Lienzo de Guerra (Cap 30)

Tras la victoria queda la celebración, el momento en que el pueblo se llena de jubilo. Pero mientras eso ocurre, las noticias están por llegar a Polux. Sin embargo, en el pasado la tensión por el destino de Asmsita sigue en aumento. ¿Cuál será el próximo paso de la corona de Alhenas?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Tras la victoria queda la celebración, el momento en que el pueblo se llena de jubilo. Pero mientras eso ocurre, las noticias están por llegar a Polux. Sin embargo, en el pasado la tensión por el destino de Asmsita sigue en aumento. ¿Cuál será el próximo paso de la corona de Alhenas?

Capitulo 30: Conflicto de Lealtades

El otoño se iba consumiendo y las temperaturas en Pólux descendieron junto con los ánimos del pueblo ante los rumores que corrían en Pólux en esa época. El pueblo se había acostumbrado demasiado a la escases de comida y a las lluvias luego de ver la resistencia del rey a cumplir con los deseos de la nobleza, y de cómo observar que la nobleza más bien iba perdiendo fuerza contra el rey y dedicaban sus esfuerzos en otros temas más urgentes, como el hecho de que la lluvia ese año fuera más fuerte y que sus tierras se vieran inundadas por lodo.

Muchos también adjudicaron a ese receso en los ánimos al hecho de que los rumores que corrían de otras ciudades anunciaban que el príncipe Defteros estaba en el reino y que su ejército se esparcía para buscar rodear a la capital. Mucho era lo que se conversaba sobre ello entre comentarios y cuchicheos en las calles más pobladas: algunos comentaban que el príncipe Defteros exigiría a su llegada al cuerpo del esclavo, otros que exigiría la corona, algunos pocos se atrevían a comentar que quizás se lo compartirían entre ellos, otros aseguraba que el esclavo no podría soportar el invierno en el calabozo y moriría.

El pueblo recordaba muy bien el hambre y la situación de temor que habían vivido en medio del sitiamiento que el ejército realizó cuando peleaban príncipe y rey por el esclavo y por ello, no quería entrometerse en esos asuntos de la corona. Sabiendo que el príncipe y su ejército estaban cerca no era para ellos provechoso realizara algún tipo de nueva revuelta como la que había hecho el día que el heredero mató a uno de los nobles. Como estaba la situación política y el clima general de la ciudad, callarse y estar en sus casas parecía la más sabía decisión que podían tomar los ciudadanos de Alhenas.

Una de las cosas que más se hablaban dentro del castillo, era del esclavo. Algunos cuchicheos en el castillo no podían ser lo suficiente impactantes como para quitar la imagen de pobreza y sumisión que le alegaban el pueblo al antiguo príncipe de Auva en medio del cautiverio, algo que estaba totalmente fuera de la realidad. Los mismos guardias de su celda no comprendían que estaba ocurriendo, pero evidentemente desde que la dieta al esclavo había sido cambiada, el panorama en la celda era otro, uno que estaba fuera de cualquier imaginación, uno que a ellos mismos les hacían temer.

Era verlo sentado con vista hacía la ventana de la torre donde la luna se escurría en la oscuridad, en una extraña posición de piernas cruzadas y espalda recta, con el cabello moviéndose con suavidad entre el viento creaba en el castillo una sensación de peligro eminente y silencioso. Como si se preparara para un momento en particular, como si en ese instante en vez de cuidar a un hombre en cautiverio, estuvieran viendo al príncipe que según las leyendas que se esparcieron de él en esos meses, había matado él solo a decenas de soldados en su tierra, y había sido quien diezmó el ejercito del príncipe en el castillo.

Asmita de Auva dejaba de ser solo un esclavo a los ojos del castillo, y eso era para ellos: peligroso.

Muchos empezaban a adjudicar las fuertes lluvias al llamado de espíritus medievales que hacían el rubio en medio de las meditaciones. Incluso, habían intentado evitar que tomara aquella posición y fueron fuertemente reprendidos por el rey, quien fue informado por el médico real, y quien además dio órdenes estrictas de no molestar al esclavo sin su consentimiento. Sin embargo, el miedo y el prejuicio tomaba poder en la consciencia de la guardia del castillo, temiendo que lo que estuviera haciendo el antiguo príncipe fuera convocar fuerzas oscuras para horrorizarlos y que ellos terminaran siendo víctimas de algún conjuro malicioso alimentado por el odio y el hambre del cautivo.

Y a eso además se sumaban otros rumores. Para ellos no eran secretos los murmullos que corrían en especial en las noches templadas de Polux, agigantándose en los pasillos vacíos del castillo. Se hablaban que había un jinete que salía cada tres noches de las murallas reales, un jinete que hasta ahora no habían podido identificar. Uno que pasaba por la seguridad del castillo, penetraba los muros, se movía como una sombra entre las columnas y se comunicaba con alguien dentro del castillo. Uno, que nadie se atrevía a cruzarse en su camino.

Las historias al respecto eran variadas. Algunos comentaban que podía ser un asesino que estaba esperando el momento para matar con sus mismas manos al rey o al mismo esclavo que descansaba en el calabozo. Otros, que se trataba de un mensajero de alguno de los otros reinos para pedir guerra. Unos pocos, más osados, comentaban que se trataba de un espíritu de venganza que venía a conversar con el esclavo, o que buscaba el momento preciso para sacar el haz y matar al heredero de la corona. Nadie tenía la valentía de tan siquiera preguntar por el jinete que aparecía entre la niebla del castillo y se materializaba en la madrugada, con un objetivo confuso.

Lo que nadie sabía o tan siquiera acertaba a pensar, era que las cartas que eran enviadas y recibidas a través de ese jinete eran las que iban a determinar el destino de todo el reino. Eran las mismas, que quedarían resguardadas con las pertenencias del antiguo consorte años después, pertenencia de valor incalculable que se perdió en medio de la toma de Rukbat al reino de Alhenas. Las mismas, que desde que se escribieron estaban hechas para dividir al reino de una vez por todas.

______________Acto Uno: La ira

///Hace 17 años///

Luego de haber recibido la cuarta misiva en una de las catatumbas que están bajo el suelo del castillo, el hombre que ha servido de mensajero del ejército de Defteros se oculta tras la sombra y corre entre las columnas hasta perderse. Luego, un silbido convoca al caballo y pronto, al cabo de unos minutos, se puede escuchar el rechinar del animal y el galopeo en la tierra húmeda de Alhenas, después de la reciente lluvia.

Con mi mano cubro mi rostro y tomo de nuevo la antorcha que ilumina el camino de regreso. Dentro del castillo, hay un laberinto de pasadizos que se dicen solo el rey conoce, uno que fue creado por el antiguo Rey Ares durante su primer año de gobierno. Hay muchas leyendas que dicen que era el lugar donde él realizaba cacería, más no cacería de animales como era de pensarse, sino de mujeres, de niños y de hombres que se levantaban contra de él. Se dice que les daba la libertad de entrar al laberinto y perdonar su vida si llegaba a encontrar la salida. Luego él y un grupo de 14 perros adiestrados entraban en el laberinto. Según la leyenda, ninguno sobrevivió.

No es difícil que ahora me sienta nervioso siguiendo el elaborado mapa que el mismo rey me ha dado para poder llegar exactamente a su habitación desde el punto donde se realiza las reuniones. Me ha dicho que si sigo fielmente las instrucciones, no me perdería y así lo he hecho. Sin embargo, lo que si me he dado cuenta es que los caminos ante cada encuentro han cambiado, no sé si porque en la misiva que llevo le asigna una nueva posición. Me temo que Kardia y yo estamos jugando al escondite en el laberinto de los reyes gemelos.

