimos años, el de Escorpión y Asmita se volvieron muy cercanos, muchos creían que por su cercanía con el médico y primer ministro real: Degel d’Acua. Todos conocían que jamás el antiguo escorpión se inclinaría ante alguien que no fuese enviado directamente de la corona. De esa forma, el papel del antiguo príncipe de Auva quedaría asegurado en la revuelta.

El último paso era crucial. Cuando la ciudad fuera dominada y el mismo pueblo despertara con sus deseos de libertad, entonces debía entrar en medio de ella el verdadero heredero de la corona, el rey de Alhenas, presentándose para tomar posesión de lo que por derecho le pertenece.

Según tengo entendido, se ajusticiarían de inmediato a todo hombre de Rukbat y a todo de Alhenas de los nobles que aprovecharon la caída de la corona para enriquecerse. Eso sería realizado en el centro del palacio del comarca, ante los ojos del pueblo y la presencia del príncipe Saga. Espero ese momento con ansías, no hay mejor recompensa para los traidores que la muerte misma, aunque mi propio padre pertenezca a ellos.

—¿Aún no?—escucho la pregunta afanada del heredero sobre su propio caballo, un animal brioso y de contextura fuerte, visiblemente uno de las mejores razas que se podía encontrar en el país. Le miro de reojo observando la ansiedad con la que el caballo se mueve y el cómo el príncipe parece contenerlo aunque, debe ser la misma que él le transmite al animal.

—Tengo órdenes de Shaka de esperar la señal.

—¿Cuánto puede ser eso?

—No lo sé, pero lo único que queremos asegurar con esto es que no le ocurra nada a su excelencia.

—¡Vaya estupidez!—replica el heredero acortando las riendas de su animal. No puedo evitar el verle y pensar que parece más un soldado que un príncipe en este momento, quizás porque no es momento de labores diplomáticas sino de acciones contundentes—. ¡Tantas molestias para protegerme mientras el que encabeza la guerra están en el umbral de la muerte desafiándola!

—Confíe en nosotros, su majestad—el heredero fija su mirada hacia mí un tanto impaciente. Sé que en estas condiciones esperar se vuelve una agonía, pero con paciencia y si hacemos bien los movimientos, obtendremos lo que necesitamos—, quizás el príncipe Shaka tiene métodos radicales, pero en el ejercito lo único que queremos es recuperar nuestras tierras y que usted nos presida como soberano.

—¿Por qué cambiaron de parecer?—su pregunta no la esperaba—. ¿Sólo es su deseo de libertad?

—Permítame su majestad, el decirle que si estoy en este lugar protegiéndole es porque creo y estoy seguro es lo mejor para nuestras tierras. Shaka piensa liberarnos, pero sus intenciones en tomar el poder no son solidas y de ser necesario hacerlo la abandonara en cuanto pueda. Aunque así fuera, no confío en el heredero de Auva para la toma de poder ni en su preparación para la administración de un reino.

—Eres un noble—me sonrío al ver que ha reconocido mi procedencia.

Así es, hijo de noble, nacido en la cuna de la ciudad Tindano. Mi padre posee el mayor negocio de transporte por la rivera del río Authun, especializado en el transporte de hierro y oro, fue uno de los nobles a su vez que apoyaron el derrocamiento de la corona, abasteciendo a Rukbat de armas y vías de acceso para entrar sin ser visto en medio del luto real. Jamás perdonaré aquello de mi padre, jamás lo haré y aunque él me haya desheredado, apenas supe que quiso vender a mi hermano para servir de consorte a uno de los máximos nobles de Rukbat, decidí escapar con él, buscar la manera de huir si ya no podía hacer nada para salvar a nuestro reino de la humillación.

Hasta que conocí a Shaka.

Mis pensamientos mutan al ver aquella señal de humo negro en el cielo. Era eso lo que estaba esperando.

—Mi señor, ¡estamos listos!—veo como el próximo rey me observa, como si quisiera confirmarlo. Golpeando los laterales de mi caballo anuncio que estoy a punto de cabalgar hacia la zona— ¡Ya Shaka ha tomado a Geminga!

El galope comienza de mi parte, seguido muy de cerca por el príncipe de Alhenas, Saga de Alhenas.  Ahora me toca a mí, como hijo de noble, llevar al príncipe para tomar lo que por derecho le pertenece.

______________Acto dos: El Secuestro

///Hace 17 años///

Salir a altas horas de la noche de la habitación del rey se ha vuelto habitual, demasiado habitual. No son pocos los que se han acercado a mí para verificar si acaso mis labores médicas en el palacio justifican la cantidad de horas que paso a solas con el rey a media noche. Ciertamente, ninguna labor médica lo justifica, y si alguien quisiera escucharme con sinceridad, dudo que haya algún tipo de responsabilidad profesional o de honor que me obligue a seguir con esas horas de conversación profunda que paso al lado de él.

En cierta manera, siento, que le estoy fallando a Asmita. Pero se lo he prometido.

Con mi manto blanco, llevo ahora dentro de mis vestidos los escritos que me ha pedido el rey. Es un diario, esa ha sido una orden, escribir en un sitio que solo sea de conocimientos de ambos lo que veo en la corte y lo que hablo con Asmita de Auva. Me había negado en primeras instancias, sobre todo por lo que significaba al tener que hablar de lo que Asmita me confiaba, pero el rey ha sabido convencerme. Lo que estaba sucediendo cambiaría la historia del reino y era necesario que existieran fuentes fidedignas.

“La historia la escriben los fuertes”—me dijo aquella noche, justo antes de salir con el pedido—“, pero también los sabios y los previsores”—y lo admiré, más—“. Asmita en muchas cosas tiene razón. Él único rey en este reino soy yo y no dejaré que la historia me recuerde como un rey débil”

Yo tampoco lo permitiré.

Los encuentros con mi rey han ido en aumento, al igual que mis encuentros con Asmita. Los rumores dicen muchas cosas, algunas en el orden de la intimidad, afortunadamente ni yo, ni su majestad, se ha sentido de algún modo contrariado por esta fuente de rumores, más temo, cuál sería la reacción de Asmita si lo supiera.

