Elíptica – Parte 2

Se han acercado, quizás demasiado.

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Temas: Canon, Drama, Romance
Resumen: ¿Por qué nunca estuvimos lo suficiente junto ni lo suficiente separados?

#21:Control

El patriarca había bajado para ver las nuevas batallas. Como estaba dictado en su agenda, ese día serían entregadas nuevas armaduras de platas a sus poseedores, dependiendo del resultado de los combates.

Shaka ya había hablado de los aprendices que disputarían por las armaduras y de sus conclusiones luego de ver a sus entrenamientos, confirmar el dominio de su cosmos y la percepción de sus habilidades. Con aquello se había formado un perfil bastante amplio de cada uno de los jóvenes y había adelantado una opinión del resultado de cada combate.

El patriarca le había dicho que no todo estaba controlado en la vida y que precisamente los santos están para destruir las limitaciones que podría interpretar el mundo sobre ellos. El cosmos era ilimitado y aunque se requería control de él, muchas veces un estallido luminoso podría cambiar el balance de la batalla.

Shaka se había sentido especialmente interesado ante esa posibilidad y por ello había decidido bajar, tanto como él lo había hecho y algunos de sus compañeros que se apostaron entre interesados y curiosos por el coliseo.

Los combates comenzaron y las primeras victorias fueron tales como Shaka los había anticipado. La diferencia entre el dominio, la fuerza y sus características en la personalidad le había entregado la victoria a quienes ya eran parte del ejército ateniense y recibían la armadura tras un juramento. La confianza de Virgo a sus interpretaciones aumentaron y un pleno aire de seguridad y orgullo se levantó en él al saberse apoyado por los resultados.

—Has acertado. —Comentó el pontífice después de entregar la cuarta caja de pandora de plata. Se preparaban para el próximo enfrentamiento.

—Solo me he guiado por las evidentes diferencias entre ellos.

Uno al lado del otro, aún si con eso Shaka se ganaba la mirada reprobatoria de algunos de sus compañeros dorados, seguía observando con sus párpados cerrados los resultados de cada combate seguro de su lugar. No se había equivocado al colocarse allí y el patriarca parecía cómodo con su presencia.

—¿Dijiste que sería Pontos el ganador, es correcto? —Shaka se limitó a asentir con seguridad—. Estás equivocado.

Le sorprendió el tono de sus palabras, más no lo contradijo. Se quedó en silencio y en espera expectante de conocer los resultados y verificar porque su apreciación fallaría en ese combate.

La respuesta vino de inmediato. Cuando se creyó que ganaría Pontos, por la velocidad de sus movimientos, la fuerza de él y el dominio incandescente de su mirada; el joven aprendiz se negó a perder y detuvo el mortal golpe. Luego su cosmos se encendió, como una llamarada en el firmamento que invocó el poder de la constelación guardiana. Y bajo la inesperada vista de todo el coliseo, ganó el combate.

Shaka lejos de sentirse frustrado sonrió. Nada podría superar la sabiduría de su sacerdote y jamás se atrevería a dudarlo.

—Tus cálculos son el destino, los milagros son la esperanza.

Una nueva enseñanza en el día. El control no lo es todo.

#28:Desencanto

Su movimiento fue claro y conciso. Pensó que al hacerlo se vería atizado por la clara mascara de justicia que Virgo llevaba siempre consigo. El hombre estaba allí, frente a él. Incrédulo de pensar que con llegar a filtrarse a la alberca obtendría algún favor y aterrorizado al encontrar en el rostro a un hombre joven y no al anciano que debería ser. El asunto no se trataba de eso simplemente, sino que Shaka había acabado de entrar y con su ceño fruncido había observado a través de su espíritu como el hombre fue arrojado contra la pared.

De no haber sido así, lo habría matado. La sangre habría llenado los vestíbulos sacerdotales y el cuerpo terminaría oculto en algún lugar. No sería la primera vez que mataba con sus manos ni mucho menos para encubrir su identidad. Pero ante la presencia de Shaka, había tenido que medir su fuerza y contener el enojo que lo estaba enloqueciendo.

El hombre, temblando, trató de levantarse del suelo aunque tenía varias costillas rotas. Pidió piedad, mas no a él, sino al dorado que estaba atrás de pie y observando todo con los párpados cerrados. Shaka no tenía en su rostro alguna expresión en particular, y Saga, desde su lugar y dándole la espalda con ira contenida, estudiaba su cosmos para registrar cualquier ambivalencia que le diera razones para protegerse.

—¿Piedad pides, hombre? —La voz melodiosa e infantil de Shaka se escuchó severa en el recinto. El hombre se habría arrastrado ante él y le sujetó de la bota derecha con dolor. Intentó hablar pero halló que su lengua estaba entumecida. Un chasquido fue suficiente para quitarle el sentido del gusto—. Estás en recinto sagrado.

