Another Dimension (Cap 04)

Después de la conversación con su hermano, muchas cosas pasaran en la cabeza de Saga, quien aún anda pensando en aquel encuentro fortuito.

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Temas: Yaoi, romántico, drama, Universo Alterno.
Personajes: Shaka, Saga, Milo, Camus, Kanon, Mu
Resumen: Dos hombres solos en el bar de un hotel inician una historia que tendrá más aristas de la que esperaron encontrar.
Dedicatoria: Para todos los miembros del club, a todos los que fueron y los que son y están  A todos los amantes de esta pareja y sobretodo a todos los que me leen.
Comentarios adicionales: Este fic tiene conmigo unos 9 meses desde que empecé a escribirlo. Ha sido un largo camino, pero ya esta completo. Pertenece a un pequeño reto que me auto impuse de escribir fic con títulos alusivos a sus técnicas de combates.

Capitulo 04: Los ojos de niños.

“Siguiendo ese camino de luz donde termino y empiezas tu”

Era notable en las calles de Grecia como el clima había bajado su temperatura. Aún no había rastro de nieve, pero sí de lluvia, pequeñas lloviznas a veces en medio del sol fuerte de Grecia, nubes que se empeñaban a cortar la luz solar para hacerles saber que ya no era verano. Además, en las plazas más grandes se veían ya los arboles decorados con las luces navideñas y los niños a veces corrían con sus abrigos como si estuvieras atento a la primera nevada. El ambiente era fresco, era tranquilo. Era navidad, se acercaba año nuevo. Por lo tanto todo era sonrisa pese al golpe de la crisis griega y a lo mucho que se sentían apretados la mayoría para pasar una navidad en familia como años atrás.

Al menos Saga agradecía por ese momento ser un hombre felizmente soltero homosexual. No tenía que preocuparse como aquellos de llevar un pavo en casa ni de regalos para los niños. No había que hacer cuentas a fin de mes ni endeudarse por dejarles un mejor regalo o al menos tenerles nueva ropa para la fiesta. Solo se preocupaba de él y de su bien acostumbrada vanidad, de que tuviera lo que quería y una buena botella de Whiskie para celebrar.

Además, estaban los beneficios económicos que significaba no tener pareja fija. Nada que ver con costosos regalos o viajes de ensueños para demostrarle que también como lo mueves en la cama lo mueves con tu bolsillo. Nada de tener que darle unas costosas camisa de Hugo Boss o un bolso de Armani, simplemente se tendría que preocupar si era él mismo quien quería esos gustos. En cierto modo, la soledad en navidad era buena porque se cuidaba a sí mismo de quedar en la banca rota. Pobre de los ilusos que ahora no pueden decir eso.

En efecto, no tenía que apurarse más que por comprarle la siempre botella de Vodka para el regalo de su amigo y un par de jeans para su hermano gemelo, un pequeño presente para sus padres y listo, navidad pasó sin pena y gloria. A veces era deprimente pensarlo, pero cuando eso pasaba, Saga lo evadía muy bien buscando a alguien en la cama con quien acostarse y fingiendo que nada pasó, con bastante maestría. El asunto es que en ese momento ya no podía hacerlo.

Con un ardor molesto en la garganta pagó el café que había pedido en la cafetería mientras veía tras los ventanales a la gente caminar. Como Milo llegó de su ronda de trabajo, su hermano le pidió que esperara para poderlo llevar a su casa. Así que él estaba allí dejando que sus pensamientos le comieran el tiempo que debía estar esperando a que ellos terminaran deberse. Suspiró hondamente viendo su móvil una vez más. Decidió escribirle a Camus y eso efectivamente le había bajado bastante la sensación que le quedó tras la conversación con Kanon. El francés siempre sabía como con atinados comentarios sacarle una sonrisa, y aún así burlarse de su precaria situación. Entre mensajes le comentó que había decidido llamar al mesonero para conversar.

Si, solo conversar.

