Another Dimension (Cap 03)

Luego de aquel encuentro, las cosas para Saga no fueron igual. sin embargo ha decidido tomar lo ocurrido como lo que fue: un encuentro de extraños. ¿Lo ha logrado?

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Temas: Yaoi, romántico, drama, Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Milo, Camus, Kanon, Mu
Resumen: Dos hombres solos en el bar de un hotel inician una historia que tendrá más aristas de la que esperaron encontrar.
Dedicatoria: Para todos los miembros del club, a todos los que fueron y los que son y están  A todos los amantes de esta pareja y sobretodo a todos los que me leen.
Comentarios adicionales: Este fic tiene conmigo unos 9 meses desde que empecé a escribirlo. Ha sido un largo camino, pero ya esta completo. Pertenece a un pequeño reto que me auto impuse de escribir fic con títulos alusivos a sus técnicas de combates.

Luego de aquel encuentro, las cosas para Saga no fueron igual. sin embargo ha decidido tomar lo ocurrido como lo que fue: un encuentro de extraños. ¿Lo ha logrado?

Capitulo 03: La taza de café

“Soy un turista que a veces no entiende, el raro idioma en que me habla la gente… “

La taza de café estaba sobre la mesa, recién servida por el camarero. Su apariencia era alta y delgada, piel blanca como si fuese turrón de azúcar, sus ojos claros y de un verde brillante, además tenía el cabello un tanto largo amarrado en una cola suave color lila y se veía muy amable aunque por la forma de sus ojos y otras facciones se notaba extranjero. Su vista no se quedó en su rostro, recayó lánguidamente por el ancho de sus hombros y la forma en la que el polo del local característico se pegaba en sus brazos mostrando lo fuerte que eran. Pese a su delgadez sus brazos tenían un grosor particular, y al dar la espalda se podía ver su angosta cadera y el trasero bastante provocativo.

Él era un experto en analizar a las personas, siempre se lo habían dicho. Un primer vistazo y podría tener las principales característica del hombre o mujer que estuviera frente a él e incluso podía imaginarse su vida al final del día. El chico tenía cara de llegar y tener una casa familiar, de sentarse a leer un libro como si fuera su mayor fascinación, aunque debía ejercitarse con algo o tener algún tipo de pasatiempo que ameritaba el movimiento de sus brazos para darle aquella forma tan tallada. Oriental, también se dijo, más cuando al regresar el joven con los malvaviscos que habían pedido había notado que detrás de los mechones que caían en su frente había una especie de tatuaje de dos puntos como si fueran ojos.

Saga debía admitirlo, había regresado a sus andadas. Cuatro meses después de aquel encuentro no había pasado en vano, estaban en pleno invierno, y la presencia de un café bien caliente era más que necesitada. Y si a eso le agregamos un hermoso  mesonero que los atendiera no había nada más que agregar. En sí, el griego ahora estaba decidido a vivir su vida al máximo y dejar de fantasear con cierto tipo de persona, de cierto tipo de clase, con ciertas características que por cierto, no quería mencionar. No, nada de rubios, ni escritores, ni superman de muchos trabajos, claro que lo había superado pero no significaba que debía ser mencionado ¿no? Vetar algo era signo de que ya no le importaba y que su mención no iba a hacer mella a su seguridad, de existir.

El hecho era que en ese momento se sentía libre y sin atadura. Ningún recuerdo lo molestaba, nada afectaba su flirteo y cada vez que algo sobre ese “ser innombrable que no puede ser mencionado no porque le afecte sino porque no le importa” intentaba aparecer, simplemente lo desechaba y sonreía. En ese momento, mientras Saga sonreía al mesonero que le dirigía la mirada un tanto nervioso, se sentía el rey del mundo. ¡Oh! ¡El estaba flirteando! Si, ¡él estaba en las ligas y curado de toda depresión post traumática por un enamoramiento que solo existió en su cabeza!

¡Bendita sea la providencia!

Sin embargo, había que acotar algo en el panorama de flirteo visual que mantenía el griego con el joven mesonero frente, y era la figura de su amigo Frances que prácticamente lo quería calcinar o congelar con sus ojos (preguntándose al mismo tiempo cual sería la forma más efectiva de asesinarlo). Aquella mirada de su parte al mesonero tenía una motivación especial y oculta que no podía ser percibida por los otros dos personajes de aquella escena de ficción.

—Tengo curiosidad—comenzó a hablar llamando la atención del joven muchacho—. Mi amigo y yo nos estamos preguntando—y allí desvió su mirada hacía el francés que le decía un alto con solo la mirada—, que no eras de aquí. ¿Eres extranjero cierto?

