Another Dimension (Cap 01)

Dos hombres solos en el bar de un hotel inician una historia que tiene más aristas de la que esperaron confesar.

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Temas: Yaoi, romántico, drama, Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Milo, Camus, Kanon, Mu
Resumen: Dos hombres solos en el bar de un hotel inician una historia que tendrá más aristas de la que esperaron encontrar.
Dedicatoria: Para todos los miembros del club, a todos los que fueron y los que son y están  A todos los amantes de esta pareja y sobretodo a todos los que me leen.
Comentarios adicionales: Este fic tiene conmigo unos 9 meses desde que empecé a escribirlo. Ha sido un largo camino, pero ya esta completo. Pertenece a un pequeño reto que me auto impuse de escribir fic con títulos alusivos a sus técnicas de combates.

Capitulo 1: La camisa Azul

“Cuando creí que estaba perdido un mapa de ti, me entregaste tu…”

Entre los departamentos de compras en la tienda él iba caminando, aunque poco era la atención que realmente prestaba a los productos que estaban en venta. Sabía que había ido a buscar algo en específico, una camisa azul para la reunión de la oficina en el otro día que tendrían en otra empresa presentando su proyecto para un nuevo fascículo de circulación dominical en el periódico. Esa era su misión cuando salió de la oficina, se despidió de su editor Camus y se dirigió a la enorme tienda departamental para aprovechar las ofertas que le había comentado Marin en una de sus conversaciones en el almuerzo.

Martes, día de quincena, era evidente el tumulto de personas que estaban en el lugar aprovechando el 20, 30 o 40 por ciento de descuento cuando, por lo general, solo era una estrategia de mercadotécnica y los más probable es que compraban el producto en su precio original y no había ningún descuento por debajo. Aún así, él solo iba para ahorrar un poco el sueldo, ya la crisis hacía que los precios se dispararan y que además el sueldo no alcanzaran, además que su auto presentaba una pequeña falla de calibración que debía solventar, quizás en fin de semana. Él pensaba en eso, en los problemas políticos, en la calle que estaba llena de basura, en las pancartas apuntando a este u otro partido político, a los rostros de la mujeres haciendo malabares para el presupuesto siendo cerca el inicio de clase, a los hombres padres de familias fastidiado de hacer esa tarea, a su propio reloj gritándole que tenía media hora caminando y aún no había hallado su camisa azul.

La camisa azul.

Saga recordaba muy bien que había pasado con la camisa azul que tenía antes, y de recordarlo solo pudo sonreír con un gesto que parecía guardar una travesura. Sus verdosos ojos subieron la visión hasta el nombre que decía “caballeros” en el próximo departamento y advirtiendo que ya había llegado, por fin, al sitio que buscaba. Se quedó de pie allí, con sus manos dentro de jeans desteñido y la vista en el escrito con el característico símbolo de un hombre en una parecida señal de transito. Fue precisamente un caballero quien había vuelto un desastre su camisa azul favorita, tres meses atrás, y de la cual hasta ese momento vio necesario buscarle repuesto.

Aún así, guardaba la prenda porque para él habían sido las dos noches más impresionantes que había vivido en ese año, como si por una vez hubiera salido de sí mismo, se sintió actuando en una obra de teatro con un guión mucho mejor elaborado que el de su propia vida y sus propias decisiones, con personajes mucho más sinceros y honestos con sus sentimientos de lo que él era en la vida real, todo vivido en brazos de un escritor frustrado.

¿Cómo eso pudo ocurrir? Saga podría eludir eso a las meras oportunidades de destino, aquellas casualidades que llegan para recordarte que se vale vivir la vida fuera de las reglas y las normas, algo que no había buscado, pero estuvo en el lugar y en el momento correcto para entablar conversación con una persona que justamente quería escapar de la realidad, tal como él, aunque estaba más arriesgado a hacerlo a costa de lo que fuera. Incluso a costa de dos noches de pasión, sexo y conversación amarrados en las sábanas sin importarles saber algo más que sus nombres.