Saga renegó mientras seguía leyendo a Camus comentarlo que en lo poco que habían hablado habían congeniado en muchas cosas: libros, autores, películas, festivales de cines. Parecían que podían hablar durante horas sin cansarse de lo mismo que le gustaba, y que debía admitir que se encontraba bastante complacido por lo que había obtenido tras la llamada. El griego leyó todo con una mano bajó su barbilla, mirando de vez en vez el reloj para verificar que no se le fuera a pasar el cierre de la hora de visita. Tal parece, que tendría que seguir escuchando de quien es Mu, de lo que hace, de lo que le gusta, durante al menos esa semana. Internamente le alegraba aquello, pero…

Aquellas palabras que Camus le dijo en la cafetería habían resonado de nuevo en su cabeza, palabras que no había dejado de sopesar dentro de su inconsciente. Era verdad que cada vez que ponía daba su grano de arena para empujar a otros a iniciar relaciones, pero también era muy cierto que por dentro no esperaba que esas relaciones durasen. En sí, encontraba un placer sádico y egoísta al saber que una relación fracasó, como si de ese modo pudieran entender mejor la situación en la que estaba, especialmente desde que había recibido ese choque con la realidad. Camus se lo había hecho saber y con lo ocurrido con su gemelo estaba más claro en ello.

Realmente, era un imbécil y si, un retorcido.

Después de desechar el vaso de plástico en la cesta de basura, caminó notando que Camus tardaba cada vez más en responder. Sin darle demasiado cuidado guardó su móvil mientras caminaba por el pasillo de la clínica, demasiado metido en sus pensamientos. Era navidad, y efectivamente ya había un enorme árbol navideño decorando la sala de espera del edificio. Metió ambas manos en los bolsillos dejando por fuera su  chaqueta sin abotonar y l vista de su camisa azul, la misma que había comprado, casualmente, el día que se lo encontró. Por un momento su mente se quedó pensativa observando el árbol decorado y que, en efecto, Shaka debía ser uno de esos hombres al que él no envidiaba, atareado por las fechas decembrinas, pagando impuestos, comprando regalos y pagando deudas que no fueron suyas contraídas en ese año.

Teniendo una familia, totalmente ajena a lo que era él, lo que representó o pudo ser en dos noches de escape.

Recordó entonces como, con solo algunos pedidos de comida china se quedaron acostados en la cama el primer día que amaneció. Como empezaron a preguntarse cosas y él empezó a hablar mientras era escuchado por Shaka mientras desnudo pasaba un poco de fideos sazonados con salsa de soya a sus labios. La forma en la que le sonreía mientras le escuchaba y como mordisqueaba los palitos chinos entre sus dientes prestándole atención. La forma en la que su piel se estremecía cuando con dedos mojados de salsa comenzó a tocarle la parte baja del vientre y como se halló pensando que quería ver, de nuevo, esos ojos azules explotando estrellas en medio del orgasmo ahora durante el día.

—¿Seguro no tienes que hacer nada esta mañana?—le preguntó aquella vez, mientras sus besos bajaban condescendiente hacía la piel de su costilla. Escuchó a Shaka suspirar con dificultad.

—Seguro… seguro que no tengo ni quiero salir de aquí hasta mañana…

“Estaba huyendo…”

Como un fugitivo de la justicia, buscando un escondite donde lo librara de sus verdugos, de sus ajusticiadores, aquellos que querían matarlo sofocándolo de deberes que quizás, ya no quería tener. De sus trabajos, de su esposa, de quizás toda su familia. De él mismo.

—Entonces yo también me quedó hasta mañana, al menos que tengas otros planes—le dijo allí, desechando cuanto tuviera en su agenda, desechando todo por estar esos dos días con él. Y Shaka le había sonreído desde su lugar para dejarle luego una caricia indolente en sus cabellos.

