Momentos (Aspros x Defteros)

Aunque nacieron como dos, su destino era solo ser uno.

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Temas: Canon
Personajes: Aspros x Defteros
Resumen: Aunque nacieron como dos, su destino era solo ser uno.
Dedicatoria: Grupo de Drabbles hechos para el duelo del Foro
Comentarios adicionales: A Scarlet D, todos mis monstruitos twincest son para ella xD  <3

Dos

Juntaron sus manos por un momento de reconocimiento mutuo. Necesitaban hacerlo. Ante la carga de su nombre vertido en la máscara, —porqué no, Defteros no era al inicio su nombre—, ambos necesitaban encajar las brechas abiertas en sus autoestima derivadas a las amarras de cuero. Se miraron por un momento y sus dedos por fin juntaron las palmas en una misma entidad. Luego así, cada quien mirando la palma del otro, se agarraron a dos de los brazos de la brillante armadura que estaba allí, en medio de ellos. Aquello era su ritual de reconocimiento.—Géminis, te presentó a mi hermano.

Defteros sintió que la armadura vibró entre sus yemas, con un cosquilleo electrizante. No podía apartar la mirada de la fina figura cubierta del brillo del sol, ese sol al que nunca podría perseguir. Aunque sabía que era un toque inmerecido, incluso vetado, la sensación de sentirse uno con ella y él al transmitirse las ondas de energías entre sus brazos quebraba toda resistencia.

—No vengo solo. Nunca vine solo. —Aspros aseguró aquello y a Defteros se le cerró la garganta. La mirada se mantuvo fija en el rostro que no podía emitir una sonrisa. Pese a que pudiera entender de ella tristeza, las palabras de Aspros lo hacían parte de algo. Ese algo que eran ellos.

—Es hermosa… —«y tuya», no quiso pronunciar aunque aquello era inapelable. Desde que a él se le destinó la máscara mientras a su hermano el baño de luz junto al sudor y la sangre.

—Y es nuestra. —No lo creía así, pero sonrió. No tenía intención de contradecir al único que daba sentido a su existencia.

Aunque Defteros lo aceptara sin réplica, Aspros se encontraba confiado.  Planeaba moldear a su antojo al destino y al futuro, como hacía con las galaxias.

InicioEl observó sus ojos tras subir los escalones de géminis. El respingo que divisó en su cuerpo lo sintió en su interior, atenazándole el estomago y hallándose terriblemente hueco. Defteros lo miraba como si hubiera sido encontrado en un delito, y en esencia lo era. Lo había divisado, había descubierto el secreto.

Tragó grueso, ubicando un espacio oscuro entre las grietas del templo y las columnas empotradas en mármol lucido. Defteros titubeó por un instante y podía imaginar que se trataba de su mirada airada tras los infantiles rasgos. Aún eran adolescentes, aún la armadura de oro no había llegado a sus manos. Pero sin remediarlo, la gota había sido vertida y su cerebro se encontraba acosado con la imagen de poder que Defteros mostró contra la roca.

—Pensé que dormías… —murmuró como si con ello todo fuera justificable. Y no lo era, ¿por qué de que se trataba su esfuerzo, su vigilia, sus años de entrenamiento si Defteros quería igualarlo a su espalda?

—No, desperté.

Quiso decirle que fue por no sentirlo. Porque el calor en esa noche le había hecho extrañar su siempre apropiado abrazo bajo las colchas. Pero todo lo guardó y en la mirada de Defteros podía encontrar que la respuesta realmente no era importante.

—¿Dónde estabas?

—Por allí.

—¿Entrenando? —se cruzó de brazos y supo que su voz sonaba a una reprimenda.

«¿Sin mí?» Quiso agregar pero no fue tampoco necesario acotarlo. Los ojos de Defteros, entre sorprendidos y señalados, lo había entendido.

—¿Te molesta?

Entonces vino la mirada. Sintió el temblor. Entre sus pupilas se avistaba rastros de remordimiento ante un reclamo que no tenía sentido.

