Friendship (Milo x Shaka)

Milo pensaba pasar la última noche con sus amigos y confesar sus sentimientos a Shaka antes de que se vaya a casa de sus padres. Pero en el camino las cosas cambian y las palabras terminarán sobrando.

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Temas:  AU, angst, romance, amistad.
Personajes: Milo, Shaka, Mu, Camus, Aioria, Aioros
Resumen: Milo pensaba pasar la última noche con sus amigos y confesar sus sentimientos a Shaka antes de que se vaya a casa de sus padres. Pero en el camino las cosas cambian y las palabras terminarán sobrando.
Dedicatoria: Para Atsushi_Kagami13, espero que te guste. Es un tanto raro, pero me gustó mucho escribirlo. Considero que en esta época además del amor y los obsequios, la amistad es uno de los mejores presentes :3
Comentarios adicionales: El Milo x Shaka es muy sutil, y está trabajado más desde la mirada de Camus, Mu y Aioria.

FriendShip

"Los amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y nuestra desgracia sin ser llamados."
Demetrio de Falerea

19 de Diciembre – 05:34 pm

—¿Nos vemos en el boulevard? —gritó Milo desde su auto, mientras veía a Aioria y Shaka enrumbarse hacia la camioneta de Aioros. Mu los seguía apretando su mochila y abrigo.

—En el boulevard, ¡no tardes!

Aioria agitó la mano en señal demandante. Sabía que Milo a veces se tardaba en llegar a los sitios y ellos no dejarían de celebrar su pequeña reunión navideña. Tenían que hacerlo en esas fechas: Shaka y Mu se irían para pasar las fiestas con sus familiares y Camus también viajaría a Francia. Si querían compartir entre amigos era el momento.

—¿Seguro no te quieres ir con Milo, Shaka? —Mu le habló desde cerca luego de darle alcance. Le tomó del hombro y sonrió de forma traviesa a lo que Shaka suspiró y sonrió suavemente para negar la acotación.

Los dos ingresaron a la camioneta, Mu en la parte trasera y Shaka en el asiento de copiloto. Se aseguró con el cinturón de seguridad y emitió una mirada donde el carro de Milo retrocedía para salir del estacionamiento. Era un nuevo modelo, sus padres se lo habían regalado por las excelentes calificaciones y su desempeño en el equipo de futbol.

Milo detuvo el auto tras la camioneta, la cual tenía las luces intermitentes para anunciar su salida. Bajó el vidrio y miró por un momento hacía la ventanilla de Shaka. Aioria se asomó por al lado del hombro del rubio.

—Llama a Camus cuando estés cerca, ¡dijo que avisaras! —Informó el castaño y Milo río divertido aunque al ver a Shaka y Aioria tan cercanos no dejaba de crearle ese ligero malestar.

—¡Lo llamaré!

—Milo. —El aludido descendió la mirada del rostro de Aioria hasta Shaka, quien lo había llamado con su voz suave—. No olvides el cinturón.

El conductor le sonrió confiado y estiró el cinturón para mostrarle que ya lo tenía puesto.

—Siempre Shaka. —Compartieron una sonrisa—. ¡Nos vemos! ¡No tarden!

19 de Diciembre – 06:02 pm

«Le doy comida a mi gato y bajo»

Ese fue el mensaje de Camus.

Milo se rio divertido recordando el día que, haciendo un trabajo juntos, el gato le había deshecho toda su bufanda tejida. Camus había durado una semana disculpándose por ello, a lo que Milo no le dio demasiada importancia. Desde que Camus había adoptado al gato, le había hecho pasar por diversas situaciones divertidas.

Dejó el auto encendido y aumentó el volumen a su reproductor. Golpeó suavemente el volante mientras tarareaba a Congratulations a toda voz, contento con la salida. Dando un vistazo a atrás, estaba el regalo que le tocaba a su amigo secreto, a Shaka. Empaquetado en un delicado papel de color madera, tenía un lazo decorado con un tronco pequeño y algunas nueces. Era artesanal el envoltorio y eso le gustó, porque era precisamente como Shaka.

Volvió la vista hacía el frente, sonriendo mientras cantaba el estribillo. Pensaba en la forma de describir a quién, desde hacía un par de meses, le robaba el pensamiento. Ya le había hablado a Camus de ellos. Le había dicho lo que sentía por Shaka, que al inicio solo podía pensar que se trataba de una confusión ya que nunca se había interesado en un amigo. Si en otros chicos, pero no en alguien tan cercano.

¿Y si no funcionaba?

Las palabras de Camus siempre fueron indicadas y le animaron a dar ese paso. Iba a buscarlo para que lo apoyara y no lo dejara huir en el último minuto.

Giró la vista hacía la puerta y vio a Camus cerrar la puerta por fin. Hacía frío, el francés iba cubierto con un grueso abrigo y una bufanda enredada en su cuello. Su cabello rojo ni se movía por el clima seco y helado. Desactivó el seguro de las puertas y se sonrío, esperando a su amigo.

—Te estás tardando mucho.

Cuando Camus volteó, sujetando regalo, agenda y teléfono en sus manos ocupadas, apenas le dio tiempo de reaccionar.

Escuchó ambos frenazos, el golpe y solo pudo observar con sus ojos como el carro de Milo era arrollado por otros dos a toda velocidad, luego de haber chocado contra él.

19 de Diciembre – 06:28 pm

—¡Se está tardando mucho! —exclamó Aioria golpeando la mesa del restaurant.

El local estaba decorado con motivos navideños. Del techo de madera colgaban estrellas plateadas y doradas, también habían adornos de renos y casas nevadas a lo largo de la pared. Mu bebía un poco del vaso de agua mientras veía a Aioria sacar de nuevo el móvil y enviar un mensaje para presionar a Milo y preguntarle donde estaba. Se molestaba al ver que Milo tenía más de veinte minutos sin conectarse.

Los tres últimos mensajes habían quedado sólo con la señal de enviado. Aquello era extraño, pero conociendo a Milo, era muy capaz de que su móvil estuviera descargado. Si era así solo sería cuestión de tiempo de que lo pusiera a cargar conectado a su carro.

Shaka no había querido comer nada. Sentía el estómagoo revuelto.

—Este pan está delicioso. —comentó Mu y le ofreció un poco a su amigo que se veía tenso y callado—. ¿Qué ocurre, Shaka?

El aludido solo le sonrió y le dio un par de palmadas en el hombro. Mu, que era altamente intuitivo, no se iba a dejar convencer por esa actitud. Se acomodó de nuevo en el asiento y escribió un mensaje. Al minuto, el teléfono de Shaka sonó y lo sacó para revisar.

—¿Es Milo? ¡El maldito no me ha contestado aún!

No era Milo. Era Mu. Shaka leyó el mensaje y sintió más agitación en su estómago.

«Creo que hoy es la oportunidad para decirle lo que sientes. Anímate J»

19 de Diciembre – 06:31 pm

—¡Milo!

Camus había arrojado todo. Regalo, celular, la agenda: todo. Salió corriendo en cuanto el impacto se detuvo y luego de la coalición sólo se veía el humo salir de los tres automóviles.

No podía entender qué había ocurrido; de momento Milo estaba en su auto frente a él, de momento dos autos uno encima del otro estaba sobre el carro de Milo. Camus no podía atinar a hacer algo más que correr y dar la vuelta para buscar la puerta del conductor.