—Saga, por favor…—replicó Camus intentando detener aquello pero la voz fluida del joven le detuvo.

—Del Tibet, aunque me críe en Turquía y ahora estoy aquí en Grecia…

—¡¡¡Tibet!!!—Camus estiró una ceja mientras el muchacho lo veía exclamar con soltura—. Ya decía yo, tu acento te delata también—llevó su taza de café a sus labios mientras miraba los ojos verdes del joven—. ¿Mucho tiempo aquí?

—Algo…—el menor miró primero al hombre que bebía la taza luego a su acompañante que lo fulminaba con la mirada—. Creo que si no hay más que pueda servirles me retiro, disfruten nuestro café.

—Lo disfrutaré, mi amigo dice que cuando lo sirves tu tiene un sabor especial.

Lo próximo que pasó era la reacción que Saga esperaba. Camus, quién ya estaba sirviéndose su malvavisco lo dejó caer de la impresión y el muchacho, por mucho que intentó mantenerse ecuánime, se mostró nervioso con la acotación. El griego solo sonrió no dándole demasiado cuidado a ello y volvió a sobre el liquido caliente, viendo como el mesonero se retiraba no sin antes echar una mirada a su amigo y el francés tenía una expresión muy parecida a Zeus.

Apenas se encontraron solos Saga miró a su amigo con una sonrisa dibujada en la cara: confiada, sagaz, inteligente, mientras el francés le miraba como si quisiera matarlo pero después de torturarlo lentamente. ¿Creía acaso Camus que Saga no se había dado cuenta? Claro que sí, para empezar porque dos semanas atrás su amigo había llegado tan animado con respecto a una nueva cafetería donde servía según él el mejor café que había probado en su vida. Y tomando en cuenta lo meticuloso que era Camus y lo difícil de impresionarlo, algo debía tener ese café. Así que curioso cada vez que llegaba a la oficina y lo veía contento por el encuentro, preguntaba qué era lo que lo tenía tan animado y respondía que era el café.

Claro, el café era la excusa, lo que lo tenía así era el nuevo mesero de origen oriental que era amable y atento y difícilmente se le veía serio, siempre mantenía una sonrisa enigmática y unos modales prolijos. Cuando lo había notado no iba a dejarlo pasar, simplemente tenía que hacerle notar a Camus que era eso lo que pasaba, y al hacerlo, su amigo solo dijo que no era de demasiado cuidado, que debería estar pendiente de su propia vida y que él solo lo veía porque era interesante. Luego que quizás era heterosexual, que lo veía amable con las chicas, que no creía que estuviera interesado en su mismo sexo… oh sí, ¡claro! Camus y sus múltiples escusas para no atarse a una relación por el pánico que le tenía a los compromisos. Si no lo sabría él…

Así que como era el buen amigo le había tendido una mano samaritana. Ahora Camus no podría dudar que el muchacho tal como lo había intuido él al entrar al local era de los suyos, es decir, le gustaba también los hombres y posiblemente morder la almohada. Además, había dejado una frase con la que seguro el joven mesonero tendría muy en cuenta su forma de presentarse al cliente en cuestión cuando volviera a visitarlo. Todo eso le decía Saga en el silencio y con su mirada, ojos entrecerrados y verdosos a su buen amigo Camus, quién desistió de decir algo más cuando la expresión de su amigo era: me debes una y grande.

—No tienes remedio…—refunfuñó finalmente el francés buscando retomar su salida y los malvavisco para disfrutar el café.

—Admite que me quieres—coquetamente aludió el griego con una sonrisa antes de ver los ojos claros de su amigo levantarse y los labios moverse en silencio con una mala palabra en francés que suele decir cuando está muy molesto—. ¡Oh vaya…!

—¿Es qué acaso debido a tu fracaso se te ha dado de suplir al Cupido?—aquello sí que le había borrado la sonrisa en la cara y su amigo pareció proseguir sin importarle aquello—. Primero a Milo con tu hermano, ahora a mí, deberías preocuparte más por tus ligues y dejar de enamorarte de parejas foráneas.

—Con un gracias era suficiente.

Genial, le habían quitado el gusto al café.

Camus tuvo que bajar la mirada cuando vio que el ánimo del griego había cambiado, voluble como solo él podía serlo. Saga en si era alguien voluble, podía gustarle algo antes que dejaría de gustarle a los días, por eso sus parejas no dejaban de ser inestables y sus relaciones un eterno ir y venir. Le había impresionado quizás por ello su obsesión con aquel rubio que fue su pareja en esos dos días, ¿cómo era posible que le hubiera llamado tanto la atención?