Ocho encuentros hasta ahora hemos tenido, contando con aquel donde Kardia me tomó desprevenido y me llevó a las catatumbas. De esos ocho, cuatro han sido en estas catatumbas. Mientras las gotas caen creando eco y la oscuridad se disgrega rencorosa a los rincones, yo simplemente pienso en que pieza de este enorme juego me ha tocado jugar. También me he preguntado si algún laberinto llegara directo a Asmita…

Luego de caminar por un espacio de tiempo que dudo poder contar, por fin encuentro el pasadizo que me lleva a la alberca del rey. Antes de penetrar a la estancia que se oculta entre las columnas perpendiculares, observó si el rey no se encuentra en este momento en su descanso para no faltar a su honra. El nulo movimiento del agua me da a entender que no es así, por lo cual con paciencia me escurro dentro de la alberca, apagando la antorcha y cerrando el pasadizo. Todo el lugar se encuentra solo iluminado por la luna creciente. Incluso, es posible verla dibujada entre las aguas de la enorme piscina. Cuando pienso que este era uno de los lugares favoritos de Asmita para esperar, un azote de culpa siento a mis espaldas: no puedo dejar de pensar que le traiciono.

Con cautela me filtro a los pasillos y logro caminar hacía la recámara del rey. Allí con dos ligeros toques me anunció antes de abrir e internarme a los aposentos. El rey se encuentra acostado en cama, con todo su ropaje real, al parecer otra reunión de los nobles lo tuvieron hasta esta hora.

—Su majestad—me inclino como dictamina el protocolo, llamando su atención. Con mi rodilla al suelo extiendo la carta con ambas manos, dejando que el largo de mi cabello se deslice entre mis hombros—, he aquí el mensaje de vuestro hermano, el príncipe Defteros, en respuesta a vuestra misiva—por el sonido de sus ropajes puedo deducir que se ha puesto de pie y ahora, por el de sus pasos, que se acerca a mí y por fin toma el sobre en mis manos.

El rey da media vuelta, dejándome ahora ver su espalda. Me atrevo a levantar un poco la mirada para ver el largo de su cabello hasta su espalda media, ondulada y oscura, junto al ancho de su espalda y sus hombros reforzado por las telas de su túnica. Pero no puedo detenerme a ver eso, no cuando puedo percibir el leve temblor de su derecha conforme lee lo escrito. En pocos segundos, sus manos se cierran sobre la hoja arrugándola y una maldición brota de su garganta de forma áspera y contundente. Acto seguido, golpea el mueble de madera de su lado provocando que una vasija cayera hasta el suelo partiéndose.

—Su majestad…

—¡Está loco!—azota de nuevo el mueble provocando que el candelabro sin encender también cayera al suelo.

Me quedo estático observándolo por un momento, debatiéndome ante la idea de levantarme y tratar de calmarlo. Cuando bufa otra maldición supe que era necesario, así que olvidándome del protocolo me pongo en pie antes que su movimiento me tomara por sorpresa, volteando hasta mí y mirándome con sus ojos más endurecidos.

—Les dijiste…—no estoy seguro de que se refiere, pero por reflejo me replegó a un paso, arrepintiéndome de haberme puesto de pie y estar ahora vulnerable ante su profunda y pulsante y mirada—. ¡Les dijiste lo que pasó con Asmita!—su grito retumba contra las paredes y mi cabeza, conteniendo mi quijada y el temor que intenta sobreponerse ante la situación.

—Su majestad…

—¡LE DIJISTE!—antes de que pudiera hacer algo para defenderme, sus manos me tomaron del manto y me golpearon contra la pared con la ventana a las afueras del castillo. Siento el crujir de mi espalda contra la arenosa piedra, el ardor a su vez de la piel bajo los mantos y por si fuera poco, su caliente y ardiente mirada tratando de romper mi mal mostrada calma—. ¡LE DIJISTE LO QUE PASÓ AQUELLA NOCHE!

­—Habían oído ya, pero lo que habían oído no era correcto… decían que de nuevo había entregado a Asmita a todos los presentes en esa fiesta…

—¡¡¡MENTIRA!!!—me suelta por un momento, dando una vuelta mientras me deja plegado a la pared. Siento el temblor en mis piernas, la imposibilidad de moverme de mi sitio mientras lo veo rectar con sus pasos por la alfombra, pasando una mano por su cabello. ¿Qué pudo alterarlo de ese modo?

—Su majestad, le juro que no hice más que aclarar la verdad de los hechos…

El rey no me dirige de nuevo su mirada, ahora parece que está internado en una fuerte reflexión un tanto preocupante. Por fin mis piernas obedecen y puedo moverme, intentando no acercarme demasiado mientras escucho el sonido de mi manto tropezar entre mis tobillos.

—No voy a ceder—le escuchó decir y ante aquella afirmación mi piel se encrespa, pensando en que tipo de posibilidades estaba escritas en esa carta—. No voy a ceder, no lo haré—voltea hacía mi con la mirada más determinada que había podido verle en todas esta noche—. Retírate ahora.

Algo en mi quiere quedarse, en ese momento lo entiendo. Algo en mi quiere quedarse y comprender que es lo que sucede entre esas misivas cuyo contenido me es velado para mí y seguramente para todo el ejercito. Algo en mi desea fervientemente calmar la ira del rey y llevarlo a templada tranquilidad, algo que, en ese minuto, me aterra. Bajo la mirada al darme cuenta que he mantenido por más tiempo del protocolar mis ojos sobre él, reprimiendo en mi mismo la pregunta que amenaza con salir airosa de mi boca.

¿Qué es lo que está sucediendo? ¿No soy ahora de su mayor confianza?

—¡Retírate he dicho!

Su voz elevada me hace  recordar mi posición en ese lugar y luego de una breve inclinación me retiro de los aposentos del rey. Camino lo más rápido que puedo no muy seguro de hacía donde me están llevando los pasos. Cada carta parece alterarlo aún más, a su vez, se escucha muchos murmullos y voces ante las negociaciones del rey con los nobles. Nadie parece haber notado aún que el ejercito esta cerca y el temor de otra toma parece convertirse en una realidad. No sé que pasa a pesar de mi cercanía del rey.

Finalmente mis pies me llevan a mi habitación del castillo, donde cierro el cerrojo mientras trato de contener el temblor de mis piernas. En el espejo que me refleja puedo verla palidez y aún las arrugas de mi manto en el lugar donde el rey me tomó con fuerza. También puedo sentir en mis labios el húmedo aliento de él, algo de lo que me percato en este momento.

Y empiezo a asustarme, aún más. Pero mi temor ya no corresponde a lo que está sucediendo con el reino y los movimientos. Si no conmigo y el rey…

______________Acto Dos: La Buena nueva

Después de que se acomodaran la nueva carpa donde descansará la esclava rescatada por el antiguo príncipe de Auva, todos están ahora en extremo hermetismo esperando noticias. La tarde está cayendo en el refugio y cada quien sigue sus labores en total expectativa, como si cualquier movimiento pudiera alertarlos sobre los resultados. Lo último que se había sabido es que Shaka de Auva había sobrevivido del encuentro contra el príncipe Aioria en Pólux y que de allí se había dirigido hacía Geminga a liderizar la toma. Luego, que a mi hermano lo habían hecho llamar y se había dirigido con uno de los soldados del rubio hasta las puertas de Geminga. Los que sirven de centinelas, han escalado ya hasta la parte más alta de la montaña esperando ver sobre la maleza y espeso bosque alguna señal y solo se puede ver humo a dirección de la ciudad.

Todos estamos en espera de noticias.

Luego de forjar una nueva espada para liberar mis nervios, salgó de la carpa para dirigirme a ver si en la entrada ya se sabe algo. Según he oído el hermano de Shaka, Afrodita, no se ha despegado de la carpa donde atiende a la mujer que parece de Auva. Supongo que él mismo se encargará de cuidarla.

