Hijo de Payasos (Cap 12)

La inclusión de Asmita no ha sido tan difícil como Saga llegó a pensar. Es más, parece tan increíblemente fácil que empieza a sentirse inseguro. ¿Podrá Asmita llegar a no necesitarlo?

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Temas:  Drama, Romance, Universo Alterno
Personajes: 
Saga, Asmita, Kanon, Aioros
Resumen: 
Saga es un practicante de medicina que encuentra a un ciego en la panadería cercana a su departamento. Decide alojarlo y buscar a su familia para regresarlo a su hogar.

La inclusión de Asmita no ha sido tan difícil como Saga llegó a pensar. Es más, parece tan increíblemente fácil que empieza a sentirse inseguro. ¿Podrá Asmita llegar a no necesitarlo?

XII

La noche llego tan rápido que no nos dimos cuenta de ello. Sinceramente, ya estaba lo suficiente cansado y golpeado con la salida a la playa, como para además juntarme a la fiesta de la noche. Pero Minerba insistió y hasta convenció a Asmita de incluirse. Había quedado encantado con la historia, y quería que los demás compañeros también la conocieran.

Si estoy aquí, es porque Asmita se sintió entusiasmado con la idea. Así que nos duchamos en la habitación y lo ayudé a escoger ropa adecuada para vestirse. Esa parte sí me gustó. Verlo con la toalla cubriendo su cadera y piernas, mientras esperaba que yo escogiera lo mejor para que pudiera vestir. Me detuve mucho tiempo solo observando el buen bronceado que le quedó tras el día en el sol y lo bien que se le v con su cabello rubio. Escogí para él una camisa celeste y un pantalón beige. Cómodo y fresco para pasar la noche. Yo agarre una camisa blanca y un pantalón azul para acompañarlo.

Sentados en la mesa redonda de ocho puestos, Minerba, ríe con sus compañeras mientras Aioros, un amigo y yo bebemos cerveza. Asmita se detiene a contar las historias en donde ella prestó mayor interés. Como aquella del niño que robaba manzanas. La música suena a todo volumen y se ve muchas parejas bailando en la pista, en el local decorado especialmente para el momento. Es un enorme bohío que debe cubrir unos cuantos metros, decorados con lámparas rusticas y mesas de madera maciza. Hay palmeras alrededor y cadenas de lamparillas redondas que aumentan la iluminación, mientras las olas rugen en la orilla.

—¡Están encantadas! —Me dice Aioros al oído, en voz fuerte para poderlo escuchar. Asiento con una sonrisa y miro incrédulo como las chicas se ríen tras el cuento de Asmita.

—Sinceramente, tiene mejor suerte para las chicas que nosotros. —Le bromeo con gesto cómplice y Aioros solo se suelta a reír.

No tarda para que una compañera lo busque por la espalda y le diga algo al oído. Yo enarco una ceja, lo miró sonreír y solventarse dejando la cerveza a un lado. Me mira, me guiña el ojo y veo como abraza por la cintura a Lio, una chica que está de vacaciones en el mismo  lugar, no del grupo, pero que se nos había presentado a la playa. Tiene la piel acanelada y un brillante cabello negro que roza a su cintura. Parece que se quedó interesada en él.

—Corrección Saga, más suerte que tu.

Le doy un empujó y me rio, observándolo ceder al vaivén de Lio y sus caderas. No creo que Aioros duerma solo hoy, la mujer se ve interesada y estas vacaciones son para eso: desinhibirse, liberarse. Dejar los miedos atrás.

Vuelvo mi mirada hacia Asmita y disfruto de ver sus sonrisas, mientras rechaza otra cerveza más. Está convencido de que si sigue bebiendo terminara emborrachándose y no quiere hacerlo. Me gusta eso. Me gusta que no se deje llevar por el momento y siempre tenga control de sus acciones.

Minerva, al cabo de unos minutos, entonces se levanta de su asiento. El vestido de flores en tono azul le sienta muy bien y cubre las líneas de bronceados que quedaron de su traje de baño. Se acerca a mí y acaricia seductoramente mi brazo. Siento a la presión que ejerce en él, palpando con evidente entusiasmo mis músculos. Me limito a sonreírle, sin decir nada hasta que ella es quien lo hace.

—Tengo ganas de bailar. ¿Me llevas a la pista?

—¿Yo?

—Claro, tu chico está bien cuidado con ellas. —Con un movimiento de su cabeza me señala a Asmita y yo solo rio. Bueno, no he bailado desde hace tiempo, no veo cual sea el problema.

