Canto de Mantras (Shaka x Saga)

Los distintos estados por los que pasa no cambian la composición de su esencia. La voz de Shaka parece tener el poder del fuego, llevándolo de un estado a otro.

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Temas: Drama, Canon, Lime
Personajes: Saga, Shaka
Resumen: Los distintos estados por los que pasa no cambian la composición de su esencia. La voz de Shaka parece tener el poder del fuego, llevándolo de un estado a otro.
Dedicatoria: A los amantes de esta pareja y al Club Santísimo Pecado.
Comentarios adicionales: Tenía la idea desde hace varias semanas, pero no como plantearla. Al final cuatro viñetas ayudaron al propósito. La idea de Saga durmiendo gracias a los mantras de Shaka la tengo presente desde el rol con Scarlet Defteros x Asmita, donde Defteros se queda dormido mientras Asmita menciona los mantras. La idea de que Shaka dominara la tenía también pero no hallaba un modo creíble de tomarlo sin que se sintiera OCC. Creo que me gustó el resultado, pese a lo rápido que lo escribí :3

Basados en los estados de la materia:

  • Sublimación (Solido a Gaseoso)
  • Deposición (Gaseoso a Solido)
  • Fusión (Solido a Líquido)
  • Ebullición (Líquido a Gaseoso)

Canto de Mantras

SUBLIMACIÓN

 

En la desesperación lo llamó. Fue un rugido casi fantasmal lo que ordenó al soldado buscar al santo de Virgo. No estaba seguro de que tanto lo ayudaría, pero había llegado al punto en que no toleraba más el no poder descansar por causa del ente maligno que lo acosaba en su cabeza. Parecía nunca vencer y el pensamiento apretó sus mandíbulas hasta que dolió. Sus ojos divagantes en colores no tenían seguro ya cuanto control tenía de sí mismo, y cuanto más podría tolerar. La rigidez de sus músculos, a causa de la angustia mental, era visible en cada una de sus extremidades marcadas por las venas.

Aquel le decía que era peligroso, Saga no pensaba escuchar. En ese momento, se dejó verter por la incertidumbre y esperó.

Los pasos suaves del dorado le anunciaron su llegada y no tardó en ver el brillo que Shaka desprendía. A diferencia de los demás, Shaka estaba hecho de oro: oro en sus pestañas, oro en sus cabellos, oro en su armadura. Aún si vistiera túnicas blancas, el oro dominaba toda su visión. Era hermoso, pero más que ello: poderoso. Y profundamente intrigante. Sus costumbres y creencias jamás habían manchado sus acciones y siempre se dejaba guiar por él, confiando en cada decisión.

La llegada del dorado dejó en el ambiente un agradable olor a incienso. Saga se desparramó entre las sábanas y acomodó sus brazos sobre los cojines aterciopelados y ocultó en sus mechones los rasgos de su rostro. Le siguió con la mirada hasta que el más joven se sentó en la esquina de la cama y analizó cada uno de sus calculados movimientos. De la palma de sus manos, en un proceso cuasi mágico, se desprendió el rosario hasta quedar a su vista con el remanente de su cosmos.

Shaka no dijo nada, pero lo comenzó a hacer. Tomó dos cuentas entre sus dedos y pronunció cada silaba del sanscrito con una entonación larga y profunda, de modo tal que su voz se convertía en eco en su garganta y fortalecía las vibraciones dentro de sus mejillas. Era sonido oscilante que envolvía el ambiente y parecía convertirse en cintas de satén entre sus parpados.

Saga echó su cabeza hacía atrás y gimió cansado. La candencia de sus pronunciaciones lo llevaba a un estado de inmediata relajación. Toda la rigidez que soportaba a lo largo del día al tener que pelear siempre con su otro yo, se esfumó en el momento en que sus parpados cayeron cansados presa de la suavizada voz de Virgo.

Entonces todo volvía a ser claro, su mente era llevada a una nada extensa para quedar en un intenso blanco. No había espacio para ninguno de los dos, solo lo más hondo de su esencia presentándose hasta él como tal. Creyó que su mente se esfumaba y todo él caía en un sopor consolador, mas no se sintió preocupado por ello.

Durmió.

 

DEPOSICIÓN

 

No sabía si reír o simplemente odiar. Los esfuerzos de Saga de tomar el control y decidir al menos el método de descanso lo dejaba con una absurda contraposición entre la burla y la rabia. Su insolencia por querer decidir sobre él le parecía una falta grave, y aunque por momentos consideraba aquello un maravilloso retrato digno de la ironía, en otros, cuando por fin la voz le opacaba y lograba hacer el llamado, adquiría una repulsión abismal contra la verdadera personalidad de ese cuerpo que intentaba dominarlo.

Entonces odiaba.

Saga hacía un burdo esfuerzo por recobrar su control y el llamado a Virgo era una de sus mayores armas. Si bien, no terminaba siendo él, si lograba que sus cadenas mentales se desmoronaran. Ahora que virgo estaba allí, con su voz endulzando todo su sistema nervioso se sentía presa de un malestar insufrible. De nuevo, como en otras noches, la suaves silabas del Virgo lo aplacaba e inhibía todo esfuerzo de sobreponerse a su ensoñador poder.