Aún así, si algo quedé en claro con el rey es que no podría decirle todo lo que Asmita hablaba y me confiaba: “era mi palabra”, le confesé, y pese al temor que tuve al afirmarlo y al sentir que podrían obligarme a decirlo, solamente me miró con sus potentes ojos capaz de atravesarme tan suave y tan hondo como nunca antes me había sentido. “No hace falta. Que esto sea una prueba para él y para mi, de que dos reyes pueden entenderse aún en el silencio”

Sé que suena imposible, pero quiero creer que si hay forma de que eso ocurra, aunque incluso los planes, de ambos, me sean velados para mí.

Camino por los largos pasillos del palacio. Su arquitectura es extremadamente amplia, dotada de arcos gigantescos que adornados con algunas figuras de bestias sobresalen entre los candelabros y las antorchas que iluminan en la noche. Enormes tapices de pieles de las cacerías y atavían junto a cuadros que eluden a las guerras, conquistas y victorias de la historia de Alhenas. Además, algunas armas decoran los pasillos aferradas a la pared de piedra a través de ornamentos de metal forjados por los mismos que las crean. Así qué caminar por el enorme pasadizo que dirige a las recamaras del rey y los príncipes es tener un vistazo de su historia, de cada uno de sus mayores triunfos y de lo que más le gustan observar de sí mismo.

Saliendo del pasillo, entro la enorme sala donde comen la familia real, la mesa de madera labrada, los candelabros de oro con adornos de piedras preciosas, todo custodiado por unas seis columnas de cada lado armando un pasillo posterior por donde la servidumbre se mueve para no perturbar con su presencia la reunión de la corona, mientras que en el salón se eleva una bóveda cóncava y enormes ventanales que permiten la entrada del sol hacía el este y el oeste. Desde allí, se puede ver colar el rayo de luna creciente en el lugar, el mismo que seguro Asmita puede sentir desde la torre donde está encerrado. ¿Cuántas lunas habrás contado ya? Lo único que sé es que has pedido solo una comida para ser servida, la única que te sirven y la única que pruebas día a día, abandonando las demás.

Medito mientras camino por los pasillos formado entre las columnas en todo lo que ha estado pasando y lo que me toca escribir hoy de las conversaciones con ambos soberanos, porque para mí, ambos, son soberanos y protagonista de la historia de Alhenas en este preciso momento. Hay tanto que decir al respecto, tanto que hablar acerca de ambiciones y sueños, de mentiras, verdades y palabras no dichas, de celos, de desdichas, de inseguridad y desconfianza: que no estoy seguro de poder estar a la altura de semejante misión. El rey ha hablado mucho conmigo de lo que le han dicho los nobles, de lo que le aqueja. Asmita por otro lado no deja de pensar que Aspros tiene que tomar una decisión pero que él tiempo se le agota.

¿Qué quiso decir eso?

Ahora que lo recuerdo, entre lo que me ha dado por anotar, hay un número.

El de hoy: 78.

Traspaso la última de las columnas sintiendo como su sombra oculta mi figura entre las tinieblas del lugar. Aprieto por reflejo mi túnica blanca, las largas mangas que están bordadas en el extremo con detalles en hilo de oro para realzar mi estatuto. Me es imposible, desde hace varios días no sentir que alguien me sigue y espera por mí tras las sombras. He llegado a pensar que se trata, simplemente, de la presión que ejerce todos los ojos de la corte sobre mí. Ha sido demasiada…

—Entonces es verdad lo que decían los rumores en el castillo—me detengo al escuchar la voz, brotando desde mi espalda—. El rey cambio las ropas del esclavo por el manto del médico—irritado, ante esas palabras no puedo evitar tensarme y sentirme molesto. Volteó tan rápido como puedo dispuesto a pedir que se retracte cuando veo una mano acercándose vertiginosamente a mi rostro y luego el frío de la pared del castillo en mi espalda. Pronto me doy cuenta que una enorme mano de piel más tostada y con olor a sangre y metal cubre desde mi nariz hasta mi frente, apretando con su pulgar y meñique mis mejillas y si, el filo de algo acariciando con lentitud premeditada mi cuello—. Degel D’Acua—y sigue hablando…—, tienes mucho que explicarme…—¿dónde he escuchado esta voz antes…?—. Mi príncipe quiere verte.

Y allí, es justamente allí que entiendo de donde la he escuchado.

Kardia…

______________Acto tres: El juicio

El castillo ha sido invadido tal y como se esperaba y los soldados dentro de él no pudieron contener a la multitud que enfurecida arremetió contra todo. Desde el caballo logro ver como la gente se agolpa en una enorme fuerza mortífera aplastando a todo el que se le enfrente con apenas armas convencionales. Esto es una revolución a toda regla, y será el pueblo el que encamine lo que será la llegada de la corona de Alhenas sobre ellos.

Sin ningún tipo de mediaciones el ejercito que acompañamos a Shaka penetramos por detrás para evitar el escape del monarca de la ciudad y el aviso aún a Polux sobre el ataque. Kardia ha ya atrapado a más de diez esclavos que salieron despavoridos corriendo por su libertad. Al tesorero de la ciudad también lo atrapó y mató sin consideraciones, al igual que a la familia que escapaba en un carruaje hacía el norte. Un jinete lo acabo de interceptar con un grupo del ejercito, resultó  ser el monarca de la ciudad, un hombre encorvado y que llevaba en sus manos toda la joyería y dinero del castillo, cubierto con un enorme manto que hacía parecer que fuera un monje. Lo hemos tirado del caballo y toda las piedras preciosas rodaron bajo su estomago y él ha empezado a recuperarla como si esa pudiera protegerle su vida.

Los jóvenes a mi lado no toleran semejante acto y dos de ellos se acercan para patearlo hasta ponerlo boca arriba, lastimando sus costillas.

—¡Deténganse!—ordeno llamando la atención de los jóvenes mientras bajo del caballo. El hombre se cubre como un ovillo, metiendo su cabeza entre sus rodillas con un vano intento de protegerse de los golpes.

