Cumplido (Aspros x Asmita)

Desde que lo fue a buscar a Jamir, le debía algo a Asmita.

Anuncios

Temas: Canon, Romance
Personajes: Aspros, Asmita
Resumen: Desde que lo fue a buscar a Jamir, le debía algo a Asmita.
Dedicatoria: Para mi geme Karin que anda agonizando. Esto es mi respiración de boca a boca (?)
Comentarios adicionales: Es canon que Aspros alza a la gente como sacos de papas xD

La estructura está dividida en tres partes (que no supe como separar u_u). De 250, 500 y 750 palabras. Se suponía que esto iba a ser un pack de Drabbles.

Cumplido

La misión había sido clara. Ejecutarla: sencilla. Aspros se movilizó rápidamente siguiendo las órdenes hasta llegar a la torre del maestro de Jamir, quien lo esperaba con un joven aprendiz. Un muchacho que tenía todo para ser un santo dorado.

Aspros miró de pies a cabeza al adolescente cuando lo tuvo frente a él, luego de esperarlo por horas. Gracias a su capricho de terminar la meditación y no ser interrumpido, Aspros había tardado más de lo que calculó en su encomienda.

—Te llamas Asmita, ¿no? —El rubio asintió pero se negó a responder, luego agradeció con un gesto a Hakurei antes de avanzar hacia el camino empinado de la montaña—. Yo te voy a llevar.

No a gusto con el silencio del muchacho, lo tomó de los hombros para detener su caminar. Le entregó una mirada aprehensiva pero lo único que recibió a cambio fue su ceño fruncido y sus párpados cerrados, abundantes pestañas temblorosas. Aspros lo vio con más atención y dirigió su mirada a las manos que sujetaban un rosario de forma posesiva.

Le extendió su palma convidándole a tomarla y no lo aceptó. No tuvo opción, lo agarró del brazo para obligarlo a seguirle. Pese a lo incomodo que fue al inicio, Aspros se las arregló para no dejar que el muchacho lo atrasara más.

De vez en cuando dirigió su mirada a su cabello y al Japa Mala que colgaba de su mano, preguntándose la procedencia de ambos y que habían dejado atrás.

No tenía idea de cómo llegó «eso» allí, pero miraba al desdichado objeto moverse por las fuertes brisas, atrapado entre las ramas de la barricada. El terreno escambroso de las montañas de Jamir era bastante peligroso como para tomarlo con descuido. Hubiera sido más sencillo si a partir del encuentro con el santo que estaba bajo la custodia de Hakurei, simplemente hubiera usado su técnica para regresar al santuario. Pero tenía hambre, había un pueblo cerca y quería comer más que las verduras y leche de cabra que le habían ofrecido. Necesitaba carne.

Y de algún modo, mientras buscaba carne, Asmita había perdido el Japa Mala y eso había caído… allí.

Aspros tuvo un leve tic nervioso y hasta imaginó que podría ser una mala broma. El chico que había ido a buscar no tenía las mejores habilidades de convivencia pero no lo creía con el humor como para gastarle algo así. Además, el ceño fruncido, mientras el viento le movía el cabello a la altura de los hombros no le daba para pensar que se trataba de un juego, al menos no de él. Quizás del destino.

—¿Lo necesitas? —preguntó ya por quinta vez, como si quisiera confirmar la apreciación. Asmita se limitó a asentir cruzado de brazos.

Bien. Tenía hambre, no conseguiría carne allí y al parecer el joven Virgo no quería colaborar. Aspros tomó una determinación: caminó hacía él y con un brazo lo empujó hacía su cuerpo alzándolo como si se tratara de algún saco de papas.

—¡Qué haces! —La voz de Asmita se escuchó tan fuerte que no pudo evitar sonreír. Entonces sí hablaba.

—Lamento mis modales pero tengo prisa.

La dimensión se abrió bajo sus pies y lo trasladó justo al frente de la rama que contenía el rosario. El viento sopló sobre su cara y Asmita supo en ese momento que estaban a una considerable altura. Con el brazo libre, Aspros extrajo la pieza que se había enredado pero no contó que una parte del ornamento estaba anudado a una de las ramitas. Al jalarlo, éste se partió y dejó caer algunas de las cuencas al aire.

El pequeño sonido le golpeó sobre cada una de sus articulaciones, pese al ruido de la brisa que chocaba contra su rostro y desperdigaba sus cabellos hacia arriba. Miró con frustración como las cuencas se perdieron en el vacío y supo que no podría encontrarlas a tiempo. Sería un esfuerzo titánico tratar de devolverlo a su estado original.

Además, estaba el suave cambio del cosmos de Virgo cuando apreció por algún sentido singular que la pieza estaba incompleta, aún sí no se lo había entregado en sus manos. Sintió culpa.

Arrastró sus ojos hacía la pieza que aún tenía en sus manos y luego hacía el cabello rubio que se mecía por la acción del viento.