El vidrio estaba partido y apena sujetado por el plástico ahumado que mantenía el interior cubierto de la luz pública. Camus abrió la cerradura y empujó con fuerza en varias ocasiones. Sintió su garganta trabada y todo  estaba detenido a su alrededor. Como si estuviera sumergido en un envase de aceite, lo único que podía sentir era su pecho apretarse conforme los segundos se escapaban de sus manos.

La desesperación lo llevó a golpear el vidrio, al no ver la puerta ceder. Pateó con fuerza, jaló la puerta dejando caer las sílabas del nombre de su amigo en su garganta destrozada. Sintió la humedad rodar por su mejilla hasta empapar.

No notó que algunos vecinos habían salido. No notó cuando el conserje del edificio donde vivía lo empujó para alejarlo del auto. No escuchó cuando le indicaron que ya estaban llamando a la ambulancia y la policía. Que nada podía hacer. Nada en sus manos.

Olvidó respirar.

19 de Diciembre – 07:01 pm

—¡Maldición! —Se quejó Aioria al ver la hora—. ¿Dónde demonios están?

Mu bostezó con una mano ocultando sus labios y miró de reojo a Shaka. Este ya se había puesto a jugar esa aplicación de dulces en su teléfono. Los tres estaban entre tensos, molestos y preocupados, no podían estar seguro cual dominaba de las tres emociones. De nuevo el mesero se acercó a la mesa para confirmar sin querían algo.

—Estamos esperando a unos amigos —respondió Mu al ver el gesto de fastidio que ya Aioria cargaba—.  Sí, por favor, denos unos minutos más.

Shaka mordió el labio mirando su celular. La ansiedad le estaba carcomiendo por dentro, no podía hacer otra cosa que pensar en comer dulces y dulces de ese juego hasta que algo ocurrirá. No sabía porque se sentía tan intranquilo.

—¡Esos malditos son muy capaces de haber regresado y que ahora estén teniendo sexo!

Mu miró a Aioria abriendo muy bien sus ojos, en gesto de advertencia. Shaka perdió todas las vidas que le quedaban en Candy Crunch al haberlo escuchado.

—Se separaron hace tres años y son amigos, ¿qué te hace pensar que ahora van a regresar?

Aioria hizo cara de obviedad y el señaló el reloj. Mu arrugó su frente.

Shaka comenzó a buscar fotos en su cel para despejarse.

19 de Diciembre – 07: 17 pm

La ambulancia y el cuerpo oficial llegaron para verificar los hechos. Acordonaron el área, impidiendo que cualquier persona pudiera entrar, incluso Camus que aún era sujeto por el conserje. Tuvieron que forzar la puerta del piloto en el auto de Milo, porque había quedado totalmente atorada. El primer carro estaba sobre el techo del auto de Milo, luego que el segundo lo hubiera empujado hasta allá. Fue precisamente el segundo el que golpeó, luego, de lleno la parte trasera.

Camus mantuvo los ojos bien abiertos cuando los paramédicos sacaban junto a los oficiales el cuerpo de Milo del automóvil. No había querido subir la mirada para ver como el conductor del primer auto había salido disparado y tenía la mitad del cuerpo suspendida. Se aferraba a la quizás ilusa idea de que Milo estaba fuera de peligro. Luego de cortar con el cinturón de seguridad, sacaron a Milo con la cabeza completamente ensangrentada y golpes múltiples.

—Merde… —Soltó Camus en su lengua madre, al pasar sus manos temblorosas por la cara—. Milo… ¡Dios!

No le importó zafarse del agarre del conserje para romper su posición y buscar acercarse a los paramédicos y saber más de su condición. Tras responder varias preguntas, lo informaron: estaba vivo, pero de gravedad.

Camus logró ver el rostro de Milo cubierto de sangre, antes de que la camilla ingresara a la ambulancia.

19 de Diciembre – 07: 25 pm

—El teléfono de Camus suena y suena y nadie agarra. El de Milo está apagado. Esos dos… —Aioria tuvo que callar al nuevo rostro de advertencia de Mu. Resopló y escuchó cuando Shaka se levantó de su asiento y pidió permiso para ir al baño.

Ambos miraron a Shaka moverse con rapidez y evidente turbación. En cuanto salió de su alcance, Mu volteó los ojos hacía Aioria, mostrándose enojado.

—¿Acaso quieres dejar de hablar tontería? ¡Shaka se siente mal!

—¡Pues no se me ocurre que más pueden estar haciendo! Llamé a casa de su madre y no lo han visto, ¡en el apartamento de Camus nadie responde!

—Yo estoy empezando a preocuparme y en serio… —La gravedad en su tono de voz logró que Aioria enfocar su atención a él—. Independientemente que ellos quisieran volver o no, no nos dejarían plantados así como así.

—¿Quizás el auto se quedó? Milo apenas tiene días con él, es muy capaz que se le haya olvidado llenar el tanque al igual que siempre se le olvida cargar el teléfono.

Ante la idea los dos no pudieron evitar el sonreír. Se imaginaban a Camus enojado, soltando mil regaños en francés mientras Milo empujaba su lujoso auto en media autopista. Compartieron la imagen mental y rieron un poco.

—En todo caso, si no contestan en media hora, nos vamos.

No podían esperar tampoco más de lo que ya lo habían hecho. Los mesoneros no dejaban de mirar su mesa.

19 de Diciembre – 07: 38 pm

Por el tráfico, habían tardado más de lo que esperaban para llegar al centro de atención más cercano. Camus veía desde el otro lado de la ambulancia al cuerpo de Milo cubierto por las sábanas manchadas y los paramédicos limpiando la sangre que veían para poder contemplar mejor el alcance del daño. Su cabello enmarañado estaba pegado por la sangre seca, su rostro comenzaba a inflamarse desde un lado de la frente hasta su barbilla. Uno de sus párpados no cerraba bien por la inflamación y Camus odió verlo así.

Si tan solo se hubiera preparado cinco minutos más temprano. Si tan solo no hubiera volteado cuando su gato maulló pidiéndole de comer. Si tan solo hubiera adelantado diez minutos a su siesta vespertina… La catastrófica cantidad de suposiciones lo aplastaron hasta demoler por fin sus defensas y provocarle un visible temblor. Se abrazó fuertemente y cerró sus ojos, su mente era incapaz de pensar en otra cosa más que en saber que Milo estaba bien, que podía salir de eso. Olvidó incluso que cargaba un reglo, que la gente los esperaba.

¿Cómo podía pensar en los demás cuando él estaba así?

19 de Diciembre – 07: 47 pm

—Lamentamos mucho las molestias… —murmuró Mu al mesonero que les había pedido amablemente pagar la cuenta si no iban a consumir nada más. Ninguno de los tres tenía ánimos de nada. El hecho de que nadie respondiera al teléfono empezaba a ser inquietante.

Aioria sacó su billetera y pagó los panecillos y el trago que había pedido para esperar. Los otros dos se levantaron de su asiento. Mu miró su caja envuelta en papel con motivo de gatos navideños y miró a Aioria con gesto entre decepcionado y entristecido. Se acercó a él, dejando a Shaka a un lado recogiendo sus cosas.

—Sé que no era la manera en la que esperábamos, pero mañana es mi vuelo al mediodía. Sin concretan otra reunión, ya no podré estar. —Extendió la caja ante la mirada verde de Aioria, quién sonrió con amplitud—. Feliz navidad, amigo mío. Espero que este año  venga con mejores cosas para ti y tu familia.

—Dios, Mu. ¡Te voy a extrañar!

