Elíptica – Primera Parte

Los primeros momentos juntos formaron las bases de su relación. Aceptar cuán lejos merecían estar fue el primer paso.

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Temas: Canon, Drama, Romance
Resumen: ¿Por qué nunca estuvimos lo suficiente junto ni lo suficiente separados?

Los primeros momentos juntos formaron las bases de su relación. Aceptar cuán lejos merecían estar fue el primer paso.

#16:Animales

La primera impresión nunca se olvida. Él no lo haría y quizás, por esa simple alegoría en la que se vio envuelto en su búsqueda, las cosas entre ellos eran de esa forma. Fluctuante, imperecederas y antagónicas. Un juego de máscara entre ellos, invisible o no, a través de párpados obedientes.

El tigre estaba allí. Alrededor de él, sus enormes patas lograban rozar los bordes de su túnica. Apenas tenía el aspecto infantil, pero todo su rededor, en los absoluto, despedía poder y magnificencia. No le extrañó entonces los mitos escuchados, ni las creencias entretejidas alrededor del menor. Con sus ojos cerrados y la tranquilidad de un manantial, estaba de pie en el medio de dos árboles largos y frondosos. Un enorme tigre de bengala lo custodiaba.

En sus quince años no había pensado que pudiera haber una sensación así, al menos mientras esperaba a su diosa. Era ineludible que la presencia divina debía tener una esencia semejante a la sentida en ese momento. Ese era el infante al que había ido a buscar y era el mismo que los monjes le había dicho que debía detener. Aquellos que no eran aceptados por él terminaba viendo demonios propios que los hacía correr.

De demonios, Saga tenía una enorme tesis que aún no había querido probar. Y de temores, podría elaborar una lista infinita de ellos. Su mirada había dejado de ser tal tras el espejo y él aún batallaba contra aquello que pujaba por salir a la luz que tanto se había esforzado en elaborar. Si ese niño iba a tener la osadía de mostrarla, lo asumiría. Quizás y ese conocimiento pudiera utilizarlo después.

El animal se movió de su sitio, el pelaje fue sacudido por el viento suave que pasó entre ellos. Sus pasos hicieron eco en la grama y el niño siguió imperturbable ante esos movimientos. La imponencia de la bestia tampoco había hecho mella en la decisión del joven dorado, ni mucho menos la fiereza de la mirada felina. Saga, observando al animal, había entendido que para acercarse al niño, debía ganarse la confianza de aquel ser. No había sido difícil detectarlo.

Extendió su mano forrada en oro y le hizo la invitación. El tigre le emitió una mirada calculadora y él mantuvo su cuerpo allí, fijo y calmo. La mirada que destinó hacía el animal venía con una orden directa, la confianza con la que se presentaba no tenía atisbo de inseguridad.

Lo comprendió.

La bestia dio sus pasos pesados por la hierba hasta inclinar su cabeza hacía sus dedos. Saga había movido sus manos en busca de destinarle una caricia al espeso pelaje de la criatura, pero se vio atrapado. Su dedo índice había sido tomado por una pequeña mano y ante sus ojos la figura de la bestia desapareció.

El niño estaba allí.

La primera impresión nunca se olvida.

Supo que ese niño tendría sus respuestas, y que a las mismas temería. Lo más cercano al temor.

La distancia sería innegociable.

#19: Blanco

De lejos, lo percibió. Inclinó su rostro ante su figura, obedeciendo su propia decisión de mantener los párpados cerrados. El hombre estaba frente a él, regio sobre el trono. No era la primera vez que estaba en aquel lugar, sin embargo se notaba distinto apenas entró.

Blanco.

Gotas blancas acentuaban la pintura de poder que fue elaborada en esa noche. Blanco entre tanto negro y mucho rojo. Aioros había traicionado a su santidad. Desde las alturas dio una orden que despertó al resto de las casas. Todos salieron en busca del traidor. Él mismo, con sus manos, había tenido que desmayar a Aioria cuando quiso detenerlo de cumplir su misión, intentando persuadirlo de su error. Shura lo había encontrado, sus manos estaban manchadas de sangre.

DeathMask y Afrodita juraron hallar el cuerpo para traerlo de vuelta. Los demás revisaban el perímetro y estaban en guardia. Él había decidido subir y avisar a su excelentísima sobre lo ocurrido.

Y halló gotas de blanco.

—Su Santidad.

—Ya lo sé. Aioros ha recibido el castigo por parte del Santo de Capricornio, Shura.

No se perdió el protocolo, no hubo cambio en su presencia. Pero Shaka, desde allí, pudo notar la fragilidad de su voz cuarteada que daba sentido a las gotas de blanco. Agua salada, brotes en los ojos, mejillas húmedas. El patriarca había llorado.

—En este momento, Afrodita de Piscis y DeathMask de Cancer se dirigen a buscar su cuerpo, más su cosmos es débil. Seguramente morirá.

Ante la explicación, el hombre mantuvo el silencio desde su lugar. Shaka llevaba mentalmente el dibujo de una pintura, un matiz negruzco que cubría un lienzo y un manchón de sangre que cortaba la armonía de la composición, recta y gruesa como la herida de la espada. Ahora, pequeñas chispas blancas. Lágrimas del patriarca ante el dolor.