—No importa, ya no lo necesitaré. —Esa era la segunda vez que lo había escuchado hablar en el día, pero el tono había sido suficiente.

Lo supo de inmediato.

—Prometo reponerlo.

Había demorado mucho, pero lo consiguió. No había olvidado lo que le había dicho, aunque suponía que para Asmita había sido algún intento banal para hacerlo sentir mejor por la perdida. Sin embargo, él no consideraba ninguna promesa como banal, para él eran como deudas que debí pagar. La más pesada aún no se cumplía.

Dirigió sus pasos hacía el templo de Virgo y sopesó si debía anunciarse o no. Dos años habían pasado desde que Asmita había adquirido la armadura, tres desde que había llegado al santuario en sus brazos a través de la dimensión. Durante ese tiempo lo había escuchado hablar poco aunque como lo había predicho, sus habilidades sociales eran nulas. Soltó el aire y se encaminó guardando en su mano lo que había traído para él.

No lo consiguió en la sala principal y viendo que era ya de noche, se dirigió hasta el pasillo esperando que él saliera a su encuentro. Antes de poder avanzar a la mitad, la presencia de Virgo lo sorprendió a su espalda. Volteó y notó como Asmita se acercaba con su armadura dorada y el rostro serio. Mucho había cambiado desde esa vez.

—Géminis —llamó y detuvo sus pasos a un metro de distancia—. No has pedido permiso para entrar al templo.

—No te vi —respondió sin darle importancia al protocolo y se acercó un poco más a él observando como la luz de la habitación dibujaba líneas sobre su rostro.

El templo de Virgo se conocía como un lugar silencioso y oscuro. No había velas sino en la habitación de Virgo y eso era lo que comentaba algunas doncellas. Solo había luz en la sala principal cuando Asmita meditaba.

Observándolo detenidamente, notó un par de pétalos atrapados entre su cabello. Con aire divertido extendió su otra mano para apartarlos, jalándolos por todo el mechón de cabello rubio hasta haberlos liberado. Asmita permaneció imperturbable.

—No son rosas—acotó.

—Estaba en mi jardín —explicó Asmita rápidamente—. ¿Qué te trae a mi templo, Aspros?

Decidió no demorar más la entrega y tomó las manos sin ser brusco. Asmita se puso a la defensiva. Sobre sus palmas, Aspros extendió el Japa Mala y apretó sus manos en torno a las de él. Cuando lo consideró correcto, lo soltó y le dio el tiempo prudencial para estudiar la pieza.

—No fue fácil encontrarlo. —Asmita escuchó con rostro sorprendido mientras pasaba sus dedos por los flecos del rosario—. Pero logré encontrar uno idéntico.

No le iba a comentar sus métodos, pero había sido bastante obsesivo con encontrar justamente el mismo rosario. Primero le había preguntado a Sisyphus cuáles serían los lugares donde pudiera venderse. Con esa información, Degel fue su segunda parada y un largo rato entre los libros que le indicaran mayor información. Cuando se sintió lo suficientemente seguro, aprovechó los momentos en que estaba fuera del santuario para visitar lugar tras lugar. Supo que un rosario así, solo se construía en los monasterios, y fue allí donde dirigió por último sus pisadas.

Logró encontrarlo.

El rostro de pasmo que tenía Asmita fue la primera recompensa que Aspros recibió tras su búsqueda, quizás innecesaria, pero que tenía que ver con su palabra, su orgullo y su honor. Sonrió satisfecho al percibir los resultados.

—Cumpliste. —Asmita no alcanzaría a entender lo poderosa que era esa afirmación para él y lo mucho que la esperaba en la voz de su hermano. Aspros se limitó con asentir regodeándose en la sensación.

—Así es. He pagado mi deuda.

Asmita sonrió ampliamente.

Aspros nunca lo había visto sonreír antes, pero atrapó la imagen como si eso fuese de aquellas cosas hermosas y fortuitas que se atestiguaban una vez en la vida. Pensó que Asmita debería sonreír más a menudo.

Dejando de lado esa impresión, inició sus pasos para ir de regreso a su templo con una sonrisa. Cruzó a un lado de Asmita sin esperar alguna otra palabra más, pero la suave mano le asió del brazo y detuvo sus pisadas. Aspros volteó y observó que Asmita había hecho lo mismo dirigiendo su rostro hacía él. Al siguiente minuto, se había inclinado. Fue Asmita quien dio alcance a sus labios luego de haberlo jalado del brazo para darle un agradecimiento más elocuente.

Tomado por sorpresa, se quedó estático observandole las pestañas hasta que fue liberado. Asmita siguió su camino hacia la habitación, con una imperceptible sonrisa. Lo último que vio fueron los hilos brillantes desapareciendo en la oscuridad.

Quizás le prometería algo más.

Valdría la pena.

2 thoughts on “Cumplido (Aspros x Asmita)

  1. Me encantan las historias de Asmita con Aspros y Defteros. Me ha gustado mucho este Aspros, algo más cercano y amable que en otras ocasiones.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s