Reto 30D – Cuarta Parte

La rueda del destino ya se ha activado, solo queda el momento de avanzar. Ante esos hechos, cada uno de los santos, en el santuario y dentro del castillo ordenan sus fichas.

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Temas: Drama, Angustia, Romance, Canon, Pre-Hades
Personajes: Kanon, Ikki, Minos, Aldebaran, Aiacos, Radamanthys, Saga, Mu, hura, Camus
Resumen: Después de la batalla contra Poseidón, la llegada de Atena al santuario es irremediable, así como la guerra, así como la muerte.

La rueda del destino ya se ha activado, solo queda el momento de avanzar. Ante esos hechos, cada uno de los santos, en el santuario y dentro del castillo ordenan sus fichas.

#22: Carrusel (Shion x Dohko)

Recordó el toque afable del consuelo vertiéndose entre las placas de oro. Pesaba como una pluma. Ligera y frágil, no acumulaba peso con las toneladas de vidas que tenían a cuesta luego de aquella confrontación. Hubo una mirada cansada, llena de comprensión. Retazos de amargura que tapizarían prontamente el alma joven. La sangre derramada, aún tibia en sus manos, terminaría de secarse décadas después.

Ya luego solo quedaba resignación y esperanza. El final heroico del que eran protagonistas, no correspondía a los recuerdos dolorosos de una batalla frontal donde vieron a sus seres queridos y compañeros de armas morir, uno a uno, sin mirar atrás.

Luego de eso, las décadas pasaron con la lentitud de un carrusel. Ir y venir, las estaciones mudaron sus colores frente a sus ojos en la alta montaña. Escondido en el corazón de la China, vio ir y venir a compañeros y discípulos que ocupaban de forma temporal los puestos mientras esperaban el cumplimiento del plazo. Un vaivén, subir y bajar que no vivió solo.

Shion lo vivió con él.

Durante todo ese tiempo, no hubo instante donde no se encontraron en pensamientos y comentaron de los tiempos vividos que ya no volverían. No hubo segundo en donde no reforzaron sus lazos pensando en todo lo que habían dejado atrás y la esperanza que los esperaban al final del largo camino. A veces palabras amorosas, crepúsculos compartidos de espera negándose a lo que era humano, para permanecer como aliados divinos en espera de su diosa.

Hasta 13 años atrás.

La estrella de Shion partió, parte de un nuevo carrusel que comenzó a acelerar sus movimientos. La ida y venida de sus últimas vueltas, apretaron y enrojecieron su marchito corazón, y se obligó a  tragar lágrimas. Su voz ya opacada por los siglos no pudo más que elevarle una oración y prometerle que él permanecería con vida. Dejaría que el carrusel siguiera rodando y que el destino determinara el cauce de las cosas. No se opondría a él y a los dictámenes de los dioses, hasta el final.

El carrusel había dado miles de vueltas ya. Esa mañana, elevando sus ojos, supo que esa sería la última vuelta.

Su corazón quería incrementar el ritmo. Él le dijo que debía aguardar un poco más hasta que el tiempo diera su último suspiro. El viento sopló y se llevó algunas hojas de los arboles a lo alto de la cascada, su mayor compañera desde que Shion se había ido.

—Seguramente, me habrías llamado este día y me habrías dicho que ya era la hora.

Repetiría el mismo gesto, la misma mano en la espalda con el peso de una pluma.

Elevó sus ojos hacía donde las hojas daban vueltas en el aire. Ahora él estaba solo en ese carrusel, solo con cinco jóvenes dorados separados y sin guía. Él debía seguir esperando.

Hasta que el sello se rompiera, hasta que el llamado se concretara, hasta entonces.

—Pelearé por lo que ambos soñamos, amigo mío.

#13: Hambre (DeathMask x Afrodita)

Apenas lo vio le tomó del brazo. Lo empujó hacía la pared y sintió los dedos de Afrodita imponiendo distancia entre ellos. Gruñó y vio los ojos azules chispeando irritación. Se veía molesto, fastidiado y con ánimos de arrancar piel con la boca.