Tengo una enorme curiosidad sobre lo que pasó allí, en Pólux. La sola idea de ese hombre invadiendo aquel castillo como si nada me resulta impresionante y descabellada, quisiera saber los detalles de esa invasión pero quizás no será hasta que ellos lleguen que podremos oír de ellos. Inquieto me muevo entre las catatumbas buscando una manera de detener a mi cabeza y el montón de preguntas que se anidan en ella, es como si tuviera un panal de abejas dentro de mi cráneo.

Recuerdo que cuando el antiguo consorte fue a la primera guerra, donde Rukbat nos quiso invadir, se hablaron de muchas cosas. Los mismo soldados de nuestro ejército respetó a ese hombre y lo trató como un héroe de guerra y veterano. Una de las cosas de las que hablaban es que nunca habían visto a un hombre tan rápido con las espadas en el reino, que había hecho que el mismo rey de Rukbat le pidiera misericordia cuando se enfrento contra el menor león de su reino. Que literalmente había enfrentado solo al príncipe Aioros, que su protector, Cid de Sagita perdió el brazo gracias a su inequívoca técnica y al final los hizo retroceder.

Si me pongo a pensar en todo ello, no puedo dejar de tener la imagen monstruosa de ese hombre con la máscara de Alhenas y su cabello dorado ondeando en el viento, sus parpados cerrados y su piel llena de arena y sangre seca, pegada en la armadura, sonriendo cínicamente como se enfrentaba a mi cada vez que iba a castigarme. ¿Cómo un esclavo, un antiguo esclavo podía tener esa fuerza, ese porte? El asunto es que Asmita, ni siquiera siendo esclavo, perdió su porte de rey. Y yo, siendo príncipe, no podía siquiera tener la mitad de lo que él era aún con todo y corona.

Por eso lo odiaba… por eso ahora no sé más que sentir miedo ante su recuerdo.

Llegado a la carpa principal del campamento, veo a Mu salir con unos mantos en mano. Todavía esta cojeando, se puede ver el vendaje en su tobillo mientras camina y entrega a otro joven las mantas. Me acerco a ellos para verificar si saben alguna noticia, justo en el momento que veo a Afrodita salir de la carpa.

—¿Cómo está la mujer?—pregunto y veo al más joven voltear. Su ojos son verdes, muy verdes y expresivos, y es visible la actitud tímida con la que se muestra a mí, aunque estoy lejos de presentar una imagen de digan para un heredero de la corona—. ¿Y a este? No recuerdo haberlo visto…

—Shun, es Shun—se adelanta Mu poniéndolo en su espalda, como si tuviera que protegerlo de mi—. Había permanecido en los sembradíos hasta ahora, no suele salir ni hablar.

—¿Ni hablar?—pregunto elevando una ceja antes de ver como el muchacho se inclina para despedirse y retirarse—. ¿Qué demonios le pasó?—Mu voltea viéndolo partir, tal como yo. Encoje sus hombros y luego dirige su mirada hacía donde Afrodita se acerca.

—Desde que llegó al campamento no habla. No sabría decir porqué. ¿Estabas en los hornos?

—Si no me ponía a hacer algo mientras esperábamos me iba a volver loco—replico quitándome los gruesos mantos de encima, que me tienen lleno de carbón y leños. Siento la mirada de Mu sobre mí, pero no es algo a lo que pueda prestar atención ahora. Hay movimiento en la entrada del campamento, o eso creo.

—¿No han sabido nada?—la voz de Afrodita me hace desviar la mirada del punto donde veo que algo extraño ocurre, para observarlo a él quitándose el manto médico de encima.

—Parece que hasta ahora no—contesta Mu tomando sus manos frente a él, intentando mantenerse neutral aunque el rostro de Afrodita comienza a mutar a la desesperación.

—¡Me harán sufrir un ataque de ansiedad!—finalmente exclama pasándose una mano por su abundante cabello—. Lo único que se sabe que hay humo en dirección a Geminga.

—Si hubiera pasado algo malo seguro nos habríamos enterado ya—contesto tratando de calmarlos a algo—. Las malas noticias son las más rápidas en llegar.

Parece que fue suficiente para calmarlos, porque ahora ambos en silencio miran una parte de la tierra como si esperaran que esta se moviera. Aprovecho y me doy un estirón, enfocando mi mirada de nuevo a ese punto donde parece que la gente se mueve. Quisiera acercarme, pero prefiero esperar, porque bien puede ser solo un grupo de personas comentando lo sucedido y no con noticias. Si vienen con alguna información vendrán a este punto, a avisarles directamente a los hermanos de Shaka de Auva sobre lo sucedido. Además, no estando mi hermano aquí, creo que yo debería en cierto modo tomar algo de responsabilidad aquí.

De reojo los vuelvo a mirar. Según me comentó Saga antes de irse, Shaka le había dejado a cargo el campamento y sobretodo la vida de sus hermanos. Ahora que mi hermano no está me corresponde a mi hacerlo; no sé cómo demonios, porqué mis habilidades peleando aún son deplorables. Enfoco mis ojos en ellos, en como Afrodita siendo el más alto y el mayor se muestra casi a punto de volver a tener otro estallido de angustia y Mu, siendo menor que él pero más pragmático, se acerca para consolarlo y animarlo. Se hablan entre ellos mientras los dedos del más joven acarician los pómulos de su hermano, le sonríe y luego se acerca a darle un beso en la mejilla. Se ven tan unidos…

—¡HEMOS GANADO! ¡HEMOS GANADO!—la algarabía que de pronto resuena en el punto donde había mantenido mi vista me saca de mis pensamientos. Mu y Afrodita giran su cuerpo como yo, viendo como un grupo de mujeres corren hacía nosotros, y detrás de ella está un jinete del ejército quien ha vuelto. Me adelanto para propiciar el encuentro, aunque el nerviosismo es aún mayor. Ese cantico pone mi corazón a latir enfurecido.

—¿Tiene noticias? ¿Hay noticias?—las mujeres abren su paso y el jinete detiene el recorrido, quitándose luego la máscara de Alhenas. Su cabello negro largo y atado a una cola se ondea con el movimiento del animal. Lo reconozco, es el sobrino de Dohko Librais, quien se había ido con él a la guerra, dejando a su mujer que por cierto, me pareció verla rezar frente al campamento hace un par de horas.

—Las hay su majestad—no me acostumbro de nuevo a tener ese título ahora, no cuando creo que aún no lo merezco—. ¡Hemos vencido en Geminga! En este momento me han pedido venir para llevarlos a ustedes en la celebración del rey Saga de Alhenas y el Lider Shaka de Auva, en el centro de la ciudad, luego de la toma de posesión.

—Shaka—escuchó la voz de Mu a mi lado, rozándome suavemente el brazo—, ¿él está bien? ¿No fue herido?

—Ni un solo rasguño, Mu—afirmó el soldado y Afrodita exclama una bendición a los cielos al saber la noticia—. Incluso me dijo que esperaba esa sopa de zanahoria a su regreso—aquello último no lo entiendo, pero no tuve tiempo de pensarlo cuando escuché primero la risa honda de Afrodita atrás y luego los brazos de Mu tomándome del cuello.

Me estaba abrazando.

Todo fue tan rápido que solo atino a pasar mis manos alrededor de su cintura mientras mi corazón vuelve a acelerarse aún más, y no precisamente por temor. Mu me ha rodeado con sus brazos mientras da dos saltos exclamando con emoción que Shaka estaba bien y con vida, antes de soltarme y salir a hacer lo mismo con Afrodita, quienes al final se funden en un abrazo emotivo y fuerte.