Sé que no va a haber perdón para él. Si lo soltamos ante el pueblo, lo mataron agolpes o apedreado. En manos del ejército no tendrá un mejor destino y en manos de Shaka… solo imaginar cómo se pondrá este hombre al verlo me produce un hondo sentido de malestar. Después de todo lo recuerdo, era uno de los nobles que asistía religiosamente cada fiesta de la cosecha en los últimos años del reino, luego que su padre, uno de los que habían abusado del consorte ante su llegada como esclavo, hubiera fallecido y dejado su titulo al heredero. Recordaba las veces que con sorna dibujó una sonrisa hipócrita y desgraciada al consorte aprovechando su falta de visión, justo antes de besarle la mano a él y al rey como dictaba el protocolo.

—¡Este desgraciado debería ser violado aquí con los mangos de nuestras espadas!—vocifera uno de los jóvenes a mi cargo y con mi mirada corto aquella intención de tajo, no dispuesto a aplaudir semejante acto de crueldad. Después de todo, ellos son mi comité y ellos deben aprehenderse a mis órdenes. Claro, no puedo asegurarle nada a este hombre en cuanto caiga en manos de Shaka.

—Solo nuestro general o nuestro príncipe tiene el derecho de decidir el destino del traidor—aclaro tomándole de ambas manos al hombre que con temblor la trata de ocultar entre su manto.

Unos cuarenta años debe tener, se puede reflejar en su rostro las líneas de tiempo. Con desagrado tomo sus muñecas y las amarro fuertemente con la cuerda trenzada que tenía amarrada en mi caballo. El hombre empieza a suplicarme, a ofrecerme a mí y a los que están conmigo parte de sus fortuna, esas monedas de oro y las piezas en piedra preciosa que había intentado proteger en la captura. Es un hombre asqueroso, incluso para comida de perros es repugnante. El escuadrón que me sigue responde con palabras obscenas e insultos y amenaza a su proposición, con escupitajos que caen en su cabello y en su cara. Yo, terminado el nudo, me levanto y lo jalo haciéndole caer al suelo arenoso de Alhenas.

—Ni toda su fortuna podrá salvarlo del destino que lo espera. Nadie se burla de la corona de Alhenas sin sufrir las consecuencias.

Si Defteros estuviera aquí, estoy seguro que lo hubiera rebanado ya los sesos sin siquiera chistar, luego de haberlo violado con la lanza de Scorpius de Kardia. Aún así, no sé de qué modo puede accionar el enviado de Asmita ni qué planes tiene al respecto. Asmita lo recuerdo como alguien recto, de ideales firmes pero también de decisiones fuertes y arriesgadas. Pero Shaka… Shaka es un sanguinario, un asesino a sangre fría

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Con fascinación lo observo en el centro del patio del castillo, ya con las puertas en el suelo y luego de ser saqueado por los lugareños, quienes ahora rodean el jardín y gritan en una entonación de sangriento placer, de necesitado sadismo. Yo sostengo los brazos de la mujer de la casa, una mujer cuyo vestido rojo se ve sucio por las arenas del patio y cuyo escote permite ver las sugerentes curvas debajo de su ropa. Curvo mi sonrisa, levantando la mirada hacía donde está él.

La mujer, con su cabello sujeto a mitad y ahora totalmente desarreglado, grita piedad y llora desconsolada mientras aún forcejea y sus costosas botas con encajes están sucias y rotas en el suelo. Su hija, una jovencita de quizás quince años y con un vestido mucho más decoroso color índigo esta inmóvil, sintiendo el brazo del guerrero que la sujeta sosteniéndole el cuerpo con fuerza y su rostro para no poder desviarlo de lo que ocurría, de donde estaba precisamente él. La joven solo llora, con sus labios delgados haciendo una mueca de dolor y pavor mientras seguro debe sentir el asco de unos vellos que no son suyos acariciando su cuello.

En medio del semi circulo que el mismo pueblo a formado entre su algarabía, de nuevo se está levantando el joven. Shaka lo mira con desdén, con el brazo derecho en su espalda y la espada en la izquierda, mientras el pantalón del traje del consorte está lleno de sangre, sudor y tierra, ondeando pesado a través de sus pasos calculados y sus parpados cerrados. Su torso desnudo solo muestra rastros de sangre y tierra amarilla seca entre las gotas de sudor, la gargantilla que se había puesto para el disfraz junto a la cadena con el anillo, su cabello pegándose en su piel sudada y las manchas de tierra y sangre en su cara, con leves rasguños de la batalla. De las cicatrices que se pueden ver en su cuerpo, la más apreciable es la que está en su cuello, vertical. Pensar que tuvieron que hacérsela para salvarlo y sacarlo del castillo… pensar que tuvieron que herirlo desde tan pequeño.

Pero no, no lamentaré, ni me quejaré. De no haber pasado, por muy desgraciado que suene, Shaka en este momento no sería quien es y no me pertenecería a mí. De no haber ocurrido no estaría viendo su sonrisa de ironía mientras el joven que está desafiando se pone de pie, apenas con la facultad de levantar derecha la espalda, lleno de sangre, herido, sucio y sudando mientras las lagrimas y su flema se anidan bajo su barbilla con rastro de barba. Quizás tendrá diecisiete años, es el heredero. Y en este momento está peleando por honor.

—No es suficiente—en medio de la algarabía la voz de Shaka suena fuerte y prepotente, colocando ahora un rostro de neutralidad—. No me diviertes suficiente—vuelve a decir y en respuesta el muchacho tiembla como si pudiera desprenderse los huesos de su piel. El pueblo enfurecido vuelve a gritar y a clamar por su cuota de justicia, quieren que les entregues a las mujeres para saciarse de ellas, al joven para pagar en él las culpa de su padre que ha huido, más Shaka se negó a hacerlo de ese modo imponiéndose a la multitud como si fuese algo ya tatuado en su sangre noble—. ¿Lo estás escuchando? Si no eres lo suficiente bueno, tendré que hacer caso a los gritos del pueblo—el muchacho apretó su mandíbula con fuerzas y el mango de la espalda tembló. De inmediato, volvió a lanzarse sobre Shaka con un grito de desesperación e ira.