Tomó el regalo pero sin detenerse a verlo, prefirió ocupar el momento en abrazar fuertemente y con mucho cariño a su amigo. Compartieron un abrazo fuerte, apretaron sus espaldas en gesto de completa confianza y afecto. Cuando se separaron se miraron por un momento y Mu pudo ver que los ojos de Aioria se encontraban conmovidos ante la ineludible separación.

—Aioria…

—Jo… Ya me voy a poner… ¡argh!

Shaka miró el momento y sonrió con suavidad. Aioria aunque aparentara ser un león orgulloso e imponente, cuando era tocado en sus emociones era sumamente expresivo. Se acercó y posó una mano en Mu, quien pese a mostrarse más fuerte, también sentía la tristeza de separarse.

Un año de amistad. Un año juntos, los cinco, cumpliendo sus metas estudiantiles y compartiendo muchas cosas. Ese año se habían conocido y entre ellos pensaban que había sido un grandioso encuentro. Que era de esas amistades que perdurarían…

Aioria al verlos a los dos mientras abría el papel de regalo, recordó las palabras de su hermano. Se lo dijo en tono confidente, luego de haberlo buscado a la universidad.

«Cuídalos. Son valiosos»

Aioria no podía darse una idea de cuánto. Al abrir su regalo y ver las botas deportivas que tanto había querido comprarse hace dos meses y que no pudo, casi se le salió un gritillo de la emoción.

—¡Esto…! ¡Esto es trampa!

Mu soltó una carcajada y Shaka renegó. De repente los dos se vieron atrapados por los brazos de Aioria en gesto de agradecimiento.

19 de Diciembre – 08: 01 pm

Soltó mecánicamente el número de la casa de los padres de Milo cuando el oficial se lo pidió. Miró con gesto desesperado la camilla de su amigo perderse con los médicos en el centro de atención. Cuando el hombre le preguntó su había otro número, Camus atinó con pasar sus manos por todo su cuerpo en busca de su móvil. Apenas traía su billetera, el abrigo, la bufanda a punto de caerse.

Su rostro sonrojado con el frío reforzaba la suave estela de pecas en sus mejillas. Sus labios pálidos vibraban ante cada exhalación atorada. Camus pasó los ojos de un lado a otro, consiguiendo tanto blanco que el color del luto se hacía persistente a su vez, una contradicción tan inverosímil pero sentida, difícil de poder ser explicada.

Pese a que el oficial se alejó, Camus buscó con todas sus fuerza un poco de voluntad para actuar. Estaba solo, totalmente desarmado y no sabía cómo enfrentar una situación así. Cuando los padres de Milo llegaran, seguramente estarían totalmente angustiados por el estado de su hijo. Y Aoiria…

¡Aioria! Camus volteó violentamente sobre su eje, buscando algún teléfono a la vista. Aioria, Mu, ¡Shaka! ¡Debían estarlos esperando!

Aunque su primer impulso fue llamarlos, algo dentro de él tenía miedo de hacerlo. Se contuvo por un momento y sopesó sus opciones en el poco control que podía llamar dentro de sí para manejar semejante noticia. Quizás sería contraproducente, pero Mu y Shaka jamás le perdonarían no haberles dicho de lo ocurrido y dejarlos ir a su tierra así. Tenían que saber… tenían que estar allí.

Dirigió sus pasos rápidamente hasta la sala de espera y con el temblor aún en sus manos buscó su billetera. Aún tenía crédito en su tarjeta de llamada, así que activó el teléfono y marcó el número. Apretó sus labios mientras escuchaba las instrucciones. Posiblemente su cabeza estallaría por la tensión y el malestar.

19 de Diciembre – 08: 05 pm

—Yo te guardó el regalo —comentó Aioria mientras caminaban al estacionamiento donde había dejado la camioneta. Mu sonrió discretamente y Shaka dio un hondo suspiro, mirando hacia la carretera.

—¿Nada que contestan? —preguntó Shaka con aire melancólico. En ese momento Aioria recibió una llamada.

—¡A ver! ¡Quizás sean ellos! —Aioria contestó, sin prestar mucha atención al número desconocido—. ¿Diga?

Mu aprovechó el momento para acercarse a Shaka. Le inquietaba el semblante que llevaba su rostro y la palidez de incluso su mirada. La reunión no había acabado como esperaba y Shaka quizás no tendría oportunidad de hacerle saber a Milo lo que sentía.

—Shaka… Anímate, ¿sí? Estás pálido.

—Siento… siento que algo está mal. —Le confesó Shaka con la preocupación en sus ojos—. Algo no está bien, siento algo en el ambiente muy mal.

—Yo también estoy preocupado…

—Shaka, Mu… —Los dos voltearon al escuchar la voz de Aioria. La palidez de Shaka no fue nada al ver la cara de su amigo, el temblor en sus pupilas, la forma en la que el horror se apoderó de él—. Milo…

19 de Diciembre – 08:21 pm

No tenían certeza de cómo habían llegado. Ninguno supo siquiera como se habían metido en la camioneta. Mu se había ido en el asiento del copiloto y durante todo el viaje tuvo que contener las manos de Aioria, quien manejaba sin mediar en el cómo conducía, visiblemente alterado. Shaka estaba aún más blanco de lo que salió del restaurant.

Aparcaron agresivamente cerca de la clínica. Aioria se lanzó literal fuera de la camioneta y caminó a paso rápido hacia el Centro. A duras penas dio tiempo de alcanzarlo, aunque Mu estaba jalando a Shaka del brazo en todo el trayecto.

Era indescriptible la sensación que los abrumaba a los tres tras conocer la noticia. ¿Qué había pasado? ¿Cómo si se suponía se habían visto un par de horas atrás? Todo ocurrió de forma tan rápida y ellos no se detuvieron el tiempo suficiente para entenderlo, digerirlo, masticarlo con toda la realidad que estaba a su alrededor.

Aioria fue el primero que encontró con la vista a Camus, fue el primero que corrió para tomarle de los hombros y zarandearlo. Le exigió que le explicara qué había pasado, dónde estaba Milo y como se encontraba. La desesperación de Aioria, inmediatamente descompuso a Camus, quien no hallaba por dónde empezar a explicar y ante el movimiento se había sentido pequeño y débil. No pudo aguantar la tensión que había estado acumulando desde que ocurrió el terrible accidente junto a la presión de Aioria, así que terminaron alzándose la voz ambos. Mu intervino para separarlos. Shaka observó todo desde la distancia.

Aioria manoteó en el aire, alterado por no obtener respuesta, por saber al menos que Milo se encontraba bien. Demasiado fuera de sí como para hacerlo entrar a razón, lo dejaron ir hasta las enfermeras para que ellas se encargaran de aplacarlo. Camus tuvo que ser tomado de los hombros por Mu, cuando su cuerpo comenzó a temblar aún más.

—¿Cómo les iba a avisar en el momento, Mu? ¿¡Cómo!? —Soltó con rastros de indignación—. ¿Creen que tenía cabeza para eso? ¿Después de lo que vi? ¿Después de lo qué pasó?

En un punto de su arrebato, Camus comenzó a hablar y a hablar en francés sin siquiera haberlo notado. Era la señal de que su amigo había llegado a su límite y Mu la supo interpretar. Lo abrazó con fuerza permitiéndole desahogarse, liberar toda la tensión que llevaba acumulando desde la coalición sin decirle o aclararale nada. Le permitió el espacio para que tuviera un poco de consuelo olvidando el suyo propio..