—Si te tienes que ir no tiene razón el que me quedé…

Sus cejas estaban bajas mientras veía sin real atención el árbol frente a él, abstraído por sus memorias. No fue sino hasta el momento que una infantil mano le tomó del pantalón que pido volver de sus pensamientos y bajar su mirada para ver quién era. Por un momento se quedó mirando a la niña de cabello castaño corto con un vestido violeta que le sujetaba la pierna y le veía con expresivos ojos verdes. No sabía por qué lo estaba sujetando, quizás casi estaba por caerse, razonó. Pero la niña no lo soltó y más bien lo miraba como si lo hubiera reconocido.

—¿Vamos a visitar a papá?

—¿Eh?—el hombre no entendía a que se refería la niña, pero esta no dejó de agarrarlo firmemente del pantalón jeans que llevaba puesto

—Papá está cansado.

—Sasha, no molestes al señor—escuchó otra voz infantil y al levantar un poco la mirada vio a un niño de cabello rubio acercarse, un poco más mayor que ella. Allí, allí los recordó.

—Pero está despierto. Enfermera dice que descansara, hasta que mejore, ¿vino a visitar a papá?

Eran sus hijos… ¡Eran los hijos de Shaka! El hombre se quedó mirándolo a ambos, aterrados, no sabía por cual perspectiva. Si el hecho de que los niños lo hubieran encontrado, que la niña lo hubiera reconocido o que precisamente estuvieran en una clínica con su padre “cansado”. Su mirada viajó hasta el menor que tomó la mano de su hermana jalándola para que soltara su pierna y discutiendo en su voz infantil. Buscó entonces con su mirada si había rastro de aquella mujer que recuerda vio en la caja registradora de esa tienda. Porque claro, esa escena se le había grabado como postal, era la misma que se repetía una y otra vez cuando estaba enterrando lo que nunca pudo ser.

—Aaron, él señor conoce a papá. Es amigo—replicaba la niña y el periodista bajó la mirada de nuevo a su pierna, donde la niña se paraba graciosamente frente a él, con sus manitos en la cintura y el lazo torcido—. Seguro no sabe donde está papá.

—Yo no recuerdo que papá tenga amigo—replicó el mayorcito, ahora subiendo la mirada al mayor.

—Él si es amigo, estaba con papá cuando compró cuaderno de flores—ante esa respuesta el chico que se hacía llamar Aaron subió la mirada hacía él como si quisiera reconocerlo. Para cuando se dio cuenta, los dos niños lo veían con sus ojos expresivos, como si fuera él algo diferente.

Había una perspectiva efectivamente peor: ver los ojos de esos dos niños segundos después de haber recordado como besaba a su padre mientras lo llenaba de salsa de soya desnudo en la cama de un hotel. Saga no pudo evitar tragar grueso y maldecir por dentro a su consciencia o el rastro que quedaba de ella, o a las casualidades que parecían estar dispuestas para darles los mejores sin sabores aprovechando que el peor año de esa década no había acabado. Como fuese, los niños estaban visiblemente solos, no sabía por qué razón, y la idea de preguntar por la madre era incluso inverosímil. No podía llegar a ese punto de descaro.

—Papá está cansado y se desmayó. ¿La gente cansada se desmaya?

No pudo quedarse allí. Sacudió su pierna haciendo que la niña lo soltara y con un: “no los conozco”, se alejó de la escena cuán rápido que pudo ignorando los pocos pasos que dio la menor quizás tratando de seguirlo. No era su problema, eso pensó, no era su problema, lo que pasara con ese hombre no era su problema, nada de él era su problema. No era su problema se repitió cuando al entrar al baño de hombres de inmediato se echó agua a la cara para tratar de esa pesadilla. Meses intentando huir de la presencia de ese hombre que lo había marcado y ahora, justamente en ese momento, justamente después de las palabras de Camus y de su hermano, su fantasma se bifurca en las proximidades instándole a regresar. No era su problema y sin embargo, se quedó allí, frente al lavado con las manos en la loza y mirándose el rostro por primera vez en esos meses con un real detenimiento. Diciéndose a sí mismo: “pero me siento arrastrado por él”.