El hecho es que, al final, su camisa azul quedó inservible, llena no solo del aroma corporal de aquel otro hombre que fungió como su amante, sino con tajos arrancados con sus manos cuando él pareció abrirse como una mariposa escapándose su capullo y abriendo sus alas por una vez en su vida. Amantes esporádicos había tenido muchos, y siempre lograba recordar a cada uno de ellos por alguna imagen especial, sensorial, algún olor o sabor característicos. Pero con aquel hombre tenía era una amalgama de forma de definirlo y sabría que todas ellas quedaban corta para lograr expresar a plenitud lo que había significado él.

—¡Que alegoría!—musitó dándose cuenta que había caminado aún pensando y llegado al final del pasillo hasta los vestidores sin ver absolutamente nada—. Fuiste como ver en cámara lenta a una mariposa batir sus alas por primera vez al cielo…—se habló a sí mismo con una sonrisa mientras giraba su vista hasta a un lado, buscando el sector de las camisas azules—. ¿Qué será de ti ahora?

Nunca supo, de él solo sabía su nombre porque ni siquiera de donde venía. Se veía imposible el poder reencontrarlo y él mismo era lo suficiente objetivo como para darse cuenta que no era algo para invertir su tiempo. Después de todo, de haber querido que las cosas se llevaran a otro punto él le hubiera dado más señales. Nada parecido fue; lo único que oyó al final fue unas gracias sinceras que le hizo entender que si, estaba totalmente agradecido con lo que había pasado, no se arrepentía de nada pero, desgraciadamente, no podía ser. Llegaba hasta allí, unas gracias que sonaba a final.

Suspiró…

—Señor, ¿puedo ayudarle en algo?—la sonrisa afable de la joven le llamó la atención y hasta se sintió algo abochornado por parecer tan perdido al andar pensando mientras caminaba.

—Bueno, buscaba una camisa azul.

—Sígame por favor, por aquí—la mujer tomó tres pasos de adelantos para guiarle y él le siguió. La figura menuda de la mujer ataviada en el característico uniforme de la marca le pareció interesante. El trabajo de ellas era admirar; sonreír para decir las mismas palabras y atender a los clientes sin saber si estos comprarían o no, esperando así su comisión. Debía ser agotador—. ¿Algo como esto buscaba?

Saga observó la camisa algo dudoso, pero la mujer no dispuesta a ceder lo llevó a otros tendederos donde habían otras camisas de mejor calidad en tela y costura, más variedad de colores y hasta le hacía combinaciones con corbatas para así convencerlo de la elección. Viendo semejante entusiasmo el griego de treinta y tres años no pudo más que darle tiempo a ella de hacer su trabajo y quizás, porqué no, invertir más  de lo que tenía pensado. Ya escuchaba a Camus diciendo: “de nuevo compraste más de lo que necesitabas. No puedes ir a una tienda solo, terminas sobregirando a tu tarjeta de crédito” todo con sus lentes, brazos cruzados y los parpados entrecerrados en un gesto que a él a veces le parecía simpático.

—¿Quiere medirse mejor las camisas? Puede medírselas junto a las corbatas y escoger la que más le agrade—bueno, tampoco tenía nada más que hacer, así que encogiéndose de hombros aceptó la oferta y entró al vestidor con tres camisas azules, una roja, una verde y cinco pares de corbatas lista para hacer combinaciones de todo tipo.

—Cuando Camus sepa esto me dará la clase de cómo llegar a fin de mes sin deuda por cuarta vez…—refunfuñó con una sonrisa mientras se iba quitando la camisa, observando el reflejo en el espejo. Recordó que también cuando Camus supo sobre esa escapada y aquel amante le dio las clases de los riesgos de la promiscuidad gay en el siglo XXI.

No pudo evitar reírse al recordarlo. Aquello había sido vergonzoso e hilarante en partes iguales.