—Lo lamento—musitó al darse cuenta de lo duro que había sido.

—Nah… no hiciste nada—Saga intentó tomar de su café de nuevo queriendo no darle importancia a ello. Camus, simplemente suspiró e intentó hacer lo mismo.

La verdad era evidente, para Camus lo era incluso más, aunque Saga quisiera escudarlo el asunto con aquel hombre rubio no lo había dejado nada bien. Quizás se había formado ilusiones, estúpidas si veíamos que no habían bases lógicas y valederas para sostenerlas, pero en tal caso humanas y hasta comprensible. Después de todo Camus había sido quien había tenido que oír una y otra vez la historia de cómo había conocido al hombre que pudiera ser el amor de su vida.

Saga le había hablado de muchas cosas de él, comentado por ejemplo que era alérgico a las fresas, y que le había dicho que con solo sentir una en su mejilla su rostro podría inflarse. Eso le pareció gracioso, según él, porque el color que tomaba sus mejillas cuando había intimando era semejante a las fresas, roja, un rojo intenso y devorador de corduras, según sus palabras.

Así le había comentado mucho de ese hombre que aún parecía guardar con recelo la atención de Saga aunque no se hubiera dado cuenta. Le había hablado de sus varios trabajos y las razones por las que tenía que trabajar tanto, de cómo se quejaba de sus jefes y sus compañeros, de cómo decían que subestimaban o menospreciaban sus habilidades y talentos. También le había dicho que escribía, que desde joven lo hacía y hasta le había contado un par de historias de amor homoerótico que había escrito y que preservaba en la oscuridad, historias que le habían llamado la atención.

Camus había podido formar, con todas las palabras de Saga, la forma de ser de ese hombre que lo había deslumbrado. No era difícil si tomaban en cuenta que Saga no había dejado de hablar durante semanas enteras. Una de las cosas que, por ejemplo, había notado de todo aquello era que ese hombre debía reprimirse en muchas cosas más y luego de saber que tenía familia, que era padre de dos chicos, ahora podía ver con amplitud el panorama. Ese hombre que se entregó tras un intercambio de palabras y copas durante esas dos noches era un hombre reprimido sexualmente, que había conseguido una forma rápida y sin compromisos de liberar sus tensiones y cumplir sus fantasías, las mismas que quizás escribía en sus historias. Saga había sido escogido y quizás ese hombre no pensó que dejaría tan deslumbrado a su amigo.

Otra cosa que no quiso decirle a Saga para no complicar el asunto, es que quizás no fue que se enamoró de un espejismo, sino que se enamoró del verdadero hombre que solo pudo ser libre esos dos días y los otros que se permitiera con otro hombre en sus brazos. Que él que vio en el comercio era una máscara, una falsa imagen porque no estaba satisfecho del todo con su vida y las responsabilidades adquiridas no le dejaban ser libremente él. Decirlo era como darle esperanzas, era mejor dejar que pensara que se había enamorado de una ilusión y ese hombre lo había usado. ¿Podría sentirse de ese modo cuando fue consensual y nunca habían quedado en ser algo más? Claro que no, pero al parecer para Saga era menos doloroso así y Camus se lo respetaría.

Acabada la taza de café, el par de amigos pidieron la cuenta y esperaban que fuera pagada para poder retirarse a cada una de sus labores. Ambos en el negocio de periodismo se habían conocido hace casi cinco años, se habían vueltos colegas y amigos y prácticamente para el griego Camus era lo más cercano a un confidente. Por eso pese a la primera parte de su salida había sido algo tensa, cuando se despidieron del mesonero recibiendo su cambio y la factura ya se mostraban más tranquilos y abiertos. Saga sonrió revisando el papel donde estaba todo los costos derivados de la hora de encuentro en el local, mientras Camus revisaba la hora y acomodaba instintivamente sus lentes oscuros. Algo en el papelillo le dio curiosidad al griego, y al haberlo notado mejor su sonrisa se ensanchó con picardía. Acto siguiente, volteó para ver a su amigo que al  ver su expresión no pudo evitar entrecerrar sus ojos y mirarlo con un aire de: “ahora que estará pasando por su cabeza”.

—¿Cuánto?—el francés levantó una ceja sin entender— ¿Cuánto me darás por esto?—y entonces le mostró el papel con lo que parecía un número de teléfono anotado.

