Another Dimension (Cap 02)

Luego de una noche de coqueteo, muchas han sido las idead que han quedado en Saga sobre el rubio, idea que van a ser medidas con la realidad. ¿Quién es realmente Shaka?

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Temas: Yaoi, romántico, drama, Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Milo, Camus, Kanon, Mu
Resumen: Dos hombres solos en el bar de un hotel inician una historia que tendrá más aristas de la que esperaron encontrar.
Dedicatoria: Para todos los miembros del club, a todos los que fueron y los que son y están  A todos los amantes de esta pareja y sobretodo a todos los que me leen.
Comentarios adicionales: Este fic tiene conmigo unos 9 meses desde que empecé a escribirlo. Ha sido un largo camino, pero ya esta completo. Pertenece a un pequeño reto que me auto impuse de escribir fic con títulos alusivos a sus técnicas de combates.

Luego de una noche de coqueteo, muchas han sido las idead que han quedado en Saga sobre el rubio, idea que van a ser medidas con la realidad. ¿Quién es realmente Shaka?

Capitulo 2: Los cuadernos de Flores

“Si me preguntan a donde voy, de donde soy, a donde quiero llegar…”

Sí, estaba allí, y era imposible no reconocer su figura cuando cuadraba exactamente con todas las características que estaban clavadas en sus retinas desde esas dos noches. Saga respiraba con dificultad, los nervios habían tomado de rehén a sus pulmones, sintió que literalmente el pasillo se hizo largo y estrecho mientras la delgada y alta figura del hombre rubio estaba al final de aquella estantería con unos cuadernos en mano.

No podía ser… ¡no podía ser! Ese hombre estaba allí y teniendo en cuenta que lo tenía pensando todo el día aquello no dejaba de ser un encuentro fascinante y conmovedor de muchas maneras.

El griego volteó pasándose la mano en la cabeza como si quisiera limpiar el rastro de sudor en su frente. Aún escuchaba los murmullos de las personas que hacían las compras y de vez en vez los aviso por parte de los altavoces de los directivos de la tienda del departamento anunciando ofertas; lo único que tenía en la cabeza es que el hombre estaba allí, justo a unos pasos como si lo hubiera traído el karma.

¿Qué hacer? Tratando de hacer tiempo se quedó a un lado del estante, en sentido contrario, jugueteando con unas cajas de creyones. En ese momento fue que se dio cuenta que estaba en el departamento de papelería, no supo ni cómo llegó allí y que el hombre en cuestión parecía revisar algo entre los cuadernos para escoger cual llevar. Se dio tiempo así de observarlo, sí, con sus trajes de oficina que parecían darle unos diez años más, su cabello recogido algo despeinado a la altura de su nuca y sus lentes de lectura… era el mismo, imposible no reconocerlo, hasta la contextura, y la manera en que se paraba con cierta elegancia que le parecía llamativa.

Ahora que había comprobado que efectivamente era el hombre, quedaba la siguiente pregunta: ¿Cómo presentársele?

Saga sabía que si no decidía rápido el hombre se iría y quizás lo perdería de vista dentro del establecimiento, allí entre tantas personas que iban entrando y saliendo del local. Su cabeza gritaba que diera los pasos y se presentara, pero no podía simplemente encontrar la mejor manera de aparecerle al frente y entablar una conversación cuando lo único que recordaba muy bien de él era el lunar que tenía en su cadera al lado derecho y que no se cansó de besar hasta hartarse. ¿Cómo dirigirle la palabra? Su mente ya le formaba varias frases originales para entablar una conversación empezando con un “¿Hola cómo estás?” O con un “qué gusto verte de nuevo” hasta un atrevido “Sabes que aún me acuerdo de ti”. Pero no, ninguna sonaba lo suficientemente convincente para que el hombre girara 90 grados a su derecha y caminara al menos unos tres metros para presentarse al joven en cuestión.

¿Qué hacer? Para empezar él pensaba que no vivía en la ciudad, o al menos eso intuyó porque lo había encontrado en el bar de un hotel en casi temporada alta, ¿cómo no pensar que se trataba de un turista? Aunque venía trajeado como de oficina… podía ser un trabajo de su empresa en otra ciudad ¿no? Eso era común, ¿por qué su cabeza no quiso armar la línea y decir que podría ser, que tal como él, si trabajaba en la misma ciudad y no era un turista? Ahora que lo recordaba, jamás vio que Shaka saliera con una maleta cuando se despidieron… ¡Jo! ¡Era la mar de idiota al no haber tomado en cuenta semejante detalle!