Acepto y antes de ir, me dirijo hasta el puesto de Asmita para avisarle que estaré bailando un rato con Minerva. Acarició su cabello y me dejo llevar por ella, quien me toma del brazo para dirigirme a la pista. No tardamos en involucrarnos a baile, mientras coloco mis manos en sus caderas y ella envuelve mi cuello con sus brazos. Me sonríe y comenzamos a bailar, disfrutando del momento.

No esperé que Asmita se uniera a la pista tan pronto. Miro con algo de sorpresa cuando Alexia lo lleva de la mano entre risas, aún sosteniendo en la otra una botella de cerveza. Ella estaba hablando con él ayer, mientras esperábamos subir al bus. La había notado muy interesada.

Estoy tan descolocado que pierdo el ritmo que llevaba con Minerva y ella aprieta mi hombro para llamar mi atención. Vuelvo mis ojos hacia ella, quien enarca una ceja y me contengo de volver a dirigirlo hacía donde está Asmita.

—Calma querido.

—Es que no sabe bailar… —Balbuceo y ella ríe de esa forma tan suya de hacerme sentir que no soy bueno mintiendo.

—Pero si dijiste que le habías enseñado. —Sonríe mientras se mueve, obligando dar mi espalda hacia donde Asmita está—. Además, sería descortés que me dejaras a mí sin mi pieza de baile.

Trato de concentrarme en el baile, en Minerva y el cómo me habla de sus padres y de que había podido escapar de su hermano celoso que no le dejaba en paz. También me comentó de su ex novio, a quien no había visto pese a que le enviaba mensajes a su móvil. Trato de perderme en toda esa catarata de información pero no puedo quitarme la idea de que Asmita está bailando, aunque yo lo hubiera preparado para ello.

Sin embargo, buscó la manera de contestar inteligentemente a las palabras de Minerva y no ser distraído con ella. Creo que al final de cuenta, ella se ha dado cuenta de ese inusitado esfuerzo. Suspira, luce algo así como resignada y me empuja con sus manos para dejar un cálido beso en el borde de mis labios.

Me incomodo un poco y me separo con un poco de resistencia, ella no me deja ir del todo, aunque su mirada ha cambiado.

—Eres gay de pies a cabeza, no hay modo contigo.

—¿Esperabas algo conmigo?

—Realmente no, se abraza a mí y sigue el ritmo del baile en un tono enteramente personal. Ya no estamos propiamente bailando, sino moviéndonos—. Solo tenía mucha curiosidad. Eres guapo, sí, pero no te buscaba para algo más.

No sé como tomar sus palabras, pero sigo el ritmo, aprovechando el momento para ver con mayor detenimiento el baile de Asmita. Lo está haciendo muy bien, se ve que se divierte. Sus manos sosteniéndose las caderas de Alexia mientras ella se mueve de manera seductora. Siento algo que empieza a arder en mi estomago. Mis nudillos se tensan al observar el modo en que se pega a él y como le habla tan cerca que incluso alucino con que la besa.

No puedo evitarlo. Me acuerdo de sus palabras mientras bailábamos. Como me dijo que había tocado a mujeres, que lo había hecho sin sentirse forzado. Me preguntó si por esa razón no ha buscado algo más. Si al final, es eso lo que lo ha detenido de entregarse a mí. Ok, me gusta. Yo si veo su cuerpo con deseos. Si imagino recorriéndolo con ansías. ¿Pero él puede decir lo mismo de mí? Como hombre… ¿le gusto?

Puedo decirme a mí mismo, para amarme, que me ha besado. Que han sido besos divinos, lentos, entregados. Que he saboreado su nerviosismo y su interés con la boca y con la punta de mi lengua. Que lo he visto y sentido entregarse a cada contacto húmedo. Pero eso, al mismo tiempo, puede ser nada. Puede que sus manos no avanzan porque no consiguen la curva de unas caderas femeninas. Que su cuerpo no responde porque no siente la presión de la turgencia de los pechos. Que no puede porque no es con una mujer.

A mis celos, repentinos, se une un miedo atroz. Uno que había intentado, de todas las formas, aplacar. El miedo de que todo lo que ha dejado pasar conmigo, ha sido porque soy el único, y que justo ahora, que sale a la sociedad, que se junta a otros, Asmita pueda conocer a alguien más… y darse cuenta que lo mío, lo que siente por mí, aquello que no pudo expresar en esa noche de recuerdos, es agradecimiento.

