Complicidad (Defteros x Asmita)

Momentos de confianza entre Asmita y Defteros

Anuncios

Temas:  Multi drabbles, random y ñoños
Personajes: Defteros, Asmita
Resumen: Momentos de confianza entre Asmita y Defteros
Dedicatoria: Para todos los que amen la pareja :3
Comentarios adicionales: Evento 108 estrellas y duelo de pareja LC. Los publique aparte por el evento xD

Dulces

Lo había visto renegar sobre la idea de salir. Estaba en un árbol cercano cuando vio como Sisyphus se lo llevaba con Cid y con Regulus, buscando aumentar los lazos que la personalidad de Asmita no había permitido entablar. Por un momento se había sentido amenazado por ello, ya que siendo el único, temía que Asmita lo fuera relegando de su vida.

Controló el impulso de seguirlo y solo se dedicó a esperar. La mañana siguiente, se apresuró hasta el bosque cuando notó que Asmita, contrario a lo usual, salió del templo.  Le siguió esperanzado de escuchar que había pasad en esa salida, si había hablado mucho o si Regulus era agradable como lo parecía.

Cuando lo encontró, supo que Asmita también lo estaba buscando.

—Mira. —Le indicó, al sentarse bajo un árbol y abrir el manto que tenía sobre sus hombros. Amarrado estaba una bolsa y con cuidado desparramó los dulces que había traído de Rodorio.

—Esto es…

—Habían muchos ayer, de muchos sabores y formas. —Le extendió uno redondo de color acaramelado—. Pensé que te gustaría probar.

Como niño chiquito, Defteros se sintió feliz de tener ese festín para él. Asmita se dedicó a pasarle los dulces con sus dedos y él muy dispuesto los comía desde sus dedos, embarrando las yemas de Asmita con su saliva mientras se llenaba la boca. Pasó desde los dulces de higos hasta los chocolates, probó los de almendras y nueces y también los de mora. Al final, estaba tendido en la hierba, con su estómago que no podía más y la sensación de estar totalmente satisfecho.

—¿Te gustaron? —Asintió y Asmita sonrió con plenitud.

Al cabo de unos minutos, la respiración de Defteros se iba haciendo más pesada y profunda. Asmita dejó los dulces restantes a un lado y decidió acompañarlo también para tomar una siesta. Cuando él se recostó a su lado, Defteros lo empujó suavemente hacía él con movimientos adormilados. De agradecimiento, lo abrazó antes de quedarse dormido con él encima.

Las hormigas terminaron de aprovechar el festín mientras ellos dormían.

Carta

—Puedes hacerlo.

En Asmita no había ninguna muestra de vacilación: en realidad, estaba seguro de que sí podría hacerlo. Pero Defteros, mirando con nerviosismo la hoja en blanco y aún sosteniendo en sus toscas manos la pluma, no se encontraba muy confiado.

Volvió a morder sus labios antes de posar su codo en la superficie de madera. Había acabado de leer la carta del maestro de Jamir, le costó mucho pronunciar algunas palabras, pero la expresión atenta con la que Asmita esperaba y sonreía al escuchar ciertas frases le instaba a proseguir. Era también sentirse necesitado. Sentir que podía hacer algo por alguien más, que era posible ser de utilidad en un lugar donde lo habían catalogado como maldito.

—«Respetuoso maestro» —Dictó Asmita, apegándose a un lado de su brazo izquierdo y replegando su cabeza sobre él. Defteros se volvió a sentir presa del nerviosismo, pero escribió aquella línea con lentitud, tratando que quedara derecha y entendible.

La línea terminó inclinada hacia arriba y Defteros se dio una patada mental.

—¿Lo hiciste?

—Eh… sí. —Gruñó con la intención de hacer una línea derecha a la siguiente.

—Bien… «Vengo a hablarle de un amigo…»

Defteros parpadeó y le miró de reojo. Era una clara señal de advertencia. Asmita con una suavidad impensable levantó su rostro dejando que se entreviera entre sus mechones el punto de su frente.

—No puedes…

—No diré nada que te ponga en peligro.