Mordió su labio con fuerza y se separó con brusquedad del lavamano, para pasar su mano pro el cabello, para tratar de entender qué demonios se estaba levantando dentro de él producto de lo que había vivido ese día, lo que había vivido ese año. Las mejores noche de sexo, las mejores conversaciones, eso definía esos dos días que estuvo con Shaka. La mejor y más desgraciada fantasía, el golpe con la realidad, el desamor. Eso significaba Shaka fuera de esos dos días. El engaño, la sensación de ser usado y relegado, la desazón… Se miró de nuevo al espejo con sus manos en el cabello apartando los mechones de su frente. La arrugó copiosamente, molesto con verse tan afectado, tan vulnerable a ello, a eso, a él. Se maldijo, maldijo el recuerdo de Shaka y con un portazo maldijo a su mente que quería volverlo a llevar a esa espiral que tanto le costó abandonar.

Decidido fue a buscar a Milo en la habitación de Kanon y no le importó casi jalarlo y evitar las despedidas dulces que lo tenían alterado. Su hermano replicó, pero aquello no le importaba. No le importaba nada. ¡Tenía que salir de allí! Antes de que los niños le encontraran, antes de ver a esa mujer, antes de que en un maldito impulso le preguntara a cualquier enfermera donde estaba la habitación donde Shaka descansaba. Antes de tener el impulso de acercarse a la puerta, verlo de lejos y si, comprobar que tan mal estaba. ¿Para reírse o para condenarse? ¿Para hacerle ver que él era uno de los malditos que no podrían salir del closet o para lamentarse por no poder ser suficiente para que él lo hiciera por él? ¿Por pensar absurdamente así?

No le importaba, no era su problema, no tenía nada que ver con él. Su mente decía eso una y otra vez mientras jaloneó a Milo fuera del hospital y atravesó el estacionamiento con una furia indecible que iba en aumento mientras sus pensamientos atropellaban los segundos. Escuchaba a Milo preguntarle qué pasaba, que lo tenía así y que lo soltara ya de una buena vez, incluso a jalar para liberarse cosa que no le permitió. Lo empujó toscamente contra la puerta del copiloto y sin decir nada más dio la vuelta hacía el asiento del conductor, sintiéndose con los nervios de punta, decidido a abandonar el lugar. Abrió la puerta y la cerró con fuerza, tomando con fuerza el volante para tratar de retomar la respiración y a su vez esperando que Milo entrara. Pero no pasó, miró por el retrovisor y divisó el cuerpo de Milo perdiéndose por el estacionamiento camino a la carretera. No pudo evitar golpear con fuerza y frustración el volante. Efectivamente, el menor no pensaba estar con Saga en esas condiciones dentro de la camioneta y había decidido irse por su cuenta.

Masculló una nueva maldición y se quedó allí, dentro del auto apagado y con la vista en la oscuridad que cubría a la pared frente a él. Tuvo la necesidad de un cigarro, pero no tenia ninguno en su auto ni en sus bolsillos, ya que estaba en su propósito de evitar el fumar. Se sentía desgraciado y esa sensación le parecía asquerosa. ¿Por qué razón? ¿Por qué le afectaba tanto? No podía entender, no podía dilucidar a razón por la cual Shaka le había afectado tanto. Cerraba los ojos y solo podía verlo a él, a él en sus brazos deshaciéndose en sus caricias, a él mirándolo con apenas ansias contenidas. Lo miraba a él, recordando que al inicio fue una tormenta pasional. Que entre besos apenas pudieron abrir la puerta y antes de que él mismo se diera cuenta el rubio lo había empujado contra la cama, haciéndolo sentar para luego desfajar su corbata y subir su rodilla al colchón. Recordó que en ese punto de locura lo tomó de la cadera arrojándolo contra el colchón y sin mediar nada se subió sobre él, lo besó con ansias sujetando sus manos y con la firme seguridad de que no dejaría que se aprovechara y tomara el control. De demostrarle que nadie le coquetea así y sale bien librado. Que era mejor amante de lo que podría imaginar.