Shaka inclinó su rodilla hacía él y Saga se preparó para cualquier movimiento en falso. Si él internaba su poder dentro de la mente de ese hombre, seguro estaba que descubriría el secreto que solo se había mantenido a salvo por sus párpados cerrados. Estaba seguro de poder con él, tenía no sólo la experiencia de su lado sino que como había ocurrido con Aioros, la primera contrariedad le daría tiempo de dar un ataque preciso. No podría fallar.

La sorpresa, sin embargo se la llevó él. Shaka ejecutó el movimiento y cortándole el cuello con el filo de su mano derecha, terminó de derramar la sangre en la sagrada sala.

Volteó hacia él, luego de cubrir su cuerpo con el manto. Pensó que para Shaka ver semejante escenario sería un desencanto de la figura que había formado ante él. Pero allí estaba, altivo. Con un movimiento de su pie, al levantarse, quitó la mano que lo tenía apresado con aire despectivo.

—Averigua cómo entró este hombre a este lugar. Nadie, más que los llamados deben tener acceso.

Shaka obedeció.

Esa noche, tres guardias cayeron ante el poder que las ilusiones y las ross concibieron como castigo a los que habían violado la estancia del patriarca.

Ni un traidor vivo.

#15:Distancia

Es peligroso: alude, y en su ceja se dibuja una curvatura mientras se mira en el espejo. Está seguro de que sí, lo es, mas no para él joven que lo ha estado siguiendo y que entra con confianza a su sala. Él está seguro, está confiado, no teme ni duda de su posición allí. No hay forma de que él pueda salir lastimado, porque incluso empieza a pensar que con el secreto descubierto las cosas no cambiarían.

Pero es peligroso, para él. Peligro tangible cubierto en sus párpados, latente porque no deja de estar allí. Insondable. No puede estar en paz mientras lo sienta tan cerca y le nace necesidad extrema de tomar distancia, de formar espacios que pueda ser sin el temor de ponerse en evidencia.

¿Y será eso posible? Incluso allí donde está, frente a Sunion y estudiando el viento, sabe que la distancia es relativa. Que el tiempo a su vez es infame. Y que al igual en que su cosmos madura el poder sobre él crece.

Es peligroso y la distancia pasa a ser precisa y crucial. Pero ¿De qué modo alejarlo?

«Nos gusta la ambivalencia»

Y eso era Shaka, la fina línea entre lo justo e injusto. El dios y el juez. ¿Obtendría él alguna clase de benevolencia? Imposible, la piedad de Shaka era la muerte. Ni más ni menos. Radical.

Al verlo regresar sobre sus pasos, él envuelto en géminis lo espera. Sobre la cima, inseguro de cuanto de él dirige sus movimientos, destina una mirada elocuente, desdichada y obtusa. Los párpados que lo reciben no muestra temor alguno, y los labios que le señalan no realizan movimiento. Ni saludos, ni preguntas. Su presencia no le perturba, ni su secreto, ni la oscuridad que le rodea.

«¿Quién soy»

Le pregunta, como si fuera el dueño de la respuesta. Shaka responde con la seguridad que tiñe cada uno de sus pasos, con la que le asusta y estremece. Es fácil contestarla, lo es para él que juega con la distancia porque en sus manos está los mapas del mundo y teme que de su laberinto también.

Géminis, dice.

Géminis no duda en preguntarse cómo puede estar seguro de que es él. Como puede no darse cuenta de su doble máscara. Si lo sabe y es él el engañado. Si para Shaka no hay velo oculto.

Es peligroso, repite dentro de sí cuando lo ve sonreír como si el misterio fuera un espejismo. Como si la verdad estuviera transparente bailando en sus pestañas.

La distancia se convierte en prioridad.

¿Pero como se puede alejar lo que siempre juega con los espacios?

Shaka ya no estaba frente a suyo. Tardaría en estarlo, y entonces se molestaría. Aparecería de imprevisto, exigiendo, para generarle suspicacia.

«Ambivalencia»

Shaka juega con la distancia y eso es peligroso.

Comienza a darse cuenta de los espacios vacíos que deja.

Y calla. Teme. Extraña.

#17:Enfermedad

Sostuvo el aire de sus pulmones apretados y contuvo el aliento. Pese a su control, no estaba seguro de cuánto tiempo estaría allí, obligando a sus piernas a mantenerse de pie y cumplir con la orden. Pensó que dos días de descanso abandonando la meditación sería suficiente para recuperar la compostura de su cuerpo. Pensó erróneamente. Era notable que su organismo aún mostraba señas de debilidad.

Apretó los puños negándose a ceder. Su maestro lo había llamado para acompañarlo en la lectura de las estrellas, no podía de ningún modo negar su petición. Así que estaba de píe, con el frío de la noche, controlando el leve temblor de sus extremidades y contando los segundos faltantes para regresar a su templo.

Las palabras del patriarca se perdía en los rastros de inconsciencia que flotaban a su alrededor. Algunos movimientos no los pudo percibir con claridad: ni cuando volteó hacia él, ni mucho menos cuando dirigió los pasos a su dirección.