Me quedo paralizado, observándolo festejar con su hermano, tomarle el rostro y darse ambos un suave beso en los labios mientras se miran con contenida emoción. Yo no dejo de ver a Mu, el modo en que sonríe, en que lo mira y en sentir al mismo tiempo aún sus brazos rodeándome el cuello.

—El príncipe Saga espera que vaya conmigo de regreso, junto a los hermanos de Shaka, para la celebración—escucho las palabras de Shiryu detrás de mí, aunque me cuesta apartar la vista de ellos dos. Finalmente miro a quien me hablaba y asiento, tratando de no darle vuelta a lo que acaba de ocurrir.

______________Acto tres: El enfrentamiento

///17 años atrás///

Los soldados al verme subir me miran extrañados entre ellos, aunque se inclinan en el acostumbrado acto protocolar. Desde que Asmita y yo discutimos hace semanas atrás, no había subido de nuevo al calabozo. Seguramente había pensando que ya no había nada que discutir y que seguramente solo le esperaba la decisión final. Más no es así, después de esta carta necesito saber, entender, que es lo que ocurre entre nosotros para poder decidir qué hacer.

Degel me dijo la última vez que hablamos de él, que no había querido recibir ninguna visita las últimas tres semanas, ni siquiera de él que era el único con quien podía hablar. Aquello me llamó poderosamente la atención, que Asmita hubiera decidido desligarse de toda conversación posible me parecía innecesario, después de todo en el cautiverio aún tenía ese privilegio. Siendo este el modo, es imposible entonces confiar en Degel las preguntas de su estado, y lo que hablan los soldados es tan inverosímil que no deja de resultarme ridículo.

Hechizos, rezos y demás, la idea de que Amita estuviera convocando espíritus y a la muerte era ridícula. De todos modos, había dado instrucciones claras de que no dejaran que nada le ocurriese, que estuvieran pendientes incluso de cualquier intento de tomar su vida con sus propias manos. Hoy es la noche cien desde que me dio esa amenaza y no pienso permitir que la concrete. Él no podrá decidir sobre su vida.

En el calabozo, la guardia me anuncia y abre las puertas de su celda, en la torre más alta del castillo. Allí puedo verlo, sentado sobre la fría piedra, con un manto blando y su cabello atado en una trenza, hacía atrás. Sus mechones dorados y desordenados caen sobre sus pómulos y permanece de piernas cruzadas con sus manos sobre la rodilla. Una pose que recuerdo haber visto cuando estuvo los primeros días en la habitación, esperando el momento en que yo empezaba a tomarlo y se rehusaba gemir para mi deleite. Han pasado tres años de eso. Tanto en tres años.

Mis ojos se posan en él. Más de tres meses sin verlo, todo un verano que se ha consumido, todo un verano que ha acabado y el otoño ahora ha comenzado con sus lluvias. Si lo veo así, puedo notar que está incluso mejor que la última vez que lo vi, más repuesto, con su cabello brillante, con casi rastros inexistente de cansancio. Quizás ha dejado de pelear contra su condición y amoldarse a ella, provocando que de ese modo no se viera tan afectado su cuerpo con las circunstancias. Pero me ignora, estoy frente a él y no he visto la mínima señal de que me haya notado. Frunzo mi ceño, camino un par de pasos a un lado, con mis manos en la espalda y el manto deslizándose entre las piedras y mis botas, lo observo esperando que volteé hacía mi y haga notar mi presencia, sin resultado.

—Deberías ofrecer tu reverencia—finalmente hablo mirándolo de reojo, esperando una respuesta de él—. Tu rey ha venido.

Por unos tensos minutos de silencio, no hay mayor cambio que el de su respiración y el sonido de mis pasos dando vuelta para volver a recorrer la misma distancia en dirección contraria. Mis pisadas son suaves y lentas, prácticamente me detengo a sentir como la arena se pega en mis botas y se quedan luego en el suelo en el próximo movimiento. Asmita no se mueve ni un solo palmo, hasta que en un movimiento inesperado, destensa sus brazos y los deja caer a un lado de su cuerpo. Luego se levanta del suelo, dejando caer las telas hasta bajo de su rodilla y levantando su rostro con gesto de autosuficiencia, con orgullo.

Quiero arrancarle ese orgullo de una mordida y con eso en mente, no puedo evitar recordar cuando el mismo pensamiento venía a mí cada vez que me desafiaba a la cama a no gemir.

—Espero por tu reverencia.

—Debería ser usted, su majestad, quien se arrodillara frente a mí—lo afirma con tanta seguridad que podría creerle, pero me reservo mis pensamientos—. Este lugar ya es más mío que vuestro.

—Palabras muy duras para ser dichas por un esclavo—me acerco a un paso y lo veo alzar más su rostro—. No eres más que un prisionero, ¿sigues pensando lo contrario?

—Soy un príncipe, un heredero—asegura antes de voltear tomando sus manos en su espalda, en la misma posición que yo. Aquello me hace enarcar mis cejas, nunca lo había visto comportarse de esa manera frente a mí—. ¿A qué debo su inesperada visita?

—Según se dice, no has aceptado a nadie más en tu celda desde hace semanas, solo comes un solo plato, a lo cual le han encontrado insípido al gusto de los guardias y además, “invocas”—refuerzo esa última palabra—, espíritus en tus oraciones—sonríe de medio lado, desviando su rostro en dirección a la pared. La brisa nocturna mueve suavemente su trenza dorada y la tersura de su piel que puede ser adivinada desde aquí me provoca hartas ansías de besarla—. He venido a saber a qué se debe todos estos cambios.

—Muy amable de su parte, su excelencia, pero podría invertir mejor vuestras noches en acostarse con él médico real como ya lo ha hecho, que prestar atención a un simple prisionero—elevo una ceja ante sus palabras, observando como fuerza una sonrisa antes de darme totalmente la espalda—. Después de todo, ya solo falta ocho días para que se cumpla el plazo.

—Mis noches con el médico real no creo sean de tu incumbencia—me acerco por su espalda, observando la forma en la que se tensan sus brazos—. Pero estás muy al tanto de ello.

—A vuestro ejército le gusta cotillear como nodrizas en los mercados.

—Sigue no siendo de tu incumbencia—antes de terminar la frase él voltea mostrándose molesto, su rostro me da indicios del malestar que le sobrecoge hablar de esto.

—¿A qué has venido, Aspros? ¿No ha sido ya evidente? Realmente lo que ocurra con mi vida parece importarte menos que los impuestos reales y tu cama en este momento se haya muy bien acompañada. ¿Qué es lo que quieres de mi ahora? ¿Sabotear mis últimos días en paz?—puedo olerlo…­—. Ten la piedad de dejarme descansar estos últimos ocho días que quedan antes de qué la muerte venga por mí.

—¿La muerte?—vuelvo a mirarlo ahora más interesado—. No he dado órdenes de que te maten ni atenten contra tu vida, Asmita.

—Le dije, su majestad, que solo 108 noches para yo decidir mi destino.

—¿Y cómo se supone que la muerte vendrá por ti? ¿Traspasará acaso los murales, invadirá los pasillos y penetrará por las grandes murallas del castillo para tomarte?

—Se alimentará de tu aliento antes de venir por mí…

No lo dejo terminar bien la frase, no pude hacerlo. Le tomo del brazo llevando su cuerpo contra el mió y su boca en mi boca. Asmita comienza a retorcerse airado, muerdo sus deliciosos labios al momento que intenta apartarme, empujándolo contra la gruesa pared del calabozo para aplastarlo contra mi. Pero sube su pierna creando distancia entre nosotros, y sintiendo su rodilla en mi costilla no tengo otra opción más que despegarme de sus labios ya rojos.

—Para ser un rey actúas como un animal…—reprocha evidentemente enfurecido.