Luego de tres movimiento de espadas bastante débiles y sin dirección, la rodilla de Shaka se vuelve a encajar en el abdomen del muchacho haciendo curvar hacia él, antes de tomarle el cabello con su derecha, justamente en la coronilla, y empujarlo al suelo. El pueblo vuelve a abuchear y yo hasta estoy sintiendo pena por él. Si quedara vivo, estoy seguro que se llenaría de tanto odio como lo hice yo. Después de todo, sé lo que se siente desear meter tus dientes en el cuerpo de aquel que amenaza con la vida de lo más preciado. Estoy seguro, también, que debe estar escuchando solamente el llanto de su madre que clama por piedad y no el del pueblo.

—Te estoy dando la oportunidad de escoger tu infierno, muchacho—camina de nuevo con ritmo lento, sintiendo entre sus sandalias de seguro el ardor de la arena humedecida mientras el sol poco a poco cae acentuando el atardecer—: salvar el honor de ellas. No te podré perdonar la vida, pero si te puedo prometer esto; si me satisface.

—Te odio…—musita el muchacho levantándose de la arena en medio de los ruidos—. ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio Asmita!

Y vuelve a atacar, está vez con la misma ira impulsando cada movimiento que Shaka desvía con facilidad, movimientos que van plagados con un grito lleno de odio. La mujer en mis brazos clama, la niña ha cerrado sus ojos mientras se ahoga en su propio llanto y antes de que el muchacho pudiera hacer algo la espada se incrusta en su abdomen atravesándolo y llenando de sangre el patio de la comarca. La madre entonces grita… y el escalofrío que siento por un momento solo se debe a que me recordó a los gritos de mi madre cada vez que era abusada sobre la cama donde yo me escondía.

La sangre cae y se llena de la tierra formando bolas de lodo vinotinto. Un flujo de sangre, saliva y bilis cae también entre sus pies mientras se ahoga en el dolor y la intensidad de un grito que no logra salir de su garganta. Los pasos de Shaka se van acercando a él, de forma lenta, con la mirada ahora enfocada en su espalda mientras el joven toma entre sus dedos la tierra y la aprieta con quizás frustración.

—Háganlo—lo escucho decir. El pueblo grita.

Prácticamente al unísono, las dos mujeres dan su último aliento de vida en un grito antes de que su garganta se llenara de sangre. El ajusticiado levanta la mirada para ver con ojos horrorizados los dos cuerpos caer inerte en tierra luego de que fueran degollados. Aquella sangre ahora brota por mis manos y parte de mi pecho, junto a la de otros que he asesinado en esta jornada que ya termina.

Shaka ahora le toma del cabello, obligando al muchacho a voltear hacía él con más lágrimas de las que soy capaz de contar. Lo alza y el cuerpo paralizado ahora obedece con presteza soltando la pesada espada, con los pies ligeramente al aire, rozando apenas su punta con la arena húmeda de su sangre. El puño de mi amante se aferra a su cabello mientras la espada es posicionada en su cuello.

El pueblo vuelve a gritar, a alabar en un cantico de hambre la justicia que ellos siente se está ejerciendo.

Me acerco entonces a él, sabiendo que en cuanto el cuerpo haya caído ya todo habría de acabar por hoy. Puedo sentir su olor, el olor a sangre, a placer, a sadismo y a sudor que emana el cuerpo de Shaka en medio del sol de la tarde.

—Te doy mi palabra de honor. Los cuerpos de tus mujeres serán enterrados tal cual han muerto—alcanzo a escuchar.

La espada atraviesa su cuello y al ser soltado el cabello, un solo movimiento abre la tráquea y el cuerpo junto a la cabeza cae al suelo separado.

Y el pueblo celebra…

La espada es sacudida en el aire.

Y yo veo en el muchacho una sonrisa de agradecimiento…

______________Acto cuatro: El espía

///Hace 17 años///

El trote a caballo por las escarpadas faldas del monte de Castor se hace difícil por la oscuridad y la reciente lluvia que ha enlodado los caminos. La frondosa vegetación también me impide avanzar con comodidad, además de tener el cuerpo del médico frente a mí en el caballo de una sola montura. Todo hace que la tarea de llegar al escondite donde me espera mi príncipe sea titánica.

Tal como me habían ordenado, había ido a Polux para verificar los rumores que rodeaban al castillo, rumores que habían preocupado al príncipe más de lo que me gusta admitir. Le había prometido que no solo le traería información confiable sino alguien a quien preguntarle todo. Lo que conseguí, a su vez, me había sorprendido. Los rumores no se acercaban aún a la realidad de lo que ocurría dentro de las paredes del castillo. Tres noches tenía viéndolo, viendo como entraba a la alcoba del rey, y salía hasta muchas horas después. Tres noches observando a los soldados llevando una comida de dudosa procedencia al esclavo que ahora estaba en el calabozo de la torre. Tres noches escuchando los rumores entre servidumbre y guardia de honor.

Todos decían que ahora Degel D’Acua se había convertido en el más cercano al rey, y hasta lo avalaban. Decían que si el rey debería tener un consorte, debería ser alguien de Alhenas y de estatus como lo era el hombre que está justo entre mis brazos. A su vez, hablaban que el rey mantenía al esclavo con vida por razones que no terminaban de entender y otros que le habían dicho a Degel que se encargara de conquistar el corazón del Rey para que embrujo del de Auva cediera y finalmente fuera asesinado.

También comentaba que el príncipe había abogado por la libertad del esclavo, que había matado un noble frente al pueblo y que aquello había promovido una rebelión, eso junto al ahora castigo donde el heredero tiene terminantemente prohibido acercarse al ala oeste del castillo. Habían mucho que adjudicaban ciertos movimiento dentro de la nobleza a diferentes personas, algunos que decían que habían acogido a Degel por ser de belleza extrema y andar prolijo. Como fuera, toda esta situación llegó a enfermarme a mí aunque la política no sea precisamente mi tema preferido.