Frunciendo el ceño se frotó la frente de nuevo cada vez con menos ideas y más nerviosismo. De qué manera, Dios, ¿de qué manera presentársele? Volvió a girar su vista hacía él y estaba vez estaba inclinado revisando los cuadernos de abajo. Demasiado concentrado estaba en esa tarea. ¿Acaso era algún subgerente de la tienda? Bueno, le había dicho que era algo de publicidad, con profesor e instructor de curso, más trabajos de forma independiente, pero nunca algo relacionado a una tienda del departamento. Aunque vamos, Camus pudo tener razón cuando le dijo: “capaz todo lo que te dijo fue una farsa y tu le creíste” Si, quizás él solo era un subgerente de una tienda por departamento y no superman con mil trabajos.

Pero oh, no, ¡ese no era el dilema! Saga de nuevo recriminó el hecho de que su cabeza diera tanta vuelta y se perdiera en sus propios pasillos. ¿Qué más daba si el tipo era un subgerente o tenía diez mil trabajos? ¡Lo que importaba en ese momento es que estaba allí, justo el día que tenía pensándolo y eso debería significar algo! Es más, hasta trataba de recordar eso que decía el horóscopo que Marin siempre le leía pero nunca le prestaba cuidado, y no es que fuera supersticioso aunque en aquel instante cualquier nueva señal de que eso era caído del cielo, o una vuelta del destino, o una caída del karma era bienvenida. ¡Algo debía decirle como actuar!

Dejando escapar el aire de sus pulmones se decidió de que si no movía sus malditos pies al sitio no iba a hacer nada y estaría condenado por el resto de su vida a pensar qué diablos pudo haber pasado si al menos de su boca hubiera salido un hola. Podría sonar exagerado, pero él prefería arriesgarse y perder que dejar ir y quedarse con la duda de haber podido ganar algo, así que con toda fortaleza se giró y miró muy firmemente a la figura del hombre que ya no tenía dos sino al menos una docena de cuaderno en manos.

Ok, empezó a caminar. Las cosas por fin tomaban rumbo. Sus pasos se movían lentamente por el pasillo y hasta Saga creyó que estaba inmerso en alguna película de suspenso por la manera en que sentía se daba ese acercamiento, con cierta lentitud y como si los sonidos se alargaran y agravaran para sus oídos. El hombre que aún no se había dado cuenta de nada renegó y volvió a arrodillarse para abandonar tres cuadernos y tomar otro, verificando algo en la contraportada. Ya estaba bastante cerca, y ya tenía al menos algo en mente para comenzar la conversación. Los cuadernos, oh Saga, ¡que inteligente eres! Claro, háblale de los cuadernos y luego saluda y ¡todo será llevadero! Era bueno haber decidido eso justo cuando detuvo los pasos a espaldas del chico y le llegó el aroma de su loción a la nariz, oh si… ¿cómo olvidar esa fragancia a cedro y madera?

—¿Tienes problemas encontrando cuadernos adecuados?—preguntó como si hablara del clima, y el hombre en cuestión se levantó sin mirarle, tomando otros tres cuadernos.

—Ya conseguí lo que buscaba. Muchas gracias—ok, eso daba señal de que el rubio pensaba que quizás era alguno de los que atendían en el pasillo.

—Eh…—carraspeó, ahora más inseguro. ¿Cómo proseguir una conversación a partir de allí?—. Ya veo…—el joven tomaba sus pasos sin siquiera voltear, era evidente que no tenía ánimos de socializar—. Que coincidencia encontrarte aquí, ¿no crees?

Eso si lo detuvo y Saga pensó que eso quizás había sido la forma de presentarse más extraña que hubiera podido aplicar. Nervioso observó como la espalda del acompañante daba vuelta y por fin, de nuevo, luego de tres meses, esos ojos azules se enfocaron en él, primero al nivel del cuello dada su estatura para luego subir y buscar su rostro, con la visible expresión de confusión y extrañeza.

Lo que vino no se lo esperó… Luego de al parecer durar unos segundos reconociéndolo, sus parpados abandonaron totalmente sus ojos mostrando espanto y sus cuadernos cayeron uno a uno al suelo haciendo un verdadero desastre.