Shaka siguió de pie, en medio del pasillo. Todo se movía para él como si se tratara de una película muda: las enfermeras pasando, Mu abrazando a Camus, los pasillos interminables.

El blanco que asfixiaba.

19 de Diciembre – 08:45 pm

No notaron en que momento, pero Shaka había desaparecido de su lado. Cuando Mu había logrado sentar a Camus y lo había obligado a tomar al menos agua, notó que la presencia de Shaka se había disipado en medio de la gente y las paredes pulidas. No estaba con las enfermeras, no estaba en el estacionamiento, tampoco se había acercado hacia la madre de Milo, quien estaba sentada junto a su marido rumeando su propio dolor y angustia por el estado de su hijo.

Cuando Aioria se acercó, luego de haber fracasado en su intento de obtener más información, Mu le indicó que lo buscara. Este regresó dos veces luego de haber rodeado los pasillos más cercanos e incluso la parte exterior del centro médico.

—Búscalo en el baño—. Murmuró Camus luego de recuperar un poco su control. Tenía las mejillas blancas, sus pecas casi eran imperceptibles debido a la palidez de su semblante—. Debe estar allí… Milo me dijo que varias veces lo había conseguido allí cuando…

Aioria no lo dejó terminar la frase cuando ya estaba corriendo hacía la recepción para preguntar en donde estaban los baños. Mu volteó la mirada hacía Camus, sosteniéndole las manos. Las tenía entre las suyas para darle calor, porque las de Camus seguían frías.

—¿Quieres un poco de agua? —Preguntó con suavidad y esperó por su respuesta. Camus renegó y soltó un suspiro.

—No. Sólo…  Maldición… ¿Sabes que tenía ya dos meses diciéndoles a ambos que dejaran de jugar a los amigos? Con Shaka era casi imposible hablar del tema, se cerraba por completo, Milo siempre escuchó más…

—No hables como si no hubiera más oportunidades…

—Después de verlo como lo vi… casi no veo otras oportunidades. —Mu apretó las manos con más fuerzas al notar las lágrimas que ya habían rodado, venciendo por fin su estoico temple—. Después de cómo lo vi…

—Debemos tener fe…

Se quedaron unos minutos en silencio, Mu entregando su calor con las manos, Camus recibiéndolas sin ponerse a ello. Sentir el dolor de una forma tan aguda jamás iba a ser sencillo de digerir, y ellos no estaban preparados para sentirlo en la peor y más cruda manera.

—Yo me di cuenta de Shaka hace unas semanas también. De Milo, nunca estuve seguro… también se la pasaba contigo.

—Quería darle celos a Shaka el muy idiota. —Camus sonrió con amargura—. Le dije que eso no funcionaría al menos que fuera directo. Con Shaka hay que ser directo, no jugar a si me miras o no. Y él estaba dispuesto a hacerlo hoy…

19 de Diciembre – 08:56 pm

Aioria bajó sus cejas y lo miró con gesto preocupado. Shaka estaba de rodillas frente al retrete y sus arcadas eran cada vez más fuertes e inútiles. No había nada que pudiera devolver, no había cenado más que un par de bocados. Intentó sacarlo de allí, pero comprendió que en realidad, era un ataque de ansiedad lo que Shaka tenía. No podía dejar de tener arcadas.

Shaka siempre había sido el más pequeño y delgado del grupo. Al inicio, lo molestaron por su dieta vegetariana y hábitos alimenticios. Pero al saber que Shaka había pasado gran parte de su niñez en una clínica por los ataques de gastritis, comprendieron que la mejor manera para él tener calidad de vida era comer de ese modo. Por eso el restaurant que había escogido tenía menú vegetariano.

Soltó el aire aún atribulado y se acercó a Shaka cuando lo vio separarse del retrete con las manos en las rodillas. Estaba pálido, temblando de pies a cabeza. Ver tan frágil a alguien que ante sus ojos era de los más capaces, franqueó todas sus defensas. Se olvidó de su propio malestar y lo ayudó a ponerse de pie. De inmediato lo abrazó con fuerza mientras dejaba en sus manos papel para limpiarse la boca.

Duraron varios minutos así: Shaka temblando en sus brazos y Aioria apretándolo para evitar que se fuera a caer. En un momento le dejó un beso sobre la frente y lo consoló con palabras suaves, diciéndole que estaba allí y todo estaba bien. Se encontraba asustado, pero con Shaka así no podía demostrarlo en ese momento.

—¿Mejor? —preguntó tras dejarle una caricia a su largo cabello rubio. Shaka asintió, pero se quedó quieto, en silencio—. Nos preocupaste.

—Sé que no es momento, pero sentí que iba a matarme el estómago.

—¿Esto es lo que hacías cuando llegaste tarde a la exposición final? —Shaka recordó y afirmó aquello con un movimiento de su rostro—. ¡Dios, ahora entiendo…!

Había sido poco más de dos semanas atrás. La exposición era importante pero el problema estaba en que el profesor ya había amenazado varias veces al grupo con no dejarlos pasar a ninguno. Shaka se había preparado durante semanas, los chicos lo habían ayudado a preparar todo. Pero en el momento de la verdad, Shaka había desaparecido y fue Milo quien accedió a buscarlo. Tardaron como treinta minutos en aparecer.

Aioria no quiso mencionarlo en ese momento, porque el solo nombre de Milo dolía como mil pulsadas juntas.

—Todo golpea mi estómago. Cuando me altero, lo primero que siento es que voy a botar a mi estómago por la boca… Es horrible. —Le explicó tras separarse un poco de él.

—Lo imagino. ¿Quieres lavarte? —Shaka respondió afirmativamente con un movimiento de su rostro. Aioria lo ayudó a ir hasta el lavado, pendiente de que no fuera a caerse por la debilidad y el esfuerzo que había hecho en cada arcada.

Shaka abrió el grifo y tomó agua con ambas manos juntas para echarla sin meditaciones sobre la cara. Hizo lo mismo un par de veces, antes de tomar un poco de agua y lavar su boca. Al hacerlo, no pudo evitar recordar lo que había ocurrido en aquella oportunidad.

Precisamente, Milo lo había ido a buscar en el baño y le tomó del hombro para ayudarlo a levantarse, luego de haber vaciado su estómago en el retrete. Lo ayudó a lavarse y le abrazó para evitar que Shaka volviera a caer por la debilidad. Cuando había acabado todo, Milo intentó peinarlo su cabello sudado, mientras acariciaba las mejillas y le miraba con preocupación. Le dijo que todo estaría bien, que iba a salir bien. Shaka lo había mirado fijamente a sus ojos al mismo tiempo que escuchaba de Milo todas aquellas palabras.

Y no pudieron detenerlo, pero ninguno supo quien lo había iniciado. No hablaron de ello, no se dieron esa oportunidad. El beso se extendió por casi diez minutos, con apretones suaves en sus espaldas, con suspiros atorados entre los dientes. Los dos habían cerrado los ojos, víctimas del nerviosismo o no, para disfrutar del ósculo hasta que sus cuerpos vibraron. Milo soltó un suave gemido de ansiedad con la última succión.

Recordarlo coció en los ojos y labios de Shaka. Cerró ambos con dolor.

—Vamos… tenemos que estar al pendiente afuera.

19 de Diciembre – 09:03 pm

Los oficiales, luego de haber reconstruido la escena, habían ido a explicarles a los padres como había ocurrido todo. Mu, Camus, Aioria y Shaka se acercaron para oír lo que había pasado.