Era solo sexo casual… Era sexo casual y aún así quedó atado.

¿Por qué no le dijo? ¿Por qué no le habló con los verdaderos términos? Que era casado, que tenía dos hijos, que era una aventura que no se iba a repetir. Entonces el solo lo habría tomado esa noche. Solo le hubiera dado el mejor sexo de su vida, hasta que no pudiera ponerse de pie y entonces, con seguridad, habría abandonado esa habitación esa misma noche y no… No se hubiera amarrado a él.

Él esperó que Shaka le diera su número, que le diera un modo para comunicarse. Le había tendido el suyo, recordó. Le insistió en que le diera modo de cómo hablarle, lo hizo hasta que el rubio le besó levemente los labios y le dijo esas gracias. Gracias… Gracias con una mirada de agradecimiento como si lo hubiera salvado de alguna clase de maleficio. Unas gracias que le supieron a despedida y a añoranzas, quedándose desnudo, dentro de esa habitación que ni siquiera estaba a su nombre…

No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado pero el sudor comenzaba a incomodarlo dentro de su camioneta. Desganado veía los tenues reflejos de luz sobre la pared, preguntándose en qué punto se había perdido. Había escuchado su teléfono sonar varias veces minutos atrás, pero no tenía ganas de nada, de hablar con nadie hasta haber resuelto la enmarañada de pensamientos en su cabeza. Estaba perdido precisamente en ellos hasta que escuchó el fino toque de un metal contra la ventana. Al voltear con ojos cansados y semblante fastidiado, divisó a su amigo francés con las llaves en mano. Tuvo que burlarse de sí mismo ante la perspectiva, como las palabras y la situación lo habían orillado a tener esa semi implosión. Había pensado que lo había superado, pero no era así… No había superado aún a Shaka y lo que pasó esas noches. Aún le pesaban los porqués.

Pulsó el botón de su pasamano y el vidrio de la puerta descendió suavemente. Suspiró y miró a los ojos de Camus con sus cejas bajas y una arruga en sus cejas. Su amigo suspiró y se reclinó a la puerta, enarcando una ceja.

—Creo que tenemos que hablar—detestó esas palabras, más porque sabía que tenía razón—. Vamos.

Minutos después pudo encender un cigarrillo que le aliviara la ansiedad que sentía en su interior, llevándoselo a la boca con lentitud, sorbiendo de él y soltando finalmente un hálito de nicotina al aire. Luego miró el tubillo como si buscara reconocerlo, su forma, la textura entre sus dedos y lo diferente en su boca, sus colores y sus dimensiones. Lo miraba como si fuera un viejo aliado.

—Prometo que no fumaré más después de hoy—murmuró y Camus, a su lado, bebió un poco del agua mineral que había comprado al momento de comprar esa caja de cigarros y suspiró evadiendo con su mano el olor a cigarro.

—Me preocupó que no contestaras, no sueles despegarte del teléfono. Llamé a Kanon y me dijo que te habías ido alterado y como tampoco contestabas en casa…

—Te preocupas de más…

—Lo dudo. Tienes cara de haber visto un muerto recordándote una deuda pendiente. Menos mal que se me ocurrió revisar si aún estaba tu camioneta en el estacionamiento. ¿Qué te pasó?

—Conseguí a los niños de ese hombre en el hospital—Camus le vio sin entender—. A los niños de él… De ese hombre. Al parecer está internado según los niños por cansancio—hasta ese momento Camus entendió de a quién se refería y no pudo evitar el mirarle con seriedad.

—¿Fuistes a verlo?—Saga soltó un “Ja” desganado antes de volver a llevar el cigarro a sus labios resecos. La mitad de su visión estaba oculta en sus parpados y tenía el rictus tensó.

—¿Para qué? ¿No es mi problema, no?—Camus le miró escrutándolo.

