Elíptica – Parte 5

Temas: Canon, Drama, Romance
Resumen: ¿Por qué nunca estuvimos lo suficiente junto ni lo suficiente separados?

#10: Mito

Estuvo consciente para hacerlo.

En el coliseo, había estado él presente para atestiguar con sus propios ojos como el nuevo santo de Pegaso llamaba a su cosmos y derrotaba a su adversario. Casios cayó y sacrificó su oreja. Seiya había vencido.

Shaka le había adelantado desde antes los resultados de ese combate. Al girar su rostro, lo tenía a su lado con el semblante serio y la seguridad de haber acertado. Las variables que había usado esta vez para vaticinarlo, iban más allá de la lógica. Shaka lo había sorprendido.

«Tiene corazón y convicción»

¿Desde cuándo consideraba ese tipo de cosas? Le había sorprendido y sobrecogido en sobremanera su conclusión y había observado cuan acertada estaba. Ante los brincos de Seiya alrededor de pandora, Saga apreciaba que ciertamente si tenía el espíritu para tomar ese lugar.

De regreso a la sala del patriarca, Shaka le acompañó. Durante todo el tiempo hasta cruzar las puertas, se mantuvieron en silencio.

—El santo legendario ha renacido en esta era —anunció Shaka al estar a solas con él, mientras caminaba rumbo al trono—. El destino que recae sobre él está teñido con la sangre de dioses.

Un asesino de dioses. Saga se sentó al trono, sopesando sus ideas, su impresión, y la presencia de Shaka cerca de él aún después de lo que Afrodita le había dicho.

—Pero es el santo más fiel de la diosa —comentó Saga en medio de sus pensamientos y pasó su mano por su cabeza cuando sintió las conocidas pulsaciones que anunciaban la llegada del otro. Arrugó su ceño y miró a Shaka desde lejos, todo borroso.

—Así es, es considerado el santo fiel de Athena, los libros también lo adjudican. Es el santo del mito.

Saga se inclinó cuando el dolor dejó de ser temporal y se había convertido en una descarga dentro de su cabeza. Contuvo el aliento y apresó la manifestación maligna de su ser por unos minutos más, esperando que Shaka se retirara lo más pronto posible. No fue así, Shaka más bien se adelantó, subió los escalones y pasó sus manos por la cabellera. La fricción le dolió directo en el alma. Le dolió comprenderlo.

Shaka sabía…

Shaka sabía que había otro allí.

—Retírate, Virgo —soltó con voz ronca, más de aquel, menos de él.

Shaka se inclinó y destinó un beso noble sobre su cabello, en señal de obediencia. Cuando dio un paso atrás para seguir con la orden, fue el mismo patriarca quien asió sus brazos obligándolo a quedarse. Por solo un par de segundos el temblor se mantuvo. Luego hubo firmeza.

—Dijiste corazón y convicción. Faltó obediencia. —Shaka frunció levemente su ceño. Con la vista cubierta por cabellos negros, él había observado su semblante—. Del santo más fiel, eso decían de Capricornio y me atacó. Lo decían de Sagitario e intentó matar a la diosa. El mito es solo eso: mito.

—Si lo intentase, yo le enseñaré la obediencia.

—Mátalo.

Por dentro, Saga lloró.

#4: Pelea

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Shaka no se limitó ante sus preguntas, estaba seguro de merecer respuesta. Con su ceño fruncido y de pie frente al trono, exigía una explicación ante los consecuentes cambios en sus actitudes para con él. Shaka no había sido ciego a ello, pero conforme pasaron los días, había notado con mayor preocupación la manera en la que el patriarca quería formar distancia. Y no lo aceptaría sin tener al menos una justificación.

Hacer esto había significado doblegar a su orgullo. Pero la pelea interior entre lo que creía lógico y lo que debía ser había dado su victoria ante su lógica, que no hallaba ninguna culpa que le adjudicara aquel cambio.

Si había cometido un error o una imprudencia, asumiría las consecuencias. Y si el patriarca había decidido acabar con la forma tan intima de tratarse, quería escucharlo. No tenía intenciones de pedir oportunidades ni buscar algo más, solo comprender las razones que habían prolongado el distanciamiento.

