El permiso (El Cid x Degel)

Rumbo a la sala del patriarca, Cid realiza el rspectivo protocolo de pedir permiso antes de atravesar las casas.

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Temas: Yaoi, Romántico
Personajes: Cid, Degel
Resumen: Rumbo a la sala del patriarca, Cid realiza el rspectivo protocolo de pedir permiso antes de atravesar las casas.
Dedicatoria: A Jael y a mi geme Karin que seguro amaran este fic tontuelo xD
Comentarios adicionales: No sé porqué salió, solo quería escribir algo relajado porque mi angst de Saga x Shura no sale.

El Permiso

Aquella mañana en el santuario estaba resplandeciente, pese a la lamentable ausencia de Sisyphus. El mayor de los dorados en ese momento había salido a buscar a su diosa y era notable que la ausencia de él se sentía incluso en los campos de entrenamientos. Precisamente hacía allá se dirigía, siendo él el ahora encargado de muchas de sus actividades, Hasgard hacía muy bien su trabajo entrenando a los nuevos aprendices y Aspros estaba muy concentrado en sus reuniones con el patriarca, así que él se encargaba de supervisar el lugar y en especial a los dorados que se habían incluido en la última época.

El último dorado en entrar al santuario había sido un rubio venido de la India que había dado de que hablar. Solo era necesario compartir una copa de licor con Hasgard para escucharlo decir todas las reservas que tenían con el jovencito. A él le parecía alguien singular, pero no era como para captar tanta atención. Lo que si había notado es que era el más callado y quieto de todos los dorados, cosa que agradecía después de haber tenido que ver a Kardia y a Degel llegar al santuario un año atrás. Bueno, solo Kardia, con ese bicho todos habían tenido que sembrar la paciencia.

Echó atrás su capa pensando que afortunadamente se había acostumbrado bien a la vida en el santuario y a obedecer a sus mayores, aunque en su momento fue tarea difícil. Degel a su vez había logrado su objetivo con mantenerlo la mayor parte del tiempo distraído. Se preguntaba cual era el secreto de ello. A veces su mente divagaba en misterios dentro del santuario.

Cuando decidió que era un buen momento para subir a la sala patriarcal al debido informe matutino, sus pies se pusieron en marcha caminando sobre los escalones que llevaban a acuario. Prácticamente todos los guardianes de las casas doradas estaban prontos a reunirse. Al menos ya se tenía el visto a los dos últimos dorados que faltaba por convocar, en Aries y en Libra. Esperaba con ansiedad el momento que se le designara a uno de ellos para buscar a su compañero, si era posible a él. La idea de escoltar a uno de los suyos al santuario la consideraba un honor tan grande como él que gozaba su amigo al traer a la diosa a su templo sagrado. Con seguridad movió sus pies pensando en lo que significaría tener la misión de traer a uno de los últimos dorados que defenderían a su diosa ahora que la guerra se avecinaba. Pensaba tanto en eso que cuando se dio cuenta no habían más escalones que ascender y se encontraba de pie frente a la puerta del templo de Acuario.

Caminó con confianza buscando la entrada a la sala principal donde ya se sentía el cosmos frío de su guardián. Recordaba que en su tiempo, cuando esta estaba desocupada, carecía de todo rastro de cosmos. Desde que cada quien ocupaba su templo empezaba a manifestarse entre las pareces un vestigio de quien los protegía.

Como sabía que parte del protocolo era el detenerse y pedir permiso, detuvo sus pasos esperando pacientemente que su guardián le recibiera. Anteriormente podían pasar por esa y las otras casa haciendo caso omiso de ello, pero ahora lo consideraba una falta de respeto y un desacato a la autoridad. Después de todo cada quien era dueño de su templo y poseían la libertad de acotar ciertas reglas.

—Degel de Acuario, pido permiso para atravesar tu templo—se anunció con porte erguido esperando una pronta respuesta que se hizo esperar.

Esta se hizo esperar y en ese tiempo Cid posó su peso en su pie derecho esperando que entre las columnas apareciera su protector. No acostumbraba a dar un paso más sobre el templo sin el permiso concebido. Él era de los mayores y tenía que dar el ejemplo. Después de todo si se la pasaba llamándole la atención a Kardia que subía como si fuera su casa cada vez que quería visitar a su amigo e ignoraba todo los protocolos instaurados desde las bases del santuario; él no podría hacer menos, no había algo más deshonroso que eso.

Esperó por el lapso de media hora mientras divagaba sus pensamientos en cuando fue la última vez que habían limpiado las columnas del templo cuando por fin su dueño salió, y lo encontró de pie en la entrada. Cid le miró con seriedad notando que su cabello estaba despeinado y había rastro de polvo. En lo que recordaba no había visto al santo de Acuario en tan precario semblante.

—Lo lamento…—se quitó los lentes para limpiarlos con un pequeño pañuelo que traía en la mano—. No te había oído, ¿tienes mucho aquí?

—No hay problema—respondió restándole importancia—. ¿Percance hogareño?—Degel volteó hacía la dirección de su biblioteca y renegó.

—Solo buscaba un libro, pero no lo encuentro—se dio media vuelta para volverse a internar en la biblioteca—. Ven, considéralo tu casa.

