Elíptica – Parte 3

—¿Qué sabes, Shaka?

—Sé que estoy aquí porque debo y quiero.

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Temas: Canon, Drama, Romance
Resumen: ¿Por qué nunca estuvimos lo suficiente junto ni lo suficiente separados?

#25: Fracaso

Fracasó.

En su intento de no flaquear, terminó en la habitación del patriarca en condiciones que amenazaban con irritarlo más que la misma fiebre. No tuvo noción de nada, solo de la forma en que su consciencia se apagó dejándolo terriblemente vulnerable. No podía siquiera pensar en aceptar semejante fallo de su parte.

Por eso, cuando volvió ante el sumo patriarca luego de haber superado su repentino malestar, no dudó en hacérselo saber. No podía siquiera hallar las palabras exactas para mostrar su vergüenza por haber ocupado su cama, de esa forma, en semejantes condiciones. Inaceptable para Virgo. Inadmisible para Shaka.

—Entonces… —El tono de voz de Saga, tras el trono, se hizo suave luego de la interpelación—. ¿Te estás disculpando, Shaka?

Aparentemente su retórica no fue lo suficiente clara por lo cual lo consideró un fracaso más. Shaka tomó aire, el suficiente, para mantener el porte.

—¿Sabes por qué razón estás aquí, conmigo?

Las razones más claras o evidentes hubieran sido una respuesta, pero Shaka supo de inmediato que no serían la correcta. Frunciendo el ceño, sintió el movimiento de los mantos sagrados cuando el sumo pontífice se levantó del asiento. Contuvo el aire por un momento.

—¿Por qué tu, Shaka de Virgo, eres quien me acompaña a Star Hill?

No encontraba más que las obvias, pero dentro de él sabía que decirlas serían una equivocación. Debía encontrar lo que estaba detrás de sus palabras, lo que el patriarca intentaba decirle en un tono de velado secreto. Los pasos de él se acercaron al lugar donde se mantenía en pie. Esa distancia cada vez más corta, por primera vez, tenía un mensaje implícito para él.

—¿Qué sabes, Shaka?

—Sé que estoy aquí porque debo y quiero. —¬Levantó su rostro hacía él para confirmárselo.

—También porque yo lo quiero y así lo he permitido. —Se detuvo a un paso, Shaka lo sintió. El aire rozaba y bailaba entre sus pies—. Si ante alguien te vas a mostrar débil, será ante mí. Si con alguien debes verte vulnerable, será ante mí Shaka, no admitiré que lo hagas ante ningún enemigo ni ninguno de tus compañeros.

—Quisiera entender el porqué de ello. —No disfrazó la sorpresa en su rostro, ni en su voz.

—Porqué quiero que incluso tus compañeros te teman. —El patriarca subió su mano y deliberadamente atajó uno de los cabellos dorados de Virgo, rozándolo entre sus dedos. Shaka volvió a atajar el aire, ensimismado en encontrar el significado de sus palabras—. Para el mundo, eres y serás lo más sagrado entre el cielo y la tierra. Así me protegerás incluso de los traidores.

«Cómo Aioros»

Así Shaka lo comprendió. Aceptando la orden, asintió antes de inclinarse para besar la mano que el patriarca le había extendido para manifestar su autoridad.

—El más cercano al maestro. Solo ante usted extenderé mis dudas.

—Solo ante mí.

Así, ya no fracasaría.

#2: Herida

Levantó la mirada. La herida seguía allí, visible como la inconsciencia que lo había invadido por completo. No entendía cómo había llegado de nuevo a ese lugar, a Sunion, con el arma de los dioses en la mano y la sangre moviéndose en líneas circundantes sobre el filo. Tuvo miedo de saber. Tuvo miedo de pensar que de nuevo había ocurrido.

Cuando bajó los ojos, el terror lo heló. Incandescente era el destino e imperdonable la culpa cuando la mirada se posó en los azules que se habían apagado. La mancha de sangre estaba en su cuello. El dorado de su cabello estaba manchado. Todo él ahora era un cuerpo sin vida yaciendo bajo sus pies.