—Para ser un príncipe cautivo actúas como un consorte celoso—el rostro que me dibuja Asmita muestra su ineludible enfado y no puedo reprimir mi sonrisa al verlo, al desenmascararlo—. Por eso no lo aceptabas, no querías que viniera, lo único que deseabas era alejarlo porqué creías que dormía en mi cama.

—¡Vete de una maldita vez, Aspros, y deja de burlarte de mí!—me acercó a su cuerpo de nuevo viendo como él se pone a las defensivas.

No voy a ceder… ahora más que nunca, me niego a ceder.

Ahora que sé que sigues siendo mio.

—Me iré porque ya tengo lo que quería—sonrío de nuevo acomodando mi traje mientras cierra sus manos en puños—, pero quiero que entiendas algo, Asmita de Auva. Ni la muerte podrá sacarte del castillo. Ni la muerte—sujeto su mentón obligando a que suba su rostro ante mí—. La única forma en que permitiré que la muerte te lleve será frente al trono de Alhenas.

______________Acto cuatro: La lealtad

El castillo estaba en silencio sepulcral luego de aquella visita nocturna. Nadie se atrevía a hablar. Apenas un puñado de soldados habitaba en las paredes de piedra, los demás ahora eran parte del comité para verificar el estado de la ciudad luego del incendio que atravesó la ciudad. En el primer reporte, dado después de mediodía, el soldado visiblemente lleno de cenizas y tierra lee el resultado obtenido tras la primera inspección.

El consorte mayor Regulus y el príncipe Aioria son los únicos que permanecen en esta sala, acompañados por mi, además del soldado que lee el expediente. Yo mismo me he encargado de organizar cada uno de los comités que han hecho la revisión y tratan de ayudar a los damnificados. A su vez, un  carruaje se prepara para la partida del consorte mayor a Rukbat, donde se reunirá con el rey para contar lo sucedido. Mientras eso ocurre, queda en nuestras manos la seguridad del príncipe de Rukbat, algo que yo no pienso siquiera poner en prueba. La vida de Aioria no correrá riesgo mientras yo esté aquí.

Mientras se daban los resultados, la puerta se abre dando espacio a la figura de mi consorte vestido en los trajes reales oriundos de Alhenas. Aioria frunce el ceño y antes de que él pudiera negarle la entrada, Regulus se levanta dándole la bienvenida.

—Pensábamos que no estaría con nosotros, consorte Albafica de Sagita—el soldado se hace a un lado para dar el respectivo saludo protocolar. Nuestras miradas por un momento se cruzan y logró leer en ella que no tiene porque explicar la razón de su interrupción: ese era su lugar.

—Disculpen la tardanza, su majestad Regulus de Rukbat, Aioria de Rukbat, mi esposo. Estaba organizando la ayuda que ofrecerán los nobles de forma voluntaria para la ayuda de la construcción a los hogares que han sido dañados por el fuego de la noche.

Ayuda voluntaria… lo llamaría más bien un edicto de la realeza que los nobles no tienen otra opción más que acotar. Luego de verlo sentarse a mi lado, tomo su mano por sobre el trono y espero a que el soldado vuelva a tomar posición. Con un parche que cubre su ojo derecho luego de una emboscada hacía un par de años, se presenta ante nosotros para seguir mostrando los números.

Hasta ahora, 37 muertos, 23 casas que han quedado totalmente inhabitables, más de 129 heridos, perdidas en cosechas aún incontable, al igual que de la salubridad del agua. Los refugios que se habilitaron en la casa de mi consorte no son suficientes para atenderlos a todos.

—Tomen entonces los establos de la familia. Usen si hace falta el jardín principal. Debemos atenderlos a todos, sin importar su situación. Que no hay ninguno ciudadano de Polux que no haya recibido ayuda—de inmediato ordena con voz solmene quien es mi pareja y compañero­—. No escatimen en tomar la heredad de mi padre, si con ello podemos atender a más ciudadanos.

Me enorgullezco al oírlo pero puedo escuchar el bufido desinteresado del príncipe, quien no ha dejado de golpear la base del trono con la suela de su sandalia, visiblemente desesperado por saber algo que realmente le interese: algo sobre el príncipe de Auva. Está obsesionado y me duele profundamente por la memoria de mi rey, que el príncipe tenga el corazón aún encadenado al recuerdo de ese príncipe que ayer demostró no ser más que un voraz asesino, un vil come hombres.

Aún la piel se eriza al recordar su rostro y la manera en la que apareció en medio nuestro demostrando su destreza y valor, desafiándonos y ganándonos en nuestro propio castillo. El heredero de la corona de Auva estaba aquí como un vil sanguinario con la premisa de recuperar el reino para el heredero de la corona de Alhenas, la misma corona que los había masacrado, que destruyó su pueblo y su dignidad. Semejante afirmación es una osadía.

—¿No se han encontrado a los intrusos?—intervino el príncipe mientras movía una daga decorada entre sus manos. El soldado niega inclinándose a modo de disculpa, evitando así ver el gesto de enfado del príncipe ante la ineficiencia.

—Nuestros soldados han revisado toda el área hasta las faldas de Castor, no hallando a ninguno, ni siquiera huellas que fueron borradas gracias a la lluvia.

Estaba por continuar cuando el ruido de la puerta olvidó a llamar nuestra atención, entrando otro soldado que no ha sido anunciado. Me levanto para poner orden a la sala molesto por la interrupción pero el hombre de inmediato se inclina al lado del soldado, poniendo sus manos, ambas, en el piso real frente a Aioria.

—¡Su majestad! ¡Ha llegado noticias de Geminga su majestad! Ha sido atacada, ¡soldados de Alhenas han atacado la ciudad en madrugada!—mi esposo se levanta de su trono notando su conmoción mientras Aioria solo tuerce una ceja.

—¿Geminga…? ¿Dónde queda eso?

—En las fronteras—se adelanta Albafica en responder, saliendo de mi espalda para tomar espacio frente al estrado—. En las fronteras con el bosque gemelo.  ¿Ejercito de Alhenas dices? Imposible… nosotros no hemos…

—Ejercito de Alhenas… estaba el general Dohko Librais encabezándolo—puedo ver como el cuerpo de mi esposo se tensa al escucharlo. Aioria cambia su posición desganada mostrando interés en el relato y Regulus se mantiene como un observador—. Entraron en la madrugada, salieron de los bosques gemelos… apenas logré venir, para avisar…

Dohko de Librais… y anoche estuvieron Kardia de Scorpius acompañando al hermano menor de Asmita de Auva. Es una revolución… esto es una verdadera toma de poder. No se trata de una revuelta aislada, es un plan estratégicamente forjado para darnos a entender que están hablando en serio. Los dos pilares del ejército al lado del hermano de Auva, lo único que falta en este panorama para ser totalmente siniestro es…

—¿El hijo de Aspros estaba con ellos?—Albafica se adelanta a mi preguntándolo y nuestras miradas se fijan en el hombre que tiene la respuesta. Este reniega, bastante nervioso.

—No lo sé, su majestad… huí antes de poder cerciorarme…

Pero no podemos esperar. Si esto es sí si el heredero de la corona está dentro de todo eso, el enfrentamiento con la corona de Rukbat es irremediable. Como el líder debo actuar.

—Que alistes a todo el ejército del castillo, busquen a los que están en Leda y organicen una comisión de 300 hombres para proteger la ciudad más cercana—buscó con la mirada a mi pareja que parece observarme con algo de desacuerdo—. ¿Cuál es la que sigue?

—Alzir y Mekzuba—volteó hacía el soldado dándole a entender que es a esas ciudades a quien.

—Ya escuchaste. Quiero que me mantengan informado.