Sinceramente, el verlo de ese modo no hizo más que elevar lo que aguantaba desde hacía horas atrás. No se trataba del hecho de estar vivo o no —¿Cual era la diferencia?—, sino que tendría oportunidad de hacer algo que le devolviera más la noción de estar existiendo en el mundo. El asunto es que él siempre había estado con un pie en el infierno. La experiencia no fue del todo desconocida.

Cuando sintió la incomodidad de su compañero, torció una mueca que quiso pasar por sonrisa antes de soltarlo toscamente. Pese  la distancia que impulso, Afrodita no se movió. Apenas arregló sus bucles y luego le miró con desgano y altivez.

—No me agarres así. ¡Casi te lanzo una rosa imperial! —DeathMask rió echando sus hombros y cabeza atrás, escandalosamente. Ante el bullicio el dorado de la doceava casa rodó sus ojos.

—¡Tonterías! —Bramó—. Además, ¿dónde demonios te metiste, maldito? Te estaba buscando.

—A tratar de quitarme el aliento a whisky —afrodita torció sus labios al observar su indiscreción y miró a DeathMask fijamente. Este lo veía con cierto estupor en su rostro que amenazaba con convertirse una burla.

—¿Donde coño conseguiste una botella?

No pudo evitarlo. Afrodita rió, rió y rió hasta posar sus manos sobre el estomago y fingir que s secaba una lágrima. Deathmask lo vio por un momento ofendido, por el otro se sintió exasperado. Estuvo a punto de decidir golpearlo cuando los ojos azules de su compañero volvieron a posarse sobre él, con esa mirada de agraciada picardía que siempre tuvo y supo cómo usar contra él.

—Deja de burlarte…

—No fue una botella, maldito cangrejo. Fue un beso que quiero escupir.

La idea vino de inmediato. Fue una sincronía, como todo ello, como el mismo momento que se hicieron testigos y protagonista de la oscuridad del santuario. Deathmask levantó una ceja, Afrodita se sonrió. Se enderezaron y antes de siquiera hablarlo juntaron sus labios sin pleitesía. Lento y al ras. Las lenguas siguieron el camino y se enredaron, junto a sus piernas y los dedos aprehensivos de Cancer contra su forrada espalda. Afrodita afiló sus dedos sobre la mandíbula, orillándolo a inclinarse a un ángulo idóneo para penetrar con la punta y él le recibió ansioso, dejando piscis bailoteara entre sus encías.

Hubo un chasquido anunciando la separación. Pares de parpados cerrados y temblando, mientras reconocían el placer. Había hambre de sentir, pese a que sus cuerpos no fueran más que quimeras de hades.

—Whisky barato —murmuró el italiano y se llevó a su boca un hilo de saliva que rodó por la comisura de piscis—. He probado mejores.

—¿Qué esperaba de Hades? Ni siquiera tiene ejército, por lo que tiene que levantar a los muertos.

#6: Acoso (Kanon x Shaka)

Abrió sus ojos, sintiendo el traicionero trepidar de su corazón al reconocer su presencia. No se trataba del hombre en sí, sino la esencia que parecía llamar a un ente fantasmagórico en su interior y le obligaba a replegarse. Siempre fue así, desde que lo vio siendo tan solo un niño.

Se había negado a abrir sus ojos, tratando de ignorar su poderosa figura en el lugar. Pensó que eso lo haría desistir. Pero no, se trataba de Shaka de Virgo, y este era conocido por su paciencia que rozaba el infinito, y una magnificencia que creaba estupor y rabia al mismo tiempo. No iba a perturbarse por la existencia de magma y calor dentro del volcán. Cuando enfocó sus ojos entre las brumas del vapor que subía y distorsionaba el espacio, le pareció que más bien estaba acostumbrado al ambiente.

—Kanon. —Su nombre en los labios y voz de Shaka sonaba terriblemente pesado y significativo. Apretó su mandíbula y mantuvo su posición perenne sobre la piedra de fuego mientras mantenía el magma lejos de sus piernas gracias a su cosmos.