Según los testimonios del vecindario, ambos autos estaban conduciendo a toda velocidad. Aparentemente estaban compitiendo, pero uno de ellos perdió el control, golpeó al otro y lo hizo salir de la carretera, arrollando al auto de Milo que estaba aparcado frente a la residencia. Un muerto, Milo y el otro conductor heridos de gravedad, fue el saldo que dejó el trágico accidente.

Aioria cerró sus puños y se contuvo de soltar maldiciones ante la irresponsabilidad de un par de idiotas que casi se cobra la vida de un inocente, su amigo. Shaka sintió todo conmoverse bajo sus pies cuando escuchó la conclusión final del oficial.

«Su hijo está vivo gracias a que traía puesto el cinturón»

19 de Diciembre – 10:31 pm

Aioros ya tenía como media hora con ellos. Había llamado a su hermano para certificar que todo estuviera bien y supo la noticia, así que se dirigió a toda velocidad hasta el centro clínico para acompañarlos. Vio a los cuatro amigos agazapados uno sobre el otro en la sala de espera, tenían los rostros largos y las miradas preocupadas. Con ese panorama, decidió que debía apoyarlos hasta que al menos supieran noticias de su amigo.

Compró varias latas de café frío y se los llevó a los cuatros. Se sentó a su lado para observar a cada uno de ellos abrir con desanimo su lata. Comprendía la preocupación que debían sentir ante el accidente, según tenía entendido esa sería su noche de navidad por adelantado. También sabía que Mu y Shaka viajaban al día siguiente.

—Creo que es mejor que vayan a descansar ustedes. —Acotó Aioros con rostro amable—. Puedo llevarlos a sus casas, mañana tienen un día largo y agotador.

—Me imagino que no van a viajar, ¿verdad?

Mu y Shaka habían olvidado por completo su viaje, así que la acotación de ambos hermanos los había tomado desprevenido. Shaka apretó su lata sin decir nada pero Mu suspiró y se preparó para responder.

—Ya tenemos el boleto, no nos queda de otra.

Ante la respuesta, Aioria se levantó y tiró la lata al piso. Camus levantó la mirada y Aioros se apresuró a ponerse de pie al adivinar el ataque de ira que iba a mostrar su hermano.

—¡No pueden irse! ¡Qué clases de amigos son si se van!

—No seas injusto Aioria, no se trata de eso. —Abogó Aioros tomándole de los hombros.

—¡No puedo quedarme, Aioria, no te comportes de ese modo!

—¿Cómo que no? ¡Los dos se van a ir y lo van a dejar solo!

—¡Tenemos que volver a nuestra casa! ¡Nuestra familia nos espera!

—Aioria, sé que Millo al despertar entendería —Acotó Camus tratando de dialogar, pero Aioria estaba demasiado alterado como para entrar en razón. Aioros lo sacudió un poco para que dejara de atacar a Mu por tener que irse.

—¡Maldición, hagan lo que quieran!

Tras esas palabras Mu prácticamente saltó de su asiento. Aioria salió de la sala de espera seguido de cerca por su hermano y Camus tuvo que tomar de los hombros a Mu quien se había sentido duramente juzgado por él. Trató de contenerlo, de evitar que la discusión se acalorara más debido a los nervios y la presión que tenía. Aioria era explosivo y siempre tendía a actuar de ese modo.

—¿Crees que va a ser fácil para nosotros tomar un avión sabiendo que Milo está así? ¡No puedo creer que dijera todo esto!

—¡Por favor, no lo tomes de ese modo! ¡Aioria solo está alterado!

Los reclamos de Mu junto a las palabras de Camus sonaron muy lejos para Shaka, quien seguía viendo sin ver el líquido frío de su lata.

19 de Diciembre – 11:51 pm

Aioros había logrado regresar con Aioria, aunque ni él ni Mu se veían y hablaban. Ambos estaban enojados y ninguno iba a dar su brazo a torcer. Entre el ego de Leo con el orgullo de Aires no había mucho que hacer. Camus estaba al tanto de ello.

Shaka, incapaz de pasar trago alguno en esa situación, había tirado su café y se sentó subiendo sus piernas al asiento para pegar su barbilla sobre la rodilla. Todos en silencio, hasta que uno de los médicos salió y se acercó a la madre de Milo. Allí todos se pusieron en estado de alerta a esperar por noticias.

Cuando el médico siguió su camino con la carpeta en sus manos, los cincos se movieron hasta donde la madre y el padre hablaban, con gestos desesperados. No era confortable el panorama y todos tuvieron temor de lo que pudieran encontrar al final. Aioros apretó el hombro de Aioria al notar lo alterado que aún se sentía.

Al final, supieron la noticia: necesitaban donantes de sangre. El golpe que había recibido Milo al quedar aprisionado dentro del auto había provocado desgarres internos. Habían podido establecer un poco su condición pero necesitaban sangre.

Los amigos se miraron uno al otro con gesto de evidente frustración. Milo era B-.

—Yo no puedo… —musitó Camus.

—Yo tampoco, mi sangre es A+, Shaka es AB según recuerdo. —Efectivamente, así era. Shaka no hizo nada más que bajar la mirada y sentirse de nuevo atado de manos—. Aioria…

—Yo sí puedo, Aioros también.

—En todo caso, podemos enviar una cadena para buscar a más donantes. —Argumentó Mu, buscando otra salida—. Hagamos eso, en nuestro facebook y twitter, también por Line. No podemos donar pero al menos podemos ayudar a buscar donantes.

Quedaron de acuerdo con ello y cada quien empezó a hacer su parte. Aioros y Aioria se dirigieron hasta las enfermeras para postularse como donantes y Camus con Mu encendieron sus equipos para comenzar con los mensajes. Shaka hizo lo mismo minutos después.

20 de Diciembre – 00:22 am

Luego de haber donado, Aioros se acercó al grupo de chicos para convidarlos a ir a su casa y descansar. Había espacio para todos y era mejor hacerlo allá que dentro de la sala de espera, en especial considerando que Shaka y Mu viajaban en unas horas.

Pese a sus intenciones, ninguno de ellos se quiso mover de su sitio. Aioria fue el primero en apoyar esa decisión.

—¿Están seguros? —Los cuatro asintieron cada uno sentado en su lugar. Aioria bebía suficiente agua del envase de plástico  para reponerse.

—No podremos dormir. —Admitió Camus con una mirada serena—. Al menos no creo poder dormir hoy.

Nadie dijo nada al respecto. Pese a la turbación que cada quien vivía de forma personal, estaban consciente que para Camus era más difícil sobrellevarlo al haber sido testigo de cómo ocurrió. Mu le puso una mano en su hombro a modo de apoyo y Aioros suspiró resignado.

—Vendré entonces temprano. Les traeré que comer, necesitaran hacerlo. Aioria, cualquier cosa no dudes en llamarme a la hora que sea.

Todos asistieron y lo vieron partir.

20 de Diciembre – 03:22 am

Efectivamente, nadie pudo dormir. Se la pasaron dando vueltas entre ellos, se acomodaron uno sobre otro sin resultado, ya que el sueño había decidido abandonarlos. Solo hacía frío y había ansiedad, a veces se levantaban para estirar los pies o preguntarles a los padres si requerían algo y volvían a sentarse sin saber cómo colaborar. El tiempo pasaba demasiado lento así.