La reunión después de esa noticia no pudo alargarse demasiado. Aioria vuelve a sus habitaciones enfurecido por no tener rastro del hermano del consorte, el príncipe Regulus se ve preocupado por las ahora circunstancias. Mi hijo Shura se despide de mí y de mi esposo con un elaborado protocolo para ir preparando lo que sería el ejército que le haría frente a esa pequeña “revuelta” como insistió llamarla el príncipe Aioria antes de retirarse.

No es una revuelta, y al ver el rostro de mi marido luego de la partida del consorte mayor, me queda más claro ello.

Albafica tiene su semblante ensombrecido por la preocupación, aunado con la mirada fija y penetrante que puede inyectar con esos ojos azules. El lunar a la izquierda de su rostro, no parece ser suficiente para darle suavidad a su rictus orgulloso y pensante. Sé que está casado conmigo y que yo defiendo al reino de Rukbat con mi vida, mi brazo derecho es el testimonió mudo de ello. Pero él no es de Rukbat…

—Si el general Dohko Librais está, puedo estar totalmente seguro que el príncipe Saga está detrás de todo esto—lo que me temía—. Qué está reclamando lo que es suyo.

—No lo es, el príncipe Aioria representando a Rukbat tomó lo que les pertenecía…

—No. El príncipe Aioria destrozó el pacto que los reyes habían formado, gracias al consorte Asmita.

La eterna discusión. Prefiero no seguir dando vuelta a este asunto que sé nos llevara a otra pelea sobre los motivos de la invasión, disputa al que ninguna hallara un vencedor. Suspiro y observo cómo se mueve inquieto jalando la manga de su manto Alhano. El silencio se ha apoderado de la sala mientras le miro de reojo y luce aún con su frente un tanto arrugada por la seriedad de su semblante.

—Eres ahora el consorte de Alhenas, representante del poder de Rukbat, Albafica.

—Sigo siendo un alheniense, con sangre de Alhenas, con apellido de Alhenas.

—Le debes lealtad al rey—insisto mientras sus ojos azules se filtran a mí con seguridad.

—A mi rey… a ese que le quitaron la corona—mi quijada se endurece ante sus palabras más no me deja hablar cuando prosigue—. ¿No harías tú lo mismo en mi lugar? Si vuestro rey, o el hijo de vuestro rey, intentasen recuperar lo que por derecho le corresponde, ¿a quién le darías tu lealtad?—me deja en silencio—. Tú eres mi marido, pero sigo siendo de Alhenas y sigo teniendo un solo rey… el de la corona perdida.

______________Acto Quinto: La caravana

///Hace 17 años///

Mirando el extremo oeste del bosque, se puede observar la altura de la enorme montaña de Castor, el volcán, erigiéndose en las alturas. Otra noche nublada. Otra noche llena de niebla en los alrededores.

La caravana se proclamó de forma extraoficial y confidencial. El rey llamó a tres de sus soldados más confiables y a mí, como el “consejero del rey”. Primera vez me llaman en base a ese título.

Sacado de la habitación, fui obligado a ponerme un traje militar, cubriendo mi manto real con armaduras de acero y usar la máscara de Alhenas, una máscara que en tan solo el momento que la intenté acercar a mi rostro me hizo sentir el desprecio de mi mente hacía la práctica de salvajismo del ejercito. Me imaginé a mí con una espada, matando y conquistando, supe de inmediato que ese no era el camino que podría tomar mi vida bajo ningún designio. Prefería usar mi conocimiento para dar vida, que mis habilidades para dar muerte. Sin embargo, en este momento esto me protegerá de algún posible ataque, porque según ha sido anunciado, hay posibilidad de un contraataque hostil por parte del príncipe hacía el rey y todos debemos estar preparados. Es extraño tener en mis manos ahora una espada dispuesta a defenderme…

Al lado del rey, mi jinete cabalga mientras siento mi corazón latiendo a mil en mi garganta. Es obvio… siento miedo de lo que pueda ocurrir. De cómo han ocurrido las cosas, de lo que puede esperarnos en este momento cuando nos encontremos con el príncipe Defteros. Miró de nuevo a Aspros y puedo observar su armadura negra, sus anchos hombros cubiertos de metal y la capa real que cae bajo su cabello negro, desdeñoso y largo, enmarcando con fiereza su perfil serio y calculador. Tragó gruesos pensando en todo lo que empiezo a sentir por él, en lo imprudente que es todo esto y en lo incierto que se ve el futuro. No puedo más que seguir adelantando el paso mientras la guardia de honor nos abre el camino y nuestros ojos tratan de adivinar la procedencia de las siluetas en la oscuridad de la loma.

—Degel, mantén la vista al frente—escucho su potente voz y un escalofrío recorre mis músculos notando como las sombras se incrementas en siluetas y el sonido de los caballos comienzan a duplicarse. Uno de la guardia de honor hace una señal levantando su antorcha, deteniendo la caravana. De inmediato mi pulso comienza a incrementar, al ritmo del animal que empieza a removerse inquieto y me cuesta tomar por las riendas—. ¡Deténganse!

El líder de la caravana ordena detenerse justo cuando el rey da el mandato. Todos nuestros caballos obedecen a la orden y vemos en el silencio las espesuras de las sombras que se cuelan entre las enramadas del bosque. El rey toma el frente de la caravana y escucha con atención haciendo que cada uno de nosotros olvidáramos incluso el respirar. Contengo el aire dentro de mí como si estuviera bajo el agua.

Agua… precisamente es eso lo que llega a nuestros oídos en un minuto de consciente silencio. El sonido de unas pisadas de varios en agua, agua de quizás… una laguna. Ahora me percato que desde hacía unos minutos atrás, el aire me olía a humedad, más pensé que se trataba de una cuestión personal, sobretodo porque esta mascara hace que mi aliento golpee de nuevo a mi rostro haciéndome sudar.

El rey con pasos sigilosos sobre su caballo, toma terreno adentrándose más a las espesuras. Le seguimos con actitud indecisa, buscando la manera de estar a su lado aunque no entendemos los términos. Llegamos entonces hasta el interior de una abertura en el bosque, y una laguna de visible amplitud nos espera, junto con las sombras de tres jinetes. Los reconocemos… los tres que encabezan el ejército de Alhenas.

—Su majestad…—logró musitar intentando acercarme, más una señal de su mano me detiene sin siquiera voltear a mirarme a los ojos. Lo observó intentando leer que es lo que busca, cuales son sus intenciones, más su mirada permanece imperturbable hacía su gemelo, el príncipe de Alhenas y el contendiente a la corona.

Pronto, es el mismo príncipe Defteros quien desde la distancia y con la visible figura de poder, levanta su mano y provoca que sus dos acompañantes se alejen discretamente hasta quedarse lo suficientemente lejos como para verlos pero no intervenir. El rey hace lo mismo, dejándonos la señal de esperar mientras él se acerca hacía donde se encuentra su hermano.

No puedo negar, que a partir de este momento siento la arena del tiempo susurrar su caída en mi oído, en una clara muestra de desesperación. Siento que ahora todo esta por definirse con lo que puedan hablar esos dos. Y yo tengo la misión de ser testigo. De tomar lo que la historia nos tiene preparado y documentarlo para que quede de evidencia, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. La evidencia de nuestras virtudes y de nuestras victorias, así como de nuestros errores y de nuestras carencias. Para que ellos no la repitan…

Aunque la historia está condenada a repetirse por si misma…

______________Acto Seis: Celebración

El sonido de los tambores acompaña la algarabía y el espíritu de celebración del pueblo que se ve por fin liberado. De todas las casa, una a una han sido sacadas las cestas y los mantos para las mujeres salir danzando con ofrendas de comidas ante los que lo han librado del yugo de Alhenas mientras el vino se reparte como agua entre ellos y apenas en algunos lugares de la plaza se atienden los heridos gracias a Camus.