Soltó el arma. Retrocedió pasmado cuando la imagen fue tan verídica que no pudo siquiera negarla. Shaka estaba allí, Shaka estaba en el risco, sangrando y ya sin vida. Shaka había muerto por sus manos.

«No»

El temor de que su secreto se revelara y sus manos tuvieran que matarlo fue letal. Lo tragó con profundas succiones hasta no dejar nada de cordura en su cabeza. Posó sus manos entre sus cabellos y apretó su cráneo, se puso de rodilla sin poder contener la angustia atorada en su garganta.

«No»

El peligro de confiar en él, era que no confiaba del todo.

El error de no decirle la verdad es que esa era a su vez la garantía. Saga no podía confiar, ni el uno ni el otro en alguien que fuera totalmente a su favor, o en su contra. La duplicidad del pensamiento de Shaka, tan conveniente para él, lo dejaba en la fina línea entre ser su esperanza y su castigo.

En esa historia, la fina línea se perdió. Su cuello besó el filo de la daga.

«¡No!»

—Calma.

Pese al llanto que inundaba su rostro sintió el destello de calor que emanaba de algún lugar lejos de su mente.

«No…»

—Calma…

Cuando abrió los ojos, no había noche, ni mar, ni sangre envuelta en sus manos. Solo sábanas, la luz de las velas y la piel blanca que cubría la palma que le rozaba la frente. Arrugó su ceño perdido, con el temblor en sus extremidades tensas. Movió sus pupilas hacia donde Virgo estaba sentado, a un lado de la cama.

—Virgo. —Quiso preguntar, pero al mismo tiempo no quiso saber la respuesta. Shaka con sus párpados cerrados, soltó el aire enseriando su rostro.

—Tres noches buscando la respuesta de las estrellas debilitó su cosmos. Lo he traído a sus aposentos para que descanse.

—Has hecho bien…

Gruñó un poco, pero intentó mantener el tono de voz grueso para evitar mostrar más debilidad. De momento todo se había vuelto difuso, tragado por su propia mente, no supo en qué momento se había perdido.

—Puedes regresar. —Le ordenó. Además, necesitaba poner en orden a su mente y dejar de sentir el desequilibrio de esa visión.

—Bien. —Soltó el aire, esperando por sus pasos—. ¿Puede soltarme?

«No» Supo de inmediato.

#30: Héroe

Su curiosidad no tenía límites, por eso le hizo esa petición. Fue el patriarca quien, luego de pensarlo unos minutos, accedió a no solo darle acceso al extraño lugar, sino a acompañarlo en el tiempo que fuera necesario.

Con pasos cuidadosos se adentró al lugar lleno de polvo. Aquel pequeño sitio de Star Hill resguardaba los secretos más vedados del santuario y la biblioteca donde estaba relatada las antiguas guerras. Para Shaka ese lugar era recinto divino, no podía blasfemar contra los recuerdos y conocimientos mencionados en cualquiera de los pliegues almacenados.

La presencia del patriarca se mantuvo a una distancia prudencial, dándole espacio para movilizarse. Shaka ya había medido el sitio exacto donde el sumo pontífice se había quedado, justo cerca del escritorio donde algunos manuscritos estaban ordenados. Pero Virgo buscaba algo más, algo que tenía que ver con lo que había soñado noches atrás y tenía relación con su rosario. La pieza antiquísima estaba en sus manos y apenas se acercó al estante de los enormes libros apilados, comenzó a parpadear con rastro de cosmos. Shaka supo que allí estaba la respuesta.

Alzó su mano y primero sintió la textura del polvo en sus yemas. Arrugando su ceño, verificó el polvillo pegado a su piel y lo sacudió, luego se dispuso a tomar el tomo completo para llevarlo hasta la mesa donde el patriarca aguardaba.