—Pero…

—Me escucharás… y notarás que no le hablaré de algo que pudiera afectarte. Pero, el maestro me dijo que necesitaba lazos, y quiero hacerle ver que tengo uno.

Mordió dentro de sus labios antes de dejarse convencer. En todo caso, él escribiría y vería de no dejar nada que pudiera no delatarlo a él, sino a Aspros.

Aunque lo intentó, después de la primera frase no pudo escribir. La manera en la que Asmita lo describía, las bondades que le imprimía y los talentos que le adjudicaban lo dejaron inmóvil, conteniendo calor y color en sus mejillas que pronto se trasladó a todo su rostro. Nunca mencionó a Aspros, ni a su nombre, siquiera a su máscara…

—¿Ya?

Defteros miró la hoja en blanco y unas cuentas gotas que habían manchado el papel por la tinta. Tragó grueso y renegó.

—No importa. —Le dejó un beso en su brazo—. Ya están escrita en donde deben estar.

Ojos

—Abre los ojos.

Asmita sintió el toque en su rostro, la manera en que sostenía sus mejillas como si pudiera romperse en sus toscas manos. Dobló un poco sus cejas en evidente contrariedad, no sabía que buscaba Defteros con hacerlo abrir los ojos, ni cuáles serían los beneficios de hacerlo.

—Mis ojos están cerrados desde que nací.

—No importa, los míos no.

Fue fácil comprender el origen de sus palabras. El hecho de que él no viera, no era impedimento para que Defteros pudiera ver. Verlos. Soltando el aire suavemente, cumplió el pedido. Sus párpados se abrieron y las espesas pestañas doradas mostraron las dos retinas azules, casi grises, sin rastro de vida.

Se pudo transmitir la reacción de Defteros a través de su tacto, del modo en que sus pulgares acariciaron con suavidad la piel de sus pómulos y bajó sus ojos. Lo soltó y se sentó frente a él, tomando algunas cosas que Asmita no logró reconocer.

—No los cierres. —Y al notar que sonó más orden que cualquier otra cosa, Defteros carraspeó y decidió agregar—. Por favor.

Solo podía escuchar un sonido constante en medio de ellos, uno que Amsita intentó identificar. Como le fue imposible y el par de veces que se movió o cerró los ojos escuchó el gruñido de Defteros, optó por quedarse quieto y esperar hasta que aquello terminara. Varias veces se frotó los ojos, con la incomodidad que le daba el tener que mantenerlos abiertos cuando no estaba acostumbrado. En otras ocasiones, parpadeó varias veces para sentirlos humectados.

Cuando el sonido terminó, se pronunció un silencio de deliberación. Asmita se mostraba expectante y Defteros bastante concentrado. Al final, le tomó las manos a Asmita y sin decirle nada le dejó sobre ella un objeto de madera.

—¿Qué es?

—Eres tú.

Con evidente sorpresa, Asmita pasó las manos y cerró sus ojos para poder sentir con total atención el objeto. No lo habría esperado jamás, pero en cuanto pasó los dedos por las pequeñas orejas, los mechones de cabello y la nariz, sus cejas se levantaron por la impresión. Pasó un pulgar por donde debían estar sus ojos y los encontró abierto. Pudo sentir incluso la textura de sus pestañas separadas.

—No sabía…

—Aprendí, mientras Aspros entrenaba. Me aburría y me puse a cortar cosas… así.

—Tiene los ojos abiertos.

—Sí… para verme.

Ansias

El cuerpo de Asmita había caído sobre el suyo, caliente y con la piel tersa tras el baño. Defteros no le importó pensar en sí era prudente o no hacerlo, simplemente lo necesitaba y sentir el cuerpo desnudo de Asmita a su disposición no le dio razones para negarse. Más bien apretó su espalda y los costados con sus manos, lo hizo con poco tacto y muchas ansias. La respiración entrecortada era comida por cada beso que se daban en el borde de la cama de aquella habitación.