Intentó evadir toda la sensación que le acosaba por dentro ante su imperturbable presencia. No entendía por qué siempre había sido así, incluso cuando el pequeño niño pasaba por el templo de géminis, le entraba pánico y deseos de esconderse en algún agujero que lo resguardaba de los parpados blancos. A veces se enojaba consigo mismo. Ese momento era uno de ellos.

Pese a su silencio, Shaka no se movió. Kanon se vio obligado a hablar.

—¿Qué quieres, Virgo?

—Verte. —La seguridad de lo dicho le heló la sangre—. ¿No te parece esta una buena tarde?

Volvió. Fue como un aletazo en su conciencia dormida y que le obligó a removerse sobre la piedra. Gruñó y trató de huir de esa percepción extraña.

«Ya había oído eso en algún lado»

—El chico fénix ya se fue, por si lo buscabas para darle alguna lección. —Shaka sonrió conocedor de la estrategia que intentaba emplear: despistarlo con el Fénix.

—No es a él a quién he venido a buscar.

«De nuevo»

Esa sensación le acosaba desde lo más dentro de su estomago, determinado a no dejarlo en paz. Enfocó mejor sus ojos y entonces, el golpe fue incluso inevitable. Shaka había abierto sus ojos y por primera vez en su vida «vidas» pudo ver el color claro de sus irises. Tragó grueso y se sintió desbordado.

—Este no es lugar para que alguien como tú se esconda, ¿acaso no tienes el poder de destruir las galaxias?

Esta vez, la revelación no vino sola. El mismo Shaka al escuchar sus palabras y ver el semblante de Kanon, calló. Un ineludible presagio le sacudió el pecho y le hizo ver la verdad que estaba frente a sus ojos, dormida dentro de su espíritu.

«Viejo amigo»

Ambos sabían que no era la primera vez en verse. También que no sería la última.

El destino había empezado su última vuelta.

—¿Lo sentiste?

—Sí.

#23: Algoritmo (Saga x Camus)

La noche estaba cayendo. Junto a eso, la certeza de que en unas horas tendría que invadir el santuario comenzó a hacer mella en su tranquilidad. La aparente seguridad de Saga solo era una máscara, una que había sabido trabajar durante años, cuando incluso había sido capaz de contener la maldición que lo acosaba en su cabeza. Tan perfecto que durante más de una década el santuario no dudó de él y eran pocos los que mantenía su reserva.

Precisamente, uno de esos pocos se le acercó y mantuvo una prudente distancia de él, como si midiera el peso de sus pasos. De reojo volteó hacia él encontrando en sus oscuros ojos helados la más suave obediencia. La neutralidad de sus gestos permanecía, una suave brisa que le recordaba al gesto nostálgico de la Mona Lisa, que parecía no pensar en nada, cuando lo calculaba todo.

Durante mucho tiempo llegó a temer de tres cosas en el santuario. La mirada de Camus era una de ellas. Por eso, Siberia había significado una buena opción.

Ante el silencio del hombre, Saga volteó esperando algún tipo de movimiento de su parte. Ciertamente, no habían tenido tiempo de conversar a solas desde que obtuvieron esa vida. No había comentado tampoco mayor cosa de los acontecimientos ni de su situación, no parecía ni oponerse ni gloriarse por esta como un muerto en vida de nuevo en la tierra. Simplemente asumía el destino.

—¿Ya has pensado cómo lo haremos? —Camus soltó la primera pregunta y Saga tuvo que asumir que era momento de hablar. La estrategia siempre había sido su fuerte y eso lo reconocían todos ellos.

Hubiera ganado la batalla de las doce casas si el destino no hubiera estado en su contra, aunque esa certeza más que engrandecerlo, le avergonzaba.

—No será difícil. Mu, aunque es fuerte, estoy seguro que no podrá levantar la mano contra Shion. A Aldebaran será sencillo despistarlo. Incluso puedo quitarlo del camino con un Another Dimensión si empieza a estorbar. —Había rigidez en su tono de voz. Camus lo pudo notar con claridad. Lo vio moverse con pasos pesados por el pasillo y se tomó la barbilla—. Aioria no será problema. Su mismo ímpetu nos dará como escurrirnos de él.