Todo pasó demasiado rápido en ese punto, el rubio se agachó buscando los cuadernos desesperado mientras giraba su cuello, a una velocidad no aconsejable, hacía atrás en varias oportunidades. Saga, recuperándose de semejante primera impresión, también se inclinó para ayudarle a recoger a tres cuadernos y levantarse con él para pasárselo mientras lo miraba aún más confundido de lo que podría su rostro expresar. El rubio sin mirarle la cara tomó los cuadernos, dio las gracias con las manos temblorosas y estaba dispuesto a irse así sin más, como si eso no hubiera ocurrido.

—¡Oye, Shaka!—el griego se arriesgó a llamarla antes de que volteara completamente y comprobando que si, ese era su nombre porque el otro volteó sintiéndose aludido y de nuevo, girando la cabeza como si alguien pudiera ser capaz de verlos juntos—. Tranquilo, solo… solo te iba a saludar—“joder, ¡que ridiculez estoy haciendo!”.

—Olvida lo que pasó—ordenó el rubio bajando la mirada antes de voltear de nuevo.

—Ok, estás acompañado, ya entendí—bajó la mirada entendiendo que había cometido un increíble error.

—Lo lamento.

—Nada, olvídalo, solo… solo te vi y bueno, me acordé y entonces…

—Tengo que irme—dijo el rubio dando pasos hacia atrás para marcar distancia.

—Sí, claro, tranquilo…

—Pensé no eras de aquí…—musitó el rubio mirando hacía su espalda como si constatara que nadie lo estuviera observando.

—Yo también…—era demasiado incomodo. Demasiado para incluso alargarlo, era evidente que Shaka no quería dirigirle la mirada y era preferible dejar lo que pasó hace tres meses bien lejos. No entendía muy bien porque razón pero Saga se sintió algo decepcionado—. Creo que me voy. Que te vaya bien.

—Sí, es… es lo mejor… y perdona…

—¡Papá!—Saga no hubiera prestado atención a la voz de la niña si no hubiera sido por la forma en la que Shaka volteó con un respingo que eludía su extremo nerviosismo. ¡Oh no!—. ¡Papá!

—¡Debo irme!—exclamó aún más preocupado y Saga, aún incapaz de reaccionar, solo pudo bajar sus ojos hacía las manos que sostenía el tumulto de cuadernos y comprobar el anillo en su mano izquierda.

Oh no…

—Oh, ya entiendo…—se frotó de nuevo la frente. Ahora si se daba por estúpido e idiota.

—Lo lamen…

—¡Papá, te encontré!—y una pequeña, se había colgado de la pierna de a quien llamaba su padre con un vestido celeste y dos colas en la cabeza. Ante la sorpresa el rubio se sobresaltó, incluso dejando brotar un gemido lastimero de sorpresa que delataba que estaba a punto de tener un colapso nervioso si no salía de esa escena. Oh no, Saga veía todo y se sentía aún más estúpido y más imbécil—. ¡Mamá dice que te apures! Que ya van a llegar a la caja, ¿tienes mis nuevos cuadernos papi? ¿Compraste de osito Pooh?

—No compre del oso Pooh, compre de flores porque tienes más páginas y rendirá más—contestó el padre tratando de tomar la mano de la niña y despegarla de su rodilla—. Vamos dile a mamá que ya voy…

—¿Quién es él?—la vocecilla de la niña resonó y ambos adultos se quedaron tenso en un momento que hubiera preferido que nunca pasara.

Oh no… Saga estaba que quería era simplemente desaparecer. Veía a la niña y veía al padre desviando su mirada como quisiera evitar el tema y no hablar más al respecto. Se notaba de lejos que algo ocurría en él, era evidente que el nerviosismo se lo comía en largos tragos y entonces él, en ese momento, se preguntó qué diablos había sido todo lo que vivió con Shaka esos días aunque no se hayan dicho nada y parecía que conocía mucho menos de lo que creyó había llegado a ver en él.

Bueno, era evidente que él había sido un vil cuerno.

—Es… no, no es…

—Soy su amigo—notó que al hablar Shaka de nuevo se tensó cuan cuerda de violín, respirando con ya bastante velocidad. Los ojos azules le miraron espantado como si le gritaran que saliera de allí y no comentara una sola palabra, pero Saga se sentía lo suficientemente insultado como para querer al menos dar ese pequeño golpe de gracia—. Pero ya me iré, fue bueno verte de nuevo Shaka. Espero se repita.