—Las estrellas vaticinan tranquilidad. —Escuchó decir y se mantuvo inconmovible pese al temblor que amenazaba con expandirse en su cuerpo—. Sin embargo, debemos verificar a los países del norte. La guerra podría esparcirse desde ellos.

No estuvo seguro de qué generó el escalofrío: si fue la posibilidad de una guerra, su malestar o la fría mano del pontífice que le tomó la mejilla repasando con su pulgar la piel caliente.

—También me han dicho que no estás bien. —Estrujó sus cejas doradas y mordió ligeramente su labio ante su debilidad—. Pero eso lo supe en cuanto te vi.

—Fue una imprudencia de mi parte meditar en Sunion mientras llovía—comentó sin saber si debía alejar el contacto o sería aquello una falta de respeto a su santidad, que pese a todo solo se estaba preocupando por su estado.

—Realizas demasiadas imprudencias. Primero querías que te enviara solo a expandir tu cosmos en la batalla de Cronos, elevas tu cosmos hasta los límites y castigas a tu cuerpo con ayunos.

El tono de su reprimenda no le sorprendió, sin embargo le superaba el malestar consigo mismo al encontrarse tan débil. Años habían pasado desde que tuvo una fiebre, años sin que su cuerpo le afectara de esa manera. No podía darse el lujo de sentirse tan humano.

Bajó su rostro, aunque el contacto de esa mano no lo soltó.

—No volverá a ocurrir. —Más que una promesa al patriarca, era una así mismo y a su orgullo que parecía derrumbarse.

—No, no pasará. —Shaka sintió la otra palma sobre su rostro. El calor que ya sentía por la fiebre, incrementó, si eso era posible—. Vas a descansar.

Fue como una orden que su cuerpo no dudo en responder. Como si la energía hubiera detenido sus pensamientos, en un segundo la energía se dispersó de su alrededor y se sintió totalmente perdido por la gravedad. Abrió los párpados. La figura del pontífice, ajena a él, apenas se vio borrosa.

Cayó.

#8: Flojo

Su cuerpo obedeció una orden, la que él le entregó. A través de sus manos el haz de luz irradió poder en su cabeza y lo hizo debilitar. Destrozó toda la barrera mental que Shaka había impuesto a sí mismo para no desfallecer. Virgo cayó desfallecido y su cuerpo joven fue sujeto con una de sus manos. En el segundo que creyó ver sus ojos, vidriosos, había constatado que eran azules.

Siempre se había preguntado por su color.

El genroumaken tenía sus ventajas ya que había aprendido a usarlo con total control. Estaba seguro que Shaka jamás sabría que eso era lo que había pasado.

Lo cargó fácilmente de regreso a la sala patriarcal y dudó por largos minutos en sí llamar a uno de los dorados para que lo regresaran a su templo o esperar. El peso de Shaka caía sobre sus brazos laxamente, no había oposición alguna y encontrarlo en ese momento tan debilitado le resultaba una escena que quizás nunca más vería. Virgo no era hombre —ni siquiera de niño—, de demostrar debilidad, y jamás admitiría algo como lo que estaba mostrando en ese momento.

Decidió entonces no llamar a nada y llevarlo a sus aposentos, donde esperaría a que recuperara su consciencia.

Aquella noche, se mantuvo en silencio y rumiando mientras lo veía en la cama sudar la fiebre. Con la barrera de control destrozada, el cuerpo de Shaka mostró todos los síntomas que había estado guardando para evitar enfermarse. Ahora estaban allí y su mente no podía hacer nada para detenerlos, superado por la fiebre. El espectáculo para él era inusual, no dejaba de pensarlo. El mismo que había ido solo con la confianza de sellar a los gigantes de los titanes, en ese momento temblaba y sudaba como un humano común.

La fragilidad del cuerpo era evidente incluso para ellos que iban por encima de los límites. Eso era una verdad de las que no podían escapar. El Saga que era en ese momento, con pensamientos de poder, se burlaba ante la ironía mientras dejaba ver a su encerrado Saga los estragos de los síntomas. ¿No había hecho él también una barrera mental para contenerlo?

En medio de sus constantes divagaciones, se quedó dormido sobre el sofá adyacente a la mesa donde solía leer. El movimiento flojo de los brazos de Shaka terminó por despertarlo, más entre la somnolencia no era el otro Saga quien estaba allí.

Shaka lucía perdido, con su ceño fruncido y sin rastros de temblor. Una palma tocaba su propia frente constatando la temperatura. Mordió ligeramente su labio inferior y con dificultad se sentó en la cama, con el rostro agachado quizás por la vergüenza o el mismo malestar.

—Tienes que regresar —dijo con voz gruesa. Shaka siquiera se inmutó. En silencio sacó los pies de la cama y se vistió con la armadura.

No preguntó nada. Todo estaba evidente. Se disculpó en un gesto antes de partir.

Saga se quedó mirando la cama desocupada.

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