Los soldados de nuestro ejército prepararon rápidamente con ayuda de los civiles una pequeña tarima para los lideres de la revuelta, donde me incluyo. Sacaron los fines muebles de la casa principal y adornaron con mantas y con maderas el lugar para improvisar un sitio digno para lo que sería el futuro rey. Sobre él solo me encuentro yo sentado, esperando que con el aviso enviado pronto mi hermano venga del campamento y tome lugar a mi lado, porque Kanon es mi hermano y es el príncipe de Alhenas, y jamás voy a quitarle o rebajarle de eso. A mi lado está Dohko bebiendo un poco del licor que las doncellas coquetamente le sirven sin dejar de mostrarle las intenciones de servirle con algo más en la noche.

—Debería aprovechar, su majestad—me insta quien ha sido mi maestro ya con unas copas de más en la cabeza. Me sonrió de medio lado y apenas doy otro sorbo al licor que se me ha servido, no porque no quiera celebrar, mucho menos porque quiera despreciarlos. En mi cabeza ahora solo está la vista d que haremos después. Esto es una victoria, pero una pequeña y bajar la guardia por esto podría ser un error garrafal. Como futuro rey, debo estar viendo siempre más allá­—. Puede escoger a cualquier mujer y con gusto querrán compartir en su cama.

Lo sé, y en efecto, muchas han sido las mujeres que se han acercado a ofrecerme frutas y bebidas, y a las que he aceptado y dejado ir con respeto, pese a que sus movimientos me han demostrado que esperan darme más. No han escatimado para hacerme ver el grosor de sus caderas o la dulzura de sus pechos entre miradas destinadas a seducirme. El problema es que no siento que quiera a alguien en la cama ahora, al menos no a cualquiera. Mi decisión podría cambiar si cierta persona que ahora visualizo bailar se antojara de servirme más allá de la guerra, en la cama.

Shaka si ha aprovechado muy bien el licor y las frutas de todas las mujeres del pueblo, y aún más, los bailes que parecen poseerlo como si estuviera en algún rito demoniaco. Es difícil quitarle la mirada cuando se mueve de la forma que lo hace, con aún el traje de consorte ya atestado de sudor, sangre y arena, con su cuerpo moviéndose sudado y brillante por la arena de alheñas pegada a él y la visión de sus heridas cicatrizadas, muestra de lo que ha tenido que vivir. Delio tampoco desaprovecha, sus manos se mueven por sobre su torso y bajan por su cadera, lo mece hacía él le tienta y el muy maldito se aprovecha de eso para seducirlo y apartarse acompañando a alguna doncella que seguro espera tenerlo luego en su cama. Quizás y si lo logre… quizás y termine en medio de él y Delio y se convierta en su botín de la noche.

Suspiró y me llevo otro sorbo de licor amargo a los labios, notando el frenesí con que el pueblo disfruta de su nueva libertad. Veo entre la multitud a Milo acercándose con su porte siempre tan nobel, y su costilla ahora suturada luego de la herida. Camus va tras él como si quisiera meterlo de nuevo a la campaña hasta que descanse y la vista me parece ilusivamente divertida.

—Su majestad—se inclina pese al dolor frente a mí y veo a Camus renegar por detrás, respetando su protocolar saludo—. Estoy aquí a sus órdenes.

—Eso veo…—me levanto para acercarme a él y ponerle una mano en su hombro como muestra de mi admiración ante su inalcanzable espíritu de lucha y honor—. Estoy muy complacido de verte de nuevo de pie, nos asustaste a todos.

—Cometí un error, pero no ocurrirá más—me confirma levantando su vista a mi con toda su seguridad. Levanto una ceja y miró por encima del hombro al médico real que parece observarlo con descontento por el desacato.

—Si no vas a descansar ahora mismo creo que cometerás un error con tu médico—Mio parece comprender por mi mirada que Camus seguía atrás, le sonríe de medio lado y vuelve a mirarme a los ojos.

—Quiero escuchar el discurso de mi rey. Luego de eso podré descansar.

El discurso… Tiene razón, en este momento debería dar el discurso aunque dudo que en verdad en las condiciones del pueblo alguien preste interés a mis palabras. Revisó con mi mirada a toda la población y los veo más interesado en seguir bebiendo y celebrando que en buscar escuchar a su futuro rey. Miro hacía atrás y veo a Kardia subir con sus gruesas botas a la improvisada tarima. Me mira haciendo una dramática inclinación que demuestres que ha bebido ya bastante como para sostener en puño una espada. Creo que es hora que el ejercito deje de beber, al menos que queramos que Rukbat llegue mañana y nos mate a todos por estar en un estado confiado.

Frunzo el ceño y levantó mi rostro con orgullo tomando la posición principal sobre el estrado. Dohko siento que se levanta del asiento al verme de pie y Milo se inclina ante mí con respeto, haciendo lo mismo Camus desde una prudente distancia. Pronto, los tambores dejaron de sonar haciendo que el ruido de las voces de las personas ahora inundaban el sitio, y no tardó mucho tiempo para que cada uno gire su rostro hacía mi y me observe. En un orquestado movimiento, la multitud comienza a inclinarse ante mí como si conocieran aquella orden silenciosa. Veo como algunos soldados se quedan de pie custodiando los alrededores y Shaka de Auva, quien mira todo al notar el silencio de la música, me dirige sus ojos con seriedad. Delio se niega a hacer el acto de rendición junto a su pareja.

Sin prestarle atención a eso, paso mis ojos sobre cada uno de los presentes observando su semblante, su vestidura y su condición. Con un vistazo de reconocimiento paso mis ojos hacían Shaka y le miró con frialdad. Entonces siento que Kardia toca mi capa y me hace voltear, dándole la atención que busca. Se acerca a mi hombro y me susurra unas palabras que me parecen de suma importancia conocerla. No puedo evitar mirar a Shaka desde mi posición y notar como su rostro se contraria ante mi expresión. Mi comisura derecha se eleva, me es imposible contener ciertamente el gozo que me provoca saber esto y lo demuestro en la leve palmada que le doy a Kardia en su hombro y en la mirada que le envío a Shaka.

A lo lejos veo a mi hermano acercarse por fin, con los hermanos de Shaka. Afrodita y Mu se internan para llegar a él y corroborar que todo este bien pero Delio les detiene con una señal, señala hacía mi posición y ambos de seguro deben entender que no es el momento para los saludos. Puedo saborear entonces el poder entre mis dedos, entre las yemas y lanzar esa sensación a través de mi mirada hacía el rubio que me observa aún de pie, con su cuerpo semidesnudo, con su cabello sudado y pegado a su cuerpo en la imagen más febril que pudiera tener esta noche.

—Pueblo de Alhenas—elevo el tono de voz para que todos me escuchen, junto a mis brazos que intentan abarcar el espacio que mi vista sugiere—. Este es momento de jubilo, momento de festejar, ¡de demostrar que por fin estamos liberándonos del yugo de Rukbat! Ellos no pueden vencernos… no son suficientes. No tienen nuestra fuerza, nuestros colmillos. Les hace falta nuestro valor, nuestros ancestros, nuestros dioses, ¡nuestra sangre! ¡De pie Alhenas! Porque ya no son esclavos, ya no más agacharan sus cabezas ante extranjeros. ¡Son ciudadanos de Alhenas! ¡Son pueblo libre!—el pueblo comienza a levantarse, a vociferar según más palabras, a soltar sus yugos mentales y darse cuenta que yo no he venido a colonizarlos, sino a que despierten y me sigan—. ¡Es momento de que nos levantemos! ¡Esta bien celebrar, pero hay que recordar que esto es tan solo el comienzo! No podemos permitir que Rukbat se levante—los gritos de guerra se vuelven más potente—. ¡No podemos esperar que Rukbat ruja! Tenemos que levantarnos el arma, ¡y morder su hocico antes de que se dé cuenta!