Los ojos de Shaka se quedaron fijos en él, su mirada parecía relampaguear. La cínica sonrisa de Saga le había dado completo indicio de que pensaba el griego de tan desafortunado encuentro. Para el rubio fue casi igual, mordió sus labios con cierto malestar mientras tomaba la mano de su hija y le enviaba una última mirada desafiante al contrario, en clara muestra de desagrado y si, muy en el fondo, vergüenza.

—Vamos a buscar a tu madre…

El rubio dio media vuelta con los libros y la niña saltando en el camino mientras comentaba un enorme oso de peluche que le había visto a otros de los carros y así la figura de aquel hombre que había sido parte de sus pensamientos durante todo el día se perdió entre la multitud, dejándole a él extrañamente vacío, dolido y sintiéndose estúpido. Refunfuñó primero, luego maldijo, pasó su mano por el cabello enfurecido como si con eso pudiera calmar el ataque de histeria que tenía.

Fue un cacho… ¡él fue solamente un maldito cacho!

Pero como era de naturaleza masoquista, o simplemente necesitaba saber más de la verdad que tenía que tragar, él no se pudo quedar parado en la caja. No, además que le daba también un tanto de sadismo aparecerle al maldito que le había dado unas noches gloriosas allí frente a su familia y sonreírle por la mera y pura maldad de hacerle caer todo el karma junto. Así se enlistó, con cesta en mano fue camino a la zona de pago esperando verlo y si, hacer que lo viera de nuevo.

Había encontrado el lugar y para su suerte aún el rubio estaba en caja mientras pasaba su tarjeta bancaria. Había junto a él una mujer de cabello castaño, castaño como el de su hija y otro niño, un varón de rubios cabellos como el del padre muy pegado a él mientras observaba como firmaba el recibo. Eran dos… y juntos de seguro no sumaban los diez años.

Oh si, una familia.

El griego frunció el ceño desde su lugar, viendo como el padre se alejaba regañando a la niña porque quería montarse en el carro que llegaba las bolsas de compras de lo que parecía ser los útiles escolares. Allá iba el fulano amante que había encabezado sus fantasías durante esos tres meses, muy tranquilo, con su familia y siguiendo su vida.

¡Qué desgracia!

Tomó las bolsas de su compra ya pagada y la tiró con rabia al asiento del copiloto, renegando ante el calor de su auto por el sol y por aún sentirse tan irritado. De haber sabido que las cosas habrían de terminar así, conociendo semejante realidad, no hubiera saludado nada y hubiera actuado como el común, tomarlo como un mero cuerpo de cama y dar media vuelta mientras seguía su vida. El problema había sido ese, para él no fue un simple cuerpo y el saberse en esa posición y categoría le estaba provocando una migraña.

En mitad de camino no pudo evitar ver una y otra vez la misma escena del coqueteo en el bar, la manera en la que le miraba y le enviaba mil señales, como le seducía casi con tanta maestría que él. ¿Acaso eso solía hacer? ¿Llegar a un bar de un hotel y cazar algún gay que tuviera la desgracia de tropezarlo? ¿O quizás de allí iría a un pub? Poco importaba ese hecho cuando él había sido el inútil utilizado para su pequeño desliz.

—Eso que me acabas de decir es provocador—recordó que eso le había respondido a su insinuación de ver más cerca sus ojos y el cómo el rubio, en respuesta, había entrecerrado sus parpados discretamente.

—¿Eso piensas?

—Eso me parece.

—Quizás tienes razón—asumió con una media sonrisa seductora.

“Mierda… él le estaba coqueteando de forma directa.”

—Vaya, por lo general cuando me intentan seducir no son tan directos—eso le dijo sintiéndose idiotamente halagado.

—¿Para que los rodeos? Somos dos hombres solos en un bar.

“Dos hombres solos…”

—No acostumbro que sea el otro quien tenga el dominio del flirteo—y aquel sonrió aún más, sacando su tarjeta de crédito.

—A veces es interesante…—lo extendió para pagar la cuenta—. Ahora, ¿te parezco atractivo?—para ese punto, con una ceja enarcada el griego escrutó la figura del hombre frente a él sin intenciones de esconder la lascivia.

—Seguro te ves mejor sin ropa—y aquel rio ante el descaro de su expresión seduciéndolo de nuevo con aquella mirada azul encendida.

—Comprobémoslo. Ya tengo mi habitación, ¿me sigues?

—Voy tras tu espalda, y en todos los sentidos—aludió con morbo.

—Tranquilo, tendrás el dominio en la cama.