Shaka había dejado de sentir dolor. Superó aquella etapa en el momento que la armadura dorada lo vistió para ser elevado a un nuevo nivel ante los hombres. Ahora lo observaba, lo medía y lo juzgaba. En ocasiones lo usaba para sus propósitos. Sin embargo, no había sentido dolor como el que tenía frente a él. Blanco puro, nieve helada en medio de un infierno, derritiéndose y evaporándose antes de ceder al fuego. Así lo percibía dentro de él.

Rompió el silencio con sus pisadas y se acercó. Decidió entrar a ese infierno y proteger las gotas blancas, las mismas que de niño, en tantas meditaciones, había derramado buscando respuestas.

—Se ha hecho justicia —afirmó, parándose al pie del trono donde el fuego dibujaba sus infantiles rasgos.

—Él ha muerto —replicó el hombre.

—Ha sido el destino.

El dolor siempre venía con preguntas, suposiciones y amontonamiento de hipótesis. El hombre levantó su rostro y Shaka entendió lo que necesitaba: la convicción de haber hecho lo correcto.

—Velaremos por su seguridad, hasta la muerte.

Shaka lo afirmó con su reverencia.

La justicia no era perfecta, pero un líder la ejecuta con benevolencia.

Y a él seguiría.

#27:Brisa

El viento traía palabras. Shaka siempre había pensado en eso. Incluso, en alguna oportunidad, se lo había mencionado mientras viajaba camino al santuario el día que lo encontró entre los templos ocultos de la India. Ahora recordaba perfectamente esas palabras y la seguridad con la que su rostro infantil confirmó su interpretación mientras en posición de lotos había amanecido esa mañana, esperando.

«El viento me ha dicho que debo seguirte»

Nunca entendió aquello, pero no dejó de tenerlo en consideración. Por ese motivo, cuando comenzó a advertir la frecuencia con la que Virgo visitaba a Sunion vio necesario llamarlo.

El niño no tendría más de diez años, y lo visitaba con cierta periodicidad. Sus conversaciones siempre estaban rodeadas de cuestionamientos que el pequeño se hacía sobre temas de la vida y esperaba que él tuviera una respuesta. Las preguntas de Shaka, por lo general, le dejaban una tarea mental y cuando se iba terminaba rumiando sobre ellas por días enteros. Luego, por la simple necesidad de cumplir, lo llamaba para darle los resultados y descubría que Shaka no había dejado de pensar en lo mismo y obtenían ambos una respuesta.

Le preocupaba ahora que buscara respuestas en ese lugar, tan lleno de él, de géminis y sobre todo de su hermano. Shaka, en cambio parecía expectante por saber la naturaleza del llamado.

—He sentido tu cosmos en Sunion. —decidió empezar, con su mirada firme en la cabellera rubia que ya rozaba su cadera—. ¿Qué buscas allá?

No tenía intención de escudar su incomodidad, no hacía falta. Era el patriarca y había tomado el puesto con absoluta convicción. No debía dar explicaciones a nadie.

Shaka, en cambio, debía entregarle una justificación y él quería una válida.

—Buda me dijo que el mal podrá ser observado desde allí, solo sirvo de centinela para vigilarlo.

—¿El mal?

—Así es, las ambiciones que buscan desestabilizar el equilibrio de la vida.

Afiló su mirada detrás de sus mechones oscuros, visualizando la figura del menor. No había atisbo de duda ante su oratoria, Shaka de nuevo le demostraba la seguridad de su posición. Y ciertamente era Sunion donde se vigilaba a Poseidón.Ell lugar donde él debía vigilar.

El conocimiento no lo había abandonado del todo, pero consideraba Star Hill el mejor lugar para hacerlo.

—Es un lugar sagrado. —Informó con tono grave.

—Estoy al tanto de ello. También que el santo de géminis es su protector —iba a agregar algo pero Shaka prosiguió, callandolo—. Saga de Géminis me pidió que lo hiciera.

No pudo contener su sorpresa. Tampoco contradecirlo.

Saga supo esconder sus pasos.

#29:Captura

El anciano se removía por la fiebre, agonizando en su lecho. Con ojos temblorosos, observó a la figura del sumo pontífice a su lado, entrando imponente por la puerta de su habitación. Sus hijos habían pedido el favor, habían solicitado la presencia del patriarca para que su padre recibiera el consuelo de ver al protector de la diosa antes de morir.

Shaka había sido elegido para ir con él.

Apenas entró a su habitación, el pequeño dorado afincó sus palmas una sobre otra frente a su pecho, elevando una oración. Sus párpados cerrados no fallaron a la promesa de mantener inalcanzable el secreto de sus ojos. Estaba allí por mero protocolo, nadie de ese lugar se atrevería a tocar al patriarca, y reconocía su poder como para saber que podría enfrentarse a ello.