Entenderlo al menos. La verdad la quería directo y no a media tintas.

—No hay nada que deba reclamarte, Shaka. —Lo escuchó hablar—. No se trata de eso.

¿Entonces de qué?

Shaka se sentía al borde de su impaciencia al no tener una respuesta consciente, pero conocía que el patriarca era dado en dar vueltas y jugar con las palabras. Era amo de ellas y no negaba la parte de sí que se encontraba fascinado cuando los debates mentales se extendían. Pero no quería eso, quería claridad y la quería pronto. O daría por terminado todo de raíz, él mismo.

—¿Lo extrañas, Shaka?

La pregunta lo envolvió, azuzó y estremeció por dentro, provocando un colapso mental entre los pensamientos que ominaban en ella. No quería decir que «extrañaba». No quería hacerse consciente de un tipo de necesidad que iba más allá a la admiración sacerdotal, aunque las manifestaciones hubieran trasgredidos las barreras. Asumirlo seria asumir una clase de sentimiento que no se encontraba dispuesto a aceptar y su raciocinio amenazaba con pelear con cada una de esas emociones.

Al cabo de minutos de silencio, el patriarca volvió a hablar, sin moverse de su sitio.

—¿Qué respuesta quieres oír, Shaka?

No lo sabía. Una lógica. ¿Acaso era demasiado pedir algo de lógica? ¿De sentido? ¿De razones que no se vieran movidas por esos sentimientos, o manifestaciones emocionales que querían robarle el flujo de sus actos?

¿Al final en esa pelea interna había ganado la lógica, la razón, o hubo otro elemento más que batalló, venció y hasta ese momento se hacía consciente de él?

—Solo la verdad.

—Esa solo tú la conoces.

Shaka se vio vencido por tan certera apreciación, e inclinó su rostro para retirarse. Al girar su cuerpo con dirección a la salida, de nuevo la potente voz del hombre a quien seguía, resonó.

—¿Qué eres capaz de hacer por mí?

«Todo»

Pelearía contra los dioses.

Entregaría su vida.

Creería en él.

Todo.

En silencio, se retiró.

#6: Pequeño

Pequeño. Ese fue el espacio que hubo cuando, al voltear, Saga se quedó a un paso de él.

Pequeño. Inexacto y transitable. La distancia con sus labios era accesible para él.

Si se lo permitiera… Pero el espacio pequeño se expandió. Virgo volteó aplicando la retirada de Star Hill. Le esperó para volver juntos.

Pequeño era cuando lo había conocido. Pequeño cuando empezó a manipularlo. Shaka era ahora lo que él había formado con sus manos y un poco más.

Su mente no quería perdonarle la distancia, aunque esta fuera abismal. El hecho de estar en una habitación juntos ya no era garantía.

Pequeño era el paso para superarla, pero alto el precio.

No quisiera extrañar.

#11: Postre

Tras una noche completa de observación en las estrellas, Saga había visto algo inusual, algo que hacía necesario un movimiento en Siberia.

Comenzó a pensar en ello mientras caminaba hasta la sala principal y en el comedor sagrado estaba dispuesta la cena de esa noche. Shaka, quien le seguía de cerca, decidió despedirse para volver a su sitio, más la invitación lo detuvo.

—Come conmigo.

¿Era eso un acto desesperado para retenerlo? Pese a que se había alejado lo suficiente, Saga se sentía ansioso ante la evidente distancia que Shaka había asumido sin reprochar más, desde aquella tarde que lo había interpelado. No sabía qué verdad había encontrado, peor estaba claro que el de Virgo había decidido obedecer la nueva situación sin pedir privilegios ni derechos, siquiera sin omitir alguna queja. Shaka se sentó en la mesa, al lado derecho, y probó los bocados separando con atención la carne de res y poniendo mayor énfasis en las verduras.

En largos minutos de silencio, se desarrollo la comida mientras los cubiertos realizaban pequeños sonidos de choque con la vajilla. Shaka terminó un poco antes, y se decidió a probar una de las frutas adornadas con almíbar que descansaba en la fuente.

Saga lo observó un tanto intrigado.