—Pero yo estaba era coqueteándole a Milo, no iba a imaginar que ese hombre llegaría y prácticamente se me tirara encima—se dijo a sí mismo, como si buscara justificar ante su propio espejo semejante situación—. ¡Juro que yo no pensaba hacer nada!

Al menos en los primeros treinta minutos, en las siguientes dos horas entre vodka y conversaciones con miradas cada vez más sugerente e impertinentes era claro que las intenciones nobles se habían ido al garete.

Mientras se probaba la primera camisa memoraba lo que había ocurrido aquella noche, entrando primavera. Él había ido al hotel cinco estrellas donde había conocido a Milo, el bartender del bar, unas semanas atrás. Resulta que él en su trabajo de asesor de contenido había tenido que llevar a una figura importante del periódico hasta una habitación del hotel ofertada por la misma empresa y luego de haber hecho su trabajo bajó para tomar un trago antes de irse, conociendo así al pintoresco joven que parecía sonreírle hasta al vigilante. Encantado por su forma de ser tan libre y tan jovial, Saga se había quedo allí y terminaron hablando tendido de viajes, de cuentos de extranjeros y de extrañas anécdotas que podía tener un barthender de un hotel turístico. Decía haber visto y atendido de lejos a verdaderas figuras, había visto también muchas infidelidades famosas antes de que salieran a la luz a través de la prensa rosa y cada uno de esos comentarios le habían agradado al punto de que había ido cada viernes a conocer e intentar, porque no, ligar un poco.

Milo estudiaba mecánica en la universidad estadal de día y trabajaba en el bar de noche. Siendo hijo único y con su madre con problemas con el azúcar, con su trabajo pagaba los estudios y buscaba tener al día el tratamiento de su madre. Escuchando todo eso Saga no pudo evitar el sorprenderse y admirarse por la fuerza del muchacho que pese a tener ya la edad suficiente para contar con una carrera, no se rendía por eso y buscaba sacarle provecho a su vida.

El asunto es que buscando caerle bien y quizás ver si tenía oportunidad —luego de haber comprobado que sí, el chico era de sus gustos y hasta lo miraba interesado—, estaba allí fielmente los viernes a la nueve de la noche solo comprando un trago de vodka mientras hablaban de cualquier ociosidad.

Hasta que llegó esa noche.

—¿Está listo señor?—escuchó a la dama afuera del vestidor y él volvió en sí, notando que ya se estaba probando una de las corbatas encima.

—Sí, ya saldré.

Bufó. Entre los recuerdos ni cuenta se había dado de en qué momento se había puesto aquella camisa pero era evidente que desde esa mañana que se dio cuenta que ya no podía contar con aquella camisa azul, se había dedicado a observar una y otra vez la misma escena como si pudiera hallar más detalles interesante en cada reproducción.

La mujer al verle la camisa puesta no había dudado en colocarle adjetivos que tildaban lo maravilloso que se veía y lo bien que le sentaba. El griego aludido solo enarcaba una ceja mientras observaba como con sus manos tímidamente parecía tocar un poco más de sus pectorales con la escusa de acomodar mejor la corbata. Ok, si, lo estaba acariciando, pero al menos hasta los momentos no era que lo iba a violar y poco le preocupaba sabiendo que eran manos de mujer y a ella le costaría quizás el doble que a un hombre común el ponerlo en aceleración. Comentándole a la mujer que iba a probarse las demás, el cliente volvió a entrar al vestidor mientras se iba cambiando para probarse la siguiente camisa.

Prácticamente al verse al espejo supo que quería retornar la tarea que llevaba, por lo cual buscando el hilo de sus pensamientos se ubicó exactamente en el punto donde Milo y él hablaban animadamente de los terribles días que tendría por la alta temporada de turistas cuando un hombre se sentó a su lado y pidió casi con desgano un tragó de vodka. Saga le miró de reojo, así como si fuese una mirada fugaz y violenta para tener una idea de quien tenía al lado y hasta algo incomodo por la interrupción. Eran más o menos medianoche y todavía no había demasiados clientes así que se permitían hablar con tranquilidad sin ningún tipo de pena.