Los soldados que están alrededor levantan sus armas. Puedo ver desde aquí el fuego de su mirada levantarse, la ferocidad comenzando a alimentarse dentro de sus corazones. Algunos gritan, otros vociferan. Sus voces se levantan quitando el hedor del alcohol y la orgía para dar paso a la más temida determinación. Incluso cuando levanto la mirada puedo ver los ojos de Shaka encendido entre la gente, sus ojos azules como fuego devorándose todo a su paso en una expresión de sed y sadismos, la más fiera mirada de poder y de excitación ante la guerra.

Y eso me excita… sentir eso y el poder que mis palabras confieren a su semblante me resulta delicioso.

Levanto la mirada en un silencio que es acompañado por el grito de júbilo y de guerra del pueblo. Me relamo los labios con seguridad totalmente confiado del paso que voy a dar. Está claro que Shaka en este momento tiene su vista en mi, y lo que Kardia me ha dicho.

—¡Este es el momento! Aprovechar mientras duermen, mientras descansa, ¡para tomar lo que es nuestro! Atacarlos como nos atacaron, ¡aprovechar su descuido para sacarlos de nuestras tierras!—levantas sus brazos, elevan sus puños al cielo acompañando a mi voz de mando—. ¡Lo haremos juntos! Lo haremos todos unidos como una sola nación, ¡como una gran ejercito!—los hombres gritan como si de un lobo se tratase—. Celebrad ahora Alhenas… ¡celebrad pero no dormiremos! ¡Mañana al repuntar al alba, seguiremos peleando! ¡Seguiremos conquistando! ¡Mañana dejaremos nuestras copas y tomaremos nuestras espadas! ¡Mañana dejaremos de ser esclavos para convertirnos en guerreros!

El ambiente esta propicio, los ánimos caldeados y la adrenalina ha comenzado a invadirlos. Ahora celebraran con otra visión, a verse de otro modo: como protagonista de esta rebelión, de éste levantamiento en armas.

—¡Juntos!—continuó afilando la mirada hacía Shaka, quien no me ha quistado su vist desde que comencé a hablar—. Aprovechando que tenemos aquí, al hombre que se metió al castillo de Rukbat, a mostrarle al príncipe Aioria que la venganza ha llegado—notó su mirada y expando mi sonrisa—. Al hombre, que proclamó su derecho, que proclamó nuestra victoria… ¡a nuestro consorte!—el pueblo lo busca con su mirada mientras yo, desde aquí, le extiendo mi mano invitándolo a venir a mí. Shaka me mira con visible asombro y puedo verlo mirar por un momento de reojo a su pareja como si tuviera que explicar—. Ven aquí, consorte de Alhenas, Shaka de Auva—lo veo tensarse ante mi pedido mientras el mismo pueblo se abre espacio para que llegue a mí, para permitirle entrar entre exclamaciones—. Ven a tomar tu lugar.

El pueblo grita con júbilo porque, a e notar, que se trata del mismo hermano de Asmita quien ha tomado el titulo de consorte. Es como si fuera una señal… un símbolo. Eso es lo que quiero, y eso lo que deseo que él haga. Después de dudarlo, comienza a caminar hacía mi y puedo ver desde aquí el rostro de Delio hecho furia. No sonrió ahora, enfoco mi mirada en los azules que ahora me observan mientras caminan hacía mi, desafiantes, iracundos. Respondo ante su expresión de autoridad levantando mi mentón y dándole mi mano, la mano donde el anillo del príncipe reposa, mi derecha, donde debe estar empuñada mi espada.

Entonces viene el silencio. El silencio justo cuando se levanta frente a mi bajo la tarima. Siento como toma los dedos de mi mano y la opresión que ejerce me hace saber lo molesto que está, lo furioso que se encuentra. Mira de reojo hacía mi espalda y puedo oír a Kardia reír a lo bajo. Luego me dirige de nuevo la mirada a mí, con la mayor muestra de desafió. Endurezco mi mirada mostrándole que n, no hay nada de él que pueda hacerme temer. No hay nada de él que pueda doblegarme.

Yo lo doblegaré. Así tal cual como ahora se inclina frente a mi mano, besa el anillo. Así te doblegare, así tal cual como lo haces frente al pueblo, nuestro pueblo Shaka. Así lo harás… así lograré tenerte aunque sea una maldita obsesión.

Hablas mucho Shaka… ¿así que le dijiste al príncipe Aioria que serías mi consorte? Entonces, que así sea.

Y el pueblo allí aclama, convencido, de que la victoria es nuestra. Que Rey y consorte están unidos para la batalla.

5 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 30)

  1. Hola!
    La nueva actualización me encanto!
    La esperaba comiéndome las uñas después de los adelantos de fb, esperaba la confrontación de Aspros
    y Asmita, que me pareció increíble.
    La parte donde Asmita menciona que Aspros se acuesta con el médico real me dejo de WTF!
    Es en serio? Porque esos cambios en Aspros no lo conocía….xD claro que los conocía, pero eso le da el sentido a Aspros.
    Jejej estas haciendo que me enamore del Saga malvado que busca doblegar a Skaka…:)
    Bueno, gracias por actualizar.xD
    Besos, y cuídate.

    1. Muchas gracias por tu bello comentario Alejandra, me hace feliz que disfrutes de la trama. Tardé bastante pero en verdad me ha costado un poco, a su vez que lo disfrutó más.

      Lo de Aspros con Degel es todo un misterio que levanta muchas voces, Definitivamente el rey controvertido no se iba a quedar tranquilo y provocar a Asmita es lo mejor que podía hacer.

      Por otro lado, Saga lo amo!! XD ya quiero llegar a la parte donde se almuerza al rubio.

      Gracias por comentar amiga, ¡me hace muy feliz!

  2. Rayos! ¡Te has pasado! No había visto esta nueva actualización hasta el día de ayer, pero ya sabes, había perdido bastante detalles de la historia así que tuve que leerla nuevamente y ha valido la pena. “Por la boca muere el pez” ¿no? jajajaja solo eso me pasaba por la mente cuando hace un par de capitulo Shaka se proclama consorte delante de un montón de gente… ¡Es bastante impulsivo! Nada que ver con Asmita que desde el principio, aunque se muriera de rabia, pensaba muy bien cada uno de sus movimientos, cosa que por cierto me desesperó en varias oportunidades, pero ni modo; así es él. Bueno, realmente espero el próximo capitulo, quiero ver como Shaka hace frente a esto, sobretodo como lo hará delante de Delio, que ni en broma quiso haberlo escuchado XD jajajajajaja que mala. Me da un poco de satisfacción, me cae muy mal Delio, es como un piedra en el zapato. Por otro lado el enamoramiento de Saga por Asmita es terriblemente seductor, desde el principio hasta el final, me hace mucha ilusión leerlo porque es hermoso, aunque sabemos que no va a ir mucho mas allá, creo que ese sabor a “platonico” -que no es platonico, sino “no correspondido” es genial, agridulce del dolor… ¿Y Defteros? ¿qué clase de participación va a tener después de todo esto? y… y… y… ¡Tengo tantas preguntas! Espero que progreses rápidamente para que así lo subas, yo estaré esperando. Gracias por la actualización.

    1. Nightcrawler, ya tengo el siguiente capítulo listo y ando maquetando el siguiente. Espero que pueda publicar en este fin de semana el 31 mientras adelanto el 32. Gracias de verdad por leer, escribirme y tenerme paciencia. ¡Prometo que pondré más atención a este fic!

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