—Te afecto demasiado para no ser tu problema—el griego mordió sus labios con malestar mirando el cigarro entre sus manos—. Si te preocupa, deberías al menos preguntar que tiene, si es algo grave. Al menos para estar tranquilo y no pensar que se va a morir o algo así…

—¿No es mi problema, no? Deberías convencerme de ello y…

—No estarás tranquilo hasta saber que pasó y lo sabes—le miró con aire condescendiente y Saga tuvo que reprimir una maldición—. Tú lo sabes mejor que yo, y sabes que temes que aparezca un obituario con su nombre y tú no le hayas preguntado que ocurrió. Y por lo que puedo ver no puedes estar en paz sin esa respuesta—el griego se quedó mirando con rabia al cigarro, como si lo culpara de todos esos pensamientos que no lo habían dejado tranquilo, junto a lo de Camus, lo de Kanon… eso que ellos ven diferente, que él sintió diferente y quedó como un engaño—. No pierdes nada intentándolo—concilió el francés con una ligera mano en el hombro.

Saga huyó de ese contacto, de esas palabras, de esa sensación que lo empujaba a buscar la tan temible respuesta. Por qué él le tenía miedo a esa respuesta, a romper la fantasía que había significado esas dos noches, dos mañanas, dos tardes. A romper todo lo que había vivido esos días con la realidad, la realidad que condenaba todo, de una o de otra forma. Ese hombre estaba casado: punto. No había nada que pudiera hacer contra eso, independientemente de lo que buscara Shaka en ese momento, muy aparte de sus propias emociones al respecto; Shaka estaba casado. Era un hombre que ya tenía una vida hecha, vidas a su cargo.

—No quiero saber la respuesta, la respuesta es clara, Camus. No se puede: punto. Es mejor dejarlo así—tiró el cigarro a la acera y lo pisó con la suela—. Ya no quiero saber de esto y quédate con el resto de los cigarros o me los gastaré ahora.

Le dejó atrás, escondiendo sus manos dentro de la chaqueta y tratando de dejar por fin esa sensación. No se sentía más tranquilo, pero si un poco resignado. Esperaba que nuevo año dejara eso atrás, definitivamente.

2 thoughts on “Another Dimension (Cap 04)

  1. Hola! Ya casi se me estaban acabando la uñas de la impaciencia…
    Jeje Saga medio tacaño me encanto. Me lo imagino dándose sus gustos caros, viendo a los “tontos” que tienen que
    comprarles cosas a los demás xD
    Los hijitos de Shaka,aww todos tiernos y Sasha que lo recuerda….jaja y Saga casi volviendose loco….
    La conversación con Camus, toda seria, así de estamos en apuros….xD genial!
    Y al final lo que me mato, la decisión de Saga…
    “No quiero saber la respuesta, la respuesta es clara, Camus. No se puede: punto. Es mejor dejarlo así—tiró el cigarro a la acera y lo pisó con la suela—. Ya no quiero saber de esto y quédate con el resto de los cigarros o me los gastaré ahora”
    Dejarlo así 😦 Como? Porque? Es que Saga ya se rindió???
    Me dejaste con más intrigas que antes.
    Besos

    1. Hola amiga!!! Me alegra que te haya gustado este escrito y te hayas tomado el tiempo de comentar.

      efectiva,mente, saga es medio tacaño, pero es mucho por la soledad, como no tiene a nadie a quien darle lo gasta en si mismo. adoré también la conversación con Camus, eso revela muchas cosas.

      Jajaja, disfruté especialmente los niños de Shaka. son una ternura en verdad y me encantó colocarlos, aunque eso significara volver loco a Saga. Son un amor de verdad :3

      Saga… Saga ha tomado una decisión por su bien, porque le cuesta tener que salir del lugar donde Shaka lo dejó. ahora, hoy se debe estar subiendo el último capitulo donde veremos que es lo que pasará con Saga y Shaka al final. ¡Espero lo disfrutes! Saludos y gracias por leer.

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