Y así siguieron, el hombre estaba a su lado tomando y Milo seguía hablando de las terribles horas que tendría atendiendo a todo tipo de turista y teniendo que recordar de nuevo el inglés, mientras que Saga se reía y le comentaba que al menos eso le permitiría practicar más el  tan aclamado idioma. Todo parecía marchar como costumbre, incluso notó que Milo le echó una mirada de más, Saga estaba seguro que estaba logrando su cometido cuando en medio de la conversación algo surgió, inesperado.

—Tu trabajo suena interesante—la voz de aquel hombre fluyó cortando la amigable escena de los otros dos, quienes voltearon y le miraron como si le dijera que nadie lo había llamado. Pese a eso, el hombre con la vista aún en su trago apenas probado, movía sus manos entre la superficie de vidrió de su vaso—. Al menos es mejor que el mío. Lo único distinto viene en las campañas navideñas, donde tengo que formar una nueva imagen para mantener contento a nuestros contribuyentes y clientes y debo ingeniármela para que no sea igual a lo del año pasado. El resto del tiempo es lo mismo, día tras días ver la misma gente haciendo las mismas cosas por el mismo sueldo, vale acotar, y todo por las mismas motivaciones que los millones de ciudadanos que pagamos impuesto y soñamos con rentar una casa más grande.

Saga no supo que decir a eso, no porque no tuviera qué decir en especifico, sino porque no quería perder el ambiente que ya había entablado con Milo y que había cosechado, oh si, durante varias semanas para llevarlo a ese punto. Solo que no fue necesario tampoco el que hablará, Milo tan espontaneo le tomó la delantera y de inmediato preguntó.

—¿Y tú de qué trabajas? ¡Debe haber algo divertido en él!

El griego rió al recordar que para ese punto su cara era todo un poema, dado al reflejo que vio detrás del cuerpo de Milo, justo donde descansaban las botellas. Incluso, recordó que para esa altura del relato el mismo Camus dibujó una media sonrisa muy digna a la Mona Lisa, gesto que hacía cuando algo parecía demasiado gracioso como para dejarlo pasar pero que veía imprudente el comentarlo en ese momento. En sí, la situación era divertida por donde la viera, porque luego de tanto esfuerzo para llamar la atención del joven barthender un extrañó simplemente se la había deshecho y más cuando empezó a nombrar como cuatro trabajos distintos dejando a Milo tan maravillado que no le quitaba los ojos de encima.

Fastidiado se encontraba con tan irrisoria situación, bebiendo su trago de mala gana mientras aquellos dos comentaban como si él no estuviera allí. No estaba seguro de cuánto tiempo se habían tomado, quizás no fueron más que unos diez minutos, pero a él le parecía una eternidad y además vio necesario acabar con aquello; así que se giró en su asiento, pegando su codo a la barra y con la mirada determinada para demostrar que él, Saga Avrazt, también tenía algo que contar.

Si, aquí se podía incluir perfectamente la frase de Camus: “¿No puedes dejar que por cinco minutos el mundo no giré a tu alrededor, Saga?”. Pues no, no podía, y odiaba Saga el hecho de que Camus diciendo que no era psicólogo, tuviera tan alma de psicólogo como para haber aprendido a conocerlo tantos en esos cuatro años de trabajo con todo lo que había significado.