Shaka observó con su espíritu lo ocurrido. El alma del patriarca, blanca y lozana, tomaba el alma decaída del anciano infundiendo fuerzas y esperanzas. El cuerpo que se debatía entre la vida y la muerte, saboreando el ardor de Yomotsu en la planta de sus pies desnudos, recibió un poco de calma al capturar la mano del sumo pontífice entre sus dedos arrugados.

—Yo vi cuando ella llegó —murmuró antes de toser, con voz ronca—. Vi cuando Atena creció, a lo lejos.

Había regocijo en sus palabras. Un remanente de fe cálida que le calmaba el dolor y le generaba un estado de paz inmensurable. Shaka lo podía entender, y respetaba su fe si con ello recibía calma en su sepulcro.

El hombre apretó los dedos sobre la mano del pontífice y este se inclinó. Los largos mechones de su cabello ondulado rozaron las sábanas pálidas y sus manos jóvenes dieron calor a su piel áspera.

—¿Cómo es? —preguntó de nuevo el hombre con rastros de veneración en sus pupilas opacas—. La diosa, ¿cómo es?

—Hermosa y benevolente. Me ha pedido que viniera a darle su bendición. Ella acogerá su alma.

El hombre intentó sonreír. Shaka lo notó. Pero la muerte capturó su sonrisa y con un beso arrebató su último aliento.

De regreso al santuario, con el atardecer cayendo, ambos caminaron de regreso con lentitud. Shaka pensaba en lo visto a través de su espíritu, en el descanso del anciano y su fe hacía la diosa. Una a la que él, pese a saber estar destinado a protegerla, no había escuchado más que por voz de su patriarca.

—Estás pensando, Virgo. —Hubo una plena afirmación y el menor no lo negó. Solo levantó su rostro en señal de atender a sus palabras—. ¿Alguna pregunta que quieras hacer?

—¿Hay necesidad? —preguntó por fin—. ¿De bajar al pueblo y tomar la mano de un hombre hasta que su alma llegue a Yomotsu? Sabemos que no habrá descanso a su alma y en cuanto pise el infierno, sufrirá por los pecados cometidos.

—Hay cosas que están destinadas a ser, pero nosotros estamos destinados a dar esperanzas.

#5: Cinco

Miró de nuevo con atención el cuerpo del chico frente a él. La petición estaba en la punta de su lengua. No era la primera ocasión, había sentido el impulso arraigado de realizar ese movimiento tiempo atrás, y la había contenido desde entonces. Tenía muchas razones para hacerlo, y pocas aún para dejarla libre. Era esa clase de contradicciones inherentes en él.

Primero pensó que era Saga imponiendo su voluntad desde su interior al hacerle conocer ese pedido. La idea de complacerlo en eso —por muy nimio que fuera—, no le entregaba beneficio algunos para sus planes. Frunciendo su ceño había decidido ignorarlo como otras tantas veces, callando a su vez aquella necesidad. Pensó que con eso sería suficiente.

Eso fue hasta que el mismo Saga, estando en su lugar, se contuvo. En un acto de reflexiva observación, se encontró a sí mismo sorprendido al hallar en Saga los mismos pensamientos. Contención con rastros de dudas y vacilación y la misma mirada empeñada en hallar algo sucio en la brillante figura de virgo. Inclinado frente a él, estaba ausente e ignorante de su propia contrariedad y la decisión volvió a bailar entre las encías.

Pudo contenerla, pero para la tercera, estando él de nuevo a mando, la saboreó con mayor interés mientras veía los labios de Shaka comentar lo ocurrido en el coliseo. El adolescente había tomado la iniciativa de observar los entrenamientos en medio de las meditaciones y evaluar a cada uno de ellos con ojo clínico. Sus acertadas apreciaciones le generaban curiosidad y las respuestas que conseguía de él creaban una clase de confianza que él mismo se sentía incapaz de admitir. Por eso vaciló antes y esperó un poco más.

Tras las nuevas visitas, seguía la misma interrogante. La naturaleza del pedido debía ser estudiada antes de finalizar con la entrega de aquella llave que sabía cambiaría por completo su forma de ver a Shaka y de trabajar con él. Se suponía que iba a mantener distancia, ¿de dónde había surgido esa clase de necesidad?  Él la ignoraba.

—Shaka. —Se levantó finalmente con autoridad de su trono y observó el cuerpo del menor de pie, con su rostro inclinado en reverencia.

Si bastara con eso, quizá, no habría tenido que pensarlo demasiado. El asunto era lo que significaba cada una de sus acciones en él y en Shaka, el cómo terminarían interpretadas y que tanta distancia generaría en ellos. Qué tipo de mensaje obtendría incluso Shaka de eso.

Mientras lo pensaba, actuó y midió cada expresión de virgo como buscando el momento preciso para detenerse. Caminó hacia él, acercándose hasta bajar los escalones que lo separaban como jerarquía. Tocó el piso que el joven pisaba y se detuvo a cinco pasos de él.

—Continua. —Ordenó.

Shaka prosiguió con su disertación pese al protocolo roto.

¿Cuál era la necesidad de ello?

Saga lo supo de inmediato, él y el otro él. Se había puesto en igualdad. Lo había reconocido.

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