—¿Qué buscas? —Escuchó su tono de voz, un tanto imperativo y sopló sobre el tomo para liberarlo del polvo. Una nueva se hizo ver en el aire, la que aparto agitando las manos.

—Respuestas —contestó y al apartar con sus uñas las hojas, abrió sin titubear la página del libro. El grueso tomo impactó contra la madera, dejando un sonido sordo.

El patriarca se alejó unos pasos, luciendo impaciente. Aprovechando la distancia, Shaka abrió sus párpados para enfocar su vista en las palabras lubricadas en el viejo papel. Era el resumen de la anterior guerra, justamente donde relataban lo ocurrido en los templos malignos.

Se mantuvo en silencio mientras leía y la mirada del patriarca estaba fija en él, a su espalda, casi de forma amenazante.

—¿Qué encontraste? —De nuevo el tono de voz áspero.

—Respuestas. —Supo que no sería suficiente con ello, la mirada se lo decía, elevando chispas hacia su nuca—. El rosario me mostró a un traidor.

No fue un secreto para él como la atmósfera había cambiado y la sitió gélida.

—A un traidor, que fue a su vez un héroe. Detuvo las ambiciones de un dios caído y encerró con ayuda de este rosario a la estrella que le había dado poder.

Al patriarca se mantuvo en silencio, observándolo seriamente mientras Shaka alejaba sus manos del libro, para acariciar las cuentas del rosario.

—En géminis, siento energía ambivalente. Le pregunté a Buda que debía concluir de ello, de su silencio y el misterio de su casa.

—¿Qué contestó?

—Él no contestó. Pero el rosario me lo mostró.

—¿Qué te mostró, Shaka?

—Al héroe.

#24:Independencia

Siempre disfrutó observar la independencia de Shaka en cada movimiento. Lo hacía de lejos, sigilosamente, como un fantasma ocultó entre las piedras y las columnas, se fijaba en cada decisión que Shaka tomaba haciendo uso de su libertad. La que él le había conferido.

De ese modo bajaba al coliseo para estudiar a los aprendices, se dirigía a Sunion para comprobar cualquier amenaza y subía a sus aposentos sin necesidad de ser llamada.

No era solo eso lo que Shaka manejaba de forma independiente. Su vida privada incluso lo era. Ajeno a todo, Shaka parecía colocar muy de lado los asuntos del santuario y su privacidad.

Quería comprobar algo en particular de ello.

Lo llamó hasta la sala principal y con un simple «sígueme», lo convidó hasta su habitación. Con la mirada la puerta se cerró gracias a su poder y Shaka estaba allí, en medio, con el rostro que no mostraba sorpresa alguna. Ni asustado, ni tomado desprevenido, más bien, parecía estar preparado a ello.

—Desnúdate. —Le ordenó y volteó hacía él para comprobar cuanto tardaría en obedecer. Pero Shaka no se movió, ni se irritó, tan siquiera se mostró desconcertado. Con sus párpados cerrados miraba.

—¿Puedo saber el objetivo de esto? —El patriarca dio un paso hacía él.

—Lo has hecho ya. —Comentó en tono conciliador—. ¿Cuáles han sido tus motivos?

Parecía que no había nada que pudiera sorprenderlo, Shaka se había quedado callado con la misma expresión.

—Con Aioria, curiosidad. —Confesó y la mano del patriarca lo tomó de su costado, acariciando indolente las líneas de su armadura—. Quiso llevar nuestra amistad a algo más íntimo. Pero no funcionó.

—¿Qué ocurrió?

Shaka no sólo no se mostraba desorientado, sino que le invitaba. Hizo de lado a su rostro para ofrecerle el cuello blanco entre sus mechones dorados. Saga posó sus labios en el, resuelto a reconocer su sabor.

—No le gustó que yo no abriera los ojos. —Notó un atisbo de diversión en su voz, muy transparente—. Además, quiere llenar conmigo un vacío que no estoy dispuesto a tomar ni a hacerme responsable.