Así fue que llamó la atención de aquel par, sonriendo con descaro mientras le declaraba duelo al tercero cuando esté ni interesado estaba, al menos a su ver en ese momento, en quitarle la presa. Además la vida de él en el periodismo era también interesante, no era aburrida, tenía mucho trabajo, veía siempre nuevas caras, tenía mucho que comentar y eso se lo iba a demostrar aunque tuviera solo uno y no mil trabajo como aquel que parecía carecer de vida propia. De esa manera se presentó a él, altanero y dominante, comentando todo los pormenores de su oficina, de sus últimos proyectos, de las felicitaciones y demás sin darse cuenta que en algún punto de la conversación Milo no estaba allí y que solo tenía la atención de aquel hombre.

La pregunta retórica era: ¿qué pasó para que de repente sus intenciones de galantería cambiara de objetivo? Esa era una buena interrogante, y Saga podría responder a ella de muchas maneras, pero quizás la respuesta franca sería que simplemente le encantó que aquel hombre lo dejara hablar largo y tendido todo lo que quería extenderse para luego darle con cuatro o cinco comentarios conclusiones respecto a cada una de los temas que había tratado sin perderle el hilo de ninguno de ellos. El griego se sintió entonces el centro de un universo, del universo de aquel ser que, en ese momento que lo detalló mejor, era un hombre joven, de quizás unos veinticinco años trajeado como si fuera un ejecutivo de diez años más de edad, con unos ojos azules que clavados a él no podía dejar de mirar.

Eso también afecto, esos ojos azules tuvieron que ver mucho en su cambio de norte.

Los ojos azules del nuevo eran distintos al azul de los que tenía Milo. Los de Milo brillaban, eran enérgicos, vivaces, resplandecían y a veces hasta quemaba cuando chocaban la mirada. Eso le hacía pensar que era una persona espontanea y atrevida, vivaz y alegre con mucha energía y tesón, cualidades que a él le encantaba en buscar a una pareja. Pero este hombre en cuestión tenía una mirada totalmente diferente.

El azul, pese a lo opaco que estaba por el cansancio y la nube de alcohol, era más profundo y claro, era a su vez más transparente. Podía verse de lejos como un color azul común y silvestre, pero cuando se tenían de cerca y justa su atención en él se convertía en algo más fascinante. Quizás fue eso, fue sentir que ese hombre simplemente con solo la mirada se lo estaba tragando, no solo se comía sus palabras sino su presencia, no solo dominaba su atención sino sus movimientos. Era una mirada que tenía gula, hambre, más conocimiento, más de él, más de aquello, más de algo que sentía él tenía y podía ofrecerle. Y en ese juego de miradas que parecían tener más, Saga se vio seducido de una forma que no le quiso dar freno, vilmente, arrastrado por aquella mirada que parecía contener dentro de ella un universo entero por descubrir.

—¿Te gustan mis ojos?—escuchó la pregunta de aquel hombre en medio silencio, sin saber cuánto había pasado, pero demasiado entretenidos mirándose como para ver el reloj. Saga se sonrió como si le hubieran leídos las intenciones; a esa altura del juego ninguno de los dos había mencionado sus nombres pero eso no parecía ser tan importante.

—Son atrayentes—le confesó pasando otro trago de licor que ya ni sentía en el organismo.

—De cerca se ven mucho mejor. Me han dicho que es como si estallaran colores en ellos.

Y no necesitaba clases de ligue para saber que eso había sido una directa insinuación.

Cuando se dio cuenta ya se había probado todas las camisas y realmente ni atención había puesto a cada una de ellas. Dejando el tema de lado, Saga decidió que era hora de estar pendiente en que iba a comprar, porque la jovencita debería estarlo esperando fuera del vestidor para tener su tan merecida comisión.

No tardó mucho tiempo en concluir que con tres corbatas y dos camisas era suficiente para partir de la tienda sin dejar en números rojos su tarjeta de crédito, con tanto que le había costado el salvarla y mantenerla al menos activa. Le sonrió a la chica y mientras ella tomaba su compra en mano él observó cuando puso un número en su tarjeta de cliente y luego le sonrió.

—¿Desea algo más?

—No, por ahora estoy bien. Gracias por atenderme.