La verdad es que me asqueó las maneras y las formas que tenían para hablar del rey, del esclavo, del mismo Degel y de todas las complicaciones territoriales y de herencia que derivaban. Me asqueó mucho más la manera en la que denigraban al mi príncipe como solo un perro rabioso al servicio del rey. Y sinceramente, tengo unas ganas de partirle la quijada a unos cuantos de esos malditos de la guardia de honor que se mofaban y se imaginaba como sería que el rey hiciera una orgía entre el esclavo y él médico para satisfacer sus bajos placeres. Ellos allí, enredados en chismes de almohadas, mientras nosotros nos debatimos entre la muerte y el sadismo para traerle más gloria al reino: patético.

Conforme me iba acercando, verifico que el manto que me cubre me ayude a confundirme entre las sombras con mi fiel caballo, de pelaje negro y brillante que permite el camuflaje. Nadie se ha dado cuenta de mi salida del castillo, debo decir que conocer los escondites secretos ayuda en mi tarea de espionaje. Había desmayado el cuerpo del médico y ahora con ojos atados y sus manos amarradas me lo llevaban al escondite donde una facción mínima del ejército acompañaba al príncipe Defteros. Dohko se había quedado con el resto en la frontera de Geminidas.

—¿Cuánto falta?—escucho y sin perder el ritmo del trote pausado, le respondo con resignación.

—No mucho. ¿Cuánto tienes despierto?

—Lo suficiente para saber que estamos en alguna barricada en ascensión y que llovió—sonrío de medio lado. No me asombra de él, si algo me quedó muy claro en lo poco que lo trate hacía dos años era que el médico es bastante perspicaz e inteligente—. ¿Me llevas a donde está el príncipe Defteros? ¿Para qué? ¿Por qué no ha ido él mismo al castillo?

Muchas preguntas a su vez. Lo que más me llamaba la atención es que no sintiera temor de lo que pudiera ocurrirle a él, ni por la situación, ni mucho menos la forma. Interesante… pienso que esto lo hace alguien interesante. ¿Por qué está tan cerca del rey?

—Preguntas demasiado y me da pereza responder, doctor—aludo con una sonrisa mientras muevo las riendas del caballo en un giro hacia la derecha, acercándonos por fin al lugar—. El príncipe quiere verificar que es lo que ocurre en el reino. Mucho ruido, tu sabes.

—¿Es por Asmita?

Por la manera tan rápida en que lo menciona y además ese tono de familiaridad, no me cuesta mucho pensar que está muy interesado. No sé qué pensar al respecto, porque si es amante del rey le conviene que el esclavo sea asesinado, sino, como demonios se justificarían sus horas en la habitación real. Siento que hay cosas que no terminan de encajar en el reporte que le debo a mi príncipe.

Bufo entonces como si quisiera no darle más interés a una conversación que lejos está de prestarme ayuda. Cuando lleguemos al lugar mi príncipe Defteros se encargará de preguntar y conseguir las respuestas que él desee.

—Ya deja de preguntar, soy un soldado simplemente, ¿eh?—lo escucho suspirar con resignación—. Acomódate bien que vamos a una empinada y tengo las manos ocupadas.

Tal como le había advertido, la última empinada nos coloca en una posición bastante incómoda. Me bajo del caballo, y lo dejo a él sobre la silla de montar mientras tomo las riendas de mi caballo y me adelanto para guiar sus pasos por la difícil empinada. Él se toma fuertemente de arzón delantero de la montura y yo empujo a mi caballo ayudándolo a subir y verificando que no resbale entre las piedras humedecidas. No falta mucho para que lleguemos al lugar, apenas logre subir algunos pies, ya estaremos cerca de la cueva conectada al sistema de tuneles que hay bajo Castor y la cordillera de Geminidas.

El príncipe debe estar ansioso…

______________Acto cinco: La sentencia

Para cuando llegué con el capturado que estaba escapando hasta el castillo tomado, ya la multitud estaba replegándose ante el anuncio del ejército que le iba a dar la entrada al príncipe Saga a la ciudad recién conquistada. De las monturas de los caballos los soldados sacaron un banderín con el símbolo de la corona de Alhenas y la familia real, el cual sostuvieron en alto cumpliendo el papel de estandarte mientras abría el camino para la entrada.

La gente, por lo tanto, ha empezado a amontonarse y a cuchichear olvidando que sus cuerpos están llenos de telas, sangre y sudor luego de la afrenta. Algunos incluso teniendo en manos joyas y objetos valiosos que acaban de saquear del castillo. El ejercito que horas antes estaba aniquilando a los soldados que custodiaban a la ciudad, ahora han formado un cordón de seguridad que resguardarán al príncipe para evitar que haya cualquier incidente tras la llegada. Estos están en espera de nuevas órdenes por parte de Shaka, y luego de yo haber depositado al capturado en el centro del patio, me dirigí con Kardia a coordinar la labor en la organización.

En el centro del patio del castillo se puede ver la sangre que había sido derramada por la familia del antiguo cabecilla de la comarca. Allí, Shaka y Delio esperan la entrada del príncipe, con el hombre de rodilla en el suelo, su frente húmeda con la sangre que derramó su hijo, mientras la bota de Shaka lo tiene sometido al cuello.

Los dos jinetes entonces se ven acercarse en paso suave, lento. La capa ondeante del príncipe se mece en el espesor entre la arena amarilla que se levanta y el humo del fuego que ya ha sido controlado. Desde mi lugar, puedo verlo observar todo con estudiosa mirada, poniendo énfasis en los cadáveres que han sido replegados a un lado, los caballos amarrados a los mástiles y las casas que sufrieron por el fuego. Su porte es impresionante, y usando la misma armadura que Defteros utilizaba cuando estaba al frente el ejército, la misma con el sello del reinado en la coraza que cubre ligeramente su pecho. Desgraciadamente, la armadura real quedó en el castillo y quizás, ya habrá sido destruida.

Cuando el príncipe llega al inicio de la entrada humana que hemos creado, Ikki, el jinete que lo acompaña, pide permiso para aumentar el paso y entrara primero en medio de los estandarte en dirección hacia donde está Shaka. En ese momento, yo me posiciono a su lado, controlando mi caballo de pelaje caoba junto al suyo.