En un punto de la noche, Camus y Mu salieron de la sala de espera, luego de darse cuenta que Shaka había tardado demasiado en regresar. Les había dicho que iría al baño, pero dado el tiempo, se preocuparon al pensar que de nuevo estuviera con la cara en el retrete. No había hablado casi nada y sin bien Shaka siempre había sido un hombre bastante reservado, dada la situación, el silencio les preocupaba.

Nada más al salir al pasillo, vieron a Shaka caminar hacia ellos. Lo abordaron a la entrada de la sala para preguntar si se sentía bien.

—Sí, sólo aproveché para hacer una llamada.

—Pensé que estabas de nuevo mal en el baño. —Aioria se acercó detrás de ellos, para escuchar. Mu continuó hablando suavemente—. Ya íbamos a buscarte.

—No quería molestarlos…

—¿A quién llamabas a esta hora? —Camus no pudo evitar preguntarlo. Era cierto que no habían recibido mayor respuesta a sus mensajes pidiendo donantes, quizás por la hora, pero no veía creíble que Shaka llamara a uno precisamente a esa altura de la madrugada.

—A abuelo. Lo llamé para decirle que no viajaré ahora a Nueva Delhi.

Mu y Aioria se quedaron en silencio, cada quien asumiendo esa decisión de forma personal. Camus lo notó, pero prefirió enfocar su atención en Shaka quien estaba tomando una determinación bastante delicada.

—¿Te dijo algo? ¿Se enojó? —Shaka renegó.

—No. Cuando le expliqué lo que había pasado, me dijo que no me preocupara, que hablaría con papá y luego cuadraríamos el pasaje aéreo. —Suspiró antes de continuar—. Le dije que no podía. Quiero ver a mis padres, los extraños, tengo más de diez meses sin verlos pero no, no puedo irme así… Si algo le pasa y yo estoy lejos jamás me lo perdonaré.

—Nosotros te ayudaremos con el boleto si hace falta. —Aioria ofreció esa alternativa a la que Shaka respondió con una ligera sonrisa.

—De todos modos… mi abuelo me dijo que no pensara de forma negativa y esperara. Si Milo está bien y puedo verlo antes de mi vuelo, entonces podré irme.

Camus y Mu comprendían que había otras razones de fuerza que obligaban a Shaka a quedarse y esperar verlo. Se las respetaron.

20 de Diciembre – 05:03 am

—¿Te encuentras bien? —Camus abordó a Mu frente al botellón de agua. Tomó una de las copas de papel para llenarla con el líquido y beber un poco.

—¿Por qué lo dices?

—Estás muy callado y serio desde lo de Shaka.

Mu no comentó nada al respecto, solo se replegó contra la cartelera de aviso epidemiológico que estaba en esa pared. Revisó su reloj y calculó la hora que sería en ese momento en su país.

—Lo estás pensando. —Interrumpió Camus al notarlo con semblante meditabundo. Mu sonrió tan solo un poco pero no levantó la mirada—. No tiene que sentirte obligado por las palabras de Aioria y lo que pasó con Shaka.

—No es eso… ¿O quizás sí? Ya no estoy tan seguro… —Mu recibió el apoyo comprensivo de su amigo a través de un apretón de hombro.

—Si me permite opinar, es cierto que Milo entendería el hecho de que te fueras. Es verdad, tienen más de diez meses sin verse y debes extrañarlo… pero, creo que tu familia también entendería si tuviera que retrasarte. Sea lo que sea que decidas, hazlo convencido de que es lo que quieres y no lo que los demás esperan de ti.

—Camus.

—Sé que eres así, te preocupas demasiado por las personas y olvidas tu lugar, tu yo. Así que lo que vayas a decidir, que sea lo que Mu realmente quiere hacer.

20 de Diciembre – 06:37 am

Temprano habían respondido el llamado dos compañeros de su curso. Aioria los había acompañado hacía el sitio de las donaciones y Aioros acababa de llegar con comida para todos, incluso para los padres de Milo quienes también pasaron la noche en vela en la clínica.

Luego de haberlos obligado a comer, el mayor se acercó hasta donde Mu permanecía sentado, al lado de Shaka. Ya el segundo estaba cabeceando dejándose vencer por el cansancio sobre el hombro de su amigo.

—Creo que es momento de irnos a buscar tu equipaje. —Sugirió Aioros con un gesto afable. Mu levantó la mirada atribulada hacia él como si no pudiera decidir aún—. Tranquilo, todos entendemos que hay razones fuertes por las que no te puedes quedar. Confía, ya vinieron más donantes, Milo seguro estará mejor en la noche.

—En la noche no estaré aquí para verlo. —Aioros suspiró ante esa aseveración y renegó con el rostro.

—Pero sabrá que estuviste aquí toda la noche, hasta esta hora. Sé que valorara mucho eso.

No le dieron tiempo de rechazarlo. Camus se acercó y tomó de los hombros a Shaka para obligarlo a levantarse. Mu miró a su amigo aún adormilado y despeinado, frotándose los párpados.

—¿Te vas…? —Su voz sonó rasposa debido al agotamiento. Mu bajó la mirada y fue Aioros quien le tomó del hombro.

—Sí Shaka, ya Mu tiene que irse.

Con resignación, Mu se levantó de su asiento. Camus hizo lo mismo para abrazarlo con fuerza a modo de despedida. Fue difícil para ambos reprimir las emociones dentro, así que apenas pudieron dejar a los suspiros sordos y dificultosos oprimir sus pulmones y gargantas. Tras el apretón entre ellos, Shaka se levantó para abrazar a su amigo en un gesto más suave y cuidado. Con él Mu no pudo contenerlo…

—Sabes que de otro modo, me quedaría…

—Lo sé, lo sabemos todos… no te preocupes Mu, le haré saber tu deseo de quedarte.

Intercambiaron un par de palmadas antes de separarse. Como era costumbre tibetana, Mu acercó sus labios a la mejilla derecha de Shaka a modo de despedida.

—No pierdas tiempo. Ya que te vas a quedar, no pierdas la oportunidad.

Shaka se lo prometió con una afirmación en su rostro. Así pudo dejarlo partir.

Para cuando Aioros y Mu cruzaron la puerta, Aioria salía del consultorio clínico y observó a su amigo preparándose para viajar. Aceleró su paso, cuidando de no tropezar con los que caminaban por el pasillo y cuando logró alcanzarlos, miró a Mu con sentimientos atorados en su mirada. Sabía que había sido muy duro con él en la noche, que había sido injusto. Ya no estaba muy seguro de que tanto creía él en sus mismas palabras. Mu, al verlo, solo atinó a mover su mano a modo de despedida con timidez.

Aioria no pudo quedarse con semejante partida. Se acercó a pasos acelerados y lo abrazó con tanta fuerza que por un momento sus brazos llegaron a doler. Aioros comprendió que debía darles tiempo, tenían mucho que aclarar luego de lo que había sucedido. Y precisamente, ellos aprovecharon esos minutos para disculparse por el mal rato, por las palabras y por la incomprensión.

20 de Diciembre – 10:54 am

—¿Y Shaka? —preguntó Aioria al asomarse a la sala de espera, luego de realizar unas llamadas a su casa. Camus suspiró sentado y cruzado de brazos.

—Fue a acompañar a la mamá de Milo que quería hacer unos rezos. La señora no se encuentra nada bien…

—No es para menos.