—Cuando quieras—le guiño el ojo—. Simplemente búscame cuando regreses, así te podré atender—sabía que en eso había parte de coqueteo y parte de mercadotécnica para seguir obteniendo buenas comisiones. Saga le sonrió y simplemente asintió para no dar pie a nada más.

Al salir del vestidor se dio cuenta que habían más clientes que a su llegada. La gente iba y venía, especialmente en el departamento de niños, y las familias parecían haberse multiplicado. Con un gesto de fastidio sostuvo bien su cesta y empezó a moverse buscando la salida menos agitada para poder pagar su cuenta y retirarse antes de que la multitud aquella fuera a invadir la caja.

El pensamiento aún lo tenía en mente, igual que aquel hombre y gracias a estar recordando cómo había empezado todo dentro de aquel pequeño espacio, fue imposible no adelantar un poco la cinta al momento en que lo arrinconó en el ascensor besándole con pasión y desenfreno, haciéndolo trastabillar y olvidar hacía que piso iban. Ese beso fue el detonante de todo, Saga no pudo hacer otra más que corresponderle sin importar si aquello venía más aleccionado por el alcohol que por otra cosa, después de todo era la habitación que aquel mismo había rentado y si, iba a tener sexo gratis, algo que no pasaba muy a menudo.

El problema vino fue después, cuando Saga aún en medio del frenesí y del licor quemándole las venas pudo observar que si, lo que ese hombre le había dicho era verdad: sus ojos de cerca se podían describir de mil formas, menos azul…

Y definitivamente a algo así debía darle un nombre, el que sea, debía darle un nombre.

—¿Cómo te llamas?—le preguntó en medio de las embestidas, mientras la cama chirriaba, el sudor caía y los gemidos de ese hombre se esparcía como eco en la habitación calcinándose de sexo—. Dime… dime tu nombre…—le volvió a pedir de forma apasionada, con sus manos en el cabello lacio apartándose lo de las cama y besando juguetonamente su boca, entre abierta, desgranándose en salivas superfluas.

—Sha…

—¿Cómo…? ¡Ha!

—¡Shaa…! Oh Dios, ¡Shaka…!

“Shaka”

El nombre le golpeó tan igual como la imagen frente a él cuando se detuvo en seco.

4 thoughts on “Another Dimension (Cap 01)

  1. Hola….
    No se sí te molesta que me pase tan seguido por aquí, pero que se le puede hacer.
    Todos tus fics son atrayentes,como este.
    Sabes? Durante todo el fic pensé que era Camus el que estaba en el bar con Saga 🙂
    Jejeje y al final tuve que leerlo varias veces para creerlo y saber que era Shaka.
    La trama me encanto, espero leer más de Another Dimensión pronto….
    Besos

    1. Jajajaja hola Alejandra, claro que no me molesta, en más, me halaga mucho tu interés en mis trabajos. Muchas gracias por hacérmelo saber.

      Pues si, no se trata de Camus sino de nada más y nada menos de Shaka y espera que se vienen sorpresas cada vez más interesantes. gracias por comentar 🙂

  2. Hola!!!!
    Yo soy amante de tus fics, todos son buenísimos me encantan Un Poco de Color y Vida y Lienzos de Guerra, llore con Plasmados en Gloria y me he enamorado de Another Dimension, espero seguir deleitándome con tus trabajos y me encuentro más que ansiosa por leer el siguiente capítulo de Another Dimension y conocer que otras cosas le sucederán a Saga con el sexy rubio.

    Un Saludo!!

    1. Hola Reina! Es agradable ver que te han gustado las tramas que he escrito. Un poco de color y Vida y Lienzo son mis obras más preciadas. Plasmados en Gloria uno de los trabajos que más me han hecho sentir. Another Dimension ahora es otro escrito que tenía tiempo guardando pero que por fin se dejó escribir. Estaré subiendo el último capitulo el día de hoy.

      ¡Espero de corazón que te guste y gracias por comentarme!

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