Y lo tuvo… dos noches completas dos días enteros y lo había tenido bajo a él todas las veces que quiso. Lamió, besó, chupó y bebió de él tantas veces que había perdido la cuenta. Había sido tan apasionante… Saga frustrado golpeó el volante de su auto en el semáforo mientras esperaba el cambio de luz y recordaba aún más de ese encuentro, porque si, para su pesar, no fue solo sexo.

¿Por qué ahora todas esas imágenes venían a él? Recordaba que el hombre no solo había sido un cuerpo de fuego en la cama, sino que habían conversado de muchas cosas durante esos dos días que no salieron de la habitación. Habían hablado poco de ellos y de su vida actual, sus conversaciones giraron en torno de sueños y metas y cosas que les hubiera gustado alcanzar si hubieran tenido otro tipo de vida, u otro tipo de inicio.

Además, recordar que estaba con los cuadernos de flores y como estaba buscando ahorrar por la cantidad de hojas le había hecho rememorar la primera impresión que tuvo de él y como esta mejoró en el transcursos de esos dos días. Primero había pensado que era un hombre tacaño, ruin, de esos que no gastaban demasiado, avaro y egoísta. Luego se dio cuenta que más bien era un hombre preocupado y precavido que buscaba dar todo lo que pudiera para cubrir cada necesidad, porque incluso así lo era en la cama.

¿Por qué hubo tanta química? Por eso, su comunicación. Porque ese hombre además de responder sus besos respondía sus palabras, le escuchaba y podía analizar cada una de sus conversaciones sin perderse. Eso le encantó… porque Saga había hablado y hablado en esos dos días y jamás sintió que le aburriera, más bien promovía que ese rubio le hablara de él y ambos, extrañamente, se vieron en algún momento lejos de sus respectivas realidades. O al menos eso pensó él.

Cuando se halló en su apartamento y tiró la bolsa de compra sobre el mueble, se dejó caer aún más agotado mentalmente sobre su sofá mientras veía la decoración de la pared y la pintura de cuadros asimétricos de colores que daban luz y forma a su estancia. Esa última idea le había hecho comprender porque, por fin, tenía esa sensación de decepción. Recordar todo, como iban formándose las piezas una sobre otra con facilidad, como al final todo tenía sentido: ese hombre le había hecho sentir que tenía un estilo de vida diferente, le había hecho sentir completo y satisfecho con ella. En sus brazos, Saga dejó de ser el hombre que buscaba pareja cada tanto, que estaba no muy conforme con su trabajo, para convertirse en un hombre que podía todo, que soñaba metas que podía ser alcanzables y hasta se sentía enamorado…

Enamorado…

Su mirada viajó del techo hasta el piso de una forma exponencial, una curvatura formó su visión hasta hallarse en el punto central que marcaba la recta entre sus pies. Eso era… por esa razón había quedado tan ilusionado desde su encuentro, por ello ese rubio había encabezado cada una de sus fantasías desde esos tres meses. Allí estaba la razón inequívoca de porqué este hombre  ahora que sabía la verdad lo había dejado tan decepcionado. Se había enamorado… quizás de la forma más idiota posible, quizás más aleccionado a la pantalla que ambos formaron de una vida perfecta, un espacio abierto de sus propias realidades creando una ficción placentera. Pero al fin y al cabo, enamorado.

Aquello ya no podía ser, estaba claro y Shaka lo había dejado así al partir. Ese gracias era un adiós, era un ya no puede ser, fue bueno mientras duró. Él había decidido seguir su vida, con su familia, en sus propios asuntos dejando aquel momento atrás. Saga era para él una isla a la que había decidido estacionarse para descansar y luego seguir. No era nada más. Él único que se quedó con la esperanza de ver de nuevo al “turista” era él…

Ya era hora de asumirlo, él también debía hacerlo. El recuerdo de Shaka tenía que quedar lejos y él seguir, todo lo que había pasado solo fue eso, una experiencia especial y sensorial condenada a diluirse en el tiempo. Saga se levantó de su asiento convencido que podía dejar ese recuerdo atrás y seguir con su vida. Ya nada haría devolver las manecillas del reloj, como tampoco aquel cuerpo en su cama. Lo más seguro, es que él se haya quedado prendado de una imagen que no le pertenecía a aquel hombre.

Había que admitirlo, ambos se mostraron distintos, ambos habían sacado lo que no podían sacar ante la sociedad para poder ser dos hombres diferentes. Después de todo, solo eran al final un par de extraños.

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