Camus rodó un poco para darle espacio a Aioria de sentarse, a un lado de él. Los otros asientos ya estaban ocupados por familiares de otros pacientes del lugar. Aioria se acomodó lo que pudo pero se quedó encorvado con los codos en sus rodillas.

—A esta hora, Mu debe estar tomando el avión. —Camus solo asintió al revisar la hora que marcaba el reloj de pared—. Oye… ¿Shaka y Milo…?

—¿Qué con ellos? —Aioria le dijo con la mirada lo que no hallaba decir con palabras. Camus pestañeó un par de veces con expresión incrédula antes de sonreír con suavidad—. ¿No te habías dado cuenta?

—¡Argh!

Aioria despeinó sus bucles para matizar el nerviosismo que le había dominado en ese par de minutos. Sus mejillas se sonrojaron ligeramente por la vergüenza y chistó a un lado, acomodando de nuevo los codos contra sus rodillas. Camus rió a lo bajo, aún divertido con el asunto.

—¿Desde cuándo?

—Un par de semanas creo que se dieron cuenta… Yo me di cuenta de Milo hace más de un mes.

—En serio no me di cuenta, sino es porque Mu me hace un comentario. —Camus se enderezó en su asiento y cruzó sus piernas mientras los miraba—. Y yo hablando tonterías ayer…

—¿Tonterías?

—Cómo ustedes tardaban y ninguno respondía, empecé a decir que habían vuelto y estaban teniendo sexo salvaje.

Camus literalmente se atragantó con la saliva y comenzó a toser. Aioria se alarmó y lo ayudó con un par de golpecitos en su espalda antes de que Camus le soltara un codazo a modo de reprimenda.

—¡Cómo se te ocurre!

—Donde hubo fuego cenizas quedan, ¡dicen el refrán!

—Ne jamais dire ça! —Soltó en francés y Aioria lo miró de hito a hito.

—Ya no te entendí…

Frustrado, Camus se encogió en su asiento con los labios apretados. A Aioria le daba risa la expresión, porque así como estaba parecía ser una delicada versión de Zeus enojado.

—No tienes caso, Aioria…

—Lo siento. —Murmuró con una sonrisa y la cara de un niño regañado.

—De todos modos, sí, ellos se gustan. Milo me contó que ya se han besado dos veces.

—¿En serio no te da celos que Milo te cuente esas cosas?

—¡Claro que no! Fuimos novios hace más de tres años. De haber querido volver, lo hubiéramos hecho.

20 de Diciembre – 04:10 pm

Aioros había tratado de convencer a Shaka de tomar el vuelo. Lo había convidado a un café, el cual aceptó con resistencia, y una y otra vez le habló de lo importante que era tomar el avión para ver a su familia y confiar que Milo estaría bien, pese a aún no saberse la noticia y los médicos estar en total silencio.

No hubo manera. Shaka estaba impenetrable en su decisión de quedarse, aún si era cierto que no encontraría vuelo después debido a las fiestas. Entonces le confesó a Aioros la razón y este se quedó perplejo observándolo. No esperaba que Shaka le confesara su gusto por Milo.

Después de dejarlo de nuevo en la sala de espera con Camus, le pidió a su hermano acercarse. Caminó con él con un brazo alrededor de su hombro y gesto pensativo, lo que preocupó de inmediato a Aioria. Ya temía que se hubiera enterado de algo sobre la salud de Milo que los médicos quisieran ocultar.

Al llegar al estacionamiento, su hermano se separó, pero colocó sus manos sobre los hombros de Aioria y lo miró de forma comprensiva.

—Sabes que puedes confiar en mí no importa lo que pase ¿cierto? Eres mi hermano, y te querré sin importar nada más.

—¿Qué pasa? —Aioria no terminaba de comprender.

—Sé que a veces es difícil… y no sé. Sinceramente no quiero armarme escenarios sin que tú me digas lo que pasa…

—No te entiendo… —Aioros tomó aire y le sonrió.

—¿… Eres gay?

Aioria pestañeó repetidamente antes de por fin poder captar el peso real de la pregunta. Abrió la boca, los ojos, incluso sus fosas nasales en una exhalación atorada y sus pupilas bailaron mirando el rostro de Aioros en varios puntos.

—¿Qué demonios?

—Solo es una pregunta… Si es así, solo dímelo, no pienso juzgarte…

—Pues no entiendo de donde viene esto.

—Bueno, tus amigos lo son: Milo, Camus… ahora Shaka. —Para ese punto Aioria por fin había comprendido el porqué de la pregunta y la preocupación de su hermano. Se trataba de eso.

El menor de los hermanos tomó una de sus manos con suavidad y apretó para transmitirle confianza. Sinceró sus rasgos y relajó los músculos de su rostro para verlo con una ligera pero segura sonrisa. No le fue difícil entender el porqué su hermano había pensado en esa posibilidad, y vio necesario aclararlo.

—No lo soy, o al menos no me he enamorado del primero —Encogió de hombros—. Pero si llegara a pasar, tampoco me molestaría. Estoy con ellos porque son los mejores amigos y las mejores personas que he podido conocer, si se acuestan con un hombre o una mujer, sinceramente no me afecta. Soy feliz si los veo feliz y si sé que cuento con ellos.

La honestidad de las palabras de Aioria lo impresionó aún más. No pudo evitar el sentir el orgullo al notar la pureza de los sentimientos de su hermano y su entrega a una amistad que no medía ni fronteras, ni idiomas, ni credo… ni orientación sexual. Sonrió e hinchó su pecho con admiración. Palmeó los hombros de su hermano con una sonrisa complacida.

—¿Tienes idea de lo orgulloso que me siento de ti ahora Aioria? Ya eres todo un hombre. Un gran hombre.

20 de Diciembre – 08:26 pm

Camus había logrado convencer a Shaka de ir hasta sus residencias a buscar un poco de ropa, sobretodo bañarse y volver. Durante ese tiempo, Aioria decidió hacer lo mismo en su casa. Quedaron de acuerdo en volver para quedarse toda la noche esperando por respuesta, aún si Aioros le decía que lo mejor era volver a la mañana.

Tras un par de llamadas, había encontrado incorporar a Shaka en varias listas de esperas para vuelos después del 25 de Diciembre. Esperaba que para esas fechas ya Milo estuviera estable, como para que Shaka pudiera ir a pasar unos días con su familia. No era nada seguro, por era un esfuerzo que estaba haciendo por él, en honor al sacrifico que hizo Shaka para quedarse.

21 de Diciembre –01:13 am

Todo el día esperaron, se movieron y buscaron. Aioros ya se encontraba cansado y a punto de irse. Se acercó a la madre de Milo y le dijo que volvía en unas horas y estaría pendiente de todo en cuanto necesitara. La mujer le había agradecido ampliamente su apoyo.

Antes de retirarse, le preguntó si había sabido alguna noticia. El silencio de los médicos no era una buena señal.

—Hace unos minutos, se acercó él doctor que lo atiende y me dijo que por fin parece que Milo está respondiendo bien. Pero que es muy pronto para decir algo más y lo mantendrán en observación toda la noche.

—Al menos ya han dicho algo.

—Sí, al parecer por sangre no ha habido problemas, ya que han llegado varios donantes. Solo queda por parte de él y yo sé que él no se va a dejar vencer. Mi hijo es muy fuerte y muy capaz.

—De eso no tengo duda… —Sonrió con suavidad—. Sé que saldrá bien, desde niño siempre ha sido enérgico y competitivo. Aún recuerdo las carreras que hacía con Aioria cuando apenas tenían diez.