—Mi príncipe, ¿cómo se siente?—pregunto en voz baja mientras vemos como el jinete penetra por las puertas tumbadas del castillo para acercarse al líder de la revuelta. Escucho un suspiro del heredero al trono, acongojado, pero con el rostro firme como si nadie lo contrariase.

—Veo muchos cadáveres, no solo soldados, incluso campesinos, mujeres… niños—dijo lo último con un tono que aludía a la pena y yo no pude hacer nada que guardar un minuto de silencio con la mirada firme al frente—. ¿Cuántos muertos?

—No tengo un conteo exacto su majestad, pero puedo ocuparme de ello en cuanto termine la toma—lo veo asistir con la vista al frente. Creo que por los momentos, es lo único que podremos hablar.

Al ver que Ikki ha terminado su trayecto, empezamos el nuestro. Tomo el camino al frente, para proteger al príncipe en medio del recorrido y Kardia tomara la retaguardia, de modo que los tres recorreremos el camino en medio del pueblo, con nuestras armaduras y mascaras de Alhenas, incluso el príncipe. Puedo ver en medio del camino los rostros del pueblo entre asustado, asombrados y esperanzados cuando ven al príncipe Saga entrar con paso lento y ceremonial por el camino, largo y extenso, justo rodeado de los estándares de la corona que lo representa.

Todo este protocolo es necesario, y entiendo el porqué Shaka lo propuso cuando se estaba armando el plan de guerra. El pueblo se mueve a través de imágenes y de actos como estos. La figura para el reino es tan necesaria, que no puede quedar vacía. La población debe saber quiénes los están conquistando, quien es su nuevo señor, quién es el que los va a gobernar. Si él es la figura de la guerra, Saga era la figura del nuevo gobierno que estaban buscando instaurar, de sus raíces, de su verdadera identidad. Saga, la corona y el emblema de Alhenas.

Habiendo recorrido hasta el final, a la entrada al castillo la misma multitud empieza a aplaudir y a vitorear. Es un momento simbólico, es la entrada de la verdadera política y poder de Alhenas a su ciudad y ellos la aclaman con tanta necesidad como clamaban la libertad. No puedo evitar sentir la emoción cuando los veo levantar sus improvisadas armas, cuando los niños se suben en las cajas de maderas para intentar ver a quien será su nuevo gobernante y los gritos se escuchan tan fuerte que parece una misma voz. Al frente, Shaka mira todo el escenario con un rostro neutral pero en sus ojos se ve brillar la satisfacción. Delio a su lado observa todo con indiferencia. Se ve, en el cuerpo del antiguo príncipe de Auva, los rastros de la masacre secándose en su blanca piel.

Ya en el lugar, los tres detenemos el trote y el príncipe baja del caballo haciendo sonar las botas de hierro en la arena, con la espada que era de su tío en su derecha. Camina firmemente y puedo ver desde aquí como con cada paso el hombre capturado tiembla de pavor con las manos enlodadas con la sangre de su propio hijo. Shaka se mantiene así, inflexible, en su rostro no muestra rastro de emoción alguna; por el contrario, parece estar indiferente al evento, aunque si desenvaina una de su espada, la izquierda para pasar el filo tentando el cráneo del hombre que yace a sus pies.

—¡¡PIEDAD!!—grita el hombre en un alarido lastimero y ahogado, con la sangre fría en sus labios y coloreando sus dientes—. ¡¡PIEDAD SU MAJESTAD!!

El pueblo de inmediato, en respuesta a aquello, vocifera justicia y sus propias peticiones, que incluyen decapitarlo, entregárselos a ellos, apedrearlo, entre otras opciones menos honrosas. El príncipe escucha cada una de ellas dirigiendo su vista a puntos determinado en medio de la multitud. Podía apreciarse incluso soldados con el emblema de Rukbat pero con rasgos de Alhenas entre las filas, posiblemente aquellos que al ver la toma en vez de proteger al reino actual, se plegaron y ayudaron en la batalla.

—¡¡¡PIEDAD MI REY!!!—vuelve a gritar el hombre.

—Su servidor—esta vez es la voz de Shaka la que resuena acallando de inmediato los gritos de la población—, ha esperado por usted para decidir el castigo de este traidor.

Debo admitir que me asombra el tono con el que Shaka se refiere a mi príncipe, muy distinto al que se dirigen cuando están en el campamento. Es obvio que se ha tomado muy en serio su papel en este momento, que está asumiendo que la corona le pertenece a él y quiere que tanto el pueblo como el ejército estén convencidos de ello.

Camino hasta posicionarme al lado del príncipe en caso de que requiriere mis servicios, cumpliendo el papel que ahora Delio cumple al lado de Shaka. Aún el cabello dorado del hermano del consorte está sujeto en una cola alta, la gargantilla y la cadena de oro con el anillo cuelga de su cuello, danzando levemente; supongo que es mayor el peso de la tierra y sudor que debe tener encima. Pese a la suciedad que presenta su cuerpo, no pierde un atisbo de su belleza y debo admitir, que viéndolo así si puedo ver la misma figura de Asmita cuando estaba en los duelos del castillo, en el primer año.

De nuevo el hombre pide piedad, entre el abucheo del pueblo. Mi príncipe lo observa seriamente, sin rastro de emoción también en su semblante. Es evidente que los años no han pasado en vano en él. Su perfil es imponente y estoico, aunque preserva belleza, una belleza que era antes realzada entre trajes reales y ahora parece imponerse por encima de sus ropajes de guerra. Su mentón se mantiene inconmovible, al igual que sus labios, sus espesas cejas están relajadas pero sus ojos entrecerrados. A la cuarta petición del capturado, se escucha un lamento y al voltear, puedo ver que ha sido producto a la bota de Shaka que lo ha presionado más contra el piso. La espada sigue amenazante balanceándose sobre su cabeza.

—Entonces, su majestad—continua el de Auva, esta vez dibujando una media sonrisa sádica, como si solo esperara la orden para hacer rodar la cabeza de ese hombre a los pies del heredero—. ¿Cuáles son vuestras órdenes? ¿Cuál es el destino que usted desea entregarle a este hombre, que se atrevió a ofrecer su servicio a los traidores de Rukbat, sometiendo al pueblo al hambre y al trabajo forzoso con tributos para alimentar si avaricia?