Detengo el baile, no pudiendo continuar con esto. Minerva me mira con gesto preocupado, un poco molesto y yo me despido pidiéndole una disculpa. Salgo de la vista, trató de alejarme de la música y la algarabía, busca alejarme por completo sintiendo mi cuerpo arder y a punto de explotar. Estoy tratando de evitar a toda costa seguir los impulsos que quieren que interrumpa ese baile para llevarlo conmigo a la habitación.

Cuando alcanzo alejarme lo suficiente y siento que puedo salir corriendo, me toman del brazo y me obligan a detenerme. Veo a Aioros mirarme con ojos preocupados y de una brazada le impero a soltarme.

—¿¡Qué ocurre!? —No me deja alejarme, me agarra de los hombros instándome a responder.

No respondo nada. Mis ojos de inmediato van hacía la pista, hacia Asmita y hacia la manera en que Alexia prácticamente se frota contra él, le arrastra sus pechos. Aprieto mis dientes y siento que voy a estallar. Aioros me mira y suspira.

—¿Por qué no vas y se la quita de encima?

—¿E interrumpirle la diversión? —Suelto con rabia y buscó soltarme, pero no me deja.

—Deja los celos y mira bien, ¿Asmita tiene cara de divertirse? —Lo miro con atención—. Cuando te vi salir de la pista pensé que ibas por él, ya yo pensaba ir. Alexia está bastante tomada.

Me quedo en silencio. Como si tuviera una bomba contenida, como si mi piel fuera de granito. Observo y sin decir nada, me dirijo hasta la pista donde Alexia ríe a carcajadas y se cuelga de su cuello. La sujetó con cuidado, pero firmemente de sus caderas y la obligó a soltarlo. Ella ríe y se queja, luego se pega a mí y me murmura cosas en mi cuello, con las palabras arrastradas. Minerva se acerca sin decir nada ni de lo que pasó, ni lo que hice, ni de lo que estoy por hacer. Simplemente la agarra para llevarla a la mesa y me deja a mí con Asmita.

Le devuelvo la mirada, un poco endurecida. Asmita entonces está frente a mí, con su rostro confundido y un tanto incomodo. No mido la fuerza con la que lo tomo de sus caderas ni la manera en que le miro. No sé si quiera si lo que quiero es besarlo para que todos se den cuenta que es mío, dejarlo solo para que él mismo me busque, o bailar lo que debió bailar conmigo.

Es Asmita quien frunce el ceño y busca despegarse de mí en cuanto siente la fuerza de mi abrazo.

—Quiero ir a la habitación.

Cuando Asmita dijo quiero ir a la habitación, fue más una orden que una petición. Me empujó al sentir que ejercía fuerzas, se alejó de la pista y se despidió de las chicas, disculpándose por ello. Yo seguí medianamente esos pasos, más atropellado que él.

Cerramos la puerta, y noto los pasos que nos separan. Hay una distancia que él impulso, y que se siente mucho más profunda con su silencio. Noto la manera en que busca los sitios sin esperara instrucciones y yo, en mi propio malestar, y tampoco le digo nada. Lo miro moverse como si lo culpara de algo, algo que no estoy seguro en sí exista un culpable. Asmita me evade como si fuera solo parte de mi necedad.

Entra al baño y salé luego con su pijama de seda. Una que le compré precisamente para este viaje. Es de color celeste brilla con la mínima luz y se le ve tan bien, con el pantalón a media pierna y la tela fresca y suave. Toma asiento en la otra cama y entonces comprendo. Asmita está pensando en dormir aparte. Asmita está enojado. Peina su cabello, con el silencio amplificando sus gestos fríos y mi molestia empieza a bullir en mi interior.

—¿No vas a decir nada? —Me interpela.

Yo muerdo las palabras mientras me quito la ropa, así, frente a él. Nunca lo había hecho. Siempre había respetado su espacio pero ahora no me provoca hacerlo. Sé que en cierto modo así también pronuncio su incapacidad visual, y no me importa ahora hacerlo. Me cambio para colocarme una camisa y quedarme con solo la ropa interior. Si no pienso dormir conmigo, no tengo porque cubrirme, pienso, y al mismo tiempo me angustió con esa idea.

—Saga.

—¿Qué?

—¿No vas a explicarme que sucedió?