A veces creía que las silabas bailaban haciendo formas  dentro del aire. Y en otras creía ver danzar los largos cabellos rubios en curvas sempiternas que no hallaban fin en el espacio. Entonces la figura de Shaka se convertía en una ilusoria visión de belleza y poder que le obligaba a descansar. A abandonarlo todo.

Pero no. La sola idea de volver a perder aumentó sus deseos de sobreponerse, porque esa derrota era por más vergonzosa. Terminar dominado por la languidez de la voz de Shaka no le resultaba divertido y no entendía como Saga podía permitirse semejante humillación. Por mucho que sus labios vibraran ante el movimiento de su voz, él no podía dejar que todos aquellos gestos —conscientes o no— le derrumbaran el temple. No podía permitir que solo se dejara vencer.

Enfurecido, se levantó del lecho ignorando por completo el aura asquerosamente perfecta que Shaka despedía ante la cuenta de su rosario. Despreció la belleza de las palpitaciones de sus parpados. Odió la ecuanimidad de su expresión ante él. Incluso cuando lo tomó del cuello, con ganas de matarlo, en el rostro de Shaka no hubo muestra de la mayor emoción. Apenas movió sus cejas, si acaso soltó un poco de su aliento en sus tersos labios.

Saga endureció su mirada y solidificó sus acciones en negra violencia. Sus parpados se apartaron por completo para saltar sus ojos contra él con la locura que podía transfigurar a su hermoso rostro. La voz desfalleció y apretó más sus dedos en torno al cuello para provocar que Virgo suplicara o se defendiera. Esperó un grito, esperó tal vez una súplica. Pero ante el silencio imperante no pudo más que odiar.

Y fascinarse.

Creyó tener una victoria que había estado buscando noche tras noche en sus manos. Había logrado callar su somnífera voz. Pero en el silencio, Shaka podía tener más poder.

Lo comprobó.

El sopor de su conciencia dominada había logrado vencer, pero virgo estaba preparado para ello.

Sintió sus músculos endurecerse. Una pétrea imagen de poder levantarse mientras la barbilla de Shaka apuntaba el cielo tras el techo alto.

Entonces lo supo. Sus manos no tenían nada. Sus ojos no veían nada. Víctima de una ilusión, había caído en una trampa.

Shaka le aplastó.

 

FUSIÓN

 

Arrastró sus dedos contra la sábana al hallarse dominado. La palma de Virgo había atizado a su frente y había empujado su cuerpo contra el lecho, obligándolo a mantenerse quieto en el lugar. No había sabido cómo —ni cuando, ni por qué— Shaka se había movido de su sitio y lo tenía acorralado en la sábana con su rostro ausente de cualquier emoción. Se quedó en silencio y la ensordecedora voz ya no existía. Pero en esa distancia podría decir que su aroma a incienso era incluso más efectivo que su voz mencionando 108 mantras.

Se removió y la intensidad de su mirada se afiló queriendo clavarse en los suaves parpados blancos que encubrían aquellos ojos. Podía verlos vibrar, e imaginaba los movimientos de sus pupilas dentro de ellos estudiándolo con actitud benevolente. Pensó que era buen momento de sobreponerse, sorprenderlo en su minucioso estudio mientras buscaba quizás a Saga, el otro Saga, dentro del Saga que ahora era. Al fin y al cabo era el mismo. Pero cuando quiso hacerlo, notó que sus músculos no obedecían a sus órdenes y estaba totalmente enclaustrado bajo el peso de Virgo.

Shaka se movió suavemente sobre él y cambió su postura. El cabello dorado se derribó a un lado por sobre su hombro, se creó una cascada de amarillo que podía ser vista por él. Saga percibió la tersura de sus cabellos que acariciaba a sus mejillas y lo contradictorio que se veía al lado de sus mechones oscuros. Entonces rió, porqué además de odiar no podía más que burlarse de sí mismo, de Saga, y de cómo habían llegado a ese punto. Su asquerosa risa volvió a llamar la atención del santo, quien yacía sobre él aún, con sus dedos abiertos sobre su frente. Le miró desafiante y el rubio no mostró cambio alguno.

Solo seguridad. Como si lo hubiera leído.

Saga abrió los ojos. De imprevisto Shaka se movió. Soltó su cabeza pero sus manos se apresuraron a tomar las piernas bajo su túnica y se deslizaron en sentido ascendente. No pudo evitar gemir, pero tembló cuando al intentar moverse halló a su cuerpo increíblemente laxo. Algo había en el ambiente, en Shaka, en lo que ocurría que no le permitía moverse. Apenas pudo levantar su cabeza, observar el rostro de Shaka con una seriedad ilógica y sus manos moverse hasta descubrir la desnudez de sus piernas.

Para Shaka fue impensablemente fácil verterse dentro de él. El cuerpo estaba tan relajado que no ofreció resistencia alguna al acto que estaba a punto de concretar. Pero no así la mente, la mente estaba hecha un caos porque Saga gritaba y gruñía ante la espantosa idea de estar dominado por la pasividad de virgo que se sentía poderosa. Shaka había logrado desconectar su consciencia de su cuerpo y ahora estaba dispuesto a unirlas en sosegada paz.