—Dámelo…—era curioso para Saga ver la expresión que el descubrimiento había traído a su amigo. Sus ojos se habían abierto de par en par y estaba visiblemente más interesado en el papel—. Saga…

—Jajaja, ¿cuántos por él?

—¿Qué quieres?—el griego hizo la expresión de pensarlo detenidamente, aunque realmente eso no era lo que estaba haciendo. Ya tenía en mente que era lo que iba a pedir a cambio y eso lo mostró en su enorme sonrisa

—Has mi siguiente guardia gratis—no había terminado de decir la frase cuando Camus en un tirón le arrebató el papel de sus manos y él se quedó viendo el espacio vacío entre sus dedos.

—Considéralo hecho…

El griego solo suspiró antes de pasarle un brazo al hombro y seguir caminando por la calle rumbo a la oficina de la prensa. Comenzaron a comentar de otras cosas que habían quedado pendiente en el café.

Hablando de su hermano, recordó que tenía que visitarlo de nuevo al hospital donde aún estaba con su pierna enyesada. Vaya manera de decidir pasa navidades, luego de que casi se mata por andar en moto en lugares de dudosa reputación. Milo estaba tan asustado y pálido que estaba seguro que la cera de una vela a un lado estaba más colorida que él. Pasó toda la tarde recordando cómo había pasado aquello. Si bien ya había quedado con muy mala impresión frente a Milo después de pasar el acalorado fin de semana con aquel rubio al que no quería mencionar, Saga no se quería rendir. Tuvo mil u una manera de escudar su desliz, peor el terreno perdido estaba bastante difícil de ceder. Quizás más ayudado por el desamor luego de haberse encontrado con aquel hombre en la tienda por departamentos, decidió que era hora de volver, de intentarlo con Milo nuevamente. Así que para disfrazar sus intenciones se había llevado a su hermano.

Craso error.

Si Milo se deslumbraba con sus cuentos de periodismo, ¿cuánto más cuando Kanon le contó que era un vagabundo por la vida que se la pasaba en moto? Casi, casi, le dijo: hazme tuyo. Bueno, eso de manera exagerada y en la irritada cabeza de Saga que era un verdadero infierno y su especial predilecta para atormentarlo. Pero en cámara lenta lo vio, como él fue relegado al traste y Kanon no se conformaba con ir los viernes sino todos los días hasta que por fin lo consiguió. Lo irónico del asunto es que, fuera de todo pronóstico, su hermano si se encontraba realmente enamorado y eso no era una relación más como lo que Saga buscaba con antelación. Así que en palabras de Kanon fue un: lo salvé de ti.

Pensar que antes era el serio de la familia. Si claro. Ya no había respeto.

Luego de salir de la oficina y despedirse de Camus que parecía aún meditar entre sí llamar o no ya al muchacho, pasó primero por una floristería y pidió un modesto ramo para luego dirigirse al hospital. Saludó cortésmente a la enfermera y luego de eso entró a la habitación notando que no había nadie y su hermano estaba con su Ipod seguramente a todo volumen a juzgar por cómo movía la cabeza. Podría tener su edad, y estar por encima de los 30 años, su melena era aún más larga que la propia y tenía un par de aros negros en sus orejas. Era un rebelde de la vida, que en mucho tiempo atrás había dejado las cosas que lo destruían, como las apuestas y las drogas. Ahora solo disfrutaba de la libertad de su moto, de los juegos fotográficos que tomaba y del dinero que le generaba esos pequeños placeres.

Se acercó a la camilla donde su hermano aún tenía en alza el yeso ya autografiado por Milo y sus mensajes de ánimo y amor. Con una ceja enarcada notó que su hermano no se había percatado de su presencia, por lo que decidió hacérsela saber dejando caer su ramo sobre su pecho y sobreexaltándolo en el momento.

—¡Mierda!—el mayor sonrió—.Joder, Saga, me asustaste.

—Dicen que si vas a enviar flores sea en vida y no muerto—enarcó una ceja y luego rio ante la cara de su hermano con las flores en el pecho.

—¡Que te vayan a joder!—refunfuño su hermano lanzándolas a un lado. Para él no fue en broma, realmente pensó que se iba a matar en ese accidente.

—¡Al menos me las puedes rechazar!—bromeó pasándole una mano por el cabello—. Debes estar obstinado de estar aquí o hay buenos traseros que ver.

—Tengo ganas de sexo y estaré castigado por dos meses con esto, ¿te parece poco?—recriminó su hermano viéndolo de reojo.