Aspros no contestó. Soltó los brazos a cada costado y se movió hacía su habitación. Dejándolo en las sombras. En la nada.

—Aspros…

Ahora entrenaría sólo por él.

Fin

El aire estaba cargado de energía.

Frente a él, los vestigios de su técnica se circunscribía en destellos, mientras los colores del universo se desvanecían dejando sólo la soledad de un templo destruido, y ellos.

Aún estaban ellos.

La carga de las galaxias no fue suficiente. ¿Cómo podría serlo? Las estrellas estaban ausentes a su verdadero veredicto y ellos habían tejido un destino ajeno a ellas. Estaban allí haciéndolo, moviendo los designios estelares a su antojo y sobreviviendo. Pero claro, no podría persistir. La fina hebra de la mortandad estaba allí danzando en la distancia que fraguaron en el combate. Su hermano estaba allí y no iba a admitir jamás que las técnicas se hubieran anulado, o él hubiera alcanzado su nivel.

Aunque por dentro, muy dentro, se enorgulleciera.

Entonces allí estaba: la mirada. Sus ojos oscuros lo observaron y pudo sentir el latir de su corazón tras las pupilas dilatadas. Su voz trasluce un sonido etéreo, distinto al que le habría escuchado alguna vez. La certeza golpeó su pecho arrebatándole el aire y la sangre.

Ella corre como gota en su mejilla. La liberación de su alma había pedido el precio de su igual. El intercambio era equivalente: una vida por la otra. Pero en esta ocasión, haciendo uso de su imperecedera inclinación al sacrificio, Defteros se había entregado.

Y por fin entendió el sentido de la mirada. La admiración profesada y la sumisión aceptada por el amor que le tenía. Nada había en esos ojos que lo hiciera sentir amenazado, nada excepto la ineludible realidad de que ya no estaban.

Entonces la gota tenía significado. El rojo destilando de sus ojos era el final del camino que él había trazado para encontrarlo de nuevo.

—Viniste a salvarme.

Lo hubiera hecho desde siempre, si tan solo lo hubiera escuchado.

Uno

Los átomos se movían a toda velocidad dentro de él. Lo absorbía. Entre sus palmas abiertas, aquellas que habían dejado de sentir y solo estaban por la benevolencia o arrogancia del Hades, yacía el infinito mientras devoraba todo resquicio de él. Todo. Y se encontró impresionado, aunque no debiera, de hallar espacio para todo lo que era él, dentro de sí.Cada agujero fue llenado. Cada brecha que se había formado en ellos a través de los años, se suturaban. Pronto sus dedos se unieron a los de él. Cada filamento de sus tendones se hacían indivisibles con los suyos y sus cuerpos, desnudos en la candidez de su esencia perpetua, se juntaron en el arremolinado espacio.

Estaban allí, unidos. La mirada de Defteros mostraba la ineludible emoción de saberse, pese a no tener cuerpo, parte de un nuevo universo. Parte de Aspros. La inusitada libertad que no habían descubierto ni siquiera en las noches en las que buscaba, bajo el acto sexual, encontrar el espacio en y entre ellos para ser uno. Ciertamente aquellos momentos habían labrado el camino que ahora andaban. Y cuando Defteros se fundió por fin en el fondo de su pecho, le sintió palpitar. Aspros hubiera podido llorar de no haber reído, porque aquello que habían buscado desde el inicio, por fin se hallaba completo.

Defteros estaba dando forma al corazón que dos años atrás había destrozado y con ello llenó de porosas memorias brillantes su cabeza. Descubrió que dentro de Defteros, aún sin el brillo de oro, había una galaxia inédita de momentos donde él brillaba con mayor amplitud.

Nunca hubo totalmente sombras, había chispazos de luz.

—Géminis, no vengo solo.

Cuando abrió sus ojos, la dorada armadura que había quedado sin cuerpo comenzó a cimbrar al ritmo irrevocable de sus latidos.

Los reconoció.

2 thoughts on “Momentos (Aspros x Defteros)

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