Al posar su palma sobre la armadura a su espalda, está se separó y acomodó a una esquina de la habitación, dejándolo expuesto. Saga no dio la orden, fue Shaka quien lo hizo.

—También con Milo —continuó—, pero fue diferente.

—¿Por qué? —Su brazo apretó el cuerpo hasta hacerlo chocar con el suyo y su nariz se metió entre sus cabellos, comprobando el aroma oriental que expedía.

—Fue una conexión. —Shaka elevó sus palmas para reconocer la ancha espalda cubierta por los mantos y encontrar que bajo ella no había nada—. Casi un descubrimiento, más no puede seguir.

—¿Por qué no?

—No soy yo a quién ama.

Shaka levantó su rostro buscando un beso, Saga lo detuvo con el pulgar en sus labios.

—¿Y conmigo?

—Con usted será diferente.

—No abrirás los ojos, aunque lo desees.

—No lo haré, aunque me lo pida.

No fue diferente.

Fue especial.

#7: Infancia

Abrió sus ojos pesados, luego de estar en lugares perdidos, recónditos y desconocidos dentro de sí mismo. La sensación había sido diferente, estallidos de bruma bajo sus párpados y un poco de energía acumulada dentro de su pecho. Tras ello un cansancio casi insoportable que eliminaba todo estímulo de levantarse de aquel lugar.

Se estiró perezosamente hasta que tropezó con su cuerpo. Al abrir los ojos y ver a un lado, el cuerpo de Shaka en posición de lotos estaba dispuesto sobre su cama, sin esfuerzo alguno de cubrir su desnudez. A Saga no le molestó, en lo absoluto. Aunque se sabía no dueño de la mayor parte de sus acciones, esa en particular la anhelaba.

Desde que descubrió que del niño encontrado en la India solo quedaba su poder y su exótica personalidad, había deseado eso. Había soñado con buscar qué había detrás del conocimiento y el misticismo con el que Shaka se movía. De todo lo que guardaba en sitios escondidos dentro de su ser. Conforme la infancia abandonó a su cuerpo, y el hombre que se creía dios se formaba, el anhelo volverlo simple mortal. En sus brazos.

El otro él también quiso lo mismo: por poder, por gloria, por orgullo.

Por control.

La atmósfera alrededor de él se volvió difusa y sus pensamientos parecían pesar dentro de él. Sus párpados se sintieron somnolientos y bostezó, soltando en un sonido grave el aire de sus pulmones. Cuando enfocó su mirada de nuevo, el tigre estaba allí, al lado de su cama, retozando. El enorme tigre de bengala respiraba a su lado, domesticado.

La visión no podía ser más apropiada. Ese era Shaka, la agresividad maquillada en hermosas ilusiones de virgo era así de amenazante, siniestra y calculadora cuando eran los enemigos quien tenía la desdicha de comprobarla.

Hubo movimiento a su lado y cerró los ojos. Los dedos de Shaka se cernieron sobre su brazo abandonado en la otra almohada, buscando recuperar la posesión de ella.

—¿Debería retirarme? —Le escuchó preguntar. Saga, y el otro, se rieron en sus adentros ante la interrogante.

Solo hubo silencio, y en él, Shaka simplemente obedeció la orden tácita. No se iría, así que se acomodó a un lado de la almohada para dormir. Saga no se conformó con ello, le jaló suavemente del brazo y lo convidó a acercarse más. Solo fue la invitación, Shaka hizo el rostro. Juntó sus piernas y acercó su rostro a él.

Ya no era niño. Pero le había fascinado desde niño, aterrorizado, intrigado. Pero tocándole la espalda volvía a pensar que ya no era niño.

—Irás mañana. —Determinó antes de apretar a su espalda.

Shaka asintió.

En medio de espacio entre el sueño y la vigilia, creyó verse a sí mismo con el niño en brazo camino al santuario. Lejos de todo.

Para la mañana siguiente, ya no estaría.

Lo consolaría el olor a arándolo.

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