—Algo me dice que Milo no te dará siquiera una lamida para quitarte las ansías—la cara de su hermano lo confirmó, por lo que lanzó una carcajada—. Jajaja ¡no quiero estar en tus zapatos!

—¡Jodete, Saga!

Pese a que el inicio no parecía más que una discusión de dos hermanos, la conversación comenzó a suavizarse conforme los minutos pasaban. Saga le preguntó cómo se sentía, como seguía Milo al respecto de lo que ocurrió y si había visto algo con lo del seguro. Su hermano le respondió que con sinceridad, lo menos que había pensado era en el seguro de su adorada moto. Que en ese accidente sintió que tenía mucho más que perder, que la moto que lo había acompañado por años. Saga en ese punto bajó la ceja con seriedad por el tono que su hermano había usado, era inevitable no pensar que por un momento el mismo sintió que podía perderlo para siempre, pero la idea de la muerte le aterraba, en si le aterraba el paso de la edad y la vejez. Era como si atentara con la visión de inmortalidad que sentía él sobre sí mismo la juventud eterna y todas esas vanidades que puede tener un hombre que ha vivido solo la mayor parte del tiempo.

—¿Dejarás de correr?—preguntó su hermano absortó ante la determinación del menor. Kanon asintió con un leve enarcamiento de su ceja, como si quisiera decirle con ese gesto que comprendiera—. Kanon, carajo, has estado corriendo en una moto desde tus quince años, jamás te importó lo que nuestros padres decían al respecto. ¡Lo que nadie decía! Decidiste no estudiar, sino viajar, ahora por tener un accidente minúsculo como este…

—Saga, ya lo dijiste, tengo la mitad de mi vida corriendo en una moto, pero no tengo nada más. No tengo titulo, no tengo casa propia, me la paso invadiendo la tuya o la de mamá en cuanto puedo. No tengo nada—reforzó esas palabras—, y cuando pasó, cuando ocurrió, lo único en lo que pensé es que tenía dos semanas sin ver a Milo—no entendía en que parte de eso Milo estaba involucrado por lo que Saga achicó la mirada—. Pude haber muerto, Saga…

—Pero no pasó, tu cabeza no dio contra esa piedra, con una mierda—pulsó con sus palabras bastante alterado con lo que escuchaba, no sabía porque razón, no entendía por qué. Su hermano parecía que si lo entendía, le pasó una mano comprensiva en su antebrazo y se burló con una sonrisa.

—No lo hago por miedo, si eso piensas. No dejaré de ser el Kanon que se jode a todos porque quiere. Solo haré lo que quiero, y esta vez quiero esto. No dejaré las motos, pero ya ellas no guiaran mi vida. Quiero un estilo de vida donde pueda estar con la gente que quiero, y seguir jodiendo como me gusta. Quiero un estilo de vida donde pueda ver a Milo más seguido…

Esa habilidad de ver algo especial en una taza de café…

Esa habilidad de querer cambiar tu vida por un segundo más con esa persona.

Eso que él había perdido. Saga tensó su mandíbula escuchando a su hermano, quien no sabía en verdad  a qué nivel le estaba tocando sus palabras.

—¿Me ayudarás? No sé cómo es vivir como la gente normal.

Esa habilidad de ver en unos simples ojos azules todos los colores del universo cuando los tenía cerca.

Shaka de nuevo trastabilló dentro de su cabeza.

—Lo haré.

Trastabilló como lo que nunca podría ser…

2 thoughts on “Another Dimension (Cap 03)

  1. Hola
    No conocía el CamusxMu
    Fue extraño, ver/leer un Camus así nervioso, y Saga de celestina(o como se diga) 🙂
    Saga ya no piensa en Skaka???!
    Uhhhh, golpe bajo xD
    La parte donde Saga habla con Kanon me conmovió, pobre Kanon, dejando de correr por …que?
    Su hermano o Milo?
    Este capitulo fue de incertidumbre total, no entendí que paso con SagaxShaka, parece que se olvidaron, o es que ya acabo
    Nooooo! No se puede quedar así !
    Disculpa…
    Realmente me encanto este cap.
    Besos, cuídatee y si puedes, actualiza 🙂

  2. Aowww Alejandra me alegro mucho que te gustara el fic. Sé que fue extraño el Camus x Mu peor es algo que quería experimentar. Sobre que pasó con el Saga x Shaka ya veras, este fue una pequeña transición, en el siguiente que publico en dos días comprenderás todo y el final lo publicaré el lunes entrante. Espero estés atenta y disfrutes la trama porque todo tiene su porqué 😉

    Kanon lo dejara por Milo, para estar más tiempo con Milo.

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