Ante sus palabras, el pueblo se alebresta aún más pidiendo que la cabeza de ese hombre fuera separada de su cuerpo, que su cadáver fuera entonces echado para alimentar a las aves de los cielos, mostrado y humillado como habían hecho con el cuerpo del antiguo consorte. El príncipe escucha con atento silencio y luego de algunos minutos de permitir al pueblo expresarse, levanta una mano, provocando que las voces se acallaran. Saca su espada y ante ese acto el mismo pueblo parece embravecerse de júbilo y deseos de venganza. Luego de dar tres pasos, traza una línea en el suelo arenoso, provocando que de nuevo el silencio acompañe el momento.

—Ven e inclínate ante mi detrás de esta línea—ordena el príncipe, dando tres pasos hacia atrás para volver al sitio. Aquel pedido provoca un abucheo y el gesto de desagrado del mismo líder de la revuelta, que en acto obedece, quitando su bota del cuello de aquel hombre. Aprovechando el momento, el maldito que había sometido al pueblo prácticamente se arrastra a gatas hasta el príncipe, respetando la línea que los separa a tres pasos para inclinar su cabeza y pedir por su vida.

—Mi señor… le serviré mi señor. Perdóneme la vida, los de Rukbat… ¡amenazaron con mi familia!—toda la ciudad allí aglomerada grita y se enfurece negándose a creer aquello. De nuevo el príncipe levanta su mano para hacerlos callar y escucharlo— Créame su majestad, yo fui fiel sirviente del rey…

—Sometiste al pueblo, enviaste a los soldados a atacar a la gente que ahora me sigue, intentaste escapar con el tesoro… ¿también eso te obligó a hacer los de Rukbat?—el hombre tembló ante esas palabras, con su vista en el suelo, mientras el joven de cabellos dorados observa la escena con bastante interés—. Y pides piedad, ahora, ¿qué puedes ofrecerme?

—Mi señor… tengo tesoros y acceso a documentos reales. Cartas que fueron subastadas de la corona, además de comunicación con otros nobles—veo las facciones del príncipe, un poco más endurecidas—. Puedo ofrecerle mucho, puedo ayudarle a formar una nobleza que lo acompañe. El rey necesita de la nobleza, de sus bienes y de su influencia. No solo del pueblo…—levanta su cabeza hacía el heredero, con una sonrisa ladeada de confianza—. No cometa el mismo error que el antiguo consorte—no puedo evitar tensarme—. El consorte se hizo aliado del pueblo y enemigo de los nobles—este hombre…—, no cometa su mismo error, mi príncipe—ha firmado su sentencia.

Ante esas palabras, no es inesperado el destino de este hombre. El mismo pueblo comienza a levantarse y de nuevo el príncipe levanta una mano para poner un alto a sus intenciones. El ejército ha tenido que fortalecer la barrera que lo separa del círculo, para impedir así que cualquiera de ellos se metan a tomar venganza propia por las palabras de ese impostor. Y eso solo mencionando al pueblo, Shaka permanece con la mirada iracunda y el filo de su espada en aire solo esperando el momento adecuado para ensartarla en su humanidad. No es lo de menos, yo mismo quiero tomar su vida con mis propias manos.

Pero el príncipe tiene otros planes.

—Levántate—y el pueblo se enfurece.

Esta vez, las acciones del ejército se hicieron más invasivas para poder controlar la multitud. Entre los gritos y la algarabía la mano del heredero ahora no tiene efecto para callarlos, pareciesen que no están de acuerdo ante lo que parece ser un perdón. Sin embargo, cuando creíamos que íbamos a tener que usar las armas para recuperar el control del lugar, es la mano de Shaka la que se levanta y en una mirada de poder detiene los ánimos asesinos de los lugareños.

Es impresionante el poder de la figura en el pueblo. Aunque Shaka por sí mismo no sea nadie de poder y autoridad para ellos, el solo hecho de verlo tan parecido y tener la cadena y la gargantilla ya lo enviste de una corona de poder que nadie se atreve a contrariar.

Aún así, obedeciendo la voz del príncipe, el hombre se levanta y se sostiene sobre sus pies, con la expresión de victoria. El pueblo no quiere quedarse tranquilo y eso es evidente ante el ruido que comienza a llenar el lugar, el ruido de un paso fuerte en la arena, sincronizado, que se va extendiendo y se va incrementando hasta formar un melodía que alude al campo de guerra, persistente, en un eco asiduo, llenándome los oídos conforme son más pasos los que se unen al ritmo. Es una protesta, una protesta silenciosa que llama la atención de todos menos del príncipe, y del líder de la revuelta.

—¿Has dicho que no cometa el mismo error del consorte?—repite el heredero con un tono de voz fuerte y audible—. Seguiré tu consejo—el ruido se incrementan y de un momento a otro, inesperadamente, el de Auva comienza a modificar su postura—. El único error que cometió el antiguo consorte, es haber dejado cerca a sus enemigos.

Un solo movimiento, más rápido que mis ojos y todos los ojos de los que estábamos allí. Un movimiento que pone el filo de una espada cerca del pecho del príncipe, amenazante y llenándose de sangre. Uno solo, potente, que atraviesa a espada el cuello del hombre deteniéndose a solo un palmo del pecho del rey y dejando correr la sangre hasta la tierra amarillenta. La espada del antiguo príncipe de Auva, con unas gotas de sangre que han caído sobre su rostro y la mirada afilada aún más que la espada que ha insertado en cuello del hombre que se atrevió a mencionar al consorte Asmita frente a ellos.