Inclinó su pecho y sus caderas siguieron con el lento y absorbente movimiento que enviaba millones de señales nerviosas. El cuerpo de Saga no tardó en dejarse envolver por la atmósfera de placer que le envolvía. Su rostro se enrojeció, el sudor apareció y las palabras discordante brotaron de su garganta en el momento que recuperó algo de poder en su propio cuerpo. Ya no sabía cual era, pero estaba siendo de nuevo vencido. No sabía si de forma más humillante o no que la anterior, pero la victoria de Shaka era incuestionable. Cerró sus parpados soltando un bufido y sintió un par de mechones rubios rozar su frente. Entonces la voz de Shaka comenzó a oírse no suave, sino ronca. Y su llamado empezó atizarle el alma.

Lo llamó.

«Ven»

Lo llamó una y otra vez con cada embestida. Lo buscó hasta que el placer le derritió las fuerzas.

La dureza de la mirada que Saga le había destinado, se había convertido en líquido y rodó efímeramente por el lagrimal hasta la cama.

No contestó, pero estalló con él.

 

EBULLICIÓN

 

Y ocurrió de nuevo, un par de veces más. La lucha por Saga de obtener el control de sí mismo tenía dos finales posibles: quedar vencido por la voz de Shaka contando mantras, caer derrotado con la voz de Shaka llamándolo luego de tomar su cuerpo a merced. No había podido salir de allí y en el juego en busca de sobreponerse, aquel le había hallado un gusto enloquecedor.

No estaba seguro si se trataba de la certeza que no importaba qué, él seguiría allí. No importaba cuantos mantras Shaka cantara o cuantas veces tomara su cuerpo, al despertar en la mañana, estaba él allí, haciendo con su cuerpo y su voluntad lo que quería, moldeándolo e incluso castigándolo por haber permitido el momento de debilidad. Saga lo consentía. Parecía regodearse con sus pequeñas victorias temporales.

Tras la separación de sus cuerpos, Saga se hallaba consciente de sí mismo. Precisamente para eso había empezado todo, lo que buscó en primer lugar en Shaka fue un exorcismo, y eso era lo que Shaka hacía aunque fuera posible por solo cuestión de minutos. Cada momento de descanso a su alma era apreciado y él en ese instante tenía unos pocos más, suficientes para ver al cuerpo de virgo apartarse de él y sentarse a un lado, para tomar las cuentas del rosario.

Su cuerpo aún vibraba víctima del orgasmo que había recibido y la calidez de la esencia de Shaka la sentía acariciando sus propias paredes. La mirada verde resbaló entre las sábanas para observar como Shaka, envuelto en una suave túnica, peinaba distraídamente el largo de sus cabellos enredados por sus constantes caricia cuando llegaba al clímax.

Estaba seguro que al hacerlo lo vio sonreír. Aunque fuera un efímero momento, Saga estaba seguro de haber conseguido que el rostro siempre imperturbable de virgo, sonriera. Quería asegurarse de cuán cierto había sido eso y de que tanto podía tomar a partir de allí.

—Shaka. —El aludido le dirigió el rostro con aire pensante.

Saga no pudo pronunciar las palabras porque las halló incorrecta. Encontró más asertivo hacerle saber lo que sentía a través de un gesto. Se sentó en la cama y con seguridad se acercó tomándole la nuca del dorado. Este no mostró expresión, pero era claro su estado de alerta porque de nuevo veía a sus parpados vibrar, sus retinas moverse bajo ellos y sus pestañas, completamente rubias, temblar ante el gesto. Apenas frunció minimamente sus parpados.

Se regodeó en la tersura de su piel y la tibieza de su cabello suavemente sudado por el anterior momento. Luego se acercó, sin mesura.

Le besó.

Los labios de Saga hallaron en los de él un intenso sabor a canela y cerró sus ojos para absorber por completo aquella sensación. Abrió espacio con su lengua y supo por los finos movimientos de Shaka que esa era la primera vez que alguien lo besaba.

Le había destrozado su pétreo control.

Con su peso, lo hizo caer al mullido lecho para profundizar más el ósculo entregado. Sintió en él la necesidad de oponerse, pero rasgó cada una de ellas con el agarre firme de una de sus muñecas y la caricia indolente tras su nuca que encontró sorprendentemente sensible. Entonces comprendió, que tras todo el dominio de su cuerpo se encontraba una serie de concesiones que Shaka no se permitía. Que el beso, quizás, era uno de esos límites que evitaba para no perder el hilo de sus acciones aún en medio del acto sexual.

Esa era una victoria, y escuchó dentro de sí que el otro también quería una victoria similar. Que sonriera o que suplicara. Que sintiera.

Decidieron atraparlo. Decidieron dominarlo. Hicieron tregua y hallaron en Shaka un contendiente digno de enfrentar y vencer.

Por esa y muchas noches más.

Los mantras serían la excusa.

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