—¿Qué quieres saber? —Respondo con tosquedad y al escucharme, pienso que debo verme como un niño malcriado que quiere ignorar la gravedad de sus actos. Agitó las sábanas para meterme dentro de ellas y rumear así, yo solo, mi molestia. Mis celos y mi inseguridad—. ¿Por qué te alejé de Alexia? Estaba borracha, eso es todo. —Lo digo sin mirar y suelto, sin pensarlo—: Seguro querías bailar y tocarla más.

Lo miro de reojo, acusándolo de aquel pecado, al menos para mí. Asmita enarca una ceja, deposita el cepillo en la mesa que separa las dos cama y se pone en pie. La manera en que se presenta a mí, baja por los momentos mis intentos de querer permanecer serio con él. Aunque intento mantener mi posición. También, me recuerda algo que suelo olvidar: Asmita es mayor. Me lleva siete años, según la fecha que él recordó de su nacimiento. Es mayor.

Se acerca y pone su mano sobre mi cadera. Mi cuerpo reaccione y se retrae, peor él insiste y busca mi mano, obligándola a posarla sobre su hombro. Levanta su rostro, mientras me induce a la posición y da un paso hacia atrás, para separarme un poco de la cama. Mis ojos lo miran entre confundidos, intrigados y sobrecogidos por su presencia.

—Así me enseñaste que debías tomar el cuerpo de otra persona al bailar.

No entiendo mucho, pero me relajo. Poco a poco voy cediendo a su increíble paciencia y a la manera en que me maneja, con la paz que vierte en la candencia de su voz y la calidez de su toque. Me dejo guiar por el ritmo suave con el que mueve sus pies y hago lo mismo.

—¿No logras escuchar? Aquí llega la música de la fiesta. —No, no logro hacerlo. Me quedo prendado ante la idea de que Asmita sí, y de cuantas otras cosas puede escuchar—. ¿Por qué no me invitaste a bailar antes? —No me deja responder—. Sacaste a otra persona, a una chica. Y cuando yo decido hacer lo mismo, porque creo que es lo correcto, es lo que tú has hecho y porqué me dijiste que «Aquí no», te enojas.

—¿Esperabas que yo…? —Me desarmó cuando Asmita suelta mi cadera, sube sus brazos y rodea mi cuello. Cuando me obliga a pegar su frente con la mía y a ver fijamente sus párpados cerrados. Prefiero no terminar la frase, hacer lo que él me está pidiendo: guiar el baile.

Lo tomó de la cintura y pese a no tener ninguna música en mis oídos, mi mente se encarga de imaginar una. No despejo mi frente de la de él, ni contengo el ritmo que mi respiración tiene al golpear su rostro. Veo la manera en la que sus pestañas vibran ante los movimientos lentos de mis pies y mi mano resbala por la pijama, sube por su espalda y bajan. Asmita vierte sus dedos en mi cabello, acaricia mi nuca, presiona suavemente y suelto el aire, incapaz de contenerlo. Entonces él lo hace. Busca mis labios. Y yo me ahincó a ellos. Los saboreo junto a su temblor, junto a la manera en que me presiona, exigiéndome más contacto. Asmita abre su boca y yo abro la mía, empezamos a besarnos, tanto…

2 thoughts on “Hijo de Payasos (Cap 12)

  1. Soy una deshonra por venir a comentar dos días después. Deshonor a mí, a mi vaca y mi granja ;u; (?)
    ¿Qué puedo decir? I’m done. TOTALMENTEH.
    PERO COSITAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS… VUAYSIDBHHABSIDKJASHDIJKABSDHJKAS. Me re encantó que se celaran y arrrrrrgh.. Cuando Asmi insinuó que esperaba que lo invitara a bailar.
    OH MY FAKING GOSH.
    Fue los más tieeeerno y adorable de la vida, yo lo abrazaría y lo estrujaría al punto de sacarle los ojos.

    Son unas cosas hermosas. Ya, nada que hacer, shippeo el Saga x Asmita, me rindo. x’DDDDu

    -Se entrega totalmente a la voluntad de la Ship (?)-

    1. Hahahaha ¡Tear! ¡Me hiciste recordar a Mulan! Es mi princesa Disney favorita de lejos, empezando porque no es princesa *O*
      Jajaja aowww me alegro que te gustara!!! Estaba en mi dosis super azucarada, porque me salió bien tierno al final todo. amé que se celaran y que saga no entendiera que Asmita aún en silencio si estaba al pendiente de él y bueno… al final! *O* ♥ Me alegra mucho haberte contagiado esta pareja, ¡también me ha contagiado a mí y en verdad que la disfruto mucho!
      Hahah espero que te guste el final del fic, ¡gracias por escribirme!

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