El algoritmo se formaba en su cabeza. Cada movimiento surgía con lucidez en su mente, imaginando cada pieza moverse, una a una según las posibilidades. Conocía las debilidades de cada uno de ellos. Habían estado bajo su poder. Imposible era no saber cómo aprovecharse de ellas.

—En cuanto a Milo —prosiguió—, él no podrá levantar su puño ante ti. No importa cuán convencido esté de que somos enemigo, su nobleza nos dará una ventaja ineludible.

—¿Y Shaka?

«Durante mucho tiempo llegó a temer de tres cosas en el santuario»

—Será lo más difícil. Shaka no tiene ni la nobleza de Milo ni la impulsividad de Aioria. Si está convencido atacará, no tendrá consideración alguna a ningún lazo.

—¿Entonces?

—Sin consideraciones, los tres lo mataremos.

#11: Violencia (Aioria x Milo)

El movimiento fue veloz. Estando en la sala de la diosa, donde los había convocado y mientras esperaban por ella, un pase de palabras entre Aioria y Milo había terminado con un pase de manos. Aioria atacó, Milo se defendió y ahora se encontraban a apenas centímetros el uno del otro. La tensión eléctrica entre ellos se podía observar en la corta distancia.

Para nadie eran secretos los conflictos que siempre habían tenido los dos santos debido a su temperamento y carácter. Aioria, siempre más impulsivo, a veces provocaba los impase con Milo, que por su orgullo no se dejaba amedrentar. Ante el gruñido del león, el escorpión afilaba su cola. Al mínimo movimiento el uno atacaba al otro de ser necesario. Ya había suficiente tensión en el ambiente, el hecho de que se convocara una reunión dorada donde solo había tenía los ánimos condensados e inestables. El presagio de otra guerra no colaboraba en calmarlos.

Milo mordió su labio. Vio a Aioria gruñir y el aliento caliente golpeó contra su boca mientras se negaba a ceder. El fuerte agarre del león en su coraza no le dejaba mucho espacio, pero su aguja escarlata ya estaba apuntando hacía el costado de Aioria, filosa y amenazante.

—Deberías tener más respeto. ¡Estamos en recinto sagrado! —amonestó Milo intentando recuperar su postura.

—¡Entonces deja de provocarme…!

—Basta los dos —las manos gruesas de Aldebarán se posaron suavemente en los hombros de Leo. Mu prefirió voltear antes de seguir escuchándolos.

—¿Provocar? Solo dije una verdad, espero que esta reunión sea para escoger al futuro patriarca.

Un patriarca. Aioria no quería a ninguno y estaba seguro que de todos, él único a quien podía confiar es puesto era al mismo Shaka. Milo en cambio había postulado a Mu y eso, tomando en cuenta la relación que sostenía con el hindú a Aioria le pareció imperdonable. En el fondo había celos, pero no lo iban a admitir.

—No me considero con los méritos necesarios para tal cargo. —Las palabras de Mu fueron sinceras y Aioria lo concedió. Se soltó de Milo y cruzándose de brazos, con tono altanero, decidió asestar.

—Al menos que la orden sea quedarnos a esperar mientras los santos de bronce hacen el trabajo.

La reacción fue violenta. Sintió el cosmos de Mu, por primera vez, increpado ante las palabras de Leo. Los ojos de Milo se encendieron contra él y de no ser porque Aldebarán se interpuso, seguramente habría generado otra pelea. Aioria y Milo se comunicaron sus intenciones en las miradas, ganas de asestar a golpes hasta decidir el ganador. El ímpetu de ambos estaba condenado a chocar en golpes eléctricos.

Pero fue Mu quien volteó y dirigió las palabras.

—Bien, que sea Shaka. Después de todo era el más cercano al gran maestro.

El propósito de Mu había sido encarar a Aioria con el mismo golpe. Más no contó con la respuesta de Shaka, quien decidió intervenir.

—No. El más engañado, debiste decir.

Nadie se atrevió a objetarlo.

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