—¿Enviará la carta a Camus de Acuario? —Lo vió tomar la cuchara y llevar el bocado del postre a sus labios con confianza, disfrutándolo. Por demasiado tiempo se detuvo a pensar en cuanto lo disfrutaba.

—La escribiré. No puede negarse.

—Es enviar a su alumno. ¿Cree estar preparado?

—Es alumno de Camus, no debe vacilar por sentimientos.

—Son hermanos.

Como si la mención fuera suficiente, Saga detuvo el bocado antes de llegar a sus labios. Lo pensó un segundo y prosiguió.

—¿Te detendrías por la sangre?

—En lo absoluto. —Dejó descansar la cuchara en el borde del plato mientras tomaba la servilleta—. Nunca he estado atado a algún lazo de sangre.

—¿Padres?

—No los conocí. Mis maestros dijeron que vine en la lluvia.

—Ni hermanos.

—Todos somos hermanos del mismo universo. —Fue por otra fruta—. Pero solo hablo de mí.

Por un momento, el silencio se instaló permitiéndoles pensar en las próximas palabras. Saga hiló sus pensamientos con los planes que trazaba, sin perder de vista las actitudes de Virgo mientras avanzaba la conversación. La estrategia debía ser trazada y su opinión era precisa.

—Sí falla, sabremos que no era el indicado. —Decidió, sin posibilidad a colocar en tela de juicio su palabra. Shaka asintió.

—¿Qué hará si falla?

—¿Qué harías tu? —Se detuvo a calcular cuánto tiempo se tomaba Shaka en retirar el almíbar de sus labios

—Los asesinaría.

#9: Primera vez

Saga lo observó desde la distancia, con su cuerpo sumergido en el agua de la alberca mientras el brillo de Virgo golpeaba la oscuridad de la sala. Shaka solo dio una leve inclinación y caminó solemnemente entre las columnas, sin decir palabra alguna. Le sorprendió su llegada en ese momento, le asombró aún más que no dijera lo que pedía. Shaka prácticamente se había auto invitado a la alberca pese a la separación que ambos habían propiciado.

Por primera vez se sintió desconcertado.

Más aún cuando Shaka, sin señal mayor, se detuvo a un lado de la columna principal con sus ojos cerrados y los brazos cruzados.

Salió de las aguas y permitió que las gotas recorrieran su cuerpo en sentido descendente. El cabello largo se apegó a lo largo de su piel y se mantuvo así mientras recorría los escalones para salir. Pisadas húmedas marcaron el mármol frío y su respiración pausada se escuchó como un suave requiem en medio de la nada.

Shaka se movió. No había más que determinación y seguridad en su semblante. Conforme cada paso dado, Saga sintió la amenaza de sentir la gravedad empujándolo justo al centro que Shaka buscaba.

Lo estaba haciendo: la armadura dorada se desprendió de su cuerpo dejando a la vista su piel blanca.

Los ojos de Saga recorrieron la figura en la oscuridad que los candelabros no derrotaban. Sintió el empujón que la mano de Shaka promovió al tomarle de la muñeca y se vio inmerso en el torbellino que el llamado impuso sobre su piel. Contra el mármol lo sintió chocar, chocó, estalló el cosmos. La piel húmeda se plegó al cuerpo de Shaka y sus labios lo fueron a buscar.

Por primera vez era todo.

Shaka había ido a buscar lo que deseaba, y era tonelada de un anhelo encerrado lo que sentía entre sus bocas. Por primera vez, plenamente consciente, tiraba de su piel y acariciaba los muslos al ritmo en que él lo hacía. Saga gimoteó al sentir la necesidad, tembló cuando las manos blancas le tomaron más bajo de sus caderas.

Supo que iban a estallar.

Entre la oscuridad, hubo luz. Los ojos de Shaka se abrieron y lo supo porque todas las velas que habían en el recinto se apagaron ante el viento que origino la apertura de su sello en cosmos. El velo de las sombras lo ocultó, pero podría percibirlo aún en las líneas oscuras: las pestañas temblando, las pupilas dilatadas y los labios presurosos de reconocerle.

Por primera vez: suyo.

Por última vez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s