Atrapó su cabello dorado y olfateó el aroma a sándalo que siempre tenía sobre él: pura madera y pura sabor dulce en su piel acaramelada por la  excitación. Los besos se hicieron largos y profundos y las fricciones que Asmita provocaba al moverse, lograron incomodarlo en esa posición donde poco podía hacer. Asmita dominaba el encuentro y él no quería cambiarlo. Al menos aún no.

Lo siguiente, fue un movimiento inesperado. Asmita cortó el beso y se sentó entre sus piernas, sujetando ambos muslos entre sus dedos mientras comprobaba su grosor. Defteros no pudo evitar levantar su cabeza para observarlo, notar su propia erección columpiarse con libertad y la manera en la que Asmita con su rostro totalmente rojo respiraba con dificultad y relamía sus labios. Un pinchazo de antelación se coló entre sus piernas, despertando cada nervio que aún estuviera dormido. La idea de lo que pensaba hacer se materializó cuando Asmita movió una de sus manos y tanteó su interior.

Defteros dejó caer su cabeza hacía atrás, cerró sus párpados y atrapó el jadeo con sus dientes. Pronto, contener cada sonido se volvió casi imposible cuando las manos de Asmita lo torturaban: una hacía dentro, en espiral, una afuera en ascenso y descenso mientras él se removía en la cama y quería más.

—Apúrate… —Logró exigir con los latidos en su garganta. Entreabriendo los ojos pudo ver a Asmita sonreír, y antes de siquiera esperarlo, se vertió con seguridad en su interior robándole un gruñido.

El fuego comenzó a quemar más de lo que eran capaces de tolerarlo. Asmita se movió sobre él con firmeza, dejó el peso de su cuerpo sobre sus codos en el colchón y soltó suaves gemidos contenidos mientras la mandíbula y las pestañas le temblaban. Defteros, en medio del agobiante placer, determinó que no cerraría los ojos. Quería ver el gesto concentrado de Asmita mientras los apresuraba a ambos a la culminación.

Trajes
Al ver los trajes que Asmita había traído para la misión, Defteros no tuvo reparo de soltar una carcajada ronca y casi ahogada por el aire tóxico del volcán. Asmita arrugó la nariz, él simplemente siguió riéndose mientras mostraba el colmillo y se negaba tácitamente a vestir esas ropas.

—Es ridícula. —Argumentó, mientras Asmita levantaba el abrigo que tenía un diseño parecido al que había llegado a usar Sisyphus—. E incómoda.

—No sé cómo se pone esto.

Asmita había preferido evadir la burla con la que Defteros trataba el asunto. Era una orden oficial y si Defteros no quería cumplir la orden del patriarca de acompañarlo, lo haría él en solitario.

Muy convencido, levantó la ropa y la acomodó sobre su pandora. Con una orden desnudó su cuerpo de la armadura y buscó la primera pieza para comenzar a vestirse. Defteros seguía allí y no quiso internarse al estómago de fuego que era el volcán solo por el insano y atractivo placer de ver a Asmita pelearse con esa ropa cuando no supiera como ponérsela. Y que eso, le permitía más minutos de piel desnudo ante sus ojos.

Así fue, tal cual. Asmita solo fue capaz de ponerse el pantalón solo. Se puso la camisa al revés después de varios intentos y no supo amarrarse el lazo. Cuando le tocó colocarse el sobretodo encima, Defteros había mudado su expresión. Miraba a Asmita como si fuera la cosa más pura que podía haber, aunque supiera que no lo fuera.

—Está mal puesta. —Le avisó con un tono divertido, cuando Asmita se puso la pieza de forma invertida. Defteros rió y se acercó mientras su compañero se retiraba la pieza, ya a punto de enojarse—. Dámela.

Con movimientos bastante moderados, Defteros le ayudó a vestir el abrigo. Acomodó la ropa en su sitio y se quedó mirando el rostro de Asmita con su cabello lacio y el traje que pese a no entonar con él, no se le veía nada mal. Es más, lo hacía lucir un poco mayor.

—Iré contigo. —Decidió y Asmita subió una de sus cejas—. Necesitarás a alguien que te desvista.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s