—Cierto… se enojaba cuando Aioria ganaba y le echaba en cara cuando perdía. Se peleaban, se reñían pero… aquí están.

La madre dirigió la mirada hacía la esquina de la sala de espera, donde ya los tres se habían quedado rendidos. Aioria colgando su cabeza en el hombro de Camus y abrazando a Shaka quien estaba durmiendo contra su  costado. Tras el baño y comer, por fin sus cuerpos había decidido descansar un poco.

Aioros vio el escenario con una ligera sonrisa. El amigo de la infancia, el ex y el nuevo amor. Faltaba Mu quien seguro estaría allí, como el nuevo amigo.

—Milo es afortunado.

21 de Diciembre –06:36 am

A esa hora, él médico volvió a salir con el rostro aunque cansado, mucho más relajado que las veces anteriores. Camus, Aioria y Shaka se acercaron a él al notar que se dirigía hacia la madre de Milo, habían acabado de llamar hasta donde Mu vivía, para confirmar si había llegado con bien del viaje.

Al escuchar la noticia, los tres no pudieron ocultar la emoción. Su madre lloró de felicidad y se abrazó a su esposo al por fin ver el final de la larga espera. Milo había despertado y entre quejas había dicho que tenía hambre. De todos modos aún debía descansar.

Para cuando lo pasaran a la habitación, primero permitirían a los padres entrar y hablar con él. Los amigos tendrían que esperar para el día siguiente. Pero la certeza de que Milo había salido de peligro y estaba salvo, era suficiente para sentir que la navidad había llegado por adelantado.

22 de Diciembre –02:07 pm

—¡Eres más marica que yo, Aioria! ¡Cómo es eso de traerme flores!

—Joder, ¡te aprovechas que no puedo golpearte porque estás en esa puta camilla!

—¡Es una ofensa! ¿Flores? ¡Ni que fueras a velarme! ¡Tráeme papas! ¡Quiero papas!

—No puedes comer eso, Milo. —Camus sonrió desde un lado de la camilla.

—No es justo. Estoy harto de comer gelatina.

—No deberías estar hablando tanto tampoco. —Se acercó Shaka con su móvil en la mano—. Mira, Mu te acaba de enviar una nota de voz.

Tenía una pierna enyesada y elevada, que ya había sido víctima de la firma de Aioria con groserías en griego. Su rostro amoreteado por los golpes, una venda en su cabeza lo rodeaba y había tenido que cortar parte de su largo cabello. Tenía un brazo moreteado aún y no podía moverse. Tendría que estar de reposo una semana mientras las incisiones de la operación sanaban.

Pero estaba vivo. Y ante la vida, y la oportunidad que le habían dado, Milo veía las cosas desde una perspectiva distinta. Poco podía recordar de lo que ocurrió, pero si del miedo latente que pudo sentir, en su inconsciencia, cuando todo se volvió oscuro.

Aioria colocó el ramo de flores sobre el pecho de Milo, mientras le sonreía. Escucharon todos la voz de Mu hablando de lo agradecido que estaba de la vida por saber que estaba bien, enviándole saludos y los mejores deseos, a su vez disculpándose por no poder estar allá.  Al acabar la grabación, Milo le dio indicaciones a Shaka de que le grabara una nota de voz en respuesta, para que Mu pudiera escucharlo.

Conforme la visita se concretaba, Aioria y Camus notaron con una sonrisa lo cerca que Shaka estaba de Milo y lo bien que este respondía su acercamiento. Quizás sin que ellos mismos se dieran cuenta, ya Shaka había tomado su lugar a la derecha de la camilla y en varias oportunidades Milo le había sostenido con un dedo la mano de él.

Hablaron de cosas banales entre tanto: de las botas que Mu le regaló a Aioria, de los chistes, de cualquier cosa que los alejara de la realidad del accidente. Pasaron la hora de la visita entre risas, bromas y juegos entre ellos.

En una de esas, Milo recordó al fin una particularidad.

—Shaka, ¿no era tu vuelo hace dos días?

Todos hicieron silencio. Como Milo había dirigido su mirada directamente a Shaka, este le respondió con la serenidad de la suya y sujetó con un poco más de fuerza el dedo que Milo compartía con él.

—Sí, pero no fui.

Camus notó de inmediato que era momento de dejarlos a solas. Por fortuna, Aioria intuyó lo mismo. Así que sin decirles para no interrumpirlos, se acercaron a la puerta y la abrieron lentamente evitando hacer ruido. Aioria salió primero, Camus tomó la manilla para cerrarla tras él. Logró ver, en ese segundo en que la puerta se cerraba, lo cerca que Shaka estaba de él al momento de hablar. Estaban tan cerca que era imposible que no sintieran los pálpitos del otro a esa distancia.

Los dos amigos compartieron una mirada comunicativa en el pasillo. No creían que fuera necesaria a esa altura una declaración de amor. Los hechos estaban a la vista.

Concordaron en silencio que de seguro, solo habría un beso.

Y en efecto, eso fue lo que sucedió.

24 de Diciembre –10:00 pm

La enfermera acomodó su almohada, preguntándole si se encontraba cómodo en esa posición o si había que moverla. Milo asintió con suavidad con una sonrisa en labios mientras veía la habitación sola. Una hora atrás los tres estuvieron allí para terminar el intercambio. Shaka le dio el regalo a Camus, Aioria recibió el regalo que Camus le daría a Mu y le entregó su regalo a Milo. Finalmente, Milo le entregó el regalo a Shaka, el mismo que aún estaba en automóvil y habían recuperado los oficiales. La caja estaba totalmente golpeada, pero el regalo seguía intacto: un sueter tejido.

Con una serie de agradecimientos y promesas, compartieron ese momento juntos. Finalmente, se despidieron dejándole decorado un pequeño árbol de navidad, con palabras recortadas en los diferentes idiomas de ellos que memoraban a la salud, la prosperidad y el buen destino.

—Tienes unos amigos muy buenos —comentó la mujer mientras acomodaba la sábana en su pierna—. Tenía mucho tiempo sin ver algo así.

Milo no dijo nada, solo sonrió. Enfocó su mirada en los rayones que los tres le habían dejado sobre su yeso en alto, en especial al S’agapo que Shaka escribió cerca de su dedo gordo.

—¿Quieres que apague el árbol?

—No. Déjelo así.

La mujer se sonrió y recogió las sábanas que había cambiado.

—Si necesitas algo, tienes el botón para llamar a enfermería. Que tengas feliz navidad.

—Feliz navidad.

Al cerrarse la puerta, Milo dirigió de nuevo la mirada en el yeso y las luces que parpadeaban en medio de la oscuridad de la habitación. Subió su mirada hacia el techo y recordó las palabras de cada uno de ellos, mientras apretaba la bufanda que su madre había dejado alrededor de su cuello.  En medio de sus pensamientos, recibió un nuevo mensaje en su móvil. Al revisarlo, leyó a Shaka avisarle que ya había llegado a residencia.

Relamió sus labios y saboreó el beso que Shaka le dio ese día para callar su perorata por haber abandonado el vuelo por él. Ese y otros más que habían seguido desde entonces. Sonrió al escuchar el siguiente mensaje, Aioria avisándole que había dejado a Shaka y Camus en sus casas y ya había llegado a la suya. Al rato entró el de Camus deseándole buenas noches. Mu se había despedido horas atrás debido al horario.

Milo sonrió, pensando que pese a todo, era muy buena navidad.

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