Pese a que lo que esperaba Cid era el permiso para avanzar, fue tras la espalda del galo llevado por su invitación a seguirle. Quizás y tenía algo que entregarle para llevar al patriarca, después de todo no le era un secreto que era con quien compartían la lectura de las estrellas. Y si andaba buscando un libro con tanto ahínco debía ser para algo, aunque le causaba una pequeña chispa de curiosidad el pensar como Degel podría perder un libro cuando se le veía que era una persona muy ordenada.

Tuvo que desechar ese pensamiento. Con solo entrar a la biblioteca y mirar a la pila de libros que yacía en la mesa y otro pila en el suelo se hizo una idea de que no era más que una impresión.

—Lamento el desorden—sacudió ahora un par de libros y Cid mantuvo su postura mirando todo el lugar—. Estoy seguro que lo dejé por aquí—el santo de capricornio pensaba que era difícil un “por aquí” con tanto cúmulos de libros desordenados y apilados.

—Deben estar en algún lugar—corroboró antes de sentir como Degel se movía libremente por el pasillo hasta cruzarlo.

—No, seguro Kardia se lo llevó o en su defecto fue Asmita.

—¿Asmita?—su interrogación quedó en el aire porque Degel desapareció de la estancia y lo dejó solo. Cid pestañeó una vez antes de volver su rostro en donde descansaban los libros.

Pensó que si Degel quería tener más control, debía tener más orden. Y como aún no obtenía el permiso para cruzar la casa se dispuso a ocuparse en ello. Después de todo, no esperaba que Degel regresara tarde. Quizás y solo había recordado donde lo había dejado y regresaría casi de inmediato. Su faena comenzó con recoger un par de libros y ver qué espacio ocupaba en la librería. Si Degel estaba buscando seguramente los sacó y apiló como parte de lo que no cumplía con lo que quería encontrar. Era el pensamiento más lógico.

Mientras movía los libros y comenzaba a mover los lomos según el tamaño, siguiendo algún estructurado orden en su cabeza, se preguntó que tenía que ver Asmita con la pérdida del libro. El hindú apenas tenía un par de meses, le parecía increíble que hubiera podido desarrollar tanta confianza con Degel siendo el francés como era. Es decir, Kardia era comprensible, el griego conseguía acercarse a quien quisiera pero… ¿Asmita? Aquello le parecía extraño, ¿qué pensaría Hasgard de ello? Cómo sabía que no era algo que él comentaría, simplemente se dedicó a arreglar la otra pila de libro, y la otra, sin darse cuenta del todo. Cuando se percató ya no había más libros que acomodar.

Bueno, al menos había ayudado a su compañero con el desorden.

Cuando Degel regresó a la casa con su libro, se encontró con Cid en la estancia, mirando de nuevo hacía una de las columnas. El galo se le había olvidado que había dejado su compañero esperando y le había tomado una hora en convencer a Kardia que le devolviera el libro. Frunció su ceño suavemente y le miró sintiéndose avergonzado. Vaya manera de darle un desplante a uno de los mayores.

—Disculpa la tardanza—se lamentó mostrándole el libro—. Kardia me dio problema para entregármelo.

—Al menos ya lo tienes—le miró con seriedad el mayor, no muy contrariado con la espera.

—Si… ¿Ya estás de regreso?—Cid lo miró fijo haciendo que la respuesta fuera evidente. Degel levantó una ceja sin comprender—. ¿No te has ido?

—No me has dado autorización de pasar tu templo.

Degel quiso acotar algo, pero se halló sin palabra que decir a su favor. Sabía que con Cid no había media tintas, pero sinceramente aquello sobrepasaba su lógica. Por un lado sentía una enorme curiosidad y por el otro, unas sinceras ganas de reír que las aplacó con bastante esfuerzo.

—De todos modo, me disculpo. Te he hecho esperar demasiado—le mantuvo la mirada—. Puedes pasar por mi templo.

—Gracias—se dio la vuelta pero la voz de Degel lo detuvo-. La próxima, pasa con confianza. A veces estoy ensimismado en la biblioteca y no quiero hacerte esperar.

—Lo tendré en cuenta.

Cid caminó solemnemente por el resto de la estancia hasta perderse hacía los escalones de Piscis. Degel suspiró, era un hombre de modales muy definidos y creencia irrefutable, aunque consideraba exagerado esperar tanto por un permiso.

Renegando decidió entonces internarse a su biblioteca, pensando que por fin había conseguido el libro con la pieza faltante a su investigación, pero mayor fue su sorpresa al entrar y no ver todo el resto de lo que ya había catalogado. Los libros con información importante de astronomía ya no estaban apilados en su mesa y los libros sobre historias del mundo ya no estaban apilados en el suelo, con sus anotaciones, con pequeños fragmentos de papel marcando las hojas. No había nada… todo estaba tan limpio.

Por un largo rato se quedó admirando el enorme vacío de todo el trabajo de dos noches desechos en una hora.

Nunca le había salido tan caro no dar a tiempo un permiso…

2 thoughts on “El permiso (El Cid x Degel)

  1. Ja, me encanta xD La pesadilla de Dégel! Qué horror! Muy divertido de leer 🙂 A Circe también le gustaría, avisale!!! (yo estoy desaparecida mientras termino con un asunto)

    1. Dios santo mio!!!! te leo!! te leo!!!! Jajajaja fue un fic tonto peor me alegro que te haya gustado!!! *O* jajaja que lindo leerte y sii, pensé mucho en Circe… se hace extrañar, ¿has sabido de ella?

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