El pueblo ha quedado en silencio, como si la marcha de guerra hubiese acabado, absorto observando como el hombre intenta tomar la espada que le ha atravesado y el filo sale poco a poco dejando un agujero y la sangre que cae por su pecho. Murmura algo, es un sonido a gorgoteos mientras su garganta se llena de sangre y sus ojos se cristalizan hacía nosotros, un sonido que no llega a nada cuando el rubio ejecuta el segundo movimiento y dos filos de espalda cercenan definitivamente la cabeza de su cuerpo, haciéndola rodar a su derecha como si fuese un saco de piedras. El rostro del hombre ha quedado inmortalizado con el horror y el cuerpo, inerte, cae a su izquierda producto del impulso con el que se hizo el corte. Sangre cae a los pies del príncipe y del líder de la revuelta, sangre que rueda y se empasta en el suelo arenoso de Alhenas mientras la tarde cae con sus colores que llaman a la fría noche.

Hubo un pesado silencio, mientras una brisa árida levanta el polvo del patio y las espadas chorrean las gotas de sangre.

Entonces el príncipe habla.

—Mi consorte ha tomado justicia tal cual mi corazón deseaba.

Y el pueblo aclama, ante la vista asombrada de Shaka de Auva.

______________Acto seis: El segundo

///Hace 17 años///

Hemos llegado, ya lo sé. Pese a que aún tengo una venda que tapa mi visión, el olor a carne asada, fuego, sudor y lluvia me dan indicios de estar en un lugar habitado, una cueva tomando en cuenta el eco que se escucha ante cada paso, cada gota que cae y cada voz. Sigo los pasos de Kardia, quien me sostiene por detrás para obligarme a caminar aunque no es necesario, es evidente que no hay mucho que hacer para negarme, y que si voy a ver al príncipe de Alhenas, al líder del ejercito del reino, esto podría ser una oportunidad única para conseguir la salvación de Asmita.

Conforme nos vamos acercando, el bullicio y las risas se van haciendo más fuertes y oíbles. Mantengo mi porte sereno, no dejándome perturbar por el misterio con el cual me trata ni con el espesor de la oscuridad que me nubla. Imagino, ahora, lo que ha de ser para Asmita vivir sin vista, a expensa de cualquier sonidos u aroma, para saber dónde está y como enfrentarse a ello. No debe ser fácil… cualquier ruido u olor de más pueden distraerte y asustarte si prestas demasiada atención.

—¡Príncipe Defteros!—Kardia se anuncia, con voz fuerte y elocuente, callando las voces de los que acompañan en el lugar. Se escucha la madera crepitar de seguro por el fuego, dado el humo—. ¡He llegado, su majestad!

Empuja de mí y yo me dejo llevar teniendo especial cuidado del piso en el que camino, para evitar caer, sin perder por supuesto la compostura. Me acerco a lo que pude contar como dieciséis pasos, hasta que la mano de Kardia me toma del antebrazo para hacerme detener.

—¡Arrodíllate!—ordena y obedezco sin titubear, inclinando mi cabeza mientras siento que Kardia, supongo que aún es él, pone sus piernas a cada lado de mi cuerpo y empieza a desatarme la venda. Mis ojos dolorosos tardan un poco antes de abrirse y ver con bastante dificultad la corteza rocosa que nos habita—. Príncipe Defteros, he traído aquí al médico real, para que pueda hacerle preguntas de la situación de la corona y el castillo.

No me atrevo a levantar la vista aún, esperando alguna señal. Siento que Kardia se mueve de su sitio, alejándose de mí, y que muchas miradas están posadas en mi cuerpo, miradas escudriñadoras, fuertes y penetrantes. Miradas de guerra.

Me mantengo en mi posición por un largo tiempo, sintiendo que mi pierna derecha se empieza a fatigar por la posición. Más me obligo, por honor que por cualquier otro elemento, porqué no pienso doblegarme ni mostrarme débil ante esta circunstancias. Me sostengo gracias a la imagen de Asmita en el calabozo, con sus ropas de esclavo, con su perfil inflexible y su voluntad inquebrantable. Me inspiro de ella.

—Comprendo…—escucho una voz, ronca, áspera, una voz que podría asemejarse la de mi rey si no fuera porque tiene un tono y pronunciación más tosca—. Degel D’Acua—menciona mi nombre y me es inevitable no tensarme ante lo fuerte de su voz, aumentada aún más por el eco del lugar—, tengo varias preguntas que hacerte. ¿Está dispuesto a responder?

—Por supuesto, su majestad—contesto, levantando mi mirada segura ante él, y notando los rasgos de su piel.

Morena, más tostada de la que recuerdo, se ve una cicatriz que atraviesa a su pecho en un corte vertical, una que no recuerdo haberle visto. Una piel gruesa le cubre, visiblemente de un oso que seguro habrá cazado y el cabello oscuro serpentea en onduladas formas secas, víctima del maltrato. Aún así, su mirada, el mismo azul índigo de su hermano mayor, me miran con una señal de pena ineludible.

—Explícame la condición del príncipe de Auva… Quiero saberlo todo.

Y yo, por Asmita, estoy dispuesto a todo para salvarle su vida.

4 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 29)

  1. Hola,
    la primera vez que lei LDG me traume, llegue a la parte de la… pues de “eso” y no pude seguir, me preguntaba como habia persona en la tierra de hacer semejante fic.
    No pude dormir pensando en el pobre Asmita.
    Para no aburrirte mejor corto , el chiste es que lo volvi a leer y esas sensaciones raras de dolor y asco y todo eso ya no estaban.
    Y me gusto, demasiado. Ahora mi trauma es leer mas sobre LDG.
    Esa relacion tan conflictiva de Aspros y Asmita es muy fascinante,
    gracias = )

    1. XDDDDDDDDDD Dios, perdóname por haberte traumado…

      En sí no me fue fácil escribirlo, escribir lo horrible que vivió Asmita, y lo que vino después, pero realmente hay un ,motivo y razón esta historia la sigo viviendo aunque me cueste escribirla, me alegro que le hayas dado la oportunidad 🙂

  2. Hola!! me encanta tu fic!! Debe decir que adoro a Defteros *0* simplemente lo amo!!
    Espero que lo continues pronto, por favor!!
    Bye 😀

    1. Hola Eis, me alegra que te gustara el fic y sobretodo Defteros. Ya veremos más de él más adelante. Por ahora te puedo decir que la trama esta condensándose.

      Ya actualice, espero te guste el nuevo capitulo :3

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